Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling.
POV HARRY POTTER 12
—Yo soy Tom. Tom Marvolo Riddle. —dijo Tom mirando con una sonrisa siniestra.
—Ese es el nombre de muggle de Voldemort. —dijo Taurus pensativo.
Abrí los ojos como platos. No me podía creer lo que estaba oyendo.
—¿Quién eres? ¿El hijo de Voldemort? ¿Su nieto? ¿Un fan?—preguntó Taurus.
¿Podría ser que nos estaba gastando una broma pesada Tom? No lo parecía, aunque tampoco lo conocía mucho.
—Antes de contestarte. ¿Quién eres tú? —preguntó Tom mirando de reojo a Taurus.
—Aquí las preguntas las hago yo que soy el que está empuñando una varita. Y ni se te ocurra sacar la varita que tienes en el bolsillo de la túnica. O si no lo lamentarás. —le amenazó Taurus.
Tom se rió con una risa potente y fría que parecía ajena.
—Como le dije a Potter antes. Soy un recuerdo —respondió Riddle tranquilamente— guardado en ese diario durante cincuenta años.—dijo señalando el diario que había encontrado y me habían robado posteriormente.
—Antes que nada, ¿cómo ha llegado Ginny a este estado? —pregunté, hablando despacio.
—Es una larga historia. Supongo que el verdadero motivo por el que Ginny está así es que le abrió el corazón y le reveló todos sus secretos a un extraño invisible.
—¿De qué hablas? —dije. Taurus se mantenía callado, atento a las palabras de Tom. Nunca le había visto tan serio y concentrado, normalmente tenía una sonrisa pegada a su cara.
—Del diario —respondió Tom—. De mi diario. La pequeña Ginny ha estado escribiendo en él durante muchos meses, contándome todas sus penas y congojas: que sus hermanos se burlaban de ella, que tenía que venir al colegio con túnica y libros de segunda mano, que... —A Tom le brillaron los ojos—... pensaba que el famoso, el bueno, el gran Harry Potter no llegaría nunca a quererla...—
Mientras hablaba, Tom mantenía los ojos fijos en mi.
—Es una lata tener que oír las tonterías de una niña de once años —siguió Tom—. Pero me armé de paciencia. Le contesté por escrito. Fui comprensivo, fui bondadoso. Ginny, simplemente, me adoraba: Nadie me ha comprendido nunca como tú, Tom... Estoy tan contenta de poder confiar en este diario... Es como tener un amigo que se puede llevar en el bolsillo...—
Se volvió a reír con esa risa terrorífica.
—Si es necesario que yo lo diga, Harry, la verdad es que siempre he fascinado a la gente que me ha convenido. Así que Ginny me abrió su alma, y era precisamente su alma lo que yo quería. Me hice cada vez más fuerte alimentándome de sus temores y de sus profundos secretos. Me hice más poderoso, mucho más que la pequeña señorita Weasley. Lo bastante poderoso para empezar a alimentar a la señorita Weasley con algunos de mis propios secretos, para empezar a darle un poco de mi alma...—continuó Tom.
—¿Qué quieres decir? —pregunté, con la boca seca.
—¿Todavía no lo adivinas, Harry Potter? —dijo sin inmutarse Tom—. Ginny Weasley abrió la Cámara de los Secretos. Ella pintarrajeó pavorosos mensajes en las paredes. Ella echó la serpiente de Slytherin contra los sangre sucia y el gato del squib. Aunque me contrarié al saber que también había atacado a un sangre pura. —
Vi como Taurus apretaba fuertemente su varita.
—No —susurré.
—Sí —dijo Tom con calma—. Por supuesto, al principio ella no sabía lo que hacía. Fue muy divertido. Me gustaría que hubieras podido ver las anotaciones que escribía en el diario... Se volvieron mucho más interesantes... Querido Tom —recitó—, creo que estoy perdiendo la memoria. Querido Tom, no recuerdo lo que hice la noche de Halloween, pero han atacado a un gato y yo tengo manchas de pintura en la túnica. Querido Tom, Percy me sigue diciendo que estoy pálida y que no parezco yo. Creo que sospecha de mí... Hoy ha habido otro ataque y no sé dónde me encontraba en aquel momento. ¿Qué voy a hacer, Tom? Creo que me estoy volviendo loca. ¡Me parece que soy yo la que ataca a todo el mundo, Tom!—
Tenía los puños apretados y me clavaba las uñas en las palmas.
—Le llevó mucho tiempo a esa tonta de Ginny dejar de confiar en su diario —explicó Tom—. Pero al final sospechó e intentó deshacerse de él. Y entonces apareciste tú, Harry. Tú lo encontraste, y nada podría haberme hecho tan feliz. De todos los que podrían haberlo cogido, fuiste tú, la persona a la que yo tenía más ganas de conocer...—
—¿Y por qué querías conocerme? —pregunté. La ira me embargaba y tenía que hacer un gran esfuerzo para mantener firme la voz. Taurus seguí igual de concentrado y serio a mi lado sin mover la varita ni un centímetro.
—Bueno, verás, Ginny me lo contó todo sobre ti, Harry —dijo Tom—. Toda tu fascinante historia. —Sus ojos vagaron por mi cicatriz—. Quería averiguar más sobre ti, hablar contigo, conocerte si era posible, así que decidí mostrarte mi famosa captura de ese zopenco, Hagrid, para ganarme tu confianza.—
—Hagrid es mi amigo —dije, con voz temblorosa—. Y tú lo acusaste, ¿no? Creí que habías cometido un error, pero le tendiste una trampa...—
Tom volvió a reírse con su risa sonora.
—Era mi palabra contra la de Hagrid. Aunque creía que alguien al fin comprendería que Hagrid no podía ser el heredero de Slytherin. Me había llevado cinco años averiguarlo todo sobre la Cámara de los Secretos y descubrir la entrada oculta... ¡como si Hagrid tuviera la inteligencia o el poder necesarios!—dijo Tom. —Sólo el profesor de Transformaciones, Dumbledore, creía en la inocencia de Hagrid. Convenció al director Dippet para que retuviera a Hagrid y le enseñara el oficio de guarda. Sí, creo que Dumbledore podría haberlo adivinado. A Dumbledore nunca le gusté tanto como a los otros profesores...—
—Me apuesto algo a que Dumbledore descubrió tus intenciones —dije, rechinando los dientes.
—Bueno, es verdad que él me vigiló mucho más después de la expulsión de Hagrid, me fastidió bastante —dijo Tom sin darle importancia—. Me di cuenta de que no sería prudente volver a abrir la cámara mientras siguiera estudiando en el colegio. Pero no iba a desperdiciar todos los años que había pasado buscándola. Decidí dejar un diario, conservándome en sus páginas con mis dieciséis años de entonces, para que algún día, con un poco de suerte, sirviese de guía para que otro siguiera mis pasos y completara la noble tarea de Salazar Slytherin.—
—Bueno, pues no la has completado —dije en tono triunfante—. Nadie ha muerto esta vez, ni siquiera el gato. Dentro de unas pocas horas la pócima de mandrágora estará lista y todos los petrificados volverán a la normalidad.—
—¿No te he dicho todavía —dijo Tom con suavidad— que ya no me preocupa matar a los sangre sucia? Desde hace meses mi nuevo objetivo has sido... tú. Imagina mi disgusto cuando alguien volvió a abrir mi diario, y ya no eras tú quien me escribía, sino Ginny. Ella te vio con el diario y se puso muy nerviosa. ¿Y si averiguabas cómo funcionaba, y el diario te contaba todos sus secretos? Así que esa mocosa esperó a que tu dormitorio quedara vacío y te lo robó. Pero yo ya sabía lo que tenía que hacer. Era evidente que tú ibas detrás del heredero de Slytherin. Por todo lo que Ginny me había dicho sobre ti, yo sabía que irías al fin del mundo para resolver el misterio... y más si atacaban a uno de tus mejores amigos. Y Ginny me había dicho que todo el colegio era un hervidero de rumores porque te habían oído hablar pársel... Así que hice que Ginny escribiera en la pared su propia despedida y bajara a esperarte. Luchó y gritó y se puso muy pesada. Pero ya casi no le quedaba vida: había puesto demasiado en el diario, en mí. Lo suficiente para que yo pudiera salir al fin de las páginas. He estado esperándote desde que llegamos. Sabía que vendrías. Tengo muchas preguntas que hacerte, Harry Potter.—
—¿Como cuál? —solté, con los puños aún apretados.
—Bueno —dijo Tom, sonriendo—, ¿cómo es que un bebé sin un talento mágico extraordinario derrota al mago más grande de todos los tiempos? ¿Cómo escapaste sin más daño que una cicatriz, mientras que lord Voldemort perdió sus poderes?—
En aquel momento apareció un extraño brillo rojo en su mirada.
—¿Por qué te preocupa cómo me libré? —dije despacio.
—Antes creí que éste tipo extraño podía ser el hijo, nieto o un fan de Voldemort. —explicó Taurus. —Pues resulta que es el mismo Voldemort. O más bien, un recuerdo de Voldemort. Voldemort sacó su nombre de mago a través de un anagrama de su nombre muggle. Tom Marvolo Riddle ... I AM LORD VOLDEMORT. —
—¿Cómo es que sabes tanto de mí? Lo volveré a preguntar, ¿quién eres? —preguntó Tom desviando su atención en mí.
—Te vuelvo a repetir que aquí las preguntas las hago yo. No tengo miedo al recuerdo de un mago muerto, por muy poderoso que haya sido. —dijo Taurus tratando de mostrar seguridad, pero estaba sudando frío.
—¿No te lo ha dicho Potter? —dijo Tom sonriendo con malicia a Taurus.
—¿Decirme qué? —preguntó Taurus.
—Voldemort sigue vivo. —respondí.
