A orillas del lago del bosque, sosteniendo difícil su peso en medio de un mar de lágrimas. Victor Nikiforov abrazaba el cuerpo de su omega mientras se repetía incontables veces que no se trataba de una alucinación y estaba verdaderamente frente a él.
Yuuri por su parte estaba mareada de la energía que despedía el joven alfa, tantas emociones y sentimientos alborotados, sumado a su cercanía, su olor, su calor y sus lágrimas hacían que se asfixiara, provocando un vuelvo en su corazón y en su estómago. Escucharlo sollozar su nombre hizo que las lágrimas también afloraran en sus ojos, rompiendo su pecho.
Había llegado al mundo humano hacia aproximadamente un mes, y aun cuando regreso expresamente a ese lugar con la esperanza de un reencuentro, le había tomado por sorpresa, jamás espero encontrarlo tan pronto. Ambos cayeron de rodillas hacia el suelo, Yuuri consolando a Víctor quien aún lloraba, sosteniéndolo entre sus brazos por unos minutos hasta que finalmente se hubo calmado.
—Sigo sin poder creerlo, de verdad estas aquí —exclamo el joven alfa, sus ojos brillaban de la emoción y aun cuando tenía casi la misma edad física de Yuuri, seguía actuando como el mismo joven que había conocido, provocando una suave sonrisa de ternura en el omega.
—Sí, lo siento por haberme ido tan de repente —comentó el dios, ocasionado que una sonrisa amarga cruzara los labios del zarévich.
—Es como un milagro, habiéndote ido y pidiéndome que no te esperara, de verdad yo no creí —sobrecogido por sus propias emociones, Víctor no sabía que decir, sentía que aún estaba dentro de un sueño y que la figura de Yuuri podría desaparecer en cualquier momento.
Aunque para Yuuri hubieran sido apenas unos días, para Víctor habían sido demasiados años. Esperando, esperando pacientemente la llegada del joven que no parecía estar cercana. El dios entendió eso, sintiendo sus sentimientos. Por eso, tomo una de sus manos la coloco en su rostro, el alfa pudo observar ese movimiento mientras Yuuri le veía.
—Aquí estoy, Víctor.
El alfa lo observo, e impulsado por sus sentimientos encontrados, cerró aún más la cercanía uniendo sus labios contra los del dios. Yuuri abrió los ojos, preso de la sorpresa, Víctor simplemente sostenía el cuerpo del omega intentando repasar su presencia. Con sus corazones acelerados, una nueva sensación los consumía, provocando que se estremecieran y los hiciera acercarse más. Porque el alfa temía, que si se alejaba, este pudiera desaparecer en cualquier momento. Poco a poco se fueron separando respirando con agite. Víctor tomo el rostro de Yuuri, observándolo bien y grabando esa imagen en su memoria, su rostro teñido de carmín brillaba junto con sus ojos ámbar, llorando sin poder evitarlo, lo tomo nuevamente entre sus brazos.
—De verdad, eres real —susurro. Yuuri sentía su corazón apresurado y no sabía siquiera que decir en ese momento. La acción había sido tan ínfima, con el suficiente tiempo para comprobar la existencia del dios nuevamente entre los brazos del alfa, con la fuerza necesaria para voltear el mundo del dios de pies a cabeza.
Jamás espero verse tan avergonzado con semejante acción, siquiera la previó pese a que conocía los sentimientos pasados de Víctor. Su rostro estaba ardiendo, pero al verlo sonreír como un niño juguetón que había logrado una travesura, solo le hizo pensar todo el vació que había sentido tenido sentido y que había renacido de nuevo. Aun cuando la diferencia en el tiempo para ambos fue notable, el dios creyó que de verdad había pasado una eternidad desde la última vez que lo vio en esa despedida y verlo nuevamente allí a su lado le llenaba de un jubilo que jamás había logrado experimentar.
—Estas aquí nuevamente. Te espere demasiado —murmuro, el rostro de Yuuri se llenó de colores.
—Sí, yo también sentía que era necesario volver—expreso con tono suave—. Aunque lo intente, no pude olvidarte. Porque estabas aquí es que decidí volver —revelo, provocando un brillo en la mirada turquesa del alfa que se moría por besarlo de nuevo—. Aunque —el omega sonrió divertido, alzando su mano hacia el rostro de Víctor y repasando sus facciones—… ya no eres el pequeño y lindo Víctor que conocí.
Una suave carcajada fue emitida de los labios del zarévich mientras tomaba la mano de Yuuri, compartiendo su calidez con la suya.
—Ciertamente he cambiado mucho físicamente —sosteniendo su mano y besándola tiernamente, provocando un escalofrió en el omega que le hizo enrojecer nuevamente—. Pero soy el mismo de siempre, no he cambiado desde la última vez que nos vimos.
Sin embargo, Yuuri si creía que este había cambiado. Lo había hecho lo suficiente como para amenazar su corazón de un paro cardiaco con todas las expresiones y gestos que el alfa estaba comenzando a tomar con él producto de sus cambios.
—Tú en cambio, sigues igual al momento en el que te vi partir —le comenta, recordando. Yuuri le ve con temor, sobando su brazo derecho.
— ¿Acaso eso te desagrada? —cuestiona, hay preocupación en su tono, pero Víctor solo puede verlo con una sonrisa conciliadora.
—Eso jamás, aunque ahora tus palabras tienen mucho más peso. Sobre que tú eres un dios —menciona.
Ambos jóvenes se acurrucan al borde del lago, era casi el ocaso y los dulces colores naranjas comenzaban a hacer presencia en los matices del lago. Yuuri observaba el lugar con añoro.
—Hacia tiempo que no observaba este lugar de esta forma —menciona el omega—, para mi ese tiempo tan solo es algunos días, pero para ti fue algo completamente diferente ¿No es así? —le pregunta a Víctor, volteando a verlo.
Habían pasado demasiados años para él desde el momento que le revelo quien era realmente, para ese momento, el zarévich era solo un niño que quizás no comprendió demasiado de la explicación de Yuuri. Pero al estar escuchándola ahora de adulto, Víctor comenzaba a conocer un poco sobre el trasfondo que el omega llevaba en sus hombros, una parte de su historia, su pasado, incluso de su mundo. Haciendo hincapié en la diferencia de los tiempos y porque él no parecía envejecer como el resto de los seres vivos. Víctor lo escucho pacientemente, aun cuando el sol estaba a punto de desvanecerse en la montaña, lo escucho y asintió a sus palabras hasta que este hubo terminado, sintiendo como una nueva puerta era descubierta ante sus ojos.
—Es algo tan extraño, este trascurrir del tiempo y los poderes que tu posees, el mundo del que provienes… todo eso suena tan fantástico Yuuri que se me hace difícil comprender muchas cosas —se atreve a decir el zarévich, porque es cierto, no gana nada mintiéndole a Yuuri y este lo agradece, porque a él le sucede lo mismo.
—No te preocupes, a mí me costó muchos años entenderlo y creo que no aun no lo comprendo del todo —revelo, un poco risueño—. Físicamente aparentemos tener casi la misma edad, pero mentalmente tengo 30 años más que tú —rio, secundado posteriormente por el alfa.
Poder hablar con Víctor le recordaba a Yuuri lo cómodo que había sido convivir a su lado, en esos pequeños momentos en el lago mientras practicaban. Ahora que este sabía gran parte de su historia, el dios podía sentirse un poco más a gusto consigo mismo, aunque haya evitado diversos hechos del pasado para no afectar la visión que tuviese el joven de él. Víctor parecía muy emocionado con querer saber de su mundo y como eran el resto de los dioses de la dimensión, pero el joven omega se levantó en silencio de su asiento, captando la atención del alfa.
—Entiendo que tengas muchas dudas, pero estas pueden esperar por el momento —expreso, sacudiendo el resto de tierra que se había impregnado en su ropa—. Es casi el anochecer, si el zarévich no regresa al castillo, todo el mundo estará preocupado —acotó, generando que Víctor frunciera el ceño disgustado.
Víctor no podía negar que esté tenía razón. En medio de una celebración tan grande como lo era el matrimonio de su hermana, si desaparecía por su solo día, aunque este no tuviera mayores actividades, Yakov pondría el pueblo patas arriba con el único fin de dar con su paradero. No obstante, quería permanecer todo el tiempo posible al lado de Yuuri, solo tenían unas pocas horas de haberse reencontrado y ya tenían que volver a separarse. Quizás era un pensamiento muy infantil de su parte y sabía que Yuuri le miraba conciliadoramente para que supiera que no se iría a ningún lado, pero, aun así, Víctor tenía miedo de dejarlo.
— ¡Ven conmigo al castillo! —propuso el zarévich.
— ¿Qué?
—Ven conmigo al castillo —repitió nuevamente el joven con ojos iluminados y llenos de ilusión que deslumbraron al dios.
—Es imposible, Víctor. Yo no puedo ir, el palacio imperial, no es un lugar en donde yo pueda estar —comento alzando los brazos en señal de negación, pero el alfa no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.
—Claro que puedes ir —le aseguro con total confianza expresa en sus labios—, yo soy el zarévich Víctor Nikiforov, príncipe heredero al trono, y dentro del castillo puedo hacer lo que guste —expreso contundente.
Yuuri le observo sorprendido del egocentrismo desarrollado por el joven Víctor en esos últimos años. Con mucha seguridad, el dios pensó que había cosas que definitivamente cambiaban y otras no, pero aun con ello, las dudas persistían.
—Víctor, yo estoy bien en este lugar —dice refiriéndose al lago y a la pequeña cabaña del bosque—, además, yo no pertenezco a ese lugar. Tus padres, el zar y la zarina podrían oponerse y no quiero ser yo quien provoque una disputa entre ustedes —comento con el intento de disuadirlo, más Víctor no tenía tales intensiones.
—Si es Yuuri quien de verdad no quiere ir, no pienso obligarte bajo ningún concepto —expresa, calmando un poco las ansias del joven dios—. Pero si es en relación a mis padres, no me importa que tanto revuelo armen, no dejare que nadie piense que no eres bienvenido en el castillo —tomo suavemente una de sus manos, dando pequeñas caricias con sus dedos, provocando que las mejillas de Yuuri ardieran de vergüenza—… Tú eres una persona preciada, y si te hago esta invitación es porque no quiero simplemente dejarte aquí, no cuando deseo estar cerca de ti ¿Qué dices entonces, Yuuri?
Antes tales expresiones que Yuuri jamás espero recibir por parte de Víctor, se vio sorprendido a si mismo siendo acorralado por el calor de sus mejillas y el temblor de sus piernas. Con aquella sonrisa que le hacía sentir que se derretía, acepto sin dudarlo la mano del alfa sintiéndola como una braza ardiente, que le quemaban y a la vez, lo hacía flotar en un mar de nubes que lo dejaban extasiado. Una sensación completamente nueva para él que le hacía entender que estaba siendo débil ante aquellas expresiones.
Sin embargo, ajeno a los pensamientos de Yuuri, con ver que este tomo su mano, Víctor se apresuró a alzarlo, tomándolo de la cintura mientras le daba vueltas en el aire lleno de júbilo, el dios le pedía alarmado que le bajara y este lo hizo, culminando por abrazarlo y besar suavemente una de sus mejillas solo para sonrojarlo.
—De verdad, muchas gracias por aceptar mi propuesta —agradeció con una sonrisa de genuina felicidad que envolvió el corazón del omega—… De ahora en adelante me asegurare que tenga una de las mejores estancias de tu vida en el mundo humano.
Capítulo 53: Interacción
El camino en dirección al castillo fue algo extraño. Envueltos por el silencio, fueron todo el camino, montados a caballo en medio de la noche estrellada. Yuuri pudo observar mucho más cerca de ellos el castillo y se sintió asustado, incómodo y muy nervioso. Sabia de primera mano que las relaciones humanas de la realeza no se comparaban a las de su dimensión, aun cuando Yuuri pudiera tener cierto estatus dentro de su mundo, allí era un simple forastero, sin prestigio, méritos o títulos que pudieran hacerlo merecedor de entrar a ese lugar. Incluso pudo sentir las miradas de los guardias que le observaron entrar en compañía de para quien para ellos era el heredero al trono de su reino. Lo que no sentía el dios del hielo era que las miradas que atraía no eran necesariamente por su falta de estatus, sino por su belleza y la singularidad de sus rasgos, no muy comunes en el imperio ruso. Después de todo, la mayoría de los habitantes del reino poseían cabellos claros y ojos verdes u azules que contrastaban la oscuridad absoluta del cabello del dios en conjunto con las llamas ardientes que eran sus orbes.
Con mucho cuidado, Víctor bajo al omega del caballo mientras varios sirvientes y consejeros se aproximaban a ellos, entre ellos, el consejero principal del Zar, Yakov Feltsman fue el primero en acercarse hasta el zarévich.
—Su alteza ¿Qué es todo esto? ¿Quién es este joven que ha traído? —pregunta el hombre con preocupación sin despegar su vista de Yuuri quien es ocultado tras la espalda de Víctor.
—Su nombre es Yuuri. Es un buen amigo de los viajes que he realizado por el oriente, cruzando el mar. Por diferentes motivos se ha separado de su caravana al llegar al Imperio, así que estará conmigo de ahora en adelante en el palacio —explica y el consejero se siente a morir por sus palabras, y no solo de ellas, sino también de la mirada que expresa al joven. Víctor por su parte es indiferente a ello—. Por favor, lleva mi caballo al establo —le pide a otro de los sirvientes, el cual asiente y se lleva al corcel de ellos.
— ¿Un amigo? Aun si lo fuera, en estos momentos no son los adecuados para permitir el ingreso de un plebeyo al palacio, y usted desea que se instale aquí —Yakov no sabía bien que decir. La clarificación hacia el aspecto de las ropas de Yuuri hace que marque claramente la distancia social que lleva con su señor y todos los habitantes de ese castillo. El joven omega siente eso y siente temor e incertidumbre en que hacer o decir. No obstante, Víctor le toma de la mano con suavidad.
— ¿Estas bramando una ofensa contra nuestro invitado? Espero no quiera equivocarse, este joven de aquí no es plebeyo ni nada semejante. Él es una persona muy importante para uno de los reinos del oriente, es una falta de respeto contra mi persona y la de él que sometas tales injurias. Exijo una disculpa inmediata —expreso tajante ante la clara sorpresa de Yuuri y todos los presentes.
—L-Lamento muchísimo semejante incordio —se disculpa el consejero, arrodillado junto a los demás sirvientes frente a Víctor y Yuuri. Sin embargo, sorprendiendo al propio beta, el joven dios se arrodilla a su nivel, pidiendo que se levante.
—No tiene por qué disculparse, entiendo claramente su preocupación por su alteza, dado que en este instante, no me veo como una persona de fiar —explica el omega con tono afable y conciliador, sentimientos suaves invaden el corazón del viejo consejero, altamente sorprendido por el porte y misericordia ante alguien desconocido.
—Si nuestro invitado te ha perdonado, no tengo yo motivos por los cuales castigarte, solo solcito que sea prepara una estancia para él en el mismo piso donde yo estoy —pide, viéndole y provocando que el color de las mejillas de Yuuri aumente.
Volviéndose a disculpar, les guio hacia el interior del castillo. Una vez ingresaron, Yuuri observo con interés el lugar que sería su nueva residencia durante quien sabe qué tiempo. Particularmente, era un lugar más pequeño que su lugar de nacimiento pero mantenía proporciones cercanas y una arquitectura exquisita llena de cuadros, estatuas y demás arreglos. Había múltiples cuadros de familias y hombres coronados que Yuuri intuía que eran los anteriores monarcas de aquel castillo, mientras seguía de cerca a Víctor diversas personas, nobles y lacayos reverenciaban finamente la figura de su alteza al mismo tiempo que observan con particular intereses la figura del dios del hielo. Fue imposible no sentir aquellos sentimientos de desprecio y envidia por parte de algunos personajes durante su transitar. Cuando finalmente llegaron a donde sería su nueva habitación, Víctor pidió al consejero y a los sirvientes que les permitieran un momento de privacidad durante el tiempo que preparasen la cena de ambos, todos asintieron, dejando solos al par de jóvenes en la habitación.
— ¿Qué tal? Espero puedas sentirte cómodo en este lugar —menciona captando la atención del dios—, no tengo idea de cómo pueden ser los hogares en el mundo de los dioses, pero hare todo lo posible para que tu estancia sea incluso más que acogedora, eres mi más grande invitado y no dejare que nadie aquí, te falte el respeto o te haga daño alguno —hace hincapié en esto último, con un brillo determinado en sus ojos. Yuuri no puede evitar sonreírle algo sobrepasado.
—Víctor esto es —las palabras no salen, no parecen suficientes para ser expresadas. Yuuri se siente tan superado, sobrecogido por las atenciones que el alfa se esmera en darle y se siente tan feliz por eso—. Muchas gracias, me has sorprendido verdaderamente. Es algo increíble de creer incluso para un dios como yo…
El llamado de la cena les sorprende. Permiten que esta sea servida en el pequeño comedor que posee la habitación y es cuando son dejados solos nuevamente, que pueden sumergirse en un ambiente cálido y ameno, conversan de diferentes cosas disfrutando de sus alimentos y aun cuando Víctor sigue siendo el centro de la conversación, Yuuri observa con singular intereses sus expresiones, apreciando todos los cambios físicos que ha logrado alcanzar en ese tiempo que no se vieron. Como los rasgos infantiles y delicados fueron reemplazados por unos firmes, como el ancho de sus hombros se había incrementado y como sus largos cabellos habían crecido al punto de tener que ser sujetados en una alta cola. Sin embargo, aun cuando había cambiado, seguía siendo un poco el mismo Víctor, sus ojos azules seguían emitiendo ese brillo suave que le había llamado la atención desde el momento en que se conocieron.
— ¿Qué piensas de la cena?
Aun cuando le había hablado, la vista de Yuuri seguía inmersa en una sola cosa de la cual el alfa había podido darse cuenta. Sujetándose al silencio suave que se impuso en la habitación, el dios del hielo quería seguir observando por tiempo indefinido todas las facetas que el joven ruso tenía para mostrarle, quería verlas todas una a una y profundizarlas cuanto pudiera. Por su parte, el joven zarévich simplemente aprovecho ese pequeño espacio para tomar el rostro del omega entre sus manos, captando esta vez, su atención.
—Parece que alguien no ha parado de mirarme en todo este tiempo —comenta el alfa algo risueño.
—No es así, yo…
El color toma las mejillas de Yuuri quien no puede sostenerle la mirada. Víctor, por su lado, con singular devoción acaricio el lacio cabello del dios, viéndole y trasmitiéndole todo su sentir con el brillo de sus ojos. Eran sentimientos cálidos que eran imposibles de rehuir en el pecho del dios, haciéndole sentir cálido al mismo tiempo su corazón amenazaba con salirse de su pecho.
—Yuuri, sé que puede ser muy apresurado pero luego de tanto tiempo, me siento desesperado. No quiero tener que pasar por una despedida nuevamente, te quiero a mi lado y que estoy dispuesto ante todo para permanecer contigo. Una vez te fuiste de mi lado, no estoy dispuesto a perderte de nuevo —habló, poco a poco la distancia entre ambos se iba a acortando.
—Víctor, yo…
El suave toque de la puerta hizo que ambos se separan de golpe, con sus corazones acelerados y avergonzados como unos adolescentes, Víctor corre a abrir la puerta mientras Yuuri sujeta sus mejillas pensando. Nuevamente, estuvieron muy cerca de besarse, nuevamente pudo haber caído en el mar cálido que representaban los ojos del alfa, y era sorprendente para él, sentir como estaba decepcionado por haber sido interrumpidos.
Cuando la puerta es cerrada nuevamente, Víctor regresa hasta él, hincándose a su lado.
—Lo siento Yuuri, su excelencia el zar me ha solicitado por unos asuntos y debo ir a verle en este momento —se excusa con notable tristeza en los ojos—, me hubiese gustado permanecer más tiempo contigo.
—No te preocupes, entiendo eso. Es tu padre quien te llama también —le menciona, pero la mueca triste no desaparece del rostro del alfa y una pequeña sonrisa es emitida por Yuuri—. Estaré bien. Podemos vernos mañana sin problemas, aun tienes que mostrarme el resto del castillo.
La faz del alfa cambia, alegre y emocionado por la promesa que le es dicha.
—Con seguridad nos veremos mañana, desayunaremos juntos y te daré un paseo por el interior del castillo —le dice, y dejando un suave beso sobre su cabello, el cual provoca estremecimientos en el cuerpo del joven, se retira de la habitación, dejando a un Yuuri completamente avergonzado.
Estando solo en la habitación, Yuuri suspira levemente. Sin saber qué hacer, se recuesta sobre la cama viendo el techo. Aunque más pequeña, aquella habitación no asemejaba con la propia en su mundo, el estilo y las decoraciones era muy diferentes, más ostentosas pero no por eso dejaban de ser cómodas. Nuevamente suspiro, aquel día había sido demasiado, tantas emociones en un solo momento eran malas para su corazón.
Nunca imagino que su corazón latería tanto casi queriendo salir de su pecho.
Víctor de verdad había cambiado demasiado en aquel aspecto.
Al llegar la mañana, Yuuri fue despertado por
—Buenos días, joven Yuuri —saludo la dama junto a su compañera con una leve reverencia—. A partir de ahora, mi compañera y yo seremos las damas que servirán a su persona por petición explicita de su alteza imperial. Nosotras le acompañaremos cada día durante su estancia en el castillo.
—M-Muchas gracias, eh…
—Mi nombre es Adelaida y mi compañera es Roselia. Su alteza le ha mandado a llamar para desayunar, por lo cual prepararemos el baño y sus ropas para que pueda ir a verle de inmediato —expreso, mientras que la otra dama se acercaba hasta Yuuri para llevarlo al baño e irle retirando las prendas que llevaba.
—Gracias, pero yo puedo desvestirme y bañarme solo —alego con intenso bochorno.
—Le pido que nos perdone, pero no podemos hacer eso. Su alteza nos dejó a su cuidado, y es nuestro deber servirle como tal. He de explicarle también que el desayuno se sirve a las 7;30 de la mañana, el almuerzo a las 12 y la cena a las 7 en punto, si no desea comer en el gran comedor, podemos traer sus alimentos a su habitación y si tiene alguna otra duda puede consultarlo con nuestras personas —indico con solemnidad a la que el dios no ha podido negarse.
Yuuri creía que verdaderamente eso era algo demasiado ostentoso e incluso innecesario. No obstante, era un invitado y un no humano, quizás no estaba acostumbrado a ese tipo de tratos por lo cual le era algo incómodo. Sin perder el pudor, permitió que las damas le ayudaran con el baño y las ropas que utilizaría, eligiendo estos un fino traje de talas sueltas, propias para un omega masculino como él.
—La habitación de su alteza se encuentra a dos puertas de la suya, si necesita algún tipo de preparación previa para la noche, no dude en consultarnos y le seremos de ayuda —agrego Roselia tallando suavemente la piel del omega con la esponja y el jabón.
El dios del hielo sintió como sus mejillas enrojecían ante la acotación tan directa que la dama había hecho de manera tan sencilla. Y aunque no dijo nada, se preguntó si era común que ese tipo de gestos lo hicieran para cualquier joven que el alfa llevara a su habitación. Cuando terminaron de asearlo, le ayudaron a vestirse y acicalarse para que estuviera "presentable" para el zarévich. También le acotaron que cada vez que debiera presentarse ante Víctor debería realizar una reverencia y debería ser preparado para la ocasión, un nuevo guardarropa seria preparado para él en la brevedad posible por la mano de un sastre que durante la tarde de ese día le tomaría las medidas correspondientes.
Sin embargo, antes de que pudiera siquiera salir de la habitación con sus nuevas damas, Víctor ingreso a la misma con una radiante sonrisa que pudo escandalarlo incluso a él mismo. Adelaida y Roselia hacen una suave reverencia ante su señor, siendo imitadas por Yuuri, quien baja la mirada también.
—No es necesario que reverencies ante mi Yuuri —indico el alfa con cierta sorpresa y curiosidad de verlo haciendo aquello.
—Pero —intento renegar, pero este le levanto la mirada con un gesto risueño.
—Tú no tienes por qué tomar ese tipo de gestos conmigo, somos lo suficientemente cercanos para que no tengas la necesidad de ellos —expresa cercano a su oído provocando que el enrojecimiento corriera por todo su rostro.
—V-Víctor —exclama el omega avergonzado y viendo a sus damas alarmado, aunque estas no hacen ápice de mirarlo siquiera.
—Eso está bien, trátame como siempre —dice sonriente. Con un suave gesto pide que las damas se retiren, aspecto que estas hacen y les dejan solos—. ¿Y bien? ¿Qué tal te ha parecido todo? ¿Lograste descansar anoche?
—S-sí. Descanse lo suficiente gracias a ti. Aunque siendo sincero, todas estas atenciones me hacen sentir nervioso, jamás me habían llenado de tantas atenciones al punto de ayudarme con el baño —menciona recuperando el suave color carmín en sus mejillas.
—Lo siento por eso, pero es más etiqueta que necesidad. A mí también me molestan mucho —reconoce el zarévich encogiéndose de hombros—. Pero si algo te molesta, no dudes en decirlo y hare algo al respecto—asegura—, yo solo deseo que puedas sentirte a gusto, quiero que sientas que pese a todas las cosas.
Bajo una sonrisa tímida, Yuuri asiente sus palabras y ambos bajan al gran comedor para tomar el desayuno. Caminando del brazo de Víctor, las miradas siguen inmersas en Yuuri quien le es difícil soportarlas, demasiados sentimientos fluctuando y dirigidos hacia él hacen que sea difícil sopesarlas con su propia energía, no obstante, la sonrisa brillante de Víctor lo hace sentir calmado y a su vez, protegido.
Sin embargo, antes de que puedan sentarse, las puertas se abren y desde el salón principal ingresan el Zar Alexei y la Zarina Irina en compañía de su hijo menor, Mijaíl. Todos los presentes, incluso el propio Víctor, realizan una reverencia ante ellos por lo que Yuuri no tiene otra que imitarlos. Al poco tiempo, los monarcas se posan frente a ambos al tiempo que el pequeño Mijaíl corre a los brazos de su hermano quien le recibe con una cálida sonrisa. Al mismo instante, Yuuri siente como una fuerte punzada amenaza con hacerlo caer de rodillas aunque puede resistir brevemente. Siendo objeto de observación del Zar, el dios siente como un cumulo de sentimientos negativos emiten fuertemente del alma de aquel monarca, nunca antes una sed de poder le había causado tanto daño, y por si fuera poco, permanecía con su vista examinándolo, juzgándolo, haciéndole temblar.
—Buen día, su excelencia —saludo Víctor con su hermano en brazos. Yuuri también le saluda, pero en tono más bajo.
El monarca no responde al saludo, por su parte, permanece con su mirada fija en Yuuri quien reposa a un lado de Víctor. Este, en señal preventiva, lo relega detrás de él mientras lo toma de la mano. La tensión puede sentirse palpitante en el aire. Yuuri pudo ver como el monarca enfocaba su mirada en sus manos sujetadas y como el gesto en sus ojos se endurecía, más no decía nada.
— ¿Quién es este joven? —pregunta la zarina cubriendo su rostro con un delicado abanico, igual que su esposo, veía con malos ojos la cercanía entre el alfa y el omega.
—Es un buen amigo y alguien muy importante para mí. Su nombre es Yuuri, le conocí en uno mis viajes a los reinos del mar de oriente y es un joven de la realiza oriental. Por hechos desafortunados, se ha separado de su caravana y he decidido darle una buena estancia por un tiempo.
—No hemos escuchado jamás de él ¿Por qué no lo habías mencionado antes? —Cuestiona la dama —He escuchado incluso de Yakov que estará viviendo con nosotros en el castillo.
—Su excelencia nunca ha estado al pendiente de mis amistades ¿Qué tiene esta de diferente? —increpa con tono duro pero sin alzar la voz.
Ninguna otra palabra más es emitida y Yuuri observa como este pide que su comida sea servida de inmediato. Todos se sientan al momento de sentarse el Zar y los alimentos son servidos en la gran mesa, pero a pesar de estar a una buena distancia de ellos, el dios aún puede sentirla, la tersa mirada del Zar Alexei Nikiforov que no ha separado de él en ningún momento.
Cuando el desayuno termino, Yuuri pudo suspirar con fuerza al ver como el monarca ha abandonado la habitación ¿Qué había sido aquello? Jamás había sentido semejante fuerza que le oprimía el pecho al punto de hacerlo desfallecer. Su cuerpo no podía evitar temblar y a sudar frio ¿Eso de verdad era un ser humano? Tal magnitud de sentimientos negativos solo los había sentido en presente de Fujiwara Koki.
— ¿Te encuentras bien? —No puede evitar preguntar Víctor al verle algo pálido trayendo al omega de nuevo a la realidad quien soltó un respingo al sentir la mano del zarévich en su hombro—. ¿La comida te ha causado algún tipo de mal?
—No, no, no es nada eso —contesta pero aun así duda en decir la verdad de su malestar —Estoy bien, no te preocupes por mí.
Sin embargo, Víctor no puede creerle. Lo toma de la mano y pese a las bajas protestas que el dios emite, regresan a la habitación del segundo donde el zarévich lo recuesta, cubriéndole con las sabanas.
—Ya te dije que me encuentro bien —responde, pero Víctor hace oídos sordos su respuesta.
—No me lo parece, estas demasiado pálido y tu rostro no está bien, sea lo que sea que tengas, es mejor que descanses —alega, sentándose a un lado del omega.
—Lo siento —se disculpa y Yuuri voltea su vista hacia el alfa, sorprendido.
— ¿Por qué te disculpas?
—Quizás todo esto te hace sentir presionado y es culpa mía que estés de ese modo —menciona con sincera preocupación, siendo llenado por un deje amargo. Después de todo, había sido su deseo egoísta traer al dios al castillo aun cuando este se había negado en un primer momento—. Quizás, estés molesto conmigo por todo esto —mas Yuuri niega en silencio.
—Agradezco todas las atenciones, han sido ampliamente gratas. Te has preocupado tanto por mí y de hacerme sentir cómodo, que la alegría supera por completo todo espacio en mi pecho —una ínfima sonrisa es esbozada en su rostro, haciendo como costumbre que el brillo escarlata brille con intensidad en sus orbes ámbar. Sin poder evitarlo, el alfa acaricia suavemente una de sus mejillas con anhelo.
—De verdad, había olvidado lo fuerte que eres —expresa viéndolo con devoción—. De ahora en adelante espero complacerte en todo lo que desees, y espero que pueda ser alguien que pueda estar para ti en todo momento, Yuuri.
Posándose sobre el cuerpo del contrario, Víctor tomo los labios de Yuuri para besarlo levemente, aun cuando la mullida sabana separaba sus cuerpos, el omega podía sentir claramente el calor del cuerpo del alfa al tiempo que intentaba corresponder el beso. Poco a poco, este se iba profundizando al tiempo que las manos del zarévich acariciaban los cabellos del dios del hielo, succionando el labio inferior de Yuuri, este emitió un diminuto jadeo que les hizo reaccionar, provocando que Víctor se separara de golpe. Ambos se miraron sorprendidos y agitados.
—L-Lo siento, sé que debo controlarme, estas enfermo pero aun así, no he podido evitarlo —responde, ocultando su rostro en el hombro de Yuuri.
El dios no sabe qué hacer, esta soprendido y quiere alejarlo, tiene miedo de que Víctor logre darse cuenta de lo acelerado que se encuentra su corazón debido a su fuerte presencia, pero tampoco puede alejarlo, la sensación de cercanía que le envuelve es demasiada, haciéndolo sentir dichoso. Incluso no le importaría que el alfa continuara donde se había quedado.
— ¿Víctor? —lo llama. Su voz sale tímida, pero es lo suficientemente audible para llegar al alfa. Lo que el joven dios no espera, es que el joven zarévich hubiera caído rendido justo encima de él.
Parpadeando un poco confuso, una imperceptible risa es emitida por sus labios mientras acaricia suavemente los cabellos platas del joven alfa a su lado. Sintiendo nuevamente ese descontrol en su pecho, se recuerda que había regresado al mundo humano en busca de respuestas a todo lo que estaba sintiendo, queriendo confirmar todo aquello que hacía que su corazón abrigara. Pero quizás no hacía falta ya estaba totalmente claro: estaba enamorado de Víctor.
Compartiendo el calor de ese joven alfa, Yuuri lo abrazo compartiendo aquel íntimo momento sin saber que, finalmente, luego de tanto tiempo, Víctor pudo conciliar el sueño tranquilamente en los brazos de su amado Yuuri.
AL FIN ME PUSE AL CORRIENTE CON LAS ACTUALIZACIONES QUE LLEVABA EN WATTPAD XD
Luego de dias intentando publicar todo de nuevo, al fin lo logro aqui en FFT. Me costo y aun me falta subir el resto de mis fics (que son como 20) pero ya publique el más largo aqui XD
Por otro lado ¿Que tal les parecio el capitulo?
Ha sido un gran calmante para sus almas ¿no es así? De verda habia esperado tanto para escribir este capitulo. Nuestros niños por fin se han reunido de nuevo como dios manda y... ¡ha habido beso! Esto sinceramente fue lo mejor junto con el hecho que Yuuri esta perdiendo fortaleza mental contra un Víctor más adulto y más atrevido en sus acciones, lo ama demasiado como para dejarlo nuevamente. Los siguientes capitulos que se vienen son de la convivencia en el castillo, habra interacción entre muchos personajes y se que les va a gustar mucho porque tambien presentaremos unos nuevos. ¿Que creen que suceda entonces? Quiero leer sus teorias XD
