Capitulo cincuenta y seis

20 Septiembre, 1992

El maestro de pociones Severus Snape estaba sentado en su oficina marcando ensayos de pociones de sexto año. Suspirando, volvió a sumergir su pluma en el frasco de tinta roja. Había sido más difícil de lo normal adaptarse al año escolar; extrañaba visitar a los gitanos todas las noches y la falta de sexo comenzaba a convertirse en otro factor estresante en su vida. Un suave golpe en la puerta lo hizo gemir y gruño, — ¡Entre! — Aunque estaba disponible para los estudiantes, no le gustaba que lo interrumpieran. Sus ojos de obsidiana se abrieron cuando vio a una tímida y pelirroja Gryffindor entrar en su oficina.

— ¿Señorita Weasley que puedo hacer por usted? — Severus pregunto con frialdad.

Ginny tragó saliva nerviosa, con un libro negro maltratado agarrando fuerte en su mano. — B…buenas noches, profesor Snape. Querubín dijo que podía traerle esto. — Sosteniendo el libro, esperó su respuesta.

Los ojos de Severus se abrieron. Haciendo señas a la nerviosa niña de primer año para que se acercara, extendió la mano. Ginny se adelantó rápidamente y le entregó el diario. — Tome asiento, señorita Weasley, — dijo Severus distraídamente. Mientras hojeaba el libro, lo encontró en blanco. Colocándolo sobre su escritorio, giró los ojos intensos para mirar directamente a los suaves ojos de color marrón. — Cuénteme.

Obediente, Ginny comenzó su historia. — Noté el libro hace tres días en el fondo de mi baúl. Al día siguiente encontré un lugar para estar sola y escribí en él. No escribí nada especial, solo mi nombre, y el libro me respondió. Escribió: 'Hola, mi nombre es Tom Ryddle. Encantado de conocerte. Cerré el libro de golpe y lo puse de nuevo en mi baúl. — Respirando profundamente, Ginny continuó. — Recordé lo que dijo Querubín, y no estoy segura de cómo comunicarme con él, así que esperé hasta el horario de oficina y mejor se lo traje. Querubín dijo que todo estaría bien.

— Lo ha hecho muy bien, señorita Weasley. Diez puntos por demostrar que el coraje se puede equilibrar con la inteligencia; tal vez pueda enseñarle eso a sus hermanos — dijo Severus. Ginny le dio una gran sonrisa a su profesor, haciendo que él frunciera el ceño. — Ahora vuelve a tu dormitorio, odiaría tomar puntos por estar fuera tan tarde.

Ginny se levantó. — Gracias, Profesor Snape.

Suspirando, Severus dijo. — Cuando se le ofrezca, señorita Weasley.

Ginny se detuvo en la puerta y se volvió — Buenas noches, profesor. Recordaré eso.

Severus miro enojado la puerta cerrada; ¡se estaba poniendo blando! Recogió el diario, cerró su oficina y se dirigió a sus habitaciones. Después de colocar el diario en un lugar seguro, Severus le escribió una breve nota a Gabriel, informándole que la amenaza había terminado. Severus decidió caminar hacia la lechucería para poder patrullar los pasillos.

En silencio, abrió la puerta y vio algo común: la señorita Parkinson, el señor Zabini y el señor Malfoy caminando rápidamente, tratando de volver a la sala común antes del toque de queda. Severus había notado un cambio en los tres niños desde el primer día; estaban planeando algo y tratando de ser sutiles, pero todavía eran niños así que él podía notar con facilidad que andaban en algo. Ansiaba decirles a su ahijado y al Sr. Zabini que sus hermanos estaban vivos y bien, pero simplemente no era seguro, al menos no todavía.

— Señor Malfoy, — llamó Severus, acercándose a los tres estudiantes. — He notado la iniciativa que ustedes tres están tomando para prepararse para su futuro fuera de Hogwarts y me parece encomiable. — Sacó un delgado libro verde oscuro de su túnica. — Creo que ganarán mucho con este texto. — Al entregarle el libro a Draco, se dio la vuelta y se alejó.

Los tres amigos estaban sin palabras. Rápidamente se dirigieron a la habitación de los chicos. Después de tirar de las cortinas de la cama de Draco y rodearse de hechizos de privacidad y protección, se sintieron libres para hablar.

— Bueno, supongo que no hemos sido tan discretos como pensábamos, — dijo Blaise sarcásticamente.

Pansy resopló divertida. — ¡Obviamente! De todos modos Draco, ¿qué es esto con el libro? ¿Le dijiste a Snape lo que estamos haciendo?

Draco miró el libro en sus manos. — No, no le dije nada. Toda mi vida, el tío Severus ha sabido cuándo lo necesitaba, supongo que ahora no es diferente, — dijo con voz suave. Sacudiendo la cabeza para regresar al presente, Draco leyó el título: Oclumancia de Elsebeth Cordant. Perplejo, Draco abrió el libro para ver las letras como garabato de araña de Severus— antes de que se pueda contar un secreto, se debe poder guardar. — Mientras lo leía en voz alta, los tres amigos sonrieron; al parecer habían encontrado un adulto en quien confiar. Emocionados, abrieron el primer capítulo y comenzaron a leer. Meditación: calmar y aclarar la mente.

12 Octubre, 1993. Reunión del Consejo de Criaturas Mágicas

La imagen de Gabriel y Soto parpadeó en el aire mientras el consejo observaba al niño de trece años luchar contra el ninja. Las manos volaron cuando las patadas y los golpes fueron bloqueados. Los dos se giraron uno al otro, sus movimientos eran tan naturales que parecían sin esfuerzo y tan rápidos que apenas se podía ver lo que estaba sucediendo. La escena cambió y de repente los dos estaban luchando con armas, largos bastones crujiendo uno contra el otro, luego destellos de plata mientras luchaban con espadas. El consejo quedó impresionado con el joven; era obvio que Soto era su maestro, pero su habilidad era casi igual.

Varios miembros del consejo jadearon cuando Soto golpeó la espada de la mano de Gabriel y siguió atacando. El joven se volteó y rodó para mantenerse alejado de la espada cuando de repente rodó y se le ocurrió recoger un grueso trozo de cuerda. Viciosamente Gabriel comenzó a atacar a Soto con la cuerda. Girando alrededor de su cuerpo, Gabriel controló la cuerda con asombrosa precisión, y pronto desarmó a su Sensei.

La imagen volvió a parpadear y esta vez eran Lysander y Gabriel quienes estaban peleando. Rayos de luz destellaron de la mano de Gabriel tan rápido que los colores de los diferentes hechizos se mezclaban. La magia sin varita era lo suficientemente sorprendente, pero el poder y la velocidad detrás de ella hicieron que todos jadearan. Los reflejos y la fuerza mejoradas del vampiro Lysander fueron la única razón por la que pudo defenderse contra el adolescente. Vieron cómo Gabriel transfiguraba guijarros en estrellas ninja de metal y arrojaba cuchillos.

Cuando la imagen se desvaneció, las antorchas se encendieron y los miembros del consejo parpadearon. Philip sonrió y miró a su hijo. — Lysander, tengo curiosidad; ¿por qué no vimos quién ganó los dos ejercicios de entrenamiento?

Lysander movió su corto cabello rubio regiamente. — Realmente no lo vi tan importante, simplemente tomé recuerdos que resaltaron las habilidades de Gabriel.

— Philip, sé amable —dijo la dulce voz de su madre. — Muchas gracias, Lysander, por todo tu arduo trabajo. ¿Podría hablarnos de su estado emocional, por favor?

— Por supuesto, Consejera Jaroslava, — respondió Lysander con una breve reverencia. Esta no era una reunión informal y se necesitaban los títulos adecuados. — Gabriel ha formado fuertes lazos emocionales con el Clan Gitano Corazón de Dragón con el que viaja. Tiene dos padres, dos hermanas y un hermano, ninguna relación sanguínea, pero eso no le importa a Gabriel en absoluto. Tiene amistades cercanas y es capaz de hacer amigos con bastante facilidad.

Haciendo contacto visual con diferentes miembros del consejo, Lysander continuó. — Gabriel es empático y ha aprendido a controlarlo, por lo que la habilidad es una herramienta en lugar de una maldición. Parece ser un adolescente feliz y saludable. Debido a su entrenamiento y vida, es más maduro que la mayoría de los niños de trece años.

— ¿Y su inteligencia? — Preguntó Zellan, un Hada con cabello largo y verde oscuro y ojos verde pálido.

— Gabriel tiene el cofre de los Fundadores. — Lysander se detuvo alli hasta que los jadeos y murmullos se calmaron. — Ha leído los siete años de libros de texto para todas las materias que Hogwarts ofrece y también estudia materias no mágicas. Actualmente está leyendo los diarios personales y diarios de trabajo de los cuatro fundadores.

— ¿Por qué no nos dijiste esto antes? — Preguntó Miltor, un Centauro con cabello rubio miel y ojos marrones.

Lysander se enderezó. — No todos estaban contentos con que fuera un humano del que hablaba la profecía del" Angelito de los Fundadores", y no estaba dispuesto a poner a Gabriel en peligro.

Los miembros del consejo asintieron, ahora se sentían cómodos con el joven Gabriel, pero no siempre había sido así. Cada año su aceptación de Gabriel crecía y cada año se les contaba otra historia de su tolerancia, amistad y asistencia a las criaturas mágicas que conocía.

— Lysander, — llamo Inanna, una Veela, — Sé que puede parecer bastante tedioso, pero ¿podrías enumerar los temas que el joven Gabriel ha estado aprendiendo?

Lysander le dirigió a la bella mujer una sonrisa descarada y se inclinó. — Me alegraría, Consejera Inanna. Gabriel ha estudiado latín, aritmancia, runas, magia elemental, hechizos, transfiguración, pociones, artes curativas, magia mental, herbología, cuidado de criaturas mágicas, astronomía, adivinación, tradiciones mágicas, política, artes oscuras y su defensa. Sé que sus materias no mágicas incluyen historia, matemáticas, ciencias, inglés y música. Y ahora que está leyendo los diarios personales de los Fundadores, está estudiando el nivel de dominio en muchas de las materias estándar, además de Magia de Sangre y Protecciones de Slytherin, Fabricación de Varitas de Ravenclaw, Creación de Hechizos de Gryffindor y Diplomacia y Tratados entre especies de Hufflepuff.

Todos comenzaron a hablar a la vez. La emoción fue casi demasiada. — Disculpen, — gritó Griphook, un duende. — Suena perfecto, ¿tal vez demasiado bueno para ser verdad?

Lysander le sonrió — Concejero Griphook, puedo ver cómo Gabriel puede verse de esa manera, pero les aseguro que es humano y comete errores. Tiene días malos donde nada sale bien. Él prueba nuevos movimientos sobre mí y Soto y termina lastimado. Se deprime, se pone triste, se enferma y es rebelde. A veces tropieza con sus propios pies, a pesar de sus dones y su destino, es un niño de trece años.

Una vez más, los miembros del consejo comenzaron a hablar entre ellos, agregando esta nueva información a su conversación, cuando Voltaire se puso de pie. Conocía personalmente a Helga Hufflepuff y ya era antiguo cuando comenzó este Consejo. Si bien el voto de todos se contaba por igual, Voltaire era su líder no oficial. Su cabello negro caía en suaves ondas alrededor de su rostro y bajaba por sus hombros, sus ojos azul oscuro brillaban de felicidad. — Ven aquí, Lysander, — susurró Voltaire. Lysander caminó hacia adelante dejando que el poder de la voz del vampiro se apoderara de él. Cuando el joven vampiro estuvo parado frente a él, Voltaire extendió su mano. Colgando de sus dedos estaba el símbolo del Consejo. Todos los miembros del Consejo llevaban el mismo amuleto alrededor del cuello; les permitía tener acceso a las salas del consejo y les avisaba cuando había una reunión.

Con reverencia, Lysander tomó el amuleto de oro y platino, acarició amorosamente el símbolo yin yang compuesto por un unicornio y un dragón con un fénix que los enmarca dentro del círculo. Eran las criaturas mágicas más antiguas y, aunque rara vez daban su opinión, al menos un representante de cada especie asistía a cada reunión.

— Dale esto a Gabriel; dejara que su estatus sea conocido entre todos los seres mágicos. Gabriel Alec Corazón de Dragón es ahora miembro de este consejo. Cuando lo pida, tráelo, Lysander. —

— Si Consejero Voltaire, — respondió Lysander en shock.

5 Mayo, 1994

Era medianoche y Voldemort estaba escondido en una granja abandonada, ni siquiera estaba seguro de dónde. La semana pasada, Nagini, su amada serpiente, lo había encontrado. Ella lo había traído aquí e incluso le traía comidas. Sonriendo, Voldemort miró por la ventana al cielo nocturno. Lentamente se estaba volviendo más fuerte y podía sentir una débil sombra de sus seguidores a través de la marca que aún llevaban. Podía sentir la locura de aquellos en Azkaban, la astucia de aquellos que aún eran leales pero que no querían ser atrapados y el miedo de aquellos que esperaban que Lord Voldemort realmente hubiera muerto. Y de vez en cuando podía sentir el impulso decidido de un seguidor leal que intentaba desesperadamente liberarse de sus ataduras.

Un ruido bajo como de raspado le hizo saber a Voldemort que su amada Nagini había regresado y le estaba trayendo algo.

— Estoy aquí, mi mascota, — dijo, la cabeza ancha y plana de Nagini abrió la puerta y lentamente su largo cuerpo se deslizó a la habitación. Cuando se acercó, Voldemort pudo ver a una persona envuelta en su cola. — ¿Qué me has traído?

— Amo, te traigo un hombre. Puedo oler magia y muerte sobre él. Debería ser fácil de comer.

— Muchas gracias, gracias, Nagini, — siseó Voldemort. Al acercarse vio a un anciano, con la ropa sucia y desgarrada. Olía como si no se hubiera lavado en mucho tiempo. Nagini lo había hecho bien; nadie lo extrañaría, nadie en absoluto. Inclinándose, Voldemort lanzo un hechizo antiguo y oscuro mientras sellaba la delgada abertura de su boca con la del vagabundo y comenzaba a extraer su magia y su vida.

Minutos después, Voldemort abrió los ojos rojos como serpientes. — Me siento mucho mejor, mucho más fuerte. Pronto, Nagini, podemos comenzar a planificar nuevamente. Pronto tendremos a nuestros seguidores de vuelta. Pronto encontraré y mataré a Harry Potter.

Nagini emitió una risa espeluznante y siseante para unirse a la carcajada aguda de su Amo.

A mil millas de distancia, Gabriel se despertó con un jadeo. Temblando, tomó un trago de agua del vaso en su mesita de noche. Todo acababa de cambiar, Voldemort ya no estaba solo y ya no estaba completamente débil e indefenso. Al acercarse, Gabriel trazó el amuleto del Consejo que colgaba de su cuello. El colgante encajaba justo debajo del hueco de su garganta; se sentía cálido contra su piel. Todavía no había ido a ninguna reunión del Consejo. Oh, él sabía que Lysander estaba esperando que él pidiera asistir, pero Gabriel simplemente no podía hacerlo. No estaba listo para enfrentarse a aquellos que lo habían estado esperando por mil años.

Recostado sobre su cama, Gabriel se cubrió con las mantas. Solo un año más, rezó a quien estaba escuchando. Solo quiero un año más antes de tener que lidiar con la política y aquellos que tienen una idea de lo que significa cumplir mi destino. Por favor, solo un año más, pensó el niño de trece años mientras se quedaba dormido.

Fawkes trinó con dulzura. — Un año más, Angelito, les diré. Entonces será hora de cumplir con tu destino.

— ¿Crees que estará listo? — Aurora le preguntó a su viejo amigo.

— Sí, lo más probable es que esté listo ahora. Pero ahora no está listo para él, — dijo Fawkes místicamente.

Aurora puso los ojos en blanco. — Estoy de acuerdo en que no es el momento adecuado. ¿Se lo dirás al Consejo?

— Sí, han esperado tanto tiempo, un año más no importará, — dijo Fawkes.

La lechuza blanca revoloteó en la habitación y se acomodó junto a la cama de su Amo de manera protectora. Con un grito indignado, castigó a la serpiente y al fénix. — ¡Sigue siendo un niño! Y si quiere un año más, solo tendrán que dárselo.

— Por supuesto, — siseo Aurora para calmar a la protectora lechuza. — Todos queremos que Gabriel esté seguro y feliz.

Hedwig ululó, obviamente poco convencida, y agitó sus plumas mientras se acomodaba para vigilar a su humano de cabello negro. Fawkes y Aurora hablaron hasta la mañana, cuando ambos tuvieron que regresar con los que estaban protegiendo.