Dos años después

Severus estaba nervioso pero feliz, estaba de pie haciendo cola tras otros alumnos de su misma promoción.

Era su graduación en la Universidad, e iba a recibir su título. Debía reconocer que hubo un tiempo en el que pensó no sería capaz de lograrlo, habían pasado tantas cosas en su vida. Tanto él como Tom habían salido adelante con fuerza de voluntad, y de esa aún tenía suficiente.

La chica delante de él dio un paso y él automáticamente la siguió, aún no podía ver las gradas del auditorio, donde se celebraba la entrega de los títulos.

Estaba deseando poder asomarse y echar un vistazo, allí sentados estaban todas las personas importantes de su vida.

Solo dos personas más y estaría sobre el escenario. Alisó su túnica oscura, echó la vista atrás y vio a Regulus, varias decenas de personas tras él con el resto de alumnos de Derecho.

Este le sonrió y le guiño un ojo, Tom y Regulus habían vuelto a Londres hacía casi dos años; nadie le había querido contar demasiado de los motivos por los que Tom ya no estaba vinculado a los rusos.

Pero a veces, por experiencia, sabía era mejor no preguntar. Si todo estaba bien con ellos, también lo estaba para él.

Una pequeña parte de él temía aquella relación, no por sí misma, sino por las consecuencias que podría traer si algo iba mal. Pero solo había que ver a Tom y Regulus juntos para darse cuenta de que la relación de ambos era realmente fuerte.

A veces dejaban ver más de lo que un hermano menor quisiera ver, pero habían llegado a rebajar el nivel de intensidad.

Más o menos.

Por suerte, Severus no había tenido necesidad de volver a estar viviendo bajo el mismo techo que ellos.

Otro paso más, y ya veía el escenario.

Dos años, y podía decir que habían sido los más felices de su vida. Había dejado aparcado el miedo y había sido recompensado con más felicidad de la que había creído poder llegar a sentir.

Escuchó su nombre, había llegado el momento, dio los pasos que le llevaron ante la mesa donde el rector y diferentes decanos hacían entrega de los títulos.

Delante de ellos, los alumnos que ya habían sido llamados tomaban asiento, detrás de ellos sus familiares. Cuando tuvo el diploma que le acreditaba como graduado en Química emuló el gesto como todos alzando su brazo derecho con el papel.

Los gritos entre los aplausos desde las gradas guiaron su mirada hasta donde su familia se encontraba.

Tom, Antonin, Lucius, Remus y Sirius.

Sirius que aplaudía con la sonrisa más orgullosa del mundo, una que hizo sonrojar a Severus.

La ceremonia fue larga, demasiado para su gusto, que estaba deseando llegar hasta ellos.

Los brazos de Regulus fueron los primeros que le abrazaron aún entre todo el remolino de túnicas y risas.

—Lo logramos, Sev—le dijo radiante.

No tardó en estar entre los brazos de Lucius, el rubio había comenzado a ser menos rígido y sabía que mucho de eso se debía a Remus, su marido.

La ceremonia que habían celebrado le dejó a Severus, que nunca había soñado con ese tipo de cosas, un gusto acaramelado en la boca.

Sirius le había mirado toda la noche con unos ojos soñadores, pero se había contenido de hacer promesas y peticiones demasiado tempranas para el estadio de su relación, y Severus se lo había agradecido.

Pero debía reconocer que esos dos se veían realmente bien juntos. A la vez que Tom y Regulus habían vuelto, Remus y Lucius se habían trasladado a Dublin; Remus había comenzado a dirigir una empresa familiar y Lucius, sin duda, le había seguido.

Pero no habían querido perderse la graduación de los chicos, y Remus lo estrujó en un fuerte abrazo que le sabía a familia.

El más extraño de los integrantes era aquel joven ruso, sabía que era parte de la mafia para la que había estado trabajando Tom, pero en aquel tiempo ellos habían forjado una profunda amistad y aunque no le veían tan seguido gustaba de aparecer de vez en cuando por Londres y visitarles.

El abrazo de Antonin fue roto al tener a Tom frente a él, su hermano le miraba con tanto orgullo que Severus se emocionó.

Siempre habían sido ellos dos, contra todo, juntos en todo. Y allí estaban, lo habían conseguido.

Tom le abrazó besando su cabeza.

—Estoy tan orgulloso de ti.—Notaba la emoción en la voz de Tom y la felicidad de Severus parecía que fuera a ahogarle.

Tom miró tras Severus, Sirius les miraba, esperando su turno.

La mirada que ambos se dirigieron no fue dura, tampoco iban a convertirse en los mejores amigos, pero hacía tiempo que las asperezas entre ellos habían desaparecido.

Severus sintió como los brazos de Tom dejaban de apretarlo y era liberado. Dejó el lugar seguro de su hermano, yendo a su otro lugar seguro.

Seguro, caliente y lleno de amor.

Sirius.

El hombre no había dejado de mirarle como si Severus fuera un regalo, cada día, cada minuto, en cada pelea, notaba la adoración y Severus la correspondía.

Tras aquella fiesta benéfica, tras reconocer lo que realmente había llegado a sentir por el ejecutivo, todo había sido mucho más fácil.

Increíblemente fácil, porque el amor no cuesta, no debería, y todas las complicaciones que habían encontrado fueron tiradas al suelo de un solo pisotón.

Severus había pedido espacio, y Sirius se lo había dado, tan sencillo como eso, y tan significativo.

Pero ese espacio cada vez fue menor, ninguno de los dos soportaba apenas estar separado del otro. Cuando Severus se dio cuenta de que casi todas sus pertenencias estaban en la casa de Sirius este solo le miró contento. Él sí se había dado cuenta y era feliz con que Severus estuviera inundando su casa, su vida y su corazón.

Todas aquellas ideas sobre ser inadecuado para Sirius se habían ido a la basura, Sirius mostró a todos quién había robado su corazón, y Severus mostró cada vez más sus sentimientos.

El beso que Sirius le dio en ese momento fundió su cerebro como siempre conseguía hacer.

—Te quiero—le dijo Sirius.

—Y yo a ti—contestó Severus, sin importar que estuvieran siendo observados por sus amigos, por sus compañeros, y por medio claustro.

Sirius no soltó a Severus, y Severus no encontraba mejor lugar en el que estar.

A su alrededor parecía que todos sentían algo similar.

Las manos unidas de Tom y Regulus; la mano de Remus en la parte baja de la espalda de Lucius.

—Enhorabuena, Severus.—James se había acercado a saludarlo, Severus notó como Sirius le apretaba más contra sí. Y Severus sonrió, era imposible que James fuera una amenaza para Sirius, pero a Severus, en cierto modo, le enternecían aquellos celos.

—James—le saludó sonriendo y estrechando su mano, lo máximo que Sirius toleraba entre ellos dos.

Sirius no tenía nada de qué preocuparse, no solo por parte de Severus.

Antonin tenía su mirada fija sobre el profesor, era evidente que la tensión entre ambos era significado de algo más.

Y no tuvieron que esperar mucho para comprobarlo cuando James se despidió de todos y Antonin le siguió con la mirada mientras se marchaba. Sin tan siquiera necesitar contar hasta diez para que el ruso desapareciera.

La fiesta de graduación posterior fue agradable, sin duda, pero él tenía una mejor que celebrar.

—¿Nos vamos a casa?—le susurró a Sirius un par de horas después.

—Es tu fiesta, ¿quieres irte ya?—le preguntó Sirius sorprendido.

Severus se colgó de su cuello, y Severus le agarró sonriendo, si no fuera por la gente al rededor ambos sabían que Severus ya hubiera pasado las piernas por su cintura y Sirius estaría cargándolo.

—Tengo una pequeña sorpresa para ti, daddy.

Casi fue gemido al oído de Sirius, Severus sabía como encender a Sirius en milésimas de segundos y Sirius como complacer a su bebé diligentemente.

Si había una cosa que a Sirius le gustara más que Severus completamente desnudo para él, era Severus llevando pequeña ropa interior prieta y sugerente.

De la mano abandonaron la fiesta en su honor, no miraron atrás, habían dejado de hacerlo desde hacía mucho tiempo.

Regulus había tenido razón, no importaba como empezaban las cosas, sino como acababan.

Severus rio feliz cuando Sirius empezó a correr arrastrándolo hacia el coche lleno de impaciencia como un niño pequeño que quiere abrir su regalo.

Estaban juntos, estaban felices y estaban enamorados.

Solo esperaba que pudieran aguantar a llegar a casa para abrir el regalo, pero dado su historial, el coche parecía que podría ser testigo de una primera probadita.

FIN

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Ayer por la noche escribí Fin y fue duro, os lo aseguro.

Por muchas razones este fic es especial para mí, espero que hayáis disfrutado su lectura tanto como yo lo hice con su escritura.

Gracias, gracias y más gracias a las que me habéis acompañado.

Shimi.