Ok, es el momento en que ponemos en marcha los epílogos a los que llegamos, acorde a cómo avanzó y terminó la historia principal de este fanfic. Ahora sí, a empezar este final elegido.

Muy buenos días a todos. Empezamos este noticiero matutino con la primicia del momento ─ dice el periodista encargado, y junto a él empiezan a aparecer imágenes para respaldar todo lo que va diciendo ─. Tsukasa Hiiragi, la última chica en ser secuestrada por el asesino fotográfico, ha logrado ser rescatada, evitando así que ella forme parte de la lista de chicas muertas por aquel sujeto que ha llevado algo menos de dos años aterrorizando el distrito. El rescate de la chica ha sido posible gracias al esfuerzo y la valentía de Kagami Hiiragi, hermana de la víctima, y a quien se le había señalado en un determinado punto de la investigación como el asesino fotográfico. Gracias a sus valerosas acciones es que ha sido posible cortar con la racha de asesinatos, y el jefe del cuerpo de policías ha anunciado que a horas del mediodía, desde la sala de prensa de la comisaría, le presentará a Kagami Hiiragi una disculpa formal por las molestias ocasionadas. Y siguiendo con el tema, el asesino fotográfico fue finalmente identificado: Soujiro Izumi, de 40 años. Su identidad fue descubierta gracias al trabajo paralelo de la estudiante universitaria Misao Kusakabe y la agente de policía Yui Narumi, quienes consiguieron llegar a tiempo para colaborar en el rescate de la víctima. Soujiro Izumi, luego de ser descubierto, ha resultado muerto como resultado de una operación policial que hasta el momento no ha sido especificada, pero que nuestros reporteros esperan averiguar a detalle en la rueda de prensa a llevar a cabo a horas del mediodía. Según algunos informes presentados por fuentes todavía no publicadas, Soujiro se había dedicado a recolectar pruebas incriminatorias para así borrar sus propias huellas mientras fingía llevar a cabo colaboración ciudadana respecto al caso del asesino fotográfico. Su trayectoria como el asesino serial que atormentó el vecindario ha dejado un saldo de ocho víctimas, todas chicas cuyas edades fluctuaban de los 17 a los 22 años de edad, lo cual le había valido una reputación entre los habitantes del distrito, aparte de un asesinato que no se ha confirmado hasta el momento, el llamado caso errado del asesino fotográfico, y por el que una vez se le inculpó a la ex-presentadora y animadora juvenil Akira Kogami. Y ahora vamos con las noticias internacionales...


Había pasado una semana ya desde lo acontecido, y Misao y Tsukasa entran en una sala que contaba con una maravillosa iluminación y un ventanal que permitía ver el exterior con excelente detalle. Tanto Tsukasa como Misao miraban aquello con caras de asombro total, y no era para menos, pues ellas mismas creían que sólo era posible en las películas. Kagami llega después, con su brazo izquierdo enyesado y con ambas manos vendadas. A diferencia de Misao y Tsukasa, Kagami no cargaba con ningún tipo de equipaje. Se le notaba algo malhumorada.

─ No entiendo por qué me tuvieron que dejar así las manos. Lo que tenía no era tan grave...

─ Así no suenas como tú, Hiiragi ─ le dice Misao mientras se le acerca ─. No creas que nos vas a engañar. Todavía te queda una semana entera de tratamiento para prevenir que la infección en tus manos se expanda ¿A quién se le pudo haber ocurrido semejante tontería de cavar en un terreno infestado de agujas usando las manos desnudas?

Kagami gruñe en respuesta. Aquello le resultaba particularmente molesto debido a que la castaña tenía toda la razón en aquello. Cuando asumió la prueba del todo, arrastrada por el miedo y la desesperación, había cavado de aquella manera. Era una experiencia que seguramente jamás olvidaría, y los vendajes que tenía le servirían para afianzar un poquito más ese recuerdo, por si acaso.

Pero eso al final no importaba. Podía ver con alegría cómo Tsukasa se había recuerado a un ritmo admirable y estaba dispuesta a esforzarse como siempre. Era esa clase de cosas de las que por un momento había pensado que se arrepentiría por no saber apreciarlas en su justa medida, pero ahora que tenía esa segunda oportunidad, estaba dispuesta a todo para recuperar la felicidad perdida. Ya no quería seguir siendo prisionera de su propio dolor.

─ Hmm... Es aburrido no poder hacer nada. Supongo que tendré que simplemente descansar hasta que mis manos se recuperen del todo...

─ Esa es la idea, Hiiragi ─ Misa rodea con un brazo a Kagami, y ésta simplemente la deja hacer ─. No te preocupes, que tu hermanita y yo no causaremos ningún desastre al traer todas las cosas...

─ Por Tsukasa no necesito preocuparme, pero contigo no me siento tan segura, Kusakabe.

─ Debí imaginar que vendrías con eso, pero no importa. En este momento ya me vale con saber que estás bien, Hiiragi.

Kagami se sonroja ligeramente por aquello. Realmente no estaba acostumbrada a que nadie fuera de la familia tuviera semejantes gestos con ella respecto a aquello. Aún recordaba cuando su familia la había llamado para decirle sobre lo preocupados que habían estado, aparte que le habían comentado sobre lo ocurrido aquella vez que la policía había pasado por su casa. Kagami no se había sorprendido en absoluto por todas las fotografías rotas en su habitación, si bien no tenía ningún recuerdo claro sobre lo que pudo haber pasado. Todo se reducía a neblinosas visiones, del mismo modo de cuando tenía aquellos extraños trances que en su momento le convencieron de ser el asesino fotográfico. Pero todo eso estaba dispuesta a dejarlo atrás. No volvería a deprimirse, y estaba dispuesta a aplicar cualquier tratamiento necesario si volvían a manifestarse esos trances, aunque extrañamente no se habían vuelto a repetir...

─ ¿Y qué me dices, Hiiragi? ¿Crees que un cuadro vendría bien en esa parte de la pared?

─ De eso preocúpense Tsukasa y tú. Si no puedo hacer nada útil por ahora, prefiero ahorrarme también las opiniones.

─ No digas esas cosas. Tu opinión sí es importante.

─ Vamos, que no creo que vayamos a salvar a nadie por la posición de un cuadro. En lo que a mí respecta, creo que está bien, pero mejor decídelo tú, Kusakabe.

─ ¿Ves que no era tan difícil decir algo? Ya mismo voy a poner el cuadro. Y por cierto ─ Misao voltea a ver a Kagami ─, ¿quieres que te lleve a comer algo, o prefieres que pida algo por teléfono?

─ Prefiero la salida. No podría tolerar estar aquí todo el día sin hacer nada.

─ Entonces no se diga más.

Era algo encantador que Misao tuviera tantos gestos con ella. Prácticamente la tenía consentida, pese a que Kagami le había dicho en repetidas ocasiones que no hacía falta. Pero nada que ver, Misao seguía siendo testaruda, y Kagami realmente no podría esperar otra cosa de ella. Desde que aquella locura había empezado, Misao había sabido ser aquella señal que Kagami necesitaba para darle un cambio a su vida, y ahora se sentía contenta por ello. Misao había logrado convertirse en algo más que una amiga para ella.

─ Voy a salir un rato, onee-chan ─ avisa Tsukasa ─ ¿Hay algo que quieras que te traiga?

─ Estoy bien como estoy, Tsukasa. Aunque pensándolo bien, búscame algo que sirva para romper este yeso.

─ Eso no creo que lo pueda lograr ─ dice Tsukasa entre risas ─. Cuida que Misa-chan lleve todas las cosas en su lugar sanas y salvas.

─ De acuerdo, pero no te prometo nada.

Tsukasa termina por retirarse, y Kagami decide hacer lo que le pidió y supervisa a Misao. Estaba más que claro que iba a estar pendiente de ella de ahora en adelante, y era algo que no le desagradaba para nada. Por el contrario, contenta lo haría.


─ ¡Y ahora, en nuestro especial de esta noche ─ dice un presentador de televisión, secundado por los aplausos del público presente ─, vamos a darle una cálida bienvenida al estudio a Yui Narumi, la heroína de nuestro tiempo!

Los aplausos se hacen todavía más fuertes, y entonces ingresa Yui, vestida con su uniforme de policía y un gesto de sobriedad y seriedad. A paso rápido llega hasta donde estaba el presentador, le saluda con una breve reverencia y toma asiento. El público entero se notaba deseoso por empezar a escuchar su historia.

─ Señora Narumi, ¿qué nos podría contar sobre la operación heroica que puso fin a los asesinatos?

─ Primero que nada, es básicamente lo que significa ser policía ─ responde Yui tranquilamente ─. Ha sido un caso bastante complicado, tanto desde lo profesional como desde lo personal, pero en todo momento debo tener claro el panorama. Tener bien definidas las convicciones que me llevaron a elegir esta profesión, y entonces actuar en consecuencia. La seguridad de los ciudadanos siempre es lo primero, aunque no le niego que habría deseado, desde lo personal, que las cosas hubiesen terminado de una manera diferente.

Yui sabía lo que estaba diciendo, pese a lo vagas que sonaban sus palabras en primera instancia. Hablaba específicamente de su tío, de Soujiro, y de cómo había lamentado que aquel enfrentamiento que tuvo con él terminara con su muerte. Ella deseaba que las cosas fueran diferentes, que consiguiera convencerlo de entregarse y que colaborara en poner fin a todo aquello. Al final, sólo consiguió ver en su tío un dolor irrefrenable que le hizo perder todo apego por lo que antes lo movía. Fue algo duro hablar con su madre y con Yutaka sobre aquello, y de paso también había estado Yukari, aunque tuvo que dejar por fuera a Hikage. Sabía que aquella niña había sentido una sincera admiración por Soujiro por haberla salvado de aquella gente horrible que la había adoptado, y Yui estaba decidida a participar activamente en ayudarla a librarse de ellos y, con las pruebas necesarias, denunciarles por maltrato infantil. Al final Yukari les había dicho que no estaba en condiciones para asumir la tutoría de Hikage ni de la bebé que había traído, por lo que fue la madre de Yui y Yutaka quien las asumió. Fue una decisión rara al parecer de sus dos hijas, pero pronto se deciden a apoyarla. La familia Kobayakawa volvía a crecer, y en el momento menos esperado.


Era el momento de regresar a su distrito, y Yui estaba más que contenta por regresar. Definitivamente no tenía ningún deseo de seguir en la misma comisaría que la psicópata de Yue o el hipócrita pantallero del jefe. No podía esperar para irse, era lo mejor que le podía pasar aquella semana.

Pero no contaba con que, al salir del mugriento almacén que le destinaron como oficina, habían varios policías esperando por ella, y todos le aplauden. Aquel gesto la deja un tanto aturdida, sin saber cómo reaccionar.

─ Buena suerte en su viaje de regreso, Narumi-san ─ dice el policía que le había ayudado a arreglar aquel lugar.

─ Queremos que sepa que le vamos a extrañar. Ojalá pudiera estar aquí un poco más para ayudarnos ─ dice otro policía.

─ Realmente lo lamento, pero quedarme es algo que simplemente no podía hacer ─ responde Yui ─. Pero créanme que la convivencia con ustedes, aunque breve, ha sido lo mejor de esta experiencia. Espero que algún día podamos volver a vernos.

Todos los policías allí reunidos dedican entonces un saludo militar, y Yui sonríe. Era verdad que la conclusión del caso no era el que ella quería, pero todas esas personas frente a ella reconocían su esfuerzo y sacrificio. Era verdad que sentía un desagrado inmenso hacia Yue y el jefe, pero eso no significaba que no había hecho amigos en esa comisaría, sino todo lo contrario. Sus propias palabras entonces se afianzaban todavía más en su mente: Esperaba encontrarse con estas personas ante ella, algún día.

Pero ese era un momento de despedidas, y Yui se dirige a la puerta de la comisaría. Aquellos policías no la siguieron, y Yui no quería que la siguieran. Si la conmovían con sus acciones, tal vez se le terminaría haciendo difícil abandonar ese sitio. Levanta su mano por última vez para despedirse, y entonces empieza verdaderamente su regreso a su puesto original.


La lluvia azotaba el cementerio con despiadado ahínco, pero Yukari no podía ser más indiferente a ese clima que le revolvía el cabello.

Ante ella estaba una lápida en la que estaba escrito el nombre de Soujiro. Cualquiera que pasara al frente y no haya escuchado de lo que hizo, pensaría que se trataba de una persona más que había caído ante las inevitables garras de la muerte. Pero Yukari sabía muy bien la historia. Había escuchado toda la historia de Yui, y un par de veces le había preguntado por detalles para confirmar, sin dejar nada por fuera, que era precisamente el mismo Soujiro con el que ella se había asociado para detener a un asesino que, irónicamente había resultado ser él.

─ ¿Esto era lo que estabas buscando? ─ decía, como si esperara que Soujiro saliera de la tumba y le respondiese ─ Perdiste a tu hija, pero para sopesar tu dolor, hiciste que otras personas sufrieran de la misma manera... Mataste a Miyuki, a mi hija... ¿Pensaste en eso cuando aceptaste ayudarme? ¿Tenías eso en mente, por un solo segundo, cuando me apoyabas? ¿Te das cuenta que hiciste por exactamente lo contrario que hiciste por mi hija? ─ Yukari cierra sus puños. A medida que hablaba, la ira cobraba terreno en su mente ─ Hubiera preferido que la salvaras a ella y me mataras a mí ¿Tienes idea de lo que sufrí por tu culpa? Sí, claro que lo sabes, pero estabas lo bastante mal de la cabeza como para expandir ese dolor, en vez de evitar que alguien más lo sufriera... Tu dolor, tu angustia no es ninguna justificación. Te has ganado mi odio, Soujiro Izumi. Por ti sólo puedo sentir desprecio. Ojalá que tu alma se pudra.

Escupe sobre la placa que cubría la tumba, y entonces Yukari se va de allí pisando fuerte. Nuevamente estaba sola. No era capaz de cuidar de Hikage y la bebé, por lo que le tuvo que pedir a la hermana de Soujiro que se hiciera cargo de ellas. Era algo extraño, y en el fondo le causaba cierto resquemor pedirle aquello a la hermana del asesino de su hija. Ya no quería tener nada que ver con nada de aquello. En ella sólo había ira, odio. La Yukari de antes, la alegre, inocente y animada, jamás regresaría.

Fin del epílogo principal


Ya habiendo terminado con este final, creo que es el momento oportuno para señalar los cambios que hice respecto al juego:

En el epílogo compartido entre Ethan y Madison, como ahora son pareja y buscaron un lugar nuevo para vivir, inmediatamente tienen que empezar como padres, puesto que Shaun los acompaña a esa nueva vida. Aquí claramente, por los daños sufridos durante las pruebas, he limitado el papel de Kagami, mientras que Ethan por su parte, posiblemente por haber pasado más tiempo, ni siquiera tenía vendajes, y su dedo cercenado (en caso de haber cumplido la prueba de la lagartija) aparece descubierto.

Norman Jayden en cierto modo tuvo aquí su mejor final, pero incluso así no fue del todo feliz. En el epílogo "caso cerrado", Norman no tuvo diálogo en el programa, simplemente porque la escena cambia en lo que es presentado en el programa, y después aparece tomando su decisión final de abandonar su adicción a la triptocaína (así se llama la droga que él consume), pero luego viene lo preocupante. Al regresar a su oficina del FBI, Norman estaba usando las ARI para hacer su trabajo de siempre, cuando nota que hay un tanque de juguete virtual que trepa su ecritorio y le apunta, listo para disparar. Pensando que era agotamiento por el uso excesivo de las ARI, así que se las quita, pero al hacerlo se da cuenta que la alucinación persiste, y en su escritorio ve varios tanques virtuales preparados para atacarlo.

En el final de la tumba de Scott y Lauren, por un tiempo pensé que quitaría la parte en que Yukari tendría que escupir sobre la tumba de Soujiro, pero terminé no haciéndolo, aunque sí le di algunas líneas más. Este resulta ser el único epílogo que se puede decir que es dos en uno como tal (incluso más allá del epílogo en que Ethan y Shaun empiezan nuevamente, pero sin Madison), puesto que, si muere Lauren en el juego, simplemente aparece la tumba de Scott, sin ningún cambio importante, más allá de que Lauren no esté allí para manifestar su desprecio.

Sólo queda entonces ir por los demás epílogos, y a ver con quién empiezo. No se preocupen, que no tardaré mucho en tomar una decisión.

Hasta otra