La fotografía

Lana: ¿Por qué hiciste eso?

Jenn: ¿Qué cosa?

Lana: Quitar tu foto

Lana: ¿Por qué?

Jenn: Porque tengo derecho de hacer lo que quiera o crea mejor con mi intimidad

Jenn: No tienen derecho a atosigarnos continuamente

Jenn: Vivimos en la misma puta geografía, ¡Por Dios!

Lana: Y si lo sabes, ¿por qué dejas que eso te enfade?

Lana: Al quitar la foto consigues que vaya a peor.

Lana: ¿Tienes idea de la cantidad de conjeturas que han hecho porque la quitaste?

Jenn: Recibo las mismas notificaciones que tú

Jenn: Claro que lo sé

Lana: No dejes que nos hagan esto, Jenn

Lana: Tienes que darte cuenta que era mejor la tontería del comienzo que todo esto

Jenn: Siento que sea tan imperfecta, pero hago lo que me parece mejor.

Jenn: Compartí esa foto como una muestra de mi felicidad, de un día bonito

Jenn: Pero no quería que la empañaran con teorías idiotas

Lana: ¿Tan duro es que te intenten acercar a mí?

Jenn: No lo saques de quicio, Lana, sabes que no hablo de eso

Lana: Has dicho que la empañaron con una teoría idiota

Lana: Esa teoría era que estábamos en el mismo sitio, en el mismo lugar

Jenn: Pero no era cierto

Lana: Y por eso te pedí que no te olvidarás de que lo que importaba era lo que las dos sabíamos, lo que las dos estábamos viviendo

Lana: No lo que dijeran los demás

Lana: Te advertí que el mundo seguiría hablando de nosotras, que era inevitable

Jenn: Pues siento ser tan poco razonable, ¿ok?

Jenn: Siento no estar a la atura de tus expectativas

Lana: No, Jenn, no digas eso

Lana: Sólo intento que entiendas que a veces la mejor reacción es no hacer nada

Jenn: Y yo quiero que lo dejemos, no quiero seguir hablando de esto

Lana: No te cierres en banda, por favor

Jenn: No me estoy cerrando en banda

Lana: Sí que lo haces, te conozco

Jenn: Sólo quiero un poco de espacio, estar sola un momento y pensar las cosas

Jenn: ¿vale?

Lana: creí que ahora había cosas que solucionaríamos juntas

Jenn: sólo necesito pensar, Lana, no hagas un drama

Lana no volvió a responder por mucho que esperó y esperó, en línea y desconectada. Quiso escribirle, decirle que no se enfadará, que no pensará mal de ella, pero no encontró las palabras y se sintió una basura. Una persona que no valía la pena. Tiró el móvil sobre el sofá y las paredes de su casa la agobiaron, la hicieron sentir pequeña y pérdida. Gritó de frustración pensando en el momento en que subió la foto, pensando en lo feliz y dichosa que se sentía cuando la tomó y en lo bella que le había parecido la fotografía de Lana con su pequeña. Lo bonitas que estaban las dos, la sonrisa perfecta de Lana. ¿Por qué tuvo que quitar la foto? Lana tenía razón, se había dejado llevar por esa vorágine estúpida que era la persecución de sus supuestos admiradores. Secó las lágrimas que se desprendieron de sus ojos claros producto de la impotencia que sentía.

Un admirador deja de serlo cuando atenta contra la libertad del objeto de su admiración. Para Jenn, muchas de esas personas que iban a las convenciones y juraban que tenían una absoluta adoración por ella, eran lobos disfrazados de corderos. En su aparente adoración la perseguían y la juzgaban como si no perteneciera a este mundo. Querían a toda costa que sus deseos sobre ella se cumplieran, desde que fuera perfecta hasta que hiciera una vida con quién ellos querían. Lana pasaba y padecía lo mismo. Incluso, algunas personas las trataban como objetos, las devoraban con la mirada y hasta intentaban traspasar el límite. En la espiral de sus fantasías, querían aprovechar el momento de tenerlas cerca para forzar un beso o un abrazo que poco tenía de amistoso. Como si ellas no tuviera voluntad o decisión, como si solo fueran una cosa de la que aprovecharse. Y era por eso que siempre había alguien con ellas durante los eventos, controlando el comportamiento de las personas que venían a verlas. Normalmente, por suerte, la mayoría se comedía y a los que no lo hacían podían mantenerlos alejados con un lenguaje corporal riguroso.

Los fans eran una fuente de alegría y de indignación en la misma medida. Aunque la mayoría eran personas dulces y cariñosas, los había demasiado obsesionados como para encontrar coincidencias en las cosas más estúpidas, como para insinuar que tenía relaciones con un colega casado o con una colega con la que supuestamente no se hablaba en años. Cada día, desde hací años, recibía notificaciones de toda clase sobre teorías y asuntos sacados de contexto. ¿Cómo compartir con las personas dulces y cariñosas su felicidad, cuando la minoría obsesionada tomaba las redes y arrastraba a los demás a su mundo de espejismos?

Hoy, ella tenía una relación con Lana, una relación secreta y especial, que solo les pertenecía a ellas. Sin embargo, la obsesión empañaba sus fotografías desde un ángulo completamente incorrecto. Aunque deseaba no prestarles atención, su imagen pública le preocupaba y lo había compartido con la morena antes, pero aún así la había lastimado con sus acciones y sus impulsos.

Desde que entraba al perfil de Lana de manera clandestina había notado como solían coincidir en sus publicaciones. Horario, estilo de publicación, intereses. Todo era muy parecido, pero era lógico. Primero, porque vivían en la misma zona, porque tenían la misma pasión por el arte y la actuación, porque tenían prácticamente la misma edad y sus intereses, en general, eran bastante similares. Sus diferencias radicaban en que a la rubia le gustaba salir de fiesta o a eventos con amigos, tenía una vida más publicitada y programada. Lana era un espíritu libre que adoraba viajar y la vida sencilla. Eventos los mínimos, mejor un museo o una hamburguesa con familia o amigos. Ambas tenían una adoración especial por sus mascotas por lo que solían pasar tiempo con ellas y compartirlo con la gente, porque era la más inocentes de sus verdades, la más genuina. Pero cada cosa que podían compartir era utilizada para sacar punta fina y encontrar secretos de manera forzosa.

Hoy, si alguien dijera que estaban juntas tendría razón, pero no podrían comprobarlo y para hacerlo usaban estrategias que eran más que mentiras. Otra vez, como si fueran solo una cosa de la aprovecharse, sin darse cuenta que la decisión de sacar esta relación a la luz era sólo de Lana y de ella.

Dolía no ser libre. Escocía como estar colgado de una cuerda con las manos desnudas y todo el peso de su cuerpo para sostener. Dolía no poder ser feliz como una persona normal o tener tanto miedo de serlo olvidándose del resto del mundo. Pasando de las opiniones y de los comentarios, pasando de la prensa ponzoñosa. Las paredes la agobiaron más y se levantó para tomar las llaves de su coche. Quería conducir y tratar de serenarse, le gustaba alejarse de la ciudad y los ruidos de siempre. Vio a Ava mirándola desde un rincón y pensó que su grito la había asustado, así que le hizo unas caricias para que se calmara.

-Lo siento, peque – le dijo con la voz quebrada – se me fue la pinza – Ava jadeó moviendo la cosa – ahora ve a descansar que hemos tenido un día muy largo – se quedó hasta que la perra se sentó en su cojín y se quedó mirándola – voy a salir, ¿vale? Tienes todo lo que necesitas para estar cómoda – su mascota la observó con neutralidad – te quiero – le dijo antes de salir por la puerta.

Se sentó en su coche y salió del aparcamiento. Condujo mirando alrededor y su coche manejó solo hasta un sitio que conocía. Se detuvo sintiéndose mal consigo misma, sintiéndose egoísta y atroz. Volvió a entrar al chat que mantenía con Lana y seguía en silencio. Repasó su intercambio y sintió el peso del mundo en sus hombros, las manos desnudas escociendo más y no por la falta de libertad, sino por la repentina angustia en la boca del estómago. No lo pudo contener y sollozó apoyando su frente contra el volante del coche. ¿Seguiría existiendo una relación que esconder? La idea de que Lana pensará en dejarla por comportarse como una idiota le carcomía las entrañas.

-Por favor, háblame – le pidió al chat silencioso, sin atreverse a dar el primer paso, preocupada por el rechazo que pudiera encontrar.

Sabía que las dudas de Lana se debían a su anterior alejamiento y ella acababa de alejarse. Lana iba a enviarla lejos ni bien la viera, Lana la iba a dejar. Dios, ¿quién es la dramática ahora?, pensó. Eso era otro tema, la había acusado de dramatizar cuando solamente le señalaba una situación en la que podría haber actuado mejor y le ofrecía dónde apoyarse para desahogarse o resolverlo. Lana no va a querer hablarme, no me va a perdonar este desplante.

-Por favor, háblame – volvió a rogarle al teléfono – sé que soy una tonta, pero tú no.

En su casa, Lana estaba sentada en el sofá desde hacía demasiado tiempo sin moverse. Se había quedado mirando el teléfono en total silencio. Luego del intercambio de mensajes no sabía muy bien cómo actuar. Jennifer había dejado claro que creía que estaba sacando de quicio su reacción, que dramatizaba. ¿Lo hacía? Quizás, sí. Quizás no debería haber pedido una explicación. ¿Quién era ella para poner en entredicho sus acciones? ¿Para tomarse la libertad de querer cambiar su forma de actuar? Ser su novia no era más que una etiqueta que no tenía una cláusula de derecho al cambio o a la transformación. Jenn le había dicho que la sociedad era hipócrita y que temía de lo que la industria artística le tuviera reservado, le había advertido que ese era su talón de Aquiles. Fue idiota pensar que lo que habían vivido o crecido juntas como pareja iba a cambiar la situación. Menos, a apenas unas semanas desde que había decidido dejarse llevar.

Los Ángeles iba a cambiarlas, Cortona estaba demasiado lejos ahora.

Conocía a Jennifer para saber que cuando se cerraba en banda le era difícil volver a acercarse. Tal vez tenía que ser ella la que la buscará, pero no quería presionarla tampoco. Se sentía una inútil y tenía el corazón crujiéndole por la sensación anticipada de perdida. ¿Y si iba a buscarla a su piso? Cara a cara las cosas no podían verse tan mal. Que estúpido le sonaba todo. Después de unos días en la gloria, fundiéndose contra el cuerpo de Jenn, ocupando su mente y su vida, a la primera muestra de hostilidad externa todo se había ido al traste. No era un buen antecedente y con Jenn las cosas iban a ponerse así en muchas ocasiones. No quería prejuzgar, pero la rubia siempre había sido de las que actúan borde ante las invasiones.

Tal vez Jenn tenía razón y sólo estaba dramatizando. O las dos lo estaban haciendo, pero ¿cómo saberlo? No había forma de anticiparse. Todo era nuevo y demasiado bueno para ser verdad. La vida no podía ser siempre tan generosa como había sido con las dos en los últimos meses. Ella conocía demasiado bien como la vida da y como la vida toma. Lo había vivido siendo una niña, una adolescente que quería brillar y que tuvo que perder para empezar. Perder un pilar entero, una pata de su silla. La vida tomó algo de su lado y a cambio le dejó caminar hacia una carrera artística. Aprendió a caminar soportando la perdida, pero lo consiguió a pesar de todo.

Hoy tenía otra pieza que sentía trascendental que cambiaba su vida por completo. Ese amor que tuvo que reprimir y vestir de amistad, luego de contrariedad, durante demasiado tiempo. Hasta el día en que las dos dejaron de jugar a las distraídas y decidieron dar un salto en caída libre. ¿En qué punto exacto soltaron sus manos o es que seguían juntas?

Respiró profundamente y tomó su móvil, buscando el chat que seguía inactivo y mudo desde hacía una hora. Meneó la cabeza negativa.

-No la atosigues – dijo rascándose la cabeza – no la presiones – se mordió la lengua tratando de no romper en llanto. Así que lloró suavemente porque la falta de Jenn era demasiado difícil de sobrellevar. Todo con Jenn siempre iba ser intenso, ya lo tenía claro. Fuera hacer el amor o el silencio absoluto, fuera lo que fuera, cada acontecimiento la iba a romper por dentro para bien o para mal.

Mejor ir a la cama, leer un libro y esperar un nuevo día. Las cosas podrían verse mejor por la mañana, ¿no?

El sonido de las llaves en a puerta la detuvieron en el centro de la sala donde se quedó estática esperando a quién estuviera del otro lado. La puerta se abrió revelando la figura de Jennifer. Lana sintió que la respiración se le agitaba y en sus oídos retumbaron los latidos de su corazón a la espera de una reacción. De cualquier cosa. Cosa que llegó con los pasos de Jenn caminando hacia ella y su cuerpo estrellándose contra el suyo. Le costó muy poco levantarla del suelo, tan poco como a sus propias piernas responder al llamado instintivo de esa fricción. Se enredó a su cintura y jadeó entre sus labios de manera desesperada. Su espalda dio contra un mueble de caoba que decoraba la estancia mientras su lengua se batía con el demonio húmedo que era la lengua de Jenn.

-Por favor – susurró la rubia en el beso, soltándose y atrapándola repetidamente antes de acabar la frase – por favor, mi amor – continuó antes de invadirla un poco más y volver a abandonar el beso – no me dejes, por favor, no me dejes.

-¿Qué? – Lana hizo un esfuerzo para que Jenn se detuviera y poder mirarla a los ojos.

Aquel ruego traspasando sus sentidos y haciéndola sentir liviana como si fuera una pluma.

Jenn apoyó su frente en la de ella, recuperando lentamente el aire de los pulmones.

-Soy una idiota, una bruta, debería haberme dado cuenta que sólo intentabas ayudarme – dijo – debería haberme dado cuenta que estaba demostrándote justo lo contrario a lo que quiero que sientas que es confianza en mí.

Lana sonrió tratando de esconder la mueca de la angustia que le pujaba en el cuerpo – no espero a que seas perfecta.

-Lo sé, pero ¿por qué tengo que ponerme así con estas cosas? – le preguntó Jenn mostrando toda su vulnerabilidad – ¿por qué me importan tanto?

-No lo sé – Lana trató de reconfortarla acariciando su mejilla – no lo sé, pero quiero que lo averigüemos juntas – le aseguró dulcemente – no me dejes afuera, Jenn.

La rubia atrapó nuevamente su boca y la besó profundamente. Sus lenguas se rozaron regando suspiros y chasquidos. Lana mordió el labio inferior de Jenn tirando de él para luego lamerlo y hundirse en la boca de la rubia.

Jenn se separó y la observó unos segundos – digámoslo.

-¿Qué?

-Al mundo entero – dijo la rubia – salgamos a la luz como pareja.

-Jenn es una locura – aseguró la morena.

-Lo sé, será como terapia de shock – aseveró Jennifer – si no hay nada que esconder y soy libre, puede que no te lastime, no quiero lastimarte.

-¿Harías algo así sólo por mí? – Jenn asintió y Lana sonrió dejando correr unas lágrimas por su rostro – no, mi amor, no quiero eso, no necesito que salgamos a la luz.

-Pero...

Lana la besó y las manos de Jenn apretaron su trasero moviéndola un poco más hacia arriba, acercando más su boca. El beso se volvió más desenfrenado y visceral, sus cuerpos estaban ávidos de sentirse y se notaba en la tensión, en el calor que emanaba de su contacto.

-No, no quiero que lo digamos, quiero que lo vivamos juntas de manera personal – Lana separó su boca, pero a cambio apoyó su frente en la de la rubia – quiero que crezcamos como pareja y que dejemos esta información para el momento adecuado.

-¿Estás segura? – los ojos sinceros de Jenn la llenaron de amor así que sonrió.

-Sí, pero sólo quiero que no te dejes enredar por los dichos de personas que no se enteran de nada, que no saben ni lo mucho que nos amamos, ni lo mucho que nos respetamos – la morena se tomó su tiempo para decirlo y para recorrer las mejillas de Jenn apartando algunas lágrimas – no te asustes, no dejes que coarten tu libertad, mi amor – dijo- esa fotografía era preciosa.

Jenn sollozó y asintió – lo sé.

-Deberás pasármela – le pidió Lana y Jenn asintió tratando de controlar su llanto -, pero luego – terminó la morena – ahora necesito que me hagas el amor, por favor – sus lágrimas saltaron absurdamente a pesar de que se sentía aliviada porque la corta ausencia había terminado, pero al mismo tiempo el temor de no volver a estar con ella hacia mella en su piel – por favor, Jenn – suplicó.

-¡Ey! – Jennifer se asustó al verla tan inquieta - ¡ey!, no llores, sea lo que sea te juro que te lo compensaré.

-Sólo no me dejes afuera, Jenn, no te vayas – pidió Lana y la respuesta a su demanda fue un beso perfecto que la hizo gemir.

Jenn recorrió parte de la sala con Lana contra su cuerpo - ¿Lola? – preguntó de repente dándose cuenta que no estaba.

-Con mi madre – dijo y dejó que Jenn recorriera su cuello con su boca – quería pasar un poco de tiempo con ella y no me pude negar – gimió desesperadamente cuando la rubia retrocedió hasta dar contra una pared.

-Lo siento, no puedo llegar hasta la habitación – explicó Jenn bajándola al suelo y quitándole la camiseta que llevaba – tengo que tenerte – dijo antes de tirar del jean y empujarlo hasta que arrastrará el calzado que llevaba Lana consigo – te necesito ya – la levantó y Lana volvió a apresar su cintura abriendo las piernas.

Jenn acarició el sexo de Lana sobre las bragas notando la humedad que comenzaba a crecer.

-Por favor, Jenn, tómame – le rogó la morena.

Jennifer hundió sus dedos por debajo de la prenda y gimió con fuerza cuando sus dedos tocaron la sedosidad húmeda del sexo de Lana que se extendía desde su clítoris hasta la entrada. La penetró con lentitud hasta que sus dos dedos tocaron las paredes de la morena, quién gimió arqueando la espalda.

-Oh – Jenn siseó - ¿así? – movió los dedos entrando y saliendo una velocidad muy lenta, pero con mucha profundidad - ¿así quieres ser mía?

Lana asintió siguiendo los movimientos con las caderas – te amo tanto.

Los movimientos se hacían lentos, pero más y más profundos. Ambas jadeaban y el cuerpo de Lana comenzó a sudar por la sensación que le causaba tener a Jenn dentro suyo. Con la boca surcando su cuello y los dientes apresando su piel por momentos, la rubia siguió entrando y saliendo, notando como las paredes de Lana se acercaban más y más a rodear sus dedos. La tensión del orgasmo se fue acelerando y Jenn la detonó como una bomba cuando salió por completo, metiendo un tercer dedo y apresando en una succión intensa la lengua de Lana con su boca. Su sexo se descargó en un húmedo espasmo de placer sobre aquellos dedos llenándola y el grito que dio al llegar fue amortiguado por la boca deseosa de su novia.

Con ella colgada de su cintura repitiendo espasmo tras otro, Jenn consiguió llegar a la cama y la dejó caer sin salir de su interior. Se distrajo mordisqueando la piel que aparecía de sus pechos.

-Quítate el sujetador – le pidió y Lana lo hizo sin dudar, jadeando al notar el aliento de Jenn en uno de sus sensibilizados pezones – no puedo estar sin ti, no puedo – aseguró la rubia antes de mordisquearlo ansiosamente – salí con mi coche a andar sin rumbo y terminé aquí, frente a tu puerta, he venido sin que nadie me traiga, ni siquiera yo misma.

Lana bufó notando como los dedos de Jenn se movían en su interior – Jenn.

-Sí, mi amor, ¿te das cuenta? Eres dueña de mi instinto, de mi voluntad – Jennifer mordisqueó el otro pezón y volvió a pulsa en el interior de Lana, notando como el placer la estaba por alcanzar nuevamente – te amo tanto que mi inconsciente te necesita y te busca sin que ni siquiera me lo plantee.

Rozó el clítoris de Lana son su pulgar y la morena tuvo un orgasmo más intenso que el anterior, mucho más caótico y funesto. Uno que la rubia alargó entrando y saliendo de su cuerpo con rapidez, mientras mordía sus pezones alternativamente. La morena se dejó caer perforada por el exceso de placer y en un último atisbo de energía tiró de la rubia para coronar ese momento de pasión con un beso.

Cuando consiguió recuperarse, se encargó de quitarle la ropa que Jenn llevaba con su ayuda. Totalmente vestida, frente a su desnudez, era como una afrenta a su necesidad. Cuando no quedó una sola prenda, Lana la observó de pies a cabeza y estiró su mano para deshacer la coleta que llevaba la rubia. Su cabello cayó hasta sus hombros con un brillo dorado hipnótico. Lana se acercó a la rubia y se sentó encima compartiendo un beso que tenía mucho de lujuria. Recorrió lentamente con su lengua los labios de Jenn, primero por fuera y luego por dentro sin entrar del todo, ni rozarse con la de la rubia. Un hilo de saliva quedó prendido entre las dos y Lana lo empujó con su lengua hasta la boca de la rubia que gimió al contacto.

Abandonó su boca y con un beso igual de húmedo repasó su cuello, sus hombros y su mandíbula hasta llegar a los pechos de la rubia, que se estiraba hacia atrás desde la posición sentada, con los codos como sostén, sólo por conseguir que Lana la recorriera de esa forma.

-¿Esta seria nuestra primera discusión o desavenencia? – preguntó la morena.

-Y esta nuestra primera reconciliación – contestó la rubia.

Lana sonrió y se quitó de encima de Jenn empujándola hasta quedar recostada – entonces, hay que mantener la reputación que tiene las reconciliaciones – dijo comenzando a recorrer las piernas de Jenn con su boca desde la parte interna de sus pantorrillas, avanzando con ojos felinos lo más provocativamente que podía – no podemos fallar.

-Si sigues así dudo que fallemos – Jenn bufó y abrió la boca de par en par al ver como Lana mordía sus muslos internos y se acercaba más a su húmeda intimidad.

-¿No vamos a fallar, mi amor? – la voz de Lana surgió seductora mientras fingía un tono de ingenuidad que hizo que Jenn jadeará sintiendo su sexo mojarse más – ¿vas a darme de beber en esta boquita? – le preguntó meneando la lengua de un lado a otro, rozando sus dientes.

Jenn asintió soltado un gimoteo que parecía salir de lo más profundo de su ser – sí, sí – dijo con la voz quebrada por el deseo y la necesidad – cómeme.

Lana abrió la boca y la dejó a unos palmos de su destino – dame de comer, Jenn.

La rubia gimió, justo cuando Lana notó como sus brazos hacían el esfuerzo necesario para arquear las caderas y sostenerlas, mientras el clítoris de Jenn se introducía en su boca y ella giraba la lengua alrededor. Las manos de la morena acabaron en sus nalgas y lamió con deseo, succionando y generando un ruido intenso que lleno la estancia. Jenn sólo podía gemir como loca. La lengua de Lana caminó hasta la entrada de Jenn, jugueteando en los pliegues alrededor hasta quedarse quieta justo en la entrada, moviéndose de un lado a otro. Jenn comenzó a desesperar notando como las manos de Lana movían su cuerpo para que la lengua la penetrará y sollozó al sentirla dentro.

Lana comenzó un mete y saca húmedo. Gimió con el sabor de su novia llenándole la boca, acaparando sus pupilas gustativas. Con el aroma de su intimidad secuestrando el aire que respiraba. Salió de su interior y la observó con los ojos oscurecidos notando la expectación en el rostro de Jenn.

-Mastúrbate, mi amor – le pidió la morena – quiero que te toques mientras te follo con mi lengua.

Jenn jadeó, pero accedió comenzando un movimiento lento sobre su clítoris que Lana se entretuvo observando con los labios apresados entre sus dientes.

-¿Te imaginaste que hacia esto cuando te masturbaste pensando en mí? – preguntó la latina antes de volver a introducir su lengua en el interior del sexo de la rubia, entrando y saliendo sin parar.

Jenn asintió antes de responder – sí, sí, mi amor.

-¿Me imaginabas entre tus piernas, amor? – Jenn asintió – que coincidencia más hermosa porque yo también me imaginaba entre tus piernas mientras me corría pensando en ti, me imaginaba provocándote un orgasmo con la lengua como el que vas a tener ahora.

Lana notó como Jenn gemía profundamente y su lengua tomó el control de la situación penetrando con un ritmo sostenido a la mujer. Sus dedos se enredaron con los de Jenn acompañando la cadencia de la masturbación y la rubia comenzó a moverse bajo ella aumentando la velocidad.

-No voy a aguantar mucho más – aseguró al cabo de uno segundos.

Su respuesta fue acentuar la caricia incrementando el ritmo de su lengua entrando y saliendo hasta que Jenn se corrió en su boca. Ella suspiró de placer a sabiendas que necesitaría una nueva ronda porque su sexo palpitaba necesitando a Jenn con urgencia.

Se separó de la rubia apoyando su barbilla en uno de los muslos de la rubia y sonriendo de medio lado la verla recuperar la respiración. Ella no estaba mejor, tomaba aire con premura debido al esfuerzo y al calor que sentía. Reptó por el cuerpo de la rubia y se unieron en un beso lleno de emociones.

-Te amo – le dijo la morena sonriendo y Jenn suspiró – me estaba volviendo loca antes de que vinieras, no sé cómo no fui a buscarte a tu casa.

-Yo también, amor – Jennifer la besó dulcemente – lo siento mucho.

-Ya estás aquí, no necesito mucho más – Lana le dio un beso en la mejilla recostándose sobre su hombro – sólo que no me dejes sola.

-No si puedo evitarlo – le dijo Jenn – si algo me enseño todo esto es que no quiero encargarme de todo sola como siempre – y luego agregó -, pero siento haberme comportado como si alguien o algo importará más que tú para mí, siento que hayas tenido que sentirte mal hoy por mi culpa.

-No importa, llevó tiempo esperando a que el ritmo muestre sus dudas – indicó parafraseando a uno de los fics que habían leído juntas – la mejor parte es que estamos de acuerdo en resolver esas dudas las dos juntas.

Referencia a Ese tren, esa mujer, ese asiento... Gracias escritora y traductora!

Y bien! vieron que no soy una drama-queen y no he prorrogado el tema. No tengo intenciones de ahondar el drama.

Jajajaja me va el rollo +18 con ellas, no sé porqué!

A partir de esto, sólo quedan 3 capítulos... así que ha disfrutarlos que se los quiere mucho