Capitulo sesenta

5 Noviembre, 1995. Tailandia

Gabriel sonrió mientras miraba el mercado; era media mañana y las cosas apenas comenzaban. Todos los vendedores habían organizado sus productos para atraer a los que pasaban, el aroma de especias exóticas llenaba el aire húmedo. Gabriel tomó las manos de Tatiana y Aubrey y comenzó a explorar lentamente. Mudiwa y Vincent estaban justo detrás de ellos, su enfoque en conseguir cosas que se venderían más tarde en sus shows. Aunque Aubrey y Tatiana lo mantenían ocupado, Gabriel extrañaba a Kamala; ella junto con Ria, Naveen y Talha, su nuevo bebé, se habían quedado en su aldea en India. Planeban estar allí hasta el cumpleaños de Kamala en diciembre y luego volarían para reunirse con ellos en Japón. Ria quería tiempo para recuperarse y pasar tiempo con su madre y su padre, ya que ambos estaban envejeciendo.

Gabriel había amado las semanas que habían pasado en el pueblo con Naanii y Naanaa. Había ayudado con los quehaceres y pasó incontables horas jugando en la jungla. Kamala brillaba bajo el fuerte amor de su extensa familia. Tanto él como Kamala habían podido ver nacer a Talha, fue increíble y cuando Gabriel lo abrazó por primera vez, lo besó en la frente, al igual que había hecho con sus otros tres hermanos, y prometió amarlo y protegerlo siempre. Talha ahora tenía una leve marca de beso justo debajo de la línea del cabello.

Kamala le había dado a Gabriel una larga lista de cosas que quería que le regalara para su noveno cumpleaños y solsticio de invierno, ya que no podía ir con ellos. La semana pasada habían ido a Bali, que había estado muy tranquilo. No solo la isla era hermosa, sino también la espiritualidad, que impregnaba cada aspecto de su cultura, le daba a Bali una energía de ensueño. Gabriel y Vincent estuvieron encantados todo el tiempo que habían estado allí.

— ¡Gabriel, mira, mira! — Tatiana chilló llevándolo a un puesto con hermosas muñecas hechas a mano. Había encantadoras muñecas de coleccionista con rasgos finos y delicados y disfraces elaborados, pero las suaves muñequitas habían captado la atención de Tatiana. Tenían la piel pálida y caras pintadas de vivos colores. La muñeca que estaba mirando actualmente tenía el pelo largo y negro hecho de hilo de seda y un vestido rosa brillante con pantalones dorados. Tatiana acarició suavemente el vestido de seda y luego volvió a suplicar con ojos grises a su hermano mayor.

Gabriel gimió y miró a su alrededor en busca de ayuda, pero su papá y baba estaban mirando joyas a tres puestos de distancia. Suspirando, Gabriel miró hacia atrás. — Tatiana acabamos de llegar al mercado. Tal vez hay algo que querrás más. Creo que deberíamos seguir buscando.

Los ojos grises se llenaron de lágrimas cuando sus dedos comenzaron a jugar con el brazalete en su muñeca, el que usaban todos los miembros de su familia. La que le dieron el día que había sido adoptada. — Gabriel, la amo.

Gabriel cerró los ojos; era demasiado fácil de convencer. Esos grandes ojos grises, y jugando con el brazalete, sabía que eso siempre le afectaba. — Está bien, déjame pagar por ella.

Tatiana chilló de felicidad y se aferró a la muñeca, esperando pacientemente mientras Gabriel pagaba.

Al llegar a la mesa donde estaban sus padres, Gabriel comenzó a mirar las joyas. A veces podía elegir artículos que los adolescentes querrían, que sus padres habían pasado por alto.

Mudiwa sonrió cuando sus hijos se unieron a ellos y se rieron entre dientes. — Querubín, ¿ya le has comprado algo?

— Gabriel suspiro, a punto de defenderse cuando Tatiana hablo— ¡Oh, Baba, no es la muñeca más hermosa que hayan visto! Gabriel es el mejor hermano mayor del mundo y lo amo, — termino ella con la solemnidad y seriedad que solo una niña de cinco años podía conseguir. Gabriel hizo un gesto hacia su hermana como diciendo, '¡Miren! Intenten decir no a eso'.

Mudiwa sacudió la cabeza divertido. — Es una muñeca muy encantadora, ¿cómo la vas a llamar?

— Todavía no estoy seguro, creo que necesito conocerla mejor, — dijo Tatiana.

Aubrey puso los ojos en blanco. Las hermanas eran muy raras. — ¿Podemos seguir mirando a nuestro alrededor? — Preguntó. La joyería era aburrida.

— Sí, — respondió Vincent. — Quiero mirar alrededor antes de comprar cualquier cosa. — dijo asintiendo con la cabeza al vendedor que dejaron. Tenía piezas preciosas y buenos precios; Volverían.

— Creo que deberías conseguir algunos de los aretes para las orejas, — dijo Gabriel.

— Estoy de acuerdo, — dijo Mudiwa, — especialmente los de criaturas mágicas; creo que se venderían muy bien. — Hablaron sobre las diferentes cosas que estaban a la venta y compraron algunos artículos a medida que avanzaban. La cantidad y calidad del material vegetal fue sorprendente; Severus iba a estar muy feliz este verano.

Solo estaban discutiendo si deberían parar a almorzar cuando Aubrey vio un puesto que quería mirar. — Gabriel, — dijo tirando de la manga de su hermano.

— Quiero mirar hacia allá.

Gabriel le sonrió a su exuberante hermano. — Dame solo un segundo, ¿de acuerdo? — Aubrey asintió manteniendo los ojos fijos en dónde quería ir. Se volvió para hablar con sus padres y vio a su papá mirando por encima de una mesa de gemas y a su baba mirando a un callejón vacío. Gabriel puso los ojos en blanco. — Baba, voy a llevar a Aubrey y Tatiana a mirar otro puesto y luego iremos a la gran fuente donde vimos el pequeño restaurante con la puerta azul. ¿Por qué no nos encuentran allí?

Por un momento, Mudiwa lucio un poco preocupado y culpable, pero luego volvió a mirar el callejón y a su esposo se inclinó para examinar algo en el fondo de la mesa. — No tardaremos demasiado.

Gabriel resopló con incredulidad. — Vamos, muchachos, vamos a ese puesto y luego vamos a almorzar.

— ¡Yay! — Chilló Tatiana.

— ¡Vamos! — Gritó Aubrey mientras acercaba a su hermano mayor al puesto. Gabriel solo se rió y se dejó llevar a un lugar lleno de cometas. Eran increíbles y había muchos tipos diferentes. Había cometas básicas en forma de diamante, junto con cajas, animales, círculos con largas colas y algunas de formas extrañas, que Gabriel nunca había visto antes.

Durante varios minutos, los tres hermanos se pararon y admiraron las hermosas cometas. Finalmente Aubrey señaló. — Quiero esa por favor, Gabriel.

Gabriel sonrió y miró la cometa. Era un hermoso dragón turquesa brillante, pintado sobre una vibrante cometa de seda amarilla. ¡La cometa en forma de diamante parecía más grande que Aubrey! Gabriel miró a su hermano y suspiró, sus grandes ojos morados lo miraban esperanzados mientras un rizo de cabello negro revoloteaba sobre su mejilla color moca. — Está bien, pero no puedes jugar con él hasta que volvamos a los autobuses.

— Seré bueno, — dijo Aubrey mientras saltaba ligeramente sobre las puntas de sus pies.

Lentamente, caminaron por el mercado, se dirigieron hacia la fuente y el restaurante con la puerta azul. De vez en cuando se detenían y miraban los diferentes puestos. Compraron bastante de uno de los vendedores de especias. Las bolsas de especias de colores brillantes eran muy tentadoras, pero a diferencia de los otros vendedores de especias, estas especias tenían una fragancia limpia y encantadora que indicaba su frescura. En el siguiente puesto se detuvieron en cristales exhibidos de muchos tipos diferentes. Eran encantadores, y Gabriel planeaba traer a sus padres aquí después del almuerzo. Aubrey y Tatiana estaban mirando una pequeña mesa al lado de la mesa con cristales. Dos niños pequeños estaban sentados allí vendiendo sus propios cristales. El hombre les sonrió con indulgencia, y Gabriel supuso que era su padre. Los cristales que vendían los chicos eran más pequeños y ásperos, en lugar de pulidos.

Parecía que Tatiana y Aubrey habían encontrado un cristal que querían, así que Gabriel fue a pagar, cuando algo llamó su atención. Los niños tenían una roca en forma de huevo de color blanco brillante con manchas rojas en llamas. Gabriel sintió que lo llamaba. Sonriéndole a los pequeños, señaló la piedra azul que Tatiana quería, la piedra verde que Aubrey quería y el huevo, y con el poco tailandés que sabía preguntó — ¿Cuánto?

Los dos niños sonrieron al obtener una venta. — Diez baht.

Gabriel volvió a mirar las rocas, que eran unos quince peniques y sacudió la cabeza, los niños seguían sonriendo, regatear era parte del proceso y esperaban menos. Metiendo la mano a su bolsillo, Gabriel sacó dos billetes blancos, cada uno con un valor de 1000 baht por un total de treinta libras. Los ojos de los niños se abrieron y su padre farfulló.

— Está bien, tomen sus rocas, — le dijo Gabriel a sus hermanos esperando que pudieran alejarse antes que el hombre comenzara a discutir. Extendiendo la mano, recogió el huevo y lo colocó en la mochila que llevaba en la espalda, agradecido por los encantamientos que la hacían, más ligera y mucho más grande por dentro. Aubrey y Tatiana saludaron mientras se alejaban. — La-gon, khorb koon *

Pronto se sentaron en una mesa frente al restaurante donde sus padres eventualmente se encontrarían con ellos. El sonido de la fuente era relajante, después de la intensidad del mercado. Bebieron bebidas frías. Tatiana y Aubrey tenían jugo de piña y mango, y Gabriel estaba disfrutando de un té helado tailandés, que era un chai endulzado con leche. Hablaron sobre su mañana y hacia dónde irían a continuación mientras comían tofu frito con salsa de maní. Gabriel les daría a sus padres diez minutos más, y luego ordenarían el almuerzo sin ellos.

HPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHP

Mudiwa vio a sus hijos alejarse y luego se volvió para mirar a su esposo. Vincent todavía estaba inclinado sobre la mesa, el pareo azul oscuro que llevaba apretado contra su trasero. Mudiwa sofocó un gemido cuando Vincent se puso de pie, la camiseta blanca tan apretada que Mudiwa podía ver el juego de músculos debajo. Volviendo a mirar el callejón, Mudiwa se acercó a su amante.

— Vincent, quiero mostrarte algo, — ronroneó Mudiwa tomando su mano.

Vincent arqueó una ceja y se dejó llevar al borde del mercado. De repente, Mudiwa hizo girar a Vincent y lo obligó a entrar en el callejón vacío. Sostuvo a su sorprendido amante firmemente contra su pecho mientras enfocaba sus pensamientos y magia creando la ilusión de un callejón vacío.

— Voy a cogerme ese dulce y pequeño trasero con el que me has estado tomando el pelo toda la mañana. Aquí mismo te cogere, donde solo un delgado velo de ilusión nos separará de la multitud allá afuera. Vincent se estremeció contra él. — Te gusta eso, ¿no es así, la idea de ser atrapado, de todos estos extraños mirándome cogerte?

Vincent gimió, — Sí, por favor. — No era frecuente que jugaran a este tipo de juego, pero era un torbellino de sexo público y dominio. Vincent jadeó cuando Mudiwa le dio la vuelta con fuerza y lo empujó hacia abajo sobre varias cajas de madera. Unas manos le acariciaron el estómago y el pecho frotando y pellizcando sus pezones. Vincent quiso gritar cuando el placer recorrió su cuerpo.

— Silencio amor, todavía pueden escucharte. No puedo detener eso, y si te escuchan, vendrán a ver qué pasa, así que tendrás que estar callado. Mudiwa retorció brutalmente los pezones de su amante antes de retroceder. Mientras bajaba, Mudiwa agarró el pareo azul oscuro y lo levanto sobre las delgadas caderas de Vincent, exponiendo su hermoso trasero con pantalones de satén azules. Mudiwa tanteó las firmes mejillas redondas, y luego bajó bruscamente los pantalones exponiendo a su amante a sus caricias.

Sabiendo que no tenía mucho tiempo, Mudiwa buscó en el bolsillo de su pantalón, donde había metido un tubo de lubricante, por si acaso. Mudiwa se bajó los pantalones lo suficiente como para liberar su miembro dolorido, humedeció un dedo y lo metió en Vincent. — Silencio, amor, no hagas ningún ruido o seremos descubiertos.

Vincent contuvo un gemido cuando Mudiwa lo preparó rápidamente. No estaba acostumbrado a tener que estar tan callado. Normalmente era muy vocal y esto era una tortura. Jadeando, Vincent se inclinó hacia adelante mientras sentia la cabeza del miembro de su amante presionando contra su entrada. En un movimiento suave, el grueso miembro de Mudiwa lo penetró. — Muy bien, — gimió Vincent suavemente.

— Sí, — dijo Mudiwa cuando comenzó a moverse dentro y fuera de su amante golpeando su próstata. Comenzó con golpes rápidos y duros que los dejaron a ambos jadeando y gimiendo suavemente. — Estas tan caliente y apretado; te sientes tan bien, — dijo Mudiwa mientras se inclinaba sobre la espalda de Vincent y lo embestía. — Te encanta cuando te cogo, ¿no? ¿Estás mirando a la gente caminando? ¿Te excita pensar que podrían verte mientras te cogo? ¿Te emociona saber que pueden escuchar cada sonido que haces?

— Oh, oh, oh, — Vincent gimió por lo bajo corriéndose en gruesos chorros blancos por todo el suelo.

— Te gustó eso, pequeña puta, — gruñó Mudiwa. — Ni siquiera te toqué y te corriste. — Unas embestidas más y Mudiwa se corrió con un suave gemido, vaciándose en el cuerpo de su amante. Con cuidado, Mudiwa se retiró, mirando cómo el agujero de Vincent se abría y se cerraba como si tratara de evitar que se fuera. — ¿Estás bien? — Preguntó Mudiwa mientras sacaba un pañuelo del bolsillo y los limpiaba a ambos.

Vincent suspiró feliz. — Me siento maravilloso, aunque apuesto a que estar sentado será un poco complicado.

— Lo siento, no quise lastimarte, — dijo Mudiwa mientras enderezaba la ropa de Vincent.

Vincent se volvió y besó los labios carnosos de Mudiwa. — Fue maravilloso. Me encantó cada minuto.

Mudiwa sonrió. — Te amo.

— Yo también te amo, — dijo Vincent antes de reclamar los labios de su amante una vez más.

HPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHP

Sus padres llegaron justo cuando el camarero sacó la comida. Gabriel sabiamente había ordenado lo suficiente para todos. Gabriel había pedido pad tai con camarones para Aubrey y Tatiana, y un plato de verduras al curry de coco con tofu para él. Pidió un tazón de fideos y un tazón de curry para sus papás; podían compartir o pelear por quién tenía qué. Gabriel puso los ojos en blanco cuando se sentaron e intentaron no ahogarse cuando Tatiana notó que algo andaba mal con sus padres.

— ¿Pasó algo malo? — Preguntó con preocupación en su voz. — Ambos se ven todos desarreglados y papi, te estremeciste cuando te sentaste.

Vincent se puso de un rojo brillante. Gabriel se rió histéricamente y Mudiwa intentó responder a su hija. — Eres una joven muy perceptiva. Estamos bien, tu papá se tropezó y se cayó, y me desarregle tratando de ayudarlo a levantarse.

— ¿Qué significa per cetivo? — Preguntó Aubrey con la boca llena de fideos.

— No hables con la boca llena. Perceptivo significa que notas pequeñas cosas, — respondió Mudiwa con calma. — ¿Qué tenemos para comer? Huele muy bien.

— ¡El pad tai está delicioso! — Chilló Tatiana. Aubrey asintió con la cabeza, pero no habló, ya que su boca estaba llena de fideos de nuevo.

— También hay curry de coco, y estoy feliz de ofrecerles algo de beber, — respondió Gabriel mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos y recuperaba el aliento.

— Té helado, por favor, — dijo Vincent detrás de sus manos.

— También me gustaría uno, Querubín, — agregó Mudiwa. Gabriel sonrió y entró a buscar dos tés helados. Cuando salió, su papá estaba comiendo y ya no estaba rojo brillante.

— Entonces, ¿qué compraron ustedes? — Preguntó Vincent mientras tomaba un bocado de curry. — Oh, esto está bueno.

Tatiana se lanzó a una narración completa de cada paso que dieron, permitiendo que Aubrey hablara sobre la cometa que compro. Cuando terminaron, su papá y baba se volvieron hacia Gabriel.

Gabriel suspiró y sacó el huevo de su bolsa. Mudiwa lo tomó primero, podía sentir una energía, pero nada más. Al pasárselo a su esposo, no le sorprendió escuchar un grito ahogado. — Este es un huevo vivo, — susurró Vincent.

— Sí, — respondió Gabriel. Mudiwa levantó una ceja preguntando de qué tipo. — Creo que es un huevo de fénix.

— ¿Cómo lo cuidamos? — Preguntó Aubrey.

— Debe colocarse al fugo y dejarse solo durante unas semanas, — respondió Gabriel.

— Estaremos en Japón seis semanas y en el pueblo de Soto la mayor parte del tiempo. ¿Será eso tiempo suficiente? — Preguntó Vincent tomando una porción de fideos.

— Eso creo; revisare mis libros cuando regresemos al bus.

18 Diciembre, 1995. Japón, pueblo de Soto.

Habían estado en Japón durante dos semanas, y había sido maravilloso. La compañía había realizado varios espectáculos y había recibido una respuesta tan buena que muchos otros lugares se pusieron en contacto con ellos para presentarse mientras estaban allí. Soto había estado muy feliz de ver a su pueblo y su familia, y pasó innumerables horas poniéndose al día. El pueblo en sí era un lugar increíble. Las casas tenían siglos de antigüedad y se conservaban tradicionalmente, con pisos de madera, paredes de pantalla shoji que se deslizaban, pozos, chimeneas y grandes bañeras de madera en las que te metias después de lavarte.

Cuando entraron en la aldea, Soto le había pedido un favor a Gabriel. — Gabriel, muchos miembros de mi familia son considerados Tesoros Nacionales debido al antiguo conocimiento que practican y mantienen vivo. Por favor, no uses el tacto para aprender nada aquí sin preguntarme primero.

Gabriel estuvo de acuerdo; las artesanías tradicionales que mantenían con vida eran tentadoras, pero él no deshonraría a su familia de esa manera. Gabriel pasó horas viéndolos practicar sus manualidades. Los fabricantes de espadas golpeaban el acero rojo brillante una y otra vez, calentándolo en un horno de leña. Los tejedores se sentaban frente a grandes telares, haciendo los patrones más intrincados de una fila a la vez, ya que manejaban fácilmente muchos husos de hilo de algodón. Los tintoreros tenían enormes tinas de tinte, usando recetas antiguas y plantas cultivadas en la tierra a su alrededor. Los pintores parecían estar meditando mientras sus pinceles bailaban sobre los delicados lienzos de papel de arroz. A Gabriel incluso se le permitió ayudar un poco y probar diferentes oficios.

Hoy Gabriel estaba pasando tiempo con el tío abuelo de Soto, el Gran Maestro o Soke de Ninjitsu. No parecía un poderoso maestro de artes marciales, pero eso es lo que lo hacía tan bueno. La mayoría de la gente lo conocía como profesor en la escuela de arte local enseñando raku, una técnica tradicional de cerámica. Gabriel encontró al hombre muy divertido. Le encantaba bromear y dijo que se mantenía en forma cavando toda su arcilla a mano. El gran maestro tenía cinco gatos, cada uno la imagen misma de la autocomplacencia.

Gabriel vio al hombre sin pretensiones cruzar el piso del dojo. Estaba explicando sobre cómo evitar que los hagari, su intención y energía se proyectaran para así hacerlo invisible. Mientras caminaba por el suelo, sostenía una espada sobre su hombro girando el mango hacia adelante y hacia atrás en lo que parecía ser un gesto nervioso, como si caminar no fuera suficiente para mantenerlo ocupado.

— Ahora, uno solo debería usar este truco para el bien, como lo demostrará mi próxima historia. Mi encantadora esposa Hina estaba haciendo gyoza un día en mi tonta juventud. Había puesto el tentador plato de gyoza de camarones y pollo en el mostrador para que se enfriara. Sabía que estaría en la cocina todo el día, ya que también estaba haciendo vino de ciruela y pasta de ciruela. Ahí estoy, con muchas ganas de comer gyoza, así que decido usar mi entrenamiento ninja. Silenciosamente me arrastré por el suelo.

Todos se rieron cuando Soke comenzó a representar su historia. — Mi encantadora esposa estaba ocupada junto al fuego, suprimí mi hagari y recogí el plato como una sombra, me deslicé de la habitación y me escabullí al patio trasero que se suponía debía desmalezar. Bueno, acababa de terminar el gyoza cuando escuché que mi esposa me llamaba. Ella tiene una voz como un pájaro cantor. De todos modos, me apresuré como siempre, para que ella no notara que algo andaba mal. — Sí, mi amor, ¿cómo puedo ayudarte? — ", Pregunté tan cortésmente como siempre. Se volvió hacia mí y dijo: '¡Tus trucos ninja no sirven de nada si tienes evidencia en tu cara! Ve y lávate para la cena. 'Ahora, cuando me iba, mi delicada flor dice, apenas lo suficientemente fuerte como para que yo oiga: 'Como si no supiera que él se las llevaría. ¡Y ella abre el armario donde hay dos platos más llenos de gyoza! '

Todos se rieron, y Gabriel se agarró a los costados, fue tan divertido cuando de repente Soke lanzó la espada directamente hacia él. Gabriel rodó hacia la izquierda dejando que la espada golpeara el suelo y miró al anciano. El Gran Maestro sonrió cálidamente y simplemente dijo — Godan, — antes de regresar a su clase.

Soto sonrió y abrazó a Gabriel con fuerza. — ¡Sabía que podrías hacerlo!

La frente de Gabriel estaba arrugada por la confusión. — ¿Fue eso una prueba?

— Sí, él quería ver cómo reaccionabas. Saliste del camino, pero no te disgustaste ni reaccionaste de forma exagerada. Sentiste su hagari, — respondió Soto con orgullo.

— Godan, ese es el cinturón negro de quinto nivel, ¿correcto?

— Sí.

— ¡Genial!

Cuando Gabriel salió del dojo oyó que alguien gritaba su nombre cuando de repente fue asaltado. — Kamala, ¿cómo estás? ¡Feliz cumpleaños atrasado! — Gabriel dijo mientras abrazaba a su hermana cerca de él.

— ¡Estoy bien! Te extrañé mucho; ¿qué me compraste? — dijo Kamala sin respirar.

Gabriel se echó a reír y, sin dejarla caer, caminó hacia sus tiendas de campaña, escuchándola contarle todo sobre su tiempo en la India y cómo estaba Talha y especialmente sobre el viaje en avión. Cuando llegaron a su tienda, Gabriel puso a Kamala en su cama y recogió las tres bolsas de cosas para ella. — Vamos a ver a tus padres; puedes abrir tus regalos con ellos. Kamala saltó de su cama y corrió hacia la puerta.

Todos estaban sentados dentro de la casa de los padres de Soto tomando el té y poniéndose al día. Antes de unirse al grupo, Gabriel se acercó a la chimenea y movió el huevo de fénix, que ahora era de un color rojo intenso. Parecía que iba a salir del cascarón muy pronto.

— Gabriel, — Naveen llamo— Ven y abraza a tu hermanito, él te extraña.

Gabriel sonrió y besó a Naveen y Ria en la mejilla en señal de saludo antes de sentarse. Gabriel abrió los brazos y sonrió cuando Talha fue colocada en ellos. Él era un hermoso bebé. Talha tenía los ojos marrones claros de Naveen y los suaves rizos negros y los labios carnosos rosados de su madre y sus grandes ojos almendrados con largas pestañas gruesas.

— ¿Puedo abrir mis regalos ahora? — Kamala se quejó en broma.

Ria rio. — Por supuesto, cariño.

Kamala gritó de alegría y comenzó a hurgar en las bolsas. Aubrey y Tatiana dieron descripciones continuas de todo lo que sacaba, de dónde lo obtuvieron y por qué lo eligieron sobre otros detalles. Pronto ropa, joyas, libros y juguetes rodearon a Kamala. Alegremente, Kamala se levantó de un salto y les dio un abrazo a todos, agradeciendo a todos por los regalos de cumpleaños.

— Quiero abrazar a Talha, — dijo Tatiana.

— Está bien, ven aquí, — respondió Gabriel. Una vez que Tatiana se sentó en su regazo, Gabriel colocó al bebé en sus brazos. Tatiana sonrió y arrulló a Talha durante cinco minutos antes de aburrirse y devolverlo. — Aubrey, ¿te gustaría abrazar a tu hermano?

Los ojos morados de Aubrey brillaron de felicidad. Rápidamente se levantó y se acomodó en el regazo de Gabriel. Él arrullaba suavemente a su nuevo hermano mientras los adultos hablaban. Gabriel sonrió cuando veinte minutos después Aubrey todavía sostenía felizmente a Talha.

HPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHPHP

Talha es un tipo de árbol.

*La-gon, khorb koon – Adiós, gracias

2000 Baht es más de lo que un profesional ganaría en un mes.

Gyoza – masitas japonesas rellenas