Bueno, jóvenes, este es oficialmente el capítulo final de esta historia. Lo sé, da penita, pero como siempre digo: hay cosas que terminan para que otras comiencen. Nos vemos al final de capítulo.
Advertencia:+18 (imposible parar este fenómeno) xD
Llena de ti y de mí
Bex: Ginni-Gin
Bex: lo he hecho, se lo he enviado a Lana
Ginni: ¿has aclarado que es para las dos?
Bex: ¿hacía falta? Es bastante obvio que era para las dos
Ginni: tienes razón
Bex: ¿te has sonrojado?
Ginni: ¡NOOO!
Bex: Sí, te has sonrojado xD
Ginni: déjalo estar
Bex: ¿alguna vez has estado con una mujer?
Ginni: no
Ginni: ¿tú?
Bex: puede o puede que no
Bex: si necesitas una voluntaria para experimentar llámame ;)
Ginni: ¿Qué?
Bex: es broma tonta jajajaja
Bex: sólo imaginar tu cara ahora mismo se me saltan las lágrimas
Ginni: eres mala
Bex: puede
Bex: aunque con las hormonas puede que te vuelva a proponer esto y no en broma
Ginni: ¿Qué?
Bex: también es broma, Ginni-Gin
Bex: si las hormonas me apuran quizás vista con peluca a Marcus
Ginni: ¿Qué?
Ginni: espera, esto también será broma, ¿verdad?
Bex: adiós, Ginni-Gin...
Bex: besitos donde más te guste que te besen
Ginni: ¡BEX!
Bex: ¿Qué pasa? ¿Ya quieres más?
Ginni: vete a la porra, ¡adiós!
Bex: jajajajajaja :*
Ginni: ¬¬
Ginni: :*
Jennifer aceptó la propuesta de su agente para llevar el romance publicitario y comenzó a hacer algunas publicaciones en conjunto con la visita que hicieron a Disney, más específicamente a la Star Wars Zone. Miraba la foto que se había filtrado a las redes y era tan obvio que había sido tomada de forma no espontanea que le parecía estúpido que alguien creyera que estaba de romance. Ponía su cara de "cuanto amor que siento" mirando a Gerardo que esa foto podría haber sido perfectamente una instantánea para una película de comedia romántica. "Enamorándome de Chewbacca porque la Princesa Leia está en otra zona de Disney con su familia", así se podría haber llamado la película. Cuando más que peli hubiera sido un cortometraje. Uno que duró lo que tardaron en conocer la zona y en volver al hotel que compartía con Lana para pasar el resto de días con ella.
Su hermano Dani aprovechó para interrogarla sobre su nueva relación. No la publicitaria, sino la otra. La verdadera. Enterado por Julia de cómo estaban las cosas en la vida de su hermana, le preguntó que cómo iba eso de andar de paseo con un chaval cuando tenía una mujer tan hermosa esperándola en casa. Jenn se rio y luego le contó que para ella todo esto era trabajo, desde las fotos hasta las publicaciones. El resto prefirió pasarlo contándole a Dani sobre Lana. Lana es la mejor novia que una mujer puede tener, ese era el resumen. Los ojos le brillaban al hablar de ella y su hermano lo notó muy rápidamente.
-Estás muy enamorada – le dijo el chico – se te nota demasiado.
-Lo estoy.
-Entonces, ¿por qué jugamos a esto, Jenn? – preguntó señalando a su acompañante – no digo que salgas del armario, pero no sé, es raro.
-Porque por ahora desvía la atención hacia otro lado – explicó ella – aunque no sé si podré seguirlo mucho tiempo.
-Pues no lo sigas, de aquí te vas a ir a verla, a disfrutar de esa mujer maravillosa de la que hablas – le dijo - ¿cuánto crees que podrás fingir una doble vida?
-No lo sé, soy talentosa, ¿sabes? – declaró casi con pena -, pero no lo sé, me cuesta el doble de lo normal.
-¿Me la presentarás al menos? – cuestionó luego de unos segundos de pausa su hermano – digo no hay secretos entre nosotros y quiero conocer a la mujer que te hace sonreír de esa manera – Jenn sonrió por inercia – además, es muy agradable para la vista – admitió su hermano.
-¡Oye! Es de mi mujer de quién hablas, no te pases – se quejó su hermana.
-Si pudiera mostraría un cartel con un enorme "Aww" a toda esta gente, este momento lo necesita – le respondió Dani y la abrazó para contrarrestar su arrebato verbal – júrame que no dejarás pasar tantos sentimientos por dejar felices a un montón de idiotas con demasiadas inclinaciones hetero-normativas – le pidió su hermano finalmente.
-Promesa de meñique – aseguró la rubia haciendo el gesto de infancia con el que sellaban sus acuerdos.
-Si me llego a enterar que no lo cumples, me iré al equipo de Lana y créeme que no me costaría nada – amenazó su hermano riéndose ante la cara de indignación de Jenn.
-Voy a llevarla a casa para alguna de nuestras próximas reuniones – le reveló la rubia – mamá ya lo sabe también y sólo queda papá.
-Se lo contarás antes imagino – preguntó él y su hermana asintió – tienes que avisarme para no perderme ese momento.
-Promesa de meñique – repitió Jennifer y sonrió cuando su hermano la abrazó por los hombros de manera protectora.
Lana abrazó a Jenn por la cintura ni bien la vio llegar a donde estaban – lo que te he echado de menos es algo imposible de explicar – le susurró cuidándose de ni besarla frente a la gente que esperaba la atracción.
-Y yo a ti.
-¡Infiltrada! Por fin has vuelto – el sobrino de Lana llamaba de manera burlona a la "amiga" de su tía que había terminado por agregarse al viaje familiar a última hora – la tía no dejaba de mirar el móvil desde que te fuiste – se acercó y le dijo de manera confidente – me da que tiene una de esas apps para rastrear teléfonos.
-¡Sammy!
-¿Debería preocuparme? – le preguntó Jenn.
-Deberías – aseguró el joven – mi madre me estuvo siguiendo durante medio año con una de esas.
-¡Deena! – Jennifer observó con aspecto impresionado a su ahora cuñada - ¿dónde queda la privacidad y el libre de albedrío de este joven?
-Con las condiciones que atañen mientras viva conmigo – aseveró la mujer – bastante que ya no los sigo con mis apps del FBI.
-¿Tú eres de esas madres de "mientras vivas bajo mi techo"? – quiso saber entonces la rubia.
-Yo y toda la familia, no creas que mi hermana es diferente – advirtió Deena – digo por si estabas pensando en compartir más tiempo con ella – les guiñó el ojo.
-Jennifer sabe perfectamente cuales son mis condiciones "mientras vivas bajo mi techo" y créeme hermanita – reveló Lana sin contemplaciones – no se ha quejado nunca de ninguna de ellas.
-Yo no sé si quiero saber tanto – expuso Deena tratando de no pensar y viendo cómo se reían las otras dos mujeres – además, hay menores rondando, callarse.
-¿Podemos ir a algún sitio a tomar café o algo? – pidió Jenn y Lana la dirigió hasta el restaurante que estaba más cerca.
Eligieron la zona más alejada y escondida. Los otros sobrinos de Lana aprovecharon para hacerse selfies en el ventanal. Las fotos y las redes sociales eran su mundo. Sammy sin embargo prefirió quedarse con ellas tres.
-¿Nos vamos a tener que seguir escondiendo mientras venga la infiltrada? – preguntó Sammy.
-Sí, lo siento, cariño – respondió como disculpa su tía – sé que no es ideal, pero por ahora al menos.
-No, si es divertido, es como estar en plan espías – aseveró el joven – además, pones esa cara de estar festejando tu cumpleaños siempre que la miras, te quedas totalmente empanada – comentó sonrojando a su tía y observó a Jenn de arriba abajo – no sé qué le ves, pero bueno – fingió que no se enteraba para picar a la rubia que era su nueva afición.
-Oh, eres demasiado pequeño para notarlo, sólo lo notarías si trajera un petit-suisse en la camiseta – argumentó – o pudding de chocolate.
-¿Me estás llamando niño? – dijo él.
-¿Me estás llamando fea? – respondió ella.
-No – dijeron los dos a la vez y comenzaron a reír. Jenn se estiró y abrazó al joven.
Si la cara de totalmente empanada vendría con una versión extra large sería algo parecido a la mirada que les dirigió Lana Parrilla.
-¿Ves? – le indicó Sammy a Jenn – esa cara, pero no tan de me estoy derritiendo.
-Veo, veo – Jenn afirmó con la cabeza.
-No se mofen de mí – se quejó Lana cambiando su cara a disgusto y ganándose que la rubia la tomará de la mano, ofreciéndole una caricia sosegada para ganarse su sonrisa.
-Por cierto, ¿qué harás dentro de dos semanas? ¿El jueves por la noche? – preguntó la rubia.
-Creo que nada, aún quedaría algo de tiempo antes de tener que irme a Europa de nuevo – explicó – y las convenciones no suelen ser un jueves, ya lo sabes – hizo una pausa antes de preguntar - ¿Por qué? ¿Qué me depara el destino?
-Cena en mi casa – dijo Jenn y Lana trató de hacer memoria sobre el por qué sería algo excepcional así que la rubia agregó para aclarar - en mi casa de Chicago, Illinois.
-¿Qué? – Lana pestañeó severamente.
-Si, en casa de David y Judy Morrison.
-¿En casa de tus padres? – preguntó para estar segura de que estaba entendiendo y la rubia asintió -, pero ellos no lo saben, ¿se lo anunciaremos así sin anestesia?
-Mi madre ya lo sabe, a mi padre se lo diré en estos días – dijo la rubia – ese es el siguiente paso.
-¿Estarán Julia y Daniel?
-Claro – respondió Jenn – no se lo perderían por nada del mundo.
Lana pareció salir de su asombro y reponerse demasiado fácilmente para lo que significaba ese acontecimiento – Bien, me parece perfecto – dijo con tranquilidad y Jenn entrecerró los ojos - ¿qué? – preguntó la morena.
-¿Por qué no estás flipando? – quiso saber Jennifer.
-Porque soy una persona adulta y madura – contestó Lana y viendo como la rubia seguía sin creerle, agregó con un suspiro – y porque mi madre viene en camino, llega en unas horas.
-¿Qué? – Jennifer abrió los ojos de par en par - ¿y no ibas a decírmelo?
-Sí, pero esperaba a que te hubieran traído al menos el café – Lana se cuadró de hombros – sabes que lo sabe y cuando supo que estábamos aquí contigo no pudo con la curiosidad.
Jenn observó un segundo la expresión de disculpa de su mujer – vale, lo entiendo, es normal – dijo suspirando - ¿debería preocuparme por algo? – preguntó a su novia y al resto de sus acompañantes.
-¿Con la abuela? – Sammy contestó sin reflexionar ni medio segundo – por todo, infiltrada, empieza a rezar que la abuela te preguntará cuantos rosarios haces por día.
-¡Sammy! – su tía lo riñó sin poder evitar reírse de las ideas de su sobrino – no, amor, no tienes por qué preocuparte, es una mujer muy interesante y dulce que estará más que feliz de compartir una conversación contigo.
-Pero no te olvides que es una madre también – intervino Deena – algún tercer grado puede que te caiga.
-¡Deena! – Lana estaba cansándose de regañar a todos – no les hagas caso – le pidió a Jenn.
-Oh, mis padres también son interesantes y dulces – comentó Jenn – y padres – agregó siguiendo la lógica – así que si me toca, te tocará también.
-Sé que lo haces a posta así que no me pondré nerviosa – Lana estrechó los ojos en señal de sospecha y retuvo sus emociones manteniendo la calma.
-¿Hay algunas forma de ganar puntos con mi suegra? – indagó Jenn - ¿algún consejo?
-No la llames suegra por ahora, mejor Dolores – dijo Deena.
Lo cierto es que Dolores era mucho más encantadora de lo que sus hijas habían mencionado. Desde que llegó y la saludó por primera vez se abocó a conocerla mejor. Jenn era consciente de que observó las interacciones entre ella y su hija. La vio sonreír cuando Lana la llamó cariño durante la cena así como cuando ella acarició su mejilla. Se marcharon al bar de hotel en busca de una copa final cuando los más jóvenes ya tenían que ir a descansar.
-¿Y dime, Jennifer? – la rubia prestó atención a la mujer - ¿van a tener una relación clandestina?
-Se viene el tercer grado – canturreó Deena.
-Por supuesto, el alcohol lo amerita – corroboró la mujer mayor sin inmutarse – entonces...
-¿Qué tal si me lo preguntas a mí, mamá? – terció Lana tratando de salvar a su novia del enredo.
-Está bien – dijo Jenn tomándole la mano – me gustaría contestar si es que te parece bien – quiso saber observando a su chica, la cual asintió – bien, Dolores, lo cierto es que si, al menos por un tiempo.
-¿Eso significa que no puedo decir que mi hija está bien y enamorada? – preguntó la mujer.
-No, significa que puedes decirlo, pero no puedes decir de quién – le contestó Lana – puedes decir que me hacen feliz como nunca me han hecho en la vida – siguió y el corazón de Jenn palpitó desbocado -, pero no puedes decir quién me hace feliz.
-Es decir que no podré darle el mérito a la mujer que te ama hasta ese punto – comentó Dolores – es casi injusto para Jennifer.
-Es una decisión tomada de manera común, dialogada y comprendida – explicó Jennifer – y tampoco podrá darle el mérito público a su hija por hacerme sentir en el cielo cada día, pero puede sentirse orgullosa porque lo hace.
-No te preocupes, mamá – le dijo Deena – son muy cursis, pero no se contagia.
-Lo bien que nos vendría contagiarnos de eso que las aflige – respondió la mujer con un suspiro – sólo quería tener claro que ambas son conscientes y están de acuerdo con la decisión de mantener el silencio – añadió entonces – no quiero ver a Lana sufrir, como madre no puedo permitirlo.
-Le prometo que no me permitiría hacerla sufrir y espero que eso no ocurra – Jenn sonrió a Lana – y si ocurre por lo que fuera prometo que haré lo que este a mi alcance para resarcirme.
-Confió en ti, Jennifer – dijo entonces la mujer.
-Lo importante, mamá – le pidió Lana – es que no olvides que lo que interesa es lo que te digamos nosotras, no lo que digan los medios ni nadie que no seamos Jenn, yo o allegados que sepan lo nuestro como Deena.
-No te preocupes – contestó Dolores – ya me has dicho que no debo prestar atención a los periodistas o a los fans – hizo una mueca de reflexión – aunque debería hacerle más caso a tu tía Candice, lleva siendo fan de la pareja de ustedes dos en la serie desde hace años.
El resto de la conversación fue entre risas y tragos.
Unos días después, luego de que Lana saliera del hotel con su familia, Jenn hizo una llamada a sus padres. Era la hora del desayuno y sabía que estarían en casa. El video llamado mostró a los padres de Jenn en la mesa.
-Hola cielo – dijo su madre.
-Hola hija – saludó su padre.
-Hola, ¿cómo están?
-Muy bien, aquí estamos en la rutina de siempre, mucho que enseñar todavía – le respondió su padre - ¿tú, hija? ¿Cómo estás?
-Muy bien, quería decirles que voy a ir el jueves a la cena – explicó –, pero no voy sola.
-Oh, ¿con quién vienes? – su madre que estaba totalmente al tanto de lo que pasaba en la vida de su hija le guiñaba el ojo sin que su padre la vea.
-Con mi pareja – dijo ella algo cohibida.
-¿El chico ese? – preguntó su padre – el de las fotos en la prensa que estuvo con ustedes en Disney.
-No, él es un amigo – ella sonrió - ¿qué hablamos de no hacer caso a la prensa?
-Ya, pero bueno coincidía – dijo el hombre.
-No, no es Gerardo, es – Jenn tomó aire – bueno, es una mujer en realidad – señaló – salgo con una mujer.
Entre los tres se hizo un silencio de unos segundos y Jennifer se temió lo peor. ¿Sería que su padre no era tan abierto como ella imaginaba? De repente, su padre hizo una mueca de interés.
-No será esa muchachita, ¿no? – preguntó – la de la serie.
-¿Qué muchachita? – preguntó Jenn.
-Bueno, no es una muchachita a tu lado, pero para nosotros si – declaró – ¿sabes, Judy? La actriz que interpretaba a la reina malvada – estableció - ¿cómo se llama?
-Lana Parrilla – dijo su mujer tratando de no estallar de risa.
-¿Por qué piensas que saldría con Lana? – quiso saber Jennifer con una gran sonrisa.
-Es que cuando empezamos a ver la serie – relató el padre – le dije a tu madre que había bastante tensión entre ustedes y ella dijo que era cosa de la serie, del guion, pero nunca pasó nada entre los personajes – se cuadro de hombros – o sea que no era cosa de la historia.
-¿Qué pasaría si te dijera que es ella, papá? – preguntó Jenn.
Su padre tardó unos segundos en responder – que tu madre me debe 20 dólares.
-¿Qué?
-¡David! ¡No le cuentes a la niña que apostamos sobre su vida amorosa! – se quejó Judy.
-¿Ustedes también? – Jenn meneó la cabeza – mis hermanos apostaron si traería a una chica o un chico, ustedes si entre Lana y yo sucedía algo, ¿para eso soy buena?
-Es que tu vida privada al ser tan privada da para toda especulación, cariño – dijo David y luego se giró a su mujer – pues ve preparando los 20 dólares para esa cena, querida, habrá que agasajar bien a esa muchacha.
Lana y Jenn entraron a la casa de la morena luego de una semana fuera. Tenían que ir a un fin de semana de convenciones y luego irían a casa de los Morrison a conocer a la familia de Jenn. A integrarse a ella más bien. Luego de unos cuantos días lejos, el correo se acumulaba en la puerta de entrada así que la morena tomó sobres y cajas, ayudada por su novia, repasando de quién provenía cada cosa.
-Anda – dijo de repente sosteniendo una caja de tamaño medio en sus manos – esto es de Bex.
-¿De Bex? – preguntó Jenn para cerciorarse y Lana asintió - ¿te había dicho que iba a enviarte algo?
-Ni una palabra – la morena rompió el papel de embalaje y se encontró con un segundo papel que rezaba "Diver-sexual games" – oh Dios.
-¿Nos ha enviado un juguete sexual? – preguntó Jenn riendo divertida.
Lana mientras había abierto el sobre que estaba pegado a la caja. Dentro había una carta tipiada a máquina de forma automática por los servicios de envío del comercio – Hola hermanita – leyó – dada su reciente afición a permanecer entre las piernas de la otra, Ginni-Gin y yo les enviamos este regalito. Medida estándar. Querré los detalles. Saludos, la hermana-cuñada embarazada.
-Ábrelo – pidió Jenn con mucha curiosidad reflejada en su expresión.
Lana quitó la tapa a la caja una vez que consiguió quitar las cintas que las pegaban y se llevó la mano a la boca soltando unas risas – no lo puedo creer.
Jennifer estalló en una carcajada -, pero por favor – exclamó – quieren que lo experimentemos todo, ¿no? ¡Qué familia!
-¿Has usado uno alguna vez? – le preguntó Lana.
-Sí, pero no uno como este – dijo Jenn – es decir, no era así, doble – la rubia observó el objeto – y definitivamente no tenía los colores del arcoíris.
-Veo la mano de Ginni en ese detalle – comentó Lana.
-Casi que es el único detalle que tiene cara de ser de Ginni, por lo demás es todo muy Bex.
-Cierto – Lana carraspeó – se ve muy real – dijo y ambas tocaron el objeto – ok, la textura es particular – luego observó a Jenn - ¿te gustó usarlo?
-Yo lo usé en alguien, pero nunca usaron uno en mí – confesó la rubia.
A Lana la idea de penetrar a Jennifer usando ese falo enganchado a su cadera le resultaba particularmente excitante. Se mordió el labio mirándolo.
-Tiene la parte anterior más corta para quién lo usé – comentó la rubia leyendo por encima las instrucciones, aunque todo parecía bastante intuitivo – es decir, que esto – dijo rozando con el dedo la parte más pequeña – va dentro de la vagina de quién se lo ata alrededor, de esa manera tendrá la sensación de penetración aunque el objetivo principal es rozar áreas sensibles y moverse dentro – hizo una pausa – por eso tiene esta inclinación.
-Presionar el "punto G" – comentó Lana.
-Sí, en parte eso mismo – Jenn sonrió al ver el interés de la morena – de esa manera además si quién va a recibir el falo principal quiere hacerlo puede estimular a la otra persona tocándolo, jugando con él, moviéndolo – arrastró la voz gravemente.
Lana bufó casi inaudiblemente. Todo le parecía demasiado sexy. Tragó saliva cuando Jenn la envolvió por detrás y le susurró al oído - ¿quieres probarlo, mi amor?
La morena suspiró – sí, pero – se tomó un segundo para poder decirlo – quisiera ser yo la que lo usará.
Jenn se mordió el labio al oír su voz tímida - ¿quieres usarlo tú? ¿Conmigo?
-Sí, si te parece bien – Lana sonrió dulcemente – sé que antes lo has usado tú, pero me gusta la idea de usarlo yo.
Jenn dejó entrar mucho aire a sus pulmones - ¿quieres follarme con eso?
Lana bufó audiblemente – quiero.
-Dímelo – le pidió Jenn – dime que quieres follarme con eso.
-Quiero follarte con eso – Lana lo dijo de manera apresurada, parte por la excitación, parte por una repentina vergüenza.
-No, dímelo de verdad, hazme sentir que quieres hacerlo – Jenn mordisqueó el lóbulo de la oreja de Lana y la soltó – dímelo y me tendrás abierta de piernas de inmediato.
Lana tomó aire invadida por una lujuria que era profunda y nueva – quiero follarte ese coño hermoso con ese enorme falo como si fuera parte de mí.
-¡Joder! – Jenn gimió y la giró atrapándola en un beso lánguido, húmedo. Sus lenguas se rozaban hambrientas. Jenn rozó con sus dientes la lengua de Lana y le quitó la blusa que llevaba sin preocuparse por los botones ni por el cierre de su falta. Le dejó los tacones puestos porque le parecía aún más sexy así.
-¡Jenn! – exclamó Lana cuando la rubia pellizcó sus pezones sin ninguna cautela, deseosa de verlos erguidos.
-Siéntate, amor – le pidió – en el borde de la cama – se fue deshaciendo de su ropa y se besaron a medida que Jenn fue bajando hasta arrodillarse frente a la morena. El sexo de Lana ya rezumaba caliente – qué mojada estás – la rubia se lamió los labios ante la visión – realmente tienes muchas ganas de follarme, ¿no?
-Sí, me muero por tenerte así, por estar dentro de ti – susurró Lana abriendo más las piernas y dejando Jenn acariciará su sexo, metiendo un dedo en su interior.
La rubia se agachó y comenzó a lamer el botón nervioso de Lana y luego soltó un poco de saliva para lubricar mejor su entrada. Colocó con cuidado el arnés dentro, notando los espasmos que provocaba al hacerlo en el sexo de Lana - ¿estás bien, preciosa?
-Sí – Lana gimió cuando con mucho cuidado Jenn la puso de pie y la ayudó a ajustarse el arnés a su cadera – Jenn – gimoteó al notar como la rubia la rodeaba presionando su cuerpo desnudo contra la espalda de su novia.
La mano de Jennifer vagó por el torso de la morena mientras dejaba su hombro húmedo a besos. Llevó una mano hasta el falo y lo delineó con uno de sus dedos apenas rozándolo. Los ojos de Lana estaban clavados en lo que hacía Jenn con sus manos. Cuando llegó a la punta lo tomó ligeramente con los dedos y tiró de él hacia abajo causándole un espasmo placentero con el movimiento a la morena. Igual era el morbo, igual era que aquel apéndice moviéndose en su interior rozaba áreas sensibles, puede que fueran las dos cosas. Jenn lo tomó con la mano entera, mientras giraba con su otra mano su rostro y se enredaba con su lengua. Lana gimió en su boca sintiendo como su excitación crecía y reteniéndose en el beso todas las ganas de mirar aquella mano masajeando un objeto que, aunque no perteneciera a su cuerpo, sentía como suyo ahora mismo. Era a ella a la que su Jenn estaba acariciando.
-¿Estás preparada para hundirte dentro de mí, amor? – le preguntó la rubia al soltarla, girándose y golpeando con uno de sus dedos la punta del arnés, causando más placer a Lana.
-Sí, cariño, más que lista para follarte.
-Dímelo, Lana, dime lo que quieres – Jenn se dejó caer de espaldas sobre la cama con las piernas cerradas y ligeramente cruzadas – ya sabes lo que va a pasar cuando me lo digas – recordó pasando su lengua por su labio superior.
Lana sintió sus fosas nasales expandirse por el aire que entró en sus pulmones de repente, apretó los dientes antes de decirlo – quiero follarme ese coño perfecto tuyo.
Vio como Jenn entreabría su boca y abría completamente sus piernas, mostrando su sexo inflamado y brillante. La vio pasar sus dedos por los pliegues y delinear la entrada mostrándole a Lana que estaba lista – fóllame – le pidió, pero Lana negó con la cabeza.
-Aún no – dijo arrodillándose y dejándose caer hasta la pelvis de Jenn, lamiendo la entrada del sexo de la rubia y ganándose un gemido intenso como respuesta – primero, voy a asegurarme de que tú estés lista para mí.
Oyó a Jennifer bufar e introdujo la lengua en su interior - ¡Lana! – exclamó la rubia – ¡joder! – solamente podía oír los chasquidos de la lengua de la morena y sus gimoteos cuando no cesaba de lamer. Salió de su interior y giró su lengua por el clítoris de la rubia.
-Estás tan mojada, mi amor – dijo entonces hundiendo los dedos en su interior y poniéndose de rodillas – hermosa, hermosa y tan deliciosa – sacó los dedos de dentro y se mojó con ellos el arnés – voy a follarte, Jenn.
La rubia sólo gimoteó y levantó las caderas. Lana tiró de sus piernas y las apoyó en los hombros. Presionó la punta del falo contra la entrada - ¿vas a darme esto?
-Voy a darte cualquier cosa que quieras aunque nunca que le haya dado a nadie antes, serás mi primer mujer, Lana, la primera en hacerme esto – replicó Jenn abriendo más las piernas y sintiendo como la morena comenzaba a introducirse dentro con suavidad para no hacerle daño.
Lentamente, Lana sintió como su pelvis se apoyaba contra la de Jenn y el miembro que ahora poseía era apretado por las paredes de su coño al igual que las piernas de Jenn bajaron hasta la altura de su espalda media y la empujaron contra ella – Oh, joder – cada centímetro que el cuerpo de Jenn cedía era una vibrante sensación en su propio sexo.
-Lana, estás tan dentro, quédate así un minuto – pidió la rubia y ella se mantuvo en esa posición moviendo la pelvis de forma sosegada y circular.
Era tanto el placer que sentía que sollozó cuando Jenn movió las caderas siguiendo su ritmo lento - ¿te gusta? – preguntó.
-Sí, mucho.
Lana salió de su interior y se recostó boca arriba – muéstrame.
Jenn bufó y se encaramó primero dejándose caer hasta que el arnés la penetró totalmente – ahora te voy a follar yo – dijo apretando los dientes y comenzando a mover su pelvis para que Lana entrará y saliera de su interior. Lana sentía cada roce como suyo y la presión era completamente mutua. Pellizcó los pezones de la rubia y se vio así misma encaramándose hasta tomar algo del control, atrapando a Jenn en sus brazos y dejándola moverse a su antojo, pero inclinándose de manera que pudiera dar un golpe de caderas cada tanto para profundizar el impacto de la penetración.
Jennifer gritó enérgicamente la primera vez que lo hizo y volvió a hacerlo la siguiente. Lana se crecía en el placer que le mostraba esa hermosa mujer que era suya, tan suya – eres mía, Jenn – gimió cuando pudo hablar.
-Tuya, mi amor – respondió la rubia consiguiendo que la morena apretará los dientes y buscará comandar del todo del contacto.
Soltó sus brazos dejándola caer contra el colchón y tiró de sus piernas para penetrarla muy profundamente de un solo golpe. La observó un momento tan entregada, tan abierta a ella, tan sudorosa, tan gimiente. Tan abandonada.
-Júrame que nunca serás de nadie de esta manera, que siempre será a mi a quién me dejarás verte así – le pidió comenzando a golpear su cadera para penetrar a la rubia con el ritmo que le exigía su propia necesidad – júrame que me amas de esa manera, que amas tanto como para poder prometerme una vida llena de ti y de mí.
Jenn gemía – te lo juro, mi amor, te amo tanto – la rubia levantó las caderas para que la penetración se hiciera más activa y las paredes de su sexo rodearon el arnés – para ti son y serán todas las cosas que me pertenecen, soy tuya, tan tuya – la rubia comenzó a gemir más vehementemente – estás tan dentro mío.
Era un doble confesión, no sólo la llenaba físicamente, también lo hacía de otra manera – me llenas, Lana, me llenas completamente – la rubia gimió otra vez cuando Lana movió las caderas más agresivamente – estoy tan llena de ti.
-¡Mía! ¡Mía! ¡Joder! – gimió Lana apretando la cadera de la rubia y empujando más profundamente – siento las paredes de tu sexo rodearme y es como si me dieras latigazos en mi coño, como si me follaras a mí también.
-¡Dios! Lana sigue que me corro, mi amor, me corro contigo dentro de mi cuerpo – Jenn jadeó y Lana empujó más profundamente, mucho más vigorosamente - ¡Me corro! ¡Me corro, mi vida!
Lana dio un fuerte empujón y sintió como ella alcanzaba el clímax viendo a Jennifer retorcerse. Estalló junto con ella y se dejó caer sobre la rubia, estaba completamente arrasada por placer. Ambas se quedaron suspirando y respirando agitadas, se besaron dulcemente durante unos segundos. Con las frentes pegadas cerraron los ojos y Jenn deslizó sus manos quitándole la sujeción al arnés y levantándose hasta quitarlo del medio, arrojándolo cerca.
-Quiero beberme tu placer – dijo.
-Y yo, cariño.
La llamada silenciosa hizo que la rubia se girará sobre sí misma acercándole su coño a la morena y comenzando a lamer el suyo. Comenzó siendo un juego para recoger los fluidos del placer de la otra, pero al final comenzaron a necesitar más. Succionaron el clítoris la una de la otra y gimieron radicalmente cuando acabaron la una en la boca de la otra nuevamente.
La rubia reptó por el cuerpo de la morena.
-Creo que estoy muerta – dijo Lana.
-Yo creo que también, pero ¡cuánto placer se puede sentir al borde de la muerte!- comentó Jennifer.
-Te amo, Jennifer Morrison – reveló Lana besando su frente – te amo.
-Y yo a ti – sonrió de medio lado la rubia -, pero la próxima quiero ser yo la que te posea así – Lana se rio – hablo en serio.
-Lo sé.
-¿Le diremos a Bex que hemos disfrutado tanto del juguetito? – quiso saber Jenn.
-No, no le diremos nada, ni una palabra.
-Sabrá que lo recibimos – expuso la rubia.
-Eso sí, pero no sabrá nada más – Lana sonrió – si quiere enterarse que averigüé por su cuenta.
-¡Pobre Marcus!
Lana se rio con fuerza – eres mala, Jennifer Morrison.
-Y tuya, Lana Parrilla, soy tuya para siempre – dijo la rubia.
-¿Lo juras, mi amor? – preguntó Lana.
-Lo juro ahora ante ti – Jennifer sonrió dulcemente -, pero algún día lo haré el mundo, te lo prometo.
Se durmieron abrazadas esperando a que la vida fluyera hacia dónde quisiera llevarlas, así, amándose. Juntas para siempre, juntas para todo lo que restaba de vida aunque la vida se había asomado el día que Jennifer le escribió a Lana por primera vez en tres años. El amanecer llegó en Milán y hoy todo era sol. El sol eran las dos siempre que estaban juntas, sintiéndose renacer en cada caricia, en cada beso, en cada orgasmo. Siendo una para lo bueno y lo malo. Esperando a la vida para cumplir sus promesas pendientes, pero disfrutando mientras.
¿The end?
Holi a todos y todas que leyeron, leen y leerán este fic. Hace tiempo yo no me imaginé escribiendo un MORRILLA porque no me veía con la capacidad para involucrarme. Unas jovencitas comenzaron a solicitar que alguien se atreviera por un grupo y pensé "bueno, ¿qué tengo para perder?". Eso nos trajo a este día, a este punto. Gracias a todos quienes siguieron la historia en el día a día de las actualizaciones, a quienes no se sintieron a gusto con ella y la dejaron, y a quienes están por descubrirla en el corto o largo plazo. Esta historia estuvo hecha desde mi amor por esas mujeres hermosas que suelen compartir detalles de sus vidas como un regalo a sus fans. No lo necesitarían, pero lo hacen en la medida que cada una puede o quiere. La historia se sitúa a comienzos de 2019 y, como pudieron ver, siguió (o trato de seguir) esas pequeñas cosas que compartían. El resto es producto de mi imaginación y quizás de mis deseos también. Me gustaría decir que las espío como decían algunas lectoras, pero sería una falacia, aunque quién quiera seguir pensándolo que siga. O si alguien piensa que tengo dotes de clarividente, puede eh jajajaja Ojalá.
¡A todos los que comentan, votan y leen, mi amor eterno!
Nos vemos en el epilogo.
V_Swing
