Hermione despertó sintiéndose aturdida, ni siquiera recordaba el momento en el que se había dejado caer en los brazos de Morfeo. Al girar su rostro se encontró con la imponente figura de Snape, hecho que la sobresaltó por lo inesperada que era para ella esa presencia. ¿Por qué permanecía el mago en su cuarto? El hombre se hallaba sentado en la silla de su escritorio, la cual había movido pues se encontraba en esos momentos junto a su lecho. Parecía no haberse percatado de su despertar pues continuaba examinando el cuaderno de la joven con atención, leyendo sus páginas como si tratase de hallar algo en ellas. La muchacha sopesó la posibilidad de fingir que seguía durmiendo con la intención de que finalmente Severus abandonase la estancia, pero pensó que eso podía no suceder si el hombre estaba esperando a que despertara. Con vergüenza recordó todo lo vivido la noche anterior, cuando Severus le salvó la vida al sacarla de su extraño trance bajo el agua. Cómo con sumo decoro cubrió su desnudez con su misma capa, el mimo con el que acarició su mano mientras ella le contaba las perturbadoras visiones que la torturaban y que le había ocultado hasta ese momento. Y después de todo eso habían seguido hablando sobre su extraña maldición, compartiendo ideas y teorías sobre su origen hasta que el cansancio debió vencerla pues no recordaba nada más.

— Puedes abrir los ojos — La voz de Severus sonaba cansada — Sé que estas despierta.

La muchacha abrió uno de sus ojos mientras cerraba el otro con fuerza. Su expresión era bastante cómica aunque Severus no se percató de ella pues seguía hojeando el diario con sumo interés.

— ¿Cómo lo sabías? — Preguntó Hermione incorporándose levemente y apoyando su cuerpo en su brazo izquierdo hasta girarse para mirar directamente a su profesor.

— Respiras diferente cuando duermes — Informó Snape mirándola de reojo.

Los cabellos de la muchacha caían por su hombro como si fueran una cascada de ondas castañas. Al percibir la belleza natural de la joven la respiración del hombre se cortó durante un par de segundos. Tras esto desvió su mirada mientras tragaba saliva incomodo por hallarse en una situación tan íntima con su alumna.

— ¿Quieres decir que ronco? — Demandó la muchacha frunciendo el ceño con espanto ante esa posibilidad.

Las mejillas de Hermione volvieron a tomar color mientras Severus negaba con la cabeza lentamente.

— Tranquila, permaneces igual de bella tanto despierta como dormida — Reconoció posando la mirada de nuevo en las hojas de pergamino.

El cumplido hizo que Hermione sonriese por primera vez desde que había despertado.

— ¿Qué hora es? — Requirió la joven al ver como los primeros rayos del sol penetraban por el ventanal.

— Acaba de amanecer — Señaló el mago observando la claridad que entraba en el dormitorio.

— ¿Te has quedado toda la noche para cuidarme? — La pregunta en los labios de la muchacha sonó como una afirmación, sabía que ese era el motivo por el cual su profesor seguía allí.

— Debía velar por tu seguridad — Confesó como si fuese la cosa más evidente del mundo.

— Pero no podrás hacerlo siempre — Apuntó la joven mientras se incorporaba un poco más hasta tomar asiento en su cama.

— Lo sé — Reconoció Severus con un matiz de tristeza en su voz — Confío en que dentro de poco no me necesites.

Hermione asintió en silencio resuelta a hacerse todo lo poderosa que pudiese siguiendo las instrucciones que el gran mago le diese.

— ¿Qué buscas en mi cuaderno? — Preguntó con curiosidad la muchacha al ver en las manos de Severus su diario — Ya sabes lo que hay en él.

— Observaba que no has escrito nada — Comentó con extrañeza mientras lo cerraba.

— ¿Cómo que no he escrito nada? He copiado todos los hechizos e instrucciones de pociones que había en tu diario — Manifestó Hermione contrariada.

— Pero no hay nada de tu cosecha — Precisó el hombre con suspicacia — ¿A qué se debe eso?

Hermione guardó silencio sin saber que responderle.

— Utilizas la magia no verbal con maestría y sé que usas hechizos de creación propia en nuestras prácticas. No entiendo por qué te resistes a poner por escrito tus avances — Explicó mientras le ofrecía de vuelta la libreta a su alumna.

Esta agarró el cuaderno y lo apoyó contra su pecho.

— No están a la altura — Murmuró avergonzada — Todavía no.

Severus se levantó de su asiento mientras le tendía la mano. Hermione la tomó y él tiró levemente de ella para ayudarla a levantarse del lecho.

— Tu falsa modestia puede resultar en ocasiones muy molesta — Regañó con cariño mientras colocaba uno de los rizos de la muchacha detrás de su oreja — Has acostumbrado en demasía tus oídos a palabras lisonjeras.

— No es así — Contradijo la joven molesta por tal acusación pues ella no demandaba los halagos o alabanzas de los demás.

— Siempre has sido la mejor en todo. Mejor alumna, mejor amiga... — Las palabras de Severus eran dolorosamente sinceras — Deja de esperar los laureles princesa Gryffindor.

— No me llames así — Exigió la joven disgustada por las opiniones de su mentor — No soy la princesa de Gryffindor.

Aunque le doliesen sus palabras Hermione sabía que había algo de verdad en ellas.

— Ambos sabemos que amas serlo — Apuntó el hombre — Pero no me importa que pienses que eres la mejor de todo Hogwarts, probablemente ya lo eras antes de que sucediese todo esto.

Granger bajo la mirada incomoda por verse expuesta ante Snape.

— Eres más Slytherin de lo que quieres reconocer — Comentó él con una media sonrisa.

"Más Slytherin que ella" — Pensó Severus clavando su azabache mirada en sus castaños ojos, completamente embrujado por lo que la muchacha lograba despertar en él.

Admiración, curiosidad, deseo... o amor. Sólo Hermione Granger lograba hacerle experimentar todo eso de nuevo. Desde la muerte de Lily no se había permitido sentir, los sentimientos estaban vetados para él ya que no tenían cabida en su nueva vida de doble espía. Había dejado pasar los años concentrado en su secreta misión, sin más aspiraciones o anhelos que el de ayudar a derrotar finalmente a Lord Voldemort. Pero era en ese inoportuno momento cuando la joven había conseguido que sus emociones volvieran a sacudirle de nuevo, y eso le tenía absolutamente aterrado.

— Escúchame — Pidió al fin con gravedad — Tienes que escribir tus conjuros, debes dominar tu magia para que no te suceda como a la mujer de tus visiones.

Hermione parpadeó al escuchar sus serias palabras.

— Debes ser disciplinada, metódica. Tú controlas tus poderes, nunca ellos a ti — Con delicadeza acarició la perla de su cuello, la camelia encapsulada — Valor innato, recuérdalo.

La muchacha se estremeció al notar los dedos de Severus en su cuello.

— Lo haré — Prometió sabiendo que su mentor tenía toda la razón.

Hasta ese momento sus emociones gobernaban casi siempre sus estallidos mágicos, era necesario regular sus habilidades si no quería dañar a nadie pues jamás se perdonaría herir a un ser querido como la mujer de sus sueños hizo.

— Ve a arreglarte, en breve dará comienzo el desayuno — Ordenó el hombre separándose de ella.

Se encaminó hasta la puerta de su dormitorio bajo la atenta mirada de la joven.

— Te espero esta media noche en el bosque, no te retrases o vendré a por ti — Comentó volviéndose hacia ella — He comunicado tu chimenea con la de mi dormitorio, puedes utilizar la red flu hasta ella en caso de emergencia.

Tras decir esto abrió la puerta y sin esperar la respuesta de la muchacha abandonó el lugar.

Las monótonas clases se sucedieron durante toda la mañana mientras Granger esquivaba con soltura cualquier pregunta por parte de sus condiscípulos que hiciese referencia a su inexplicable ausencia durante el día anterior. Por otra parte sus amigos se mantuvieron levemente distantes con ella. Harry prefirió hablar de cosas banales durante el almuerzo, mientras que Lavender se mantuvo sorprendentemente callada durante el transcurso de todas las comidas. Tal vez la forma de actuar más normal fue la de Ron quien degustaba los manjares mientras bromeaba con todos los de la mesa. Si algo admiraba de ese idiota pelirrojo era su despreocupada actitud ante la vida, aunque a veces ese comportamiento también le desesperase.

Al finalizar las clases Hermione se dirigió a la sala común de su casa pues aunque no tenía ánimos para relacionarse con sus compañeros sabía que el seguir aislándose levantaría aun más sospechas. Mientras subía por las escaleras cambiantes observó como Harry y Ginny vestidos con su equipación de Quidditch bajaban en dirección contraria. Vio como ambos jóvenes interactuaban con normalidad y envidió por primera vez esa simpleza en su trato. Los dos se mostraban tal y como eran el uno con el otro. Hermione sabía que la pequeña de los Weasley estaba completamente enamorada de Potter desde que lo conoció en el andén 9 y 3/4 cuando era tan solo una niña. Pero, ¿y Harry? ¿Habría superado el desengaño amoroso que le su puso su frustrada relación con Cho? Jamás le había preguntado que sentía por la pequeña Ginny, si como parecía la veía solamente como una hermana pequeña o si él también comenzaba a experimentar sentimientos románticos por ella. Se fijó en la forma en la que los dos se miraban y tuvo claro que tarde o temprano acabarían reconociendo que existía una clara atracción entre ellos. Y por primera vez envidió lo fáciles que parecían las relaciones entre los adolescentes, ahora que comenzaba a aceptar que el profesor Snape ocupaba la mayor parte de sus pensamientos y un lugar muy especial en su corazón.

Cuando la Dama Gorda le permitió el acceso a la torre de Gryffindor notó como los nervios hacían que se revolviese su estómago.

"Sólo es ansiedad social, puedes soportarlo" — Se dijo a si misma tratando de calmarse al ver como sus piernas comenzaban a temblar.

— ¡Ey Hermione! — Gritó una voz masculina nada más entrar en la sala.

Sus ojos inspeccionaron el lugar hasta encontrarse con la franca mirada de Ron. Su cálida sonrisa le insufló la confianza que necesitaba en esos momentos. Con paso decidido se encaminó hasta él sonriéndole de manera nerviosa. Había olvidado cuanto amaba esa sincera mirada, ese actuar sin dobleces, la alegría que su amigo mostraba cada vez que pasaban tiempo juntos. Ron era sin lugar a dudas su opuesto pero siempre había sentido que la complementaba. Aceptar que no estaban hechos el uno para el otro había sido una de las cosas más dolorosas que había experimentado durante ese año.

— Siéntate conmigo — Pidió el muchacho cuando su amiga llegó hasta él.

El joven ocupaba un pequeño sillón y enfrente tenía un tablero de ajedrez. Hermione tomó asiento en el otro sillón quedando cara a cara con él.

— ¿Te animas? — Preguntó extendiendo su mano sobre las piezas de maderas negras y blancas.

— Sólo si puedo llevar las blancas — Comentó la muchacha desafiándole con la mirada.

Weasley resopló mostrando así su indignación. Las reglas marcaban que el jugador que abría la partida era el que jugaba con las piezas blancas, y Granger sabía que su amigo siempre prefería obtener esa ventaja desde el principio así que pretendía molestarle haciendo que perdiera tal superioridad táctica. Al ver su cómico gesto la chica rió de manera espontánea.

— Echaba de menos tu risa — Comentó Ron con verdadero afecto.

El sonrojo subió a las mejillas de Hermione sin que pudiese evitarlo.

— Voy a darte una paliza — Amenazó ella entre risas mientras se recogía el pelo en una sencilla coleta.

— Siempre dices lo mismo — Respondió el chico con una media sonrisa.

— Ya lo verás — Confirmó Hermione alzando ambas cejas remarcando su afirmación.

Tras esto la joven movió uno de sus peones centrales comenzando así el juego.

— Pensaba que estarías entrenando para el partido de Quidditch del próximo fin de semana — Comentó Hermione de manera despreocupada — Acabo de ver a tu hermana y a Harry dirigirse allí.

— D5 — Ordenó Weasley a la pieza — Estoy suspendido para ese partido — Informó moviendo también uno de sus peones de manera mecánica.

La sonrisa de la muchacha se esfumó al entender el porqué de ese hecho. La culpa cayó sobre ella como una pesada losa.

— Ya sabes, comportamiento violento — Añadió Ron sin levantar la vista del tablero, concentrado en los posibles movimientos que podría realizar su contrincante — No me permitirán jugar durante una temporada.

— Yo... — El ánimo de la joven se ensombreció al ver el perjuicio que había ocasionado a su amigo — No debí decir esas cosas sobre Cormac, sabía que te harían enfadar.

— ¿Acaso me mentiste? — Preguntó el muchacho con tranquilidad levantando la vista de las piezas por primera vez desde que habían comenzado a jugar.

— No — Respondió con seguridad Hermione mirándole directamente a los ojos.

— Entonces no eres culpable de que yo le pegase — Comentó quitándole importancia al hecho.

— Pero yo sabía... — Replicó la muchacha sorprendida por la despreocupaba actitud de su amigo.

Las palabras de Harry todavía resonaban en su cabeza, cuando la acusó abiertamente de ser ella la causante del altercado.

— Hermione — La interrumpió el pelirrojo al ver que el sentimiento de culpa mortificaba a la chica — No eres responsable de mis actos.

Esa afirmación alivió la carga que soportaba en su conciencia.

— Gracias — Susurró Hermione bajando la mirada — Pensé que tú también estarías enfadado conmigo.

— Ese es tu problema — Regañó el chico negando con la cabeza — Piensas demasiado.

Después de esa afirmación Hermione estalló en carcajadas a las cuales se unió la risa de Ron.

"Ojalá nunca me faltes" — Pensó moviendo otra de las piezas mientras miraba de reojo los gestos de fastidio que su compañero hacía al ver su buena jugada.

Severus sacó la carta de Karkarov del bolsillo interior de su larga levita. Volvió a mirarla mientras se encontraba de pie ante la torre del director. Su primer impulso había sido compartir la información que allí relataba Igor pero a la vez sabía que no podía hacerlo. Frustrado volvió a guardar las hojas del pergamino junto a su pecho. ¿Cómo iba a averiguar el misterio que envolvía a Hermione sin la ayuda de Dumbledore? Estaba claro que necesitaba su consejo, más después de que el nombre de su superior apareciese en la misiva. Pero... no se sentía capaz de hacerlo pues eso significaba confesar que había incumplido su palabra cuando prometió no seguir instruyendo a la joven Granger. Ni siquiera sabía hasta que punto podía confiar en Albus si descubría como habían evolucionado las habilidades mágicas de la joven. No sólo temía por su misión sino también por la seguridad de la muchacha.

"Te protegeré todo lo que pueda" — Se prometió a sí mismo al pensar en la posibilidad de que alguien dañase a la joven.

Sin mirar atrás se encaminó al exterior del castillo pues tenía un asunto que atender en el próximo pueblo de Hogsmeade.