El Peso de los Errores


¿En verdad hago lo que hago, por las razones que creo que lo hago? Esa pregunta no ha dejado de molestarme de un tiempo hacía acá. ¿Acaso empezó todo cuando despertó mi aura? ¿Acaso fue cuando me uní a Ion? ¿O cuándo conseguí el título de Campeón de Kalos? ¿… o fue incluso antes? A decir verdad, no sabría decirlo con completa seguridad. Mis ideales no han dejado de tambalearse desde entonces; o tal vez nunca fueron tan firmes como yo creía.

Siempre luché por los Pokémon, por eso me negaba a llevarlos a su límite. Por eso acepté ser el hazme reír de la Liga Pokémon. Por eso me conformé con ser débil, por tantos años. En esos tiempos, antes de recuperar mi meta en la vida, simplemente me dejaba llevar por las convicciones, las cuales, las circunstancias habían moldeado en mí.

Miré a la evolución, algo natural, con malos ojos, después de casi asesinar a Togetic. Dejé de lados los Movimientos Z, cuando casi acaban con la vida de Mareanie. Me alejé de los Objetos de Combate y las Mega-evoluciones, por ramificaciones de ello mismo. En un Mundo Pokémon más competitivo que nunca, yo me limité a mí mismo con tal de nunca volver a hacer sufrir a mis Pokémon.

Irónicamente, fueron ellos mismos los que, con su espíritu de lucha, me demostraron que siempre había estado equivocado; que los había estado subestimando. Estaba bien que me preocupara por su integridad como seres vivos, pero esa no era razón para impedirles dar todo de sí mismo para demostrar su valía. Me rendí tantas veces ante entrenadores amorales, durante las muchas competencias en las que participé, que mis Pokémon simplemente se cansaron de la humillante sensación causada por las múltiples derrotas por abandono.

Yo tenía miedo, era cobarde y me negaba a salir de la zona de confort en la que me encontraba; extrañamente, me sentía bien siendo un perdedor, porque eso era lo que siempre había sido, al menos a los ojos de mi madre. Se suponía que mi viaje comenzó porque estaba dispuesto a demostrarle a ella lo equivocada que estaba sobre mí, pero terminó siendo lo contrario. Y se suponía que me negué a esforzarme de nuevo, por el bien mis Pokémon, porque temía que resultaran lastimados, pero ese nunca fue el caso…

Tardé en comprenderlo, pero todo ese tiempo solo estaba huyendo de mi madre y del dolor por el que me hizo pasar. Competir en la Liga Pokémon, sabiendo que perdería, solo era una excusa, proteger a mis Pokémon solo era una coartada; yo solo quería escapar de mi pasado. Eso lo comprendí hace tiempo, cuando la voz se me apareció en forma de Serena en medio de una alucinación y me impulsó a salir del estancamiento en que me encontraba.

Creí, desde entonces, cuando recuperé mi intención de vivir mi vida, que realmente volvería a ser genuino conmigo mismo; pero aparentemente me equivoqué. Tal vez la presencia de mi otro yo, la voz en mi cabeza, solo era un síntoma de ello. Todo el tiempo solo me estuve mintiendo. Así como una vez juré que agachaba mi cabeza de manera humillante, solo por la seguridad de mis Pokémon, ahora juraba que levantaba mi puño con el fin de protegerlos.

¿Pero acaso es eso cierto? ¿O todo éste tiempo no he hecho más que perseguir esta venganza mía en contra del mundo que me dio la espalda? Ese era el objetivo de la voz, pero mi otro yo ya no existe, se supone que volví a ser un solo ser… Entonces, ¿por qué parece que ahora solo me enfoco en vengarme de todo aquello que se encuentra al otro lado de la rivera que representa mis ideales? ¿Acaso sigo luchando por los Pokémon? ¿Acaso me sigue preocupando su bienestar? ¿O ahora no son más que herramientas que uso para regar la sangre de mis enemigos?

–¿Ash…?

Se supone que daría mi vida por los Pokémon, no todo lo contrario. Mi lucha siempre se trató de proteger a éstas esplendidas creaturas, de la cruel sociedad que decidió ponerse en su contra… Ellos estuvieron conmigo cuando nadie más lo hizo… Ellos, al igual que yo, recibieron la espalda del cruel mundo en que nacieron. Así que ésta debería ser una batalla en conjunto, no una venganza parcializada.

–¿Ash…?

Creí que al aceptar las injusticias de la nueva Liga Pokémon, mientras me negaba a exponer a mis Pokémon a ellas, estaba haciéndoles un bien. Pero ese nunca fue el caso, estaba equivocado, pues todo ese tiempo solo pensé en mí mismo y nadie más; quería escapar, y nada me importaba más que eso. Entonces, si por años me engañé a mí mismo de esa manera… ¿Estoy haciéndolo de nuevo? Si ese fuera el caso, sería aún peor, pues ésta vez estaría usando a mis eternos amigos a favor de mi propio y egoísta beneficio.

–¡Ash…!

Todo éste tiempo me dije a mí mismo que mi otro yo nunca cambiaría mi esencia. Sí, la voz quería vengarse del mundo que me dio la espalda, pero eso no implicaba que los Pokémon tuvieran que sufrir el mismo destino que las personas. Sí, mi moral se vio alarmantemente corrompida desde el despertar de mi aura, pero realmente nunca me importó, pues estaba obteniendo algo que, muy dentro de mí, siempre anhelé. Había obtenido poder y podía proteger al Mundo Pokémon.

Cuando logré cerrar la brecha aural que nos separaba a ambos, la voz y yo, consideré que mi personalidad se vería ligeramente alterada, pero nunca me preocupó demasiado. Una vez dejara de susurrar en mi mente, pensé que solo sería cuestión de controlar mi sed de venganza y enfocarme en mi verdadero objetivo: acabar con los enemigos del Mundo Pokémon. Pero no pude hacerlo, me dejé llevar por el odio y ello me llevó a este momento…

–¡Ash, reacciona, por favor! ¡Debemos hacerlo, rápido! ¡De lo contrario, perderemos a Celebi! –Miré los ojos ofuscados de Serena, que sollozaba descontroladamente, incapaz de reaccionar ante sus palabras.

Mis ojos estaban enfocados en su rostro suplicante, pero mi atención aún no se había alejado del cuerpo desfallecido que se encontraba entre sus brazos. Me encontraba en shock. Quería negarme a aceptar que eso estaba ocurriendo, pero por más poder aural que hubiera acumulado, cambiar la realidad estaba completamente fuera de mi alcance.

Hace pocos minutos, antes de la llegada de Paul, Serena me pidió que escapáramos. Sus palabras tenían sentido; debíamos ir en busca de nuestros compañeros restantes, para así reagruparnos. Ya teníamos a Celebi con nosotros, y esa era nuestra prioridad, así que escapar era la opción más razonable entre todas las que teníamos a mano. Y, aun así, yo preferí quedarme a luchar, ante la posibilidad de usar al jefe de ese escuadrón de la Burning Starship, para dar un profundo golpe a dicha organización.

Mi plan podría no se alejaba demasiado de lo que deseábamos alcanzar. De todas formas, es la Burning Starship la única organización que ha puesto a Ion en la incómoda situación en la que nos encontramos. Pensar en usar a un líder de escuadrón para obtener información, podría haber sido una gran idea en cualquier otro momento. Pero el momento en que yo tomé la decisión de no escapar, decidí priorizar mi sed de venganza sobre la vida de Celebi, y por eso su vida ahora se estaba escurriendo entre los dedos de Serena.

–Serena… –La chica dejó de sollozar por un momento y me miró directamente a los ojos. Su mirada atravesó mis retinas y se hundió en lo profundo de mi ser, hasta alcanzar el núcleo de mi aura. –… No hay nada que podamos hacer…

Y con esas desalentadoras palabras como broche, volví a cerrar mis labios. Los ojos de Serena, todavía húmedos por las lágrimas, perdieron parte de su brillo. La esperanza que yacía en su corazón, de que yo podría hacer algo, murió en ese momento. Tal vez esperaba que pudiera intentar usar las propiedades curativas de mi aura para curar a Celebi, pero con solo verlo, sabía que eso habría sido imposible aún sin la corrupción que manchaba mi aura.

Serena permaneció en silencio. Tras mi negativa, herida, me negó la mirada y se enfocó en consolar a un Celebi, que no paraba de resoplar gemidos de intenso dolor. Su piel verde y radiante ahora era oscura, como si se tratara de un árbol marchito a punto de morir. Su cabeza con forma de bulbo estaba seca y sus ojos carecía del brillo de la vida.

Al verlo en tal estado, no pude evitar recordar la ocasión en que nuestras miradas se cruzaron hace años; el día que mi amor por los Pokémon fue reforzado. "Creo que he traicionado el lazo que ese día nos unió, Celebi… Tú me salvaste de las garras del bosque, pero yo fallé en salvarte de las garras de la egoísta humanidad". Una ola de desesperación, terroríficamente real, se abrió paso por mi cuerpo. Finalmente cayendo en cuenta de lo que sucedía, di un paso adelante, pero cuando lo hice, Celebi simplemente se desvaneció.

En los brazos de Serena no quedó más que una cama de hojas secas, nada que pudiera recordar al infantil y alegre Pokémon que daba vida al bosque. Serena se encontraba visiblemente turbada, así que, viendo que ya no podría hacer nada por Celebi, me dispuse a, al menos, consolarla a ella. Pero, una vez más fui detenido por un evento ominoso.

Sentí como si hubiera sido golpeado por una onda de energía oscura muy poderosa, era muy similar a la sensación que me provocaba mi propia aura corrupta. Pronto me percaté que mientras la onda se expandía, los árboles a nuestro alrededor morían. No, no solo eran los árboles. El pasto, la tierra, los Pokémon, los arroyos, todo lo vivo que se encontraba en el bosque, estaba muriendo junto a Celebi.

Lo que hace solo un momento había sido una abrumadora estepa aural, ahora estaba desapareciendo. Toda señal de vida dejó de existir en solo un parpadeo, dejando atrás un bosque marchito, triste, muerto… Sin ninguna señal aural que pudiera interferir, por fin pude detectar la presencia de mis compañeros de Ion, no estaban lejos, en menos de un minuto nos alcanzarían, pero… "Es demasiado tarde".

–… –El primero en alcanzarnos fue Sawyer. Saltó desde la espalda de su Salamence y le indicó que se mantuviera alerta. Se acercó a nosotros en silencio, sin apartar la mirada del cuerpo marchito apoyado sobre los brazos de Serena. Conforme más se acercaba, la expresión de shock en su rostro se hacía cada vez más evidente.

Tras él llegó Courtney, la cual realizó casi el mismo recorrido, a excepción de que no se mostraba, ni de cerca, tan perturbada como Sawyer. Todo lo contrario, en su mirada podía apreciar genuina curiosidad por lo que le ocurría al bosque. Los demás no tardaron en llegar, y todos reaccionaron de manera muy similar a la del peliverde.

Nadie se atrevió a interrumpir lo que ocurría en el centro del claro, ni siquiera Brock, que poseía entrenamiento médico. Esa sería una simple manera de demostrar que tan clara estaba la muerte de Celebi. El cuerpo siguió marchitándose, al punto de ennegrecerse; así mismo lo hizo el bosque. Pasado poco más de un minuto, en brazos de Serena no quedaban más que cenizas.

Fue cuando una briza se llevó lo que quedaba de Celebi, que los mudos sollozos ganaron volumen. Para ese punto, ya varios de nuestros compañeros se habían dejado caer en el seco suelo del claro, completamente abrumados por lo que acababa de ocurrir. Yo, por mí parte, decidí ignorarlos y me acerqué a Haxorus. Posteriormente le había pedido su Poké Ball a Serena, con el fin de almacenarlo en ella.

–Parece que él también la pasó bastante mal… Ji, ji… Supongo que tenía razón…

Ignoré el comentario de Courtney, que había decidido seguirme, y comencé a escudriñar al dragón con la mirada. Su cuerpo, a pesar de haber sido sanado con el poder de Celebi, seguía estando cubierto de quemaduras. Además, su brazo, el cual había sido arrancado por el ataque del simio de fuego, había desaparecido para siempre, dejando en su lugar un muñón cicatrizado.

Sobreviviría, pero las secuelas de su batalla contra el Infernape de Paul lo perseguirían de por vida. Lo regresé a su Poké Ball y miré a Serena. Ella seguía con la cabeza baja, mirando adonde había estado Celebi. A su lado se encontraban May y Dawn, cerca de ella, Misty y Brock discutían sobre algo. Me era difícil no preocuparme por las secuelas que pudiera dejar todo ello en Serena…

–Nada de esto fue su culpa. –Señalé de imprevisto, atrayendo la atención de todos los presentes. A pesar de que el mensaje iba dirigido a todos mis compañeros, mi mirada se hallaba enfocada en Serena. –Hicieron lo que pudieron, todos ustedes, y sus Pokémon, dieron todo de sí para evitar éste resultado. Sobre todo, tú, Serena, así que levanta la cara…

–Ash… –Alain estuvo por decir algo, pero lo detuve.

–Si la hubiera escuchado… Si hubiéramos escapado con Celebi en vez de esperar al líder de escuadrón enemigo… Si los hubiéramos buscado… Si no hubiera actuado tan egoístamente… Nuestra misión habría sido un éxito. Así que, como líder de equipo, asumo la culpa de esta…

–¿De qué sirve todo eso? –Esta ocasión fue mi turno de ser interrumpido; por Brock. Lo miré confundido. –¿Y qué si fue tu culpa? No eres el único líder de equipo presente, yo tengo el mismo rango que tú, al igual que Trevor. Tú habilidad con el aura te permitió ganar una oportunidad que los demás no obtuvimos, y reaccionaste rápidamente, como debía ser. Sí cometiste un error, no lo negaré inútilmente. Pero eso no cambia el hecho de que el peso de la culpa, el peso de ese error, recae en todos nosotros. Que cargues con toda la culpa no regresará a Celebi a la vida, nada lo hará…

–¡Mierda! Si solo hubiéramos sido más rápidos. –Sawyer se levantó del suelo y lo pateó con fuerza, levantando una nube de polvo. –Celebi murió y Haxorus quedó increíblemente lastimado… Si no estuviéramos tan atrás comparados contigo, podríamos haberlo evitado… Y no hay nada que podamos hacer, eso es lo que más me desespera. No importa cuanto entrenemos, jamás podremos compararnos a ti.

–Sawyer, eso no es…

–No hace falta que lo endulces, Ash. –Serena finalmente levantó su mirada, la cual estaba enrojecida por las lágrimas que la empapaban; aun así, su aura mostraba una fuerza peligrosa, una ira creciente. –Eres el entrenador más fuerte de Ion, de Gamma también… No importa si eso se debe a tus Pokémon, tus estrategias o a tu aura. Si no podemos estar a tu altura, entonces no somos más que obstáculos que te impiden desplegar todo tu poder y el de tus Pokémon.

–Eso no es cierto. –Negué moviendo la cabeza. –Si te hubiera escuchado, la misión habría sido un éxito. De nada me sirve tanto poder, si no me permite alcanzar mi objetivo.

–Pero tenías razón, acabar con el líder de escuadrón de la Burning Starship era también parte de nuestra misión. –Insistió ella.

–No. Salvar a Celebi lo era… Nuestra prioridad es salvar a los Pokémon, no destruir a la Burning Starship. Si no soy capaz de comprender eso, no sé si merezco seguir liderándolos.

Las expresiones de sorpresa y shock regresaron a los rostros de los que ya se habían desvanecido, sobre todo en los miembros de mi equipo. Tal vez lo estaba llevando demasiado lejos, pero la pérdida de un Pokémon Singular no era poca cosa. Además, no podía sacar de mi mente las interminables dudas que la asolaban.

–Ash, yo… No hace falta que… –Detuve a Sawyer, que se estaba esforzando por encontrar un contraargumento ante lo que acababa de decir.

¿En serio podía simplemente dejar de ser su líder? Claro, en su momento, sobre todo cuando tuve más conflictos con la voz, ellos, May, Sawyer y Dawn llegaron a desconfiar de mí, de mi capacidad para liderar; pero ahora habíamos alcanzado una especie de equilibrio. Se podría decir que habíamos obtenido la deseada estabilidad que le daba fuerza a nuestro trabajo como equipo. El solo pensar en dejarlos atrás, era más que cobarde de mi parte.

Y no solo era cobarde por ello. Dejar atrás mi liderato implicaría que no tendría que lidiar con la responsabilidad de vengar la muerte de Celebi, o más importante aún, encontrar la razón por la que la Burning Starship estaba tan interesada en evitar que alguien pudiera usar a Celebi. ¿Qué tenía que ver el tiempo en todo esto…?

No, definitivamente no podía dejar mi liderato, ni del equipo de elite X ni de la recién fundada Gamma. Suspiré profundamente y negué con la cabeza; por muchas dudas que tuviera, ya era demasiado tarde como para pretender abandonar el camino que había decidido seguir. Sería irresponsable de mi parte decidir no seguir con ello… Al final, todo ello fue un comentario carente de peso, una amenaza vacía.

–No se preocupen, no lo haré, no adjudicaré de mi puesto de líder. –Después de tantas dudas mostradas en el pasado, por parte de mis compañeros, sobre todo May, en mi capacidad de liderazgo y cordura, fue irónico verlos suspirar de alivio ante mi confirmación. –Si lo hiciera, sería como escapar de la responsabilidad que implica no haber impedido la muerte de Celebi, como si me negara a cargar con el peso de mis errores. Fui yo el que permitió que la Burning Starship alcanzara su objetivo y condenara a este bosque y su guardián, así que seré yo el que llegué al fondo del asunto y los detenga.

–¡Bien dicho! –El primero en ofrecerme su apoyo fue Brock, que palmeó amigablemente mi espalda.

–Nosotros también cargamos con parte de la culpa, así que daremos todo nuestro apoyo para lograrlo. No nos iremos de Johto sin respuestas sobre el objetivo final de la Burning Starship. –Trevor me sonrió al decir ello, mientras que sus miembros de equipo asintieron en apoyo a sus palabras.

–Ash… Definitivamente vengaremos a Celebi… –Serena ofreció sus propias palabras de apoyo, y junto con ella los restantes miembros de mi equipo. Sin embargo, solo pude enfocarme en mi novia, y en la enervante y poderosa energía aural que desprendía. De pronto la atmosfera depresiva fue reemplazada por una cargada de determinación; aunque en el fondo, bajo la superficie, permanecían el dolor y la decepción. Sus caras no lo mostraban, pero sí sus auras.

Al costado de todo, apartada de la multitud revitalizada, se mantuvo Courtney. No me percaté de su ausencia en el tumulto, hasta que nuestras miradas se cruzaron; rosa chocó castaño. Ella estaba relajada, como si nunca hubiera temido a la posibilidad de que abandonara mi puesto en el equipo; posiblemente, tan siquiera estuvo interesada en ello desde el principio.

Courtney no comulgaba con nuestra ideología. Apenas y se preocupaba por sus Pokémon. Y, como sucedió con su Alakazam en Hoenn, el día que la capturamos, estaba dispuesta a dejarlos de lado si dejaban de cumplir sus expectativas; para ella no eran más que subordinados. Si ella seguía con nosotros, a pesar de no ser retenida por cadenas físicas, se debía a que su extraña obsesión por mí la encadenaba a nosotros.

Nunca lo había considerado realmente, pero; ¿Acaso me disgustaban los sentimientos de Courtney hacia mí? ¿Acaso me… agradaban? Claro, Serena era mi pareja, pero eso no cambiaba que una parte de mí, muy en el fondo de mi ser, aquella corrompida por el odio de la voz, se sintiera complacida por esos tóxicos sentimientos. Courtney era eso, un veneno que, bien utilizado, podría ser útil… Pero había momentos en que yo mismo deseaba probar de él; tal vez por eso a veces era tan indulgente con ella. Aun así, era consiente, con solo ver su mirada, de que una probada bastaría para matarme, así que debía seguir manteniendo la distancia; su aura lejos de la mía.

–… Por ahora creo que deberíamos regresar a Goldenrod y analizar nuestras opciones. No sé qué pienses, Ash, pero considero que no sería mala idea informar a Ion respecto a lo ocurrido. Un poco de apoyo no nos vendrá mal. –Fui devuelto a la realidad por la sugerencia de Trevor, por lo que parpadeé un par de veces para reubicarme. Courtney seguía mirándome, pero no hizo más que lamerse los labios y prestar atención a lo que tenía que decir, respecto a como procederíamos a partir de entonces.

–Ehmm… Bueno, considerando las circunstancias, no nos queda de otra que contactar con central. Si N y el Comité llegasen a enterarse de lo sucedido con el bosque, por parte de alguien más que no seamos nosotros, lo cual es algo muy probable, considerando la magnitud del asunto, podríamos terminar siendo objeto de sospechas por ocultación de información, o peor, traición. Si queremos seguir adelante con Gamma, debemos impedir que eso a toda costa, así que primero les presentaremos un informe resumido de lo ocurrido y luego les consultaremos sobre el cómo proceder. Dependiendo de su respuesta, actuaremos de una u otra forma…

Todos estuvieron de acuerdo, así que no tardamos en regresar a nuestros Pokémon montura. Antes de montar a Togekiss, al que acababa de tratar con una Baya Citrus, me acerqué a los Pokémon heridos dejados atrás por nuestros enemigos. Estaban heridos, pero no tenían nada de gravedad, así que los enviaría a Clemont o Gary apenas tuviera la oportunidad. Serena también tendría que prescindir de Haxorus, considerando que perdió un brazo y necesitaría recuperarse antes de volver a luchar; si es que volvía a hacerlo.

Serena se subió sobre mi Pokémon, mirando la Pokéball de Haxorus, apenada. La seguí y pronto nos hallamos en el aire. Mientras observaba como los demás se elevaban, no pude evitar prestar atención al deprimente paisaje que se extendía bajo mis pies. Al ver lo que antes era un mar de verde, ahora transformado en un negro cementerio, no pude evitar sentir la culpa contorsionarse dentro de mí. Una vez más me hallaba preguntándome sobre mi accionar. ¿Qué tan justa era mi campaña?

Tardamos alrededor de tres en horas en dejar de ver el reseco paisaje. Fuera del área que una vez fue el Bosque Ilex, todo parecía haber permanecido igual. En los límites del bosque cadavérico logramos divisar varias personas, probablemente ahora todo Goldenrod era consciente de lo ocurrido. Sería de esperarse que una gran parte de su población estuviera interesada en comprobar con sus propios ojos la noticia.

Realizamos un desvío con tal de evitar miradas indeseadas, así que tardamos media hora más en llegar a la capital de Johto. Ya estaba anocheciendo, sin embargo, debíamos apresurarnos con tal de evitar llamar la atención de la policía de Goldenrod. Al ver las pequeñas casas amontonadas en la superficie, apenas iluminadas por los últimos rayos anaranjados del Sol, no pude evitar pensar en la pobre gente que habitaba Pueblo Ilex. "Después de lo ocurrido, resulta más que probable que se verán obligados a abandonar su pueblo… Mierda, ahí va una de nuestras fuentes de información más importante".

Al final, nunca logramos averiguar nada sobre el aumento de ataques de Pokémon salvajes, ni su relación con la cepa de Pokérus descubierta por Bill. Con la muerte del bosque, vino la muerte de los Pokémon que lo habitaban, así que definitivamente habían sido borradas todas las huellas… Me maldije por pensar en ello, por lamentarme por algo tan insignificante. Claro, era una pista que podría habernos llevado a descubrir más de la Burning Starship, pero fue exactamente por pensar así que deje morir a Celebi; debía enfocarme en mi prioridad, la prioridad de Ion y Gamma: los Pokémon.

Descendimos frente a la casa de Bill, donde ahora se encontraba su hermana. A falta de un lugar mejor, eso tendría que funcionar; luego tendríamos tiempo para volver al claro en que nos habíamos estado ocultando. La hermana no tardó en salir de su casa, una vez se percató de nuestra llegada. Estuve a punto de preguntar sobre si le habían llegado noticias de lo ocurrido, pero su mirada me indicó que no hacía falta peguntarlo.

–¡¿Es cierto?! ¡¿Es cierto que el bosque entero se marchitó?! –Por el tono de su voz, estaba implícito que el bosque, de alguna manera, había sido muy importante para ella. Probablemente era igual para muchos en Goldenrod. Mi respuesta fue un desalentador asentimiento. –No… ¿Entonces lo vieron? ¿Estaban ahí…? –Estaba por responder afirmativamente, pero lo que dijo a continuación me robó el habla. – ¡¿Entonces… en verdad esos malditos atraparon a Ho-oh y Lugia?!


PRÓXIMO CAPÍTULO: Enmudecimiento.