El rostro de Tom estaba cubierto de sangre, sus ojos que se habían cerrado por el impacto fueron abiertos de nuevo.
Completamente desnudo, congelado en una atroz situación notaba el peso caer contra él.
La noche había empezado mal, muy mal, pero sin duda iba a acabar peor.
o0o
Cuatro semanas antes.
Regulus estaba estudiando para los exámenes finales, en su segundo año y ya instalado en Edimburgo con Tom, había mejorado bastante sus notas.
Sirius le había eximido de entrar plenamente a la empresa hasta que acabara sus estudios.Y Regulus se lo agradecía.
Las cosas iban bien, o al menos eso había pensado hasta el momento, porque Tom cada vez estaba más tenso y no quería hablarlo con él. Solo le decía que era por su trabajo.
Regulus no era idiota, sabía que los rusos estaban detrás.
Tony seguía acompañándoles, pero a Regulus le costaba verle como una amenaza. En todos esos meses habían forjado lo que a él le parecía una nueva amistad, y era el nerviosismo de este lo que más le preocupaba. Tom no estaba acostumbrado a trabajar en ese mundo, Tony sí, y tener a un ruso mafioso nervioso no era algo bueno.
Cuando vio entrar a Tony por la cafetería en la que habían entrado y sus ojos cargaban culpabilidad, ya no pudo quedarse con la simple versión de Tom.
—Cuéntame qué está pasando—le pidió.
—Eso es algo que debería hablar con tu novio, no soy yo quien debe contártelo.
El asunto cada vez pintaba peor, y Regulus en aquella tesitura no sabía cómo actuar ni a quién pedir ayuda. ¿Por qué Tom no se lo contaba?
—Ojalá pudiera hacer más.—Aquello aunque fue dicho en voz alta parecía haber sido dicho solo para sí mismo. Regulus contempló al ruso preocupado.
—¿Es por dinero? No he tenido tanto en toda mi puta vida, ese no puede ser el problema.
—Kotenok, no está bien que vayas diciendo esas cosas por ahí, podrían tratar de secuestrarte—el ruso le sonrió —, otra vez.
—O sea, que no es dinero y quieres que me lo cuente él.—Regulus se mordía el dedo índice dándole vueltas a las cosas, una y otra vez.
—¿Drogas?
—Tu novio es demasiado estirado para eso.
Quizás no se lo dijera abiertamente, pero al menos estaban cerrando posibilidades.
—Sexo—lo dijo más por decir que porque lo contemplara como una opción, pero la mirada huidiza de Tony le congeló la sangre.
—¿Os estáis acostando?—preguntó casi en un hilo de voz.
—Nunca te haría eso.—Eso significaba que no era con él, ¿a quién demonios se estaba follando su novio?
—Entiendo que quieras protegerle, pero tu amigo soy yo. ¿Quién es?
Regulus estaba realmente enfadado, nunca hubiera imaginado que Tom fuera capaz de serle infiel.
—No es tan sencillo, ya te lo he dicho, ojalá pudiera ayudaros.
—Eso me vale una puta mierda—estalló Regulus.
Podía pasar por muchas cosas, pero no estaría viviendo un engaño, miró a Tony y se quedó aún más frío.
—¿Le están obligando?
De nuevo mirada huidiza, ¿cómo no se había dado cuenta? ¿qué tipo de persona era? Las manos le sudaban.
—Tenemos que llamar a la policía—concluyó sacando su teléfono.
—Ya sabes que las cosas, aquí, no funcionan así.
—Mierda.
—Regulus, habla con Tom, por favor, no soy yo quien debe contártelo.
—Y una mierda, tú lo sabes, él no me lo quiere contar. Tengo que saberlo.
—Solo te diré que es muy difícil decirle no a mi jefe, y cuando se encapricha con alguien siempre, créeme, siempre lo tiene.
Regulus se levantó de golpe, tirando la silla. Él con sus malditos exámenes y Tom sufriendo acoso, ¿cómo?
No sabía qué hacer, pero lo que estaba claro es que tenía que hablar con Tom, ya, cogió su teléfono y le llamó.
—¿Ha pasado ya?—se giró para preguntarle a su amigo ruso.
—No.
—Tom—suspiró cuando el otro descolgó la llamada.
o0o
Antonin le miró marcharse, le había tomado afecto a esos dos, en especial a Regulus, era casi imposible no encariñarse con el crío. Y había hecho casi todo lo posible por entrometerse entre Vicktor y Tom; cancelando citas; mandándolo a otra ubicación cuando sabía que Vicktor estaría en otra.
Pero aquello, ambos lo sabían, tenía los días contados. Y si fuera él en realidad afrontaría la situación de cara, pero él no era Tom y eso era más que evidente. Ese hombre no estaba preparado para ese tipo de relación, o al menos eso pensaba.
Vicktor estaba furioso, nadie se le había resistido tanto, y Antonin sabía lo que su jefe y amante era capaz de llegar a hacer.
Las cosas entre ellos comenzaban a estar complicándose. Sabía reconocer cuando Vicktor se obsesionaba con alguien, y Tom estaba ascendiendo en la escala de sus obsesiones enfermizas.
Antonin se había mantenido arriba porque al final él y su jefe compartían algo, eran igual de cabrones llegado el caso.
Pero en aquel movimiento había algo más, había dejado de contar con él para temas en los que solo Antonin metía mano.
El momento había llegado, uno que siempre había sabido llegaría.
Se consideraba alguien inteligente pero a pesar de todo solo tenía un plan: huir.
Estaba haciendo acopio de todo el dinero posible, negociando a espaldas de Vicktor llevándose un buen pico del negocio.
En cualquier caso ya estaba muerto, si tenía una posibilidad esta solo se la daría el dinero. Mucho dinero para borrarse del planeta, una nueva cara, una nueva vida, un nuevo él.
Pero había algo que le retenía, en todo el tiempo que llevaba allí no había tenido amigos. Sabía que Tom y Regulus tampoco le consideraban alguien muy cercano, pero para él que casi toda la vida había estado solo o luchando por sobrevivir a costa de quien fuera, era la relación más sana que había tenido nunca.
Cuando le dijo a Regulus que le gustaría hacer algo por ellos no mentía. Si Antonin no había desaparecido ya era porque sabía que Vicktor no solo iba a querer un polvo con Tom, iba a destruirlo como a todas las personas que tocaba.
Mandaba huevos que hubiera quedado él como protector de Tom, un tipo que no hacía ni un año que conocía, máxime cuando él mismo había contribuido a destruir a otros tipos como él.
El rostro de otro hombre, con gafas voladas al aire, recto y hasta el punto inalcanzable también había jugado una parte. Pero no había vuelto a ver a aquel joven profesor universitario. Vicktor había empezado a sospechar y lo más seguro, sino para él, sí para James, era que jamás los vieran juntos.
Pero estaban llegando a un punto crítico, él o ellos. La elección era clara, siempre lo había sido.
La moral nunca había sido su fuerte no valía la pena ponerse a practicarla a esas alturas.
Dos semanas después, a punto de realizar el último trabajo antes de irse, antes de dejar de ser Antonin Dolohov, recibió una extraña visita.
La mujer tenía un cierto aire familiar, madura pero sin dudas atractiva. Pocas veces Antonin se había llegado a sentir atraído por una mujer, pero esta sin duda contaría entre aquellas raras excepciones.
Su atractivo no le quitaba el sentimiento de desconfianza, Antonin había aprendido a no fiarse ni de su sombra, aún menos de bellas mujeres que llegaban con una propuesta descabellada.
—¿Sabe que podría matarla ahora mismo solo por haberlo dicho en voz alta?—le recalcó cuando ella había acabado.
—Por supuesto, pero no lo harás.
—¿Cómo ha llegado viva a su edad con esas ideas tan poco aconsejables?
El insulto estaba implícito, pero ella solo sonrió, y en ese momento supo a quién le recordaba.
—He estado haciendo mi trabajo, igual que tú, tienes 24 horas para aceptar o rechazar—dijo ella sabiendo que lo que le ofrecía era mejor de lo que él había planeado. En cualquier caso en ambos planes la posibilidad de acabar muerto eran muy altas.
—¿Cuáles son mis garantía?
—Mi palabra—dijo ella.
—Las palabras no valen una puta mierda.
—La mía sí, en nuestro mundo nuestro nombre y nuestra palabra es lo único que vale.
Ambos se miraron, los hermosos ojos de la mujer eran duros, llenos de la misma determinación que tenían sus palabras.
Antonin elevó su mano, y ella se la estrechó.
—Cuando esté hecho lo sabrá, señora Greyback.
Antonin se marchó no sin antes volverse hacia ella.
—Por cierto, dele recuerdos a su hijo de mi parte.
o0o
Ella sonrió, como Remus le había explicado, ese ruso no era ningún estúpido.
Cuando su hijo apareció en Dublin y solo la contactó a ella, sabía que no era un encuentro para retomar la nula relación familiar que ella misma había abandonado.
Eso no significaba que no amara a su hijo, y que estuviera orgullosa de él, pero la decisión de mantenerlo lejos había sido la mejor que había tomado.
Su marido tenía otros planes para Remus y ella no estaba dispuesta a que Remus manchara sus manos, había estado tejiendo la telaraña entorno a su marido demasiado tiempo.
No mentiría si dijera que entre ellos no había una extraña relación de amor y odio, pero sobre todo una alta lealtad.
Fenrir había sido su primer amor, pero no era el dueño de su corazón, este siempre había pertenecido al hombre que murió y que Remus solo reconocía como padre.
Pero Fenrir la había aceptado en su vida cuando solo era un despojo y la había ayudado a levantarse, no sin cobrar un alto precio.
Ahora ella iba a cobrar todos esos años, el negocio era suyo y llevaba dirigiéndolo más tiempo del que nadie sabía.
Cuando Remus apareció destapando su tapadera no hubo intención por su parte de ocultarlo.
—¿Qué quieres que haga?—preguntó ella.
Ese había sido el motivo que la había hecho coger un vuelo a Edimburgo y tener esa reunión con es atractivo ruso que acaba de irse.
Si todo salía bien, todos saldrían ganando, si salía mal, lo pagarían con sus vidas.
o0o
Tom estaba en un taxi, el dolor de cabeza había subido de intensidad tras haber tenido una fuerte discusión con Regulus antes de salir, y verdaderamente, era lo último que quería en ese momento.
Lo sabía, todo, y le responsabilizaba de no tener la suficiente confianza con él para contárselo y enfrentarlo juntos.
Pero ¿cómo le cuentas a tu novio que tu jefe te está acosando sexualmente, que este en un puto mafioso ruso que te tiene cogido por los huevos, a ti y a todos los que quieres?
No puedes, sencillamente no puedes, pensó abatido.
Sabía que tenía que dejar de luchar, que debía darle lo que quería, pero la mirada sádica de ese perturbado y la ayuda de Antonin le estaban haciendo eludir el momento.
Aunque sabía que en ningún caso él había tenido la más mínima decisión en el asunto.
Por eso esa tarde cuando Vicktor le había llamado y le había convocado a su residencia privada para tratar ciertos asuntos, se resignó. Aquel era el día.
Y se lo dijo a Regulus, el espanto en su rostro lo iba a recordar siempre, pero no tenía más sentido dilatarlo en el tiempo.
La mirada triste, resentida, culpable, temerosa de Regulus cuando se fue dolió. ¿Qué hubiera hecho él a la inversa?
No tenía sentido pensarlo.
Sería con suerte solo una noche, después de ella esperaba ser solo su abogado.
La residencia del ruso estaba en pleno epicentro de la vida nocturna, los locales de ocio estaban repletos y la gente se movía riendo y bebiendo.
Aquel ambiente de fiesta contrastaba con el humor de Tom.
Tragó duro cuando localizó el número, llamó y la puerta no tardó en abrirse. La lujuria en el rostro del ruso era desagradable.
—Bienvenido a mi hogar.
Tom se dio ánimos a sí mismo, era muchas cosas pero nunca había sido un cobarde.
Evitó pensar en Regulus, solo era sexo.
La casa era una oda, como su despacho, al mal gusto.
Fue adentrándose en la vivienda y dándose cuenta de que estaban solos.
Koldovstoretz siempre llevaba escolta, al parecer el viejo hipócrita no quería tener testigos de sus gustos homosexuales pensó casi sonriendo para sí mismo por la ironía.
—Quítate la ropa—dijo a su espalda.
Directo al grano, siendo sinceros, lo prefería.
Tom cumplió la orden.
—Deja todo ahí, y sígueme.—Su fuerte acento ruso le molestaba en esos momentos—De rodillas.
Tom le miró sorprendido, pero la sonrisa perversa del otro le dijo que no era ninguna broma.
No iba a quedarse en un simple polvo, Tom había entrado a la cueva de un sadomasoquista y a él, esos juegos, y menos consentidos no le hacían la más mínima gracia.
Le había prometido a Regulus que aquello no cambiaría nada entre ellos, pero cuando vio la habitación a la que siguió al ruso se dio cuenta de algo.
Quizás fuera él quien no fuera a ser el mismo tras aquello.
Tom fue atado de pies y manos, amordazado y colgado de una equis de madera.
Trató de cerrar los ojos, pero el ruso le abofeteó fuertemente.
—Nada de cerrar los ojos, quiero que lo veas todo.
Sus genitales fueron fuertemente apretados, arrancando un ahogado grito entre la bola en su boca y el exterior.
—Voy a destrozarte y luego suplicarás que te folle.
Aquello nada tenía que ver con el sexo era una clara muestra de poder y de dolor.
Las lágrimas por los primeros latigazos dados sin ningún tipo de clemencia sobre su flácido miembro se lo dejaron claro.
Una parte dormida, escondida que nunca había podido destruir emergió, él era un niño y delante de él no estaba Koldovstoretz sino Tobías Snape, en la mano no había una fusta sino un cinturón.
Lo siguiente que escuchó no fue el sonido de un latigazo, sino algo seco, ensordecedor.
El rostro de Tom estaba cubierto de sangre, sus ojos que se habían cerrado por el impacto fueron abiertos de nuevo.
Completamente desnudo, congelado en una atroz situación notaba el peso caer contra él.
La noche había empezado mal, muy mal, pero sin duda iba a acabar peor.
El cuerpo inerte de Vicktor Koldovstoretz cayó a plomo contra él resbalando por su cuerpo.
Un miedo visceral, primitivo le sacudió él iba a ser el siguiente.
Pero tras ellos estaba Antonin con el arma aún levantada.
—Poka nikogda*—dijo su amigo al muerto.
Después sacó su teléfono móvil y realizó una llamada.
—Está hecho, ahora cumple tu palabra.
Antonin apartó al Koldovstoretz de los pies de Tom, le desató y le limpió el rostro donde la sangre que había salpicado del disparo le daba un aspecto grotesco.
—Vámonos a casa.
Tom jamás pensó que aquella frase pudiera significar tanto para él.
o0o
En otra ciudad, una mujer realizaba una llamada que había estado deseando hacer.
—Todo ha salido como planeamos—la palabra hijo rozaba sus labios, pero no se creía con autoridad para pronunciarla.
El suspiro de alivio al otro lado fue evidente, Remus debía apreciar a aquel abogado, pero ella en ningún momento lo había hecho por ese hombre.
Iba a necesitar todos los apoyos posibles, y Dolohov iba a ser su hombre dentro de la mafia rusa.
Hope ya había tanteado el terreno y Victor Koldovstoretz solo le había mostrado su profundo rechazo, le había escupido que aquello no eran asuntos de mujeres.
Ella calló y esperó su momento, y este llegó cuando los clientes y proveedores del ruso comenzaron a decir un nombre.
Antonin Dolohov era su hombre, le había propuesto que en vez de una vida huyendo tomara las riendas de los negocios rusos.
Nadie iba a echar en falta a Koldovstoretz, ni siquiera sus propios hombres.
Al otro lado de la línea se escuchó una conversación, imaginó que sería aquel bello amante de su hijo con el que estaba hablando.
—Lucius y yo nos preguntábamos si querrías venir a nuestra boda, será algo pequeño e íntimo, fuera de los medios.
Hope pestañeó incrédula, hubiera podido esperar cualquier cosa menos que su hijo la incluyera en su vida por cuenta propia.
Apartó los negocios, y se permitió sentir como hacía años no lo hacía.
—Será todo un honor, hijo.
o0oo0o0o0o0o0o
*Poka nikogda: hasta nunca.
Un mafioso cabrón menos.
Solo nos queda el epílogo, espero tenerlo para el martes que viene.
Hasta la semana que viene.
Shimi.
