Una copa antes de dormir

Jenn dejó a Lana en su casa y siguió camino. La morena se llevó a Ava con ella porque cuando se preparaban para salir la pequeña se preparó junto a Lola a un lado de la puerta de salida y a la morena le partió el corazón dejarla sola. Las tres entraron a la casa en la que Lana no había estado en mucho tiempo y suspiró feliz de estar de regreso a su espacio. Aunque la forma en la que se sentía al volver distaba mucho de cómo había cerrado esa puerta. Volvía con un peso distinto metafóricamente hablando. Tenía lleno el corazón.

La casa pareció agradecer las ventanas abiertas dejando entrar una fresca brisa que lo llenó todo y lo limpió a su manera. Jenn había pasado por allí y eso era evidente. Algunas cosas no estaban en su sitio y Lana no tardó mucho en notarlo. Sonrió imaginándose a Jenn allí, tan por su casa y se dejó caer en la cama en la que la rubia había dormido algunas noches. Cama que era suya, pero que no tenía inconveniente en compartir.

Deshizo las maletas organizando el contenido entre cosas para lavar, cosas para guardar y cosas para regalar. Como todo viaje demasiado largo había acumulado unas cuantas cosas que se quedarían en casa, así que ubicarlas le llevó algún tiempo. Decidió ir de compras por la zona, tenía la nevera vacía excepto por un zumo de frutas, leche y algunos plátanos que imaginó eran un saldo del paso de Jenn. Les dejó agua fresca a las dos ocupantes y con su gorro deportivo se marchó al mercado que había cerca de su casa.

Pensó en volver a comprar pasta rellena, pero en Italia habían comido demasiado así que se decantó por comprar un marinado de ave y algunas verduras para saltear. Estuvo dando vueltas por el mercado como media hora y luego decidió regresar. Cuando estaba saliendo vio que tenía un mensaje en el whatsapp.

Jenn: ¿Estás en casa?

Lo leyó y le pareció extraño, pero no tuvo tiempo para pensárselo mucho porque frente a su zona residencial notó aparcado el coche de Jennifer. Observó que le había enviado el mensaje unos minutos antes, así que caminó rápidamente hasta donde estaba y tocó la ventanilla.

Jennifer la bajó y le sonrió, pero Lana notó que había algo en su rostro que no estaba allí cuando salió en la mañana.

-¿Qué haces aquí tan pronto? – preguntó la morena – creí que tenías que grabar unas escenas.

-No, fueron suspendidas, hemos tenido una conversación y luego nos han dejado marchar – explicó la rubia y a Lana algo en su tono de voz la hizo sentir extraña.

-¿Quieres entrar el coche al garaje? – cuestionó Lana.

-No, dejémoslo aquí por si nos apetece salir durante el día – Jenn se bajó y tomó la bolsa de la compra que llevaba su novia – venga, te ayudo.

-¿Va todo bien? – quiso saber Lana.

-Sí, claro – dijo Jenn sonriendo a pesar que se notaba que hacia un poco de esfuerzo – va todo bien.

Estaba claro que no, pero Lana decidió no presionarla más. No quería pensar en que su preciosa rubia, siempre tan dulce, tuviera falta de confianza para contarle. Ni tampoco que algo malo hubiera pasado relacionado con ellas porque de ser así se hubiera enterado, o eso creía. Algo pasaba por la mente de Jennifer, pero ella no la obligaría a decirlo hasta que no estuviera preparada.

Caminaron y entraron a la casa de la morena sin cruzar mayor palabra. Ava se lanzó a por su dueña hasta que recibió cariño, igual que Lola.

Lana le preguntó a la rubia entonces - ¿será que me puedes dar un beso?

Jenn sonrió sinceramente – todos los que quieras – la atrajo hasta ella y beso sus labios, abrazándola luego con fuerza. Había tensión en su cuerpo y la morena empezó a preocuparse por no poder entender lo que sucedía, pero decidió que tenía que dejar las cosas fluir.

-Iba a llevar a las niñas de paseo por los senderos, ¿quieres venir? – le preguntó.

-Me encantaría – aseguró Jenn.

Lana prestó algo de su ropa de deporte a la rubia. Ambas tomaron dos pequeñas mochilas de senderismo, agua para un paseo de un par de horas y unas barras energéticas.

Caminaron por el sendero más apartado que era el favorito de Lana ya que no había muchos transeúntes por ahí y entendía que era una buena fuente de ejercicios. Anduvieron cerca de una hora, intercalando minutos de marcha y de carrera. Llegaron al árbol donde Lana solía detenerse a descansar con Lola y que Ava conocía de la anterior excursión.

-Paremos un poco, ¿quieres? – dijo Lana – no quiero que Ava se canse demasiado.

-La llevaré mañana a hacer senderismo conmigo – le contó Jenn – aprovechando que mi madre está de viaje y no habrá festejo del día de las madres hasta el próximo mes, iré a Griffith Park a hacer algo de ruta.

-Es una buena idea – estuvo de acuerdo la morena – yo iré a ver a mi madre, como ya te había dicho.

-¿Quieres que te llevé a casa de Deena por la mañana?

-Sabes que tengo coche, ¿no? – preguntó Lana riéndose.

-Y tú sabes que yo voy a aprovecharme para ir besándote en casa semáforo, ¿no? – advirtió Jenn haciendo que Lana meneará la cabeza y se acercará a besarla.

Les dieron agua a las dos perras y bebieron un poco. Se sentaron apoyando la espalda contra el tronco y disfrutando de la brisa que había en esa zona más elevada. Lana pasó una de las barras energéticas a Jenn.

-Se está bien aquí – comentó la morena.

-Sí – Jenn se quedó en silencio y luego suspiró perdiendo su mirada en las vistas.

-¿Vas a contármelo o seguirás suspirando y ya? – la morena lo dijo con la mayor dulzura que pudo – sé que no debo presionarte porque tú no lo hiciste cuando yo estaba mal, pero existe una diferencia entre ese momento y este – dijo – en ese momento éramos amigas reencontrándonos, hoy estoy hablando con el amor de mi vida y puedo notar que algo le molesta.

Lana se quedó esperando a que Jenn hablará, pero no lo hizo así que quitó sus ojos de las perras y los fijó en ella. La rubia la miraba intensamente con la boca entreabierta.

-¿Qué? – preguntó al ver su expresión sorprendida.

-¿Qué has dicho?

-Que sé que no tengo derecho a pre...

-No, no, eso no, lo último – pidió Jenn sonriendo – lo del amor de tu vida – Lana agitó la cabeza sonriendo también.

-Que eres el amor de mi vida.

-¿Y me lo dices así? ¿Tan tranquilamente? – Lana se cuadró de hombros y Jenn tuvo que morderse el labio para no lanzarse encima – haces que me olvide lo mal que ha empezado mi día laboral.

-Me alegro, pero ¿qué tal si me lo cuentas? – pidió la morena.

Jennifer suspiró – han rechazado el piloto de la serie – dijo finalmente – a la CBS no le gustó y no quieren invertir en producirla, ya sabes cómo es eso.

Lana hizo una mueca de disgusto – ¿no la presentarán a otra cadena?

-No creo – contestó Jennifer – creo que han dejado claro que si hay un rechazo ya es un mal antecedente y no valdría la pena seguir invirtiendo en ello.

-Pero ¿no tenías que grabar algo hoy?

-Se suponía, pero finalmente pudieron terminarlo sin las escenas y no quisieron demorar la presentación más tiempo – Jennifer suspiró nuevamente – ayer me llamó mi agente, pero no atendí las llamadas, era para avisarme de que no sería necesario grabar.

-Oh, lo siento, Jenn – reveló Lana – yo oí tu teléfono y no te dije nada.

-Cariño, lo sé – la rubia tomó su mano y la empujó a sentarse entre sus piernas, envolviéndola en un abrazo – vi las llamadas al despertar, pero decidí no rehacerlas – le dio un beso en la mejilla – estaba demasiado feliz amándote.

-¿Y ahora?

-Ahora ya no tengo la serie, pero sigo siendo feliz porque resulta que soy el amor de tu vida – Jenn sonrió besándose el cuello de Lana y haciéndole cosquillas con la nariz.

-Tonta – dijo la morena.

-Puede, pero sigo siendo el amor de tu vida – repitió Jenn.

-Te amo – Lana se arrodilló girándose y besó los labios de Jenn manteniéndola contra ella con fuerza– eres el amor de mi vida.

-Y tú el mío, Lana – Jennifer acarició su rostro – llevó 8 años enamorada de ti, prácticamente desde que te vi por primera vez - se besaron profundamente y Jenn la soltó solamente para susurrarle – volvamos, por favor, quiero hacerte el amor.

Lana tomó de la mano a Jenn y llamaron a sus mascotas emprendiendo el camino de regreso lo más rápido que pudieron dentro de los parámetros que Ava podía soportar. Llegaron a la casa casi sin aliento y sudando por el esfuerzo. La rubia tomó a Lana entre sus brazos y la besó explorando su boca con mucho deseo. Despojarse de la ropa y acabar en la cama fue cuestión de segundos caminando hasta chocar con muebles o paredes. Gimieron una en la boca de la otra cuando desnudas rozaron sus cuerpos de manera desesperada.

Jennifer pellizcó los pezones de la morena y luego bajó la mano por su abdomen acariciando los pliegues de su sexo.

-Abre las piernas para mí, amor – le pidió y Lana obedeció con un movimiento sensual que hizo que Jenn jadeará – oh – dijo pasando su mano por las piernas de la morena, bufó recostándose de lado para poder verla bien – me encantas.

Sus dedos subieron por los pliegues y encontraron su clítoris, acariciándolo dulcemente. Lana gimió y Jenn sonrió besando sus labios. Desplazó su boca hasta el pecho que le quedaba más cerca y lo rodeó con su lengua encantada con la manera en la que Lana arqueó su cuerpo para acercarse más. Jadeó notando como sus dedos se humedecían en el contacto con el sexo de Lana. La morena movía las caderas de manera cada vez más acelerada en conjunción con los gemidos de placer que soltaba su garganta.

-¡Joder! Te amo tanto – susurró Jenn succionando luego el pezón de Lana y soltándolo para morder hasta marcar el borde interno del pecho.

Dejó la caricia un segundo y levantó los dedos lamiéndolos ante la mirada oscura de la morena - ¿quieres lamer también, cariño?

Lana tomó sus dedos y los lamió con su lengua – sabes a mí – dijo.

-Sí, eres deliciosa – Jenn gimió suavemente cuando Lana mordisqueó la yema de su dedo índice – llénalos de tu saliva que voy hacerte mía con esos mismos dedos que estas mordisqueando.

Lana se dio a la tarea y dejó mojados de su saliva tres de los dedos de Jenn. La rubia inclinó su mano y la hundió en la intimidad de la morena, lentamente.

-Sí, cariño, muy dentro de mí – suplicó Lana.

-¿Te gusta tener mis dedos dentro tuyo? – preguntó Jenn y su novia asintió – entonces, muévete y fóllamelos.

Lana bufó y comenzó a mover sus caderas haciendo que los dedos de la rubia entrarán y salieran de su cuerpo, viendo como Jenn se mordía los labios mirándola - ¿así, mi amor?

-Sí, sí, cariño, sí, sigue – Jenn succionó el pezón de Lana sin dejarla de mirarla sonriéndole lujuriosamente – voy a comerte ese coño precioso que tienes – dijo comenzando a bajar por su abdomen hasta lamer la humedad que se acumulaba en el sexo de la morena.

Lana comenzó a gemir sentidamente y tomó el cabello de Jennifer acelerando sus caderas. Las succiones se hicieron mucho más ruidosas y la cadencia se aceleró hasta que Lana sufrió un espasmo placentero que la hizo caer hacia atrás, apretando más a Jenn contra ella. Sus caderas hicieron un movimiento circular hacia un lado y hacia el otro hasta dejarse caer. Jenn reptó por su cuerpo y besó su boca apresando la lengua de Lana con los dientes. La morena se saboreó en sus labios y luego limpió los dedos de la rubia.

Jenn bufó – que perfecta eres, Lana Parrilla.

Hicieron el amor varias veces todavía hasta caer rendidas. Abrazadas en la cama, recuperando el aliento, Jennifer acariciaba los brazos de Lana con ternura.

-Me encantas – repitió como por quinta vez en unas horas.

-Y tú a mí – dijo la morena - ¿siempre vamos a ser así?

-¿Así de insaciables? – Lana asintió y Jenn soltó una risilla – yo al menos, tú eres una diosa en la tierra, preciosa, será imposible no querer comerte cada vez que te vea.

Lana meneó la cabeza – me gusta.

-Y a mí – el estómago de la rubia sonó con fuerza – vaya, parece que tengo hambre.

Lana rio con ganas – creo que se te ha adelantado la hora de la cena – y luego añadió - ¿mucho ejercicio corporal, Señorita Morrison? – le dijo con guasa.

-Y tanto, pero ni una queja – Jenn hizo morritos - ¿vienes a la ducha conmigo?

Lana sonrió – claro, amor.

-Te faltó "de mi vida" detrás de ese amor – agregó la rubia acercándola con las manos hasta el lavabo del cuarto de Lana.

Luego de unas caricias y un poco de higiene mutua, Lana llegó a la conclusión de que no volvería a pensar en la ducha de la misma manera y que Jenn era demasiado pervertida para parecer siempre tan neutral en todo lo demás. Pero también era dulce y considerada, a pesar de que aún guardaba un poco de decepción detrás de la mirada producto quizás de lo sucedido con su serie frustrada. Prepararon la cena juntas, grillaron la carne de pavo y unas verduras, mientras bebían un poco de zumo de melocotón. Todo muy tranquilo, muy de casa.

-¿No prefieres un poco de vino, Jenn? – quiso saber la morena.

-No, dejemos la copa para antes de dormir – le pidió la rubia - ¿qué te parece visitar el Jardín de Anthony de nuevo?

-Me encantaría – anuncio Lana con los ojos llenos de brillo.

La rubia hizo una llamada para reservar su sitio preferido en la biblioteca de su amigo y Lana terminó de aderezar las verduras, colocándolas con la carne en los platos de manera impecable.

-Que sabroso está esto, Lana – elogió la comida la rubia – definitivamente, es algo que voy a adorar de estar contigo.

-Eso me alegra, cariño – le dijo Lana.

Comieron y conversaron durante una hora antes de dejar todo en orden. Se vistieron bastante informalmente y fueron a por la copa antes de dormir en Dreams Garden. Ambas saludaron a Tony y a Michelle, los dueños. Luego todo fue una noche de lectura, risas, caricias, besos y algunas cosquillas. Los tragos antes de dormir se lo bebieron, claro, pero lo que más hicieron fue halagarse mutuamente citando fragmentos de libros clásicos y no tan clásicos.

Como cuando Lana le dijo a Jenn que la amaba y ella le recitó "Sabes que estás enamorado cuando no quieres acostarte porque la realidad es por fin mejor que sus sueños" de Dr. Seuss. O cuando Lana le leyó a Jacinto Benavente: "En asuntos del amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca" y Jenn le aseguró que por eso estaba loca por ella.

Toda la lectura terminó en el sofá cuando la morena leyó "Soy lo que has hecho de mí. Toma mis elogios, toma mi culpa, toma todo el éxito, toma el fracaso, en resumen, tómame" de Charles Dickens. En el sofá, recostadas una sobre la otra en un abrazado tierno, besándose de manera desesperada.

-Te lo haría aquí mismo si pudiera – le aseguró Jenn rozando sus labios.

-¿El qué?

-Tomarte, Lana – gimió su nombre – muero por volver a tomarte.

Lana hizo una mueca de picardía - ¿y por qué no lo haces?

-Señorita Parrilla, es usted perversa – ambas se rieron y siguieron besándose.

-Lo haríamos aquí mismo – dijo Lana –, pero me gusta demasiado este lugar y no quiero que nos echen por comportamiento lascivo.

-Me conformare con seguir besándote un poco más – aseveró Jennifer y luego agregó -, pero en el próximo sitio público que no nos guste voy a arrastrarte a algún rincón solitario.

-Es usted perversa, Señorita Morrison – le aseguró Lana sonriendo.

Volvieron a casa cuando ya era tarde y hablaron de irse a dormir cuanto antes para madrugar al día siguiente. Tenían que desayunar y viajar hasta casa de Deena porque esperaría a la morena para ir hasta casa de su madre. Lola viajaría con ellas, asi que Jenn las llevaría y luego se marcharía a hacer senderismo.

Al entrar a la casa, Lana cerró la puerta y llamó la atención de Jenn – amor – dijo y cuando la rubia se giró, le lanzó algo -¡Atrapa!

Jenn reaccionó velozmente y sostuvo aquello que había sido lanzado hacia ella, algo que tintineó cuando toco sus manos, haciéndole un pelín de daño. Observó entre sus manos las llaves del piso de Lana.

Soltó una risa confusa - ¿qué es esto?

-Tus llaves – dijo la morena guiñando un ojo.

-¿Mis llaves?

-Somos dos chicas grandes que estimo que pasaremos bastante tiempo juntas a partir de ahora – la voz de Lana sonaba serena y reflexiva, pero estaba a cada segundo más nerviosa viendo el rostro de Jenn tan neutral – pensé que para que no ocurra que tengas que enviarme un mensaje para venir pues deberías tener llaves – explicó – igual ha sido demasiado pronto y realmente no estoy sugiriendo nada, solo pensé que sería práctico.

Jennifer empezó a reírse al ver los nervios de Lana.

-¿Qué? – preguntó la morena algo enfadada.

-Que creo que eres hermosa.

-Mira si no quieres las llaves puedes dejarlas sobre la mesa y haremos como si esto no hubiera...

No pudo terminar porque Jenn caminó los pasos que las separaban y la besó intensamente – te amo y estas llaves las voy a guardar bien guardadas.

-¿No te parece mal?

-Que va, solo que te me has adelantado – dijo la rubia.

-¿Adelantado? – quiso saber Lana.

-Sí, hace dos días que llevo unas llaves extra en mi llavero pensando en dártelas y siendo una cobardica – le confesó sacando su llavero y dándole un par de llaves – la entrada y la puerta de casa, por si alguna vez quieres venir de improviso a besarme.

Lana hizo un sonido de interés – eso es muy atrayente como proposición, notable y muy sugestivo – le susurró besando el cuello de Jenn.

-¿No íbamos a dormir? – indagó la rubia sintiendo como se le encendía la piel ante los roces seductores de su novia.

-Mañana por la noche, mejor – rebatió la morena arrastrándola hasta la habitación donde se entretuvo haciéndole el amor hasta saciarse.

Jennifer se detuvo delante de la casa de Deena por la mañana. Lana salió de un salto de su sitio y se abrazó a su hermana feliz de reencontrarse con ella. Se abrazaron riendo y soltando apelativos cariñosos. Jennifer sonrió de medio lado viéndolas.

-Jenn – le dijo finalmente su ahora cuñada - ¿cómo estás?

-Bien – la rubia la saludó con un beso en la mejilla en señal de confianza – aquí te traigo a tu hermana, ya ves, sana y salva.

-Ya veo, buen trabajo – contestó la mujer - ¿no vienes con nosotras?

-No, me dejo ese encuentro para alguna próxima vez, el día de las madres es demasiado – explicó Jenn sonriendo – por cierto, Feliz día.

-Gracias y creo que te entiendo – le dijo Deena – mi madre está deseando ver a su niña – le sacó la lengua a Lana que le dio un golpe en el hombro a cambio.

-Espero que tú estés en mi equipo porque tu hermana se ha camelado totalmente a mi hermana y estoy en desventaja – le aseguró Jennifer.

-Oye, ¿con qué esas tenemos? ¿Jugando con ventaja Lana Parrilla? – dijo Deena mirando a su hermana – despreocúpate Jenn, estoy en tu equipo, por supuesto.

-¡Ey! Lo conversaremos de camino a ver a mamá – replicó Lana.

-Pues ¿nos vamos? – preguntó Deena y miró de una a la otra.

-Vale – dijo Lana.

-Pues saluda a Jenn, ¿no? – dijo su hermana esperando.

Lana meneó la cabeza consciente de la intención de su hermana y se acercó Jenn que sonreía. Se cuadró de hombros y se estiró dándole un beso en los labios – hasta luego, amor.

-Hasta luego.

Lana se tomó una foto con Lola en la playa y la subió hablando de su reencuentro. Con todo lo que había pasado con Jenn no había tenido tiempo de anunciar en las redes su reencuentro así que aprovechó a postear algo con su mascota. Vio que Jenn había colgado una foto con Ava unos minutos antes y pensó que era una verdadera casualidad. Se cuidó de no tocar la foto porque le pondría un enorme me gusta, pero le gustaba en verdad. Le gustaba mucho. No tenía ni idea que esa fotografía desaparecería de las redes unas horas después ni todo el dolor de cabeza que iba a provocarle a pesar de lo mucho que le gustaba.

¡Ey! ¿Qué les ha parecido? ¿Qué piensan que va a pasar ahora? Cuéntenme cosas