Adolescencia
Era bastante molesto cuando a cada receso en la escuela, omegas se le acercaban fingiendo socializar cuando sus intenciones estaban más que claras. Nikolai tenía ya catorce años, estaba justo en la edad donde las feromonas eran difíciles de controlar así que no podía culpar a sus compañeros por ello, pero no por eso iba a estar aguantando que se le acercaran más de lo necesario. Él ya tenía a alguien en su mente, aún si ese "alguien" no lo veía como su pareja sino como un hermano mayor y es que el chico solo tenía diez, lo cual lo hacía ver como un pedófilo cuando se arrancaba de su escuela para ir a la de Valya solo para verlo y acompañarlo a casa.
No podía evitar sentirse atraído por los aromas dulces a su alrededor, pero aún así no iba a ceder, tenía que serle fiel a sus sentimientos— ¿Otra vez escondiéndote aquí? —la voz repentina lo espantó hasta que logró dilucidar de quien era. Richard era hijo de Phichit y Otabek, también era un alfa y tenían la misma edad además de que eran mejores amigos.
—No quiero tener que rechazar a nadie mas —respondió con tranquilidad acomodándose nuevamente detrás del árbol que lograba ocultarlo.
— ¿Sabes? Creo que lo normal sería tener una pareja y ya cuando seas adulto puedes tener a alguien para toda la vida —sacó de su bolsillo unos caramelos y le convido a su amigo poniéndose junto a él. Esta conversación la habían tenido muchas veces y siempre era lo mismo, Kolya gruñía ya que dentro de él sentía que era como engañar a su destinado— oye, yo solo digo… ¿Vas a esperar hasta los diecisiete para dar recién tu primer beso?
No iba a negar que sonaba estúpido escucharlo, pero de verdad sentía se fallaría a sí mismo al sumirse ante su instinto. No lo haría.
Yuri siempre hablaba con su hijo mayor sobre la importancia de hacer lo que él creía correcto aún si a los demás no les parecía, que estaba en todo su derecho de tener novio o novia, pero siempre que fuera una decisión suya y no obligada por la presión del resto de las personas.
—No hay nada de malo con esperar —le dijo Yuuri con tranquilidad una de las tantas veces que su cachorro mayor llegaba indeciso a casa— es una decisión tuya y no te hará menos alfa el dar tu primer beso más tarde que los demás.
Aquellas palabras lo tranquilizaban, era difícil ya que él había sido criado de manera distinta bajo el pensamiento de que alfas, omegas y betas tienen los mismos derechos y pueden hacer lo que quieran, donde a todos se les debe respeto y no se es mas alfa por tener más omegas, pero el resto de las personas no pensaba así y eso ponía presión sobre sus hombros.
Aún así él era fuerte, sus padres eran ambos omegas y habían logrado superar cualquier obstáculo. Yuri era un omega con carácter fuerte y que no dejaba que nadie lo pasara a llevar y él era su hijo, seguiría con su manera de ser porque esa era su esencia y si tenía que esperar lo haría.
Primer beso
Estaba desesperado, la fiesta de su cumpleaños número trece ya había comenzado y la persona más importante para él no llegaba aún. Su padre intentaba tranquilizarlo diciéndole que debía haber tenido algún percance ya que Nikolai solía ser muy puntual siempre— tranquilo, Valya. Si el baile comienza puedes bailar conmigo —le dijo Víctor con alegría para animarlo, pero lo único que recibió fue un seco "no" que lo obligó a ir a llorar escandalosamente en los brazos de Mila— me dijo que no ¿Por qué nuestro hijo es tan cruel? —Mila solo podía reír y abrazar a su esposo.
Los invitados estaban por toda la casa, muchos queriendo entablar conversación con el festejado y uno que otro alfa intentando cortejarlo, sorprendiéndose de que sus feromonas casi no surtían efecto en el lindo omega quien no sonreía. Era extraño en él, ya que solía presentar una sonrisa cordial como la de su padre, pero en estos momentos otra cosa llenaba su mente.
El timbre sonó y junto a uno de los empleados llegó a quien tanto esperaba, la sonrisa se formo en sus labios y corrió hasta él para agarrarlo de las solapas de su traje y zamarrearlo pidiendo explicaciones logrando que la escena se viera graciosa al ser más bajito que el alfa— ¿Por qué llegas tarde en un día como este? —exigió saber. Su carácter era fuerte para ser el de un omega, pero eso no le importaba porque Kolya lo quería así.
—Lo siento, lo siento. En la joyería tardaron más de lo que dijeron —explicó mientras el cumpleañero lo soltaba mirándolo intrigado. Nikolai sonrió amable y se arregló el traje para luego sacar de su bolsillo una cajita y abrirla frente al omega que le quitaba el sueño. En ella había un collar con un dije que tenía las iniciales del alfa, Kolya le mostró que el tenía uno igual, pero con las iniciales de Valentín— dijiste que querías algo a juego.
El omega tomó el collar para luego colgarse en el cuello de quien estaba frente a él y plantarle un beso en los labios, dejando a todos mudos y con los ojos bien abiertos por lo que había hecho el chico. No solo era un omega, sino que tenía solo trece años y en comparación con el alfa de diecisiete se notaba la diferencia.
El beso había sido brusco, solo presionar fuertemente sus labios contra los de Kolya y cerrar los ojos por la vergüenza de encontrarse con los de él. Aún así Nikolai lo recibió con gusto y sonriendo, también era su primer beso así que si bien sabía que así no era la manera correcta, podrían practicar. Había tiempo.
Universidad
Los Yuris estaban muy orgullosos, Nikolai había logrado entrar a una buena universidad ya con dieciocho años, se iría a otra ciudad y dormiría en los dormitorios del establecimiento. Su cachorro abandonaría el nido, pero auny tenían dos pequeños que requerían su atención.
Kari y Luka ya iban a cumplir catorce años. Luka era muy tranquilo hasta que se enojaba y adoptaba el temperamento de Yuri, por otro lado Hikari era idéntica a Yuri en todo, era como el alfa que podría haber sido él, pero en versión femenina, siempre sobreprotectora con su gemelo y completamente enamorada desde siempre del mejor amigo de su hermano.
Richard siempre decía que no quería ir a la cárcel, menos ahora que eran mayores de edad por lo que jamás podría mirar con otros ojos a Kari que no fueran los de un hermano mayor causando que la chica se propusiera como meta personal el conseguir a ese alfa como su pareja apenas fuera mayor de edad.
Por su parte, Luka tenía un enamoramiento con Otabek. Era algo parecido a la fijación que tenía Kolya con Phichit, solo que al no tener destinado o alguien más que llamara su atención, simplemente se limitaba a suspirar y escribir el nombre del moreno en su diario de vida.
Los menores de los Plisetsky estaban en plena adolescencia y cada uno tenía sus propios "problemas" que afrontar, si bien para los adultos no se veía como algo grave, para los menores era motivo de falsa depresión y tristeza exagerada.
Nikolai se fue a la universidad prometiéndole a su novio que lo visitaría cada vez que pudiera, sabía que sería difícil al tener tantos alfas rondando a su pareja, pero también confiaba ciegamente en él y sabía que era casi imposible que la relación de ambos se acabara.
Al principio fue complicado, el primer mes tuvo que acostumbrarse a sus horarios en la universidad y hacerse el tiempo de tener video llamadas diarias con Valya, quien siempre le respondía con su mejor sonrisa y lo regañaba por no comer adecuadamente. El omega ya con quince años, de verdad había cambiado bastante, se había hecho más alto y su figura mas estilizada. Era de esperarse, después de todo era hijo de Víctor y Mila, ambos alfas eran realmente hermosos. Por otro lado él también era alto, tanto como el alfa platinado, su cabello rubio el cual había dejado crecer y amarraba en una coleta era algo que le encantaba a su omega.
La distancia era complicada, pero los días en que lograban verse reemplazaban la ansiedad y el dolor de la separación con amor y mimos. No habían llegado mas allá de besos y caricias, pero para ambos era suficiente, Valentín había recibido el tratamiento que tuvo Yuuri apenas su primer celo llegó, con el objetivo de que no tuviera problemas cada vez que se viera con Nikolai.
Adultez
Cuando a Nikolai le faltaban un año para terminar su carrera, un aroma familiar se cruzó por su nariz al estar en el campus. Lo buscó con la mirada encontrando rápidamente a Valentín, como siempre este corrió a sus brazos.
El omega no le había dicho que había postulado a su misma universidad, solo sería un año, pero estarían más cerca, luego Kolya planeaba buscar un empleo por los alrededores ahora que sabía que Valya estudiaría ahí.
Los tiempos estaban cambiando y Valentín tenía su meta clara, él administraría el negocio familiar cuando su padre se retirara. No le importaba si los empleados no lo aceptaban por ser un omega, él estudiaría duro para hacer bien su trabajo ya que si bien era el heredero, no iba a realizar una labor mediocre. Iba a ser mejor que su padre.
Víctor estaba muy orgulloso de su hijo, siempre las mejores calificaciones las cuales superaban incluso a los alfas de su clase. Lo que él siempre había creído comenzaba a verse no solo en su casa, sino en muchos lugares más, siendo varios omegas los que tomaban puestos importantes y algunos alfas que preferían quedarse en casa cuidando de los cachorros. Los tiempos cambiaban y eso era algo que le hacía feliz.
Kolya y Valya eran una pareja alfa-omega, pero habían algunas que solo eran de omegas, como la de los Yuris y la gente comenzaba a aceptarlas y darles el mismo reconocimiento que a las parejas que ellos consideraban "normales".
Yuuri era feliz con la vida que tenía, era feliz con la familia que había formado junto a aquel a quien consideraba su alma gemela y no cambiaría eso por nada. Si alguna vez pensó que si ellos fueran distintos todo sería más fácil, ahora se daba cuenta que estaba equivocado, porque las relaciones nunca son fáciles y son los integrantes de esta los que deben lograr que funcionen. No importa el género o si nadie está de acuerdo, lo que importa es lo que ellos piensen y hagan.
Yuri sentía que habían hecho un buen trabajo como padres, un buen trabajo como pareja. Se habían logrado complementar y crecer como personas, potenciando al otro para alcanzar a formar todo lo que querían. Con sus hijos ya grandes podían ver que todo había valido la pena y que no se arrepentían de nada.
