Todos los personajes y la historia pertenecen a JK Rowling
POV TAURUS MALFOY 29
Vi como una figura emergía en la sala. Era Dumbledore. ¡Se había aparecido!
—¿Qué...? ¿Cómo?—dije sin comprender
—Te estarás preguntando, Taurus, como me he aparecido si existe una barrera mágica que protege Hogwarts de las apariciones de los magos. Bueno, yo fui el que creé la barrera mágica y por tanto soy capaz también de desactivarla. —dijo acercándose a nosotros. —Después de que secuestraran a Ginny el consejo escolar me pidió que volviera y aquí estoy.—
—Tengo muchas preguntas que hacerte, pero lo primero es lo primero. Necesito que me lleves a la enfermería urgentemente, tengo dañado algún órgano interno. —dije.
—¿Y tú varita? —dijo Dumbledore ignorándome. Estuve a punto de insultarlo por no darse cuenta de la situación en la que me encontraba, pero no me parecía correcto insultar a mi salvador. —¿Y dónde está la de Harry Potter?—
—El basilisco destruyó la mía. La de Potter cayó al agua. —dije esforzándome por mantenerme consciente. —Pero eso no es importante. Potter y Weasley están bien, pero yo me estoy muriendo. Tienes que sacarme de aquí. En seguida —otro esputo de sangre salió disparado de mi boca.
—¡Accio varita! —exclamó Dumbledore señalando al gran charco de agua del fondo de la Cámara. La varita de Potter voló hasta la mano de Dumbledore. Se acercó a Potter y a Weasley, examinándolos. —Están inconscientes y tienen algunos arañazos y hematomas, nada serio. —dijo para sí mismo.
—¡Estás sordo! ¡Te he dicho que estaban bien! ¡El que se está muriendo soy yo! Cof, cof, cof. —volví a escupir sangre, esta vez en mayor cantidad.
Esta vez parecía que se dignaba a hacerme caso. Se dirigió a mi y me quitó la túnica quedando con el torso descubierto. Me miré y me fijé que tenía un feo y muy grande hematoma en la parte superior derecha de mi cuerpo y también otro algo más pequeño en la zona del estómago.
—Mmm. Tus heridas son serias, pero no letales. Podrías vivir unas 12 horas sin ayuda médica. Si te llevo mediante aparición es probable que mueras. Mejor será llevarte por el método tradicional. —dijo sonriéndome.
Sentí una fuerte jaqueca, un dolor en la cabeza muy similar a cuando estuve a solas con Dumbledore en su despacho. (capítulo 22)
—Fawkes ha ido a buscar ayuda para el derrumbe en la entrada que has ocasionado. —dijo mientras se iba donde estaban Weasley y Potter cogiéndolos cada uno con brazo.
¿Cómo sabía que yo había ocasionado el derrumbe? Aunque eso no es importante, ¡lo importante es que me va a dejar aquí tirado!
—¿Te vas a aparecer con Weasley y Potter en el castillo dejándome aquí tirado? —pregunté indignado leyendo sus intenciones.
—No puedo hacer nada por ti, Taurus. Ya te he dicho que en tu estado si aparezco contigo puedes morir. Fawkes vendrá con ayuda enseguida.
—¡No puedes dejarme tirado aquí como una colilla! —me convulsioné por el dolor y me puse boca abajo escupiendo más sangre. Un hilillo de baba de sangre se formaba en la comisura de mis labios.— ¿Qué clase de profesor deja a un alumno atrás?—dije temblando de rabia.
—Adiós Taurus, te visitaré en la enfermería. —dijo despidiéndose de mi.
De pronto, lo que me pareció una pregunta poco relevante, dado el contexto en el que me encontraba, me empezó a parecer una pregunta de vital importancia. Y antes que se marchara hice la pregunta que me estaba rondando en la cabeza.
—¿Cómo has sabido que yo provoqué el derrumbe? —dije en un susurro, con los ojos como platos al empezar a darse cuenta mi cerebro de una terrible verdad.
—Taurus, puedo responder a las preguntas que quieras cuando estés recuperándote en la enfermería, ahora no es el mejor momento ... —dijo dándome la espalda
—¡Contesta a mi pregunta, Albus Dumbledore! —dije con todas las fuerzas que pude reunir, mis ojos estaban inyectados en sangre.
—...—no me contestó, se limitó a volver a dejar en el suelo a Potter y a la mini comadreja.
—Si no vas a contestar tú, contestaré yo por ti. —dije limpiándome la sangre de mi boca. —¡Legeremancia! ¡Me has leído la mente, Dumbledore! , cof, cof, cof. —otra vez mi fea tos dio acto de presencia.
—Pues va a resultar que ahora sí que es el mejor momento para hablar. —contestó Dumbledore sin emoción en la voz, su sonrisa amable había desaparecido y me miraba seriamente analizando escrupulosamente mis gestos.
—Pero ésta no es la primera vez que me lees la mente, ¿verdad que no? —dije. Mi orgullo y mi furia prevalecieron sobre mi sensatez y comencé a levantarme a pesar del increíble dolor que experimentaba mi cuerpo al menor movimiento.
—Eres admirable, Taurus. A pesar del dolor, del cansancio acumulado y de tu pierna herida, eres capaz de sostenerte en pie. —dijo Dumbledore.
—No me cambies de tema, Dumbledore. Esta extraña y dolorosa jaqueca que he sentido ..., ya la había sentido anteriormente. —me erguí.
Gotas de sangre resbalaban sobre mi frente, cuyo origen era una brecha en mi cuero cabelludo, hasta mi ojo derecho, dejándome temporalmente ciego por un ojo. Traté de limpiarme el ojo por la incomodidad que estaba sintiendo, pero mis brazos no reaccionaba a mis órdenes. Bueno, no importaba, solo necesitaba que tuviera la fuerza necesaria para seguir hablando.
—Fue en tu despacho, cuando me preguntaste por si sabía algo de la Cámara de Secretos. Ahí, antes de marcharme me dio una jaqueca, algo muy extraño ya que nunca me había pasado. No le di la mayor importancia, hasta este momento, me leíste la mente entonces y me la has vuelto a leer ahora. Es inútil que lo niegues, no creo en las coincidencias. —dije respirando con dificultad.
—Yo tampoco creo en ellas, Taurus. Yo tampoco. —me respondió Dumbledore.
—Entonces, ¿por qué? —dije.
—Hay muchos por qué, Taurus. ¿A cuál te refieres? ¿Al por qué no te expulsé cuando me enteré que tenías un negocio de apuestas ilegales en el colegio? ¿O te refieres al por qué te leí la mente aún siendo un acto prohibido?
—Oh no. A esas preguntas ya sé las respuestas. Me has dejado seguir con mis apuestas porque es una manera de distraer a los alumnos de los horrores que estaba causando el basilisco, y me leíste la mente por tus sospechas más que acertadas de que mi padre estaba involucrado. Mi pregunta es: ¿por qué permitiste que siguieran los ataques? Cuando me leíste la mente ya descubriste casi todo lo necesario para desvelar el misterio. Sabía que era Ginny Weasley la que estaba siendo hechizada por ese diario. Pudiste hablar con ella y sacarle toda la información, así sabrías que el monstruo era un basilisco, que Riddle era el responsable y que la entrada estaba en el baño de Myrtle. —expliqué.
—Lo hice. Le leí la mente también a ella. —dijo Dumbledore entrecerrando los ojos
Nunca antes tan pocas palabras había causado tal efecto en mí, por primera vez sentí terror de Albus Dumbledore.
—Pero entonces... —dije ordenando mis pensamientos —... seguro que tienes algún conocido mago que sepa hablar pársel. ¿Por qué no, con la ayuda de aurores, abriste la cámara para matar al monstruo? —
—Porque si hubiera hecho tal cosa, Harry Potter no habría mejorado como mago ni como persona. —contestó con un tono robótico.
Lágrimas de rabia absoluta resbalaban en mis mejillas.
—¡PUTO VIEJO LOCO! —grité dañándome las cuerdas vocales. —¡Mi hermano pudo haber muerto! ¿Y todo para qué? ¿Para entrenar a Potter?—
—Habría lamentado enormemente la pérdida de la señorita Granger y de tu Draco. Pero aunque hubieran muerto, su sacrificio hubiera valido la pena. Harry Potter aún es muy débil para la tarea que el destino le tiene encomendada. —respondió Dumbledore.
Quería matar a ese loco chiflado, pero no tenía fuerzas para ello. Como le veía tan sincero, quise aprovecharme y descubrir todo lo que esa mente manipuladora retenía.
—¿Cuál es su destino? —pregunté.
—Te creía más inteligente. Creía que después del encuentro con Riddle lo tendrías claro. El destino de Harry Potter es matar a Voldemort. —sentenció el director.
—Así que Potter no mentía ... Lord Voldemort sigue vivo. Pues casi te sale el tiro por la culata, ha estado a punto de morir.—dije cayendo de rodillas. Mi cuerpo ya no aguantaba más de pie.
—Ginny pudo morir, tú tambien, incluso Violet también, pero estaba convencido que Harry no moriría. La profecía así lo dice, profetizada incluso antes de nacer Harry: El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes.—recitó Dumbledore de memoria.
—Ahora lo entiendo todo, el por qué permitiste que vivieran con una familia que la maltrata, el por qué lo favoreces constantemente, el por qué le ayudas siempre en el último instante... Crees ciegamente en esa profecía y lo estás entrenando desde que era un bebé para matar a Voldemort. —
— Harry solo puede morir a manos de Voldemort, y viceversa, sabía que todos esos desafíos no lo matarían. Y lo que no te mata, te hace más fuerte. Tú eres el vivo ejemplo de eso. —Dumbledore señaló mis múltiples cicatrices antiguas ocasionadas por el baño de magia. —Eras un niño sin poderes mágicos, sobreviviste al baño de magia y ahora te has convertido en el alumno más talentoso y poderoso de tu generación. —
Ignoré su cumplido, no me gustaba recordar mi doloroso pasado.
—¿Tan seguro estás de esa profecía?—pregunté desviando el tema.
—Es al clavo ardiendo que me agarro, yo ya estoy muy viejo, no veo a ningún mago capaz de derrotarlo cuando recupere sus poderes. —dijo entristecido. —Harry Potter es mi única esperanza contra el Señor Tenebroso.—
—Tú eres incluso peor que el Señor Tenebroso. —dije.
—¿Por qué dices eso? —me miró con curiosidad.
—Aunque fuera cierta la profecía, estabas dispuesto a sacrificar a mi hermano, la sangresucia, a Weasley para poder matar al Señor Tenebroso. Eso te hace más villano que a Voldemort. Al menos él no finge ser buena persona.—caí al suelo boca abajo. Todos mis músculos estaban paralizados, muy pronto, morfeo vendría a por mi.
—Creí que tú me comprenderías mejor que nadie. Para matar a Voldemort, no solo estoy dispuesto a sacrificar a los que has mencionado. Estoy dispuesto a sacrificar todo Hogwarts. El fin aveces justifica los medios, y en este caso lo justifica. Si para salvar a decenas de miles, tienen que morir cientos ..., pues que así sea. —oí a duras penas su voz.
Antes de esta noche creía que estaba jugando una partida de ajedrez con Dumbledore, pero lo que verdad estaba sucediendo es que antes de empezar a jugar ya me había hecho jaque mate. Y yo creyendo que el duelo estaba reñido ..., que equivocado estaba.
—Empieza matándome a mi. Porque como te vea de nuevo, te aseguro que te mataré. —dije jadeando y con los ojos apunto de cerrarse.
—Eres demasiado importante como para matarte o dejarte morir aquí. Presiento que serás el que marque la diferencia para que gane un bando u otro. —oí la voz de Dumbledore, pero la oía tan distante que parecía más bien un eco.
—Pues te repito que me mates. Siempre elegiré el bando de Voldemort sobre el tuyo. —dije con casi mi último aliento de fuerza.
—Lo sé. Pero también sé que harías cualquier cosa por Draco. Y Draco elegirá el bando de la señorita Granger. Draco es tu mayor fortaleza, pero también tu mayor debilidad ¿Antepondrás, cuando llegue el momento, tus ideales a tu hermanito pequeño? —dijo Dumbledore
Ya no me quedaban fuerzas para hablar solo para maldecirle ¡TE MATARÉ HIJO DE LA GRAN PUTA! ¡ESTÁS MUERTO! Noté otra vez el dolor de cabeza. ¡SÍ, LEEME LA MENTE Y ASÍ SABRÁS LO QUE TE ESPERA, VIEJO MANIPULADOR! ¡ERES HOMBRE MUERTO!
—No quiero matarte. Pero también quiero seguir vivo, al menos hasta el momento de la caída de Voldemort. Me intriga lo que decidirás cuando se formen los dos bandos. —dijo tranquilamente Dumbledore. —Por desgracia, tengo que jugar con tu mente un poco más, Taurus. No puedo permitir que recuerdes nada de lo que ha sucedido esta noche, y prefiero que sigas pensando que Voldemort está muerto. No será la primera vez en que alguien te borre la memoria.—
¿Cómo que no era la primera vez que alguien ...? No pude pensar más en lo último que me había dicho ya que caí, finalmente, inconsciente.
