La confesión de Hermione sumió al mago en un profundo desasosiego. ¿A quién se refería la joven y qué relación tenía con lo que acababa de ocurrir?

— Hermione — Susurró Snape mientras le sostenía el rostro haciendo que lo mirase a los ojos — Cuéntamelo todo, por favor.

Su petición sonó como la súplica más sincera. Atrás quedó el tiempo en el que ese hombre la avasallaba con exigencias u órdenes, cuando sus papeles estaban claramente marcados como profesor y alumna, mentor y pupila... esos roles habían quedado atrás. Ahora apelaba a la voluntad de la joven de compartir con él sus secretos.

La mirada del hombre bajó hacía el cuello de Hermione donde vio como unas gotas de agua se deslizaban hasta su pecho. Con pudor apartó la mirada al percatarse de la desnudez de la muchacha. Había estado tan centrado en salvarle la vida que ni siquiera había reparado en lo inapropiado que era el tenerla de esa manera entre sus brazos. Con elegancia desabrochó el botón que ataba la capa a su cuello, dejando que esta cayese por sus hombros. Con un rápido movimiento cubrió con ella a Hermione evitando seguir mirando su cuerpo por más tiempo del necesario.

— Gracias — Murmuró Granger al darse cuenta del decoroso gesto de Snape mientras se sonrojaba levemente por verse así ante él.

Severus se limitó a asentir a la vez que se incorporaba con ella en su regazo. Sin decir una palabra la sacó del baño y se dirigió hacia su lecho como si cargase con una novia en su noche de bodas. Tras dejarla en su cama tapada con su capa se encaminó a la chimenea de la habitación y con ayuda de su varita prendió los tocones de madera que allí yacían con la finalidad de calentar la estancia. Las llamas iluminaban su rostro mientras éste escrutaba el fuego, ni siquiera se atrevía a volver a mirarla pues temía que la joven viese reflejado en sus ojos azabaches el ardiente deseo que sentía por ella en esos momentos.

— ¿Necesitas ayuda para secarte? — Preguntó de espaldas hacía ella fijando su atención en las ascuas al rojo vivo de la chimenea.

El mago no sabía si la joven se encontraba demasiado debilitada como para realizar magia pero prefería que fuese ella quien le expresase si precisaba asistencia pues no quería incomodarla tomándose libertades que no debía.

— Puedo hacerlo sola — Respondió la muchacha alcanzando su varita de la mesita de noche.

Aeris Calidi — Con un complicado movimiento de muñeca y sin emitir luz alguna Hermione logró que una ráfaga de aire caliente saliese de ésta.

Con ella secó su cuerpo y cabello mientras observaba la imponente espalda de Severus, el cual seguía sin girarse respetando así su intimidad. Al notar que la humedad desaparecía de su piel secó también la capa del mago con mimo y la dejó doblada a los pies de la cama. Tras esto se puso en pie haciendo que el camastro crujiese alertando al hombre de nuevo.

— ¡¿Estás bien?! — Exclamó asustado reprimiendo el impulso de girarse hacia ella para comprobarlo por sí mismo.

— Tranquilo, sólo voy a vestirme — Respondió Hermione con una tímida sonrisa en los labios por comprobar hasta dónde llegaba su preocupación, pues aunque pareciese distraído mirando el sinuoso fuego seguía pendiente por completo de su persona.

— Puedo acercarte lo que necesites — Comentó el hombre guardando de nuevo la compostura — Sólo has de pedírmelo.

Hermione caminó descalza hasta la vieja cómoda de madera de dónde sacó un sencillo camisón de lino blanco. Tras ponérselo se acercó a Severus y colocó su mano en su brazo con delicadeza. Éste se giró sorprendido al notarla a su lado pues no había escuchado sus silenciosos pasos.

— Ven, tengo algo que contarte — Dijo la muchacha perdiéndose en los ojos de ese oscuro mago.

Dejando atrás la vergüenza Granger se aferró a la mano de Snape para conducirlo de nuevo hasta su lecho. Sin articular palabra Severus obedeció, hipnotizado por la belleza de la joven y su armonioso caminar. Finalmente ambos tomaron asiento en la pequeña cama, quedando uno frente al otro.

— Cuéntame lo que has visto — Volvió a pedir el hombre acariciando la mano de Granger con ternura, tratando de infundirle la confianza que necesitaba para abrirse por completo a él.

Hermione tragó saliva sin saber cómo explicarle los extraños sueños que había experimentado.

— Han sucedido en dos ocasiones — Confesó bajando la mirada avergonzada por ocultarle esa información hasta ese momento — Solamente cuando pierdo la consciencia.

Severus recordó la primera vez que eso pasó, cuando salvó a la muchacha de caer por las escaleras tras sufrir un repentino desmayo. Tras esto permaneció inconsciente durante un par de días en la enfermería de Hogwarts, alertando a todo el cuerpo docente del centro por su delicado estado de salud. La joven comenzó a relatarle con todo lujo de detalles la realidad paralela que había vivido durante su inexplicable coma. Confesó que en la visión permanecía con los ojos vendados, impidiéndole así reconocer personas o lugares. Le contó como poco a poco comenzaba a obtener diferentes poderes durante el sueño, pareciendo un símil a lo que después comenzó a manifestarse en la realidad.

— ¿Crees que esa visión te anunció el despertar de tus nuevas aptitudes? — Preguntó Snape intrigado por lo que acababa de contarle.

— Sin duda parecía que alguien quería advertirme de esta situación — Respondió Hermione con sinceridad — Como si esa voz tratase de cuidarme de alguna manera.

— Háblame de esa mujer, ¿no crees que quiera hacerte daño? — La pregunta salió del mago con cierto malestar pues no sabía cómo podía protegerla de algo que sólo se manifestaba en su mente.

— Creo que estoy unida a ella de alguna forma pues puedo sentir todo lo que ella siente — Relató la muchacha — También había un hombre en mi primer sueño, alguien muy querido para ella. Pero por desgracia la dejaba, nos dejaba a ambas en ese sombrío bosque.

Snape guardó silencio tras escuchar las palabras de la joven.

— Somnisciencia — Murmuró el mago mientras negaba con la cabeza — Pocos magos o brujas tienen ese poder, es increíble que también lo poseas.

La muchacha parpadeó un par de veces confundida al escuchar esa palabra, solamente había oído de ella durante las clases de adivinación de la señorita Trelawney.

— Es una habilidad poco común, solo las que tienen "la segunda vista" pueden desarrollarla — Rebatió Hermione negándose a aceptar que ella fuese una de esas brujas — Yo jamás seré una de las elegidas.

— Ya no sé hasta dónde llegaran tus poderes Hermione — Murmuró Severus acariciando la mejilla de la joven impresionado por la humildad que demostraba — Al final tendrán razón todos los que apuntaron a que serías la bruja más sobresaliente de tu generación.

La muchacha disfrutó de la intimidad de su caricia mientras sus palabras le concedían por fin el reconocimiento que merecía y que por tantos años se había negado a darle.

— Debes tener cuidado, aunque esa mujer no quiera dañarte los trances en los que te sumerges son peligrosos — Prosiguió Snape deteniendo el contacto y separándose de nuevo de ella.

— Tienes razón — Admitió la muchacha — Pero no puedo controlarlos.

— No sabes controlarlos — La corrigió de inmediato Severus — Te ayudaré a dominarlos, conozco algunas técnicas que te servirán.

— ¿Crees que es eso posible? — Preguntó sorprendida por la afirmación de su mentor — Parece que todo esto escapa a mi control.

— Tú tienes el poder, sólo debes aprender a dirigirlo. Debes dominarlo y así evitar que él te domine a ti — Explicó el mago con calma.

— Tengo que contarte lo que hoy he visto — Confesó la joven con inquietud.

La visión de esa noche la perturbaba en mayor medida que la primera, pues en ella la temida muerte hacía acto de presencia.