La lluvia dejo paso a la nieve, que caía con delicadeza espolvoreando todo a su paso y esta era una noche especial, era Nochebuena. En una casa algo apartada de las demás, ubicada junto un pequeño bosque y su río completamente congelado, y que (por lo general) siempre lucía oscura y abandonada, esta vez se veía luz y calidez, ya que no era para menos por las personas que estaban ahí.
Severus y Alex estaban en el salón sentados en el sillón frente a la chimenea tomando una taza de chocolate. Los dos habían estado bajo la lluvia hasta que comenzó a nevar y decidieron que ya era hora de regresar a la casa. Estaban en pijama y de bata.
—Perdón por confesarte todo bajo la lluvia —se disculpó la chica, después de un largo silencio. Estaba acomodada junto a Severus, recargando su cabeza en el hombro del mayor—, ahora los dos enfermáremos
—Tienes suerte de que sea precavido —dijo Severus con un claro tono de orgullo. Abrazaba a la chica con delicadeza de la cintura, pegándola a su cuerpo—, le puse a los chocolates una poción para evitar el resfrío.
— ¿Por qué no me lo dijiste antes y me lo habría tomado sin problemas? —preguntó Alex levantando un poco la mirada para verlo.
—Porque eso se tiene que combinar con las bebidas —respondió el adulto, conectando su mirada con la de ella—, además como dicen "No ha nada mejor para frío que un poco de chocolate caliente"
—En eso tienes razón
Alex dejo su taza vacía sobre la mesa y se recostó en el sillón, reposando su cabeza en el regazo de Severus. Él aprovechó para acariciarle el cabello un poco, tomó su varita del bolsillo de la bata y con un movimiento de esta hizo aparecer una manta para cubrirla.
De pronto se escucharon las campanadas del reloj de piso del salón, indicando que ya era media noche. Alex se movió un poco para quedar bocarriba y mirar a Severus.
—Feliz Navidad, Severus
—Feliz Navidad, pequeña
El pocionista se inclinó para poder besar los labios de su chica. Pues eso sería Alex de ahora en adelante, era suya y de nadie más, y la protegería contra todo.
A la mañana siguiente, Severus despertó un poco adolorido del cuello porque se había quedado dormido en el sillón toda la noche y con la cabeza colgada para atrás. Se tocó el cuello y trató de moverse pero sintió algo en sus piernas y miro que era; Alex estaba profundamente dormida sobre su regazo cubierta con una manta y con sus lentes algo torcidos porque se durmió con estos puestos. Al principio le costó al pocionista recordar lo que paso, hasta que se le vino a la mente la confesión de la chica.
«Entonces no lo soñé ni nada parecido...ella de verdad me ama»
La miró dormir con una sonrisa, aun no podía creer que esto de verdad le estuviera pasando; pero entonces recordó que no habían acordado en algo, si se habían declarado pero él nunca le pregunto si quería ser su novia.
—Eso suena ridículo para alguien de mi edad
— ¿Qué cosa?
Severus bajo la mirada y vio que la chica despertó.
—Buenos días
—Buenos días, lamento haberte despertó
—Descuida, no lo hiciste —Alex se incorporó y le dio a Severus un beso en la mejilla—. Feliz Navidad
—Igualmente. Al parecer tus amigos te enviaron sus regalos
Alex miro al frente y vio que en la mesa —donde aún reposaban las tazas vacías del chocolate— había varios regalos
—Adelante, ábrelos
La chica se puso de pie y comenzó a abrirlos.
«Parece una niña pequeña» pensó el pocionista con una sonrisa.
Alex estaba impresionada por todo lo que le habían dado este año sus amigos, sus padres y su prima Ana. Junto a los regalos de Harry y los demás había varias notas en que expresaban su preocupación hacia ella, que estuviera bien y que se contactará con ellos enseguida.
De pronto vio que al otro lado de la mesa había una caja enorme de color morado con una cinta azul marino.
— ¿Severus?
— ¿Sí?
—Mira esto
El pocionista se puso de pie y se hincó junto a ella.
— ¿Qué cosa?
—Esa caja grande. No sé de quién es y además se me hace extraño que alguien me dé un regalo enorme como ese. ¿No habrá sido idea tuya?
—No, claro que no
Los dos sacaron sus varitas y revisaron la caja, solamente con un toque de la varita de Alex la caja se movió. Los dos se miraron y con una señal dieron a entender que tenían que abrir la caja para saber que había ahí.
Alex se acercó, Quitó el listón y poco a poco removía la tapa...
— ¡SORPRESA!
— ¡AAAAAHHHHH!
Tanto Alex como Severus gritaron del susto y como la chica estaba más cerca se hizo para atrás, tropezando con la mesa.
— ¡Ups! Se me fue la mano
— ¡Xóchitl!
La loba seguía adentro de la caja con las patas delanteras recargadas en el borde de la caja y con una expresión de culpa.
— ¡Maldita bola de pelos! Casi nos matas del susto
— ¡Ay, no puedes ser! Linda manera de despertar en la mañana de Navidad
Severus iba a decir algo, pero Alex le puso una mano sobre la suya para calmarlo. Los dos se pusieron de pie y se acercaron a la loba, la cual ya se había salido de la caja.
— ¿Qué rayos haces ahí metida?
— ¿Qué? ¿No puedo llegarte de sorpresa?
—Pues es que hay maneras de llegar ¡no así!
—Tranquila, no te me alteres ya entendí
—Además —intervino Severus claramente enojado—. ¿Quién te invito a venir a mi casa?
—Pues yo solita ¿algún problema?
Los dos iban a seguir gritándose hasta que Alex se puso en medio y los calmo. Alex propuso que lo mejor sería que fueran a desayunar y después hablarían. Ninguno de los dos replicó y los tres fueron a la cocina, pero cuando la chica iba entrar Xóchitl (en forma humana) la tomó del brazo y la apartó un poco de ahí.
— ¿Qué te pasa?
— ¿Ahora si me vas a decir qué pasó ayer entre Sirius y tú?
Alex ya iba a responder, pero sintió una mano sobre su hombro.
—Dijo que hablaríamos después, así que deja de interrogarla ¿de acuerdo?
—Pues ¿qué crees? ¡Nadie pidió tu opinión!
— ¡Como si a alguien le interesará el tuyo!
— ¡Pues fíjate que si!
— ¡YA BASTA LOS DOS!
La latina se puso en medio de ellos otra vez, los dos simplemente se cruzaron de brazos y se dieron la espalda. Alex suspiró y muro a su brije.
—Xóchitl, de verdad te agradezco que te preocupes por mí...
—Además de que mi deber protegerte
—... de hecho, pero te agradecería que —se acercó a Severus y lo abrazo por la cintura—, que le tengas más respeto a mi novio
3...
2...
1...
— ¿QUÉ?
15 MINUTOS DESPUÉS
Los tres estaban en la sala, Severus y Alex sentados juntos y agarrados de la mano (los dos ya estaban arreglados; Alex usaba un conjunto de pantalón de pana beige y una playera azul marino de manga corta y unos tenis azules marino y Severus con un pantalón negro, una camisa verde botella de manga larga y zapatos de vestir negros), mientras que Xóchitl (ya en forma lobuna), estaba sentada en una individual, todavía con en entrecejo fruncido y los ojos cerrado, aún tratando de asimilar todo.
—Entonces... ¿Esto pasó después de tu discusión con Sirius y entendiste lo que siente por ti?
—Sí
—... —la loba siguió en silencio hasta que finalmente soltó un suspiro—, solo espero que no le hagas nada que la haga llorar o peor, que esté en peligro porque si no, no respondo
Alex soltó a Severus y abrazó a la loba.
—Gracias por entenderlo
—Pero a ver después como le haces para decirle a los demás
—Por ahora será un secreto ¿ok? —la chica miraba a la loba con ojos de perrito
—Eso lo aprendiste de mí, pero está bien. No diré nada
— ¡Gracias!
—Bueno —Severus se acercó a ellas, junto a la chica—, te faltan algunos regalos ¿no crees?
—Está bien —se puso de pie y se fue al salón, dejando a su novio y a la brije a solas.
— ¿De verdad no le diste toloache, Amortentia o algo parecido?
—Lo primero no sé que sea. Pero te aseguro que nunca le daría Amortentia, porque lo que siento por ella es sincero y nunca la forzaría a amarme
—Te voy a vigilar ¿eh?
Severus simplemente rodó los ojos pero ya no dijo nada más. Alex terminó de abrir sus regalos (los cuales le encantaron), pero de pronto encontró una pequeña caja azul marino con un listón plateado. Ese no lo había visto de seguro por el montón de presentes que tenía, lo tomó y vio que por el tamaño debía de ser algo pequeño. Al abrirlo vio un pedazo de pergamino doblado con cuidado, lo tomó para leerlo pero al ver lo que había debajo casi le daba un infarto: un juego de collar y aretes plateado con piedras azules. Abrió el pergamino y vio que era una nota de Sirius:
Alejandra:
Primero que nada, quiero desearte una Feliz Navidad, espero que en donde quiera que estés, sea a salvo y te estés divirtiendo. Lo segundo que quiero decirte es pedirte perdón. Sé que no debí reaccionar así; y tienes todo el derecho de enfadarte conmigo, pero quisiera que las cosas no se quedaran así. Si tuvieras la oportunidad de venir a Grimmauld Place en Año Nuevo para resolver todo, me alegraría mucho.
Te dejo adjunto tu regalo de Navidad y que ahora también es de disculpa, y sé que tú no eres de esas chicas que se logra convencer con cosas materiales, pero no pude evitarlo (y más al imaginarme lo hermosa que te verías con este conjunto) y espero que lo aceptes sin problemas.
Nos veremos en Año Nuevo (eso espero)
Con amor (demasiado cursi de mi parte, pero qué más da)
Sirius Black
La chica terminó de leer la carta, aún sin poderse creer lo que le escribió el merodeador. Volvió a mirar el regalo que estaba en su interior: un hermoso conjunto de collar y aretes largos de color plateado con una hermosa piedra azul tanto en los aretes como en el collar.
Severus y Xóchitl se dieron cuenta que la chica estaba algo callada y se le acercaron.
— ¿Alex, estas bien? —preguntó Xóchitl, colocándose junto a ella
Severus se hincó enfrente de ella y vio el regalo pero también la nota y alcanzó a leer la firma.
—Sirius Black...
La chica reaccionó al escucharlo y sintió un vacío en el estómago al ver al pocionista enfrente de ella. Él se puso de pie pero Alex lo agarró de la mano.
—No quiero que empieces a tener ideas erróneas, por favor
—Alex
La chica se puso en pie, dejando el presente del merodeador en la mesa para poder tomar las manos de su hombre y lo miro a los ojos.
—Severus, no me importa lo que digan los demás, tampoco me importa si me consientes con cosas sin lujo. Mientras estés conmigo y nos demostremos nuestro amor, eso es suficiente para mí
«Sonó de telenovela» pensó la loba, obviamente evitando que la chica lo escuchara
Severus se quedó impresionado ante esas palabras. ¿De verdad quería estar con un hombre como él? Mayor que ella, su profesor y que es mortífago.
El hombre solamente sonrío y le dio a la chica un cálido beso en los labios. Estuvieron así por un largo rato hasta que un carraspeo a espaldas de la chica los regreso a la realidad.
—Oigan, sigo aquí ¿eh?
—Quisiera que no fuera así —murmuró Severus
— ¡Te oí!
—Por favor, no empiecen
—Por cierto, Alex —la chica miro a su hombre—, aún no te he dado tu regalo de Navidad
—Parece que no me hiciste mucho caso con eso, pero de que me quejo. Yo también te tengo algo
Alex tomó el regalo y se lo dio a Severus, el hombre lo abrió y —tanto él como Xóchitl— se sorprendieron al ver la colonia.
—Alex, esto...
—No sé si sea de tu agrado el aroma y tampoco sé si es algo que uses, pero la verdad no sabía que darte
—Pero debió de costarte demasiado
—"La Navidad es la época de milagros"
—Y debió de haber sido un milagro muy grande
—No me ayudes, Xóchitl
—Uy, perdón
Se escucho como si alguien dejará escapar una risa y vieron que se trataba de Severus.
— ¿Qué pasa?
—Que esto le gana a mi regalo en todos los sentidos
—Severus
El pocionista simplemente se puso de pie y se acercó al armario, del cual saco un paquete largo y se lo tendió a la chica.
—También que esto era algo que no frecuentabas mucho, pero tal parece que me equivoque
La chica lo tomó y comenzó a abrirlo
— ¿EH? ¡Severus! ¿Esto es...?
— ¡Una Saeta Estelar! —exclamó la loba, encimándose en Alex
— ¡Xóchitl, quítate! —La aventó para quitársela y miro la escoba—. Severus, esto es demasiado...
El hombre le puso un dedo sobre sus labios y cuando se quedo quieta, la agarró del mentón para levantar su mirada.
—Se que dijiste que no esperabas cosas como esta. Pero tómalo como una necesidad que tienes, ya que obviamente no puedes jugar Quidditch sin escoba
— ¿Cómo lo...? El profesor Dumbledore ¿cierto?
— ¿Quién más?
Alex solamente dejó escapar un suspiro de resignación. Dejo la escoba recargada en el sillón y se acercó a abrazar a Severus.
—Muchas gracias
—De nada. Por cierto, ayer no te hice una pregunta
— ¿Cuál?
Severus simplemente la tomó de las manos y la miro directamente a los ojos.
— ¿Quieres ser mi novia?
Alex sonrió muy grande y se abalanzó a los brazos del pocionista.
— ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí quiero!
Se separaron solo un poco, se miraron a los ojos y se dieron un cálido beso, dando inicio (formalmente) a su historia de amor.
«Me va a costar acostumbrarme a esto» pensó la loba, mientras los veía besándose desde un rincón del salón.
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En una mansión a las afueras de Londres, había una reunión en el Gran Salón de ese lugar pero no era Navideño. Solo había muy pocas personas; una de esas personas estaba parada enfrente de la chimenea, tenía una serpiente trepada en los hombros y le acariciaba la cabeza de manera distraída mientras divagaba en varias cosas.
—Mi señor
El hombre solamente levantó un poco la cabeza y ni siquiera se digno a mirarlo.
— ¿Qué quieres, Lucius?
—Solamente quería saber si... Usted se encuentra bien
—Claro que no lo estoy
— ¿Hay... Hay algo que podamos hacer, mi señor?
—No... Aún. Ahora quiero que se retiren todos —silencio—. ¡AHORA!
No necesito dos veces decirlo para que todos sus vasallos se fueran. Cuando estuvo solo, comenzó a hablarle a la serpiente en pársel.
—Oh Nagini, tu eres la única en la que puedo confiar. Necesito comprobar una cosa con esa mocosa, pero no sé que puedo hacer. Intento entrar en la mente de esa niña para poder responder mis dudas, pero se me hace imposible y no sé por qué. ¿Qué debo hacer?
La serpiente sólo sacó la lengua y siguió dejándose acariciar.
—Lo sé pequeña, es una pregunta muy difícil de responder. Pero... Creo tener al mortífago adecuado para que la vigile y me avise de inmediato si algo pasa con esa mocosa.
Se levantó la manga de la túnica y vio su marca tenebrosa. Era igual de calavera, pero esta era más grande y en lugar de que solo le sobresaliera de la boca una serpiente, en la suya sobresalían tres y estaban enroscadas entre ellas. La tocó con la punta de su dedo y pensó en el nombre del mortífago escogido.
« ¡Severus! ¡Ven ahora mismo!»
En la Calle de la Hiladera, una pareja estaba dormida sobre las cobijas de una cama matrimonial, todavía vestidos y con una loba dormida a los pies de su cama. Severus abrazaba a la chica de la cintura atrayéndola a él, cuando de pronto sintió un dolor horriblemente familiar en el antebrazo y escuchó el llamado en su cabeza. Con pesar, dejo a la chica acomodada con delicadeza de la cama y se levantó de esta.
Tomó su túnica y máscara de mortifago, pero antes de salir, miró al hermoso ángel que tenía durmiendo en su cama. Se regresó sobre sus pasos para depositarle un tierno beso en la frente antes de irse.
Se dirigió hacia la mansión por medio de aparición y entró con cautela al lugar y con mucha más precaución al salón.
— ¿Mi señor?
—Ah, Severus. Me alegra saber que vienes puntual cuando se te ordena
El profesor se arrodilló haciendo una reverencia y se quedo en esa posición.
— ¿En qué puedo servirle, mi señor?
—Necesito que vigiles a alguien
— ¿De quién se trata, mi señor? Ya que siempre vigilo a Potter
—Lo sé, pero esta persona es algo... Diferente
— ¿Diferente?
—Tengo el presentimiento de que algo tiene que ver conmigo... De manera muy personal
— ¿Mi señor?
Voldemort se dio la vuelta para encararse con el profesor de pociones.
—Necesito que vigiles a Alejandra Macías, la amiga extranjera de Potter
Al escuchar eso, Severus sintió que el mundo se le venía encima ¿qué tenía que ver Alex con Voldemort? ¿Acaso tendría que ver con la marca tenebrosa que tenía en su rostro?
— ¿Te quedo claro, Severus?
—Sí, mi señor
—Bien —le volvió a dar la espalda—, ya puedes retirarte
—Gracias, mi señor —y salió de ahí, tratando de no salir corriendo de ese lugar.
Cuando salió de la mansión, se desapareció y apareció en el salón de su casa. Comenzó a dar vueltas como león enjaulado tratando de asimilar todo lo que había hablado con Voldemort hace sólo unos momentos. ¿Cómo era posible que su pequeña pusiera representar un peligro para él? Ella ni siquiera sabía con exactitud quien era él. Solamente había peleado contra él una vez. Se dejó caer en el sillón y se cubrió la cara con las manos. ¿Cómo era posible que el destino le jugará una mala pasada como esa? Después de tantos años, al fin tenía una razón para seguir viviendo y ahora resultaba que ese ser querido estaba en peligro. ¿Acaso el universo no lo quería ver feliz? Pues por cómo estaban las circunstancias, al parecer no.
=SRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSR=
Severus y Alex llegaron a Grimmauld Place para la fiesta de Año Nuevo, que igual a la de Navidad, se celebraría en el cuartel. Todos se alegraron de ver a la chica y volvieron a inundarla de preguntas por lo que había pasado en Nochebuena con Sirius, pero para fortuna de la chica el susodicho merodeador llego para salvarla del apuro y más porque necesitaban aclarar algunos asuntos pendientes. Se fueron al salón donde estaba el árbol genealógico de los Black.
— ¿Cómo has estado pequeña? —preguntó el merodeador, sentándose en el sillón
—Muy bien, gracias Sirius —contestó la chica, sentándose junto a él pero a una distancia prudente—. Muchas gracias por el regalo —agradeció la chica, llevándose las manos al cuello.
Sirius se alegró de ver que conservaba el regalo que le dio, eso era buena señal. Se aclaró un poco la garganta antes de hablar.
—Respecto a lo que paso en Navidad —se acomodó en el sillón a modo de que pudiera ver a la chica a los ojos—, quiero disculparme. Ya sé que actúe como un tonto inmaduro por no querer escucharte; la furia y los celos me cegaron y me impidieron ver lo que pasaba, la realidad de las cosas: de que tu amas a... —se llevó una mano a la garganta, porque sentía que no le salían las palabras—... Quejicus, y es algo que debo aceptar me guste o no. Aunque esperaba que tuvieras mejores gustos
— ¡Sirius! —le dio un golpe en el hombro y los dos comenzaron s reírse—. Te perdono Sirius. Y lamento haberte gritado que te odiaba
—No te preocupes, me lo merecía de todos modos
— ¿Y bien?
— ¿Y bien, qué?
— ¿Amigos?
—Amigos
Y los dos se dieron un cálido abrazo. Tal parece que las cosas entre ellos habían acabado bien.
La fiesta estuvo tranquila, toda la Orden se divertía y convivían hasta Severus, quien al parecer estar con Alex hizo que se ablandará un poco, pero seguía siendo el mismo de siempre y más cuando chocaba con Sirius, y Remus tenía que correr rápido a impedir que se mataran o algo parecido.
Pero un día antes de regresar a clases pasaron un par de cosas que hicieron que la misión que tenían sobre el combate contra Voldemort se pusiera más seria y llegara a un punto en que los chicos terminarían involucrados.
Alex estaba en la Hiladera con Severus, se encontraba leyendo El Fantasma de Canterville cuando el profesor entró algo alterado al salón.
—Severus ¿qué te sucede?
—Tenemos que ir al cuartel, ahora. Necesito decirte algo junto con Potter —hacia unos momentos que había hablado con Dumbledore y este le había pedido un encargo
Alex se sorprendió pero no dijo nada. Se fueron por medio de la Red Flu y llegaron al Salón. Bajaron hasta la cocina, donde se encontraron con Sirius. El merodeador iba a saludar a la chica, pero al ver la mirada que le lanzaba Severus, desistió de la idea.
Se asomó la Sra. Weasley y le pidieron de favor que llamaran a Harry. El chico bajo y se alegró mucho de ver a su amiga. Otra vez miro a los adultos y se dio cuenta que Sirius y Snape sentados a la larga mesa, cada uno tenía la vista fija en una dirección diferente. El silencio que reinaba en la habitación delataba la antipatía que sentía el uno por el otro. Sirius tenía una carta abierta delante, sobre la mesa. Harry carraspeó para anunciar su presencia, ya que los dos adultos estaban más concentrados en ignorar al otro. Severus giro la cabeza al escucharlo.
—Siéntate, Potter.
—Mira —dijo Sirius en voz alta mientras se mecía sobre las patas traseras de la silla y hablaba mirando al techo—, preferiría que aquí no dieras órdenes, Snape. Ésta es mi casa, ¿sabes?
Un desagradable rubor tiñó el pálido rostro de Severus. Harry se sentó en una silla al lado de Sirius, frente a Snape y vio que Alex estaba al lado del profesor.
—En realidad teníamos que vernos a solas, Potter, junto con Macías —explicó Snape, y torció los labios para formar su característica sonrisa despectiva—, pero Black...
—Soy su padrino, además no le agrada la idea de dejarte solo con ellos —aclaró Sirius subiendo aún más el tono de voz.
—He venido por orden de Dumbledore —prosiguió Snape, cuya voz, en cambio, cada vez se volvía más débil y mordaz—, pero quédate, Black, quédate. Ya sé que te gusta sentirte... implicado.
«Otra vez» pensó Alex, ocultando su fastidio «Esto ya es de todo los días ¡que no inventen, ya están grandecitos!»
— ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Sirius dejando que la silla volviera a caer sobre las cuatro patas con un fuerte golpe.
—Sencillamente, que estoy seguro de que debes de sentirte... frustrado por no poder hacer nada útil para la Orden —contestó Snape poniendo un delicado énfasis en la palabra «útil». Ahora le tocaba a Sirius ruborizarse. Los labios de Snape se torcieron de nuevo, esta vez triunfantes, cuando giró la cabeza y miró a Harry—. El director me envía, Potter, para decirte que quiere que este trimestre estudies Oclumancia. Al igual que la Señorita Macías —dijo eso último mirando a la chica.
Los dos jóvenes tenían una clara expresión de confusión en el rostro.
—Que estudiemos ¿qué? —dijo Harry desconcertado.
La sarcástica sonrisa de Snape se pronunció aún más.
—Oclumancia, Potter. La defensa mágica de la mente contra penetraciones externas. Es una rama oscura de la magia, pero muy provechosa.
El corazón de Harry empezó a latir muy deprisa. ¿Defensa contra penetraciones externas? Pero si no estaba poseído, todos estaban de acuerdo en eso... Alex se quedo igual de desconcertada que su amigo
— ¿Por qué tenemos que estudiar Oclu..., como se llame eso? —balbuceó.
—Porque el director lo considera oportuno —respondió Snape llanamente—. Recibirán clases particulares una vez por semana y por separado, pero no le contaran a nadie lo que están haciendo, y a la profesora Umbridge menos todavía. ¿Entendido?
—Sí. ¿Quién nos va a dar las clases?
Snape arqueó una ceja y respondió:
—Yo.
Harry tuvo la horrible sensación de que se le deshacían las tripas. Clases particulares con Snape. ¿Qué había hecho él para merecer aquello? Giró rápidamente la cabeza buscando el apoyo de Sirius.
— ¿Por qué no puede dárselas Dumbledore? —preguntó éste con tono agresivo—. ¿Por qué tienes que hacerlo tú?
—Supongo que porque el director tiene el privilegio de delegar las tareas menos agradables —repuso Snape con ironía—. Te aseguro que yo no le supliqué que me diera ese trabajo. «Con solo dárselas a Alex estaban bien para mí» —Se puso en pie—. Te espero el lunes a las seis en punto de la tarde, Potter. En mi despacho. Si alguien te pregunta, di que recibes clases particulares de pociones curativas. Nadie que te haya visto en mis clases podrá negar que las necesitas. Y a ti Macías —dijo mirando a la chica—, te espero el miércoles a la misma hora que Potter ¿quedo claro?
—Sí, profesor
A diferencia de Harry, ella estaba feliz de que Severus le diera clases particulares ¡Al fin aprendería algo decente de DCAO!
Severus vio que Alex trataba de disimular la felicidad que sentía porque él le daría clases, pero a diferencia de ella, él se contuvo. Dio la vuelta para marcharse, y la negra capa de viaje ondeó tras él.
—Espera un momento —dijo Sirius, y se enderezó en la silla. Snape se volvió para mirarlo, con la socarrona sonrisa en los labios.
—Tengo mucha prisa, Black. Yo no dispongo de tanto tiempo libre como tú.
—Entonces iré al grano —replicó Sirius levantándose. Era bastante más alto que Snape, y a los chicos no se les escapó el detalle de que Severus había cerrado la mano, dentro del bolsillo de la capa, sosteniendo en ella su varita—. Si me entero de que estás utilizando las clases de Oclumancia para que tanto Harry como Alex lo pasen mal, tendrás que vértelas conmigo.
— ¡Qué enternecedor! —Se burló Snape, haciendo mas caso al comentario referente a Harry—. Pero seguro que ya te has dado cuenta de que Potter se parece mucho a su padre.
—Sí, claro —afirmó Sirius con orgullo.
—En ese caso debes de saber que es tan arrogante que las críticas simplemente rebotan contra él —dijo Snape con desfachatez.
Sirius empujó bruscamente su silla hacia atrás, pasó junto a la mesa y fue hacia donde estaba Snape mientras sacaba su varita. Snape también sacó la suya. Ambos se pusieron en guardia. Sirius estaba furioso; Snape, calculador, miraba la punta de la varita de su oponente sin dejar de examinarle el rostro.
— ¡Sirius! —exclamó Harry, pero pareció que su padrino no lo había oído.
— ¡Profesor! —a pesar de lo que estaba pasmado, Alex se sorprendió de que no se le saliera de su boca el nombre del profesor
—Ya te he avisado, Quejicus —masculló Sirius, que tenía la cara apenas a un palmo de la de Snape—, no me importa que Dumbledore crea que te has reformado, pero yo no me lo trago...
— ¿Y por qué no se lo dices a él? —repuso Snape en un susurro—. ¿Acaso temes que no se tome muy en serio los consejos de un hombre que lleva seis meses escondido en la casa de su madre?
—Dime, ¿qué tal está Lucius Malfoy? Supongo que estará encantado de que su perrito faldero trabaje en Hogwarts, ¿no?
—Hablando de perros —replicó Snape sin subir la voz—, ¿sabías que Lucius Malfoy te reconoció la última vez que te arriesgaste a hacer una pequeña excursión? Una idea muy inteligente, Black, dejarte ver en el andén de una estación... Eso te dio una excusa perfecta para no tener que salir de tu escondite en el futuro, ¿verdad?
Sirius levantó la varita.
— ¡NO! —gritó Harry, que saltó por encima de la mesa e intentó interponerse entre los dos—. ¡No lo hagas, Sirius!
Alex igual se puso en medio. Harry estaba enfrente de Sirius y Alex enfrente de Severus, tratando de separarlos.
— ¿Me estás llamando cobarde? —bramó Sirius, e intentó apartar a Harry, pero el chico no se movió de donde estaba.
—Pues sí, has acertado —contestó Snape, tratando de apartar a Alex, pero ella tampoco se movió.
— ¡No te metas en esto, Harry! —gruñó Sirius, y lo empujó con la mano que tenía libre.
Severus hizo un tanto con Alex y los dos ya estaban listos para atacar. En ese momento, la puerta se abrió y la familia Weasley al completo, junto con Hermione, entró en la cocina; estaban todos muy contentos, y el señor Weasley, muy orgulloso, iba en medio vestido con un pijama de rayas y un impermeable.
— ¡Estoy curado! —anunció alegremente sin dirigirse a nadie en particular—. ¡Completamente curado!
El señor Weasley y su familia se quedaron paralizados en el umbral observando la escena que tenían delante, que también había quedado interrumpida. Sirius y Snape miraban hacia la puerta, pero se apuntaban con las varitas a la cara, y Harry y Alex estaban inmóviles entre los dos, mirando a la cara a los dos e intentando separarlos.
— ¡Por las barbas de Merlín! —exclamó el señor Weasley, y la sonrisa se borró de su cara—, ¿qué está pasando aquí?
Sirius y Snape bajaron las varitas. Harry miró primero a uno y luego a otro. Ambos tenían una expresión de profundo desprecio mutuo, y, sin embargo, la inesperada llegada de tantos testigos parecía haberles hecho recobrar la razón. Snape se guardó la varita en el bolsillo, se dio la vuelta, recorrió la habitación y pasó junto a los Weasley sin hacer ningún comentario. Al llegar a la puerta, se volvió y dijo:
—El lunes a las seis en punto de la tarde, Potter. Y el miércoles a las seis en punto de la tardes, Macías.
Estaba a punto de irse, pero justamente en ese momento llego el profesor Dumbledore
— ¡Ah, muchacho! Me alegro qué sigas aquí
—Ya cumplí con su encargo, así que paso a retirarme
—De hecho Severus, necesito decirles algo... A todos en la Orden
El profesor vio por encima del hombro del director y vio que el resto de la Orden estaba detrás de él.
— ¿Tan grave es el asunto? Porque hasta ahora las cosas están algo calmadas
—Me temo que sí
—Muy bien. Niños —dijo la Sra. Weasley, dando unas palmadas para llamar su atención—, regresen a sus dormitorios, ahora
Como era de esperarse, los chicos comenzaron a quejarse, hasta que finalmente los sacaron de la cocina. Pero tanto fue su apuración que olvidaron poner el hechizo silenciador en la puerta y el que impedía que pasaran bajo esta las orejas extensibles de los gemelos.
—Son muy pocas veces que pasan estas cosas... —dijo Fred
—... Y olvidaron poner los hechizos en la puerta... —continuó George
—Entonces...
—Entonces...
Los gemelos se miraron con una sonrisa cómplice y empezaron a sacar y pasar orejas extensibles. Ya que todos tuvieron, las pasaron debajo de la puerta y la otra punta se la pusieron en la oreja.
—¿... esto es más importante que saber si ese objeto sigue a salvo? —se escuchó la voz de Sirius
—Albus ¿podrías por favor decirnos que está pasando? —preguntó la profesora McGonagall, comenzando a alterarse
—Desde hace un tiempo, antes del regreso de Voldemort, comencé a sospechar algunas cosas.
— ¿Cómo cuáles? —preguntó Severus
—Severus, tal vez te preguntaste porque también te pedí que le dieras clases particulares de Oclumancia a la Señorita Macías ¿cierto? —Hubo silencio, porque al parecer Severus debió de responder con algún gesto—, es porque ella forma parte de esas sospechas
—Profesor ya nos está preocupando ¿podría decirnos que está pasando? —insistió Tonks
—Esto es algo demasiado serio, ni siquiera yo he logrado creerlo
—Albus...
— ¿Profesor?
—Lo descubrí cuando la chica estaba en su tercer año y veía las mismas cosas que Harry cuando los dementores se le acercaban, y después vinieron las predicciones que hacía. Poco a poco fui confirmando esas sospechas.
Nadie de los presentes —tanto adentro como afuera— hacia el mínimo ruido, Dumbledore dio un suspiro antes de hablar.
—Lo que descubrí fue que Alejandra Macías... Es nieta de Voldemort
Se hizo un silencio sepulcral. Todos estaban en estado de shock por la revelación del director pero la más afectada era Alex. Imposible... Esto tenía que ser una broma demasiado pesada ¿cómo es que era eso posible?
Toda la Orden estaba quieta, el ojo mágico de Moody seguía dando vueltas como siempre y entonces apuntó hacia la puerta.
—Albus —el director miro al auror—, ¿podrías decirme cómo piensas decírselo?
—Supongo que con la mayor delicadeza que pueda ¿por qué?
La única respuesta que tuvo es que Moody levantó la varita y la apuntó hacia la puerta, la cual se abrió de golpe dejando ver al grupo de adolescentes, quienes se alejaron de ella. La Sra. Weasley iba a comenzar a regañarlos pero entonces vio a Alex y se llevó las manos a la boca. Severus y Sirius fueron los únicos que comenzaron a acercar.
— ¿Alex?
— ¿Señorita Macías?
—Entonces... ¿Soy una maga oscura? ¿Es por eso que he tenido visiones sobre Voldemort y tengo esa marca oscura? Por eso nos han estado cuidado a Harry a mí ¡Porque piensan que somos un peligro para ustedes!
—Alex —dijo Dumbledore, acercándose a la chica—, sé que esto es difícil pero...
De pronto alrededor de Alex comenzó a formarse un aura oscura y estaba temblando con violencia. Dumbledore le puso una mano sobre su hombro pero de pronto el viejo director salió desprendido por la energía, alrededor de Alex comenzó a salir energía maligna que se veía como si estuviera en medio de una ventisca y alejando a todos de ella. Sus ojos se volvieron completamente rojos y brillaban demasiado y la marca tenebrosa de su rostro resaltaba demasiado e igual brillaba con un mucha intensidad su color negro.
— ¡Albus! ¿Cómo la detenemos? —preguntó McGonagall, cubriéndose con los brazos
— ¡Alguien debe acercarse y tratar de clamarla!
— ¿Pero quién?
Con dificultas, Dumbledore se volteó a mirar a Severus, quien logró tener contacto visual con él y enseguida entendió el mensaje.
— ¿Estás loco?
— ¡Debes intentarlo muchacho!
El profesor no tuvo otra opción. Con dificultad, y cubriéndose con los brazos, comenzó a acercarse a ella.
— ¡Alex, despierta! —Pero la chica seguía igual—. ¡Alex, reacciona por favor!
Logró alcanzarla tomándola de los hombros. La chica lo tomó violentamente de los brazos y con demasiada fuerza, haciendo que gritará de dolor.
—Alex... —con dificultad, logró atraerla hacia él haciendo que la cabeza de la chica se apoyará en su pecho—, pequeña... Por favor reacciona
Alex seguía igual, pero de pronto sintió una gota caer sobre su cabeza. Levantó un poco la cabeza y vio que estaba llorando. Otra lágrima cayó sobre ella, pero esta vez sobre la marca; brillo por un momento pero poco a poco desaparecía al igual que la magia negra que brotaba de ella.
—Se... Severus... —y cayo desmaya entre sus brazos
Todos los presentes se incorporaron poco a poco y se acercaron a ellos.
—Severus ¿cómo hiciste eso? —preguntó Kingsley
El profesor no contesto, solamente miraba a la chica. Tonks y las chicas intercambiaron miradas dando a entender que estaban teniendo las mismas sospechas ¿y si Alex le dio a Snape el osito de felpa que hizo? Ya que últimamente se veía que se llevaban muy bien, o más bien demasiado.
—Será mejor dejarla descansar —sugirió Dumbledore—, y creo que lo mejor sería que estuviera en otro lugar, para que cuando despierte pueda reflexionar sobre esto en privado.
Severus la cargo en sus brazos entendiendo el mensaje del director. Ya iban a meterse a la chimenea él con la chica y el director cuando los llamo la Sra. Weasley.
— ¿Director, está seguro que es lo mejor para ella?
—Claro que sí, Molly. Ahora los dejaremos descansar. Buenas noches
La Orden se despidió y los dos hombres desaparecieron en medio de unas llamas verdes. Tonks y los chicos seguían sin poder creer lo que acaban de escuchar. ¿Alex nieta de Voldemort? Eso tenía que ser un error, un gran error.
En la Calle de la Hiladera, Severus llevó a Alex hacia su dormitorio y la colocó con cuidado en su cama. La miró unos momentos dormir y seguía sin poder creer la realidad de la chica.
—Eso lo explica todo
— ¿De qué hablas Severus?
—Desde que el señor tenebroso regreso, ha tenido mucho interés en Alex y no sabía porque... Hasta esta noche —entonces se le vino una idea a la cabeza y miró al director—. ¿Tú sabías esto?
—Como lo dije antes, sospechaba
—Pero tus sospechas siempre logran ser ciertas ¡lo acabamos de comprobar!
—Muchacho, por ahora necesito que te tranquilices. En estos momentos Alex necesita tranquilidad. Cuando despierte, necesito que le expliques todo.
— ¿Cómo esperas que lo haga? Ni siquiera creo que me quiera escuchar, se sentirá una escoria peligrosa y querrá escapar. Y lo peor será que...
—Que ella piense que ya no quieres estar con ella
Severus volvió a mirarlo con una clara expresión de sorpresa en su rostro. El director simplemente lo miro con una sonrisa.
—Corazonada
Severus simplemente negó con la cabeza y miró a Alex. Su vida acababa de dar un giro de ciento ochenta grados y no podría escapar de esto. Tomó su mano y le susurró, sin importarle que el director estuviera junto a él.
—Alejandra, te prometo que nunca te dejare sola. Nunca te dejare de amar y te ayudaré a enfrentar todo esto. No estás sola —y le dio un delicado beso en su mano
Dumbledore estaba realmente feliz con eso. Lo normal sería que cuando descubriera eso despediría a Severus y expulsaría a la chica, pero no lo haría. Sabía que lo que sentían uno por el otro era puro y verdadero y en los tiempos oscuros que comenzaban a notarse, necesitarían del otro más que nunca. Es cierto que enfrentarían varios obstáculos porque, obviamente, no sería bien vista su relación; pero como siempre decía: El amor es la magia más poderosa de todas.
