Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling.
POV TAURUS MALFOY 27
—¡Taurus, puedes abrir los ojos! ¡Fawkes ha dejado ciego al basilisco! —dijo zarandeándolo por la túnica.
—Al fin algo de suerte. —dije abriendo los ojos y viendo al basilisco luchando contra el fénix. La serpiente parecía medir unos 20 metros, más grande que la media. Chasqueé la lengua irritado. Confiaba en que midiera unos 10 metros.— Tengo un plan, pero no te va a gustar, Potter. —
—¿Cuál es tu plan?—preguntó Potter.
—Tenemos que matar a la mini comadreja. —contesté.
—¡Eso ni en broma!—me replicó Potter furioso.
—Potter no sé si comprendes la situación en la que estamos. Pero por si acaso te lo voy a aclarar, en el hipotético caso de que consigamos vencer al rey de las serpientes, aún tendríamos que vencer a Tom Riddle. Y por si se te había olvidado, no le afectan los hechizos porque es incorpóreo en parte, pero aún así ha cogido tu varita y podría atacarnos. Ya le has oído antes, hasta que no muera la comadreja no será 100% corpóreo. Matamos a Weasley, derroto a Riddle y con suerte la serpiente nos deja en paz al no tener amo. —expliqué.
—¡No! —replicó Potter.
—¿Eres sordo o qué te pasa? ¡Es la única manera! —dije impaciéntandome.
—Tiene que haber otra forma ... —dijo Potter
—Soy todo oídos.. —dije, pero ya mi cerebro estaba enfocado en idea una estrategia para burlar a la serpiente y a Tom para poder matar a la comadreja
—¡Sissdjedlew! ¡Flasssshhh! —gritó en pársel Riddle. El basilisco dejó de concentrarse en el fénix y fue directamente.
—¿Qué le ha dicho Riddle? —pregunté.
—¡Que deje en paz a Fawkes y que vaya a por nosotros! ¡Que se guíe por nuestro olor!—
Maravilloso. Buen momento para oler como un cerdo. Incluso alguien con un resfríado sería capaz de olfatearme. Eché una vista rápida. Estábamos a unos 50 metros de dónde estaba la comadreja tumbada en el suelo junto a Riddle y el diario ... ¡El diario, eso es!
—Tengo otro plan. Confío en que si me deshago del diario de Riddle, Tom desaparecerá. Y luego a confiar que la serpiente se pire porque ha muerto el heredero de Slytherin. —dije haciendo cabriolas para esquivar a duras penas los cabezazos del basilisco.—¡Distrae a la serpiente y yo me deshago del libro!—ordené.
—¿Y por qué no la distraes tú y yo me deshago del libro? —dijo Potter agachándose esquivando por los pelos el coletazo del rey de las serpientes.
—Porque yo tengo varita y tú no. Por lo que puedo incendiarlo y tú no. —salté hacia delante dando una voltereta para evitar los colmillos del basilisco.
—¡Está bien! ¿Pero como la distraigo? —
—Las basiliscos no sólo tienen buen olfato, sienten las vibraciones del suelo. Salta, lanza rocas o lo que se te ocurra. Pero necesito que la distraigas. —dije concentrado en mi objetivo.—Separémonos—
Ambos fuimos en direcciones opuestas. Potter me hizo caso y empezó a recoger piedras del suelo tirándoselas al basilisco. Sigilosamente me acerqué a donde se encontraba Riddle. Éste estaba distraído, sonriendo mientras veía como el basilisco atacaba sin cesar a Potter. Cuando estuve a menos de 10 metros lancé mi hechizo.
—¡INCENDIO! —una llamarada envolvió el cuaderno de Riddle. Quedó intacto.
—¡Insensato! ¡Mi cuaderno es indestructible! —contestó riendo Riddle.
Sólo me quedaba una salida. Lo siento Potter, tengo que matar a la niña comadreja. Apunté con mi varita a la Weasley.
—¡BOMBAR...!—un fortísimo dolor no me dejó acabar mi hechizo.
—¡CRUCIO! —conjuró Riddle con la varita de Potter
El dolor fue tan intenso, tan devastador, que olvidé dónde estaba, era como si cuchillos candentes se clavaran en cada centímetro de la piel, y la cabeza me fuera a estallar de dolor. Sabía que el dolor era psíquico y no físico. Pero mi cerebro no sabía distinguir eso en este momento, y por el extremo dolor acabé paralizado tumbado en el suelo incapaz de moverme.
—Tendrás el honor de morir a manos del mago más poderoso de todos los tiempos, y no engullido por una bestia. —dirigió la varita de Potter contra mí.
Este era mi final. Maldición, aún tenía muchas cosas por hacer. Muchos momentos por vivir. Cerré los ojos esperando mi muerte.
—¡AVADA KEDAVRA!—gritó Riddle.
La maldición asesina. Por lo menos dejaría de sentir este punzante dolor. ¿Me reencarnaré en otro ser vivo? Mmmm, un momento ... ¿Por qué diablos sigo sintiendo este insoportable dolor si ya estoy muerto? ¿El efecto de la maldición cruciatus dura incluso después de muerto?
Abrí los ojos y vislumbré como Riddle mascullaba y observaba la varita de Potter. ¡Estoy vivo! ¿Pero cómo?
—¡Este cuerpo aún no es lo suficientemente fuerte para lanzar un Avada! —se lamentó Riddle. —¡Tendrás que morir lenta y dolorosamente! ¡CRUCIO! —me lanzó la maldición imperdonable de nuevo.
—AAAAAHHHH —grité sollozando.
No podía mantenerme callado, el dolor era inaguantable, no debería de haberme alegrado por estar vivo, quería que todo acabara. Quería dejar de sufrir. Sentí que mi cuerpo empezaba a rendirse, aunque mis mano, por el espasmo del dolor seguía sujetando con fuerza mi varita. ¡Quiero que acabe esto de una vez! Se me vino a la mente la imagen de mi hermano, de mi madre y de mi padre.
¡NO! ¡NO PUEDO ACABAR MUERTO EN ESTA CLOACA! ¡SOY TAURUS MALFOY BLACK! En el pasado aguanté un dolor mucho mayor, no iba a permitir que dos meros crucios acabaran conmigo. Todo es mental, necesitaba infringirme un fuerte dolor físico para recordarle a mi cerebro que no era real lo que sentía. Alcé a duras penas la mano derecha que sujetaba mi varita. Un poco más, un poquito más.
—AAAAAAAAA. —grité con todas mis fuerzas para propocionarme el valor suficiente para clavarme con fuerza mi varita en el muslo. Descendí el brazo con tal fuerza, que la punta de la varita llegó hasta el hueso. Retiré la varita que estaba empapada de mi propia sangre. Le dediqué una mirada furtiva y febril a Riddle, éste me miraba asombrado con un pequeño tic en el ojo. —¡EXPELLIARMUS! —una luz escarlata salió de la punta ensangrentada de mi varita golpeando la varita de Potter que sostenía Riddle y haciendola volar por los aires.
—Es imposible..., ¡no deberías ser capaz de moverte, mucho menos de realizar un conjuro de desarme! —gritó Riddle, negando con la cabeza. —¿Cómo ...?—
Me levanté cojeando y con los ojos entrecerrados por el dolor y el cansancio. Me estaba muriendo de sueño.
—Esto no es nada en comparación con el baño de magia que me conjuró el abuelo cuando tenía 8 años. —dije casi sin fuerzas y costándome un mundo permanecer despierto.
—¿Has sobrevivido a un baño de magia? —preguntó Riddle.
—Mis padres temieron que fuera un squib ya que era incapaz de hacer magia. Así que cuando cumplí 8 años, mis padres me ofrecieron dos alternativas. La primera era que me borrarían la memoria y me mandarían con una familia de muggles. La segunda era el baño de magia. Me advirtieron que era muy peligroso, que era una técnica prohibida desde la Edad Media por, no sólo su alta mortalidad que supera el 50% de los que se sumergen en el baño de magia, sino porque la mayoría de los supervivientes acaban locos por el dolor tan atroz que experimentan. No lo dudé ni un segundo. Antes que vivir como un muggle, preferiría la muerte. Y ya me ves..., estoy vivo y sigo cuerdo. Bueno, aunque hay algunos que discrepan con lo último. —dije con una sonrisa.
—¡Estás demente! —dijo Riddle sonriendo. —¡Eres perfecto para estar bajo mis órdenes! ¡Abandona a Potter y únete a mi!—
—¿Después de haber amenazado a mi hermano y casi matarme? Tú estás más loco que yo. —respondí cayendo de rodillas.
—¡Cómo quieras! ¡Te unirás al destino de Potter! —dijo girándose en dirección al basilisco que se estaba enfrentando a Potter que luchaba con ... ¡una espada!.
¿De dónde se había sacado una espada Potter? ¿Del culo?
—Ssssihhlasshhh. Asushhhh—silbó Riddle en pársel
El basilisco se giró un momento, no me había dado cuenta que estaba muy cerca de mí, a menos de 15 metro. Me lanzó un fuerte coletazo. Alcé mi varita para protegerme.
—¡PROTEG ...! —no pude acabar el encantamiento, al desconcentrarme por el punzante dolor de mi pierna apuñalada con mi varita.
Recibí el coletazo de lleno, la varita se rompió en dos trozos y yo acabé volando por los aires. Traté de levantarme, pero veía todo borroso. El sueño pudo conmigo y me quedé inconsciente tumbado en el frío mármol.
