ATENCIÓN: Este capítulo contiene lemon, por lo que si esto no es de su agrado, absténganse de leer y de hacer malos comentarios. Gracias.
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Después de ese día las cosas mejoraron para los dos. Faltaban dos días para Navidad y Alex estaba revisando los últimos detalles para la cena de ese día, y es que además los dos celebrarían algo más.
—Ya llevamos un año juntos —murmuró Alex para sí misma mientras estaba en la sala terminando de poner el árbol de Navidad
—Yo tampoco lo puedo creer—dijo Severus detrás de la chica
Alex se dio la vuelta y sonrío al verlo. El hombre regresaba a casa después de una reunión de la Orden por la chimenea de su estudio; le pareció muy tierna al verla adornando el árbol de Navidad, puesto que la chica le había dicho que era una de sus fiestas favoritas y eso lo tenía bien claro al verla feliz en esas fechas desde pequeña en Hogwarts.
Había comenzado a caminar hacia ella con sigilo, aunque no era necesario hacerlo porque ella estaba muy centrada en su trabajo, entonces escuchó lo que dijo y una sonrisa apareció en su rostro.
Alex le sonrió y siguió con su labor, se había puesto de puntitas porque ya no alcanzaba la parte superior del árbol. Severus solamente la veía batallar un poco a causa de la altura; se le acercó un poco más y aprovechando que la chica tenía ambas manos arriba, la rodeó con sus brazos de la cintura y pudo sentir un leve temblor en el cuerpo de la chica.
«Era de esperarse» pensó con una sonrisa en su rostro.
El temblor de la chica cada vez era más fuerte y se hizo más al sentir las manos del hombre comenzar a recorrer su abdomen tanto sobre como dentro de la blusa verde esmeralda que traía puesta.
—Sev... Severus... —gimió la chica bajando las manos y posándola sobre las de Severus
La única respuesta que tuvo de él fue que empezó a depositarle besos en el cuello haciendo que Alex se estremeciera cada vez más.
Alex ya no soportaba más, por lo que se dio vuelta bruscamente quedando de frente a él y lo besó; pero no era un beso inocente sino que este era salvaje y apasionado. Severus no tardo en corresponderle con la misma intensidad.
La intensidad del beso iba siendo cada vez más fuerte, Alex lo rodeaba del cuello y pasaba sus manos por su cabello mientras que Severus le acariciaba la espalda. Poco a poco la mano del hombre comenzó a recorrer la espalda de la chica debajo de la blusa arrancándole varios suspiros.
La llevó hasta el sillón y con cuidado la recortó quedando él sobre ella. Alex llevo sus manos a los botones de la levita y se los desabrochó con desesperación. En cuanto lo hizo se la quitó con lentitud junto con la capa y la arrojó al suelo; Severus no se quedo atrás, poco a poco despojó a Alex de su blusa y la arrojó al suelo al lado de su ropa.
Dejo de besarla en los labios para dejar un rastro de besos desde sus labios hasta el cuello de la chica. Alex se estremeció al sentir sus labios ahí y lo atrajo hacia él empujando un poco su cabeza, pero sus manos no se quedaron quietas ahí; bajo con lentitud las manos hasta los botones de su camisa blanca y de la abrió de un jalón reventando los botones.
—Creo que alguien está algo... impaciente —murmuro Severus a unos milímetros de su cuello haciendo que Alex soltara un suspiro
—Cállate y bésame —le reclamó Alex tomando su cabeza con las dos manos y atrayendo sus labios contra los suyos en una lucha desenfrenada
Severus llevó una de sus manos hacia el sostén purpura de Alex y estuvo a punto de desabrocharlo cuando se escucho ruido proveniente de la ventana. Los dos se quedaron quietos como estaban y sentían que sus sienes palpitaban.
«Cero y van dos» pensó Alex, algo molesta y dejando escapar un suspiro de frustración.
Severus se incorporó dejando escapar un gruñido, se colocó la camisa sin botones con brusquedad, tomó su varita y con un movimiento de esta abrió la ventana de la cual entraron dos lechuzas; una negra como la noche y la otra café; las dos llevaban un paquete grande y al parecer estaban hechizados para que las aves pudieran llevarlas sin problema
Alex se incorporó también y se sorprendió de ver que se trataba de su lechuza y lo que llevaba.
—¡Quetzal! —exclamó la chica.
Se levantó del sillón y se agacho para recoger su blusa pero sintió que algo caía sobre ella cubriéndole un poco la cabeza y la espalda. Se incorporo y vio que Severus ya no tenía la camisa, dejándose una excelente vista de su varonil tórax.
—Es mejor que tú estés cubierta y yo no —dijo el hombre poniéndose de pie y acercándose a su lechuza
Alex se acomodó la camisa y deseó no haber sido tan brusca al momento de abrirla porque ahora no podía cerrarla y tenía que sujetarla todo el tiempo.
Le quitó el paquete a su lechuza y en cuanto la liberó de su carga salió volando de la casa seguida de la lechuza negra de Severus. Alex bajo la mirada al paquete y vio que había una tarjeta en ella, la tomó y la leyó; era de Xóchitl:
Alex:
Primero que nada espero que estés bien y que no te estés "divierto de más" con Snape a solas «mendiga...» Segundo ¡Feliz Navidad y Prospero Año Nuevo! Aquí te envió mi regalo de Navidad, NO lo Abras sino hasta Nochebuena y TAMPOCO lo hagas enfrente de Snape «¿Por qué no?» Espero que lo disfrutes (que estoy segura que lo harás... y él también :P) «Loca» y se la pases muy bien en estas fiestas.
Atentamente
Xóchitl
Alex miraba incrédula la nota al igual que el paquete.
«¿Ahora que se trae entre manos?»
—Creo que no quiero saber ahora que hizo Xóchitl, ¿no crees Severus? ¿Severus?
El hombre estaba de espaldas a ella. Al parecer había recibido el mismo paquete que ella pero en lugar de que el remitente fuera la loba, era de Lupin.
«¿Cómo es que Lupin terminó siendo cómplice de esa escoba con patas?» se preguntó Severus, aun mirando con desconfianza la nota y el paquete.
—Dice lo mismo ¿verdad? —Severus volteó un poco la cabeza y vio a Alex parada junto a él leyendo la nota que le enviaron
—Al parecer esto no acabara bien en cuanto abramos esto
—Yo espero que no
La chica dio media vuelta, buscó su blusa, tomó el paquete y la nota, y se encaminó a su dormitorio.
—¿Adónde vas? —preguntó Severus, desconcertado por la actitud de la chica
—A mi habitación —la chica se volteó para mirarlo y el profesor vio que estaba sonriendo—. Ya casi es hora de cenar y quiero dejar primero todo esto para bajar a preparar todo —y se encaminó escaleras arriba
Al principio Severus se quedo algo confundido por la actitud de la chica, pero después se le dibujo una sonrisa en su rostro, pero era una sonrisa débil que no demostraba felicidad.
—De verdad quisiera que el tiempo dejara de avanzar para poder disfrutar al máximo de tu compañía... y de tu amor —susurró el profesor en cuanto la chica se perdió de vista. Recogió sus cosas y se encaminó a su habitación para cambiarse.
NOCHEBUENA
Ya todo estaba listo en el comedor y en la sala. La cena estaba preparada, la mesa puesta, algunos bocadillos y bebidas esperando en la mesita de la sala y faltaban solo unas horas para la cena de Navidad.
Alex estaba en bata revisando toda su ropa y hasta la del baúl de la madre de Severus que le obsequio y no encontraba nada que ponerse para ese momento tan especial.
—¿Cómo carambas fue que se me paso esto? —se lamentó la chica revisando todo lo que tenía.
Podría tal vez usar el vestido que uso en el baile de Navidad de su cuarto año o el que utilizo en la cena de Navidad de Slughorn, pero no quería porque, entre que ya los había usado, quería usar algo especial para esa noche.
Dejó de buscar en su baúl y se encaminó otra vez al baúl de la Sra. Snape,mpero en el camino se tropezó con algo. Se incorporó y vio que se trataba del paquete que la loba le había enviado hace unos días.
—Es cierto, ahora ya puedo ver qué cosa se le ocurrió enviarme
Tomó el paquete y lo puso sobre la cama. Le quitó el lazo con el que estaba atado y le retiro la tapa. En cuanto vio su contenido no pudo evitar dejar escapar un pequeño grito de asombro.
—¿EH? ¡No inventen! —Le dio una ojeada rápida al contenido del paquete y se sorprendió bastante al terminar de inspeccionarlo—. Sí que pensó en todo —murmuró la chica al momento de sacar todo su contenido y empezar a arreglarse
Faltaban diez minutos para que comenzaran con su cena de Navidad y Aniversario de novios y Alex aun no bajaba. Severus estaba en la sala mirando a cada rato las escaleras esperando ver a su pequeña bajar.
—¿Por qué rayos las mujeres se tardaran demasiado en arreglarse? —murmuró Severus mirando las escaleras y arreglándose la corbata. Estaba usando el traje que venía en el paquete que Lupin le había enviado—. En cuanto lo vea lo voy a...
Lo que recibió fue un traje negro acompañado de una camisa escarlata y una corbata color escarlata y dorado rayada. Se acomodó su cabello lo mejor que pudo y llevaba unos zapatos negros perfectamente voleados.
Terminó de acomodarse por milésima vez la corbata cuando escuchó pasos de unos tacones bajando las escaleras. En cuanto poso su mirada en las escaleras una gran expresión de asombro apareció en su rostro: Alex llevaba un vestido verde esmeralda sin tirantes entallado a su cuerpo de estilo sirena abierta de la pierna izquierda, zapatos plateados de tacón alto con una pequeña flor de adorno, guantes de seda plateadas largas hasta el hombro y el collar que le regalo de la piedra esmeralda. Sus ojos resaltaban con el delineador negro y las sombras verdes, el maquillaje del rostro no era mucha, ya que la chica quiso verse lo más natural posible. Y no sabía cómo, pero su cabello lo tenía largo hasta la cadera y perfectamente ondulado a pesar de que lo tenía acomodado a modo de una coleta alta.
En cuanto la chica llegó al final de las escaleras, Severus se le acercó para ayudarla a bajar las escaleras restantes. Estaba embelesado, nunca la había visto tan hermosa. Alex al sentir la intensa mirada de su hombre bajo un poco su rostro algo apenada y roja a más no poder.
—Te ves muy hermosa —dijo Severus, depositando un beso en su mano
No le agradaba que aun siendo una ocasión tan importante para ambos usara sus guantes pero sabía que la chica no quería tener la marca tenebrosa al descubierto por lo que los estaba usando para ocultarlos, por ende no dijo nada.
—Tu igual. Te ves muy guapo —respondió Alex levantando la mirada y regalándole una sonrisa
El profesor sonrió con suficiencia al escuchar el cumplido y ver la reacción de la chica en cuanto lo vio.
«Retiro lo anterior. Le agradeceré en cuanto lo vea»
Severus la miró de manera más atenta y sonrió más al ver la expresión de la chica que aun no se desvanecía. Le encantaba su inocencia, era lo que más la caracterizaba al igual que su carácter tan dulce y amigable con cualquiera que se le atraviese.
Le ofreció su brazo y los dos comenzaron a disfrutar de la noche. Tanto el rato que pasaron en la sala como la cena la pasaron de maravilla hablando sobre muchas cosas y riendo, incluso bailaron un poco; aunque no fue muy del agrado de Alex porque siempre rezongaba que no sabía bailar, pero siempre que lo hacía con él, bailaba con mucha naturalidad.
Cuando dieron las doce, los dos estando de pie en medio de la sala en cuanto la música terminó, Severus tomó a Alex del mentón para levantar su rostro y le plantó un beso, a lo cual la chica no tardo en corresponderle.
—Feliz Navidad Severus —murmuró Alex, separándose un poco de él a causa de la falta de aire
—Feliz Navidad pequeña —contestó Severus volviendo a besarla
Como hace unos días, el beso se fue intensificando cada vez más. Al parecer querían terminar con lo que habían empezado y que sus lechuzas interrumpieron.
Alex atraía a su hombre hacia sí por el cuello y le acariciaba el cabello sin importarle lo mucho que le había costado al pocionista acomodárselo, aunque a él tampoco le importó. Severus al principio la sostenía de la cintura atrayéndola hacia él pero sus manos no se quedaron quietas ahí; comenzó acariciando su cintura y luego su cadera, subiendo poco a poco las manos acariciando cada centímetro de su espalda. Al pasar sus manos por la parte de su cuerpo descubierta, le arrancaba a la chica varios suspiros de placer.
«Esta vez no te me escaparas tan fácil, mi pequeña» pensó Severus al momento que apartaba sus labios de los de la chica para comenzar a ponerle atención a su cuello, la parte que más le encantaba al adulto.
Alex soltó un gemido al sentir los finos labios del hombre en su cuello. A pesar de que le había dicho cientos de veces que no lo hiciera, la verdad es que la excitaba, puesto que la manera como el hombre la besaba le daba mucho placer.
—Se... Severus —gimió como pudo la chica, tratando de separarse un poco del hombre
El pocionista se detuvo, confundido por la reacción de la chica. Levantó su rostro y vio que las mejillas de Alex estaban muy encendidas.
—Lo siento, no era mi intención... —no pudo terminar porque los labios de Alex lo callaron
—No es por eso. Es que no quiero seguir esto aquí en la sala, mejor vayamos arriba
Severus entendió la indirecta y sonrió de manera victoriosa al escucharla pedir eso.
«Creo que alguien quiere hacerlo mejor» pensó el profesor con suficiencia
La tomó de la mano, —y para no perder tiempo, como pensaba el adulto— aparecieron en medio de la habitación del él. Antes de que Alex pudiera reclamarle por haber usado la Aparición solo para llegar a la habitación, Severus se volvió a abalanzar sobre sus labios y los degustaba como si fuera la última vez que los probara.
«Nunca se sabe que puede pasar» pensó Severus al recordar su misión y lo que podría pasar cuando la chica se enterara.
Pero por ahora, no debía de preocuparse por eso. Ahora, en ese mismo instante, estaba demostrándole a su pequeña mujer cuanto la amaba con esa demostración de amor y que por nada del mundo la dejaría apartarse de su lado.
Sujetó a Alex de la cintura y con cuidado la empujó hasta la orilla de la cama, donde la depositó con delicadeza dejándola acostada por completo. Severus se posicionó sobre ella y desde ahí podía contemplar la belleza de mujer en la cual se había convertido su pequeña: Ya no era la niña pequeña tímida y algo miedosa que conoció el día que le entregó su carta de Hogwarts, sino que ahora era una mujer totalmente hecha y derecha a pesar del accidente que sufrió en el verano.
Cada vez que la miraba se sorprendía de que alguien como Alex —joven, cariñosa, inocente, pura, inteligente y autosuficiente— quisiera estar con un hombre como él; con un pasado oscuro y tenebroso, frío como el hielo, amargado, con un genio de mil demonios y sobre todo veinte años mayor que ella y para el colmo él era su profesor y ella su alumna. Pero por ese momento todo podía irse al demonio, lo único que quería era pasar cada segundo con ella y disfrutar de su amor y compañía en el tiempo que le quedaran juntos.
—¿Severus? —dijo Alex, mirando confundida a su pareja.
En cuanto Severus la recostó en la cama la chica pensó que el hombre seguiría besándola con pasión, pero simplemente se le quedo mirando con una expresión extraña en su rostro ¿Amor? ¿Miedo? ¿Determinación? A cada segundo su hombre tenía una expresión diferente en su rostro y eso le extrañaba.
—¡Severus! —El pocionista dio un pequeño brinco en cuanto la escuchó, al parecer lo había hecho reaccionar de algún extraño trance—. ¿Estás bien? Si quieres podemos... —pero los finos labios de Severus no la dejaron continuar
El pocionista rompió el beso y la miro con intensidad a los ojos.
—No es nada de lo que tengas que preocuparte, solo estaba pensando en algunas cosas insignificantes
—¿Seguro? —preguntó la chica, todavía no muy convencida
Severus acercó una mano al rostro de Alex y la acarició con delicadeza, como su fuera una muñeca de porcelana que podría romperse con un simple toque.
—Seguro —aseguró el profesor acariciando su cabello. Entonces pudo notar el adorno que su pequeña tenía en la cabeza, pero al sentir su cabello se dio cuenta que no estaba... unido a su cabeza. Sonrió como su hubiera encontrado a unos alumnos de Gryffindor haciendo algo que ameritara una expulsión—. Así que alguien hizo trampa para hacer lucir su cabello más largo —quitó el broche y con delicadeza le quitó a la chica la extensión de la coleta.
—¿Pues tu de quién crees que fue la idea? Mis no fue —dijo Alex con un tono de inocencia que usaría cualquier alumno para zafarse de un castigo y una expresión de "yo no rompo ni un plato".
—De todas formas hizo "trampa" y eso... —se acercó peligrosamente hasta su oreja—, se merece un castigo. —en cuanto dejo escapar su aliento, hizo que Alex se estremeciera un poco
—Creo que estoy dispuesta a recibirlo, Profesor —dijo Alex con un tono seductor que Severus nunca había escuchado.
El profesor sonrió de lado. Tenía razón, su pequeña quería jugar esa noche.
Todavía seguía con su rostro cerca de la oreja de Alex por lo que le dio una una leve mordida en su lóbulo haciendo que se estremeciera un poco. Comenzó un camino de besos desde el lóbulo hasta el mentón de la chica; con casa beso, Alex se estremecía y gemía sin poder ocultar el placer que sentía.
Las manos de Severus recorrían la cintura y el abdomen de la chica; poco a poco su mano se dirigió a su espalda directamente al cierre del vestido. Comenzó a bajárselo con lentitud, Alex se levantó un poco para facilitarle el trabajo. Mientras le retiraba la parte superior del vestido, Severus siguió con sus besos hasta llegar a los pequeños pechos descubiertos de Alex.
La latina no se quedaba atrás; con manos temblorosas a causa del placer, le quitó el saco y lo arrojó a un lado de la cama; después acercó sus manos al cuello del profesor y le quitó la corbata arrojándola al mismo lugar del saco. Acercó sus manos al pecho del hombre, pero él le sujetó las muñecas y colocó sus manos arriba de su cabeza.
—¿Qué...?
—Te dije que este era un "castigo", y como profesor tengo que hacerte cumplir el castigo
Alex le sonrió de manera seductora y se dejo hacer. Con la mano izquierda Severus seguía sujetando las muñecas de Alex mientras que con la otra masajeaba uno de sus pechos mientras que con su boca degustaba el otro; en cuanto se "aburrió" de jugar con los pechos de Alex su mano bajaba con un tacto tortuoso hasta su cintura donde aún se encontraba parte del vestido, tiró de este para quitárselo por completo pero para poder hacerlo liberó a la chica de su agarre y ya con las dos manos le quitó el vestido y de paso sus zapatos de tacón dejándola ante él semi desnuda. El hombre sonrío de lado al ver que la chica usaba a lencería de encaje igual verde esmeralda.
—Veo que tenía todo fríamente calculado... como lo haría un Slytherin —dijo Severus al contemplarla detenidamente
—Esto venía junto con el vestido —respondió Alex igual sonriéndole—. ¿Profesor?
—Dígame, señorita Macías
—¿Puedo seguir con lo que estaba haciendo hace poco?
Severus la miró atentamente como lo haría en una clase, hasta que se sentó en la cama de frente a ella y la chica entendió la indirecta. Se sentó a horcajadas sobre él, volvió a posar sus manos sobre su pecho y con lentitud comenzó a desabrocharle la camisa, pero a la vez dejaba un rastro de besos que empezó desde su mentón.
Severus comenzaba a respirar de manera agitada y de vez en cuando dejaba escapar un gruñido de placer. Alex llegó hasta el borde del pantalón, le desfajó la camina y se lo quitó con lentitud a la vez que le acariciaba los hombros y sus brazos.
Se incorporó y lo beso con pasión mientras le desabrochaba el cinturón y el pantalón. Se bajo de él y comenzó a quitarle el pantalón, Severus se levantó un poco para facilitarle el trabajo; ahora los dos estaban semi desnudos uno frente al otro.
Antes de que el profesor pudiera hacer algo, Alex poso sus manos en el resorte de los bóxers negros que usaba Severus y se lo quitó.
—Te gane —le susurró Alex con una sonrisa triunfal al momento que arrojaba el bóxer a la montaña de ropa que había junto a la cama
—Eso te costará caro, pequeña traviesa —dijo Severus con un tono de superioridad. Antes de que Alex dijera algo, con un movimiento rápido Severus volvió a posicionarse sobre ella y la miraba con superioridad—. Creo que te hace falta aprender más ¿no crees?
—Si es contigo, aprenderé lo que sea
Una vez más el profesor atrapó los labios de Alex en un beso pasional, llevó sus manos hasta la lencería de la chica y se lo quitó de un jalón. Los dos ya estaban completamente desnudos, sus manos y bocas recorrían cada centímetro de piel del otro.
Severus tomó a Alex de los brazos y la posicionó de nuevo a horcajadas sobre él. Con lentitud Alex descendió sintiendo en su entrada el miembro erecto del pocionista, quien se desespero y la atrajo hacia sí de un jalón sosteniéndola de la cintura.
Los dos soltaron un grito de placer en cuanto sé unieron. Sus respiraciones se aceleraron un poco y en cuanto Alex se recuperó del impactó comenzó a moverse sobre él. Severus gruñía cada vez mas fuerte y sujetaba con fuerza a la chica; sus movimientos eran cada vez más rápidos y los dos estaban llegando al éxtasis. Con un rápido movimiento Severus volvió a posicionarse sobre ellas; con estocadas más fuertes, logró hacer que los dos llegaran al orgasmo dejando escapar un grito de placer.
Los dos cayeron exhaustos y sudorosos pero a la vez estaban satisfechos. Severus salió de ella con cuidado y se coló junto a ella en la cama; tomó las sabanas negras y los cubrió a ambos. Alex se acurrucó en su pecho y Severus la rodeó con un brazo por los hombros, le dio un beso en su frente surcada de gotas de sudor.
—De verdad que me esta empezando a gustar la Navidad —comentó Severus con un tono de burla en su voz
Alex simplemente rodó los ojos y le dio un leve golpe en su pecho.
—Todavía me parece increíble que ya llevemos un año juntos —comentó Alex con un tono soñador mientras acariciaba el pecho de Severus
—A mi también, y ha sido el mejor año que he tenido —dijo Severus depositando un beso en su cabeza
—El mío también —Alex se incorporó un poco y le dio un beso tierno y lento—. Feliz Navidad y Feliz Aniversario, Severus
—Igualmente pequeña
Una hora después Alex ya estaba profundamente dormida. Estaba acostada boca bajo con la sabana negra cubriéndola solamente de la cintura para abajo y tenía las manos debajo de la almohada.
Severus estaba acostado de lado recargando su cabeza sobre el brazo y le acariciaba el cabello a Alex con delicadeza para no despertarla.
«Las cosas cada vez se pondrán más difíciles. De verdad quisiera que el tiempo se detuviera o que al menos los dos estuviéramos lejos de todo esto, solo tú y yo sin tener que ocultarnos y sin tener que preocuparnos por nada ni por nadie»
—De verdad lo siento —susurró Severus con tristeza.
Arropó a Alex, la contemplo un poco más y cayó dormido.
