"¿Acaso es una broma?" Blaise Zabini no pudo elegir mejor sus palabras cuando escuchó todo lo que Draco Malfoy le soltó en menos de diez minutos. ¿Realmente podría existir algo cierto en todo aquello? Estaban hablando de Draco Malfoy, un niño engreído que ni en sueños ayudaría a un Gryffindor. Se trataba de un ex mortífago, también. Y vale, era cierto que Draco no fue el mejor mortífago de todos, incluso podría ganarse el título del más cobarde, pero no dejaba de ser uno. En cambio, Blaise no portaba la marca tenebrosa. Así que siempre pensó que era solo un poco mejor que los Malfoy simplemente por haberse mantenido al margen durante la guerra.

Recordaba que la menor de los Weasley había asistido a un baile con el padre de Draco, claro que lo recordaba, no por nada Lucius Malfoy era padrino de su novia. Sin embargo, jamás pensó que su amigo acudiera hasta su departamento para sacarle de allí, llevarlo a un bar y pedirle ayuda para... para Ginny Weasley.

El moreno bebió de golpe su copa de Whisky de fuego y cerró los ojos apenas un momento. Necesitaba más alcohol en las venas. Aquello sí que estaba de locos.

—Te juro que necesitamos de tu ayuda, Blaise —repitió el rubio mientras le servía un poco más de alcohol a su amigo.

—Todo esto suena de locos, Draco, en serio —negó su amigo lentamente al tiempo que tomaba la copa—. Pansy me comentó algo al respecto... me dijo que tuvo una discusión contigo a causa de Granger y la chica Weasley, pero... demonios, Draco, no entiendo en qué demonios estás metido.

—Blaise...

—Es que esto es de locos. ¿Qué puedo hacer yo para ayudar a la novia de tu padre? Ya es un shock bastante grande descubrir que vas a tener un hermano.

—Además de mi mamá jamás he tenido nada a lo que desee proteger con cada parte de mi ser... y te juro que aunque ese niño no sea mi hijo, realmente quiero cuidarlo. Ayúdame.

—Es un tema bastante delicado, Draco, y sigo sin ver el punto.

—Vas a ganar más de lo crees, en serio.

Blaise Zabini observó atentamente a su amigo y suspiró hondo. En verdad deseaba ayudar al rubio, Draco era uno de sus amigos más cercanos y sabía que por su parte él era el mejor amigo del rubio, puesto que el menor de los Malfoy era bastante asocial para hacer amigos sinceros por su propia cuenta, y desde la guerra se había alejado aún más de la gente, por no decir que literalmente huyó a Francia. El mago de piel oscura no podía quejarse, gracias a la ausencia de Draco, Pansy y él se habían acercado aún más... hasta estar más enamorados que nunca o al menos eso creía.

Pansy a veces le recordaba a la niña caprichosa e inconsciente que no dejaba de estar tras Draco Malfoy en el colegio y aunque a Blaise le costaba aceptarlo, lo cierto es que aún sentía celos del fantasma del menor de los Malfoy.

—¿Qué hay de Pansy?

—Debe quedarse fuera de todo, ya somos muchos dentro de este descabello plan.

—Repíteme quiénes son los involucrados... Hablamos de Narcissa, tu madre.

—Mh.

—Tu abogado...

—Edward Swan.

—Exacto, Swan. Granger... Ginny Weasley, la ex novia de Harry potter, y tú.

—Así es.

—Vale, vale. Llévame con ella, entonces. Quiero escuchar qué es lo que pretenden hacer contra el gran Harry Potter, por cierto... ese tipo siempre se me ha hecho un dulce. ¿Qué no se trata del salvador del mundo mágico?

—Todo mundo tiene dos caras, Blaise. ¿Lo has olvidado?

—Por supuesto que no. Es solo que... es el héroe de la historia, el protagonista, resulta gracioso que luego de todo lo que hizo por el mundo mágico haga este tipo de cosas. ¿No crees que es de locos?

—Supongo que incluso los héroes pueden convertirse en villanos.

—Y los villanos en héroes... justo como tú, ¿no?

Draco rio suavemente mientras pagaba al cantinero por los tragos de su amigo.

—Yo no soy un héroe, Blaise.

—Eso no fue lo que Pansy dijo. ¿No fuiste tú quien llegó a mi departamento con una pelirroja en estado de shock? ¿No eres tú quien me está pidiendo ayuda para la menor de los Weasley?

—Te estoy pidiendo ayuda para la madre de mi hermano.

Blaise negó con una sonrisa.

—¿Acaso no eres tú el que se enamoró de Hermione Granger?

Los ojos de Draco se abrieron ante la sorpresa de aquella afirmación. ¿Quién demonios se creía Blaise Zabini para hablarle así? El moreno palmeó la espalda de su amigo en un intento de apaciguar aquel temperamento tan volátil.

—No necesitas decir nada, tengo ojos y oídos, querido amigo.

—Basta.

—Nunca antes te vi así, en serio. Me alegro por ti.

—Ella sigue casada, así que lo mejor es que te calles, Zabini —casi gruñó el rubio—. No quiero darle más problemas de los que ya tiene.

—Me has dejado más tranquilo a decir verdad... —murmuró el otro mago caminando a paso lento junto a su amigo hacia la salida de aquel bar.

—¿De qué estás hablando?

—En el fondo... siempre me ha dado miedo llenar tus zapatos.

—Jamás has tenido que hacerlo...

—Me refiero a Pansy. Siempre me he sentido como un remplazo a tu recuerdo. ¿Acaso no estuvo ella siempre pendiente de ti en estos años de ausencia? Fue como si jamás te hubieras marchado. Sé que somos amigos, pero mentiría al decir que no tuve miedo al escuchar de tu regreso...

—No tienes nada de qué preocuparte.

—¿Y por qué aún siento que tu recuerdo se interpone entre Pansy y yo?

Draco Malfoy se detuvo junto a su automóvil y miró fijamente al moreno.

—Ella te ama, Blaise. No eches a perder tu relación por la sombra de un fantasma... porque eso es el Draco Malfoy que fue novio de Pansy Parkinson durante el colegio; un fantasma. Y los fantasmas nunca regresan.

El mago de piel color chocolate mantuvo su mirada oscura en los ojos azules de su mejor amigo y asintió con cuidado. Quizá aquel nuevo hombre que se hacía llamar Draco Malfoy tenía razón.

Quiso creerlo.

Lo deseó con toda el alma.

….

…..

Cuando Ginevra Weasley terminó de contarle todo su descabellado plan a Blaise Zabini, decir que el hombre estaba blanco era bastante poco. Realmente no tenía color y eso que se trataba de un mago de piel oscura. Si lo que bebió junto al rubio lo hubiese embriagado, no le quedaba la menor duda de que en ese instante se le habría bajado de golpe cualquier borrachera.

—¡De ninguna manera! —Exclamó poniéndose de pie—. ¡Es ridículo!

—Eres nuestra única esperanza... —Murmuró Ginny Weasley poniéndose igualmente de pie para ir hacia donde el mago se encontraba—. Si no necesitara tu ayuda realmente créeme que no te molestaría para nada.

—¿Por qué yo? Es decir... ustedes... Yo no tengo ningún problema con ustedes, en serio, pero... ¡Por Salazar! Soy un Slytherin. Ustedes pertenecen a Gryffindor... sin mencionar que jamás tuvimos una buena relación en el Colegio, ¿por qué de un momento a otro creen que yo podré ayudarlos?

—Porque eres el indicado.

—No lo soy, no, no... definitivamente no.

—Escúchala, Blaise, por favor —pidió Draco.

—Ya lo hice, Draco. La escuché perfectamente bien y no, no quiero ser ministro. No me interesa, nunca lo ha hecho y nunca lo hará.

—Harry decía lo mismo —intervino Ginny—. Él nunca quiso ser ministro y míralo ahora...

—¿Qué hay de malo en que Potter se convierta en Ministro de Magia, uhm? ¡Es el salvador de todo esto! Joder, se lo merece.

—¿No escuchaste nada de lo que te dije antes de venir, verdad? —Lo reprendió su amigo.

—Claro que lo hice y te creo, te creo. Pero... yo creo que una cosa es la pelea que Potter tiene con la novia de tu padre y otra muy distinta su deseo de convertirse en Ministro. Lo que quiero decir es que... —Blaise tomó aire—, posiblemente como Ministro Harry no haga nada contra los Malfoy... quizá únicamente habla por hablar.

—No conoces a Harry —intervino Hermione esta vez bastante molesta—. No tienes idea de lo que Harry es capaz.

—Por lo que escuché fue tu marido quien te violentó, no Potter.

—¿De qué coño estás hablando? —Cuestionó en el mismo tono la castaña—. Harry es la causa de toda esta mierda, ¿cómo carajo no puedes verlo? ¡Por Merlín, Zabini! Te creí un poco más inteligente. Harry fue quien inició todo esto... Lo único que Harry tenía que hacer era aceptar que Ginny no lo amaba más. Tuvo que aceptar que Ginny era libre de amar a quien quisiera... pero no lo hizo. No lo hizo tal vez porque el Niño que Vivió nunca tuvo algo más hermoso ni real como lo que ella le dio y quiso aferrarse a ese amor hasta el último momento... ¡Porque Harry Potter no pudo aceptar que la mujer que juró amarlo para siempre se había enamorado de un jodido mortífago! Porque seamos sinceros, ¿quién en su sano juicio pensaría que la novia de Harry Potter se enamoraría del mortífago más leal de Lord Voldemort? ¿Quién... quién, siendo miembro de la Orden del Fénix y líder del Ejército de Dumbledore... podría enamorarse de un mortífago?

Hermione no supo en qué momento se quebró su voz, solo hasta pronunciar la última palabra sintió una lágrima bajar por su mejilla y se apresuró a secarla. Draco trató de llegar hasta ella, pero la castaña se alejó dándole la espalda a los presentes. Ginny suspiró hondo al ver a su amiga de aquella manera y acarició su vientre con cariño posando nuevamente su mirada en el mago que los acompañaba.

—Yo sé, quiero creer, que en el fondo... Harry sigue siendo el niño del que irremediablemente caí enamorada desde que era una niña... pero, escúchame bien, Blaise, no pienso arriesgar la libertad del padre de mi bebé por una simple creencia. No pienso arriesgar al hijo mayor del hombre que amo... por una ilusión.

Blaise Zabini escuchó atento cada una de las palabras de aquellas brujas y respiró hondo. Tenían razón, no había forma de negarlo. Más bien se trataba de su resistencia a querer competir por el cargo de Ministro, fue algo que jamás ambicionó y no se sentía digno del cargo, no después de haber compartido la idea de que solo los magos sangre pura debían aprender magia. Se sentía sucio, se sentía indigno, sí.

—No soy digno, chicos... En serio, no lo soy.

—¿Crees que no eres digno de convertirte en Ministro? —Preguntó Ginny acercándose a él.

—Realmente lo creo.

Ginny sonrió y apretó gentilmente el hombro del mago.

—Eso es, precisamente, lo que te hace digno.

Blaise Zabini bajó la mirada y se detuvo en el abultado vientre de la hermosa pelirroja frente a él. Aquel inocente no merecía que su padre estuviera tras las rejas por un simple rencor contra su padre, aquel inocente era la causa por la que su madre luchaba con tanto amor. Lucius Malfoy no merecía ir a Azkaban luego de enderezar su camino, luego de su arrepentimiento, de su cambio sincero...

Blaise Zabini pensó que incluso Harry Potter no merecía terminar su historia de héroe únicamente por un trauma de la infancia, por un estúpido capricho... por no entender que un mago como Lucius Malfoy podía enamorarse sinceramente de una Weasley y hacerla feliz.

Blaise nunca tuvo un padre, así que deseó que el hijo de Ginny sí tuviera la figura paterna de la que tanto Draco como él carecieron.

—¿Tú realmente crees que Harry Potter dejaría a un niño sin padre?

—He visto tantas cosas que jamás habría creído de Harry... que ya no estoy tan segura de ello, pero como te repito, no tomaré ningún riesgo. Si no estás dispuesto a ayudarme, entonces puedes retirarte.

La mano de Ginny abandonó el hombro de Zabini. El mago la miró directamente a los desafiantes ojos verdes, observó su rostro pecoso y sonrió. Esa mujer le agradaba bastante. Se preguntó porqué nunca antes le prestó la debida atención.

Era tarde, muy tarde.

—¿Qué es tan gracioso? —Cuestionó Ginny con molestia.

—Nada realmente —sonrió de nueva cuenta el hombre—. Solo me resultas agradable.

—¿No debo recordarte que se trata de la mujer de mi padre, verdad? —Intervino Draco, quien se mantenía cerca de Hermione. La castaña se giró para mirar a la pareja.

Una risa suave brotó de labios del moreno.

—Tranquilo, tigre. Yo reconozco cuando llego tarde, conmigo no tienes de qué preocuparte. Pero sí, la mujer de tu padre me simpatiza bastante.

Ginny Weasley pudo ver en aquellos ojos al jugador que Blaise Zabini fue durante su etapa en Hogwarts, cuando era el mejor amigo de Draco Malfoy, cuando juntos se dedicaban a romper corazones. Sonrió interiormente a causa de Pansy... y se preguntó qué tantos problemas tendrían en su relación aquel par.

—La simpatía es mutua, estimado Zabini. Lástima que estoy bastante enamorada del padrino de la mujer que, según tengo entendido, es su novia.

Blaise Zabini rio de nueva cuenta y terminó por negar ligeramente con la cabeza.

—Un pequeño gran detalle al parecer... En fin. En otra vida será, futura Señora Malfoy, por ahora... supongo que... puedo ayudarla.

El corazón de Ginny se contrajo y finalmente pudo respirar con tranquilidad. Blaise pronunció las palabras que deseó escuchar desde que pensó en él para competir contra Harry por el puesto de Ministro de Magia y Hechicería. Sintió que todo el peso que cargaba en sus hombros finalmente se aligeraba lo suficiente como para dejarla respirar de forma más llevadera... Es cierto que no podría dormir del todo tranquila hasta que Blaise fuese Ministro y el hombre que amaba se encontrara a su lado, pero saber que el moreno le ayudaría realmente la hacía feliz, inmensamente feliz.

—¡Gracias, gracias! ¡Muchas gracias!

La Ginny fuerte, serena y seria se fue de inmediato, y en su lugar quedó una niña feliz. Una niña risueña, alegre.

¿En serio podían existir las dos? Ahora el mago entendía porqué Harry Potter peleaba tanto a aquella niña y por qué un hombre como Lucius Malfoy había caído indudablemente rendido ante ella. Lo cierto era que el equilibrio entre niña y mujer ahora habitaba en Ginny a causa del padre de Draco. A él se lo debía todo y Ginny Weasley le pertenecería por siempre al rubio... por siempre.

—No hay de qué.

Hermione apretó la mano de Draco con cariño y el rubio le sonrió con cariño devolviéndole el gesto con el mismo sentimiento, para finalmente ir hasta su amigo y palmearle la espalda.

—Te tendré vigilado de todas formas, tengo intereses por los cuales velar.

—¿Los de tu madrastra?

—Los de mi mejor amiga, estúpido.

Todos los presentes, comenzando por Draco, estallaron en alegres carcajadas. Después de todo y poco a poco todo parecía ir tomando su curso.