Víctor por supuesto que fue el primero en entrar a visitar a Yuuri, necesitaba saber que estaba bien por lo que se sintió aliviado al verlo sonriendo feliz con sus bebés en brazos. Se acercó y tomó a los pequeños, no presentaba ninguna dificultad el tomar dos bebés al mismo tiempo, eran hermosos, ambos con unos pocos cabellos rubios sobre sus cabezas.

¿Cuáles son sus nombres? —preguntó. Ahora que se daba cuenta, nunca habían hablado de nombres, por lo que no tenía idea de cómo se llamarían los pequeños.

El niño es Luka y Hikari la niña —explicó Yuuri— ambos significan "luz".

Con Yuri habían decidido ponerles nombres con el mismo significado, pero en los idiomas de cada uno, así sería más equitativo.

Víctor sonrió y les habló con voz de bebé a cada uno, se había acostumbrado después de estar tanto tiempo con Valentín— hola Lu, hola Kari —les decía mientras Mila entraba junto a su pequeño omega en brazos y de la mano con Kolya quien había esperado con paciencia para poder ver a sus hermanitos. Yuri había estado con su omega todo el tiempo, pero había salido de la habitación a comer algo en el momento que supo que los otros querían entrar.

Kolya subió a la cama con la ayuda de Phichit quien también había entrado, abrazó a Yuuri con cariño, siendo cuidadoso de no moverlo tanto ya que había sido advertido por su padre, que el japonés estaba un tanto delicado luego de tener a sus hermanitos. Después de brindarle amor al azabache, se bajó para acercarse a Víctor y que este le mostrara los bebés, este por supuesto se agachó para que los viera.

El pequeño alfa observó con atención a los menores, les dio un beso a cada uno en su frente y dejó que Víctor se siguiera encargando de ellos. Después de todo el platinado era un alfa de confianza, alguien que podía cuidar de su familia.

Después de ver a sus hermanos se acercó a Mila para que bajara a Valya y así poder compartir con él. El bebé comenzó a estirar sus brazos hacia el pequeño alfa— Lya —pronunciaba con su voz de bebé que a todos se les hacía tan tierna. Mila puso unas mantas sobre el suelo y sentó ahí a su hijo, pasándole un par de juguetes los cuales Kolya utilizo para entretenerlo mientras esperaban a que los adultos terminaran su visita.

El pequeño alfa siempre se sentaba tras el omega, como una manera de protegerlo para que no se fuera hacia los lados o intentara gatear a lugares peligrosos, después de todo sabía que esa no era su casa y no permitiría que Valentín se hiciera algún daño. Le mostraba los juguetes, haciendo voces graciosas que hacían reír al pequeño pelirrojo.

Todos cargaron a los bebés, admirando lo tranquilo que era Luka y lo inquieta que era Hikari. Al ser una alfa seguramente necesitaba estar más en movimiento, en cambio su hermano prefería dormir.

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Yuuri debía permanecer en la clínica durante tres días los cuales el rubio y su pequeño alfa tuvieron que arreglárselas solos. No era como si no pudieran hacerlo, es solo que Yuri se había acostumbrado a compartir labores y ahora se le hacía extraño estar solo en casa por las noches, bañar a Kolya por su cuenta y arroparlo antes de dormir. Yuri optó por dormir con su hijo en la cama matrimonial para no sentirse solo en las noches, aún si eran solo dos quería estar cerca de Yuuri.

Para Yuuri aquellos días pasaron rápidamente, entre amamantar a los bebés y darles la fórmula al no poder lactar a ambos, no lograba dormir mucho y el tiempo se le iba volando, además de las visitas que iban y venían constantemente. Pudo notar que Nikolai no aparecía mucho en su habitación en la clínica ya que se quedaba afuera jugando con Valya y Phichit quien hacía de niñero para que los adultos pudiesen estar más tranquilos y los menores no alteraran el ambiente de los recién nacidos.

Al ser dado de alta, el japonés se sentía muy feliz ya que deseaba volver a su hogar, a su cama y al lugar que tenía el aroma de su pareja mezclado con el propio. Solo ahí podía sentirse seguro después de haber dado a luz. No entendía como Yuri había pasado por todo aquel proceso solo, él como omega necesitaba de su pareja y se sentía vacío.

No pienses en eso —le dijo el rubio mientras salían de la clínica hacia el vehículo— todo está bien ahora —aún sin un lazo entre ellos habían creado una conexión que les permitía saber más o menos lo que pasaba por la cabeza del otro. Sentir lo que su pareja sentía.

Yuuri solo sonrió alegre de que ahora todo fuera distinto y acomodo a los bebés en las nuevas sillas que habían comprado para ellos. Uno a cada lado y Kolya en medio.

La llegada a casa no fue para nada complicada, al tener las feromonas de ambos omegas, los recién nacidos se acostumbraron rápidamente al lugar, cayendo dormidos de inmediato en sus cunas. Los habían alimentado antes de salir de la clínica y les habían cambiado el pañal por lo que ahora estaban sequitos, satisfechos y contentos así que dormían plácidamente.

Los Yuris dejaron a los bebés dormir y fueron a la sala, pero no fue lo mismo para Kolya quien se quedó sentado en la mecedora de la habitación de sus hermanos, cuidando el sueño de ambos ya que al ser el mayor, inconscientemente sabía que sobre sus hombros recaía la responsabilidad de cuidarlos y él se tomaba su trabajo muy a pecho.

Me siento cansado —su cuerpo recién comenzaba a resentir la falta de sueño— ¿Te importa si duermo un par de horas? —preguntó mientras su cabeza caía sobre el hombro de su pareja al estar sentados sobre el sofá.

Yuri rio ya que el azabache se durmió antes de obtener una respuesta. Lo entendía, él pasó por lo mismo con la diferencia de que solo tenía un bebé y Yuuri había cargado con dos. Él había tenido a Otabek junto él para ayudarlo y Yuuri lo tenía a él, así que le acarició el cabello para luego llevarlo en brazos a la habitación.

No iba a negar que pesaba bastante, pero podía hacerlo. Si pudo cuando estaba embarazado, ahora le era más fácil, así que lo acomodó en la cama y lo tapó para que descansara tranquilo, él y Nikolai se harían cargo de los gemelos.

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Los días comenzaron a transcurrir y con ello una nueva rutina para la familia Plisetsky-Katsuki. Ahora debían acostumbrarse a tener tres niños de los cuales dos no podían hacer nada solos, siendo lo más difícil el momento en que el fuero del rubio terminó y tuvo que volver al trabajo.

Kolya ayudaba en todo lo que su corta edad le permitía, llevaba de un lado a otro las mantas, toallitas húmedas, pañales, cambios de ropa, etc. Todo con tal de ayudar a su papi Yuuri a cuidar a sus hermanitos, también cuidaba el sueño de los menores y le entregaba todo el amor que podía a Yuuri para que este fuera feliz.

Eres un buen niño —decía Yuri al llegar a casa mientras le traía algún dulce como recompensa por ayudar en casa.

El rubio estaba todo el día llamando a casa para saber cómo iba todo, al fin y al cabo los bebés crecían demasiado rápido en los primeros meses de vida, así que no quería perderse nada, además de querer saber si Yuuri necesitaba algo.

Un día de vuelta del trabajo una tienda llamó su atención, una joyería que le hizo recordar aquel anillo que antes le ofreció a su pareja y que este rechazó diciéndole que aún no era el momento ¿Sería ahora? Se preguntaba mientras observaba con detenimiento el aparador. Sentía como el corazón se estrujaba en su pecho al pensar que podía obtener nuevamente una respuesta negativa.

Se dirigió a casa con una sola cosa en mente, le volvería a dar el anillo a Yuuri y le pediría matrimonio. Esta vez todo debería salir bien, Yuuri debería aceptar ya que tenían una relación bien consolidada y ambos habían demostrado madurez. Con eso en mente siguió su camino.

Al llegar a su hogar abrió la puerta y entró como siempre, se dirigió a la habitación principal encontrándola vacía así que decidió guiarse por su olfato llegando hasta el comedor donde pudo ver a su pequeño alfa vestido formalmente de pie junto a la mesa.

¡Papá llegó! —Exclamó enseguida— ¿Le darás la sorpresa ahora? —preguntó a la nada mientras Yuri observaba que sobre la mesa había una deliciosa cena con velas en medio.

Si, se la daré ahora —escuchó la voz de Yuuri tras él, pero no alcanzó a voltear pues este le cubrió los ojos— no seas impaciente —le habló suavemente al oído.

¿Qué es esto? ¿Un secuestro? —preguntó mientras sonreía un tanto nervioso al no saber que sucedía y cuál era la razón de tanto misterio.

Ya secuestré tu corazón hace mucho, al igual que tú el mío —volvió a hablar el japonés mientras le descubría lentamente los ojos.

Yuri miró hacia adelante notando que su hijo ahora estaba más cerca y extendiendo hacia él una cajita sobre sus manos— es para ti —le habló mostrándole aquella cajita que Yuri había guardado en su armario por tanto tiempo, aquella que contenía el anillo.

Yuri lo tomó entendiendo lo que sucedía, al parecer habían tenido la misma idea sobre el matrimonio. El momento era ahora o nunca y no dejaría pasar la oportunidad.

Yuuri —habló mientras se volteaba a ver a su omega que estaba vestido igual que su pequeño, de manera formal para la ocasión— vas a casarte conmigo, aún si tengo que obligarte —tomó la mano de su omega y puso el anillo en su dedo para luego acercarse y besarlo.

Yuuri sonrió, había sonado gracioso, pero no le importaba ya que de todos modos aceptaría. Ya era el momento, ambos habían crecido lo suficiente como para enfrentarse a cualquier cosa en el futuro y no volver a cometer los mismos errores.

No tengo opción —respondió al despegarse de los labios de su pareja y Nikolai aplaudió entusiasmado al ver que sus padres se amaban tanto. Aunque el entusiasmo se le fue rápidamente al ver que nuevamente iban a besarse.

No mas —dijo poniéndose en medio y estirando sus bracitos hacia Yuri para que este lo alzara— solo para mí —les dijo mientras dejaba un beso en la mejilla del rubio y luego del azabache.