Nada más finalizo la ceremonia, la posterior celebración era llevada a cabo en el jardín principal del castillo donde los novios compartían un baile, el zar y la zarina estaban a su lado junto al rey y la princesa de Kazajistan, quien acompañaba a su padre en dicha tonada. Otras parejas disfrutaban de la velada a través del baile mientras que sentado en un extremo de las mesas Víctor bebía con Misha dormido en sus piernas, alejado de cualquier dama que insistiera en el mínimo contacto. Contrario a lo que esperaba, no se encontraba de ningún humor desde el momento que había acabado la ceremonia, esta solo le había traído recuerdos amargos.
Cuando la música de aquella pieza culmino, el zar extendió su mano hacia su hija, quien, dando una delicada reverencia, camino junto con él al centro de la pista. Un conglomerado de invitados y nobles rodearon la estancia a fin de observar el primer baile entre el zar y la novia, Víctor no le interesaba mucho observarlo y fue sorprendido cuando una copa de vino fue puesta en sus manos, cambiando la que ya tenía vacía.
—Como siempre, estas bebiendo solo en alguna mesa —expreso Christophe, sentándose al lado de su amigo, mientras este bufaba con fastidio—. Diferente a lo que espere, creí que te observaría en compañía de alguna bella dama o algún joven omega, no siendo niñero de tu pequeño hermano.
—No tengo deseos de escuchar tus palabrerías el día de hoy, Chris —estableció, dando otro sorbo a su copa. El suizo simplemente se encogió de hombros—. Ya estoy harto de escuchar a todos que es hora de que consiga una esposa, que contraiga matrimonio, ya estoy cansado de eso —bramo.
—Sé qué no es de tu agrado, te he escuchado renegar la idea desde que tenemos edad para casarnos —menciono, removiendo su bebida en la copa—. Pero no es el por el hecho de verte comprometido o porque sea una responsabilidad, hay una razón específica para eso ¿o me equivoco?
Víctor no dijo nada. Simplemente acabo su bebida de golpe y dejo la copa sobre la mesa.
—Bien tú sabes el porqué, Chris. Hemos sido amigos por demasiado tiempo —profeso el zarévich, y el noble suizo no pudo más que darle la razón.
—Un amor no correspondido —repitió—. Si no fueras tú mismo, creería que es algo ilógico, considerando lo popular que eres en la corte con las damas y los omegas, pero —Chris calló, viendo el gestó amargo de su mejor amigo. Una mueca de comparecencia se mostró en su rostro—. No es sencillo ¿eh?
—Tú tanto como yo debe saberlo, lo difícil que es estar a la deriva de un amor no correspondido sin señal de mejoría… esperar a una persona que no sabes cuándo regresara.
—Pero esto lleva ya mucho tiempo de lo que puede soportarse —acotó el noble, con gesto preocupado—. Ya has aguantado demasiado Víctor, no puedo seguir viendo como mi mejor amigo sufre con cada año que pasa. Ya es momento de que te olvides del pasado y puedas dar un paso adelante, pronto te convertirás en el futuro zar. No desperdicies tu felicidad a la espera de una persona que simplemente te dejo ir.
Víctor sabía eso, lo sabía mejor que nadie, pero no era algo tan sencillo. Había intentado olvidarlo, utilizado todos los métodos que pudo haber encontrado, incluso en una ocasión de despecho considero que aquel compromiso era una buena oportunidad para olvidarlo, pero era inútil, Yuuri simplemente no salía de su cabeza, su corazón se negaba a olvidarlo. ¿Entonces cuanto más podría esperar? Paso tantos años renegando un compromiso a la espera de aquel hermoso ser de preciosos ojos ámbar, mas ya habían transcurrido siete años de su partida y era difícil seguir esperando por algo que no tenías garantía de que volviera a ocurrir. Sin embargo, para Víctor parecía mucho más difícil renunciar cuando es todo lo que quieres.
Tomando a Misha en sus brazos, el alfa se retiró del jardín bajo la preocupada mirada de su mejor amigo. Camino por los largos pasillos del castillo, depositando a su hermano en habitación y retirándose en silencio de allí. El resto de la noche se refugió en una de las más altas torres del castillo, manteniéndose alejado de cualquier curioso, repaso en mente aquellos bailes de antaño, riendo y suspirando su miseria como en cada una de las tantas noches en vela que pasaba solo por el simple pensamiento de su amado, observando desde la torre aquel lago en donde le había visto por última vez, implorando a los dioses de que este apareciese nuevamente en ese lugar.
Como era usual en los matrimonios imperiales, posterior a la boda eran celebrados una serie de bailes en celebración de los novios, donde todos los nobles e invitados del castillo ofrecían sus respectivos respetos a la nueva familia real. Solo por ese día entero se le ofrecería un descanso a la pareja de esposos, en la cual pudieran consumar sus votos matrimoniales alejados de todos los demás en una sección del palacio solo para ellos. Mientras tanto, el resto de los nobles y los invitados reales paseaban por los impresionantes jardines y salones del palacio, disfrutando de "la compañía" de sus iguales.
Víctor, por su parte, practicaba la espada desde muy temprano en uno de los jardines privados de la familia imperial, habiendo permanecido en vela durante toda la noche, decidió ejercitar su cuerpo para espantar cualquier atisbo de sueño. También había decidido tomar aquella decisión para evitar el contacto indeseado con cualquiera princesa o dama noble que gustara ser acompañada por él, siendo un príncipe en edad casadera, debía de seguir los protocolos y aceptar la compañía de aquellas damas. Dado que, aun teniendo un compromiso, estaba en su posibilidad escoger una nueva prometida o incluso alguien que pudiera ocupar el papel de "una reina", una dama u omega que estuviera a su lado, con el fin de proveerle hijos y acompañar a la zarina como protectora de la familia imperial. El zarévich aborrecía con su alma aquella practica típica de muchos otros reinos a los cuales había visitado, y aunque pudiera tener enormes diferencias de opinión con su excelencia, El Zar, celebraba que su padre le había demostrado extremada lealtad a su madre, la zarina, aun teniendo la oportunidad de tomar una reina.
—Su alteza —llamo uno de los guardias del palacio, arrodillándose ante él con solemnidad—. Debo informarle que su excelencia, El Zar, le pedido llamar a su despacho. Por favor, atienda su llamado.
El joven alfa observo al guardia, asintiendo sus palabras mientras se limpiaba el sudor de la cara. Tomo sus cosas, encaminándose primero hasta su habitación para tomar un baño y cambiarse con mejores ropas. Cuando estuvo listo, camino hasta el despacho principal de su padre, anticipando un presentimiento, observo que la estancia del zar se encontraba desprotegida, encontrando únicamente a su padre dentro del salón. Al estar frente a él, le pidió que tomara asiento, sentándose en un silencio que duro un par de minutos. Sus miradas se encontraron y las mantuvieron firmes durante un momento. El zar empezó a hablar.
—Creo que has de darte una idea por lo cual te he mandado a llamar —expreso perspicazmente el monarca, Víctor no cambio su expresión, más si contesto.
—Puedo darme una idea, su excelencia.
—Entonces no me centrare en rodeos —alego, poniendo en alerta al zarevich—. Con motivo al matrimonio de tu hermana Mila, la familia real del Italo Occidental ha participado su visita a nuestro imperio. Los dos hijos del rey Francesco nos complacerán con su presencia dentro de unos días para estar presente en los últimos bailes, por lo cual, espero seas un excelente anfitrión con lady Crispino —menciono, pero el joven alfa tenía otra idea en mente.
— ¿Es verdaderamente necesario esto?
Alexei puso atención en su hijo, captándolo con una expresión de descredito ante sus palabras.
— ¿Es verdaderamente necesario esto? —repitió—. Entiendo el respeto que usted pueda tener hacia ella, pero yo no. Usted fue el que predispuso este compromiso, si está interesado en recibirla con cordialidad, delegue esa tarea a mi madre, la zarina—expreso cortante.
— ¿Estás pensando en ponernos en ridículo con el reino de Italo? No seas insolente, no hables como si nunca hubieras recibido una clase de etiqueta, debes responder con cordialidad a quien será tu esposa—increpo el zar, airado por las palabras de su hijo. Sin embargo, Víctor no estaba deseoso de retroceder a sus palabras.
—De todos modos, ustedes me obligaran a casarme con aquella princesa a un en contra de mi voluntad, por lo cual no estoy en el deber de acompañarla en su estancia en el palacio —expreso desinteresado.
—No seas malcriado —bramo—. ¿Sabes lo que la gente dice de ti? ¡Que eres un alfa inútil! Te alejas de las damas y los omegas, rechazando cualquier propuesta matrimonial ¿Qué más harás para avergonzarnos?
—Pues deja que piensen lo que piensen —respondió—, hace mucho tiempo que ha dejado de interesarme lo que digan de mí, espero que usted haga igual —opino, ocasionando que el Zar entrara en cólera.
—Eres un insolente. No sabes cuánto hemos pasado tu madre y yo para este compromiso. Ya tienes veintitrés años. Incluso tu hermana menor se ha casado. Todo esto por tu bien y el del reino. Entiéndelo Víctor, al momento de que tomes mi lugar, deberás tener una esposa y una familia que pueda servirte de soporte. Aunque seamos un imperio fuerte, tenemos múltiples enemigos, si algo te llegase a pasar a ti o a tu hermano antes de que puedas proveer a la familia de un descendiente, el futuro de Rusia queda en pedazos. Es momento de que reacciones.
— Entiendo que desees verme casado por lo correspondiente a la herencia del trono, pero no me reuniré con aquella princesa. Le mandare mis respectos con uno mis siervos, si esto es todo, me retiro —alego, levantándose de su asiento.
— ¡Espera un momento ahí, Víctor! ¡No hemos terminado de hablar!
El zarévich salió de la habitación mientras el zar masajeaba su sien estresado. Con el paso de los años, su hijo mayor se mantenía con un carácter más fuerte y complicado, difícil de manejar, propició para gobernar un reino, pero indeseable al momento de doblegarlo, sacándole de quicio. Posterior a la salida de su hijo, el monarca mando llamar a su principal consejero a quien le instruyo controlar las acciones del heredero al momento de la llegada de la princesa occidental dentro de tres días.
Por su parte, Víctor se mantenía distante, repasando las palabras de su padre que retumbaban en su cabeza, acercándolo hacia ese futuro que aun resentía. Decidió intentar despejarse un poco y camino fuera de los caminos que usualmente evitaba, saludando a las princesas y algunos nobles que por transitar se encontraba, cercano a las cabellerizas, una idea surco su mente, instándolo a tomar su fiel caballo para salir a toda velocidad del palacio. Había pasado tanto tiempo dentro de las paredes del castillo que simplemente sentir el viento rozar con su rostro le hizo sentir revitalizado. Cabalgo y cabalgo por todo el pueblo, pasando por las praderas llenas flores hasta finalmente llegar al borde del bosque que rodeaba el lago. Lo observo por unos instantes, atreviéndose a internarse en él hasta llegar a las orillas del lago escondido, bajo de su caballo y dejo que este tomara agua.
Nuevamente allí, aspiro todo el aire que pudo soltándolo con fuerza, se sentía tan frustrado, quería lanzar todo y olvidar todo lo que le aquejaba, olvidarla a él, olvidar el matrimonio…. Todo.
Simplemente quería ser libre, pero no sabía cómo serlo.
Aquel amor se había convertido en un peso que le guía como grilletes cada vez que fijaba su mirada en ese lago, atándolo a él desde que lo vio por primera vez en ese mismo lugar hacia nueve años. Resintiendo aquel sentimiento que le acompaño por siete años de soledad, sintiendo que iba perdiendo la cordura, encontrándose al borde del colapso. Se preguntaba si ya era hora de darse por vencido, darse la oportunidad de olvidar y seguir adelante como le ofrecía su mejor amigo, dejar de renegar aquel compromiso ofrecido por su padre y pensar que aquella dama sería un buen prospecto para ser su esposa, aquella que le acompañaría en su camino por el resto de su vida.
Observo sus manos y luego el lago ¿Estaba bien dar el adiós definitivo? ¿Estaba bien abandonar ese sentimiento que había sentido por aquel joven que había calado tan profundamente en su corazón?
Sentía tantos deseos de llorar, su alma se encontraba tan rota que solo esperaba el cumplimiento de un milagro algo que le dijera que no debía decir no aun, un motivo de esperanza para seguir esperando aquella mirada ámbar, con sus expresiones de antaño y su cálida sonrisa que le provocaba tanto amor. Sosteniendo sus rodillas mientras se orillaba al borde del lago, contuvo una risa triste mientras ocultaba su cabeza contra sus piernas.
—Yuuri, por favor ven, te necesito.
Un sonido sordo de un objeto caer le hizo alzar el rostro y voltear hacia atrás, allí la respiración se le corta observando la figura de Yuuri a escasos metros de él. Con su rostro perplejo, le observaba con sorpresa mientras el apenas podía procesar su presencia. Se miraron sin saber que decir o hacer, el joven omega se hallaba mudo mientras Víctor permanecía estático, su corazón latía a mil por hora, apenas podía distinguir si se trataba de una sucia jugada de su trastornada mente, se levantó del suelo con cuidado, caminando lentamente hasta él. Con suavidad alzo su mano llevándola hasta su rostro, delineándolo con lentitud, recibiendo el temblor de Yuuri y parte de su respiración en respuesta. El calor en su mano lo confirmaba, era real y estaba frente a sí.
Lo tomo entre sus brazos, apretándola contra su pecho al mismo tiempo que las lágrimas bajaban por sus mejillas, repitiéndose incontables veces que no se trataba de una alucinación, era una realidad, y estaba frente a él.
—Yuuri, Yuuri… ¡has vuelto, Yuuri!
Por fin había regresado.
Ya llego el afamado encuentro, luego de tantos problemas, tantas lágrimas y dolor nuestros niños vuelven a estar juntos nuevamente. Ansiaba mucho este momento y no quiero comentar mas al respecto porque sino entro en spoilers ? ゚リツ? por ello, solo pido que me digan ¿que les parecieron los dos capítulos?
