El suave sonido del viento chocando con las copas de los árboles dominaba. La vida en el bosque emergía en aquella tranquila mañana de primavera, más, alejado de cualquier pokémon, un par de pequeñas orejas azules emergieron de un instante a otro de un arbusto, moviéndose con timidez, atentas y desviándose hacia varias direcciones con tal de prevenir cualquier "enemigo" que se le acercase, no pasó mucho cuando la punta de una negruzca nariz emergió de igual manera de aquel arbusto, empezando a olfatear con timidez.
El sonido del viento prevalecía, más aquellas orejas y nariz se negaban a confiarse, atentas a cualquier presencia que se encontrara a su alrededor, a cualquier enemigo mortal que se propusiera atacarla y acabar con su vida.
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Más no pasó mucho antes de que el grito horrorizado y asustado de la pequeña Riolu que ahí se encontraba, fuera lo siguiente en escucharse.
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Luego de que una sonriente y maquiavélica Lucario finalmente cayera sobre el arbusto, y comenzara así su frenético ataque de cosquillas tras levantarla y sacarla de su escondite
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—"¡Me rindo mami!" —La pequeña Riolu, con pequeñas lágrimas emergiendo de sus ojos, nacidas de la excesiva risa, solo podía decir aquellas palabras en ahogados gruñidos, conforme la Lucario no parecía tener piedad en su tortura cosquillesca.
—"Niña traviesa, ¡Te dije que no debías venir a este lado del bosque!" —La voz por telepatía de la Lucario comenzó a emerger mientras la misma únicamente mantenía una sonrisa encabronada, sin ser capaz de enojarse con su hija, a la par que continuaba en sus cosquillas, mientras que la Riolu no paraba de reír.
No pasó mucho antes de que las cosquillas comenzaran a cesar, más la adulta pokémon no tardó en empezar a lanzar pequeñas mordidas a la pequeña Riolu como forma de juego .
La Riolu no se contuvo a responder a aquellas mordisqueadas con otras de similar magnitud, lejos de doler, ambas solamente disfrutaban el jugar con la otra, más no pasó mucho antes de que finalmente otro ser apareciese.
—"¿Así es como planeas corregirla, Ami?" —Un serio y molesto gruñido emergió, a lo que tanto Lucario como Riolu terminaron por girarse hacia el origen de este, un pequeño sendero que conducía a la tribu, la pequeña pokémon solamente pudo bajar sus orejas más desanimada al ver la molesta mirada del Gallade puestas sobre ella.
La mirada de su padre… Masuyo.
—"No seas tan exigente con ella, solo quiere jugar" —La Lucario volvió a hablar una vez que tomaba con mayor seguridad a su hija en sus brazos, mientras que la Riolu no se atrevía a ver a su padre.
El Gallade no tardó en empezar a caminar hacia la Lucario, con cada paso que daba, el miedo en la Riolu aumentaba, más la Lucario solo lo veía con ceño fruncido y erguida, sin denotar sumisión en lo absoluto, solo terminó por elevar la mirada una vez que su pareja estuvo finalmente delante de ella.
Más esta solo pudo extrañarse, al igual que su hija, una vez que Masuyo posó con amabilidad su mano sobre el hombro de la pokémon y, comenzando a agacharse y haciendo que esta se agachara por la propia inercia, señalara en silencio con su rostro.
No por nada Eri tenía prohibido ir a aquel sector tan alejado de su hogar. Masuyo no era un padre maltratador ni mucho menos, más su presencia seria y dictatorial era suficiente como para despertar miedo en su hija, más esta solo pudo preocuparse más cuando comenzó a sentir la mano de su padre en su mentón, la cual, con firmeza pero a la vez con tacto, hizo que la misma volviera a levantar la mirada, y observase hacia la misma dirección en la que su padre y madre se dirigían.
El pueblo de Hotaru se veía a lo lejos… la distancia era prudente, sin embargo, varios habitantes alcanzaban a verse en su vida cotidiana.
—"Los humanos son peligrosos… Eri" —Masuyo volvía a hablar —"Que no te dejen engañar su actitud tranquila; son capaces de hacer cosas horribles hacia los nuestros únicamente por su avaricia, no se contendrán contigo ni con ninguno de nosotros" —Conforme decía aquellas palabras en serios gruñidos, Eri no tardó en volver a desviar la mirada hacia su padre, denotando en su mirada únicamente la duda y el remordimiento, no pasando mucho antes de que Masuyo se girara hacia su hija nuevamente de igual manera.
—"Prométeme que no volverás a acercarte a este pueblo, hija… no sé lo que haría si te perdiera" —Tan pronto puso su ahora tranquila mano sobre la cabeza de la Riolu, las desanimadas palabras de Masuyo no tardaron en desanimar las facciones de Eri, ante la culpa que sentía tras tomarle el peso a sus acciones y el riesgo que implicaba a acercarse a los humanos.
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La imagen del rostro de Eri asintiéndole a su padre fue lo último que se observó… antes de que el recuerdo cambiara de manera completamente abrupta.
Para luego empezar otra memoria, en donde solamente un asustado e hiperventilado rostro se podía ver en la pequeña Eri…
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Habían pasado años desde aquel último recuerdo, en la tribu de los pokémon del bosque el caos prevalecía… los ríos enloquecían sin razón, el viento destruía los hogares, los temblores quebraban la tierra y levantaban los árboles que crecían a su alrededor…
Todo aquello… causado por el omnipotente ser que finalmente había puesto un pie en Hotaru.
Bajo la perspectiva de Eri solo podía apreciarse el miedo, buscaba en todas partes, su mamá hacía poco había ido a recolectar comida, y no se encontraba para cuando el caos dominó el lugar.
—"¡Mamá!" —Eri gritaba entre llantos, su amor y preocupación por su madre la obligó a escabullirse y escaparse de su hogar donde Masuyo la había resguardado antes de ayudar al resto de su gente —"¡¿Dónde estás?!" —El miedo de la Riolu solo aumentaba, mientras que el viento y los terremotos solo asustaban aún más a la pequeña pokémon.
Varios árboles caían sin control, Eri era hábil, no por nada era hija de sus padres, aún a su corta edad, contaba con los reflejos suficientes para esquivar y evadir, más el caos era demasiado, la pokémon no tardó en buscar un lugar más abierto con tal de buscar mejor a su madre…
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Pero solo cuando el tiempo se congeló de un momento a otro en el lugar, fue cuando el caos comenzó.
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Todo fue demasiado rápido, Eri abrió sus ojos de golpe, sus sensores no tardaron en levantarse, sus manos empezaron a temblar, nunca había sentido un aura como tal… los temblores se detuvieron, el caos dejó de existir, el fuerte viento cesó por completo…
El cuerpo de Ryuji siendo poseído por Krin… finalmente había terminado por detenerse a las espaldas de Eri… una vez que Ryo lo golpeó en la frente con su dedo índice tan pronto este llegó a su hogar.
—Ese miserable descendiente de Juro… —Su oscura voz erizaba el pelaje de Eri, a la par que ella no era capaz de siquiera girar su rostro hacia él. Krin únicamente empezaba a ponerse nuevamente de pie, antes de que su serena mirada se posara sobre la única pokémon que se encontraba delante de sí.
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Pero solo la explosión causada por el alzar del brazo de Krin en dirección hacia la Riolu que ni siquiera se había dignado a mirar, fue lo siguiente que terminó por borrar por completo el cuerpo de Eri.
—Me molestas… —Fueron las únicas y desinteresadas palabras de Krin, antes de decidir matar a la pokémon. Más solo una asombrada e impactada mirada pudo formarse en el rostro del omnipotente ser…
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Una vez que presenció cómo una Lucario alcanzó a agarrar a su hija y esquivar por poco su ataque.
Al mismo tiempo que sentía el profundo amor que aquella hija tenía hacia su madre.
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—"¡Saca a Eri de aquí!" —El grito de Masuyo fue lo siguiente en emerger, a la par que el mismo lanzaba un bocajarro directo hacia Krin, sin intenciones de detenerse, ocultando el cuerpo del poderoso ser bajo el sin fin de golpes que el Gallade le lanzó.
—"¡Mamá! ¡Papá!" —Apenas alcanzó a decir Eri, antes de ser sobrellevada por la brusquedad del sujetar y correr de su madre.
Mientras estas se alejaban, Masuyo no se contenía, entre sus puñetazos intentaba usar de igual manera la habilidad "Confusión" sobre su enemigo. Solo por su presencia era suficiente para denotar una pizca de la completa diferencia de poderes, más Masuyo se negaría a correr, no con su familia y tribu corriendo peligro.
Sin embargo… solo la mano de Krin terminando por sujetar el cuello de Masuyo en un instante, fue la que finalmente puso un alto a todos sus ataques.
—Me estorbas… no estás ni cerca de ser igual de amado por ella; no tengo intenciones de matar a un padre tan patético como tú, solo me das lastima —Tras decir aquello, Krin únicamente terminó por lanzar el cuerpo de Masuyo contra los arboles del bosque, conteniendo su fuerza lo suficiente como para romper gran parte de sus huesos, sin ser suficiente como para quitarle la vida…
Su deseo de matar nuevamente había nacido tras sentir aquel sentimiento que aborrecía…
Aquel sentimiento y conexión que únicamente existía entre aquella Lucario y Riolu.
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Solo fueron imágenes en aquel recuerdo, la velocidad era demasiada para la propia percepción de Eri en aquel momento.
La presencia de Krin deteniendo de golpe el correr de Ami; no pudo hacer nada, ni siquiera volver a correr en una dirección opuesta, la velocidad de Krin no estaba a su nivel, más su instinto fue lo suficiente como para cubrir con más fuerza con sus brazos a su hija tan pronto sintió a su enemigo delante de sí.
—Su amor es el que me enferma… —Fueron las únicas palabras que alcanzó a escuchar Eri.
Solo contrajo su índice con la ayuda de su pulgar un par de centímetros, antes de liberar toda la presión que acumuló sobre el pecho de aquella Lucario. No sería tan misericordioso como para matarla en el acto, no cuando su hija aún pudiera observar.
Eri no perdió la consciencia, más el estruendo mezclado con el propio caos sentido luego de que su madre saliera expulsada sin piedad solo pudo hacer que la misma únicamente se aferrara con una desesperada fuerza sobre el torso de su madre.
Sentía dolor, pero tan pronto aparecía, este desaparecía en el acto; no sufriría, no mientras estuviera bajo los brazos de su madre…
Aquella que, incluso tras experimentar el maltrato nacido de su cuerpo chocando y quebrando los arboles a su alrededor, se negara a dejar de usar la habilidad "Pulso cura" en su hija, con tal de protegerla ante cualquier daño.
Parecieron horas… pero solo tomó segundos antes de que su cuerpo finalmente tuviera fin tras arrastrarse en la tierra por unos cuantos metros tras todos los obstáculos que atravesó.
Eri empezaba a abrir lentamente sus ojos, aún era resguardada por los brazos de su madre, pero la fuerza del mismo agarre disminuía, siendo aquello lo suficientemente alarmante para que la propia Riolu terminara por abrir sus ojos completamente exaltada.
—"¡Mamá!" —Eri solo podía alarmarse al sentir la débil aura de su madre comenzando a extinguirse, a la par que las lágrimas en la misma no tardaron en emerger. La escena era demasiado para ella, no se atrevía a ver el resto del destrozado cuerpo de su madre, más solo su ensangrentado rostro a la par que la ausencia de dos de sus cuatro lágrimas era suficiente como para horrorizar a la pequeña.
—"Tienes… que irte…" —Ami apenas y pudo decir aquellas palabras en sus breves momentos de consciencia, más era inútil… Eri no se iría sin su madre.
Y esta solo pudo volver a congelarse por completo… luego de que la presencia de Krin volviera a encontrarse a sus espaldas.
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—Esto es lo que siempre se obtiene cuando amas a alguien… —Krin comenzaba su predicamento, conforme los ojos de Eri, completamente abiertos y enrojecidos, solo podían continuar derramando incontenibles y silenciosas lágrimas, más allá del propio miedo que sentía ante la monstruosa aura que se encontraba a sus espaldas, dicho sentimiento se contrastaba con el horror de continuar viendo cómo el aura de su madre se desvanecía cada vez más. Uno debía prevalecer…
—Me encargaré de que tu también te arrepientas de haber tenido tal mundano sentimiento en mi presencia —Un aura blanquecina empezaba a brotar de la mano derecha de Krin, más este solo terminó por alzar su mano con intención de torturar a Eri…
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Antes de que el mismo solo pudiera abrir sus ojos por completo...
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Luego de que Eri, incluso ante la propia presencia de la omnipotente aura de Krin, decidiera girarse y adoptar una postura de pelea, a la par que intentaba "proteger" a su madre a toda costa.
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En su rostro la ira mezclada con la pena y el miedo reflotaban sin control en sus tensadas mejillas y ojos llorosos completamente abiertos, mientras que su pequeña dentadura al descubierto junto con sus gruñidos que desquebrajaban su garganta solo podían impactar aún más al todo poderoso ser…
Aquel ser… en cuya mente, el recuerdo de un pequeño Zorua intentando proteger el cuerpo de su muerto padre, a la par que lo miraba con la misma expresión, lo impactó por completo.
Krin solo pudo llevarse su mano hacia su rostro, no había forma de evitarlo, era el recuerdo de Samuru, parte de sus emociones, por mera ínfima cantidad que se tratase, había ingresado en el mismo…
Una vez que tocó el aura del que actualmente portaba la otra mitad de su esencia.
—Ese maldito infeliz… e-es un descendiente de Samuru… su aura me está afectando… —Conforme decía en voz baja, el rostro fastidiado de Krin fue lo siguiente en emerger… a la par que los recuerdos de aquel doloroso pasado proliferaban cada vez más dentro de sí…
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Para luego únicamente ser contrastado por el serio rostro del propio Krin… luego de que el mismo finalmente terminara por borrar aquellas pequeñas emociones que lo habían abordado, con la ayuda del aura que contaba de Mew.
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No existió sentido bajo la perspectiva de Eri luego de que la misma escuchara aquellas palabras, tan pronto Krin revivió aquellos recuerdos, este solamente se esmeró en regresar hacia donde el descendiente de Samuru se encontraba con tal de acabarlo por completo, más aquella pequeña molestia que había causado Eri con su madre no le interesaba más, su ida terminó por salvarle la vida a la pequeña Riolu, más la misma solo podía comenzar a desmoronarse.
El recuerdo lentamente se desvanecía, Eri había vuelto a caer entre un desconsolado llanto sobre el ensangrentado pelaje de su madre, mientras que la misma solo era capaz de dar una que otra débil palabra mediante telepatía.
—"Te quiero…" —Ni siquiera era capaz de crear frases más largas, solo podía expresar lo más importante, más Eri no se atrevía a despegar su rostro del cuello de su madre.
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—"Mi Eri…" — Fueron las últimas palabras… antes de que su aura se extinguiera por completo.
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Eran demasiados sentimientos acumulados, la perdida de su madre había despertado "aquello" tan necesario para su especie, más de una manera completamente cruda y dolorosa a lo común.
Agradecía el amor que su madre le había dado, el mismo que añoraba con todo su ser el poder seguir sintiendo en ella, más aquel agradecimiento venía de la mano con el sofocante dolor que colmaba su cabeza hasta el límite, el cual solo pudo ser representado por el desbordante grito que Eri finalmente emitió…
Antes de que el tenue brillo de su pelaje finalmente emergiera… junto con su respectiva evolución.
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Aquello hizo finalmente concluir aquel sueño… aquel recuerdo tras ver las memorias de Eri. Los ojos del ahora más descansado Ryo volvían a abrirse con desánimo, al tener dichos recuerdos aún vívidos en sus memorias.
El sonido de la vida en la tribu volviendo a resurgir en aquella nublada mañana se presentaba, a la par que la lluvia de la pasada noche ya había cesado. Ryo se giró hacia su derecha, intentando ver a aquella cuyos sueños había dominado, más solo la preocupación volvió a emerger en él luego de notar que esta no se encontraba, así como nadie más a excepción de este.
Ryo no tardó en levantarse, sentía el aura de su madre a la lejanía, más estaba claro que no se encontraba a su lado.
Sus heridas sanaron, las medicinas junto con la propia aura que su padre le había dejado habían hecho efecto. Ryo no tardó en volver a levantarse, más este solo pudo salir de la pequeña tienda con leve nerviosismo y timidez, no sabiendo del todo cómo actuar con el resto de la tribu una vez los viera.
Tan pronto salió, el aroma del humo de algunas fogatas fue lo primero que sintió. Pequeños pokémon jugando sin más, algunos adultos construyendo sus tiendas y hogares tras la tormenta, mientras que otros limpiaban el sector donde antes estaba el hogar de Masuyo y Kenji.
Su presencia no tardó en llamar la atención de otros, Ryo intentaba ocultar su nerviosismo, más no pasó mucho antes de que los otros empezaran a darle un simple saludo o un "buenos días", tal y como si el propio Lucario simplemente fuera uno más de ellos. Ryo no sabía cómo reaccionar más allá de corresponder el saludo, sin embargo, su incomodidad interna era clara.
Su presencia había sido aceptada, él había sido el único que logró demostrar su fuerza individual por sobre el resto de los que tiempo atrás los dominaron. Ryo era joven, pero su convicción había logrado llegar a todos aquella noche, se había ganado su confianza, o al menos la suficiente.
Ryo tenía su objetivo fijo, su timidez lo mantenía lo más callado posible, sin entablar un contacto visual mayor al necesario, el aura de su madre estaba un poco lejos, pero no más allá de unos diez minutos a pie una vez que dejaba atrás a la tribu.
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Conforme el bullicio de los pokémon empezaba a desaparecer y ser reemplazado con la calma del bosque, Ryo únicamente tenía su vista fija en el sector donde sentía a su madre, más no pasó mucho antes de que el mismo la encontrara.
Había demasiado silencio, incluso ante la extrañeza de encontrarla de pie y callada, no se atrevió a levantar la voz, más únicamente la mirada seria de la propia Lucario girándose hacia este fue suficiente como para invitarlo a unirse.
Ryo no comprendía del todo, Haruko no tardó en volver a girarse hacia el lugar que estaba observando en un principio, a lo que Ryo simplemente le siguió la mirada, antes de que sus ojos terminaran por adoptar un claro sentimiento de preocupación y lástima…
Luego de ver cómo a varios pasos de estos… Eri se encontraba sentada de piernas cruzadas, cabizbaja y con orejas caídas, delante de un pequeño montículo el cual estaba recubierto con algunas flores.
—"Cuando despertó me pidió que la ayudara a darle un entierro justo... aquí es donde dejaron a Ami también" —La voz de Haruko por telepatía volvió a exaltar a Ryo, el cual solo podía fruncir el ceño desanimado tras ello, más no pasó mucho antes de que el mismo Lucario empezara a extrañarse de manera leve al sorprenderse de que Eri le tuviera la suficiente confianza a Haruko como para "ello".
—"¿Lo sabes?" —Fue lo primero que preguntó Ryo mediante telepatía de igual manera, mientras que Haruko únicamente alcanzó a lanzar un suspiro.
—"Ustedes los hombres piensan que solo con golpes se puede solucionar todo…" —Decía con tono de reproche desanimado, Haruko —"Hablé con ella… sus recuerdos volvieron a la normalidad al mismo tiempo que los de Masuyo… tu padre me dijo que Kenji los había manipulado para hacerlos creer que Ryo había sido el culpable de todo" —Explicaba la Lucario, a la par que la misma simplemente empezaba a girarse ahora en dirección hacia la tribu, no sin antes exaltar de manera leve a su hijo una vez que esta posó su mano en el hombro del mismo.
—"¿Por qué no le haces compañía? ¿Qué te detiene?" —Preguntó nuevamente la madre, no queriendo irse del lugar hasta escuchar la respuesta de su hijo, a la par que el mismo simplemente bajó sus orejas con vergüenza.
—"Me metí en sus memorias sin su permiso, no pude llegar a tiempo para salvar a su papá. ¿Te parece poco? Creo que ya ha demostrado bastante el que no le caigo bien" —decía con un tono malhumorado mezclado con vergüenza, a lo que Haruko simplemente rodó sus ojos a la par que negaba su cabeza ante la clara falta de madurez por parte de su hijo hacia y con las mujeres, únicamente para finalizar con un breve suspiro.
—"Yo creo que a nadie le gustaría estar solo en un momento así…" —Dijo la Lucario, antes de extrañar nuevamente a Ryo una vez que la misma alza con su mano libre una pequeña rosa blanca, no habiéndose percatado de ella cuando la vio por primera vez —"Ten… te servirá más a ti que a mi… merece que la apoyen en estos momentos" —Terminó por decir, Haruko, antes de finalmente retirarse del lugar, en dirección hacia la tribu.
No pasó mucho antes de que el silencio volviera a dominar el sector una vez que su madre se marchó, el cual solamente era quebrado de vez en cuando por la leve brisa de la mañana.
Eri estaba completamente ausente de aquel lugar, su mirada vacía puesta sobre el lugar donde su madre, y ahora también su padre, reposaba, era lo único que prevalecía; sus pálidas mejillas y su boca levemente abierta ante la propia inexpresividad reflejaba solamente un mayor agotamiento a las antiguas marcas de las lágrimas que habían vuelto a recorrer sus mejillas en antaño, más ya no aparecían, incluso esta tenía un límite después de tanto.
Los pasos de Ryo no tardaron en escucharse, más no afectaron en lo más mínimo a la Lucario, ni siquiera cuando el sonido de la rosa dejada sobre el resto de flores que adornaba la tumba de su padre y madre fuera lo siguiente en ocurrir.
Ryo se mantenía en silencio, una vez que llegó al lado de Eri, este solamente se mantuvo a una corta distancia de esta, antes de simplemente sentarse de rodillas en son de respeto.
Y así, los interminables segundos de silencio volvieron a emerger… el rostro de Eri no se inmutaba en lo más mínimo, la pena en ella todavía la ahogaba por completo, y Ryo solo podía presenciarlo con claridad en su aura.
El lamentado Lucario, tras terminar de ver por última vez el rostro de Eri, este únicamente pudo inspirar con fuerza, conforme intentaba mantenerse firme ante el dolor que de igual manera sentía tras haberse inmiscuido en los sentimientos de la propia Eri tiempo atrás.
Las memorias de antaño volvían a recorrer su mente, los gritos y llantos de Eri, las lágrimas y el dolor… todo aquello no tardó en sucumbir a Ryo de igual manera, el cual solo pudo alzar de manera leve su vista hacia las copas de los arboles que se encontraban sobre si, antes de finalmente cerrar los ojos y dejar llevarse por la tenue brisa que volvió a circular… antes de que pequeñas lágrimas de igual manera empezaran a brotar de sus ojos.
—"¿Quién te trajo aquí?... Mi felicidad, mi amor~" —Un tenue susurro finalmente emergió por parte de Ryo, con una melodía tranquila y armónica, a un volumen tan bajo, que solo Eri fue capaz de escuchar, más a pesar de aquello, no pasó mucho antes de que los ojos de esta empezaran a abrirse lentamente…
Una vez que Ryo posara su mano sobre su espalda, y le dejara ver la última voluntad que Masuyo le había conferido a Ryo.
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Masuyo no tenía el valor de entregarlo personalmente, no después de todo lo que había hecho; no se sentía amado por su hija ni merecía el serlo; no tuvo el valor de darle aquel recuerdo tan preciado para el mismo con tal de demostrarle, aunque sea una pequeña muestra de que, sin importar lo que pasara, su amor por ella era real.
Eri era muy pequeña como para tener recuerdo de ello, sus primeros días de vida, apenas y comenzaba a tener una mera muestra de criterio o memoria. Bajo la memoria de Masuyo, Eri reposaba sobre los brazos de su madre, dormida, mientras la misma la arrullaba con calma, a la par que el padre se encontraba apegado a la misma.
Ambos solo cantaban… una melodía que pocas veces escuchó la pequeña Riolu como para tenerla presente en sus recuerdos, más solo cuando Ryo comenzó a cantarla con calmado tono y melodía similar, fue cuando finalmente las lágrimas volvieron a emerger en los revividos ojos de Eri.
¿Quién te trajo aquí?
Mi felicidad, mi amor
Todos por ti
Donde el viento sopla en los arboles
Cantan tu nombre
Cuando suena el tranquilo río
Se escucha tu dulce voz
Mi pequeña luz
Brillas, mi hermosa estrella azul
Mi pequeña Eri
Mi pequeña Eri
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Los recuerdos de Masuyo finalmente habían sido transmitidos, más para Eri, cómo si de un cálido abrazo se tratase, la propia Lucario sentía no solo las emociones de su padre, sino las de su propia madre que hacía años no había vuelto a experimentar.
Eri solo podía empezar a tensar las facciones de su rostro nuevamente, el dolor de aquel recuerdo era diferente… completamente superior, a un nivel que nunca había sentido, más su esencia era completamente diferente, como si alguien estuviera quitándole una enorme espina que estuvo pegada en su espalda por toda su vida, la cual había proliferado e infectado por completo la zona, ahora podía respirar y curarse.
La Lucario no pudo soportarlo más, sus ojos no tardaron en volver a cerrarse con pena, a la par que el hipeo de igual manera emergió con mayor fuerza, ya no siendo capaz de auto reprimirse, liberando finalmente toda su pena.
Ryo solo la observaba cabizbajo, las pequeñas lágrimas que en él emergían era la más clara respuesta de que también seguía siendo consciente de lo que Eri sentía, más el propio Lucario se negaba a separar su mano de la espalda de la chica, sobándola como la única forma que se atrevía a dar como consuelo.
Sin embargo… el actuar de Eri fue completamente inesperado, Ryo solo pudo congelarse por completo, a pesar de que de alguna manera se lo esperara ante la imperiosa necesidad de la pokémon por la búsqueda de resguardo o consuelo, en aquel momento se sentía demasiado vulnerable como para no hacerlo así…
En el momento en el que lentamente se ladeó y acercó su rostro al hombro de Ryo.
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Solo se quedaron así… el tiempo nuevamente se detuvo bajo la perspectiva de Ryo. El Lucario solamente podía mantenerse estático y con la mirada puesta hacia adelante nacida del propio nerviosismo de tener a Eri tan cerca de repente. El contacto del pelaje de su frente en contacto con su mejilla, su continuo temblar e hipeo, no tardaron en comenzar a afectar finalmente a Ryo. Sus ojos comenzaron a entrecerrarse, sus músculos finalmente empezaron a relajarse, mientras que la mano que una vez se encontraba en la espalda de Eri, no tardó mucho en comenzar a rodearla. Ryo no se negaría a reconfortar a Eri… no luego de todo lo ocurrido; lo que Haruko tiempo atrás había dicho no había tenido tanta fuerza hasta ese punto.
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Eri lo merecía.
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Todo volvía a detenerse para ambos… los minutos avanzaron sin más, mientras que el llanto de Eri lentamente empezaba a decrecer conforme más tiempo permanecía a un lado de Ryo.
Cuando el hipeo y las lágrimas volvieron a detenerse, y el sonido de la tenue brisa nuevamente tomó lugar, mientras que el rostro tanto de Eri como el de Ryo únicamente se encontraban con ojos cerrados y facciones tranquilas, Ryo se había dejado llevar por completo ante la calma, más no fue sino Eri, luego de que casi pasara una media hora desde que todo aquello empezó, la que terminó por empezar a abrir de manera leve sus ojos.
Primero se extrañó de si misma ante tal "muestra" de confianza, más no iría a rechazar a Ryo a como varias veces lo había hecho en antaño, la pokémon solo se aclaró la garganta un poco, antes de simplemente exaltar nuevamente a Ryo luego de que la misma se separase con calma de este, para después levantarse y limpiarse las mejillas sin más, como si deseara a pesar de todo ocultar lo que había hecho.
—"Necesito regresar a la tribu… aún hay muchas cosas que hacer" —Como si el ambiente hubiese cambiado de un instante a otro, Ryo solo podía mantenerse exaltado y en silencio ante la abrupta actitud que había adoptado Neri, más esta no tardó en darle la espalda y comenzar a alejarse a paso normal…
Pero solo para detenerse luego de unos cuantos pasos, antes de girar de manera leve su rostro hacia Ryo.
—"¿No vienes, debilucho?" —Dijo en un amable gruñido, Eri, a la par que la misma solamente esbozaba una pequeña y casi indetectable sonrisa, pero siendo más que visible para aquel Lucario que únicamente volvió a asombrarse por completo luego de volver a apreciar aquel rostro de la chica…
Solo para sonreírle de igual manera.
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Solo caminaron juntos, no hubo charlas de por medio, como tampoco incomodidad en lo absoluto, ambos únicamente seguían firmes en su objetivo. Conforme la tranquilidad del bosque empezaba a quebrarse por el sonido de la tribu, sin embargo, más allá de escuchar el simple barullo que se acostumbraba en la mañana, tanto Eri como Ryo comenzaron a extrañarse una vez que las discusiones y los tonos más molestos por parte de los habitantes del lugar comenzaron a hacerse más claros, llamando obviamente la atención de los Lucario, los cuales solamente alcanzaron a mirarse de reojo con preocupación, antes de finalmente acelerar el paso.
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Tan pronto llegaron al centro de la tribu, no tardaron en comprender lo que ocurría.
Nao y Haruko estaban en el centro de todo, de brazos cruzados y mirada pensativa, conforme delante de estos se encontraban todos los pokémon que tiempo atrás habían servido a Usui, atados con lianas y aún completamente heridos ante la derrota de su pelea contra Ryo, incapaces de moverse o responder, ellos apenas y permanecían conscientes, conforme el resto de la tribu solamente los abucheaba y les deseaba lo peor, siendo el Aggron el que más resaltaba, con mirada molesta e impotente.
—"¡Miren, llegó Ryo!" —La entrada de tanto Ryo como Eri no pasó desapercibida por el resto, Haruko solamente alzó su mirada, mientras que Nao adoptó una actitud más paternal y orgullosa al verlo nuevamente en pie; Ryo solo pudo fijarse en la preocupación en la vista de su madre, antes de seguir caminando hacia ella.
—"¡Él se encargará de todo esto!" —Los comentarios "alentando" al propio Kurogane iban y venían, más el Lucario solamente podía extrañarse al no comprender del todo el por qué lo hacían.
—"¿Qué ocurrió?" —Intentando no responder a los ánimos del resto de la tribu, Eri y Ryo finalmente llegaron al lado de Nao y Haruko, antes de que el propio Kurogane le preguntara al Machoke con preocupado tono.
—"Muchos quieren que paguen por lo que hicieron contra la tribu" —La actitud de Nao no tardó en adoptar una postura más seria y preocupada, conforme se entrecruzaba de brazos. Haruko permanecía en silencio.
—"Y dicen que debes ser tú el que decida cual castigo hay que darles" —Las palabras del Machoke no tardaron en impactar en el rostro de Ryo, más incluso este no pudo evitar volver a observar a su madre, la cual solo la miró de reojo, antes de desviar nuevamente su mirada hacia el Aggron.
El silencio no tardó en dominar a Ryo tras unos segundos luego de escuchar aquello, a pesar del barullo de los otros pokémon a su alrededor, el Kurogane únicamente frunció el ceño con duda ante lo que ocurría. ¿Por qué a él le confiarían algo de ese calibre?, más si bien aquello le daba vueltas en la cabeza, el propio joven Lucario solamente podía cuestionarse una pregunta aún más preocupante.
¿Qué castigo debería darles?
—"¡Qué los mate!" —Aquellas palabras sacaron finalmente a Ryo de su letargo, haciendo que el mismo tensara su rostro y observara impactado hacia su alrededor, sin poder identificar quién había dicho aquello, más el propio Kurogane solamente podía comenzar a desanimarse y preocuparse cuando más comentarios empezaron a apoyar a aquel que había hablado.
—"¡Se lo merecen!" —
—"¡Intentaron matarnos!" —
—"¡Son un riesgo para todos aquí!" —
El volumen de las voces aumentaba, el caos cada vez era mayor, rápidamente todos empezaron a exigir la muerte de los aliados de Usui, más Ryo solo podía mantenerse congelado ante ello.
El ruido no tardó en ensordecer a Ryo, Eri, a su lado, solamente lo pudo observar con duda y preocupación, sabía bien que ella, para aquel entonces, ya no tenía voz en la tribu, no con todo lo que había ocurrido, al menos por ese momento, estaba consciente de la carga que el propio Kurogane había recibido de un instante a otro, no había cómo culparlo por haber sido dominado por la presión.
Ryo empezaba a apretar sus puños, no sería nunca capaz de hacer "eso", el miedo no tardó en dominarlo, sin embargo, no pasó mucho antes de que la mano de Nao sobre su hombro lo exaltara nuevamente por completo.
—"No tienes por qué cargar con esto…" —La voz seria del Machoke fue lo siguiente que escuchó, antes de que el propio Ryo se girase hacia este con sorpresa.
Aún con ello, el Lucario no supo qué responder, el nerviosismo en su rostro aún no desaparecía, así como tampoco el caos pertinente entre las voces del resto de los pokémon que los rodeaba.
Conforme Nao empezaba a caminar hacia el Aggron, Ryo simplemente permanecía congelado. Los rugidos de los pokémon en son de apoyar al actuar del Machoke no tardaron en emerger y sofocar el ambiente. Nuevamente el observar la seria y silenciosa mirada de su madre se sumó. Ryo solo pudo terminar por cerrar sus ojos con brusquedad, aún sobrellevado ante lo que ocurría.
¿Él era un líder? Había salvado a aquella tribu, eso estaba claro, su nombre ya había sido escuchado y respetado. Masuyo se lo había pedido en su último momento de vida, había demostrado su fuerza y tal, pero aquello solo le demostró que aún necesitaba algo más, algo que iba aún más allá de la fuerza física.
No estaba a la altura… las imágenes que Ryo tenía en su mente, aquellos que lo inspiraban, nuevamente volvía a notar la gran distancia que aún le quedaba para apenas parecerse a ellos.
Sus abuelos… su madre y padre; ahora se daba cuenta que ellos no lideraban únicamente por su fuerza, o por su cariño o su devoción hacia su familia. Más, cuando Ryo nuevamente volvió a recordar lo que tiempo atrás había generado una real diferencia entre su fuerza y la de sus enemigos, otra vez surgía en él como una llama inextinguible que únicamente se vio reflejado en el ceño fruncido que adoptó el Lucario una vez que Nao estuvo a punto de empezar a dar con su cometido hacia el Aggron.
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La fuerza de voluntad, para hacer lo correcto por sobre el interés personal, en son de proteger.
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Todo el bullicio… únicamente terminó por ser por completo sosegado, luego de que el fuerte estruendo de una esfera aural siendo lanzada hacia los cielos, fuera lo siguiente en escucharse.
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Nadie dijo una sola palabra… el ataque pudo haber sido destructivo, más Ryo solo se reservó a usar el pertinente estruendo generado cuando la esfera aural fue disparada.
El origen del ataque era claro, ni siquiera Nao se atrevió a continuar luego de ello, este solamente alcanzó a lanzar una tenue y casi imperceptible carcajada, al finalmente sentir aquella "energía" a sus espaldas, satisfecho de lo que ocurría.
Haruko solo pudo volver a girarse hacia su hijo, mostrando una mirada mezclada de seriedad con preocupación.
Ryo solo se mantenía con el brazo extendido, el vapor aún emergía de su palma, mientras que el mismo únicamente comenzó a caminar a paso lento hacia el Aggron, a la par que Nao solo podía apartarse.
El bullicio de antaño no resurgió, la presencia de Ryo había vuelto a imponer lo que le correspondía por mérito propio.
—"Abuelo Ryo… sé que me escuchas" —Ryo solamente pensó aquellas palabras conforme seguía caminando a paso serio hacia el Aggron y el resto de atados pokémon.
—"Todos ustedes han vivido con miedo toda su vida a causa de los humanos… ahora lo sé, también hay de los nuestros que buscan sobreponerse en base a la injusticia, sin importarles la muerte de otros" —Conforme decía aquellas palabras, Ryo únicamente empezaba a formar un hueso con su aura en la palma de su mano derecha, antes de simplemente alzarlo y apoyarlo en el costado del cuello del Aggron, el cual solo pudo observar con ira e impotencia.
—"Si por ellos fuera… nos hubieran matado si así se les hacía más fácil el trabajo, lo sé… no puedo ver una sola pizca de bondad en sus auras, más que en unos pocos" —Volvió a declarar el Lucario, antes de prepararse para azotar su hueso en el rostro del Aggron, volviendo a impactar y emocionar a más de uno de los expectantes ante lo que finalmente el Lucario iba a cometer…
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Solamente para escucharse el adolorido cuerpo del Aggron caer… una vez que las lianas que en algún momento sostenían y retenían a su enorme cuerpo, fueron rotas por el propio Lucario.
—"Pero me niego a convertirme en uno de ellos" —Fueron las últimas palabras dadas por Ryo, antes de que la mirada atónita de todos los presentes, incluido el Aggron, fuera lo siguiente en ocurrir; a excepción de Haruko, que únicamente pudo ver a su hijo con una ahora más tranquila mirada.
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—"¡Qué estás haciendo!" —El bullicio nuevamente emergió por gran parte de la multitud, mientras que otros solamente se mantenían estáticos e incrédulos, los demás no podían el esconder su descontento ante el actuar de Ryo.
—"¡¿Ahora eres un pacifista?!" —
—"¡Deben morir!" —
Estos y más gritos dichos en enajenados gruñidos fueron los que continuaron, el descontrol volvía a envolver el ambiente, Nao era uno de los que se mantenía incrédulo y en silencio, más la ira de los otros que fueron controlados y amenazados por aquellos que incluso estaban de acuerdo con matar a un niño, no tardó en obligarlos a comenzar a acercarse tanto a Ryo como al Aggron de igual manera.
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Antes de que el cuerpo de Ryo megaevolucionara al instante.
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—"¡Silencio!" —La onda de aura había sido suficiente como para abrumarlos de manera leve, más la seria y profunda voz de Ryo fue la que terminó por ponerles un alto a cualquiera que siquiera se había animado en sobreponerse a este. Solo cuando el silencio volvió a dominar, Ryo nuevamente empezó a hablar.
—"¡Cada vez que creen buscar justicia, lo único que hacen es querer vengarse!" —Ryo gritaba con una energía y tono completamente diferente al que alguna vez hubiera adoptado. Todos escuchaban —"¡Cazadores, Usui y ahora ellos!" —Ryo los señaló con su hueso —"Si todos ustedes se comportan como unos animales que lo único que hacen es buscar matar por venganza… ¡No serán diferentes a ellos!" —Las facciones tensadas de Ryo al ser nacidas de su ira, fácilmente intimidaban, más el Lucario, sin intenciones de escuchar una respuesta, solamente terminó por acercarse nuevamente al Aggron, antes de sorprenderlo una vez que este volvió a colocar su hueso sobre el cuello.
—"Te daré la oportunidad de vivir tu miserable vida una vez más" —Ryo empezaba a hablar a un volumen más moderado, a la par que no despegaba su mirada de los ojos del Aggron —"Pero ten por seguro algo…" —Ryo únicamente tomó sin dudar uno de los cuernos del Aggron, con tal de atraer su rostro más cerca del suyo —"Atrévete a volver a poner un pie dentro de este territorio, o siquiera pienses en volver a entrar" —El aura de Ryo tensaba el ambiente —Y ten por seguro que te casaré a ti y a cualquiera que te acompañe, y me aseguraré de que sea lo último que intentes hacer" —Fueron las últimas palabras de Ryo, antes de que el silencio volviese a dominar el lugar por unos segundos, sin embargo, el propio Lucario únicamente frunció el ceño con molestia, una vez el Aggron lentamente empezó a esbozar una pequeña sonrisa.
—"No tienes las agallas chico… estas intentando aparentar algo que no eres" — El Aggron solo pudo lanzar un tenue gruñido ante lo que había escuchado, mientras que los ojos de Ryo estaban lejos de demostrar que aquello le había afectado en lo más mínimo.
—"¿Quieres apostar?" —Ryo aumentaba la presión que ejercía su aura, el silencio volvió a dominar una vez que dijo aquellas palabras en aquel oscuro gruñido, a la par que el Aggron se mantenía completamente estático.
Silencio… solo eso existió, todo parecía haberse congelado, ni siquiera se sentía el respirar del resto de los pokémon que seguían observando dicha escena. Más solo fue necesario que el Aggron moviera apenas un milímetro una de las garras de su mano.
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Para que Ryo tomara al instante ambos cuernos de la frente del pokémon y, con una patada dada hacia su pecho, el poderoso estruendo nacido sacara expulsado el cuerpo del enorme pokémon…
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Mientras que Ryo conservaba los cuernos y parte de la armadura de la cabeza del Aggron en sus manos.
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El grito de dolor por parte del Aggron quebró y abrumó por completo el lugar, la sangre emergía, aquella armadura no estaba simplemente puesta sobre este, adherida a su piel, junto con las pertinentes marcas y cicatrices ante el sin fin de enfrentamientos que nunca lograron romper una sola parte de su férrea armadura, la mirada de Aggron, más que demostrar ira, el dolor mezclado con el miedo fueron los que finalmente lo abordaron…
—"Te dije lo que pasaría si siquiera lo pensabas" —Ryo no se contenía, a la par que volvía a caminar hacia el Aggron —"Creí que los cuernos estaban más pegados a tu cabeza que tu cuello a tu cuerpo, fue mi error" —Las palabras de Ryo colapsaron por completo al Aggron, este nunca había pensado que aquel joven Lucario tendría tanta fuerza, no era comparable a como había sido en la noche pasada.
—"¡E-Espera!" —Ya no había odio o impotencia, solo miedo, el Aggron solo podía arrastrarse hacia atrás conforme Ryo continuaba caminando hacia este —"¡T-Tú g-ganas! ¡Te juro que nu-nunca más regresaré!" —No había forma de detenerlo, Ryo permanecería firme a su palabra, a la par que el miedo era lo siguiente en presenciarse en los rostros de los espectadores ante la propia energía que emitía Ryo.
Incluso los pokémon que se encontraban atados intentaban apartarse por el miedo, si aquel Aggron no podía hacer nada, ellos menos.
Ryo nuevamente volvía a formar un hueso con su aura, a la par que formaba una esfera aural en su otra mano. Terminaría el trabajo, y nadie en aquel lugar tendría la intención o siquiera el valor de hacerlo, mientras que Haruko era la única que seguía esperando preocupada que su hijo dejara atrás el camino que había decidido tomar, pero incluso ella había empezado a perder la esperanza, no pasó mucho antes de que la misma decidiera intentar detenerlo…
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Más solo la mano de una Lucario fue la que terminó por detenerlo en el momento en el que tomó con seguridad la muñeca de Ryo.
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La mirada de Ryo permanecía fija en aquel Aggron, más este finalmente se detuvo, la mano de Eri fue la que terminó por darle un alto a su actuar, a la par que la misma lo miraba con seriedad y sin miedo.
—"Ambos podemos ver su aura…" —Eri empezó a hablar con tono claro hacia Ryo, mientras que este se mantuvo callado y estático —"Ahora solo es un infeliz miserable… no vale la pena que te ensucies las manos por algo como esto" — Eri empezaba a soltar la muñeca de Ryo, confiada de que este no se movería —"Ya no nos puede hacer nada…" —Terminó de decir la chica, antes de que los ojos inexpresivos de Ryo lentamente empezaran a desanimarse, a la par que, tras varios y tensos segundos de silencio tras escuchar aquellas palabras, la esfera aural que había formado junto con el hueso finalmente comenzaron a desaparecer, antes de que la megaevolución de igual manera comenzara a desactivarse.
—"Desátenlos… y que se vayan de aquí" —Dijo con un tono aún levemente molesto, Ryo, refiriéndose a los seguidores de Usui. Pasaron pocos minutos, muchos de los pokémon que fueron liberados no dudaron dos veces en huir del lugar, mientras que otros simplemente se quedaban estáticos y cabizbajos, no moviéndose a pesar de la salida que Ryo les había dado, este último solo los ignoraba, y pasaba a desatar al siguiente.
Sin embargo… no pasó mucho antes de que el propio Lucario lanzara un bufido, tras desatar al último de ellos.
—"¡Tú ya te liberaste desde hace bastante! ¡¿Qué esperas?!" —Dijo con tono aún más disgustado, extrañando a los demás pokémon, únicamente para exaltar a todos luego de que el Bisharp que en antaño había peleado contra Ryo, simplemente se levantara y comenza a caminar hacia el Lucario, el silencio nuevamente volvió a existir entre ambos, a la par que la tensión volvía a tornarse en el ambiente luego de que todos pensaran que dicho pokémon buscaría pelea, sin embargo, Ryo y Eri eran los únicos que seguían demostrando seriedad, a lo que el Bisharp únicamente termina por cerrar sus ojos.
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Y este simplemente se arrodillara y bajara su cabeza de igual manera.
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—"No tengo intenciones de cubrir lo que hice… nunca estuve de acuerdo con las medidas de Usui, pero me avergüenza decir que fui demasiado cobarde como para atreverme a no seguir sus órdenes" —El Bisharp solamente se mantenía de ojos cerrados, mientras que el rostro de Ryo lentamente adoptaba facciones un poco más preocupadas y dudosas ante lo que sabía, sentía en el aura del Bisharp en aquel momento.
—"Aceptaré cualquier castigo que sea necesario, pero si de alguien debo aprender, ese eres tú" —Las palabras del Bisharp cada vez incomodaban un poco más al propio Lucario, más su exaltación no pudo llegar a un punto más alto, luego de que el Bisharp finalmente chocara su cabeza contra el suelo en señal completa de respeto.
—"Te lo ruego, déjame seguir siendo parte de esta tribu, prometo redimirme, aún si no tengo tu perdón o el de los otros, aceptaré las consecuencias si con eso puedo ser guiado por ti" —Fueron las últimas palabras dichas por el Bisharp, antes de descolocar por completo a Ryo.
Estaba atónito, aún a pesar de lo que había ocurrido y de lo que, estaba consciente, era capaz de influenciar en el resto de la tribu, su poca madurez aún era latente, aún no era capaz de decir ser merecedor de un cargo tan alto como al que solo sus padres y abuelos habían llegado.
Las emociones del Bisharp eran sinceras, no había malicia a como había sido el caso del Aggron, Ryo seguía sin ser capaz de esbozar palabra, más este solo pudo exaltarse aún más…
Una vez que todos los pokémon que tiempo atrás no se habían retirado tras ser liberados, caminaban hacia atrás del Bisharp, y se arrodillaban de igual manera.
—"Por favor" —Era una de las pocas cosas que se podía escuchar entre susurros, mientras que Ryo solo podía alzar sus manos como forma de intentar excusarse de alguna responsabilidad.
—"Y-Yo n-no s-so…" —Empezaba a decir entre tartamudeos el joven Lucario, más únicamente pudo volver a exaltarse una vez que Eri lo sorprende tras chocar su hombro con el suyo de manera amistosa y sin demostrar estar a un nivel diferente del mismo a como era con el resto, haciendo que el propio Lucario se girara hacia la misma con leve desesperación, como si buscara ayuda de cierta manera.
—"Oye, yo que tú guardo la compostura" —Reconoció Eri finalmente junto con una tenue carcajada, antes de señalar con su rostro hacia los alrededores, haciendo que Ryo siguiera su mirada…
Únicamente para dejar completamente anonadado al Lucario… en el momento que observa cómo el resto de los pokémon que los rodeaban de igual manera terminaron por arrodillarse.
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Conforme Ryo seguía observando a su alrededor de manera atónita, Haruko, aún alejada, solamente podía observar a su hijo de pocos años en aquel lugar, a la par que veía de igual manera a la Lucario que se encontraba a su lado.
La nostalgia y la pena pertinente no tardó en abordar a la madre, a la par que la misma de igual manera era consciente de las emociones que empezaban a brotar en su hijo sobre el resto de aquella tribu.
No seguía siendo el pequeño Riolu que nació de aquel huevo que su padre vigilaba con un termómetro cada cinco minutos… Takeru y Ryo habían acertado, evolucionar antes de tiempo implicó un choque mental muy grande para él, más Ryo había demostrado ser capaz de superarlo, aún con el dolor que aquello implicó.
Solo cuando Ryo terminó por bajar sus brazos y adoptar una postura más erguida, fue cuando Eri de igual manera terminó por empezar a arrodillarse, más esta solo pudo exaltarse y asustarse una vez que el propio Ryo, con actitud más encabronada y avergonzada, la sujetara de la axila y evitara que se arrodillara de igual manera.
—"¡N-Ni se te ocurra dejarme solo! ¡Yo sigo pensando que tú eres la más indicada para esto! ¡Pero si es lo que la tribu quiere, quiero que lo hagamos juntos!" —La nerviosa voz por telepatía de Ryo fue lo siguiente en ocurrir, a la par que Eri solo pudo quedarse estática por unos segundos ante lo que había escuchado, solamente para aguantar la pequeña carcajada que emergió en la misma, únicamente para después asentirle y cruzarse de brazos con una pequeña sonrisa, dejando así de arrodillarse.
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Transcurrió aproximadamente una hora… la vida en la tribu había vuelto, cada uno se enfocaba en su respectiva tarea, a la par que se empezaba la construcción de los hogares más dañados por la tormenta, y los que aún seguían sin reconstruir tras la batalla pasada.
A un costado, Ryo junto con Eri, Nao y otros miembros principales de la tribu conversaban sobre la situación actual y cómo deberían resolverla.
—"Todavía están inconclusas la zona Sur y Este, un viejo árbol cayó sobre varias cuevas y tiendas, una de ellas era el sanatorio" —Nao, apuntando a un pequeño mapa rudimentario que habían hecho en la tierra, hablaba.
—"¿Ya se ha contabilizado la cantidad de heridos?" —Erí fue la primera en preguntar con seria voz mediante telepatía, a la par que Nao asintió.
—"Quince tienen heridas leves, pero hay tres que se encuentran con fracturas, y estamos escaseando con las hiervas medicinales" —Nao volvió a explicar, a la par que Ryo se mantenía pensativo tras aquello último.
—"Quiero que prioricen el sanatorio y las medicinas cuanto antes, Nao" —Ryo observó al Machoke —"Tú sabes quienes conocen mejor este bosque y saben más de las medicinas, quiero que ellos empiecen de inmediato a hacerlo, si sus hogares fueron destruidos, destinaremos a otros a que vuelvan a ponerlos en pie" —Ryo empezaba a dar el plan, a la par que Nao escuchaba con atención al mismo tiempo que asentía.
—"Lo que es tú, quiero que vayas con…" —Ryo se giraba hacia el otro que había sido invitado a participar en aquella junta, solamente para observar al Bisharp que tiempo atrás había pedido unírseles. Ryo lo observaba con duda, no sabía su nombre.
—"Yuki" —Respondió de inmediato el pokémon, solamente para exaltar a Ryo en el acto —"¿P-Pasa algo?" —Volvió a preguntar ahora más nervioso el Bisharp ante la reacción del Lucario, más este último solamente negó con la cabeza para después lanzar una tenue carcajada, antes de volver a mirar a Nao.
—"Me gustaría que tú y Yuki se encarguen de reconstruir el sanatorio lo antes posible" —Volvió a decir el Lucario, antes de nuevamente girarse hacia el Bisharp.
—"¿Crees que puedes hacerlo?" —Preguntó Ryo, solamente para hacer que Yuki le asintiera con decisión.
—"¡Sí, señor!" —La seria afirmación no tardó en incomodar de manera leve a Ryo, más este solamente desvió la mirada con tal de no demostrarlo, solamente para volver a exaltarse una vez que la voz de Eri fue la siguiente en escucharse.
—"Falta algo importante" —Dijo la Lucario, despertando la intriga de Ryo, solamente para tomar una pequeña varita y empezar a hacer un nuevo círculo arriba de la zona Norte de la tribu.
—"Comida" —Respondió la pokémon, mirando hacia el resto —"No es por nada, pero he estado muerta de hambre desde ayer" —Replicó la pokémon, haciendo que Ryo únicamente se entrecruzara de brazos e inflara sus mejillas.
—"Tú fuiste la que se negó a comer lo que te di" —Replicó en un susurro el Lucario, solamente para después recibir un golpe en su nuca como "advertencia" por parte de Neri, sufriendo las dolorosas consecuencias por lo mismo.
—"Necesito formar un grupo para poder cazar el alimento de los carnívoros, y otro dedicado a la recolección para los herbívoros" —Volvió a decir como si nada, Eri, dirigiéndose hacia los otros mientras que Ryo continuaba sobándose la cabeza. Tras ello, la propia Eri no tardó en escoger a los indicados para cada tarea, a diferencia de Ryo, contaba con la ventaja de conocer a la tribu mucho mejor a la tribu.
—"Dijiste que necesitabas a ocho para el grupo de cacería, pero solo mencionaste a siete" —Empezaba a decir Ryo, extrañado, a lo que Eri únicamente empezaba a levantarse sin más.
—"¿No es obvio? El líder siempre está al frente del grupo de cazadores" —Dijo sin más la Lucario, solo para descolocar y avergonzar por completo a Ryo ante ello, mientras que la misma ya comenzaba a retirarse de la reunión, una vez que todas las instrucciones habían sido dadas.
—"P-Pero… y-yo no sé" —Ryo tenía intenciones de seguir hablando con aquella avergonzada actitud, más la voz de Neri volvió a detenerlo antes de seguir humillando aún más su título de "líder",
—"Ya aprenderás, debilucho" —Bueno… digamos que tampoco le importaba mucho manchar la imagen de líder del Lucario de manera directa —"Espero puedas seguirme el paso" —Reconoció la Lucario a la par que se giraba de manera leve hacia atrás, volviendo a chocar la mirada con Ryo, el cual solo podía bajar sus orejas a la par que se fastidiaba y sonrojaba por la propia vergüenza que le hacía pasar aquella chica.
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Ryo había comenzado una nueva aventura, una nueva vida tras aquella decisión. Su familia no pudo elegir por él, más Yoshiro y Haruko, aún con el dolor pertinente, sabían las emociones de su hijo tan pronto este las experimentó en persona. Ahora era Ryo el que los visitaba, pero el propio Lucario había encontrado el lugar que le había correspondido tan pronto encontró su voluntad.
Más era claro que aún le quedaba mucho por aprender.
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Música de fondo: "Accidentally In Love – Counting Crows".
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Los días pasaban, Ryo se juntaba con otros amigos de Eri en cada salida de cacería. Los Tauros eran la fuente más preciada de carne, así como también la más difícil de conseguir debido a su vida en manada. Debían ser grupos pequeños, por lo que Ryo y Eri, por ser los más fuertes del grupo, eran los que se enfocarían en traer dichas presas.
Cada nuevo día de caza tenía su especial característica. Durante el primero, Ryo solo podía escuchar las instrucciones de Eri con nerviosismo y miedo ante lo nuevo que enfrentaría. El sigilo no era su fuerte. El par de pokémon, tras salir de la tribu y llegar a la zona en la que los Tauros se encontraban, estos solo podían mantenerse escondidos en unos arbustos, acechando a sus presas con la esperanza de que una se desviara hacia la trampa que le habían colocado.
Ryo pisó una rama y, escena siguiente, Eri y el mismo fueron perseguidos por una manada de Tauros.
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Un nuevo día comenzaba, Eri y Ryo volvían a salir de la tribu, este último con un chichón en su cabeza ante la reprimenda que la chica le había dado el día pasado. Una nueva zona más oculta y apartada de la tribu se presentaba, esta vez, ante la ausencia de arbustos cercanos, ambos Lucario se mantuvieron sobre las ramas de los árboles en las alturas. Finalmente uno de los Tauros se habían separado de su manada, Eri, con su habilidad "Garra metal" preparada, se encontraba deseosa de finalmente saltar y caer sobre su presa.
Acto seguido… Ryo le fue a preguntar si necesitaba ayuda, y con el peso de ambos la rama terminó por ceder, haciendo que ambos cayeran irremediablemente, aún estando en el aire por la altura en la que se encontraban, Ryo solo podía tener un rostro asustado ante la caída y Eri con uno malhumorado y rezando por paciencia. El Tauros no tardó en huir ante el estruendo, y tanto Eri como Ryo terminaron por caer en una posa de agua estancada y con lodo; Ryo se levantó exaltado e intentó limpiarse, solamente para avergonzarse y lanzar pequeñas risas nerviosas una vez que notó cómo Eri se encontraba debajo de él, aún enterrada en el lodo. La Lucario no lo soportó más a lo que, completamente encabronada, únicamente empujó y comenzó a enlodar y pelear contra aquel que nuevamente había arruinado la cacería.
Más la chica no pudo desquitarse lo suficiente, antes de que aquel Tauros que había corrido, trajese al resto de la manada… escena siguiente, ambos Lucario terminaron corriendo por sus vidas ante la nueva estampida inminente.
Lo siguiente en verse únicamente fue a Eri junto con Ryo, este ahora con dos chichones en su cabeza, lavándose el lodo bajo una cascada lejana de los Tauros y la tribu. La mirada de Ryo se entrecruzó con la de Eri, esta última aún malhumorada, Ryo simplemente desvió sus ojos un poco ruborizado y avergonzado, antes de seguir quitándose el lodo sin más.
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Un nuevo día comenzó, Eri y Ryo volvieron a la cacería, más la Lucario decidió no hacerlo para poder entrenar con Ryo, ya eran muchas las presas perdidas por su culpa.
Le enseñó cómo mantener el sigilo, las conversaciones abundaron, finalmente, no tardaron en entrenarse en sus estilos de pelea, entre cada golpe que daban y esquivaban, una sonrisa empezaba a formarse en el rostro de Eri, al igual que en el de Ryo, aunque de todas maneras este último no tardó en terminar por recibir un puñetazo en su rostro por parte de Eri, sacándolo del lugar para después terminar en otro estanque de lodo cercano, Ryo se levanta asqueado, y Eri se le acerca, únicamente para no poder evitar finalmente lanzar varias carcajadas tras ver los mechones deformes que le quedaron en la frente a causa del lodo; la chica se avergüenza, no le gustaba su risa, encontraba feos sus tonos agudos con variantes graves. Ryo se sorprende, ni siquiera pensó en reírse de ella, era la primera vez que la escuchaba reírse. Eri se encabrona con Ryo por la cara que puso, acto seguido el propio Kurogane se encabrona de igual manera y la tira y lanza al estanque de lodo junto con él.
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Otro día empezaba, Ryo y Eri hacían su salida habitual, ya casi ni siquiera se daban a tiempo para cazar Tauros, después de entrenar, Eri decidió que ya era hora de que Ryo intentara cazar un Stantler, una presa más fácil que los Tauros, ya que sus manadas no eran tan grandes como en el caso de estos últimos.
Ryo se esforzó, recordando las técnicas que Eri le había enseñado, esta última se mantuvo lo más ausente posible, únicamente observando a lo lejos a Ryo, viendo cómo este había finalmente avistado a su presa; todo estaba listo, él lo había practicado muchas veces para llegar a ese punto.
Eri solamente pudo alzar sus brazos victoriosa una vez que Ryo pudo finalmente capturar al Stantler, matándolo de una manera rápida y efectiva; el par de Lucario finalmente traerían una presa junto con los demás grupos de cacería.
Durante las noches se armaban fogatas, todos participaban en las comidas, contando historias o sus aventuras durante sus cacerías o incluso de antes de su llegada a la tribu. Ryo tampoco se quedaba atrás, contaba sus experiencias con su familia, sus idas a otros pueblos humanos, sus conocidos, los peligros que de igual manera corrió y cómo su familia siempre salía adelante. Ryo estaba demasiado enajenado en sus historias, el resto escuchaba con atención, mientras que los más pequeños observaban al "adulto" Lucario con asombro y emoción.
Eri solo estaba sentada y distanciada unos cuantos puestos más del Lucario, esta, mientras daba un mordisco a su alimento, simplemente escuchaba la historia de Ryo, se reía de vez en cuando con alguno de sus chistes fomes, más la propia pokémon no tardó en empezar a concentrarse más en el propio Lucario que en su historia como tal. Su emoción, sus expresiones, su forma de ser no tardaron en causar en el serio rostro de la Lucario, un leve rubor… el cual obviamente fue percibido por la misma para luego, con vergüenza, simplemente girar su rostro e intentar concentrarse en su comida, devorándola sin más.
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Los días así transcurrían… Ryo se adaptaba a la vida en el bosque; cada vez el Lucario pasaba más tiempo allá que en Hotaru… y cada vez el Lucario se acercaba más a Eri. Aprendía sus costumbres, sus técnicas, su nivel de pelea cada vez se volvía más equiparable al de la chica. Sus combates eran cada vez más reñidos, terminados en un empate, más los propios cada vez se tenían más confianza, sin querer ir a cazar luego del entrenamiento, buscaban algunas bayas que comer, charlando luego de ello. Ryo se daba cuenta, Eri solo reía a su lado cuando este lanzaba algún chiste o se mandaba algún tropiezo, pero tan pronto aquello ocurría la chica se tapaba la boca con vergüenza, finalmente tras varios días Ryo reconoció sin más el que le gustaba la risa de la Lucario; más Eri se quedó completamente congelada tras ello, no pasando mucho antes de que dichos pokémon se quedaran de piedra mirándose una vez que el Lucario reconoció aquello como si el mismo únicamente hubiera pensado en voz alta. Ryo solo se giró avergonzado afirmando que se hacía tarde, Eri se mantuvo congelada por otros cuantos segundos, solamente para sonreír un poco antes de seguirle el paso.
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Un nuevo día comenzaba, Ryo y Eri finalmente se dispondrían a volver a intentar cazar un Tauros. La situación era desfavorable, poco viento que pudiese ocultar sus sonidos, y una manada exuberante, Ryo estaba concentrado, más ahora era Eri la que estaba distraída. ¿Cómo algo tan simple como lanzar un cumplido a su forma de reír la había dejado así?, la pokémon estaba completamente ofuscada, más Ryo no se detuvo a pesar de ello, el propio pokémon no tardó en finalmente vislumbrar su presa. Se había alejado un poco de la manda, tendrían que ser rápidos, un mero error y la estampida volvería a arrollarlos sin más.
Ryo se preparaba para avanzar, todo estaba preparado, era el momento. Sin embargo, la mano de Eri sujetándolo del brazo lo detuvo en el acto. Ryo solo pudo girarse y ver como Eri estaba cabizbaja, a la par que no lo soltaba. El lucario empezaba a exasperarse, su oportunidad se escapaba, y Eri se negaba a soltarlo o siquiera decirle una palabra, Ryo exigió una respuesta, más el propio pokémon solo pudo abrir sus ojos de golpe de un momento a otro, una vez que Eri mostró su aura al exterior, al mismo tiempo que finalmente lo observó con su avergonzado rostro.
Ryo se quedó de piedra… la sorpresa en su rostro se contrastaba con el rubor de Eri, más las mejillas de Ryo no tardaron en sonrojarse de igual manera al poder ver con claridad el aura de la chica.
Acto seguido… por todo el ruido que hizo el propio Ryo al querer separarse del sujetar de Eri, no pasó mucho cuando el par de tortolos se dieron cuenta que varios Tauros se encontraban ya a sus espaldas, listos para empezar a perseguirlos.
Ryo solo pudo sorprender a Eri una vez que el mismo la levantara y, con ella entre sus brazos, lanzara una esfera aural al suelo con tal de levantar una estela de polvo. La estampida fue lo siguiente, pero su objetivo ya no se encontraba en su camino.
Ryo solo pudo llevar a Eri a un pequeño escondrijo que encontró a las lejanías, una pequeña cueva oculta entre arbustos y ramas, no los molestarían ahí. El propio Lucario solo podía quedarse mirando sorprendido y levemente sonrojado a Eri, mientras que esta última ya no era capaz de mantener su mirada fija en el Lucario. Ryo solo pudo empezar a acercarse a Eri, la misma no se oponía, más el propio Lucario no tardó en acercar su rostro con el de la pokémon.
Simplemente chocó su frente con la suya, con un suave tacto, Eri no tardó en cerrar sus ojos al igual que Ryo, ambos solo se acariciaban con sus mejillas, sintiendo el pelaje del otro, más con el tiempo, Eri fue la primera en tomar la mejilla del propio Ryo, no pasando mucho cuando un leve contacto entre sus labios fue lo primero, solo para ser aquello el detonante que quebró cualquier tapujo o duda, para así sellarlo con su primer beso.
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Aquella noche fue especial… no regresaron con un Tauros ni ninguna otra presa; ambos solo se sentaron juntos en la fogata, conversaron y reían con sus compañeros, Eri no tenía miedo de mostrarse a sí misma con el resto, no mientras él estuviera a su lado; Ryo ya no dudaba de si mismo, finalmente era fuerte gracias a ella, ambos pokémon solo podían estar juntos, contando sus historias, sus emociones…
La noche solo pudo terminar con ambos siendo los últimos en estar al lado de la fogata, cuando todos ya habían ido a dormir… Erí aún seguía sentada a la derecha de Ryo, sus colas estaban enroscadas, mientras que la Lucario únicamente estaba apoyada en el hombro del Kurogane, y este en la cabeza de la misma.
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¿Quién te trajo aquí?
Mi felicidad, mi amor
Todos por ti
Donde el viento sopla en los arboles
Cantan tu nombre
Cuando suena el tranquilo río
Se escucha tu dulce voz
Mi pequeña luz
Brillas, mi hermosa estrella azul
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Mi pequeña Rin
Mi pequeña Rin
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Muy bien queridos amigos lectores, aquí termina finalmente este capítulo que finalmente pone un fin al arco de la tribu del bosque, ¡Solo quedan tres para terminar este primer libro -! Y no solo eso, sino que se acerca una de las batallas que más he querido escribir XD, estoy emocionado :'v!
Para los que no me siguen en wattpad, les informo por aquí, finalmente acabé todos mis exámenes, y hasta el momento, creo que pasé todo w, eso solo significa una cosa… que me queda un año más para terminar la universidad y ser… "libre" jajjajaja, por ahora, seguiré escribiendo y dibujando sin remordimiento al menos hasta febrero, así que la actualización de capítulos va a ser más seguida que antes :'3
Zephyr V Exe la verdad es que sí fue mucho más tranquilo uwu, ahora se vienen momentos bien románticos antes de la batalla definitiva, aún queda una pareja que aún falta desarrollo ewe, Takeshi y Sayuri no se librarán tan fácilmente de mí, muajaja XD
Weeeeee es una Eevee, se van a querer, pero no de esa manera XD
Akira ftw, no se mencionó en todo el capi pero es el punto del misterio (~o-o)~ jajajjaja
¡Muchas gracias por comentar! w
Comet Galaxy Es que el chasquido de thanos también afectó aquí, Lord fire lo descubrió :v XD. El pobre Ryo doggo si que estaba peor que muñeco de trapo XD, pero lo bueno es que finalmente pudo volver a ponerse de pie uwu. ¡Espero que te haya gustado el capi! ¡Muchas gracias por comentar de igual manera! :3
Lord fire 123 Ryo es peor que un muñeco de trapo, ya lo dije :v XD aguanta mucho ese pobre men jajaja
Respecto a lo de Takeru y la megapiedra, noup, ahí siguen siendo los mismos requisitos, un humano debe ser el que use la piedra activadora para evolucionar a un pokémon, imagínate que así no fuera :v, Takeru sería aún más broken de lo que es, pudiendo megaevolucionar cuando quisiera (de hecho, sí era capaz de hacerlo XD, lo hizo en su pelea contra Yoshiro, ¡Se necesitaba un nerfeo! Jajajjaa)
Ahora con el review uwu:
Todavía nadie descubre quien es el titiritero :v (será un traidor de la familia tal vez? (~o-o)~
Te salió bueno lo del thanos XD me hiciste reír, más aún porque lo pensé cuando lo escribí jajaja
Seeee quise dejar la sutileza de que Hiyori vive con Naoto en Nerito :v, no creí necesario explicar más de eso XD
Me cae demasiado bien Harumi XD, no tiene tapujos en avergonzar a sus hijos con verdades :v, pero siempre lo hace en familia, que lo hace mejor jajaja
Yuki es muy impertinente XD, pero no es mal chico, su relación de amor/odio con Harumi también me cae muy bien.
El nombre de la Eevee es Sachi, igual es entendible que se te olvidara, solo se dijo una vez :v, aunque ya en un futuro se comentará más de ella ^^
Un "pocillo" es como un tazón de esos con los que comes cereal, por ejemplo :v. Y si que está en casa ajena eh?! XD, me da demasiada risa ese niño, lo más probable es que lo haya hecho para enojar a Harumi por meterse en su cocina :v jajaja
Yuki nunca ha visto a Yoshiro como un amigo, lo respeta demasiado como para eso, Yoshiro incluso representa casi hasta una imagen paternal para Yuki después de lo que ocurrió con su padre en el pasado :3, por eso Sachi es la primera amiga puchamona salvaje que conoce (Sayuri y Ryo no cuentan porque ps no son del bosque :v jaja)
Ya ves que no fue espoiler?! Akira ni se mencionó durante el capi, muajajaja, el mal venció otra vez e-e XD, pero va, en los siguientes sin lugar a dudas se mencionará, tenlo por seguro.
Espero te haya gustado el capi uwu, realmente agradezco que comentaras! :3
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Eso sería todo chicos, ahora regreso con mis comisiones (hay que comer :v) y, sin más que decir…
¡Nos vemos en el siguiente capítulo! :D
