Código Guardianes Capítulo 116
Nota de autor: Para identificar a cada personaje, pondré un 910 o 911 entre paréntesis para identificar si es uno de los Guerreros o uno de los Guardianes, respectivamente.
Capítulo especial del día 31 de Diciembre de 2019 y ¡que conmemora 6 años de este fanfic que os esté gustando! Este capítulo ha sido hecho en colaboración con DarkClaw1997, Alejito480 y Felikis, sus Universos, y otros que puedan aparecer, serán diferenciados apropiadamente.
Aelita (910) meditaba tranquilamente bajo un árbol en la dimensión en la que vivían los Guardianes.
Les habían avisado que no era buena idea entrar a su dimensión por ahora, en palabras del arcángel Gabriel, su mundo era como una olla a presión que podía explotar por cualquier lado.
En cierta medida al menos estar allí les servía de entrenamiento hiper concentrado y diario, pues con los Guardianes podían luchar sin miedo a hacer daño al oponente, y estos les enseñaban trucos que podían usar con sus jutsus, y ellos a su vez enseñaban a los Guardianes técnicas de ocultación y de uso de energía de formas que ellos no habían llegado a imaginar, sobre todo en la letalidad.
Precisamente estaba concentrada en sus pensamientos cuando notó que al lado de ella se colocaba Electra (910).
-Levanta, tía. Tenemos trabajo -dijo, simplemente.
Aelita abrió un ojo, y la miró.
-¿Qué pasa? -preguntó.
La aludida sólo se hundió de hombros.
-No me han dicho nada, simplemente me han pedido que te llame y que vengas -le dijo, algo inquieta.
La otra simplemente se levantó en ese momento, no entendiendo a qué venía aquello. Últimamente los Guardianes habían ido y venido constantemente en la dimensión, y parece ser que no eran los únicos pues habían entrado y salido también aquel ángel, Seriel, y los dos arcángeles.
Los únicos que habían permanecido allí de forma constante habían sido ellos, los dueños de la casa, y la muchacha que había llegado pocos días antes y que seguía sin acostumbrarse a los cambios en su vida. No podían hacer mucho más ellos, se sentían en parte desplazados pero entendían las reticencias de sus homólogos, pues el enemigo era especialmente poderoso. Con ese pensamiento, se dirigieron rápidamente hacia la casa, donde los demás Guerreros ya estaban reunidos, así como los Guardianes, que llevaban su ropa civil pero que en cualquier momento podrían estar listos para el combate.
Eso era en cierta manera gracioso, ellos tenían cientos de artilugios para disimular sus prendas y los Guardianes con tan solo un chasquido de dedos podían cambiarse con la facilidad con la que se anda. En cualquier caso, en poco tiempo llegaron los que faltaban, y por la puerta aparecieron Asmeya y Jamily, esta última con cara de pocos amigos, pero con un libro de historia en la mano, uno de historia de Asmara.
-Tenemos un problema muy grave, y si no lo resolvemos me temo que todo puede cambiar. De alguna manera alguien modificó la historia antigua de Asmara, y eso puede repercutir gravemente en los hechos actuales -comenzó Asmeya.
La hechicera le tendió el libro, y esta lo abrió por una página ya marcada. Entonces se lo mostro: aparecía que, hace unos 10.000 años, en la vieja Asmara hubo una época de frías temperaturas en lo que sería el equivalente de Europa en ese planeta, y que por aquel entonces tenía un progreso tecnológico y social parecido al que se tenía en la Tierra siglos después, cuando Roma llegó a Asmara a través de portales naturales, pudiéndose extender como un imperio independiente del poder central, y, al quedarse aislado cuando los portales se cerraron hace 2.000 años, acabara naciendo el Reino Humano de Asmara de la sociedad que se quedó allí, y que a día de hoy se ha vuelto tan diversa y rica en múltiples aspectos.
-Alguien o algo ha hecho que dicha glaciación no terminara y que se haya mantenido a día de hoy si no hacemos algo pronto, y eso implica que ni los Guardianes, ni las gemas, ni ningún Estado actual de Asmara exista, y como comprenderéis eso no nos viene nada bien- les explicó.
Se instauró el silencio. Desde luego eso era problemático. Pero si alguien había alterado así la historia, ¿por qué no cambió esta instantáneamente? La razón la darían Susan y Marin.
-El tiempo es como un curso de agua que da giros, sube, y baja. Si afectas a una parte, las demás zonas se verán afectadas pero tomará un tiempo, durante el cual se puede intentar revertir el cambio y que todo vuelva a la "normalidad" -explicó Marin entonces.
-Sí, y al ser en un momento que nos queda relativamente lejos, el cambio se producirá pero no de forma inmediata, además, os recuerdo que la última vez algo parecido pasó pero igualmente tomó un tiempo hasta que hizo efecto, y durante ese rato pudimos actuar- continuó Susan.
Sus homólogas guerreras las miraban con admiración, incluso con estrellitas en los ojos, seguían siendo muy fan de las dos Damas del Tiempo.
-¿Pero cómo es posible que eso ocurriera? –preguntó Percy (910)-. Derrotamos a esos zombies de hielo. Incluso Jhonny y nuestra Noelia se cargaron al Rey de la Noche.
La aludida pensó con detenimiento. Tampoco tenía idea de cómo era posible que estuviera pasando aquello. Algo en su mente le cosquilleaba, como un pico de un higo de penca incrustado en un dedo, algo que de alguna manera, por irónico que pareciera para estos momentos, le llevaba pasando desde hacía un buen tiempo. Algo estaba mal.
-Sí, incluso le extrajeron el alma a ese ser –dijo Max (910).
-No sé, puede que alguien tomase su testigo. Tal vez no se murieron todas esas cosas y entonces por ello propagan el Invierno -dijo Aurora (910).
-Me temo que no –negó Asmeya-. Esa modificación tiene que ver con que, de alguna manera, hubo una alteración espacio-temporal que anuló lo que hicisteis. Es como si no hubieseis viajado nunca al pasado.
-Pero si alguien lo hubiese hecho, eso tendría que haber creado una paradoja –dijo Marin (910).
-Sí –asintió Susan (910)-. Cuando viajas al pasado, no viajas a tu pasado. Cuando viajas, ese pasado se convierte en tu futuro. La realidad se divide en dos dimensiones para no desestabilizar el flujo temporal.
-Exacto –afirmó Waldo (910)-. No es como la vuelta al pasado, que suprime un determinado momento de la realidad y de esa forma es como si no hubiese sucedido nunca. La realidad solo se ha corregido, pero no alterado.
-¡Mierda! Tal vez, esa magia tuvo el poder para hacerlo –soltó de pronto Noelia (910). El resto la miró con extrañeza.
-¿A qué te refieres? –preguntó Sam.
-¡A que somos gilipollas! Nosotros lo hemos provocado –hizo el amago de darse una cachetada en la cara, con expresión de fastidio-. Es simple, cometimos un error muy grave en aquella misión. Intervinimos en el tiempo, y eso era algo que no debíamos hacer de ninguna de las formas.
-Ya decía yo que esa misión no me olía nada bien –dijo Susan, enfadada-. Intervenir en el pasado. ¿Cómo se os ocurre?
El resto de Guardianes los miraron con una mezcla entre vergüenza ajena y decepción. Los Guerreros sintieron las miradas de desaprobación.
-Al menos nosotros no fuimos tan retrasados como para bajar al Infierno y condenarnos más al Apocalipsis -respondió Miguel (910).
Ese corte no se lo esperaron, lo que hizo que los huéspedes del Universo 910 tuvieran que contener la risa, mientras que los del 911 agacharon un poco su moral, avergonzados.
Entonces Susan observó cómo Noelia (910) murmuró algo parecido a: "¡En tu cara, perra!"
-¡Espera un momento, Noe! –dijo William (910)-. ¿Estás diciendo lo que creo qué…?
-Creo que sé lo que pasó –el silencio volvió-. No era nuestro papel el matar al Rey de la Noche. Tengo entendido que en este Universo las profecías son muy importantes, ¿no? –los aludidos asintieron-. Pues nosotros irrumpimos en una de ellas.
-Azor Ahai, ¿verdad? –preguntó William (910).
Noelia (910) asintió.
-Vale, no lo recuerdo muy bien pero ¿podríais contarnos a todos esta vez de que iba toda la cosa con lo del pasado de Asmara? Esta vez id al grano, por favor. –preguntó Jhonny, recordando el dolor de cabeza que le produjo toda la información de la vez anterior.
-Vale, chico. No te preocupes –digo William (910), giñando un ojo-. En los albores de Asmara, en un continente llamado Poniente vivían unos seres conocidos como los Niños del Bosque, estos estaban conectados con la naturaleza y algunos tenían la habilidad de introducir su mente en el cuerpo de otros seres vivos. Cuando al continente llegaron los Primeros Hombres, estos quisieron erradicar a los Niños. La guerra entre Niños del Bosque y Primeros Hombres finalizó cuando estos tuvieron un enemigo en común: los Caminantes Blancos. Los Niños del Bosque los crearon para destruir a los Primeros Hombres, podían alzar a los muertos como soldados. Un hombre menos era un soldado más de su ejército.
Pero se les fue de las manos, y esa arma de destrucción masiva quiso erradicar toda la vida del mundo. A esa época se la conoció como la Larga Noche, porque fue un Invierno que duro una generación. Personas nacían, crecían y envejecían sin haber conocido jamás el verano.
-Personas sabias de ambos grupos se reunieron y pactaron una tregua –siguió Noelia (910)-. Se unieron y combatieron a los Caminantes Blancos. En la Batalla por el Amanecer los Caminantes fueron exiliados a la zona más al norte de Poniente, entonces fue construido un enorme muro de hielo de costa a costa que separó las Tierras del Invierno del resto del continente. La paz regresó y todos felices. Los Hombres adoptaron los dioses de los Niños, y un grupo de personas conocidas como la Guardia de la Noche se quedó en el Muro para vigilar si regresaban los Caminantes. Luego hubo más guerras y tras 8.000 años ahora viene otra Larga Noche.
-En fin –William decidió terminar la explicación-, hay una profecía proveniente de un continente llamado Essos, de un sitio conocido como Asshai, que relata que hubo un príncipe llamado Azor Ahai, el cual quiso crear una espada que acabase con la Larga Noche. Durante 10 días la forjó, y al templarla en agua se quebró. Volvió a hacerlo durante unos 50 días, y la quiso templar en el corazón de un león, pero se volvió a quebrar. Lloró sabiendo lo que debía hacer. Esta vez tardó 100 días, llamó a su esposa, Nissa Nissa, le pidió desnudarse y le declaró su amor eterno. Hundió la espada en su corazón, su grito de dolor y éxtasis creó un cráter en la Luna, y de allí nació Dueña de Luz, la espada que acabaría con la oscuridad. La leyenda dice que Azor Ahai se reencarnará tras un largo verano, nacido de la sal y el humo bajo una estrella sangrante, unirá los pueblos de los hombres y devolverá la Luz al mundo cuando regrese la Oscuridad.
-Eso se parece a la profecía de Jesús –dijo Yumi, algo sorprendida.
-Lo sé –dijo Noelia (910)-. La cuestión es que nosotros impedimos que dicha profecía se cumpliera. Debemos regresar, pero en esta ocasión para hacer bien las cosas. Tendremos que intervenir lo justo. El príncipe que fue prometido debe encargarse de acabar con el Rey de la noche y acabar con la nueva Larga Noche. Los Caminantes Blancos tienen a un dragón en sus manos, y han destruido el Muro. Atacarán el bastión más importante del Norte. Imagino que cuando derrotamos al Rey de la Noche, con el fallo de la realidad lo que hicimos fue que su alma se liberase y viajase hasta su yo pasado, le comunicase lo que sucedería y ahora ha cambiado de estrategia. El Rey de la Noche es un Verdevidente, y puede hacerlo.
-Relataríamos más detalles, pero no hay tiempo –dijo William (910)-. Ni siquiera nosotros sabemos bien quien el Azor Ahai, pero debemos propiciar que la profecía ocurra. Todos asintieron
Mientras ellas cuatro hablaban, los demás se reunieron para poder decidir qué hacer, quienes iban a ir, y tenían que decidirlo pronto para no perder tiempo y resolver el problema cuanto antes. Teniendo en cuenta lo que pasó la última vez, y en base a los poderes de cada uno, decidieron que los más indicados para ir serían Ulrich y Jhonny de parte de los Guardianes; y William y Noelia de parte de los Guerreros.
Los Guardianes por tener poderes que les vendría de perlas para luchar, y los Guerreros por su mayor conocimiento del entorno. Si iban tan pocos era por la razón de la última vez: fueron muchos pero al final los que resolvieron las cosas fueron entre el Guardián de la muerte y la Guerrera al conocer los medios perfectos para derrotar a aquel que quería apuntalar la glaciación mundial que estaba cerca de asolar ese mundo: El Rey de la Noche.
Gracias a la última vez el único que no conocía aquello era Ulrich, aunque este sabía que había una serie de televisión y una saga de libros en el mundo de los Guerreros que relataban y estaban basadas en el mundo que estaban a punto de visitar. Y es que muchas historia que en la Tierra son ficción, en Asmara son realidad, y al revés también. Pero era sorprendente que eso se diera también en el Universo 910.
-Partiremos en breve, entonces. No podemos perder tiempo, si de verdad está en juego tanto, será mejor hacerlo cuanto antes -comentó Ulrich (911) entonces, mientras ya en su mente iba apuntando qué cosas serían necesarias para el viaje.
Normalmente ellos no iban demasiado preparados en cuanto a equipo, pero sus amigos Guerreros sí que solían prever bastante esas cosas, no por nada pese a tener poderes no eran unos tan fuertes. Además, y aunque un guardián tenía mucha más resistencia que un ser humano normal, y pese a poder estar sin comer ni beber (potencialmente, pues nunca se le puso a prueba), sus compañeros tampoco. Y eso requería preparación para poder tener esa parte, al menos, asegurada.
Por eso los cuatro subieron rápidamente a los cuartos, mientras los demás hablaban entre ellos. Les preocupaba lo que pudiera pasar con sus compañeros, pero compartían las preocupaciones de la aélida. Sin embargo, y sin que los demás se fijaran en ello, Noelia (910) tomo a Jérémie (910) de un brazo y con un gesto le pidió hablar en un sitio más privado. Este miró de soslayo a los demás, quienes no parecían haberse dado cuenta.
Anduvieron unos metros hasta el exterior del inmueble, y ella le habló entonces. Lo hizo en un murmullo.
-No sé a ti, pero a mí esa maga no me da buena espina… -le murmuró entonces, mientras le hablaba cerca del oído-. Oculta algo. Se tira horas encerrada en el despacho y de vez en cuando la he visto hablar con alguien mientras meditaba. Esto lo sé porque ella no suele hablar sola, y si lo hace no es en alto, sino más bien en un murmullo. Creo que se trae algo entre bambalinas y nos está engañando -le dijo, seria.
-¿Y qué crees que puede ocultar? -le preguntó el guerrero.
Ella se hundió de hombros.
-No tengo ni idea, aunque tengo varias opciones sobre qué puede ser. La llevo vigilando varios días, y me gustaría que, mientras esté fuera, seas tú quien siga con ello- le pidió.
El chico asintió entonces, mientras se apretaban la mano en señal de acuerdo.
-Ve con mucho cuidado, ella es fuerte, y casi me pilla un buen par de veces -le comentó.
-La próxima vez que nos veamos tendrás la verdad, te lo aseguro.
Fue entonces que vieron como los otros tres, los dos Guardianes y su compañero guerrero William. Ella se les acercó en el momento en el que William (910) le entrego su bolsa de viaje, a lo que ella simplemente murmuró un simple y leve gracias, y se la colocó al hombro. Allí se encontraba también Jamily, quien parecía no haberse percatado de la conversación entre los Guerreros halcón y loba.
-Sobra decir que si necesitáis ayuda de algún tipo, nos aviséis de alguna manera, y es una orden -le dijo a los cuatro viajeros, que simplemente le sonrieron de vuelta, al menos los dos Guardianes, mientras que los otros dos se limitaron a asentir.
Una vez que se despidieron de los demás, abrieron un portal que cruzaron con rapidez. Jérémie, haciendo caso a su compañera, decidió tener bajo su visor a la hechicera, aunque prefería tener a un par de ojos más sobre ella. Decidió pedírselo a Aelita (910), que se encontraba en las afueras de la casa, entrenado golpeando unas rocas, cortesía de Patrick (911), que estaba sentado por allí cerca en posición de loto, con los ojos cerrados y con su aura marrón rodeándole.
Ya que ella parecía estar concentrada en su entrenamiento, y para no sacarla de ese trance, decidió que se lo diría por el pinganillo que todos ellos compartían, mientras intentaba sacar de su mente todas las cosas que Noelia le había dicho, no porque no le pareciera importante, sino porque no quería que nadie pudiera leer en sus pensamientos o, en todo caso, en su energía. No era algo que le acabara de gustar, sabía que no lo hacían con mala fe, pero en esos momentos prefería tomarse unas distancias en ese sentido. Más si quería espiar a la que todo parecía indicar era la más poderosa de los suyos.
-Angelic, necesito que los demás, hagan lo que hagan, tengan un ojo puesto en Madamme Butterfly, Lycan (1) tiene sus sospechas de que algo oculta. Da la orden.
No tenía más modo de saber si ella había entendido o escuchado sus palabras salvo un suave gesto que ellos dos habían ido perfeccionado con los años y que era casi imposible de ver a no ser que supieras cual era, o tuvieras una vista sobrehumana.
No cambió el gesto cuando ella le dio la señal afirmativa, pero en su interior sonrió satisfecho. Ellos eran un comando bien engrasado, en tan solo un minuto todo el grupo estaría informado. Para no llamar la atención, subió hasta el segundo piso, y se introdujo en su cuarto. Este era ideal, pues desde el mismo se tenía plena vista del patio trasero, donde su objetivo solía colocarse a meditar. Seguramente Noelia (910) se colocaría allí a menudo durante sus investigaciones.
Pero desde la seguridad de su cuarto, él podría observar esa zona sin demasiadas dificultades. Cerró la puerta con llave, y sacó de debajo de su cama una caja negra bastante negra, y, tras abrirla, ante él vio un gran aparataje de espionaje que le daría envidia a cualquier agente secreto del gobierno. Sin apenas pensarlo, tomó una caja de lo que parecían lentillas, y se colocó una en su único ojo, para después tomar un pen drive al lado de su ojo robótico, que recibió varios programas que en el aparato se guardaban. Con los prismáticos en la mano, se sentó en el suelo, y se los colocó delante del rostro, mirando por tanto a través de sus lentes.
Sonrió, la tecnología era como la magia, te dejaba boquiabierto. En ese caso, aquellos prismáticos normales y corrientes, gracias a las lentillas y las innovaciones recién descargadas en su ojo biónico, le permitían ver a la perfección como Jamily se estiraba en el césped. Estaba realizando estiramientos bastante básicos, nada que ninguno de ellos hiciera a diario nada más levantarse.
La única innovación fue que estiró también los músculos de sus alas y que fue con cuidado en la zona de la tripa. Frunció mínimamente el ceño, bastante tenían con el aparente embarazo de dos de las chicas, primero la Aelita de ese Universo, y después de la joven que habían salvado de las manos de los demonios, como para ahora tener una tercera.
En esos temas reflexionaba cuando, tres cuartos de hora de después, delante de ella se materializó un individuo. Jérémie entonces acarició con cuidado su ojo biónico, y sacó con delicadeza una pequeña cámara de vigilancia de dentro de su ojo, que colocó con precisión en el alfeizar de la ventana, mientras indicaba a sus compañeros más cercanos a esa zona que se movieran, concretamente, a Xavier y a Aurora, que eran los más cercanos, pero sin ser vistos, claramente.
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El cielo estaba cubierto de nubarrones sobre la Academia Kadic. Pero no era la Academia en la que los Guardianes estaban estudiando, ni tampoco los Guerreros. Se trataba aquel de otro Universo, uno que ya Electra (911) había visitado previamente, y en la que vivía una versión bastante siniestra de Xana y que había tomado forma física.
Ya la guardiana la había advertido de no continuar con sus acciones, pero esta había seguido en sus trece, y lejos de detenerse en sus acciones, había seguido adelante, no solo matando, también secuestrando o torturando gente, y aunque hasta cierto punto podía entender sus acciones, no podía permitir ni tolerar que alguien con su potencial pudiera seguir adelante.
Aprovechando que ese día lo tendrían libre antes de ponerse a luchar contra los Jinetes o contra los Pecados, ella decidió que era el día idóneo para ir hasta ese Universo, el 912, pues más tarde es posible que no pudiera ir por razones varias, y porque antes le fue sencillamente imposible.
Sabiendo eso los demás Guardianes, se sentía confiada mientras atravesaba el portal que la llevaba hasta allí. No era esa Xana un rival para ella, estaba escalas por debajo de ella en cuanto a poder, pero ya había pasado previamente que una aventura en teoría fácil y sin demasiados potenciales contratiempos se habían acabado convirtiendo en pequeños quebraderos de cabeza. Pero seguramente por orgullo no llegara a pedir ayuda.
Durante los días que la había estado vigilando, que rondaban ya la semana, ella había podido ver como peleaba, mataba y torturaba a bastante gente en lo que a cualquiera le parecerían actos de una crueldad extrema pero que en su fuero interno había disfrutado más de lo que admitiría delante de nade.
Además, y por algún motivo, tenía de su lado a gente que ella bien conocía, pues junto a ella convivían Aelita, Jeremy, William, hasta Atenea estaba viva allí, aunque en esa Tierra la llamaban Anthéa. Lamentablemente no se podía decir lo mismo de Herb. Asmae también vivía allí, aunque allí la seguían conociendo por su pseudónimo, Taelia, y parecía también estar pasando por uno de los momentos más trágicos que vaya a vivir en su vida.
Tuvo que debatir durante un largo período si debía hacer algo para salvarla tanto física como mentalmente, pero decidió que no debía intervenir más allá de lo estrictamente necesario, y si bien le encantaría tirar abajo todas las bases y sacar de allí a esa pobre gente que sufría las mismas cosas que Taelia, o incluso peores, no debía hacerlo. Ese era otro Universo, debía dejarlo en las condiciones más puras posibles.
Pero el caso de Xana, y las otras dos entidades que tenían una naturaleza similar a la de la primera, sí eran cosa suya. Tenían sus mismos poderes sobre la electricidad, y teniendo eso en cuenta, se sentía responsables de ellos. Y que fueran verdaderas máquinas de matar no le permitía dormir todo lo profundamente que a ella le gustaría.
Es por ello que, nada más aparecer por allí, y sin intenciones de esconderse como la última vez, elevó su energía con fuerza, mientras se veía rodeada por la misma, en una demostración de poder que inundó el cielo de nubes de tormenta, con rayos relampagueando a cada paso que daba, dirigiéndose a Kadic con paso firme. Ninguno de los seres con los que pretendía enfrentarse, llamados neo-humanos, vivía en la Academia, pero sabía que ese era un punto común para todos ellos.
Aunque no los atrajera a todos, con uno al menos le sería suficiente.
-¡Dejaos ver, no seáis tímidos! -gritó, poniendo sus manos en torno a la boca, en forma de megáfono.
Podía notar la energía de uno de ellos, de Xana, concretamente.
Los otros dos aún no los conocía, pero suponía que serían parecidos a la otra, por lo menos en aspecto, en energía no lo tenía tan claro. Lo que sí tenía claro es que eran una amenaza con patas. En ello pensaba cuando llegó a las inmediaciones de Kadic, y precisamente en plena hora de descanso, así que había muchos jóvenes en el patio jugando y riendo.
Parecían ajenos a todo ello.
Dando un rápido vistazo, vio a la susodicha. No parecía haberse dado cuenta de que ella estaba allí, cosa rara pues en veces anteriores había sospechado desde casi el inicio.
Con una sonrisa, se acercó. Reconoció de inmediato a la versión de Aelita, Jeremy, Odd, Yumi y Ulrich de ese mundo, que estaban compartiendo mesa con la I.A, y en otra mesa, en solitario, estaba el alter ego de William en el Universo 912.
Suspiró, le hubiera gustado acercarse a él, pero tenía una misión que cumplir. Rápidamente entró a la cafetería como si fuera lo más común que ella hiciera, y sonrió al ser esta idéntica a la de su propio Universo. Fue entonces que se acercó. Faltaban unos pocos pasos hasta que su objetivo se giró y la encaró. Ella se detuvo entonces.
-Te ha costado -comentó Electra.
La otra la miró durante unos instantes, tardó unos segundos en recordar. Chasqueó la lengua, y la guardiana apretó los puños al verla seguir comiendo.
Tomó entonces una silla vacía, y se colocó justo al lado de ella, teniendo delante a Jeremy, que la miraba con sorpresa, y a Xana, que seguía comiendo como si nada.
-¿Qué quieres? -preguntó esta, seria. No habló hasta que acabó su plato de sopa.
Electra gruñó, sus ojos azules parecían relampaguear al mismo tiempo que lo hacían las nubes en el cielo.
-Te hice una promesa, ¿recuerdas? -las palabras salieron como un suave murmullo de sus labios, pero llevaba implícita una cierta amenaza que no pasó desapercibida para nadie.
Xana parecía aburrida con todo aquello. La miró con rabia, de estar a solas la intentaría fulminar con su electricidad. La última vez no funcionó, pero desde entonces se había fortalecido bastante, estaba segura que podía derrotarla fácilmente.
Pero la guardiana ni se inmutó. Simplemente sonrió con sorna. Sus ojos brillaron unos instantes, y se rodeó de su energía, que acumuló en la palma de su mano. Sin darse cuenta Xana, la colocó en la tripa de ella, mientras hablaba en un tono peligroso.
-Te avisé. Te dije que te destruiría si seguías, y lo has hecho. Y yo cumplo mis palabras -libero entonces su energía, que inundó el cuerpo de Xana, haciéndolo arder.
Xana chilló de dolor, nunca le había pasado algo así. La hubiera destruido allí mismo si el grito de pánico de Aelita no hubiera hecho parar a Electra, que la miró con cierto miedo, sin caer en la cuenta que esa joven, idéntica a su amiga, no lo era en realidad. Esos pocos segundos fueron suficientes para que la I.A diera un par de pasos hacia atrás y saliera de allí corriendo aprovechando el tumulto de adolescentes.
La Guardiana chasqueó la lengua molesta, y salió de allí en un parpadeo. Se rodeó de su energía y buscó a Xana, que estaba en el centro del patio, con los ojos llenos de furia, y con electricidad estática cubriéndola. En cuanto se cruzaron sus ojos Electra se lanzó a por ella con un rayo en la mano, dispuesta a demostrarle lo que era la electricidad de verdad, cuando tras de ella notó una energía similar a la de la chica que tenía delante, y le hubiera restado importancia de no haber recibido una patada directa al cuello. Esta fue lo suficientemente fuerte como para lanzarla contra los árboles, derribando uno en el proceso.
-Esto será divertido…. -comentó. Junto a Xana apareció otra joven. Era idéntica a ella, pero sus ojos eran azules, y su ropa deportiva era color negro, con una sudadera blanca.
Se levantó sin demasiadas dificultades, y aunque sabía que no se llevaban del todo bien, se sorprendió de que parecían estar discutiendo. Eso le venía bien a Electra, así que elevo su energía todo lo que pudo. Tenía poco tiempo para poder actuar, la última vez tuvo que estar poco tiempo allí, pero en esa ocasión quería tenerlo todo listo antes de poder irse, cuando ese Universo no pueda contener su energía.
Al parecer, el reinicio de Gabriel del Universo 910 había logrado el objetivo, había asentado aquel mundo en palabras de Susan y Marin, que comprendían bastante bien el tiempo y el espacio, respectivamente. Pero aún tenía que ponerse en funcionamiento en los mundos adyacentes, como era este, y hasta que no se estabilizara plenamente no podría actuar de forma plena. Pese a ello ya estaba bastante estabilizado, solo faltaban horas para ello en términos de las dos Guardianas, así que era el momento idóneo. Sonrió, esa vez no tendría excusas para dejar ir a sus enemigos.
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Se abrió un portal en mitad del bosque.
Del mismo, salieron los Guerreros, Noelia y William; y del grupo de Guardianes, Jhonny y Ulrich. Ellos cubrieron con sus poderes a los otros dos para que no notaran el frío glaciar que por allí hacía, y es que estaba todo nevado, teniendo varios metros de espesor aquella manta blanca que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Mientras, los dos guerreros sacaron de sus bolsas vestimentas, a su juicio, peculiares: capa negra con pelaje –aparentemente piel de animal- pardo, pantalones holgados negros, botas de cuero negras con algunos remaches metálicos, polainas marrones, camisa gris, pañuelo pardo en el cuello e interior de la camisa, chaqueta de cuero negro con bandas que cruzaban en forma de X a la altura del pecho, un faldón negro –el de William tenía placas metálicas, y el de Noelia unas láminas de cuero marrón junto a un corsé del mismo material y color, todos estos con remaches metálicos-, una gola metálica, hombreas metálicas con barias placas a lo largo de los brazos hasta el codo, guantes negros con remaches metálicos –en el caso de Noelia, estos incluían puntas para las falanges distales, que simulaban ser garras-, brazales de cuero negro con remaches metálicos, y cinturones negros con eslabones metálicos.
Ambos estaban bien provistos de armas blancas como espadas hechas de una aleación a base de acero con obsidiana –cortesía del Percy guardián y del Percy guerrero-, perfectas y letales contra el enemigo al que se disponían a atacar. A su vez, tenían pequeños cuchillos que en las manos de ellos eran armas letales, además de un rollo de papel con el que podían hacer jutsus de todo tipo.
A pesar de lo complejas y enrevesadas que se viesen, los Guerreros no tardaron mucho en ponerse las ropas –habiendo los Guardianes apartado la vista-, y en poco tiempo ya estuvieron completamente preparados para todo.
-Me siento algo avergonzado… -comentó Ulrich, mientras les miraba.
Ellos llevaban su ropa de manga corta, pantalones vaqueros y zapatillas deportivas. Bastante más simple todo.
Noelia (910) no dijo nada y se puso a andar, mientras olfateaba el aire. Los Guardianes del Fuego y la Muerte supusieron que inspeccionaba la zona, buscando posibles observadores o peligros.
William (910) le colocó una mano a Ulrich (911) mientras se hundía de hombros, e indicó que se comenzaran a mover. En esa ocasión irían directos al campo de batalla, sabían más o menos por donde se podía dar aquello: las cercanías de la fortaleza capital del Norte, una pequeña ciudadela de nombre Invernalia, y que tenía como estandarte al lobo. En teoría deberían estar todas, o por lo menos casi todas, las casas nobles de Poniente, nombre de aquel antiguo continente, y donde en un futuro estarían unificado el reino Humano de Asmara, entre otros Estados.
-¿Vamos a presentarnos de alguna manera o vamos a luchar directamente? -preguntó Jhonny. La última vez le presentaron sus respetos a una reina, llamada Daenerys, y que al parecer era la que estaba dispuesta a tomar el trono.
Ella era una de las líderes, al menos la más poderosa, gracias a tener dos dragones. Sin embargo, los Muertos tenían en su poder otro. Pero eso no les preocupaba especialmente, no estando dos Guardianes por allí. Podían derrotarlos fácilmente, aunque ya las gemelas habían pedido comedirse en usar sus poderes. Ya bastante la habían liado con esas cosas.
-Ensayaremos una presentación adecuada. Nuestra intervención deberá ser mínima. En cuanto a los poderes… será inútil ocultarlos.
-Pero… pensaba que no podíamos hacer eso –dijo Jhonny-. La última vez la cagamos por ello.
-No hay por qué mostrarlos en todo su esplendor, cachorro, sino tan solo una parte –respondió Noelia, de un tono algo extraño viniendo de ella, casi sonaba afectuoso.
-La realidad es que cuando entréis en batalla os veréis sobrepasados –siguió William-, y al final recurriréis a ellos. No os manejáis tan mal en combate, pero si fuerais humanos normales no viviríais. Os falta mucho en el apartado de peleas cuerpo a cuerpo –a los Guardianes no les gustó nada que hablaran así de ellos, que negaran su esfuerzo a nada. Habían pasado por muchas cosas, y se habían entrenado. Todo para que viniera luego un externo al grupo diciendo que todo aquel esfuerzo no había valido una mierda. Sin embargo guardaron silencio, no era el momento de discutir; ya bastante tenían que hacer-. Por eso debemos justificar nuestra presencia ante los líderes del ejército de los vivos.
-Si estamos aquí es por algo. Intervendremos, pero de forma no demasiado significativa, eso es cosa de otros. Por decirlo de alguna manera: seamos parte del foreshadowing, y no unos putos Deus ex machina –los Guardianes no entendieron muy bien lo último-. Cumpliremos nuestra parte, y le haremos caso a esas dos -comentó Noelia, en clara referencia a Susan y Marin.
Los tres chicos se miraron.
Creían que se habían, más o menos, reconciliado un poco. Pero no parecía el caso. Los dos chicos podían notar la cierta molestia que los Guerreros notaban con respecto a ellos. Ahora, al estar a solas, era más palpable. Al estar en la dimensión de Jamily apenas se sentía, pero en ese momento podían hacerlo sin problemas.
-No me gusta tener que leer la energía de alguien para saber qué le pasa, prefiero que me lo cuenten -comentó Ulrich, serio, colocándose rápidamente delante de los otros dos.
Noelia gruñó y le mostró los dientes, como si fuera un lobo de verdad. Siguió andando, golpeando al chico con su cuerpo al pasar a su lado, como muestra de enfado. Ulrich suspiró en ese momento, ligeramente enfadado, pero simplemente la agarró del brazo. Ella se giró rápidamente, no le gustaba el contacto físico, golpeó su mano con la garra, y salió corriendo.
-Vaya… -William contempló la mano del guardián del Fuego, de ser un humano común estaría sin mano en esos momentos, pero él estaba intacto.
-¿Le sucede algo? Eso es anormal, incluso para ella -preguntó Jhonny.
El guerrero se rascó algo la cabeza.
-Algunos compañeros… piensan cosas -comentó.
-¿Cuáles?
Ulrich sentía interés por ellos. Pero William simplemente siguió adelante, claramente prefería no hablar con ellos, no de eso al menos.
Así que simplemente se dedicaron a andar hacia ninguna dirección en apariencia, y al cabo de unos veinte minutos a lo lejos pudieron ver las murallas de lo que debía ser Invernalia. Podían notar desde allí el nerviosismo y la tensión en el ambiente, no solo de los habitantes locales, también del gran ejército que allí se concentraba, un millón de almas dispuestas a luchar contra la Muerte misma, casi de forma literal, pues el enemigo común de todos ellos era precisamente muchos muertos en pie.
-Están aún a cincuenta kilómetros, tardarán en llegar un par de días más, tenemos tiempo de sobra para poder prepararnos y asegurar que la profecía que nos contasteis se haga real- Ulrich se estiró algo, elevando un poco su energía.
-Pues vamos a la esa ciudad entonces -ante esas palabras de Jhonny, se movieron hacia la ciudad, con la intención de cumplir con su misión.
Los dos guardianes se rodearon de su energía, y sobre sus cuerpos aparecieron unas prendas iguales a las de sus compañeros, y en las manos de Noelia apareció un rollo de papel con un corto texto escrito, que abrió al momento y leyó atentamente. Se mofó algo por dentro, y le tendió el documento a William.
"Nos presentamos como soldados de fortuna, que lucharan a su lado por el precio apropiado. De ser necesario, entonces saquemos a R'hllor.
–Guardianes y Guerreros de Lyoko."
-Perfecto.
Sin responder, los otros dos se movieron, provocando la molestia de ella, pero les imitó.
Ella sabía que, en un enfrentamiento cara a cara con cualquiera de ellos, acabaría muerta en pocos instantes. Eran imposibles de derrotar, no por ella al menos. Y le molestaba mucho su hipocresía. Pedían unas cosas a ellos pero no lo aplicaban en sí mismos, y eso le parecía, además de hipócrita, de tener un ego enorme.
Pero prefería no meterse en ello, no era su problema ni le interesaba en lo más mínimo. De ser ella la que estuviera al mando hacía tiempo que se hubieran ido, pero eran Jérémie y Yumi los que dirigían el cotarro, así que donde hay capitán no manda marinero, como quien dice.
Con esas ideas en la cabeza, llegaron a las puertas de Invernalia, donde varios guardias custodiaban el portón.
-Muy buenas, señores –dijo William-, ¿serían tan amables de dejarnos pasar?
Estos lo miraron, con el ceño fruncido.
-No parecéis de por aquí –dijo uno de los soldados-. ¿Sois acaso parte de la leva del Valle?
-No, señor. Somos soldados de fortuna. Verá, queremos hablar con la reina, y estoy muy seguro de que si sabe quiénes somos nos recibirá…
-Esto no es un juego, chico –interrumpió otro soldado-. Si sois mercenarios entonces marchaos de una puta vez.
-Déjeme explicarme. Los prejuicios no son…
Si Noelia no hubiese reaccionado con velocidad, William hubiese recibido un puñetazo en la cara.
-¿Enserio te ibas a dejar pegar? –preguntó Noelia.
-Hubiese mostrado mis habilidades. Pero ya que estos soplapollas quieren… –el guerrero abandonó toda cortesía-. Cuando acabemos, terminaréis yendo raudamente en busca de la reina –los otros soldados se pusieron en guardia-. Ulrich, demuéstraselo.
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Tras poner en funcionamiento a todo el mundo, y con una esterilla bajo el brazo, se dirigió a una distancia prudencial de todos los demás, sobre todo porque iba a estar pensando en sus cosas y sin prestar atención a casi nada y podría tener problemas si alguien la alcanzaba con sus golpes. Y es que su reciente embarazo la había puesto en aviso en general, prefería no meterse demasiado en combates y en potenciar su energía, pero sin hacer grandes esfuerzos físicos.
Llevaba mucho tiempo deseando eso y, durante su vida había sufrido mucho como para que ahora ella se lanzara al combate y pudiera perder a las vidas que en ella crecía. Una vez que estuvo a una distancia de seguridad aceptable, colocó la esterilla en el suelo, y se colocó sobre ella. Fue estirando grupo de músculos por grupo de músculos, con su energía recorriendo su cuerpo de lado a lado, y al mismo tiempo las de sus hijos neonatos hacían lo propio.
Ella sonreía al notar las oleadas, pero dejó de sonreír en el momento en el que ante ella apareció Mahasiel. El serafín parecía en cierta medida contrariado.
-Tengo que poner un portero a las puertas de mi dimensión, aquí entra todo el mundo que quiere… -murmuró ella.
Estaba de rodillas, estirando su cuerpo de tal manera que colocaba las palmas de su mano lo más lejos que podía en el suelo, de tal manera que los músculos de su espalda se alargaban todo lo que podían. Pero el serafín no se dio por aludido.
-¿Puedo saber por qué mandas a cuatro personas al pasado, si aquí tenemos un buen jaleo? -le preguntó, mientras se cruzaba de brazos.
Ella le miró con cierta molestia, pero respondió.
-El pasado de mi mundo corre peligro, debía protegerlo -le dijo.
Mahasiel gruñó.
-Veo que no lo sabes… -murmuró, mientras su energía peligrosamente le rodeaba.
Ella le miró en ese momento y le imitó. No le gustaban las acciones de su maestro en esos momentos.
-Dios ha tomado una decisión. Ha decidido actuar por primera vez en eones, y esto será muy muy intenso, te lo aseguro -murmuró serio.
Ella se levantó entonces, sobresaltada.
-Pero no podemos hablar aquí. Hay muchos ojos y oídos, no me gusta que nos veamos en este sitio. Nos veremos en tu casa en la Tierra -le indicó.
Desapareció entonces en el aire, y ella apretó los puños con rabia.
Odiaba recibir órdenes, aunque fuera de aquel que le enseñó a usar su energía. Solo las aceptaría de su primer maestro, aquel que le enseñó los primeros pasos de la magia, y a despertar su energía. Por muy serafín que el otro fuera, ella sólo le reconocería como Maestro al primero de todos ellos, y a Oscuridad. Pese al encierro que había sufrido durante tanto tiempo, tenía una mínima influencia en aquellos que son sus heraldos, como era ella, y gracias a los poderes de Oscuridad, que la habían potenciado, era capaz de lo que era capaz, y eso lo agradecía. Es por ello que la respetaba y estaba dispuesta a dejarse hacer o mandar por Mahasiel.
Ella era consciente de que el serafín la protegía y la consideraba como su protegida, pero la chica no correspondía del todo, no por todas las mentiras que él le había contado. Pero llevaba razón, desde hacía un rato había notado tras de sí varias miradas que la llevaban incordiando desde hacía rato, pero no sabía si era cosa suya o algo real.
Giró mínimamente su rostro, en cierta medida consciente de todo aquello, y delante de ella abrió un portal, que cruzó.
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La batalla entre Electra y las dos jóvenes, que parecían hermanas gemelas, se había tornado demasiado violenta como para poder realizarse en el patio de Kadic. Es por ello que Electra había llevado a las dos, esquivando con facilidad los golpes, hasta la zona con árboles cercano a la Academia, en la linde del bosque, donde podrían luchar sin demasiados contratiempos.
Precisamente las otras dos se reían de ella por, en apariencia, huir de ellas cuando se había lanzado a por ella.
-¡Eres una cobarde, estúpida! -Aliane le lanzó un par de esferas de energía desde sus manos, y se las lanzó a Electra.
Esta las esquivó, e impactaron contra un árbol, que cayó derribado al suelo, con la zona del golpe totalmente carbonizada.
En esos pocos golpes la guardiana se había dado cuenta de que Xana tenía más fuerza física y resistencia que su compañera, pero esta tenía una mayor estrategia que la otra, que iba de frente.
En cambio, Aliane se dedicaba a intentar llevarla a una zona en la que ella se sintiera fuera de lugar, como era una zona arbolada, donde la velocidad de Electra no fuera tan determinante como lo era en una planicie. Pero igualmente la diferencia de poder estaba ahí. Pese al aumento de poder de Xana seguía sin poder lanzar ataques a la velocidad del sonido, y la otra entidad tampoco era mucho mejor, estaba incluso mínimamente por debajo.
En ello pensaba cuando Electra lanzó varias esferas de energía que impactaron en los cuerpos de ellas, que salieron volando contra la pared lateral de unos edificios de Kadic, a varios metros de allí. Electra se rodeó de su energía entonces, mientras andaba lentamente hacia ellas.
-Joder… -murmuró Xana, mientras salía del cráter que había formado en la pared.
Aliane la imitó, con el cuerpo algo magullado por la fuerza del golpe.
-¡Si os rendís, os ejecutaré sin dolor! -gritó Electra.
De sus brazos salieron haces de luz que ninguna de las dos pudo ver.
Aguantaron un gruñido de dolor más por ego que por otra cosa, pues ese ataque había bastado para hacerles un daño que normalmente nunca recibían, y eso que sólo les había atacado una vez, desde que comenzó el combate sólo se había defendido.
Antes de que pudieran reaccionar la tenían delante, con sus manos rodeadas de electricidad, y les golpeó con sendos rayos que hubieran sido suficientes para matar a un ser humano, pero que a ellas simplemente les provocaba un pequeño dolor.
Pero no paró ahí, y de sus manos salieron cientos de haces de energía que golpearon su cuerpo a una velocidad que ni podían ver venir los golpes. Antes de que pudiera rematarlas, Xana le tiró tierra a la cara, lo que bastó para detenerla unos instantes, cosa que aprovechó para encerrarla en un domo rojo, y, antes de que pudiera hacer nada, chasqueó los dedos.
Instantes después se produjo una explosión en el interior del domo tan potente que hubiera destruido una ciudad sin demasiados problemas, y sonrió satisfecha al no notar la enorme energía de su enemiga.
Aliane se acercó a ella.
-¿La has matado? -preguntó, a lo que Xana asintió, satisfecha. Pero su sonrisa se desvaneció cuando, dentro del domo, desapareció la polvareda.
Vieron a Electra, rodeada de su energía, con los puños apretados y sus ojos brillando como dos pequeños focos.
Parecía realmente furiosa.
En su mano se materializó un gran martillo, que lo enarboló, y del mismo salieron grandes rayos que en cuestión de segundos destruyeron la cúpula que la confinaba. En cuestión de segundos, la guardiana las tomó del cuello, y las llevó contra un árbol, con agresividad.
-¡¿Cómo puedes estar viva, si solo eres una humana?! -gritó Aliane entonces.
Electra sonrió un poco, mientras se rodeaba con sus poderes. Los rayos comenzaron a caer con más asiduidad y eran cada vez más potentes.
-¿Humana? -se rio entonces, pero no parecía una de diversión. Las golpeó con más violencia aún-. ¡Soy una maldita diosa! -las lanzó entonces por los aires y, mientras estaban volando.
Las golpeó con sendos rayos, cayendo al suelo.
-¡Lo más poderoso que nunca conoceréis, esa soy yo! ¡Y ahora os daré muerte!
Elevó más aún su energía. Debía darse prisa, tenía mucho que hacer y poco tiempo que perder, así que, sin dar tiempo al enemigo de reponerse, lanzó un muro de energía que barrió con ellas y las hizo golpear contra árboles, que comenzaban a ceder con el viento que la tormenta recién generada estaba produciendo.
Electra vio por primera vez miedo en los ojos de Xana. La última vez solo pudo ver arrogancia a pesar de cortar su piel con Excalibur a la velocidad de la luz. Ahora que había mostrado más fuerza, ella parecía estar contra las cuerdas, pero duró unos segundos, pues la determinación se abrió paso a través de ella y la intentó golpear.
Le dio un golpe con la cabeza en el rostro, pero más que herir físicamente a Electra fue algo en el ego. Por ello, la golpeó con haces cortantes de energías que podrían cercenar miembros enteros, aunque a Xana simplemente le hicieron largos cortes a lo largo del cuerpo.
Aliane también recibió varios golpes, que la tiraron al suelo, mientras sangre llenaba lentamente el suelo.
-Miserable…- gruñó Electra, mientras tiraba al suelo el cuerpo de la I.A. junto con la otra, pues estaba inconsciente.
Alzó entonces su brazo, dispuestas a cortar su cuello, y del mismo salieron nuevos haces de luz que hubieran logrado su objetivo de no ser porque fueron desviados en el último instante por una barrera de energía.
Eso sorprendió a Electra, pues no venía de ninguna de las dos.
Además, notó un poder inmenso venir desde lejos. Y le era muy familiar, pues la suya era casi idéntica. Vio aparecer por allí a una mujer mayor, de pelo gris, y con los ojos brillando ligeramente. Iba en silla de ruedas, cosa curiosa, pero claramente tenía un poder… superior. Muy superior.
-Has crecido mucho como guardiana… -murmuró la anciana, mientras se acercaba hasta ella. Electra la contempló con interés.
-Usted… ¿María? ¿Mi predecesora?
La aludida asintió.
-Aunque en este cuerpo me llamo Lisa, así es. Y ellas, junto con un tercer joven, son muy interesantes para mí. Renací en este Universo y pensé que debía intervenir a la luz de los acontecimientos. Yo me encargaré de ellas -dijo.
Claramente daba a entender a Electra que mejor era no intervenir.
-Son un peligro, sin ofender. Es mejor matarlas ahora antes de que… -pero la otra la detuvo con un gesto.
-Insisto -dijo, con un tono fuerte.
Electra apretó los puños, ligeramente molesta, pero debía obedecer. Además, la gema reaccionaba a la presencia de su dueña original, y le transmitía esa misma sensación.
-Ella seguirá con sus asesinatos… Supongo que usted sabrá todo lo que ella está haciendo -a eso, la mayor asintió-. ¿Y no cree que es mejor tenerla confinada?
Negó Elisa, entonces.
-Ella forma parte del equilibrio natural, está aquí por cosas que únicamente unos pocos seres conocen, créeme, les conozco.
Electra asintió.
-Yo también lo hago, sí… No me hace gracia esto, pero tendré que aceptarlo -comentó seria. Pero señaló a las jóvenes-. Si ponen en peligro mi mundo, no dudaré en matarlas yo misma, Elisa, aunque usted misma se ponga delante de mí -se rodeó entonces de su energía.
Todo tembló en ese momento, y una energía inmensa color cian lo rodeó todo. Alzaron las dos su vista al cielo, y Electra gruñó.
-No me jodas… ¿Qué ocurre? -preguntó seria.
Fue entonces que reconoció el poder de Marin llenando todo el mundo. Y más allá. Pero sin duda no era ella, pues sus poderes no llegarían tan lejos. Algo malo debía estar pasando, pues ese mundo… Notaba cosas que no le gustaban.
-Creo que algo serio está pasando, debo irme… Tendremos que hablar en otra ocasión- comentó, mientras se rodeaba de su energía, y se transformaba en un águila.
Alzó el vuelo, y desapareció en el aire, mientras volvía a su dimensión. Le preocupaba lo que pasaba, esperaba que no fuera nada grave, pero algo en su interior le decía que no era así.
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Sólo se podía escuchar el silencio más absoluto en aquel sitio. Había oscuridad casi total, únicamente iluminaba aquel sitio la imagen de galaxias al fondo, con cientos de millones de estrellas en cualquier lugar que uno mirara. Era un espectáculo realmente bello.
Desde allí, uno podía observar la magnificencia de aquel lugar, pero estar en el vacío del espacio, sin gravedad, era ciertamente incómodo, por eso, nada más aparecer allí una figura luminosa con forma humanoide, alrededor de sus pies se formó una plataforma de piedra y mármol dorado, perfectamente pulido, y que era lo suficientemente grande para poder albergar sin demasiados problemas un campo de futbol. Esa entidad, al posar sus pies en ese suelo recién creado, su piel dejó de brillar con tanta intensidad, pero seguía siendo luminoso como una bombilla, pero al menos ahora no haría daño a los ojos.
A los pocos instantes, y junto a esta, aparecieron otras cuatro figuras. Una de ellas era Muerte, que contaba con su cuerpo habitual y el que usaba cuando trabajaba junto a Azrael.
-Nos ha convocado, Luz. ¿Sucede algo?- preguntó entonces una de ellas. Esta era una esfera de tono índigo, y que, como las demás, tomaron forma humanoide y que brillaban en tonos magenta, índigo y dorado. Muerte, por su lado, estaba rodeado por su energía, color plateada.
-Creo que es por lo que están haciendo las criaturas que nacieron a partir de su lucha contra nuestra hermana, ¿verdad? -preguntó una de las esferas, la dorada.
Tenía una voz femenina bastante agradable.
-Así es, Vida.
Luz se giró en ese momento, mientras de un gesto, les llevaba a todos al Cielo.
En la sala central, donde se apostaban los tronos y que usaba el arcángel Miguel para gobernar desde allí a sus ángeles, aparecieron todos ellos, ya sentados en los diferentes tronos que allí había.
-El Megaverso está en peligro, hermanos y hermanas, y es por causa de las creaciones de mis hijos -comenzó Luz entonces, serio-. Las energías que han aparecido a raíz del Apocalipsis, como yo mismo preví y también lo hizo Tiempo, están afectando a demasiados Universos, y ahora puede afectar a otros Megaversos. Y eso no es algo que debamos permitir. Me hago responsable de ellos, al fin y al cabo yo insistí en crear a los arcángeles en un primer lugar, y también soy responsable de la aparición de los mundos inferiores a este.
Entonces se levantó y se rodeó de su energía, mientras andaba.
Llegó hasta un tablero que se materializó ante él, y que se iluminó ante su presencia. Los otros Supremos se le acercaron con curiosidad, y le observaron encender su energía, al mismo tiempo que movía sus manos en torno a la mesa recién aparecida.
Pudieron notar fácilmente la energía de Luz desplazar la materia, y se sorprendieron en cierta medida. Esas demostraciones de poder, pese a poder ser hechas por cualquiera de ellos, de los cinco Supremos presentes, seguían siendo hermosas de ver desde fuerza.
Tan solo esperaban que nadie hiciera nada extraño durante el tiempo que durara ese proceso, que, al tener que mover miles de Universos, incluso a alguien tan poderoso le tomaría un tiempo.
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Mientras todo esto pasaba, Jamily apareció cerca de unas columnas, en unas ruinas griegas en las cercanías de Atenas. Una zona de bosque rodeaba aquella área, que estaba bastante poco alterada por la mano del hombre, y en cierta medida le recordaba a lo que ella había conocido de Asmara.
Esperaba por el bien de todos que aquella aventura en el pasado de su mundo saliera bien, por el bien de todos los que vivían en su dimensión, y por ella misma. Mientras pensaba eso, de nuevo tenía delante a Mahasiel. Este parecía más nervioso que antes.
-¿Lo puedes notar, verdad? Los Universos están siendo movidos, y eso puede ser… Maldito apocalipsis… -gruñó entonces.
-Las gemelas no han dicho nada, pero sí, puedo notar cosas raras desde hace unos minutos.
¿Quién puede ser? No creo que sea nuestra ama… -murmuró ella, pensativa.
El serafín negó.
-No, no es Oscuridad, sino mi padre, Luz. Es él el que lo hace, y eso es lo preocupante. Creo que esta intervención se debe a todo lo que está pasando. Y no sé si nos afectará negativamente. Por eso, te ordeno que traigas a esos muchachos de vuelta, puede que todo se delante más de lo previsto -ella entonces torció el gesto.
-A mí ni los arcángeles me han dado órdenes, Mahasiel. Y aunque seas mi maestro, ¡ellos son MIS muchachos! ¿Vale? Y confío en ellos, sobre todo en William. Yo misma la elegí, junto a la gema, para todo esto -le espetó.
El serafín no parecía bastante contento con todo aquello, y sintió ganas de recordarle los poderes con los que contaba, y precisamente se disponía a alzar su energía, cuando notó otras energías, mucho más pequeñas que las de ellos dos, en los al rededores, formando un círculo cerrado en torno a ellos.
Frunció ligeramente el ceño por ello, le recordaban a los poderes de los Guardianes, pero rebajados. Debían ser los famosos Guerreros de los que ella a veces les ha hablado. No le eran demasiado relevantes pero si habían oído de más podían llegar a ser peligrosos.
-Recuerda, niña, Oscuridad nos recompensará cuando sea libre, y tú, como heraldo, serás recompensada. Pero no le gustan los engaños o la falsedad -dijo, para después desaparecer de nuevo en el aire.
Ella giró el rostro entonces, entiendo en mensaje. Miró por el rabillo de su ojo, y pudo notar las energías de varios de los Guerreros. Al notarles tan nerviosos era evidente que lo habían oído todo, y les atrajo a ellos con un gesto, usando tus poderes. Oyó un grito, y vio como una sombra muy veloz salía corriendo de allí, mientras que Jérémie y Yumi eran arrastrados hasta ella. Ambos Guerreros la miraron con cierto miedo, mientras ella les miraba.
-¿Qué habéis oído? -les pregunto, mientras su mirada se oscurecía. Como ninguno de los dos dijo nada, ella rodó los ojos, y de un gesto, les removió las entrañas con fuerza-. Decídmelo -ordenó.
Sudando, Yumi (910) negó.
-No sé a qué os referíais, pero si ha sido suficiente para asustaros a vosotros dos, no debe ser bueno, ¿verdad? -gruñó entonces, pero tuvo que escupir algo de sangre.
Ella volvió a apretar.
-Puedo estar así todo el día, niños -les amenazó, mientras seguía elevando su energía.
Jérémie (910) sonrió un poco.
-Aunque nos mates… -tosió sangre entonces-. Esta conversación ha sido enviada ipso facto a todos los dispositivos de nuestros -escupió sangre de nuevo- compañeros de Universo… En cuanto lo vean podrán reproducir el audio, y lo sabrán todo. ¿Quién sabe? Estas más que jodida… -le dijo Jérémie (910) entonces.
-Es muy posible que ya lo sepan y estén viniendo hasta aquí, o en vez de eso prefieran irles con el cuento a los Guardianes. No creo que eso les haga mucha gracia, y menos a tu marido.
-le dijo Yumi (910).
Ella chasqueó la lengua.
-Estáis cometiendo un grave error, niños. Yo soy una heraldo de la Oscuridad, pero eso no implica que quiera verlo todo destruido -le dijo.
-Eso me suena más a las patéticas justificaciones de una ególatra, prepotente y dictatorial lideresa de un país bananero, que de una verdadera heroína. Créeme, conozco a varios -le espetó la japonesa.
Jamily frunció el ceño.
-Me temo que no puedo permitir que esta información se filtre.
Ella se rodeó entonces de una energía oscura como la noche. Sus ojos se volvieron negros, y de su ser emanó una fuerte luz negra. Ambos pusieron una mueca de dolor, pero no dijeron nada de lo que ella quería saber cuándo siguió usando sus poderes para sonsacarles la información. Eso molestó a la hechicera, que no podía permitir que su secreto se desvelara.
No al menos en esos momentos. Debatió consigo misma unos momentos sobre qué debía hacer.
Ante ese ataque, temiendo por su vida, y agradeciendo que Noelia le pidiera tenerla vigilada
-pues sospechaba de un tiempo a esta parte que algo muy turbio pasaba-, Jérémie usó una de sus bombas de humo para que ambos escaparan, al menos momentáneamente, de allí.
Pero antes de poder hacerlo, los ojos de Jamily se envolvieron en oscuridad, así que ella simplemente sonrió fríamente. Se rodeó de su energía, que adquiría cada vez más tonalidades oscuras, y se disponía a atacar.
Ellos gritaron por el dolor, pero pararon en el instante en el que unas manos distintas salieron de ambos tórax, las cuales estaban ensangrentadas. Gotas caían de sus dedos, y Jamily los observó con cierto interés. Pero luego posó su mirada en los dos jóvenes. Ambos parecieron murmurar algo, como una plegaria, un nombre distinto el uno de la otra.
Sus corazones habían sido atravesados, por lo que la muerte fue muy rápida. Al menos ella tuvo cierta compasión al acabar con sus vidas.
-No ha sido por vosotros, chicos. No podía permitir que fuerais con el cuento a los demás. Aunque diría que una se me escapó…- murmuró seria, ella. No podía asegurar si lo dicho por el chico era verdad o no, pero prefería no jugársela con eso.
Oyó una risa divertida detrás, reconociendo a la dueña de esa mano, no solo por la tonalidad de la carcajada, también por la energía que de ella emanaba. Jamily gruñó un poco.
-Déjame verte, al menos- fue entonces que apareció Lilith por detrás del hombro de Jérémie. Sonrió un poco ante eso, mientras tiraba los dos cadáveres al suelo y observaba a la aélida.
-¿Necesitas ayuda, guapa?- le preguntó entonces la diablesa, con una cara de diversión genuina. La otra gruño, mientras se alejaba algo de ella.
-No tengo tiempo para bromas, Lilith- le dijo, y se disponía a irse de allí cuando la otra la paró agarrándola del brazo.
-Tu y yo tenemos intereses comunes, y creo que esta situación puede ser… beneficiosa para ambas -le dijo, mientras la otra la miraba.
-¿Cómo dices? -preguntó.
La otra sonrió siniestramente.
-Me alegro que lo preguntes… -respondió-. Ellos son unos pesados, no van a parar hasta que te desenmascaren, más ahora que tienen pruebas, así que te viene bien que desaparezcan. Y a mí me viene bien porque les quito a tus niñitos un apoyo. No serán la gran cosa, pero al menos les jodo un poco -afirmó.
-¿Y qué propones? ¿Matarlos a todos ellos antes de que puedan decirle nada a los Guardianes? -preguntó Jamily.
Lilith suspiró pesadamente.
-¡Ten imaginación! Aprovecharemos que Luz está moviendo todo el Megaverso para reiniciar ese Universo. Será fácil, aún hay mucha energía de Azrael en el ambiente pero sobretodo de Gabriel, y entre las dos podremos hacerlo e influenciar lo suficiente como para que no sean un dolor de cabeza de nuevo -extendió la mano entonces.
Jamily se lo pensó unos segundos, pero apretó la mano de la otra, que sonrió con diversión, aumentando su energía enormemente en pocos segundos.
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Mientras realizaba esa separación de los Multiversos, Luz podía analizarlos uno a uno.
El epicentro de esa energía terrible que llenaba los Universos venía precisamente de aquel en el que vivían los Guardianes, así como otros grupos de héroes. Frunció mínimamente el ceño al sentir como una ola de energía oscura, que le recordaba a la de su hermana, se expandía como un maremoto por todo el Universo 910.
Suspiró por ello, sabía que Lilith era la responsable de ello.
-¿Lo podéis sentir, verdad?- preguntó en voz alta, sin dejar de realizar su labor. Los demás asintieron.
-¿Deberíamos intervenir? No creo que sea buena idea que una diablesa llene de su energía un Universo entero. No de su energía… sino la de Oscuridad. Un poder ponzoñoso… -murmuraba Vida, mientras cruzaba sus brazos en torno a su pecho.
Podía sentir en todo su ser como se llevaba a cabo el proceso.
-Bueno o no, no es algo en lo que debamos intervenir -opinó Espacio.
-Eso es algo ajeno a todo este proceso, eso es cierto -comentó Luz.
Le daba cierta pena por el destino del mismo, pero eso era algo en lo que prefería no meterse, no por ahora al menos. Sabía que si Lilith inundaba los átomos de ese Universo con sus poderes, unidos a los de Oscuridad, saldría algo bastante negativo, por no decir que incluso retorcido.
Pero eran decisiones de la propia Lilith, y sería hipócrita entrar ahí, y no haberlo hecho cuando Gabriel lo hizo, teniendo de excusa que sus cimientos estaban resquebrajándose. En ese caso, y aunque ellas no lo supieran, estaba pasando de nuevo lo mismo. Gabriel había puesto parches, ellas parecían dispuestas a cambiarlo y bastante.
-Las dejaré hacer. Los poderes que usan son de mi hermana, eso estabilizara todo y además rápidamente. Los efectos negativos que pueda haber son superados por los positivos -comentó.
-Espacio, bloquea este Universo mientras yo lo muevo -pidió entonces.
Este sería el más indicado para poder realizar esa labor. Su hermano asintió, se acercó, y se rodeó de su energía mientras expandía sus manos como hacía Luz.
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Pocos minutos tuvieron que esperar hasta que volvió un soldado, que abrió una rendija en la puerta de entrada, y les invitó con un gesto a entrar.
Ellos así hicieron, y ante ellos apareció un pequeño patio lleno de zonas de trabajo de herreros, que golpeaban con sus martillos los materiales para hacer protecciones y armas, a un ritmo inaudito para cualquier persona. Estaban yendo a toda máquina para hacer cuanto más mejor, pues literalmente les iba la vida en ello. Junto a ellos, varios soldados probaban las armas contra hombres de paja o de tela, y entrenaban entre ellas entrechocando sus metales, hechos en buena medida de obsidiana, allí llamada vidriagón.
Pronto vieron a dos personas: una mujer y un… hombrecillo. A ellos se acercaron por la guía del soldado que los custodiaba.
-Mis señores -el soldado se cuadró ante ellos.
-Puedes retirarte –indicó el hombrecillo.
Su cabello era rubio platino, con una barba frondosa de color negro, ojos de distinto color -uno verde y el otro negro-, y una larga cicatriz le cruzaba el rostro. Usaba un jubón de cuero negro, pantalones holgados negros, botas negras, guantes negros, capa negra y un broche de plata a la altura de su corazón, el cual representaba una mano izquierda tomando la hoja de una espada sobre un aro.
Y era un hombre que, evidentemente, padecía de enanismo.
El soldado atendió a su orden y se marchó. Entonces el hombrecillo se adelantó.
-Mi nombre es Tyrion Lannister. Mano de la Reina –los viajeros se inclinaron un poco, para luego volver a cuadrarse-. En cuanto han caído las noticias sobre tan… particulares visitantes, no me he podido resistir a verlos. ¿Qué tan locos podrían estar unos mercenarios como para venir a tan septentrional lugar que, a estas alturas, es el fin del mundo?
William hincó su rodilla, poniéndose a su altura. Su rostro adoptó un gesto soberbio.
-Si tan ilustre persona se preocupa en recibir a unos simples mercenarios, entonces temo por la vida de la reina.
-La reina ya ha tratado con mercenarios en el pasado, y sobrevivido a otros. Sin embargo, no eran guerreros al uso.
-Se cuenta que, ni más ni menos, los Segundos Hijos. ¿Me equivoco?
Tyrion lo miró con curiosidad.
-Estáis muy al tanto de todo. Aunque ciertamente, la fama de su majestad la precede. No sois los únicos en este lado del mundo que conocen los detalles de su ascenso.
-Ciertamente lo estamos, Lord Tyrion. Pero… ¿de cuántos mercenarios tenéis vos conocimiento, que se regocijen bajo las mismas circunstancias que los que ahora vienen tan amable como raudamente a este lado del mundo, a enfrentar la madre de todas las guerras? Ciertamente no somos la Hermandad sin Estandartes, pero nuestros objetivos son demasiado parecidos.
El Lannister contempló al chico. Ciertamente no le faltaba elocuencia, su mirada desafiante lo delataba como un hombre temerario, pero también sagaz. Le gustaba.
-No sois la Hermandad, eso es verdad. Y también es verdad que a la reina le caen en gracia los Sacerdotes Rojos –el hombrecillo sonrió-. Me caes bien, chico. Espero disfrutar de alguna chanza con vos mientras esperamos la muerte tras estos muros. Tal vez podáis conseguir que la mitad de los hombres que cagan en sus pantalones, lo hagan gracias a vos.
-Y os lo agradecemos –dio William, quien se levantó.
Tyrion presentó entonces a la mujer que lo acompañaba.
-Ella es Missandei de Naath. Es la consejera más fiel consejera de la reina.
Era alta, de piel oscura, cabello de estilo afro con una cinta delgada a modo de diadema y un rostro algo redondo. Vestía un traje azul oscuro, con pantalón y botas negras, guantes negros, tiras de cuero negro en forma de X sobre su pecho que se unían en una lámina mayor en la espalda –siendo también una especie de chaleco-corsé que le rodeaba el tórax- y en el lado derecho un broche de plata compuesto de tres cabezas de dragón, comiéndose la una a la otra, formando un círculo, y una capa negra.
-Bienvenidos a Invernalia. Nuestra reina agradece vuestra llegada. Si no os importa entregar las armas.
Los viajeros entonces se dieron cuenta de que habían varios hombres vestidos tanto en pieles doradas y marrones, como en trajes negros y cascos –estos portaban lanzas, mientras que los de aspecto más salvaje traían un arma parecida a un khopesh-, a los cuales entregaron todas las armas que portaban sin mayor problema. Sin embargo, estos les dieron miradas de desconfianza. De hecho, no tardaron en percatarse que muchas de las personas en las almenas del castillo los miraban de una forma similar.
-Por favor, por aquí.
Los viajeros siguieron a Missandei y Tyrion, y también a la escolta que los custodiaba. No pudieron evitar fijarse en que uno de los soldados de negro estaba especialmente cerca de la mujer.
Cruzaron en poco tiempo ese tramo hasta introducirse en el castillo de Invernalia. El mismo era de piedra, con escasa iluminación natural, la mayoría de pasillos contaban con alguna que otra antorcha que iluminaba unos pocos metros de pasillo, aunque tampoco es que hubiera demasiado que ver. Era un lugar austero y frío, con algunos cuadros de los antiguos señores, habiendo en el techo los estandartes de la familia Stark, la dueña de aquel lugar.
Se fijaron en que había grupos de soldados por allí y por allá a lo largo de los pasillos, que callaban en cuanto les veían pasar, siguiéndoles con la mirada, para seguir murmurando en voz baja tras alejarse unos metros. Se sentían observados, pero decidieron callar, al fin y al cabo los extranjeros allí eran ellos. En ello pensaban cuando llegaron al Gran Salón de Invernalia.
Allí, en los techos pudieron ver en todo su esplendor los blasones de las diferentes casas nobles de la región, no sólo las de las casas norteñas, también pudieron ver los estandartes de otras familias nobles que habían ido hasta allí para ayudar. Una gran mesa discurría a lo largo de los laterales derecho, izquierdo, y el frontal al de la puerta, formando una U invertida.
A lo largo de la misma, unas cuantas sillas se encontraban dispuestas de frente o de espaldas a la mesa, con platos y vasos que hasta hacía poco debían estar llenos, pero que ahora, como la sala, estaban vacíos.
O casi, pues allí habían tres personas: dos mujeres y un hombre.
Él era bajo –tal vez 173 centímetros como mucho-, de pelo negro rizado y ojos oscuros, con una barba perfilada, y de ropajes usaba un largo tabardo negro de cuero, un gambesón gris oscuro, brazaletes acolchados de cuero negro, guantes negros, con botas y pantalones negros y una espada con la empuñadura de la cabeza de un lobo blanco de ojos rojos al cinto. Estaba iniciando la veintena. Una de las mujeres, la más alta –era más alta que el hombre, incluso-, tenía un largo cabello rojizo y los ojos azules, con un largo vestido de un azul oscuro profundo, un peto de cuero negro una larga cadena de oro que rodeaba su cuello, pasando a través de un eslabón y cuyo extremo tenía una aguja, a la altura de su cadera, y una capa negra con la parte superior cubierta por pelaje gris. La otra mujer era baja en comparación con los otros dos, de pelo de una tonalidad casi albina, un vestido largo cubierto en forraje blanco con detalles rojos y un broche de plata con tres dragones en relieve. Sus ojos violetas eran lo más destacado de ella, parecía tener una edad similar a los otros dos.
Si estaban hablando entre ellos, pararon al ver llegar a los extraños.
-¿Son ellos? -preguntó el hombre.
El soldado que estaba junto a Missandei asintió.
-Podéis marcharos, Gusano Gris –dijo la mujer rubia, el aludido asintió.
-Acercaos -ordenó dicha mujer, así que ellos lo hicieron. Pronto Missandei se puso frente a ellos.
-Estáis en presencia de Daenerys de la Tormenta, de la casa Targaryen, legítima heredera del Trono de Hierro, legítima reina de los Ándalos, los Rhoynar y los Primeros Hombres, señora de los Siete Reinos y protectora del Reino, Princesa de Rocadragón, Madre de Dragones, Khaleesi de los Dothraki y del Gran Mar de Hierba, Reina de Meereen, La que no Arde y Rompedora de Cadenas.
A Ulrich le costó procesar aquella presentación, sin embargo Jhonny, a pesar de haber pasado por esto anteriormente, seguía preguntándose cómo era posible que una persona tuviese tantos títulos.
En seguida William y Noelia se inclinaron un poco, acción que los otros dos imitaron.
No sabía Ulrich quienes eran ellos, pero Jhonny parecía ir recordando e incluso atisbó una cierta sonrisa de emoción al tener delante a unos personajes que comenzaba a conocer al ver la serie de la que provenían. El Guardián del Fuego sonrió para sus adentros, le era bonito eso, le recordaba a él en cierta medida cuando era más pequeño. Ahora tenían grandes responsabilidades, esperaba que todos estuvieran a la altura.
Le preocupaba que sus compañeros perdieran la compostura, que se creyeran cosas que no eran. Pero no pudo reflexionar demasiado pues rápidamente se les pidió con un gesto volver a levantarse.
-¿Qué os trae hasta estas tierras? –preguntó la chica pelirroja.
-Lady Stark –empezó William-. Cuando a nuestros oídos llegó que se daría una pugna entre vivos y muertos, sentimos un impulso sobrehumano por acudir a la batalla. Verá, nosotros venimos desde las lejanas tierras de Lyoko…
-¿Lyoko? –cuestionó la mujer rubia-. Jamás había escuchado tal nombre. ¿Dónde se halla?
Noelia se colocó al frente entonces.
-En el extremo Este de Essos, entre Asshai y el continente de Ulthos. Son tierras tan orientales que ni siquiera aparecen en los mapas. No muchos las conocen. Su clima es extremo, dependiendo de la franja del día, y sus habitantes son meros supervivientes natos. Nos nutrimos de la poca sabiduría que pueden otorgarnos los practicantes de los "misterios superiores", y de hecho hay muchos fieles a R'hllor…
-¿Sirvientes del Señor de la Luz? –interrumpió una vez más otra persona.
Aquel era un señor de frondosa barba y cabello –el cual tenía entradas- canoso, con una sobresaliente tripa y marcas de guerra en el rostro. Portaba un tabardo verde musgo con una franja central de cuero marrón, un gambesón marrón, pantalones y botas negras, guantes negros, un cinturón de cuero marrón con eslabones metálicos, y una capa parda con pelaje en los bordes de color marrón.
Acababa de llegar a aquel salón, y por su rostro supusieron que debía de estar algo airado, pero sobretodo desconfiado.
-Sí y no –respondió Noelia-. Ciertamente somos devotos y a través de nosotros se manifiesta su voluntad –el hombre no cambiaba su gesto-. No es cuestión de fe, sino un hecho. Sin embargo discordamos en muchas cosas con los Sacerdotes. No es sencillo salir de Lyoko, pero sí entrar, a no ser que sepas dominar las artes oscuras, e temo. Hemos viajado por el mundo durante años, sobreviviendo como hemos podido, en liza constante. Sin embargo se escuchaban rumores sobre el Norte de Poniente, y que la Madre de Dragones llevaría a todas sus huestes hasta allí. No tardamos mucho en saber que estaba por caer una nueva Larga Noche. Los cuentos de terror eran auténticos, y sentimos que todos estos años de preparación tuvieron todo el sentido del mundo. Y así es como llegamos hasta Invernalia –la guerrera respiró con calma-. En Asshai se dice que un príncipe, o princesa –la reina sonrió-, renacería para traer la Luz al mundo y sepultar la Oscuridad y la Noche. Nosotros
-Sir Davos Seaworth tiene razón –dijo la mujer pelirroja-. ¿Por qué confiaríamos en el relato de unos forajidos?
-Sansa, este no es momento… –habló el hombre. Este inspiró profundamente, cerrando sus ojos con fuerza y pellizcándose el puente de la nariz-. Necesitamos cuanta gente podamos reunir, y lo sabes.
-Es el mejor momento, Jon –interrumpió Sansa-. A pesar de que tuviesen las habilidades que se presume que tienen, un mercenario solo tiene una cosa en mente. No vienen hasta aquí por afán altruista. Deberías saberlo como rey en el…
-Guardián del Norte –corrigió Jon. La reina le dio una mirada de suficiencia a la pelirroja, y por un momento a los Guardianes y el guerrero les recordó a la disputa entre las dos señoras del Tiempo y la guerrera loba-. Y tú, como señora de Invernalia, deberías saber que a más gente reunamos, serán menos enemigos a los que combatir en esta guerra. La Larga Noche viene a por todos nosotros, y por ello cada hombre, mujer, niño y anciano es bienvenido para luchar.
La Stark lo miró con desaprobación, pero se mantuvo en silencio. Jon, a su vez, le devolvió el gesto. Sabía que no estaba bien cuestionar a su hermano delante de vasallos y plebeyos, pero sentía que era lo más adecuado dadas las circunstancias. Su hermano podía pecar de ingenuo, y eso era un pecado fatal que se había cobrado a los Stark.
-En realidad… –intervino Ulrich. No sabía si hablar estaba bien bajo estas circunstancias, pero sentía que debía hacerlo-. En realidad no queremos el dinero para esto. Hemos venido a luchar por los vivos, y eso está más allá de cualquier precio. Además, de qué serviría el dinero si lo muertos ganan –los señores lo sopesaron, no le faltaba razón.
-Sin embargo –siguió William-, lo que ocurra después es otra historia. Cuando ganemos y la alianza con Cersei Lannister se quiebre, imagino que la reina querrá tener a los mejores entre sus filas para derrocar a la reina ilegítima –ante esto Sansa resopló de disgusto, mirando de refilón a Daenerys-. Puede que no seamos Hombres sin Rostro, pero estamos entrenados de forma similar, y nuestro precio es, por decirlo de alguna manera, significativamente menor.
Y aunque seamos soldados de fortuna –dijo Noelia-, siempre hemos tenido por bandera la libertad de los pueblos que sufren los peores yugos. Seguimos todas sus gestas majestad, y, si soy sincera, siempre la hemos admirado. Ofrecer nuestros servicios sería un regalo incalculable.
Daenerys los miró con curiosidad, y una leve sonrisa se formó en su rostro.
-¿Qué precio pedís? –preguntó.
-Majestad, no pedimos más que lo que hayan pedido otros mercenarios que hayan venido hasta vos –contestó Noelia.
Daenerys miró los hermanos. Sansa parecía más que disgustada con la visita, sin embargo la señora de Invernalia no hacía ningún intento por ocultarlo. Supuso que la necedad era algo característico de los Stark, como se decían de su casa, la Targaryen, que eran la grandeza y la locura. Aun así, Sansa le habló al oído al Jon, quien asintió cuando esta acabó.
-Es bueno que más soldados se unan a la causa de los vivos, y contra la tiranía que padece este país. Y me alegra ver que más mujeres emprenden dicha gesta –Noelia sonrió levemente-. Treinta monedas por cabeza me parece un precio adecuado –comentó la reina.
Noelia miró unos segundos hacia sus compañeros, y luego asintió.
-Lo veo justo.
El hombre sonrió mínimamente y les pidió con un gesto seguirle.
-Vuelve pronto, Jon -le dijo la chica pelirroja.
Este asintió.
-Así haré, Sansa -luego se giró a los otros-. Venid conmigo -ordenó.
Recorrieron los mismos pasillos que habían cruzado minutos antes hasta volver a la plaza central, aunque en esa ocasión fueron hacia un lateral.
-Lamento la hostilidad de mi gente, pero tenemos motivos para desconfiar, y más con la fe de R'hllor.
-Hemos escuchado rumores –comentó William-. ¿Es cierto que Stannis Baratheon ordenó quemar a su hija solo para que se derritiesen las nieves, y porque se lo susurró una sacerdotisa?
El norteño no dijo nada. No hacía falta preguntar más.
-Nosotros no quemamos a la gente, señor –dijo Jhonny, aquello lo había dejado algo descolocado. ¿Un padre quemando a una hija tan solo para eso?-. No es nuestro estilo. Algo tan repugnante…
Jon asintió.
-Más os vale, soldados –dijo, y a los viajeros les dio la sensación de que lo único que quería era acabar con aquello y estar tranquilo. Era un hombre joven, casi tan joven como William y Noelia, pero en aquellos momentos parecía diez años mayor.
Anduvieron unos metros por unos angostos corredores que dividían el interior de la muralla en diferentes viviendas, con la alta muralla a un lado y los edificios al otro, hasta llegar a un grupo de casas aledaños al castillo Stark, donde podían ver desde fuera que estaban habitados. Señaló una de las viviendas.
-Allí deberíais tener un sitio, si no, probad en otros edificios. Están avisados de que irán viniendo cada vez más soldados, tendréis un lugar donde dormir y comer hasta la batalla -les explicó.
-¿Cuándo será, señor? -preguntó Ulrich.
Jon suspiró un poco entonces.
-No lo sabemos. Pero falta poco -comentó.
Tras eso, se fue de allí, dejándoles solos. Sin demasiado más que hacer, simplemente se dirigieron hacia una de las casas, llamaron a la puerta, y entraron. Allí, vieron a una decena de hombres ataviados con ropas de abrigo y por debajo con sus armaduras. En la misma, llevaban un oso estampado, así como en sus ropas, uno rampante que parecía amenazador. En ese momento entró una joven, no mucho más joven que Jhonny, bajita, de pelo largo y negro, la cual usaba un jubón, faldón largo, pantalones, botas, guantes y una capa con pelaje en la parte superior de color negro. Los pocos hombres adultos que allí había se levantaron.
-¿Quiénes sois? - preguntó entonces.
-¿Sois Lady Lyanna Mormont? -preguntó Noelia, a lo que la chica asintió.
-Ahora responded -reclamó la joven.
Noelia sonrió para sus adentros pero no abandonó su fachada seria.
-Somos soldados de fortuna, mi señora. Lord Nieve nos ha dicho que aquí podríamos pasar nuestra estancia hasta que llegue la batalla -le dijo esta.
La chica tomó unos pocos segundos en asimilar esa información, tras lo cual asintió y se sentó ante el fuego que humeaba en la chimenea. Extendió sus manos, y las calentó con las llamas, momento en el que ahogó sin demasiado éxito un bostezo.
Era una casa pequeña, cabían con dificultad allí dentro, pero al menos tenían el hueco para poder tumbarse en el suelo en catres de alfalfa, con gruesas mantas y cojines a modo de almohadas. Era curioso, que un grupo de soldados estuviera allí, y no fuera.
Durante su acercamiento a Invernalia vieron un gran campamento justo a un lateral, donde soldados iban y venían con nerviosismo. Supusieron que tenían que ir hacia allí pero prefirieron presentarse antes en la ciudad, cosa que les beneficiaba ya que podrían dormir un poco en un lugar mejor que un campamento, más con el frío que hacia fuera. Eso desde luego no sería lo más cómodo.
Los Guardianes no necesitarían descansar, o al menos no tanto como sus compañeros Guerreros, que sí lo pasarían peor ante una potencial falta de sueño.
-Ya solo queda esperar, entonces… -comentó William, sentándose en un rincón. A su lado se colocaron los demás.
-¿Sentís frío? -murmuró Ulrich entonces, mientras miraba a sus dos compañeros Guerreros. Estos negaron, las energías de los Guardianes protegían sus organismos contra el frío, eso era de bastante ayuda.
-¿Me dirás ahora por qué de tu enfado? -miró entonces directamente a Noelia, quien gruño levemente, mostrando los colmillos.
-Sois todos iguales… Siempre metiéndose en los asuntos de los demás -le espetó.
Lejos de asustarse del tono de ella, el chico insistió.
-Si lo hago es porque me interesa, no por morbo -explicó-. Os he notado tensos, como si nos quisierais ocultar algo… diría incluso que miedo.
William parecía dudar algo, pero ella se mantenía inflexible.
-No diré nada. Y ahora cállate, me das dolor de cabeza -ordenó, mientras giraba el rostro y miraba hacia la pared.
Prefería aburrirse haciendo eso que tener que encarar al Guardián. Este apretó los puños algo molesto, pero prefirió dejarlo por el momento.
No tenía ningún sentido intentar forzar nada, no con ella sin ganas de hablar de nada.
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Pasaron unos minutos hasta que llegaron a un lugar adecuado Jamily y Lilith.
Esta parecía extrañamente contenta por el acuerdo, era algo que a la aélida le era extraño, pero no podía evitar que la otra fuera así. Al ser otra heraldo de la Oscuridad tenían que cooperar, era una de las pocas cosas que le desagradaban de ese antiguo trato que había hecho. Podía acordarse perfectamente de ello.
(Recuerdo de Jamily)
Durante días, se había sentido extraña. Se encontraba en la época de Alfonso X El Sabio, allá por el año 1250 en la zona de la actual León, España. Ella era una druida que vivía en los bosques, alejada de todo trato con el ser humano, tan solo visitada por los animales del entorno, y con un riachuelo cercano a su cabaña, donde preparaba y practicaba con las pociones del libro que ella guardaba y que era de su antiguo maestro, Alisander.
Ella, desde su muerte hacía siglos, había cultivado su sabiduría en numerosos tomos, recopilando todas las enseñanzas que había recibido, y ampliándola con numerosos experimentos.
Esa mañana precisamente se estaba dedicando a extraer energía de la misma naturaleza, o al menos intentarlo. Sabía que, con los medios adecuados, se podía hacer, tal y como hicieron en la época de los Guardianes, a quienes echaba de menos, y que realizaban ese proceso de forma natural con las gemas.
Con la magia adecuada, ella misma podría hacerlo, y poder enseñar a la nueva generación, cuando llegara el momento. Tenía casi todo listo, le faltaba únicamente una perla, pero no valíacualquiera.
Tenía que ser la perla que formaba el ojo de un dragón, y ella tenía uno localizado. Sabía que vivía en una cueva que se encontraba a varias millas, pero poco más. Era peligroso, sin duda, pero podía merecer bastante la pena, así que tomo de un cofre su bastón, un carcaj con flechas, un arco, y un escudo que se colocó en el antebrazo izquierdo, mientras que en su derecha sostenía su báculo. Tras salir de la casa y protegerla con un escudo mágico, se movió por los caminos, en dirección a la cueva.
Corrió ágilmente por el bosque, con la suave brisa acariciando su cabello largo, y con el corazón palpitando con fuerza por el esfuerzo.
Le encantaba sentir las pulsaciones, y como la sangre recorría su cuerpo, y su respiración acelerada. En pocos minutos llegó hasta donde estaba la entrada de la cueva, momento en el que se rodeó de su energía.
Sentía temor por enfrentarse a esa bestia, la había visto desde lejos y era enorme, pero si no se arriesga no se gana, como le dijo aquel joven muchacho en una ocasión. Se llamaba Alejandro, y resultó ser bastante magno, la verdad.
Desde ahí fuera se podía notar un fuerte olor a bestia y a carne podrida, que casi la hace vomitar, pero hizo de tripas corazón, y se preparó.
Tomó varias ramas de un árbol cercano, y, con cuidado, encendió un fuego a la entrada usando un par de piedras que llevaba encima, con el que prendió las ramas a modo de antorcha, y se introdujo en la caverna. La misma comenzaba con una gran sala, lo suficientemente grande como para albergar dentro una villa.
Un suave viento venía desde el fondo, pero ella estaba alerta. Si había una abertura al otro lado ella no la veía, y ese día no era uno especialmente ventoso no había mar cerca. Esperaba equivocarse, pero eso bien podía ser…
-¿Qué tenemos aquí…? -una voz ronca llenó el ambiente.
Dos orbes dorados aparecieron de pronto al fondo, y ella se paró en seco.
Los orbes se acercaron rápidamente, y el fuego mostró su procedencia cuando la misma estaba lo suficientemente cerca: un montón de escamas blancas rodeaban los mismos, que resultaban ser dos ojos grandes como Jamily. Ella tragó saliva, era claro que ese aire era la respiración de aquella bestia.
-Vienes a por mí tesoro, supongo… -comentó el dragón, mientras se movía en torno a ella.
La chica oyó un temblor, y la luz que venía del fondo desapareció. El cuerpo de aquel dragón ahora ocupaba la entrada, estaba atrapada. Sin dejarse llevar por el pánico que sentía, negó.
-No, vengo a por tus ojos.
Sin previo aviso le lanzó unas esferas de energía que impactaron en el morro de la bestia.
Esta gruñó, y lanzó sus llamas contra ella.
Esquivó el ataque a duras penas, si hubiera tardado unos segundos más, hubiera acabado abrasada. La bestia se enroscó sobre si misma e intentó devorarla de un mordisco, momento en el que ella aprovechó para atacarle con un rayo de energía, que, aunque no dañó demasiado al dragón, si le molestó lo suficiente como para lanzarse a por ella. Le esquivó dando un salto, pero cayó mal y se lastimó en el pie. Oyó en ese instante una risa, y Jamily gateó como pudo a un lateral, aunque el dragón la agarró con una de sus garras.
-No debiste venir hasta aquí -murmuro, mientras la acercaba hasta su boca.
Seguro de su victoria, abrió la boca, pero chilló de dolor cuando ella lanzó una esfera de energía directa a su ojo con la mano libre.
La dejó caer al suelo, mientras tapaba su ojo herido con una zarpa y la buscaba a tientas con la otra, al mismo tiempo que la insultaba de todas las maneras posibles. Sabiendo que poco podía hacer en ese estado, y aprovechado el pequeño espacio que había dejado, huyó de allí, con el corazón casi saliendo de su pecho.
-¡Pagarás por esto, perra mortal! -chilló el dragón.
La chica oyó detrás de sí como retumbaba la misma montaña, y como tenía el pie inmovilizado, tuvo que extender sus alas, y como pudo intentar ponerse a volar.
En una zona boscosa como esa, poco podía volar, sus alas eran demasiado grandes como para poder moverse entre los árboles, aunque estando en ese estado tendría que huir por el aire. El problema es que ese dragón también tenía alas, y en cuando se recolocó, salió de la cueva, dio un salto, y extendió sus grandes alas. Era tan grande como un edificio, y tenía un ojo cerrado que se estaba sanando en esos momentos. En comparación con ella, que era de tamaño humano, era un auténtico monstruo.
La aélida intentó acelerar su vuelo rodeándose de su energía, pero el dragón era mucho más veloz que ella, y, de un mordisco, la metió en su boca, e intentó atravesarla con sus colmillos.
Podía notar a la perfección como ella se defendía con ataques de energía, con agua, fuego, hielo… Pero estaba dispuesto a soportar todo ese dolor con tal de matarla. Pasaron unos segundos así hasta que del cielo cayeron sobre él una docena de rayos a lo largo de su cuerpo, provocando su caída hasta el suelo, donde creó un gran boquete.
Medio muerto, abrió una mínima rendija en su boca para intentar tomar aire, cosa que Jamily aprovechó para intentar salir de allí. Ya fuera, vio que de su cuerpo salía una gran nube de humo, incluso olía a carne cocinada.
-¿Pero qué…? -murmuró, ella no lo había provocado, y en el cielo no había nubes de tormenta de ningún tipo.
Sin pensar más en ello, y aprovechando esa situación, saco su cuchillo y con cuidado buscó los ojos del animal, y gateó hasta ellos, y los sacó de sus cuencas con cuidado.
En ello estaba cuando una sombra apareció. Ella no se dio cuenta de su presencia hasta que la vio delante de ella, estaba claro que pudo haberla matado en cualquier momento, estaba en una posición de total indefensión en esos momentos.
-Fui yo, lo que provoco esos rayos -su voz, lejos de ser inquietante, era suave, casi maternal. Maternal por ser femenina-. Me llamo Oscuridad, pero no tenemos demasiado tiempo.
De ella, salió un haz de luz negra que llegó hasta el pecho de ella, donde se formó un triángulo equilátero.
-Ahora eres un heraldo, trabajaras en mi nombre y me seguirás hasta el final de tus días, Jamily Mörker.
La aludida no sabía ni que decir o responder.
Claramente ella no había aceptado nada de eso, ni le había dado tiempo, pero antes de poder reclamar nada, esa entidad desapareció en el aire. Ella creyó oír un aleteo en esos momentos, pero no estaba del todo segura. La cabeza le daba demasiadas vueltas en ese momento, no entendía qué pasaba, pero al menos ya tenía lo que quería, era algo por lo menos.
(Fin del recuero de Jamily)
Más tarde descubriría que fue Mahasiel el que, a modo de nexo con su señora, el que permitió que ella se pudiera manifestar, aunque fuera durante unos pocos segundos. Era sólo su conciencia, nada más, pues toda ella había estado encerrada durante eones, y esa pequeña reunión le había tomado tanta energía que estuvo fuera de circulación durante días, pues tenía que descansar. La misma no pasó desapercibida, y por ello tuvo que dar muchas explicaciones, pero era algo que merecía la pena.
Siglos después, tras conocer la verdad de Mahasiel, este le explicó la naturaleza de su pacto.
Ahora, efectivamente, era un heraldo de la Oscuridad. Eso significaba que podía tomar parte de su poder para sus fines, bien para luchar o para defenderse, y debía trabajar en conjunto con los demás heraldos para poder liberar definitivamente a la Oscuridad, cosa que ocurriría más tarde o más temprano. Sabían que Luz, su hermano, también trabajaba en ello, y eso les facilitaba las cosas.
Todo se había acelerado mucho en las últimas semanas, y por ello debían actuar cuanto antes.
-¿De verdad piensas que con nuestras energías más la que hay de Azrael podremos reiniciar ese Universo? -preguntó Jamily.
Lilith sonrió por ello, habían cruzado un portal para ir al mismo. La miró y puso cara seria por primera vez desde que se vieron.
-¿Creías que no me daría cuenta de que trabajas para Oscuridad? -preguntó.
Fue entonces que se quitó la camisa. Por encima de su pecho, a la altura del hombro, la hechicera vio un triángulo equilátero, igual al suyo, pero en el caso del de Lilith parecía diferente.
-Esta es La Marca de Oscuridad, la que hizo el mismísimo Dios para encerrar a su hermana en una dimensión minúscula, y que le concedió a Lucifer. Esta Marca acabó de mostrarle la verdad, y le dio más razones aún para acabar con la vida inteligente. Cuando me la concedió, siglos antes, y me transformó finalmente en lo que soy… Me sentí tan honrada que le juré eterna fidelidad a mi amo… Y a mi amor.
Eso le dio ganas de vomitar a la aélida, pero decidió dejarla hablar.
-Es a través de mí que Oscuridad se puede manifestar en la realidad material en la que vivimos, aunque también lo puede a través de sus heraldos, como ese estirado serafín, aunque eso tú ya lo sabes -Jamily asintió entonces.
-¿Tú también puedes acceder a su poder? -preguntó, a lo que Lilith negó.
-Yo sólo soy lo que impide que ella salga de nuevo al mundo, por así decirlo soy su jaula. Mientras la lleve tatuada, al menos- guiñó un ojo en ese momento, y tomó la mano de la aélida con fuerza.
-Basta de charlas, tenemos trabajo que hacer -comentó, rodeándose de su energía, negra como la noche.
-Espera –detuvo la diablesa, mientras seguía mostrando gesto soberbio-. Si mal no he visto, otra sombrita estuvo acechándote, ¿verdad?
Jamily asintió.
-¿Vas a hacerlo otra vez?
Lilith rio con sorna.
-¿A dónde crees que iríamos si no, guapa?
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¡Va a pagar! ¡Juro que pagará!, pensó Odd (910).
Él había sido la sombra que huyó
Estaba lejos, teletransportarse le había servido para no ser pillado. Los párpados le temblaban, y se le humedecían los ojos cada vez más, pero no debía parar hasta ponerse al día con sus compañeros.
Lo sabía.
Anthéa. Sissi. ¡Por favor, escuchadme! Le resultaba casi instintivo hacerlo. Tener a dos telépatas en el grupo tenía muchas ventajas, pero enseguida se regañó por hacer aquello. En esa ocasión ese método no sería fiable, Jamily podría sentir su nerviosismo y reconocerle, además de tal vez escanear su mente, y eso no era para nada positivo.
Se ocultó detrás de unos arbustos, tenía el pulso acelerado y sudaba en frío, estaba bastante asustado. Se llevó la mano a su comunicador, y llamó de nuevo a Anthéa, esta vez por su comunicador.
Los Guerreros del Universo 910 tenían un muy sistema de comunicación prácticamente perfecto, la señal era alta y la velocidad no tenía parangón, nunca fallaba. Siempre se aseguraban de que no tuviera fallas.
-¿Sucede algo, Odd?
La voz de la adulta llegó a su oído. Enseguida, él respondió.
-¡Es esa puñetera maga, está aliada con el enemigo! Os ha tenido que llegar un archivo de vídeo donde está hablando durante un rato con uno de esos plumíferos y luego con una diablesa -tenía claro que había que pararla de alguna manera, por las buenas o por las malas. Necesitaba a sus amigos.
Hubo silencio durante unos segundos.
-Los demás ya lo tienen, lo están revisando -Odd asintió al oír eso.
Pero quería volver cuanto antes a casa.
Recordó entonces que tenían un medio para poder viajar entre las dimensiones, cortesía de los Guardianes, que les habían regalado a cada uno de ellos, y que en parte era tecnología de los Señores del Tiempo, juntado con los poderes en el espacio de Marin, que les permitían abrir portales entre los mundos y cruzarlos con seguridad. De hecho así fue como pudieron seguir a Jamily al lugar al que ella había ido.
Rápidamente, sacó el aparato. Era una suerte de guantelete de color dorado, con una perla en la parte de la palma, y que cuando se lo enfundaban, podían abrir portales y lanzar pequeños halos de energía, no letales, pero capaces de aturdir a un animal grande. A modo de batería llevaban un circuito que, a pequeña escala, fusionaba núcleos atómicos que realizaban el proceso cada vez que era usado. Lograron crear uno por cabeza durante los meses intermedios entre la derrota de Zeros y el inicio de curso, que coincidió con la primera vez que supieron del Apocalipsis.
Iba a abrir el portal.
-Anthéa, escucha. Jérémie y Yumi… -inspiró y apretó su mano con todas sus fuerzas-. Ellos han sido asesi…
Sin embargo su cuerpo sintió de pronto una sensación tanto fría como reconocida. Lentamente y como pudo, bajó la vista, para encontrarse un brazo cubierto en carmesí líquido a la altura de su corazón. Mientras luchaba por que la vista no se le nublara ni un poco pudo escuchar una voz a su espalda.
-¿Creías que te ibas a escapar, gatito?
Reconocía ese timbre de voz, solo lo había escuchado una vez, pero era más que suficiente. Lilith.
-¿Cómo…?
-¿Qué cómo es posible que te haya dado alcance si puedes teletransportarse? –sonrió de oreja a oreja, cual gato de Cheshire-. Sois más débiles de lo que creéis, y más aún de lo que yo misma me esperaba. Es una decepción. Verás –acercó su rostro al oído del guerrero felino-, el Diablo sabe más por viejo que por Diablo. Creo que eso dicen. No tienes ni idea de lo cierto que es –rio, esta vez de forma un tanto particular.
Odd no podía saber si era regocijo o éxtasis. Lilith retorcía su brazo a través de la abertura de su tórax y se embadurnaba aún más con su sangre.
-No eres el primero que se ha cruzado en mi camino con unos poderes similares.
Le mordió la oreja, tan fuerte que casi le arranca un pedazo. La chupó, lamió la sangre rezumante, y gimió. El chico se contuvo con todas sus fuerzas. Cada herida nueva en su cuerpo, ponía una sonrisa mayor en la cara de la diablesa. Sabía que gritar solo le daría más satisfacción.
-Aunque me revientes el cuerpo –mientras la sangre le salía como una cascada de la boca, sonrió-, no puedo morir tan fácilmente. Me curo muy rápido. Tendrás que hacer algo mejor que eso… -apretó los dientes con todas sus fuerzas-. ¿No crees?
-Hm. Eres muy travieso, minino.
-Y tú un putón verbenero –se burló-. Que os follen a ti y a esa traidora.
Lilith lo soltó, desenterrando también el brazo en su tórax. Hizo que diese una vuelta sobre sí mismo, para enterrarle su otro brazo de nuevo, en la zona del diafragma. Todo el aire salió de su cuerpo, si hubiese querido gritar no podría haberlo hecho.
-No hay mayor pecado que una traición, y las mayores pueden hacer tambalear la realidad entera –el insulto anterior pareció no afectarle para nada, esa risa no se iba-. Todos tenemos nuestros intereses, y estos pueden ser tan poderosos que no traicionar sería un pecado, ¿o sí lo sería? La esencia misma de la vida es una traición. ¿Y quieres saber una cosa? -la diablesa se rodeó de energía oscura con su otra mano-. Da igual cual sea el motivo, miedo… odio… u amor, por ello se puede traicionar. Y nadie está libre.
Una brisa cálida ocupó la zona, y luego un silencio sepulcral. Mientras gotas escarlatas salpicaban la zona circundante, un cuerpo caía al suelo, no quedaban ya sino colgajos de carne en la parte superior del cuello.
Aquel sitio apestaba a felino.
Era cuestión de tiempo que los depredadores locales fuesen a aprovechar el saco de carne y huesos tendido en el suelo, probablemente los lobos estarían encantados de degustar un suntuoso banquete de entrañas, grasa y sangre. Pero aquel día hacía calor, y Lilith supuso que la putrefacción del cuerpo sería lo suficientemente rápida como para que los primeros en aprovecharlo fueran las moscas y las hormigas.
La vida era una cadena, una cadena en la que cada mortal era un recurso. Nacer, satisfacer necesidades, morir, ser alimento… Así, ad infinitum. Cada recurso debía ser usado adecuadamente para sobrevivir.
En esta guerra, eso era fundamental.
Lilith finalizo con sus cavilaciones y salió de allí. Sabía que el guerrero seguía en comunicación abierta con una compañera suya cuando lo atacó y acabó con su vida, y de pensar en su dolor, su sufrimiento, el sufrimiento de sus amigos al ver esas imágenes… la cólera que les invadirá… su sed de sangre… su rabia… y la suerte futura de la aélida a la que ahora se había aliado.
So lo de pensarlo, ejercía en ella una poderosa sensación. Primigenia, pecaminosa y prohibida. Lo notaba en su espalda, en su abdomen, entre sus piernas…
Como el toque de un amante.
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-¡No os puedo creer! -exclamaba Sam (911), mientras quitaba la vista del vídeo.
Xavier lo estaba mostrando a modo de holograma desde la palma de su mano.
-Las pruebas están ahí, que no nos creas no es mi problema -le espetó el guerrero, mientras fruncía algo el ceño la joven.
Odd (911), a su lado, simplemente la acarició en el hombro.
Había un corrillo formado por varios Guardianes y Guerreros. En concreto, por allí estaban Jeremy, Yumi, Sam, Odd y Susan por la parte de los primeros; y Xavier, Waldo, Percy, Patrick, Aurora y Electra, por parte de los segundos.
-Seríais estúpidos de no creernos -gritó Percy (910).
Susan rodó los ojos.
-Relajémonos, no llegaremos a ningún lado discutiendo -pidió entonces-. Que vengan los demás, se lo tenemos que decir. Sea verdad o no, lo deben saber -el resto la miro.
En cierta medida ella llevaba razón, de nada servía pelear, tenían que actuar pero no yendo a lo loco. Ya bastantes problemas habían tenido por ello. O al menos eso pensaban los Guardianes, pues sus homólogos lo tenían bastante claro: había que detener a Jamily a como diera lugar y encerrarla en algún zulo e interrogarla.
Ese pensamiento se los hizo saber Electra (910), que parecía en especial enfadado.
-Ahora queréis tomaros las cosas con calma, ¿no? ¡Está clarísimo! Ella os ha estado engañando todo este tiempo. Ahora tenemos a varios amigos en situación de peligro y no sabemos si están a salvo o no. ¡Tomad cartas en el asunto de una puta vez y no seáis unos niñatos de mierda! Si fuera uno de los vuestros el que estuviera en esto, la atacaríais de inmediato, ¡pero parece que si es uno de nosotros entonces os importa un carajo! -iba aumentando el tono por cada palabra.
El Odd guardián la miró con bastante enfado, pero decidió no dejarse llevar, no valía la pena, entendía su furia e histeria. La invadía el miedo, era lógico, como bien dijo él también lo estaría ante esa situación. Pero Sam no tenía su autocontrol, y le dio un fuerte puñetazo en la mejilla.
-¡¿Cómo te atreves?! -se podía ver la ira en sus ojos.
Ella hubiera seguido de buena gana de no ser porque entre Jeremy y Yumi la agarraron del cuerpo y la alejaron de allí, mientras luchaba por liberarse e incluso usando su energía para ello.
La guerrera tuvo que ser ayudado por Waldo y Patrick, pues estaba temblando un poco. Casi le rompe la mandíbula, y se sentía algo mareada. Le dio de refilón, pues sus compañeros pararon a Sam antes de que ella pudiera darle de lleno, en cuyo caso hubiera caído totalmente noqueado al suelo, por suerte no llegaron a ese extremo.
-Relájate, ¡Sam! ¡Para, te estás dejando llevar!
Yumi le estaba aplicando una llave a la chica, que a esas alturas ya gritaba.
-¡Suéltame, Yumi! ¡A ti no te haré daño, pero a esa rata sí le daré lo que merece! -chillaba.
-Vaya con los dioses…- murmuró el Patrick guerrero. Claramente se estaba cansando de ese espectáculo, así que se fue de allí, junto con el resto de Guerreros.
-¿Cómo que dioses? -Jeremy, pese a la distancia, le había oído.
Yumi suspiró.
-Algunos de nosotros… se están volviendo egocéntricos. No sé a qué se puede deber -comentó.
-Celos, por supuesto. ¿Por qué iba a ser, si no? -respondió en seguida Sam, el agarre de sus compañeros era cada vez menor, pues ella parecía calmarse-. Además, es la verdad, ¿no? -comentó entonces, colocándose un poco la ropa-. La gente nos adora, tenemos grandes poderes… si estamos en esta situación es porque hay cosas por delante, pero eventualmente les derrotaremos a todos -murmuró.
Los otros dos se miraron.
Una cosa era tener confianza en uno mismo, pero esto… Era otra cosa. Una que no les gustaba demasiado. Pero en esos momentos tenían otra cosa más urgente de la que preocuparse. Tenían que cerciorarse de que lo que estaban viendo era real, por ello Susan, junto a Xavier, estaban comprobando que el archivo de vídeo estaba inmaculado, sin ningún tipo de cambio. Por el momento, decidieron que llamarían a los demás, y cuando se disponían a avisar a los demás, por allí llegó Electra.
Parecía molesta.
-¿Lograste tu objetivo? -preguntó Sam, a lo que ella negó.
-Al menos le he dado una paliza que ella nunca olvidará. Pero… alguien a quien respeto me paró los pies antes de rematar a esa Xana y a otra I.A. que vive en ese mundo. Creo que hay una tercera, pero me ha prometido que las tendrá bajo control. O eso espero, al menos -respondió.
-¿De quién se trata? -preguntó interesado Jeremy.
Electra era como sus tormentas, indomable y sin interés en dejarse gobernar, así que el hecho de que ella se dejara mandar por alguien era interesante.
Electra simplemente se alejó, suspirando.
-Mi predecesora, al parecer –respondió.
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Las horas habían pasado lentamente en Invernalia. Era noche cerrada, y hacía un frío que calaba hasta los huesos, aquel lugar inhóspito le recordaba a muchos de ellos las heladas estepas de Siberia. Curioso, porque en la época en la que ellos vivían, y en la que el clima era más benigno, aquel lugar, que apenas se había movido unos centímetros al sur por la deriva continental de Asmara, tenía unas temperaturas parecidas a las del sur de Europa.
De hecho, el norte y el sur eran muy parecidos a ese respecto, pues el sur estaba cerca del ecuador del planeta, mientras que la zona más norteña se encontraba cerca de las latitudes medias del hemisferio norte.
Aunque ese era un detalle bobo y sin importancia para Noelia, que miraba en silencio al techo, incapaz de dormir. Las pesadillas desde hacía tiempo no la dejaban. Gruño molesta, era algo que odiaba, al menos al día siguiente podría prepararse para luchar, aunque si fuera ahora mismo podría hacerlo, estaba acostumbrada a largas noches en vela y duros entrenamientos durante el día siguiente, así que no le asustaba la falta de sueño. Pero esos ratos al menos eran agradables, eran horas del día en el que no tenía que pensar nada.
Se dio la vuelta y vio el rostro de Jhonny a su lado.
El chico era mono, pensó.
Su pecho bajaba y subía tranquilamente con su respiración, y aunque no estaba demasiado marcado se notaba un cuerpo fuerte bajo su ropa. Su cálido aliento llenaba de vaho el aire, aunque Ulrich en ese sentido parecía una chimenea, pues su interior era mucho más cálido. Pero se concentró de nuevo en el chico.
Sonrió un poco cuando se acurrucó en torno los brazos de ella. Pese a ser de baja estatura ella era más o menos igual de altura que el nephilim, que en esos momentos parecía un cachorrillo en torno a ella, lejos de esa imagen de poder que ella tenía del chico. Casi parecía un adolescente normal. Se estremeció un poco al notar los brazos del chico en torno a su cuerpo, y no hizo gesto alguno cuando notó como una de las manos de él bajaba hasta zonas que, de ser otro, le hubiera arrancado las manos. Se limitó a sonreír, y hasta se riñó a si misma cuando su corazón se aceleró un poco, pero en esa misma posición cayó dormida.
No despertó hasta el amanecer, cuando el Sol le dio directamente en los ojos. Gruñó algo molesta, aunque notó un bulto en torno a ella. Allí seguía Jhonny, con la cabeza casi al lado de su busto. Ya casi ni se acordaba.
-Despierta, cachorrillo… -le susurró, acariciando con un dedo la mejilla. Pareció reaccionar, pues apretó algo los parpados, y abrió los ojos algo atontado.
Lo primero que vio fueron los pechos de ella, y su primer instinto fue retirarse, pero ella le detuvo- Si estando dormido te acercaste, ¿por qué alejarse estando despierto?- preguntó ella.
-Pu… pues… -ella sonrió.
Era, efectivamente, un cachorrillo.
-Luego hablamos, lobito. Ahora, a trabajar -se levantó entonces.
El chico asintió, y se iba a levantar, cuando giro el rostro, con el ceño fruncido. Ella lo noto.
-¿Pasa algo? -preguntó.
El chico asintió.
-Llegarán esta noche -murmuró.
Probablemente si estuviese comiendo o bebiendo algo lo escupiría de la impresión. Es cierto que era de esperar, pero no restaba nada de lo acongojante de la situación. Aunque ya hubiese pasado por esto, no podía evitar sentir que, de alguna manera, la situación era terriblemente más peligrosa que la vez anterior.
Entonces lo olió: el hedor a muerte. El cachorrillo tenía razón.
Fue entonces que Jhonny notó una energía peculiar.
Parecida a la del Rey de la Noche, pero de naturaleza radicalmente distinta, y con unas intenciones también opuestas. Ulrich también debió sentirla pues estaba saliendo por la puerta en ese momento, si les vio seguramente en esos momentos estaba pensando en ese suceso-
-¿Cómo se llamaba ese tipo…? -murmuró.
Noelia le miró con una interrogación en el rostro, así como William. Hablaban entre ellos a murmullos para no despertar a nadie de los que estaban allí, así que decidieron salir para no molestar. Se colocaron unas mantas en torno al cuerpo y salieron de allí, a la fría nieve, y cerraron la puerta tras de sí para que el viento no entrara a la casa, aunque necesitara una buena ventilación. Que durmiera tanta gente en un mismo cuarto no era lo ideal.
-¿Cómo se llamaba el chico que podía controlar cuervos y que podía ver en el tiempo? -preguntó Jhonny.
William tardó unos segundos en responder, mientras se tallaba los ojos.
-Te refieres al Cuervo de Tres Ojos, imagino -comentó William-. Es Brandon Stark, debería estar por aquí, ¿por? -preguntó.
Ulrich suspiró.
-Creo que nos ha llamado, a mí y a Jhonny. O eso o ha hecho un faro energético con su poder por que sí -respondió.
Los otros dos simplemente se hundieron de hombros, a veces no entendían esas palabras. Pero debía ser real, pues parecían bastante convencidos.
-Bueno lobito, ¿en qué piensas? -preguntó Noelia.
Las mejillas de Jhonny se pusieron rojas, mientras William fruncía el ceño mirando a la chica lobo, mientras Ulrich ahogaba una risa.
-Va-vayamos a verle. Está en una zona cercana con árboles, creo que es un lugar sagrado -comenzó a andar en ese momento.
En silencio, se dirigieron hacia allí. En otras circunstancias hubieran hecho burla de ese apodo, pero tenían cosas más relevantes de las que preocuparse. Salieron de la zona amurallada, donde vieron montarse las barricadas, con grandes montones de madera, zanjas de unos dos metros, y refuerzos a lo largo de toda la muralla.
Se podía sentir la energía de muerte que venía desde el norte, era por ello que ese era, de hecho, el frente más reforzado de todos. Poco después, y ya cerca de las murallas en torno a la arboleda de Invernalia, podían ver desde allí los altos árboles que la conformaban, destacando uno en su mismo centro.
-Ese de ahí debe ser el Arciano, el árbol sagrado de la religión pagana de esta época de Asmara, al menos en esta zona -comentó Noelia, señalando en esa dirección.
-Brandon está aquí… Puedo notar como nos llama -comentó Ulrich.
Se fijó en los al rededores en ese momento, y les agarró de las manos a los otros tres, se rodeó de su energía, y les subió rápidamente por la muralla.
Aterrizó en el suelo instantes después, y delante de ellos vieron a un joven sentado en una silla de ruedas. Una rudimentaria, hecha enteramente de madera, pero ahí estaba, con una manta de piel de carnero sobre las piernas. Tenía la mirada perdida, pero se giró en cuanto posaron sus pies en el suelo. Parecía ser un chico muy alto si se apartaba a la silla de ruedas de por medio. Su rostro era afilado e inexpresivo. Su cabello, rojo y corto, y sus ojos eran azules. Vestía tan solo con túnicas, pieles y mantos oscuros, además de guantes negros.
Sonrió levemente –si es que a ese gesto se le podía considerar una sonrisa-, y les indicó con un gesto que se acercaran.
-¿Sois vosotros, verdad? Los seres… no sois ninguno de los Siete, o los Antiguos Dioses, pero… Tenéis un poder que hace palidecer el mío -comentó.
Jhonny miró a los otros tres en ese momento.
-Así es… Supongo -comento-. Él y yo somos Guardianes, del Fuego y de la Muerte, respectivamente- señaló a Ulrich y a sí mismo luego.
Se presentaron los otros dos.
-Nosotros somos guerreros, de un lugar… diferente. Se llama Lyoko. Nos presentamos así ante vuestro hermano, Lord Stark –comentó William.
-Ya no soy Lord, ni Stark. Soy el Cuervo de Tres Ojos, aunque eso pensaba que ya lo sabíais -comentó entonces. Sonrió de medio lado en ese instante-. Aun así uno no se puede olvidar de su familia ni de su hogar, así que Bran Stark supongo que también está bien -añadió.
Recobró la compostura en ese instante.
-Si venís a ofrecernos ayuda, es más que bienvenida -les dijo-, El enemigo caerá sobre nosotros esta noche, puedo notarlo. Quería hablar con vosotros antes… y saber si mis sospechas eran verídicas o no. Me alegra ver que sí -giró el rostro en ese instante.
-Bien, ya está aquí -comentó.
Por entre los árboles apareció un hombre alto, de pelo corto y barba, ambos en oro batido y salpicados por las canas propias de la mediana edad. Portaba una capa marrón, pantalones y botas altas de igual color, una chaqueta de cuero larga de color rojo, un peto rojo reforzado con placas, un cinturón de cuero marrón con espuelas doradas del que colgaba una espada de empuñadura dorada, un guante negro en la mano izquierda y una especie de prótesis que conformaba una mano derecha de oro.
-¿Quiénes son? –preguntó, con cierta incomodidad, el hombre.
-Son solo unos guerreros, guerreros de fortuna, han venido por iniciativa propia a luchar a nuestro lado -comentó Bran entonces-. Les pedí que vinieran, pude ver que habían tenido un sueño y quería saber de qué se trataba, toda información nos será útil. Ya se marchaban, de todas formas -comentó.
Ulrich le miró, claramente no quería que desvelaran su naturaleza, así que respetarían su voluntad.
Pero antes de que se fueran, volvió a hablar.
-Os veré de nuevo al atardecer, para nuestra reunión -les dijo, alzando la voz.
Asintieron los cuatro, y se marcharon de allí, mientras notaban en sus nucas las miradas con el extraño, aunque para William y Noelia no lo era.
Les fueron explicando a la vuelta quien era: Jaime Lannister, conocido en aquellos lares como el matarreyes.
Así mismo fueron detallando las características de muchas de las personalidades más importantes en esta guerra.
El mejor amigo de Tyrion era Varys, mejor conocido como la araña. Era calvo y alto, con los ojos oscuros mirándoles analíticamente. Parecía bastante listo, debía ser alguien de fortuna a juzgar por sus ropas holgadas y finas, además de su horonda tripa. Tenía una red de espías, conocidos como pajaritos.
Theon y Asha Greyjoy, ambos eran morenos con ojos pardos, aunque él tenía una postura encorvada, como si cualquier ruido le diera miedo. En cambio, su hermana mayor parecía bastante más segura de ella misma. Ella quería reclamar su lugar como reina de las Islas del Hierro, y él fue un pupilo y amigo de los Stark, hasta que los traicionó, pasando por las mil y una torturas de un hombre llamado Ramsey Bolton. Ahora era alguien distinto.
Luego estaba una gran mujer con armadura, llamada Brienne de Tarth, y que servía a modo de guardaespaldas de Sansa y de su hermana menor, Arya. La mujer era rubia de pelo corto, poco femenina en aspecto pero una amazona realmente temible si se la molestaba, al parecer había logrado derrotar a guerreros de gran fuerza. Siempre iba acompañada de su fiel escudero, Podrick Payne, un joven muy entusiasta, cultivado y servil, del cual se decía que tenía una… muy interesante herramienta.
Luego estaba Arya Stark, era baja de estatura. Era de pelo negro y ojos grisáceos, delgada pero habilidosa con la espada, la cual era extrañamente delgada pero con la que al parecer podía hacer auténticas virguerías. Por sus habilidades de ocultación y de suplantación casi se la podía catalogar como una de las primeras mujeres ninja de ese lado del mundo.
Estaba Eddison Tollett, conocido como Edd el penas. Se trataba de un soldado que protegía el gran muro que separaba en dos el continente y que iba de lado a lado en su tercio más septentrional. Era alto, de pelo oscuro y ojos muy vivos, pero ya las canas que iban saliendo mostraban su edad madura. Algo de pelo adornaba su rostro, aunque en eso no tenía igual Tormund. Era un miembro del Pueblo Libre, que vivía más allá del muro. Era alto como un roble y pelirrojo, con la ropa llena de nieve y ojos azules, no le quitaba ojos a Brienne.
Como parte de aquella Hermandad sin Estandartes, estaban Beric Dondarrion, un hombre que había resucitado muchas veces, pero cuyas marcas de muerte lo distinguían, entre ellas un parche tras la pérdida de un ojo. Vestía como un caballero y usaba barba. Era un fiel creyente en el Señor de la Luz, y tenía la capacidad de prender su espada usando un conjuro en un idioma llamado alto valyrio. Después estaba Sandor Clegane, conocido como el perro. Era un hombre alto y de aspecto feroz, con quien no muchos desearían cruzarse. Tenía una característica marca que le ocupaba la mitad del rostro, una quemadura provocada por su hermano mayor, Gregor Clegane la montaña, produciendo en él pyrofobia.
Tras Daenerys, como su seguidor más fiel, estaba Jorah Mormont, un soldado que le había jurado fidelidad y que al parecer estaba enamorado de su señora. Ya era maduro, tenía el pelo rubio oscuro aunque bien peinado, barba, y ojos castaños. Tenía permanentemente preparada su arma, con la mano en la empuñadura en todo momento.
Para finalizar, quedaban Samwell Tarly y Gendry Mares, bastardo de un rey anterior. El primero era como Varys pero con menos años, al menos en cuanto físico, pues este era bastante más inocente. Por su parte, Gendry era más bien bajo, con el pelo muy corto negro y ojos verduzcos. Era un herrero, el principal en esos momentos, bastardo de un rey, y había sido el mejor amigo de Arya Stark.
Y una vez más, Jhonny sintió un colapso mental ante todo aquello.
-Mucha información en muy poco tiempo, no sé si podré acordarme de tanto… -comentó Jhonny.
Pese a haber estado por allí antes, era complicado.
William se hundió de hombros.
-Lo importante es lograr que Jon mate al enemigo, estoy bastante seguro de que es él -comentó.
-¿Tiene que ser él? -preguntó Ulrich, a lo que Noelia asintió.
-Sí, bueno, al menos eso creemos. La leyenda de Azor Ahai dice que será un héroe que portará una espada llameante, y derrotará al Invierno y a la Muerte. Y el Rey de la Noche representa ambas cosas. Por los orígenes de Jon, creemos que es él. El tiempo nos dará la razón -comentó.
Con ello, simplemente decidieron seguir hasta donde habían pasado la noche. Tal y como Bran había dicho, el enemigo atacaría a la noche, debían estar listos para entonces.
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Al mismo tiempo que todo esto pasaba, Jamily y Lilith seguían con el proceso de elevar sus energías.
Necesitaban mucha para poder reiniciar un Universo entero, más si pretendían hacerlo a distancia como era el caso. Si lo hacían en el mismo 910, cuando este volviera a ponerse en funcionamiento ellas no podrían escapar a tiempo por el cansancio que pudieran tener, cosa que las mataría.
Es por ello que debían hacerlo desde fuera.
Se encontraban en esos instantes en el Universo 909. Este era casi idéntico al 911, el de los Guardianes, cuando aún estos no habían tomado sus gemas. Además, allí ya Lyoko estaba a salvo, así que ninguno de los alter egos de algunos de ellos estaría por ahí molestando.
-Te sorprendería saber lo que tus queridos niños de este mundo hacen en sus ratos libres, guapa -comentó, nada más aparecer por allí, Lilith.
Jamily rodó los ojos un poco.
-Me es indiferente, la verdad. Como si hacen orgías entre ellos -la otra se rio en ese momento.
-Has dado en el blanco… De hecho, ¿lo oyes? -permaneció en silencio unos segundos.
En el aire se podía oír algo. Apenas un murmullo, un gemido que venía de lejos. Además, se podía sentir una energía muy cercana a la creada por Sissi. Mirando en esa dirección, podían sentir las energías de Yumi y William.
-Parece que se lo están pasando bien, ¿eh? -comentó la diablesa, a lo que la aélida simplemente asintió.
-Centrémonos, tenemos algo más importante que hacer -fue entonces que Jamily se movió hacia un lateral y se rodeó de su energía, que se tornaba oscura cada vez que ascendía.
Aburrida, Lilith asintió, y se acercó. Tomó las manos de la otra, y se rodeó de su energía.
Sus ojos se iluminaron de color negro, y comenzó a recitar en un idioma que la hechicera no podía entender, pero que reconoció como enoquiano gracias a la traducción de los libros que habían recibido. Un escudo se alzó en torno a ellas, uno totalmente opaco, y a través del cual hondas de energía se movían desde arriba hasta la base.
Fue entonces que, entre ellas, apareció una esfera de energía, de la que emanó un haz de luz negra que atravesó la cúpula, pero sin llegar a romperla. De hecho, esta era impenetrable. Notaron un temblor muy intenso un par de minutos más tarde, y que llevó a las dos a tener que mantener su equilibrio.
-Ya está hecho, la energía que hemos lanzado, gracias a la señora Oscuridad, será suficiente para poder reiniciar ese Universo y que nos dejen en paz una vez esos Guerreros. Además, lo olvidarán todo -comenzó a hablar Lilith.
-Es un proceso totalmente imposible de frenar, pero quiero asegurar el tiro -comentó Jamily, mientras mantenía su energía en alto.
Lilith sonrió.
-Bastante va a cambiar ese Universo, guapa. Si mantenemos el rayo de energía podría volverse todo más siniestro de lo que ya de por sí es -advirtió, aunque en el fondo estaría encantada de lograr eso.
Es por ello que ninguna de las dos paró, no hasta un par de minutos después. Fue entonces que cesaron de alimentar la ola de energía, y bajaron la cúpula que las protegía.
-Definitivamente, esto no podrán pararlo ni los arcángeles. Fue un placer trabajar contigo, guapa -le guiñó un ojo y desapareció en el aire.
La otra simplemente suspiró un poco, no le hacía del todo gracia tener que trabajar con ella, pero era imprescindible. Ella sola jamás habría podido lograr algo así, necesitaba el apoyo de alguien, y este resultó ser la primera diablesa de la historia de la realidad.
-Espero que lo podáis entender… Esto es por vosotros, Guardianes… -murmuró, mientras se llevaba su mano al vientre.
Esperaba que su relación con Oscuridad no influenciara en lo que estaba formándose en su vientre. De ser así jamás se lo perdonaría.
Con ese pensamiento en la cabeza, decidió volver a casa.
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-Ya vienen. Tenemos vidriagón y acero valyrio. Pero son muchísimos. Son demasiados. Nuestro enemigo no se cansa, no para, no siente...
En aquella sala se estaba celebrando el consejo de guerra previo a la gran batalla. Allí estaban reunidas las personalidades más importantes de la guerra: Jon Nieve, Daenerys Targaryen, Sansa Stark, Arya Stark, Bran Stark, Jaime Lannister, Tyrion Lannister, Varys la araña, Brienne de Tarth, Samwell "Sam" Tarly, Lyanna Mormont, Jorah Mormont, Beric Dondarrion, Sandor Clegane, Asha Greyjoy, Theon Greyjoy, Yohn Royce, Alys Karstark, Podrick Payne, Tormund matagigantes, Missandei, Gusano Gris, Davos Seaworth, Gendry Mares y Qhono. Todos estaban dispuestos en un círculo cerrado en torno a una mesa, la cual mostraba un mapa de Invernalia y sus alrededores. Varias fichas con distintos símbolos la adornaban. Lo más llamativo es que casi al borde del mapa se agrupaban una enorme cantidad de fichas azules, de un perímetro mayor al de todo el castillo.
-… No podemos vencerlo en el cuerpo a cuerpo –dijo Jon.
-¿Y qué podeos hacer? –preguntó Jaime.
-El Rey de la Noche los creó. Siguen sus órdenes. Si él cae… -sopesó qué decir a continuación. De por sí la tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo; era una tensión que ahogaba y nublaba-. Acabar con él es nuestra mejor baza.
Mente colmena. En base a la información que tenían tenía bastante sentido. Pero decirlo era más fácil que hacerlo.
-Si es así, jamás se expondrá en combate –discutió el Lannister mayor.
-Sí lo hará –una voz solemne resonó en la sala, y todos miraron a Bran. Se había mantenido callado durante toda la reunión, como una sombra-. Vendrá a por mí –hizo una breve pausa-. Ya lo intentó… muchas veces con otros Cuervos de Tres Ojos.
-¿Por qué? ¿Qué quiere? –preguntó Samwell Tarly. La preocupación era palpable en el rostro de aquel hombre, aunque los rostros de casi todos mostraban más o menos un gesto similar.
Bran los miró a todos, no modificó en ningún momento sus expresiones, tan vacías y desapasionadas como parecían.
-Una Noche sin final... Quiere eliminar este mundo, y yo soy su memoria.
Cada uno de ellos sopesó lo dicho. Aquella tensión solo parecía aumentar con cada palabra y sentencia. Acabar con el mundo. Sonaba como a una simple historia de esas que se relatan en cuentos y leyendas: algo tan descabellado que ninguna mente racional le daría ni dos segundos de atención. Pero todas aquellas historias estaban tocando a la puerta.
-Eso es la muerte, ¿verdad? –reflexionó Samwell-. Olvidar –se giró para mirarlos a todos-. Ser olvidado. Si olvidamos dónde hemos estado y qué hemos hecho, entonces no somos hombres; solo animales –cada uno de ellos sintió el peso de sus palabras, y podían sentir cómo incluso tragar su propia saliva les costaba-. Tus recuerdos no vienen de los libros, tus historias no son solo historias. Si quisiera borrar el mundo empezaría por ti.
-¿Cómo dará con vos? –preguntó Tyrion.
-Llevo su marca –Bran enseñó su antebrazo derecho. Ahí se distinguían unas arcas parecidas a dedos. Era como si una mano en llamas lo hubiese tocado-. Siempre sabe dónde estoy.
-Te meteremos en la cripta, es lo más seguro –dijo Jon.
-No –dijo Bran-. Debo atraerlo a campo abierto antes de que su ejército nos destruya. Iré al Bosque de Dioses.
-¿Quieres que te usemos como cebo? –preguntó Sansa, desconcertada.
-No te dejaremos allí solo –dijo Arya.
-No irá solo –dijo de pronto Theon-. Estaré con él, con mi hermana y los Hijos del Hierro –todos lo miraron. Los hermanos Stark no supieron que pensar: él los había traicionado, pero ahora parecía dispuesto a enmendar sus errores. Sansa mostraba algo parecido a aflicción y dolor, Jon lo aceptó… pero Arya lo miraba con desconfianza-. Te arrebate este castillo. Déjame defenderlo ahora –dijo con decisión.
Bran asintió, solemne. Jon respiró profundamente, dando su aprobación a regañadientes.
Asha estuvo orgullosa de su hermano. Por fin demostraba que tenía todo lo que un Hijo del Hierro.
-Contendremos al resto todo el tiempo que podamos –dijo Davos.
-Esto es una locura -dijo Jhonny.
Los viajeros en el Tiempo se habían quedado fuera de la reunión. Aunque les creyeran el que fueran mercenarios, ya era un logro el que les hubiesen dejado llegar hasta ahí. Sabían bien que muchos desconfiaban de ellos por ser quienes supuestamente eran, pero otros los veían como posibles espías de la reina león, ahora que se había destapado que su alianza fue una mentira. Los necesitaban vigilados. No podían de ninguna forma entrar; tal vez si sobrevivieran ellos los traicionarían y destaparían todo su potencial bélico. Como mucho se quedarían fuera del consejo de guerra, a la espera de órdenes.
Pero la espera era agobiante, y sentían como cada vez más los Muertos caían sobre Invernalia con cada hora que pasaba.
-Cálmate –dijo Ulrich. Él también estaba inquieto, pero lograba guardar la compostura-. Estar de los nervios no nos servirá de nada.
-Lo sé pero… Joder, soy el puto guardián de la Muerte, y eso es lo que siento por todas partes: muerte.
-Cálmate, chico. –dijo William, en tono de broma. Se encontraba apoyado en una pared-. ¿Sabes qué es lo que le decimos al Dios de la Muerte?
La mirada que le dio Jhonny casi le hace descojonarse de risa. Enfadado era adorable; como un chihuahua.
-¿Estás de coña?
-Para nada, Jhonny –dijo William-. Venga, responde. ¿Qué es lo que le decimos al Dios de la Muerte?
Era una pregunta que pretendía ir enserio, Jhonny lo entendió entonces, pero no supo qué responder. La Muerte. La tenían prácticamente arrastrándose desde los abismos más oscuros y septentrionales de aquel mundo, como un lobo en la noche más oscura, acechando en las sombras para luego embestirlos a todos. Una horda.
No era igual llegar y dar con la contienda, que esperar a un asedio en forma de un maremoto de carne y huesos movilizados por oscuros sortilegios arcanos y estar impedido de poder ser un factor de terminante en ello, sino un peón más. Iban a morir muchos aquella noche, si es que tenían suerte de poder parar toda esa masacre. De lo contrario no solo ese castillo seria arrasado, sino todo el continente, y luego el mundo.
Un Invierno sin fin. No nacerían los primeros Guardianes. No nacerían Asmae y Aelita. Lyoko no existiría. Y la realidad misa estaría en peligro. Lo quisieran o no, estaban atados a los hechos. Por una vez, el ser un guardián no era ningún motivo de esperanza, sino de desgracia. Porque tenían el poder de salvarlos a todos, pero entonces todo se repetiría, y la siguiente vez sería mucho peor. Un ciclo que solo implicaría que en algún momento la amenaza fuese tan severa que ni usando todo su poder pudiesen hacer algo. Como si tener poderes no te hiciera más significativo que cualquier otra persona del montón.
-Yo no… La Muerte…
Al fin y al cabo la Muerte era imparable e inevitable.
-La Muerte es…
-Hoy no –dijo Noelia. Ella, desde el rincón en donde estaba sentada, vio como el chico las dudas del chico. Aquella pregunta tenía su trampa, pero su respuesta tenía todo el sentido del mundo. Jhonny la miró con duda-. Lo que le decimos a la muerte es: Hoy no –los dos Guardianes, en especial Jhonny, sintieron en su corazón las implicaciones de la respuesta, y se sintieron satisfechos. Sin embargo la chica lobo adoptó una expresión de fastidio-. Aunque creo que vamos a morir todos.
Y de nuevo la realidad los abofeteó.
-Todos vamos a morir… Aunque al menos moriremos juntos.
De pronto escucharon esa reflexión venir desde el interior de la habitación. Los cuatro no pudieron entonces evitar que una carcajada se les escapara.
-Efectivamente –dijo Noelia.
-Descansemos –volvieron a escuchar los viajeros.
Entonces todos en la habitación salieron, con la excepción de Tyrion y Bran. Los viajeros se cuadraron, a la espera de órdenes. Jon se acercó a ellos, junto con Sansa y Arya.
-Se ha tomado una decisión respecto a vosotros –dijo Jon-. Escuchad atentamente.
Ellos asintieron.
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Tres chicas observaban como una cuarta tecleaba rápidamente en el ordenador.
Susan (911) iba indicando a su hermana, Marin, algunas correcciones en los comandos que estaba ejecutando. Ese proceso era observado atentamente por sus homólogas, que solo admiraban a las otras dos como una fan mira a su cantante favorito darlo todo sobre el escenario en su canción favorita.
-Multiplica ese factor por el cartesiano y en teoría debería funcionar -comentó Susan.
Marin suspiró.
-Este ordenador no es tan potente, hermana. Y no tenemos tiempo de poner en funcionamiento el súper-ordenador, te lo digo por décima vez, Xavier -oyeron por los altavoces de la pantalla un suspiro masculino.
-¿Qué propones, entonces? -preguntó Susan (910).
-Esto… -murmuró la aludida.
Tecleó durante unos segundos, resaltó varios puntos con el ratón, y puso a funcionar el programa con un último golpe de teclado.
Sonrió satisfecha mientras el aparato cargaba, si no se quedaba atorado durante el proceso, el mismo tan solo duraría unos minutos.
-Bueno, con esto, deberíamos ver si el archivo de vídeo que grabaron Jérémie y Yumi está intacto o no -comentó.
Suspiro entonces y miró a las dos guerreras.
-No me gusta dudar de la gente, pero… Es difícil de creer, lo sentimos si hemos parecido… arrogantes con el tema. Solo no queremos cometer los mismos errores de antes -explicó.
Las otras dos asintieron.
-Bueno, Sam, en cualquier universo, es alguien muy temperamental -rio Susan (910).
Esta, que estaba cerca, suspiró algo molesta, pero no dijo nada. Simplemente se recostó sobre un cojín y las observó. Frunció algo el ceño al ver parpadear a las dos chicas del Universo 910, se talló los ojos, y las miró de nuevo.
-¿Lo habéis visto?- preguntó.
Las cuatro se giraron.
-Creo… ¿hemos parpadeado, no? -preguntó Marin (910).
La guardiana homónima asintió.
-Pues si es así, estamos jodidos -comentó, levantándose. Revisó en un instante el ordenador, y miró a Sam-. Quédate a vigilar el programa, cuando haya acabado nos dices el resultado, ¿vale? -pidió.
La otra asintió, y cuando se levantó y se dirigió hacia la silla, pasó de nuevo. Las dos guerreras tintinearon en el aire, y tuvieron que ser sujetas por sus alter egos.
-¡Sam, avisa a los demás, rápido! ¡Reunión urgente! -gritó Susan, pero fue entonces que vio como los ojos de su hermana brillaban con el tono de su energía, es decir, color perla.
La ayudó a dejar a ambas tumbadas en el sofá en el que hasta entonces estaba Sam.
-Los Universos… están siendo desplazados… Un conjunto de miles… -murmuró. Se rodeó de su energía-. ¡Alguien realmente poderoso, más que Gabriel o Azrael, está moviendo nuestro Multiverso, pero no parece tener malas intenciones! -exclamó.
Sus poderes emanaban de su cuerpo con bastante intensidad, pero ella no estaba haciendo eso de forma intencionada. Simplemente pasaba, estaba reaccionando a toda la energía que llenaba el ambiente. Fue entonces que Susan también la sitió, lo llenaba todo. Pero eso no era lo único.
-Los demás ya vienen, se están reuniendo abajo -comentó Sam entonces.
Marin (911) asintió, y bajó hacia el patio, dispuesta a resolver aquello. Corrió rápidamente hasta la salida, donde ya se congregaban todos.
En eso, de repente apareció Anthéa. Su rostro retrataba diversas emociones: ceño fruncido, ojos enrojecidos –probablemente había llorado- y mandíbula tensa.
-¿Qué ocurre, mamá? –preguntó Aelita.
Todos podían notar su preocupación. Su madre respiro profundamente, y entonces se percataron de la tablet que portaba en sus manos.
-Debéis mirarlo. Esto es… -parecía que ropería a llorar una vez más.
Un vídeo por holograma empezó a reproducirse. Todos se apelotonaron para verlo, sospechando lo que iba a ocurrir
Y no pudieron creer lo que veían, era una pesadilla. La peor de todas.
Parecía inequívoco.
A todas luces, Jamily los había traicionado y cooperaba ahora con Lilith. Tres Guerreros Lyoko habían perdido la vida en el proceso, para demostrar la verdad.
Y todo aquello estaba grabado.
Entonces Jamily apareció, cruzando un portal. De pronto los vio a todos, Guerreros y Guardianes.
-¿Sucede algo? -preguntó-. Me sorprendió no veros a ninguno por la casa cuando volví de meditar -comentó entonces.
En teoría, ella debía estar precisamente en el patio de su casa, precisamente haciendo eso mismo, meditar. Era curioso que en ningún momento de ese rato se diera cuenta de nada. Y también era extraño que ninguno llegara a notar su energía.
Estaban tan absortos en otras cosas que ni se dieron cuenta de ello. Pero decidieron no comentar nada al respecto, por ahora.
Tenía el ritmo cardiaco bastante acelerado, estaban a punto de descubrir la verdad, pero se alarmó más cuando tuvo que dar unos pasos al lateral, pues le habían lazando una hoja directa al pecho. Cuando se giró, vio allí a todos.
-¡Vas a pagar por esto! ¡Asesina! -gritó Kiwi. Su furia era inconmensurable, y la contracción de cada miembro de su cuerpo la hacía lucir como una verdadera bestia depredadora; completamente dispuesta a lanzarse contra ella.
Pero él fue quien exteriorizó lo que en ese momento sentía cada guerrero del Universo 910. Cada uno de ellos le demostraba un odio infernal, y una sed de sangre indescriptible.
Pero tres rostros, tan solo tres… En el mejor de los casos se podría decir que eran ilegibles: Sam, Ulrich y Aelita. Sin duda se habían dado cuenta de lo que había pasado, de la traición y de los asesinatos de Lilith. Y ahora veía que aquella otra sombra era, sin ninguna duda, Odd.
Frunció el ceño; estaba acorralada. Les habían ido con el cuento a los Guardianes, y estos la miraban como nunca lo habían hecho: desconcertados, inseguros, traicionados y asustados. Era una mezcla de emociones inconcebible. La desconocían, y la temían como quien teme tener al enemigo en su propia casa. Y conocía muy bien el motivo de ese miedo.
-Tienes que explicarnos muchas cosas -comentó entonces Asmae, su voz temblaba.
Decidió ir hasta el final. Jamily entonces tomó aire, se rodeó de su energía, y se puso en posición de combate.
-Estáis cometiendo un error, no soy vuestra enemiga -les aseguró-. ¿Qué demonios ha pasado? ¿Por qué me queréis atacar? -no podía estar pasando eso, no ahora-. ¿Qué he hecho para que…?
-Los mataste –dijo Patrick (910), apretaba los dientes son fuerza, tanta que parecía que se le quebrarían, y las palmas de sus manos sangraban, la presión de sus puños cerrados era aún mayor, si cabía- Mataste a… -algo pareció romperse entonces-. ¡Mataste a mis amigos! ¡Malnacida de mierda!
-¿De qué habláis? Yo… -la aélida empezó a hacer gala de todas sus artimañas-. Es imposible –voz temblorosa y ojos acuosos, era perfecto. Pasó entonces a tocar su vientre, como si lo estuviese protegiendo-. Esto… tiene que ser un error.
Cuando Aelita (911) vio lo que Jamily hacía con su vientre, hizo que en ella saltasen todas las alarmas. No podía ser verdad.
-Tú y esa puta de Lilith los asesinasteis –exclamó Max (910)-. Pero no contabais con que los trajes tienen cámaras incorporadas en ciertas zonas, y que se grabó absolutamente todo. Ahora sabemos que nuestro Universo va a reiniciarse tan solo como un castigo por intentar frenar tus planes con Oscuridad –sentenció.
-Lilith… ¡Ha sido ella! –dijo con furia.
-Claro que… -Marin (910) se vio interrumpida.
-Si lo habéis grabado entonces debemos certificarlo –siguió Jamily-. ¿No os dais cuenta? Quieren dividirnos, para atacarnos entre nosotros y ganarnos. Si es verdad que va a haber un nuevo reinicio entonces debemos protegeros.
Los Guardianes no sabían que hacer. Bajo estas circunstancias se veían contra la espada y la pared. Los Guardianes dudaban, pero no los Guerreros.
No nacimos ayer, Jamily –exclamó Richard (910). Él había demostrado ser un hombre algo inocente, bastante pánfilo y falto de garra, pero en esos momentos mostraba un aura similar a la de un monstruo-. Ya basta de cuentos, da igual lo bien que finjas. ¡Aún si tienes a ese feto en tu vientre!
Esa última declaración cayó como un balde de agua fría sobre muchos –casi todos los Guardianes y a una buena parte de los Guerreros-. Y aunque se hubiesen percatado de aquello, todo en la situación que estaban viviendo resultaba tan surrealista que no quisieron creerlo. Jamily no se esperó aquello de él, de Richard Dupois. Debía reconocer que siempre lo había tenido en muy poca estima, pero ahora parecía como si ese chico se hubiese dado cuenta de que tenía dos cojones entre las piernas.
Jamily abrió los ojos de par en par.
-¿Co-cómo lo…?
-Tú lo empezaste… -su voz era por momentos más ronca, y resoplaba con más fuerza- ¡Aquí termina!
-¡Para Richard! ¡No lo hagas! –gritó Eva (910).
Saltó, y en el aire tomó la forma de un enorme leviatán. La aélida se preparó para la embestida, con una mano al frente y otra sobre su vientre.
Cuando estaba por alcanzarla, unas lianas se enredaron alrededor del cuerpo de la bestia, y un rayo verde impactó en su cabeza, dejándolo aturdido y regresando a su forma humana. Todo fue obra de Yumi (911).
Fue entonces que entre la aélida y los Guerreros se alzó un muro de energía. Era de Percy (911), que estaba rodeado de su energía y había creado entre ellos su impenetrable muro de cristal.
-¡Esto tiene que parar de una vez! –gritó la guardiana de la Naturaleza. El cuerpo de Richard fue dejado en el suelo.
Los del Universo 910 parecían bastante enfadados en ese momento.
-¡¿Es que no lo veis?! -chilló Sam (910) entonces, mientras golpeaba con su puño el muro. A pesar de toda su fuerza, esto no tuvo ni una muesca-. ¡Ella nos ha traicionado! ¡Ha trabajado para Oscuridad desde el primer momento de conocerla, y ha reiniciado nuestro universo por haberla pillado! ¡Es una maldita desleal y una asesina! -se veía el enfado en sus ojos.
La tensión iba en aumento al paso de los segundos, estaba claro que un combate podía darse en cualquier momento a esas alturas, y ninguno de los grupos deseaba eso, muy a pesar de lo que acababa de pasar. Pero a los Guerreros les ponía de los nervios que para unas cosas los Guardianes fueran directos al grano, y en otras se lo pensaran tanto, más ante las evidencias empíricas que tenían.
Y por su parte, a los Guardianes no les acababa de convencer el hecho de que sus homólogos estuvieran tan empeñados en que Jamily era aliada de la Oscuridad. Es cierto que había pruebas pero… Podría ser cierta la versión de Jamily, el Infierno daría lo que fuera por dividirlos para ganar. Y acusar a la creadora de las gemas, y de la mujer que les había dado tanto… tenían que tener pruebas muy precisas. Y por ahora no las tenían.
Aunque esos videos fuesen reales, también podría ser todo un truco. Y aún tenían muy en ente a Loki.
-¡¿Me decís en serio que no notáis la energía de ella en todo esto?! -Patrick (910) no daba crédito de ello.
Odd (911) lo miró con cierto enfado.
-Oye tío, no te pases -le espetó-. A ella lo que le pasa es que está de los nervios. Está embarazada -le dijo.
-Ya claro, y nosotros os tenemos que creer por que sois los Guardianes, ¿no? -Marin (910) tampoco parecía calmada precisamente.
-Somos aliados, os recuerdo -añadió Waldo (910)-. No tenemos razones para mentiros, no a vosotros -les explicó.
Anthéa le secundó
-Y menos teniendo en cuenta que vosotros podéis leer nuestras mentes.
Jamily contemplaba con cierto orgullo aquello. Todo iba como la seda.
-Si no me queréis con vosotros, lo entiendo, de verdad –no le venía nada mal mostrarse apenada y suplicar por poder ser de ayuda-. Pero si es cierto lo de los videos entonces vuestro Universo se reiniciará. Es más, puedo notar como todo el cosmos está siendo movido.
-Ya lo sabemos -dijo Electra-. Susan y Marin lo confirmaron antes.
Jamily asintió.
-Esto debe de ser obra de Luz. La realidad se ha desestabilizado demasiado a causa del Apocalipsis -se rodeó entonces de su energía-. Guerreros, vosotros sois nuestros aliados. Por favor. Permitidme protegeros a vosotros y a vuestro mundo.
Por suerte para ellos aún sentía la vida crecer en su interior. De no ser así, nada ni nadie la detendría en su furia, arrasaría con todo lo que se pusiera por delante de ella.
Los Guerreros la miraban con indignación, pero más molestos estaban con los Guardianes. Para los primeros, los segundos no merecían el poder que tenían, eran indignos. Pero se reservaron esos pensamientos, ya bastante tensa estaba la situación como para decir algo así.
-No… Eso nunca -dijo entonces Ulrich.
Ella y Ulrich habían sido los más callados hasta ese momento. Durante aquella disputa habían sido meros espectadores de la situación. Cualquiera que los mirara podría haber pensado que no querían tener nada que ver con la situación. Pero en sus miradas se dilucidaba una sensación distinta.
-No vamos a aceptar nada que venga de ti –el rostro de Aelita era desapasionado, pero todos –Guardianes y Guerreros por igual- allí sintieron otra cosa-. Ya estamos sentenciados.
Habían visto y vivido a lo largo de los años muchas situaciones que quitaban el aliento. Situaciones que hacían que hasta el más valiente se viniese abajo, y no pudiese dormir tranquilo nunca más.
Pero nunca unas palabras como aquellas les habían generado un escalofrío que llegase hasta lo más profundo de su ser.
Incluso Jamily se sorprendió de sentirse de esa forma.
-Bien –dijo la aélida-. Vosotros decidís.
Aun con eso, Patrick caminó a zancadas hacia la mujer. Aelita le paró con un gesto.
-Déjalo, si son tan estúpidos de no querer verlo no es nuestro problema -comentó-. No hay peor ciego que el que no quiere ver -afirmó.
Eso llevó entonces a que la Guardiana del Viento se rodeara de su energía.
-Una nueva ofensa, y os saco de aquí a patadas -murmuró.
Ella normalmente no era tan agresiva, pero se estaba indignando. Electra la miró con interés.
-Ella lleva razón, la verdad es que… -pero fue cortada por Sissi (910).
-¡Esto es absurdo, no vale la pena discutir con ellos, vámonos! -exclamó. Electra la miró con molestia.
Pero Aurora se le adelantó, chasqueó los dedos, y los Guerreros notaron como sus lenguas se dormían.
-Cuando los dioses hablan, los humanos callan, o eso se suele decir… -murmuró Aurora-. Porque eso pensáis de nosotros, ¿verdad? -exclamó.
Aquello ya era la gota que colmaba el vaso, así que, apretando los puños, cruzaron un portal que había abierto Susan ante las evidentes ganas que tenían de irse de allí.
Una vez que lo cruzaron, y tras cerrarlo, y lejos de intentar aplacar los ánimos de los Guardianes, Jamily continuó dándoles más razones para ir a por ellos.
-¿Qué deberíamos hacer con ellos, Guardianes? -preguntó entonces-. No contentos con acusarme, os insultan -comentó.
-¡Desde luego no merecen nuestra ayuda! -exclamó Sam.
-Oye, ¿no estamos siendo demasiado duros con ellos? -preguntó Jeremy.
Marin iba a hablar pero entonces intervino Percy.
-¡En cualquier caso, esto hay que arreglarlo!- comentó.
-Haces bien, Percy –dijo Jamily-. Nuestro deber ahora es hacer las paces entre nosotros y prepararnos para la guerra –entonces hizo un portal.
-¿A dónde vas? –preguntó Aurora.
-Con mi esposo –sonrió avergonzada, tocándose la tripa-. Tengo que contarle la noticia –acto seguido, Jamily se marchó.
Todos allí se miraron. Estaban alegres por su mentora, pero a cambio de eso… Ahora no sabían qué hacer con sus "amigos".
A pesar de lo que hubiese dicho, Percy en el fondo estaba bastante de acuerdo con sus compañeras, era un insulto lo que estaban haciendo los Guerreros, encima con esa condescendencia. Tenían que demostrarles que no se iban a dejar amedrentar por ello, cosa que habían hecho.
Sin embargo, los Guerreros de Lyoko originales no sabían cómo tomarse esas palabras por parte de sus compañeros.
Desde luego era algo preocupante, pero ya hablarían con ellos más adelante.
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Las horas pasaron en una calma tensa en los al rededores de Invernalia.
Durante ese rato, los héroes de ambos universos vieron como los habitantes de ese lugar se preparaban concienzudamente. Pulían sus armas, preparaban sus armaduras, hablaban entre ellos, y bebían en torno al fuego. Pese a la tensión, algunos incluso reían, y bastante.
Ulrich se encontraba en la entrada de la fortaleza, observando a varios muchachos de su edad acabando de cavar las zanjas en las que ya varios más acomodaban grandes astas de manera y hierro para impedir que el enemigo avance. A esas horas, los dragones de la reina Daenerys volaban por el cielo, rugiendo y lanzando grandes llamaradas por la boca a modo de mostrar su valor. Básicamente estaban fanfarroneando, se dijo el guardián. Notaba a Jhonny cerca de allí, en una arboleda cercana a Invernalia, a unos veinte kilómetros. A su velocidad, podría plantarse allí en un parpadeo.
-¿En qué piensas? -tras él apareció William.
Ulrich le hizo hueco cerca de la pared para que se pudiera apoyar. Fue entonces que se permitió suspirar.
-La batalla será extraordinariamente dura… -comentó el más joven. El guerrero asintió.
Eso era verdad. La vez anterior les costó luchar contra los Caminantes, en esa ocasión al menos tendrían a dos seres súper poderosos en su bando.
-Así es. Aunque pensaba que estarías más confiado -comentó William. El otro suspiró.
-No me gusta confiarme demasiado ante el enemigo. Ya más de una vez nos pasó, y sucedieron cosas malas. Prefiero pensar que será un enfrentamiento difícil, e ir prevenido ante lo que pueda pasar -le respondió.
El otro pensó unos instantes antes de responder.
-De verdad, me sorprende que digas eso, teniendo en cuenta como son tus compañeros -comentó.
Este le miró con un interrogante en el rostro.
-Ellos… Bueno, ya te comenté, creemos que están portándose de forma… poco cívica. Se creen superiores -acabó reconociendo.
Ulrich asintió.
Claro, con Noelia delante quien no se sintiera intimidado era estúpido. Incluso a él le impresionaba en cierta medida la chica loba. A pesar de todo, debía reconocer que ella tenía razón: alguno de sus compañeros se estaban viniendo demasiado arriba con el tema de los poderes. Él ya lo empezaba a notar pero no le daba mayor importancia, nunca venía mal un poco de amor propio.
Pero ellos al parecer pensaban que sí era algo de lo que preocuparse.
-Bueno, en todo caso podemos hablar con ellos de esto -comentó Ulrich entonces. William asintió entonces por ello.
-De todas formas, ese no es el único motivo por el que debes de cuidarte de este enemigo –dijo William-. Como bien sabes, solo tenemos una oportunidad de derrotarlo. Una sola. O ganamos bien o ellos ganan. Si volvemos a hacer lo de la última vez volveríamos a lo mismo. Si perdemos, viajar al pasado no solucionará nada, porque crearíamos una línea alterna –Ulrich suspiró, no podía ser peor-. Y son seres de magia. Así que te recomiendo que te cuides muy bien de los Caminantes y del Rey de la Noche, son excelentes luchadores, pero creo que incluso sus armas son mágicas, y si mal no recuerdo, las únicas armas que pueden mataros son las mágicas.
-Lo sé, créeme que lo sé –dijo Ulrich, apesadumbrado-. No hace falta que me lo recuerdes.
Mientras, y como había sentido el Guardián del fuego, Jhonny se encontraba en lo alto de un árbol, sin ser consciente de que era observado. Miraba desde allí Invernalia, pero giró el rostro al sentir un movimiento a su lado. Se encontró de frente a Noelia, quien sonreía un poco.
-Hola, cachorrillo -le saludó. Él se sonrojó un poco en ese momento, pero la saludó de vuelta entonces-. ¿Estás nervioso por la pelea? -preguntó.
Él se lo pensó un poco antes de responder.
-Bueno… sé que le podría derrotar de un chasquido, pero me preocupo más por vosotros, la verdad. No me gustaría que nadie muriera, aunque sé que es imposible y dudo que ellos vieran bien que les resucitara -explicó.
Ella sonrió divertida. Hablaba de esas cosas como si fueran lo más normal del mundo, cuando era una verdadera hazaña aquello. Le atrajo hasta ella entonces, y le observó divertida mientras miraba a otro lado. Sus encendidas mejillas le delataban.
-Habría que ser tonto para no ponerse nervioso en esta situación, cachorrillo -le explicó-. En mis años de vida… He conocido a muchos guerreros. Algunos fueron unos inconscientes que fueron a la batalla sin siquiera pensarlo… y así acabaron -le apretó entonces-. ¿Me prometes que serás mejor que ellos, y te lo pensarás antes de actuar?- le preguntó. Sus rostros estaban muy cerca en esos momentos.
Jhonny asintió despacio, y ella sonrió un poco, con diversión en la mirada.
-Júramelo por tu padre… -pidió-. O por ti, ya que eres casi como un dios -esas palabras iban con doble sentido.
Ella sabía de lo peligroso que era sobreestimar los poderes de uno, y en ese grupo eso estaba comenzando a pasar. Esperaba que él no fuera así, y quería comprobarlo. Según tenía entendido, él era el más poderoso con diferencia, de un chasquido podría matar al resto. Eso imponía.
Pero al verle ahí, nervioso por la presencia de una mujer a su lado… le era hasta tierno. El chico no tardó demasiado en responder.
-No soy un dios… o eso creo. Tengo poder, pero no creo poder llamarme tal. Estos días… hablé con mi padre -comenzó. Ella escuchaba atentamente-. Él me dijo que podría ser más fuerte que incluso sus hermanos mayores, pero que eso no me debía cegar. Como ser celestial, tenía que anteponer ciertas cosas, y una de esas es controlar mi ego -suspiró entonces-. No puedo dejarme llevar. Mi poder es mi responsabilidad, y no puedo ser un tirano, como mis tíos. Esa… imagino que ha sido su mayor enseñanza. Junto a aprender a controlarlos, claro -comentó.
-¿No le odias por no haber estado a tu lado durante tu infancia? -preguntó.
Jhonny bajó la mirada entonces. Se acariciaba sus manos, pensativo.
-No demasiado… Es decir, me hubiera gustado tener a una figura parecida. Todos los niños tenían un padre y una madre, o dos padres, o dos madres… muy pocos teníamos solo a uno. Y eso me daba pena, no lo entendía. Mi madre era muy buena, no quiero que parezca lo contrario, y me crio con mucho cariño, pero… Es difícil de explicar -alzó el rostro.
Este fue irradiado por el Sol poniente. Le daba un aspecto casi divino al adolescente, que en esos momentos a ella le parecía especialmente atractivo pese a la diferencia de edad. Al ser el hijo de un arcángel todo le daba una luz especial, y más si su energía comenzaba a emanar de su cuerpo. No era algo intencional, simplemente pasó. De la misma forma que a ella le salió de forma natural rozar los labios de él con los propios.
-Bueno… Me alegro por ti, cachorrillo -le miró a los ojos en ese momento. Él estaba más rojo que nunca, mientras mantenía su mirada en ella.
Ella sonrió, y se acercó de nuevo. Colocó su mano en el pecho del chico, que correspondió al beso de ella, aunque su corazón latía a todo lo que daba de sí.
Al principio fue un beso limpio, un mero roce de labios, pero poco a poco fue yendo a más. Noelia notó que él tenía los ojos cerrados, hasta así era adorable. Se permitió un ligero tono rosado en sus mejillas, mientras mordisqueaba algo los labios de él. Acariciaba despacio su cuello, provocando un poco de cosquillas en la base de su cabeza con el índice, a la vez que sujetaba con delicadeza el cuello de él con la otra mano. Al separarse, minutos después, le miró a los ojos.
-¿Qué te ha parecido, cachorrillo? -preguntó, en un murmullo. Un pequeño deje de deseo se dejó ver en esas palabras.
El chico tragó saliva, nervioso. Tenía los labios rojos, pero asintió. Ella sonrió, y con facilidad se acercó hasta la base de la rama en la que estaban, colocando su espalda contra el tronco central.
Llevó al adolescente hasta ella, y le colocó sobre su pelvis, mientras seguía besando su cuello. Se notaba los nervios de él, podía oír sus pulsaciones pese a todo el ropaje que llevaba, pero ella estaba dispuesta a guiarle. Las pocas veces que hacía esas cosas le gustaba hacerlo bien, aunque tomara más tiempo de lo habitual. Es por ello que se tomó un buen rato besando a Jhonny, relajándole con sus atenciones, y poco a poco ir acariciando no solo su cuello, también su cuerpo bajo las prendas que llevaba. No estaba ni mucho menos tan trabajado como sus compañeros, pero le era indiferente. Podía notar su fuerza perfectamente, de querer podría hacer con ella lo que quisiera, pero era un cachorrillo en el fondo, demasiado nervioso para pretender llevar la voz cantante en eso.
Era por ello que sería ella la que fuera dando los tiempos. Pasando sus manos por la tripa de él, notó como se iba relajando lentamente, así que se permitió bajar a sus piernas, y aunque se estremeció, al no dar señales negativas ella continuó. Iba pasando por los muslos de él, lentamente hacia arriba, hasta llegar a la zona del bajo vientre. Fue entonces que, con suavidad, tomó sus dos manos y las llevó a su cuerpo. Hasta entonces las había tenido en el regazo, inmóviles, y era hora de que él también explorara su cuerpo. El chico podía notar todos sus músculos, apenas tenía algo de grasa en el vientre pero pese a ello los abdominales sobresalían lo suficiente para poder acariciarlos. Podía sentir también las cicatrices de ella, algunas muy recientes y por ello ella se estremecía pero le permitía explorarla hasta el final. Para Jhonny esa era buena señal, confiaba en él, desde luego.
Noelia, entonces, separó su boca de la de él, y le separó un poco. El chico se sorprendió por eso, le gustaba estar así con ella, lo interpretó como que deseaba parar. Pero lejos de eso, ella llevó su mano hacia su entrepierna, y la acarició con cuidado. El chico soltó un suspiro mientras ella lo hacía, y sonrió con diversión. Con lentitud, retiró lo suficiente su pantalón para poder observar el miembro del chico, que temblaba algo.
-¿Tienes frío, cachorrillo? -preguntó ella, mientras subía y bajaba lentamente su mano en torno al miembro de él.
El chico negó entonces, pero ella sonrió.
-Por si acaso… -bajó su rostro hasta su entrepierna, e introdujo el pene de él en su boca.
El chico gimió en el momento en el que ella jugó con su lengua, acariciando suavemente el glande de él. Subió y bajó su boca a lo largo de su miembro, que poco a poco crecía, y tras un par de minutos, y ya estando más preparado, ella bajó su pantalón también. El chico contempló su entrepierna, y se recostó delante de ella. Cuando la chica llevó varios de sus dedos a su vagina, le mostró su clítoris, y le invitó con un gesto a venir.
-¿Habías visto alguno en la vida real, cachorrillo? -le preguntó. Él, sin atreverse a mirarla, negó. Ella le indicó con un gesto que viniera hasta él, y bajó cuidadosamente su rostro hasta que tuvo en frente la entre pierna de ella.
Sabiendo, o al menos intuyendo, lo que deseaba, comenzó a besar las zonas bajas de ella, que cerró los ojos y sonrió un poco, satisfecha. Si se les indicaba dónde actuar, estaba claro que sabían hacer esas cosas. Y tal y como ella hizo previamente, lamió la parte más íntima de la anatomía de ella. La chica, lejos de estar nerviosa por ello, gemía un poco, y se acariciaba los pechos, que para esos momentos los tenía sin el sujetador, y acariciaba en círculos sus pezones.
-Lo haces muy bien… cachorrillo… -gimió, mientras acariciaba la cabeza de él.
El chico sonrió un poco, durante el proceso se había acariciado un poco su propio miembro, que ya estaba prácticamente erecto en su totalidad. Ella sonrió por ello, sacó un condón de bajo su ropa, y se lo colocó al chico.
-Espero que estés de acuerdo, cachorrillo… -murmuró ella, mientras se lo colocaba-. No queremos más embarazos, ¿verdad? -preguntó, a lo que él asintió.
Ella sonrió un poco, y se recolocó en la rama. Le acercó, abrió sus piernas, y le ayudó a introducir su miembro en la vagina de ella. Ella soltó un suspiro durante ese proceso, uno de placer, y le invitó a moverse. Él así hizo, con algo de torpeza al principio, era su primera vez y se notaba. Pero ella le fue guiando, primero a un ritmo normal, para luego hacerlo más deprisa, hasta la culminación final, momento en el que él eyaculó, llenando así el condón de semen. Ella gimió un poco, apretó al chico contra él para que siguiera por unos segundos más penetrándola, hasta que también llegó al clímax.
-Muy bien… cachorrillo… -murmuró ella, con el aliento algo entrecortado. El chico salió de ella, ambos sudaban, pero se colocaron la ropa de nuevo, no sin antes tomar el condón de él, hacerle un nudo, y guardarlo en una pequeña bolsita. Ya luego lo tiraría, cuando volvieran a casa.
-¿Disfrutaste? -preguntó él.
Ella asintió, y le dio un beso en los labios.
-¿Y tú? -le preguntó.
El chico asintió, mientras sonreía algo.
-Esto… ¿se repetirá? -preguntó. Ella se lo pensó.
-Es posible, sí. Debo reconocer que antes de cualquier gran combate me gusta echar un buen polvo, aunque… no niego que esta vez haya sido especialmente satisfactorio, cachorrillo -le guiñó un ojo.
Él la miró. No sabía si sentirse como un objeto en esos momentos o no. Él también había disfrutado, pero le hubiera gustado ir más allá. Casi como adivinando sus pensamientos, ella le acarició el rostro.
-Me gustas, Jhonny. Pero no sé si podría tener algo con nadie. No cuando me acabo metiendo siempre en todos los problemas, lo siento -le dijo entonces. Él suspiró-. De todas formas… -ella le tomó la mano- Nunca se sabe. Lo pensaremos, cachorrillo -Jhonny sonrió, y de hecho iba a responder, cuando de pronto oyeron el sonido de un cuerno.
Tres toques. Noelia sabía muy bien que significaban.
-Creo que nos llaman. ¿Me acercas?
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-¿Los habéis encontrado? –preguntó Sissi.
Llevaban un buen rato buscando los cuerpos de sus amigos. Solo habían hallado los restos de sangre, corroborando la verdad: habían sido atacados.
De alguna manera todos se habían estado sintiendo extraños desde hacía unos minutos. En un inicio lo atribuyeron a todo lo que estaba sucediendo. Pero iba a más.
Y sospechaban ligeramente el motivo.
-Nada –dijo Max-. Espero que no…
De pronto gritó, cayendo al suelo. Parpadeaba, y su cuerpo se convertía en nada más que en una imagen distorsionada, en negativo y neón. Quienes estuviesen ocupados rastreando se voltearon, alertados.
-¡Max! –gritó Waldo-. ¡Aguanta!
Corrió hacia su hermano menor, pero entonces a él le empezó a pasar lo mismo. Y sus gritos se unieron a los de Max.
Nadie lo entendía. Anthéa se quería morir ante la imagen frente a ella, su marido estaba… Sin embargo poco más pudo pensar. Pronto ella y todos los Guerreros Lyoko hicieron lo mismo. Los gritos inundaban el bosque, gritos que se iban apagando.
Podía sentir cada átomo de su cuerpo convulsionarse. Cada vez más perdía la noción de lo que era real y lo que no. Imágenes inundaban su mente.
No son imágenes, pensó Aelita, con la poca energía que en esos momentos sus neuronas podían trabajar.
Su vista se nublaba en haces de luz e imágenes extrañas, pero pudo ver como casi todos desaparecían: algunos se disolvían en el aire, como polvo lumínico o una desvirtualización; otros implosionaban en un punto luminoso.
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El Sol se ocultó tras las montañas hacía bastante tiempo, y a lo lejos, se podía ver como avanzaba, a paso lento, pero incesante, un gran ejército.
Desde las almenas, Sansa y Arya miraban hacia el abismo oscuro frente a ellas.
La Larga Noche había llegado.
-Sansa, debes irte a las criptas –le dijo Arya a su hermana mayor. Sansa pensó que, por primera vez desde que eran niñas, su hermana mostraba visiblemente algo más que cinismo, algo que pensaba que la Stark menor había dejado de sentir hacía mucho: miedo-. Este no es tu lugar.
-No puedo –respondió Sansa, su voz temblaba pero su mirada no dudaba. Como señora de Invernalia, no podía permitirse ceder ante la situación-. Quiero estar con mi gente.
Arya la miró de frente, dándole luego un cuchillo de vidriagón. Sansa miró ese cuchillo dubitativamente.
-Por más que se haya hecho en las criptas, aún no son completamente seguras –respondió Arya-. Y ahí también está tu gente.
Sansa suspiró y tomó el arma. Miró una vez más el campo de batalla antes de partir.
Quedaban tan sólo unos minutos hasta que el enemigo estuviera a las puertas del castillo, de hecho, la caballería ya estaba fuera de Invernalia, lista para cargar, armas en mano. El nerviosismo lo notaban hasta los caballos, pues se movían constantemente, aunque los hábiles jinetes lograban mantenerlos en el sitio.
Las defensas de Invernalia consistían en tres niveles: La primera era una trinchera sin guarnición, lo suficientemente espaciosa con respecto a la segunda trinchera como para que los Dothraki se moviesen con total libertad tanto para frenar la primera ola de muertos, y retirarse a la retaguardia. Era perfecto. Se decía que los Dothraki eran imparables en campo abierto, pero dadas las circunstancias soltarlos era una locura; la segunda defensa era una trinchera igual, con el mismo propósito, pero al alcance de arqueros en el campo y los muros, así como la artillería de defensa o de refuerzo colocadas tras los muros y la caballería; y luego estaba la tercera línea, constaba de barricadas compuestas de empalizadas y espacios entre ellas. En dichos espacios estaba colocada la infantería, para poder enfrentar un cuello de botella, y así los arqueros podrían seguir disparando y dando apoyo para que estos no se viesen tan abrumados. Si fallase la tercera línea entonces se encendería una última trinchera con fuego, la cual sería apoyada unos sistemas de defensa redundantes para retrasar al enemigo. En los muros, así como en el patio de armas, habían varias trampas preparadas, así como sistemas para apilar peso sobre muros y portones, con el objetivo de impedir que los gigantes pasen.
Era una buena estrategia.
Desde las almenas, Noelia vio aparecer desde la oscuridad, montada a caballo, una mujer de edad mediana edad, con el pelo rojo como el fuego, y un abrigo color rojo oscuro que parecía cálido. No tardó en descubrir de quien se trataba: Melissandre de Asshai, una sacerdotisa roja. La responsable de que sir Davos Seaworth y lord Jon Nieve no estuviesen cómodos con la presencia de unos supuestos seguidores del Señor de la Luz, a pesar de que el mismo Beric Dondarrion contaba como uno.
Se fijó en la persona a su lado: Gendry Mares.
Gendry solo parecía ver a aquella mujer, la mujer roja. Esta pareció devolverle la irada por un instante al chico. Sin embargo Noelia sacudió su cabeza, pues por un segundo creyó que también se había fiado en ella.
Parecía murmurar, aunque el guardián del Fuego podía oírla, desde su posición, en uno de los cuellos de botella, y la entendía a la perfección. Le estaba rezando a un dios, el del Fuego y la Luz. Y él era ambas cosas, pues su fuego podía brillar con gran intensidad y calentar cualquier cosa. Y le estaba pidiendo fuerza, quería que las espadas de esos jinetes, los Dothraki, ardieran en grandes llamas. Así que él, haciendo caso, elevó su energía, y cumplió el deseo de ella: cientos de llamas aparecieron al mismo tiempo, iluminando el área, y prendiendo los metales con un fuego tan potente que incluso cegaron un poco a los que estaban más cerca.
Pasada la conmoción inicial, los Dothraki comenzaron a chillar, y sin pararse a recibir orden o instrucción, se dirigieron en tropel hacia el enemigo. Con sus espadas llameantes lograron llenar de esperanza y coraje tanto a los soldados en el frente como a ellos mismos. Tal vez demasiada confianza por tener la magia de fuego de la sacerdotisa roja de su lado.
Al mismo tiempo, la artillería empezó a disparar.
Los misiles en llamas comenzaban a alcanzar a los muertos, iluminando el campo interminable de estos, galopando hasta la primera trinchera. Era una fuerza masiva.
Fueron los primeros en ver a las hordas del Rey de La Noche, que se abalanzaron sobre ellos como bestias, algunos ni siquiera llevaban armas, simplemente se lanzaban con las manos y los dientes a morder allí donde pudieran.
Oyeron varios rugidos, y por encima de ellos aparecieron los dos dragones de Daenerys, que lanzaron sus llamas desde lo alto. Esta daba instrucciones con señales de luz, usando para ello una antorcha. Con una clara señal, moviendo hacia delante de su brazo, indicó a sus soldados que salieran a luchar. En principio aquella batalla parecía la anarquía, con los soldados haciendo cada uno lo que quería, pero dentro de la locura había un orden claro: si se observada desde arriba, se podía ver la ola de fuego que formaban los jinetes, que, a unos cien metros de la entrada, se dividieron en dos columnas, que fueron a los laterales. Entre medias, los soldados a pie, algunos más fuertemente armados que otros, pero en común con espadas y escudos de vidriagón, letales contra los caminantes; y, colocados en diferentes montículos artificiales de varios metros de altura, y con fuertes defensas a su base, grupos de arqueros podían lanzar una lluvia de fuego sobre el enemigo que se atreviera a acercarse.
Desde un acantilado cercano, Jon y Daenerys veían esto. Pronto se hizo evidente que no importaba la estrategia, sin el apoyo de los dragones la infantería y caballería no iban a durar mucho. Las trincheras podían retrasarlos, cuanto mucho, unos minutos. Por ahora, todas las fuerzas fuera del muro no eran más que ganado para el matadero.
Daenerys se dio cuenta de esto. Sabía que el plan era quedarse y esperar al Rey de la Noche. Pero al contemplar el escenario frente a ella, supo que le era imposible dejar a todos aquellos hombres que la habían seguido desde un inicio a su suerte. No cuando tenía el poder para ayudarlos.
La reina machó para montar sobre Drogon, el mayor de sus hijos, pero Jon la detuvo, sosteniéndola por el brazo.
-El Rey de la Noche se acerca –dijo, queriéndole hacer entrar en razón.
Daenerys le dirigió una mirada desafiante. Aun rondaba sobre ella la revelación que le había hecho él, instantes antes de los toques de cuerno.
-Los muertos ya están aquí –sentenció. Ella se soltó y Jon miró como se marchaba.
Para Daenerys era más sencillo salirse del plan. Pero Jon… Él dudaba.
Los Dothraki embestían con fiereza, pero sus enemigos no reaccionaban de forma lógica. Lo peor era que por cada muerto menos, cinco más se abalanzaban. En un inicio los Dothraki eran imparables, no sentían miedo, y confiados por la magia de la mujer roja sobre-extendieron su estadía en el frente. Pronto se hizo evidente que las trincheras solo servían de contención temporal, pues mientras unos se ensartaban con las trincheras otros se ayudaban de ellos para sobre pasar la línea de defensa y adentrarse por entre los Dothraki. Las olas de muertos comenzaban a deshacer a los jinetes desde el medio, con las luces de dicha sección apagándose una a una, y las luces de los arakh dothraki de los flancos empezaban a retirarse hacia la retaguardia. A estas alturas los muertos eran más difíciles de esquivar, todo gracias a que se habían ido amontonando a lo largo de toda la trinchera. Parecía que los Dothraki estaban en desventaja. Una desventaja demasiado grande.
En ese momento llegaron Daenerys y Jon a espaldas de Drogon y Rhaegal –el menor de los dragones-, respectivamente, quemando a los muertos de cada flanco para darle vía libre a la retirada de los Dothraki.
William permanecía a la expectativa. En las afueras del castillo ya se había iniciado la masacre, y toda la infantería en el patio de armas estaba preparada para lo que pudiera ocurrir. Él se encontraba en las cercanías de las criptas. Su deber era protegerlas de cualquier espectro que quisiera internarse. Sin embargo, lo que más le preocupaban no eran los que vendrían desde fuera, sino desde dentro. Las criptas contenían en su interior 8.000 años de muertos -reyes del Invierno y guardianes del Norte-, una cantidad demasiado significativa. Se había logrado mover los restos a una zona recóndita llena de barricadas, para que todos los refugiados indefensos se resguardasen allí debajo. Pero con un enemigo que podía revivir a los muertos nunca se sabía. Aun así sus órdenes eran claras: evitar que nada entre o salga de las criptas, y no moverse de su posición.
De todas formas, allí dentro habían varios guardias de los Stark, así como mujeres armadas y el lobo huargo del Jon Nieve, Fantasma. Los muertos estaban bien asegurados para que no llegasen a los vivos, y los vivos estaban a salvo de los muertos. Pero, nunca se sabía.
Y fue entonces cuando se empezó a sentir extraño, como si tuviese un nudo en la garganta. En ese momento pensó que podría ser simplemente nervios; pero cuando quiso rascarse la sien se percató de la verdad. Parpadeaba.
En el campo de batalla, Drogon y Rhaegal llovían fuego sobre la primera y segunda trinchera, mientras la artillería y los arqueros hacían lo propio contra los muertos. Pero a lo lejos, Jon y Daenerys pudieron divisar una tormenta acercarse.
Jon miró a Daenerys, pero esta apretó la mandíbula, decidida, y siguió lloviendo fuego de cobertura para sus tropas. Jon pensó un momento, para luego ver bajo él. La carnicería que estaba tomando lugar no tenía precedentes. Pero aunque muchos de sus amigos estuviesen allí abajo, debió tomar la difícil decisión de ir a proteger a Bran. Tal vez esa fuese su única oportunidad.
Ambos dragones y jinetes quedaron separados, por lo que la oscuridad no se hizo esperar, y con ella la niebla de la tormenta. Ahora Daenerys era más cauta, lo que conllevó a que, en conjunto con todos aquellos factores, los muertos empezaran a sobrepasar las defensas.
Las trapas de la tercera línea funcionan, y los cuellos de botella son efectivos. En cuando tuvo a un espectro frente a él, Ulrich colocó por delante un escudo que le habían dado, que chocó contra el cuerpo del enemigo cuando este saltó contra él. Entonces, alzó su brazo como si estuviera dando un gancho a la barbilla, logrando de esta manera alzar al muerto por encima de él, llevándolo por los aires. Su frente no duró despejado demasiado, pues a los segundos ya tenía delante a otro, así que dio un tajo al aire con su espada, oyó como algo caía al suelo, y tras protegerse con el escudo por el envite de un tercero, volvía a realizarse el proceso, sin demasiados cambios, a veces al verse rodeado tenía que dar una patada para tirar al que tenía delate y dar un mandoble en forma de media luna y que barría a varios espectros, a varios muertos.
En los flancos el flujo era menor, por lo que los soldados podían mantener su terreno. Pero los muertos estaban sobrepasando las barricadas de los flancos. Jaime Lannister se percató de esto.
-¡Sir Brienne, las empalizadas! ¡Están sobrepasando las empalizadas!
La mujer se alarmó ante lo dicho por su compañero. Miró y confirmó; los estaban sobrepasando.
-¡Dividid las líneas! ¡Hay que proteger los flancos!
Y así se hizo. Sabía que eso debilitaría las líneas, pero podrían asegurar su posición al menos unos minutos más.
Gusano Gris escuchaba los cuernos de los flancos sonando frenéticamente. En ese momento tomó una decisión.
-[¡Si los flancos son tomados, toda acabará antes de empezar! ¡Los Inmaculados tienen que dividirse para defenderlos! ¡Vamos! ¡Vamos!] –dijo a sus tropas, y estos le obedecieron inmediatamente.
Ulrich supuso que aquel idioma tan extraño –para sus oídos- era el que llamaban valyrio. Pero no le dio mayor importancia. Por el momento podía mantener bien su posición, pero el tiempo pasaba, y comenzaba a notar el desbordamiento de los cuellos de botella. Al principio había sido un goteo de ellos, pero ahora era un río.
Y sabía muy bien que esto no resistiría más de un par de minutos.
Jhonny escuchó un aleteo, y después un rugido. De pronto un dragón se posó sobre los muros del Bosque de Dioses. Su jinete era Jon, quien tenía una mirada de preocupación muy notable.
Cuando se les asignó su rol en la batalla, todos los viajeros fueron divididos: Ulrich al frente de batalla; Noelia a las almenas; William al patio de armas, junto a las criptas; y él Bosque de Dioses, junto a Bran y los Hijos del Hierro. Por un momento pensó que tal vez, como sobre ellos habían sospechas, lo mejor era dividirlos, por si alguno de ellos moría.
Mientras se mantenía en sus pensamientos, no notó la tormenta que de repente los alcanzó. De por sí aquella noche ya era muy oscura, pero eso era el colmo.
Jon, con dificultad, podía ver lo que estaba pasando, y estaba confundido. Miraba hacia los cielos, con la incertidumbre de que el Rey de la Noche podía llegar desde cualquier punto, en cualquier momento. Con la niebla solo tendría unos segundos para poder verlo, y, efectivamente, estaba casi ciego.
-La trinchera debería encenderse ya –dijo Asha. Cada segundo, los gritos de los muertos se hacían más notables, y su efecto se notaba en los soldados que estaban allí, protegiendo al Cuervo de Tres Ojos.
Su hermano entonces se volteó hacia Bran. No supo si iba a llorar, pero ese era el rostro propio de su hermano desde hacía un par de años.
-Bran –lo miró con decisión, y arrepentimiento-. Solo quiero que sepas… que ojalá…
Bran Stark parecía imperturbable, como si aquello no le conmoviese lo más mínimo. Ni siquiera una sola emoción.
Jhonny se preguntó en ese momento si el Cuervo de Tres Ojos había visto tanto en su vida, que ya no le quedaba nada que ver ni sentir, o es que, quien fuera antes de ser lo que era ahora, había trascendido en otra cosa, como una especie de monje budista. Era el ser mágico más extraño que hubiese visto nunca. Y se preguntó si algún día se volvería así.
Theon inspiró con fuerza.
-Las cosas que hice…
-Lo que hiciste te trajo a donde estás ahora. Donde debes estar. Tu hogar.
De alguna manera, Asha no pudo discrepar de aquello. Aunque no quisiera admitirlo, su hermano era más un Stark que un Greyjoy. Además, un Hijo del Hierro nunca se quedaba al borde de las lágrimas.
-Espérame aquí –dijo Bran, quien de pronto puso sus ojos en blanco.
Jhonny sintió la fuerza de dicho poder. El alma de Bran había salido de su cuerpo, y ahora recorría todo el lugar. Entonces vio una parvada numerosa de cuervos alzarse hacia el cielo en varias direcciones, adentrándose en la tormenta.
Cuando Jon vio esto, se dio cuenta de que Bran trataba de ayudar a ubicar al enemigo.
En la tercera línea de defensa, Samwell Tarly fue derribado por un muerto. Pero Edd llegó en su rescate y pudo ensartar su espada en este y salvar a su amigo. El hombre regordete se veía exhausto.
-Ponte en guardia, Sam –dijo Edd.
Sin embargo, pronto sintió cómo la hoja de una espada era ensartada en su costado. Y aunque pudo deshacerse de aquel espectro, no así con los otros cinco que le siguieron, clavándoles sus armas en distintos puntos. Sam veía como su hermano de la Guardia de la Noche intentaba al menos morir heroicamente, pero para cuando una de las espadas se incrustó en su cráneo resultó ser muy tarde. Cuando Sam trataba de ir a ayudarlo los espectros se fijaron en él. Y mientras estos se le abalanzaban, no le quedó más que esperar su muerte…
Hasta que varias lanzas los atravesaron. Los Inmaculados habían llegado para proteger los flancos. Enseguida se vio a varios caballos arroyando a muchos otros espectros; también llegaron los Dothraki a los flancos desde donde se retiraron, haciendo una rápida y poderosa carga, mientras los arqueros de dicha fuerza lanzaban flechas en llamas a los muertos.
Bran, en la piel de uno de los cuervos, logró ver algo surgiendo de la oscuridad, a lomos de un dragón. Un presencia tan ominosa como arcana.
Había llegado el Rey de la Noche.
En las almenas, Arya ya disparaba incesantemente, haciendo valer cada tiro. Pero en una de las pasadas de Drogon incendiando a los muertos pudo divisar algo, una silueta en la oscuridad. Era un gigante.
El gigante arrasó con todas las trincheras, y aunque no pudo llegar a los muros, cayendo en el proceso, si logro abrir una brecha importante, brecha que aprovecharon los espectros para entrar, ya no como un río, sino como un maremoto, abrumando a las tropas de los vivos y arrasándolas
Gusano Gris vio esto, y decidió.
-[¡Formad un muro! ¡Ahora!]
La falange obedeció y tomó forma. Los pocos soldados que no habían muerto en el frente se estaban retirando, pero con el muro de lanzas no podían pasar, siendo ensartados en estas, pero no dejando pasar a los muertos. Gusano Gris sabía que ni siquiera esto duraría mucho tiempo, pero por ahora se mantuvo firme.
Ulrich lo supo. Todo estaba empezando a salir mal.
Todas las líneas empezaban a mostrar problemas. Los muertos eran incesantes. No temían ni sentían. Iban por todo. Los caballos se cansaban y se asustaban, pues bajo aquellas condiciones una guerra usando a estos animales era difícil. Los caballeros del Valle se veían abrumados cada vez más. Yohn Royce miró por un segundo a los muros. Era necesario retirarse.
En el flanco de Brienne y Jaime los muertos empezaban a romper.
-¡Mi señora! –gritó Podrick Payne, un muerto casi lo mata, pero lo esquivó como pudo y acabó con él.
Brienne asintió y por fin dio la orden.
-¡Retirada! ¡Retirada! –gritó con todas sus fuerzas.
Los cuernos empezaron a sonar, y Davos, en los muros junto con muchos otros hombres, cogió las antorchas y las movió en el aire, señalando la retirada y la necesidad de prender las trincheras.
En el aire, Daenerys no lograba ver estas señales. Tampoco tenía a Jon y Rhaegal para apoyarla. Lo peor era que la tormenta ya empezaba a hacer estragos en Drogon.
Desde dentro de los muros, Melissandre bajaba las escaleras, encontrándose con Gendry. Ambos se lanzaron miradas intensas. Gendry apretó con fuerza su martillo, y la sacerdotisa pareció preocupada. Noelia fue espectadora de toda la escena, pero optó por no decir nada.
Ulrich se veía superado por los espectros. Daba golpes, ensartadas, tajos… Todo su entrenamiento a lo largo de los años lo estaba empleando en aquellos momentos. Lograba lanzar ataques de fuego contra estos, pero tenía que esquivar a tantos muertos como podía sin demostrar ser alguien tan determinante. Todo ello estaba demostrando ser demasiado para el guardián del Fuego. Hasta que de pronto escuchó una exclamación, en un idioma aún más extraño que el de los Inmaculados.
-[¡Nuestra Khaleesi nos necesita! ¡Debemos cargar contra la Oscuridad!]
Jorah Mormont dirigió una carga de Dothraki hacia las trincheras para encenderlas, pero parecía una tarea imposible, la ventisca impedía tanto que Dothraki pudieran encenderlas como los arqueros. Ulrich se percató de esto.
Vio a Qhono ir más allá de sus compañeros, a su caballo ser derribado por los espectros, correr como pudiera –a pesar de los huesos rotos- hacia la trinchera, ser rodeado y clavar su arakh llameante, prendiendo el material inflamable y encendiendo por fin la trinchera.
Daenerys por fin logró orientarse gracias al fuego, y logró atacar con mayor efectividad.
Jon vio prenderse la trinchera, y escuchó los cuernos.
Gemidos y gritos se escuchaban cada vez más cerca de ellos. Asha ordenó a sus hombres preparase, y Jhonny obedeció. Estaba preparado.
Con las trincheras en llamas, los soldados se retiraron, esperanzados por tan solo un instante, y Ulrich iba a hacer lo mismo. Sin embargo, contempló con terror como los muertos se daban cuenta de que, con los suficientes puestos unos sobre otros hasta que formasen una pila de cuerpos, el resto podía pasar. Y así sucedió.
Entonces vio a la sacerdotisa roja salir de los muros, siendo custodiada por Gendry y Noelia. La mujer toja lo vio, y, tras un momento, Ulrich supo lo que debía que hacer.
Cuando se encontraron, Noelia y Ulrich se dieron una mirada de saludo. La guerrera lobo vio como el chico se encontraba bañado en sangre, cansado por todo aquello, y se enorgulleció de él.
-¡Debemos protegerla, Ulrich!
-¡Atentos! –gritó Gendry.
Arya lanzaba todas las flechas que podía, no importaba que no hubiese fin a los muertos. Ella sabía que una baja por flecha era un buen lugar donde empezar.
Fue entonces que vio a aquellos viajeros junto con Gendry, mientras este custodiaba a la bruja roja. Un espectro estuvo a punto de atacarla, pero Gendry fue más rápido y lo golpeó con su martillo de guerra. Los dos mercenarios lanzaban ataques de fuego, repeliendo a los espectros. Pero entonces vio como Melissandre sacaba una daga oculta y tomaba el brazo de Gendry, quien forcejeó unos momentos, hasta que pareció calmarse, y le abrió un corte profundo en el antebrazo. Los otros dos reaccionaron de una forma similar a la de ella: horrorizados.
Arya estuvo dispuesta a saltar el muro e ira matar a aquella mujer. No estaba dispuesta a perderlo, a él. Pero aquellos mercenarios de detuvieron, y ella, aunque tardó, terminó comprendiendo lo que estaba pasando.
-Puta bruja –murmulló entre dientes.
El brazo de Gendry sangraba a borbotones, y dicha sangre se derramaba en las trincheras llameantes. Él empezaba a quemarse, pero resistió. Mientras Melissandre recitaba su conjuro, las llamas lamían su brazo, cauterizando la herida, pero resistía y gritaba.
-¡¿Qué está haciendo?! –preguntó Ulrich, mientras defendía su posición.
-¡Los Targaryen son uno con los dragones, magia y fuego hechos carne! –dijo Noelia-. ¡Él es el bastardo de un rey que desciende de los Targaryen! ¡De hecho, es un primo lejano de la reina! –incluso a ella también se le hacía difícil lidiar con toda la horda-. Y en la sangre de un rey hay poder.
Las trincheras explotaron en llamas. Poderosos fuegos, tan altos como las murallas de Invernalia, resguardaban la fortaleza de los muertos.
La retirada se hizo. Ya sin enemigos, los soldados se retiraban al interior de los muros.
Por un momento, Gendry, libre ya de las llamas, miró a Melissandre, sin comprender. Esta le devolvió la mirada, para bajarla luego y retirarse al castillo, solemne.
Gendry la vio marcharse, así como los viajeros y la asesina en las almenas.
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Durante ese rato, los Guardianes habían seguido el rastro de la energía de cada guerrero del Universo 910. Ya a esas alturas tenían claro que el reinicio de ese Universo se estaba llevando a cabo. Sus presencias de diluían de la realidad, como si nunca hubiesen existido.
Ya ni siquiera tenían ninguno de los vídeos que los Guerreros habían hecho. A estas alturas, no había ninguna prueba que corroborase que Jamily era en verdad una traidora. Por mucho que se alegrasen de su embarazo, la sombra de la duda aún pesaba sobre sus cabezas.
Además, también habían estado analizando la escena en la que se llevaron a cabo, supuestamente, los crímenes. También tenían dudas de aquello. Pudo ser un truco de sus enemigos, y entonces Jérémie, Yumi y Odd seguirían vivos en alguna parte.
Sin embargo, efectivamente vieron restos de sangre en un inicio, y la analizaron.
-Esta sangre… es mía pero a la vez no… -comentaba Jeremy, mientras acariciaba la zona del suelo en la que se encontraban las manchas de sangre.
Lo mismo hacía Yumi, que estaba a tan solo unos centímetros de él, aunque analizando otros restos de sangre.
En torno a ellos, estaban los demás Guardianes, a excepción de los dos que estaban en el pasado de Asmara, pero no les habían llegado a llamar.
Estaban en ello cuando notaron un pico energético. Este fue acompañado por un flashazo de luz, uno que a la única que no afectó fue a Aelita, gracias a sus poderes. Y entonces notaron nuevas presencias.
-Chicos –dijo Aelita-. Creo que son ellos. ¡Vamos!
Los Guardianes llegaron a la velocidad de la luz hasta el punto. Allí los vieron. Se reconocieron a sí mismos: Aelita, Jeremy, Odd, Ulrich, Yumi, William, Sam, Sissi, Hiroki, Jhonny, Milly y Tamiya.
-¡Estás vivos! –exclamó Aurora.
Saliendo de su sorpresa inicial por ver con vida a los Guerreros fallecidos, se dieron cuenta de que era muy posible que el reinicio del Universo 910 se hubiese reiniciado.
Pero se veía un cambio notorio en los Guerreros; eran casi de la misma edad que ellos, algo que no había pasado nunca, pues ellos siempre solían tener una diferencia de edad significativamente superior a la de ellos, así en todos los reinicios que se habían dado. Lo que era más, no parecían ser combatientes, de hecho su Jérémie parecía no haber batallado nunca. Era casi tan escuálido como durante la guerra contra XANA.
De hecho fue él quien despertó primero de entre todos sus compañeros.
-¡¿Qué dem…?! –los miró a todos ellos, extrañado, luego miró a sus compañeros. Sus ojos entonces se abrieron de par en par-. ¡¿XANA?!
El chico se apartó bruscamente.
-¡No es posible! ¡Cerramos el Superordenador! ¡¿Cómo has…?!
-Espera –intentó tranquilizar Aelita-. Te estás confundiendo. ¿No nos recuerdas?
El chico negó con fuerza.
-¡¿Qué le habéis hecho a mis amigos?!
Las gemelas se miraron, antes no lo habían entendido bien, pero resultaba muy obvio, y se quisieron golpear la cabeza por ser tan despistadas. Los Guardianes iban a responder, hasta que alguien se les adelantó.
-Jeremy –dijo aquella Aelita, mientras se levantaba con pesar-. ¿Estás bien? –preguntó, preocupada.
-Aelita –por un momento quiso ir a abrazarla, parecía que estaba bien y eso le alegró por instante-. Ten cuidado, ellos…
-¡Basta ya! –gritó Jeremy (911). Eso tomó por sorpresa a sus compañeros, no era normal que Einstein reaccionara de esa forma-. No somos enemigos. No somos XANA. Somos los Guardianes.
Poco a poco, el resto fue despertando de la inconsciencia.
-No son los Guerreros –dijo Jeremy (911) hacia los Guardianes.
-Tienes razón –comentó Susan (911)-. Fuimos despistadas, pero Marin y yo lo detectamos –miró a ese grupo con detenimiento.
-Percibo que son de un Universo directamente vecino –dijo Marin-, y creo que, ya que nosotros somos del 911, ellos deben de ser del 912.
Los nuevos visitantes se miraron entre ellos, sin saber bien qué decir.
-¿De qué coño habláis? –preguntó William (912)-. ¿Y Laura? ¡¿Dónde está?!
-¿Y Emilie? ¿Y Carlos? –preguntó Sam (912). Ella también parecía aterrorizada.
-¡Dorjan! ¡¿Dónde estás?! –gritó Odd
Jeremy (911) resopló. Esto iba a llevarles un tiempo.
Media hora pasó.
Desde las profundidades del bosque un trío de siluetas contemplaba, tal cual haría una manada de lobos mientras observaba a unas presas: distraídas. Sus insondables cuencas oculares inyectadas en sangre así lo demostraban.
-Bien, ¿algo más que preguntar? –cuestionó Yumi (911).
Su homóloga la miró, sin saber muy bien qué decir.
-Todo esto parece un cuento –dijo Odd (912)-. Pero por otro lado lo de viajar entre dimensiones ya de por sí es una locura. Así qué…
-¡Coño de su madre! ¡Los putos ninfómanos!
Aquella había sido una exclamación proveniente de Noelia (911). Los Guardianes la miraron con extrañeza, pero los visitantes del Universo 912 casi dejaron escapar sus almas al ver que ella tenía entre sus manos un papel desdoblado, un papel que conocían de sobra. Tal vez al llegar a ese mundo a Odd se le hubiese salido del bolsillo.
Ella los miró. Su rostro estaba rojo y arrugado. No supieron bien si era por vergüenza o por asco. Noelia (912) se les acercó lentamente, y los Guardianes se quedaron callados.
-¿Esto es vuestro, verdad? –preguntó, dubitativa.
Odd (912) le quitó el papel, para doblarlo y guardarlo rápidamente. Carraspeó, su rostro estaba rojo. De hecho, era como si todos ellos quisieran meterse bajo tierra y no salir nunca.
-Pues sí –y rio un poco.
-¿Qué ponía exactamente en ese papel? –preguntó Aelita (911). Claro que había escuchado lo que Noelia, pero no entendía muy bien de qué iba todo aquello.
-Ah… Esto… Pues ellos… -no sabía cómo decirlo sin que sonase mal.
-Vuestra amiga quiere decir que nosotros somos… Por así decirlo, un grupo sexual –dijo Sam (912).
Las caras de póker de todos los Guardianes eran indescriptibles. Podían esperar que fueran alter egos malvados. Podían esperar incluso que fueran monstruos de cinco brazos y siete ojos que escupieran ectoplasma. Pero eso…
-Fíjate, tú –dijo Electra (911).
Odd (911) procedió a transformarse en un papagayo y se subió al hombro de su novia.
-What the Fuck! –exclamó, abriendo sus alas agitadamente.
-Tienes toda la maldita razón –respondió secamente Sam (911).
Los visitantes del Universo 912 no sabían bien qué hacer. En cierta forma se recordaban a ellos cuando eran más jóvenes, antes de iniciar toda aquella locura. Habían muchas veces en las que se preguntaban cómo sería cruzarse con sus versiones del pasado y relatarles sus aventuras por el mundo del placer carnal. Y esto, por desgracia, era lo más parecido.
-Bueno. Esto es… algo complicado –dijo Aelita (911).
No estaba nada cómoda con la situación, ni en un millón de años se hubiese imaginado algo como aquello, pero no debía darle más importancia. O eso intentaba.
-Pero en fin, nosotros tenemos que... –de pronto abrió sus ojos-. ¡Preparaos!
Venían hacia ellos con un poder inconmensurable, un poder corrupto y oscuro. Dos figuras se les acercaban a una velocidad de vértigo. De pronto una de las dos desapareció, pero la que continuó se puso rápidamente a su alcance.
Un traje futurista, de tonos rojos y negros. Cabello negro. Rasgos asiáticos…
-¡Yumi! –gritó Hiroki (911)
… Y ojos completamente rojos, sin pupilas.
Era Yumi, la guerrera. Eso se podía notar en su energía, pero en cuanto analizaron detenidamente se dieron cuenta de que la misma era oscura, corrupta en el mejor de los casos. Aquella Yumi se lanzó a la yugular de Aelita (911). Dio un grito, y se sorprendió de ver como ella intentó hundir una daga en su vientre. De sus manos nació un resplandor, y emanó una gran cantidad de energía, lo suficiente para alejarla pero sin hacerle demasiado daño.
-¡¿Qué le pasa?! -gritó Electra (911).
Aelita (911) pudo agarrar a esa Yumi del pecho, y aplacarla llevándola hasta el suelo. Aprovechó la Yumi guardiana entonces para examinar su cuerpo con su energía. Parecía estar bien, al menos no tenía nada extraño en sus cuerpos, pero a nivel energético sí tenía una diferencia, y es que podían notar mucha oscuridad. Tuvo que ser Odd (911) quien aplacara a la segunda persona que llegó a atacarles, su versión guerrera estaba igual. Él juntó a ambos Guerreros y colocó las manos en sus cabezas, momento en el que les inundó con su energía, para luego hacer lo mismo William (911) y Aelita (911), que, en unión, lograron sacar de ellos esa oscuridad que tan rara les era.
-¡¿Qué ha pasado?! –preguntó Tamiya, asustada por todo aquello.
El Grupo –como los Guardianes les habían apodado- estaba desconcertado. Ya era demasiado el ver lo que estaban viendo, pero tenían la sensación de que cada minuto allí solo incrementaba el grado de locura de la situación.
Y los Guardianes hubiesen estado encantados de poder explicarles que pasaba, pero no sabían nada. No había pasado algo así nunca, no con los Guerreros al menos, pues sí había pasado con los Guardianes.
-¿Nos reconocéis…? -preguntó en un murmullo Aelita (911), colocándose a la altura de ellos. Odd tenía la cabeza abajo, aunque Aurora (911) había suavizado bastante su agarre.
Y sonrió, como el gato de Cheshire.
-Todos flotan.
Todos notaron un pellizco en la nuca, sobre toda la columna cervical. Sin embargo, pronto los Guardianes notaron un detalle en particular que logro casi desencajarles los ojos de las cuencas: sus niveles de Energía estaban casi a cero.
Ahora tan solo tenían la energía necesaria para poder vivir.
-¡¿Qué es esto?! –preguntó Herb (911).
Al tocarse la nuca descubrió un objeto extraño. Por su tamaño era casi imperceptible, como una hormiga. Parecía de hecho un objeto de plástico, o al menos fue así como lo notó. No tardó en darse cuenta qué era.
-¡Nos han puesto un anulador de poderes! ¡Están en nuestras nucas!
Se palparon, y aunque costaba notarlo, lo tocaron.
-¡No puedo quitarme esta cosa! –gritó Nicolas (911), quien incluso se estaba haciendo daño tirando de aquello.
Cada uno tenía sus propios problemas: Aurora (911) no podía activar sus alas; Susan (911) y Marin (911) no podían ni siquiera hablar mentalmente; y Aelita (911) sintió cómo el hechizo que frenaba la gestación de su bebé era deshecho.
Una mirada de terror se apoderó de ella, y cuando Jeremy (911) la miró, lo supo. Y corrió por ella.
-Chicos, ¿qué es lo que pasa? –preguntó Yumi (912). Ningunos de ellos entendía nada.
Odd logró zafarse, le dio un fuerte puñetazo en la mejilla a Aurora (911), e hizo lo mismo con Electra (911). Yumi lo imitó y saltaron hasta situarse a una distancia prudente.
-Hazlo -dijo Yumi.
Acto seguido todos se convulsionaron ante la descarga eléctrica procedente de aquel aparato. Cayeron como sacos de patatas. Una vez la descarga finalizó, notaron que no podían mover ni un solo músculo.
-Solo fue un minuto –dijo Odd-. ¿Acaso fue para tanto?
Un minuto que se le hizo eterno.
-¿Y nos tenemos que creer que vosotros sois los Guardianes? –preguntó Yumi, en tono sarcástico. No se podían creer lo que estaba pasando, era una pesadilla-. Decepcionante.
Súbitamente, desde el bosque surgió un enjambre de estacas negras, las cuales se incrustaron en diversos músculos de todos los presentes. Estas se retorcían en sus cuerpos y les daban varias descargas cada una. El dolor era indescriptible. Pero de alguna manera estaban evitando un desangrado.
Se escuchó una risa grave.
-Suele decirse que cuanto más se asciende peor es la caída.
Una tercera silueta comenzaba a hacerse presente. Era alto y rubio, sus ropas eran negras, sus ojos como la sangre, y varias cicatrices adornaban su rostro.
Todos quedaron pasmados, ambos Jeremy petrificados, y ambas Aelita horrorizadas.
Fue consciente del peso de su presencia ante ellos, y sonrió.
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El Rey de la Noche miraba a lomos de su dragón el campo de batalla.
Extendió una mano, ahogando con ello distintas secciones de la trinchera, haciendo que nos muertos pudieran pasar.
De repente Viserion y él fueron embestidos por Rhaegal y Jon, enzarzándose así en una danza de dragones. Rhaegal mordió la yugular de Viserion, pero este no sentía nada. Era un dragón muerto después de todo. Lanzó una llamarada azul, la cual alcanzó la capa de Jon, quien se la quitó con rapidez. Viserion atacó a Rhaegal, desgarrando de un mordisco su vientre, cual le hizo un daño tremendo, provocando en la bestia un grito tal, que retumbó por todo el capo de batalla. Rhaegal contraatacó con mordidas y llamaradas.
Desde el Bosque de Dioses todos vieron el espectáculo de luces naranjas y azules, mientras eran atacados por espectros, quienes ya empezaban a llegar. Sin embargo notaron cómo las luces azules se acercaban cada vez más hacia ellos. Bran parpadeó un momento.
En el aire Jon luchaba por no recibir mordidas de Viserion, y no caerse de su dragón. De pronto el dragón espectro lanzó llamaradas a diestra y siniestra, sin motivo alguno, impactando una de estas en las alas de Rhaegal.
De pronto apareció Drogon, atacando con todas sus fuerzas a Viserion. Le arrancó un considerable trozo de mandíbula, y lo inundó en sus llamas. Viserion lo inundó en llamas a su vez, pero no se vio afectado. Drogon le arrancó una de las alas, haciendo que tanto dragón como jinete cayeran al vacío.
Una vez pasado esto, Jon descendió con Rhaegal, buscando a su enemigo. Este, sin embargo, lo esperaba con una lanza de hielo. Jon recordó que era justaente la misma que el Rey de la Noche usó para matar a Viserion. Aunque Jon intentó que Rhaegal lo esquivara, no sucedió. Una de las alas del dragón fue atravesada, y cayó, sobre una parte del muro de Invernalia, destrozando las almenas y matando a muchas personas. El dragón se irguió, intentando retomar el vuelo, mientras, los soldados veían con temor a un dragón furioso. Al final, Rhaegal pudo emprender el vuelo por cortos momentos, pero los suficientes para perderse en la oscuridad.
Noelia gruñó.
Tenía a varios enemigos rodeándola, y gruñendo amenazantes. Se lanzaron varios sobre ella, pero de un rápido movimiento les esquivó, y, aprovechando que estaban casi uno detrás de otro les atravesó con su arma, rematándolos a casi todos. Pero no le dio tiempo de sacar su acero de la carne del adversario cuando notó el del enemigo introducirse en sus vísceras. Gruñendo, y con las garras le rajó el rostro a uno de ellos con tanta fuerza que incluso tiró su cráneo al suelo. Vio a varios hombres siendo abrumados, cuando entre varios espectros la tiraron. Uno de los espectros estuvo a punto de atravesar su pecho por una espada cuando un haz de luz cubrió lo poco que podía ver. Parpadeó y pudo ver a aquel hombre por encima de ella.
-¡Parece que alguien necesita ayuda! –exclamó Beric Dondarrion.
Noelia se mantuvo callada, hasta que se movió rápido, y de un salto se puso de pie y mató a un espectro que venía tras él.
-¡Todo el mundo! –respondió Noelia.
Beric sonrió, para luego seguir atacando. Su habilidad con la espada llameante era excepcional, digna de todo un caballero.
-¡He escuchado que sois seguidora del Señor de la Luz! -Noelia asintió-. ¡Este es su gran momento!
La guerrera sonrió.
-¡No podría –hizo un sello manual- estar más de acuerdo! –hinchó el pecho y de ella salió una bola de fuego, la cual incineró a varios espectros.
Tal vez el fulgor de la guerra la había embargado tanto que, de la emoción, le costaba respirar, pero la verdad era que se sentía pletórica.
-¿Lo habéis visto? –preguntó Beric, pero ella frunció algo el ceño.
-¿El qué? -preguntó entonces ella, sin entender.
-Habéis parpadeado. Y os pusisteis gris… Ha sido raro -comentó.
Entonces ella le devolvió la mirada, como si hubiese visto un fantasma. De pronto Beric dirigió su mirada hacia otro punto.
-¡Clegane! –se separó de ella, dirigiéndose hacia el Perro. En ese momento Gendry llegó a su lado, matando a varios espectros que ella tenía a su lado.
-¿Qué ha pasado?
-Que Dondarrion está intentando despertar al Perro. Creo que el fuego lo ha parado.
Gendry asintió, y ambos corrieron a seguirlos. Los vieron parados en un punto, mirando a las almenas. Ellos siguieron la dirección de su vista. Allí, Arya Stark se defendía de varios muertos usando su lanza de punta doble. En algún momento la lanza se había dividido en dos, dándole mayor efectividad para deshacerse de sus enemigos. Y con la habilidad que tenía, los esquivó para luego internarse en el castillo.
La mirada de Gendry era de admiración total, pero también de alarma.
-¡A dentro! ¡Hay que ayudarla! –gritó mientras corría hacia el interior de la fortaleza.
Beric y Noelia lo siguieron. El Perro, por otro lado, dudó un segundo, segundo que del que se avergonzó. Escupió con rabia al suelo y siguió a los tres.
Sin embargo Noelia, aunque lo ocultaba, sentía que con cada segundo un dolor que jamás creyó posible se apoderaba de todo su cuerpo. De hecho, la migraña empezaba a afectarle.
Por su parte, Jhonny no era tan hábil con su arma. Casi se le cae varias veces, de no ser por sus poderes ya habría acabado tirado en el suelo, o peor aún, engrosando las filas de los muertos. No estaba acostumbrado al uso de armas, no le había dado demasiado tiempo a practicar con ellas. Estaba a punto de ser mordido por uno de los espectros cuando le agarró del pecho, y lo tiró al suelo. Colocado sobre el mismo, posó su mano en su cráneo, y se rodeó de energía, fulminándole al llenar su cuerpo con su poder. El ser dejó de moverse en ese instante.
Jhonny no sabía si era por sus poderes, pero sentía la muerte en cada poro de su piel. Lo que estaba viviendo era auténtica masacre, infinitamente peor que la de la última vez.
Fue en entonces cuando sintió una presión en el pecho. Estaba pasando algo; algo muy malo. Usando su poder intentó localizar de entre todas las almas a las de sus compañeros. Sus temores se confirmaron: William y Noelia.
Se disponía a lanzar un ataque masivo de energía cuando oyó una voz en su mente.
¿Puedes oírme?, -preguntó una voz en su mente.
¿Bran Stark?, respondió. Notó un deje de alegría, y oyó de nuevo esa voz.
Así es. Creo… saber qué es lo que les está ocurriendo a tus amigos. Tengo la sensación de haber vivido esto ya. Pero no es lo mismo que cuando veo el futuro. En todo caso, os dirigiré. He dado órdenes explícitas, ya se están llevando a cabo.
Como buen miembro de una casa nobiliaria, no admitía un no por respuesta, aunque fuera un ser místico como lo era, su educación daba muestras de vez en cuando, y una era de esas veces.
¿Qué debemos hacer?, preguntó entonces Jhonny, mientras se defendía de otros de los espectros.
La orden tardó unos segundos en llegar.
Ve por tus amigos. Es necesario que eso ocurra. Cuando todo esto acabe lo entenderás.
Jhonny suspiró, y dejó su posición. Corrió todo lo que pudo, esquivando espectros y adentrándose en las tinieblas del bosque.
Los Hijos del Hierro no supieron cómo reaccionar a eso, pero no tuvieron tiempo.
Los muertos eran su prioridad.
-¡Mierda!
Por todos lados se podía ver como cientos y cientos de espectros corrían como títeres sin cabeza, arrasando todo a su alcance. El suelo ya empezaba a llenarse de cadáveres de ambos lados, más de los soldados recién muertos que del ejército de los espectros.
William tenía su espada en mano, con sangre del enemigo a lo largo de su arma, y sudaba a borbotones. A su alrededor ya unos cuantos cadáveres se amontonaban.
Esquivaba muy bien a los espectros, sin embargo sus movimientos comenzaban a ser lentos, y esa sensación de antes se agravaba más. No recordaba que algo así le hubiese pasado antes, así que no podía tratarse del viaje dimensional ni de la distancia temporal. Tan solo esperaba no colapsar, pero a medida que los minutos pasaban era algo que comenzaba a verse muy probable. Pero su misión era resistir hasta el final, y así sería.
Por un instante se preguntó si a sus compañeros les ocurría lo mismo.
Pero las preguntas finalizaron en cuanto lo que tanto temía lo embistió. Cayó al suelo, retorciéndose de dolor, el mayor que jamás había sentido. Sus gritos hubieran alertado a cualquiera, pero terminaron por unirse a los miles de ellos que recorrían todo el campo de batalla. Su cuerpo se volvió en un conjunto de imágenes distorsionadas y luces de neón.
Mientras se retorcía y colapsaba entre un flujo mental de imágenes extrañas, lo único que pudo preguntarse era por qué ningún espectro lo atacaba.
Jon quedó dentro de los muros, sin dragón, lastimado y aturdido. Pero era demasiado tarde. Frente a él se desarrollaba una carnicería nunca vista. Gigantes –que de alguna manera habían logrado quebrar las barricadas- habían entrado al castillo, arrasando con todo a su paso, los muertos se contaban por centenares de miles…
La trinchera había dejado de producir fuego. Los Caminantes Blancos habían llegado, engullendo con sus huestes a los vivos.
Jon escaló el muro más cercano, para buscar desde lo alto al Rey de la Noche, trastabillando y confundido. Buscaba a Rhaegal… A Viserion… A quien pudiera tener a la vista. Así, se encontró con la fría e inexpresiva irada del Rey de la Noche. Pero un rugido les interrumpió. Ambos alzaron la mirada, viendo a Daenerys y Drogon a pareció por encima de su enemigo.
Entonces Daenerys dijo una palabra:
-Dracarys.
El dragón expulsó una gran llamarada, engullendo al Rey de la Noche. Ulrich lo contempló; aquel espectáculo flamígero era impresionante. Con sus poderes, insuflo de fuerza al dragón, aumentando la potencia de sus llamas.
Pasaba algo, no se lo había esperado, por lo que intensificó su poder. Algo estaba mal, muy mal. Miró detenidamente, y casi se le salió el alma. No le costó comprender que, al fin y al cabo, por mucho que un dragón como aquel fuera magia y fuego hecho carne, no era nada frente al Invierno.
Drogon dejó de expulsar llamas, y por un momento pareció como si todo hubiese terminado. Pero cuando Daenerys enfocó la vista hacia la zona, sus peores temores se hicieron realidad: era invulnerable al fuego de dragón. Entonces, ese ser –helándoles la sangre, de paso- esbozó una sonrisa.
Jon miró a Daenerys con preocupación.
Un Caminante Blanco se acercó al Rey de la Noche, tendiéndole la lanza que había usado momentos antes. Daenerys se retiró con su dragón, esquivando el arma, pero fue un mal giro, por lo que Drogon se desestabilizó y cayó costra los muros. Esto fue visto por los espectros, quienes no perdieron la oportunidad de atacar tanto a dragón como a mujer. Se subían desde todos los lugares posibles, abrumándolos, clavando sus armas en la bestia. Drogon emprendió vuelo, mientras se sacudía los espectros del cuerpo. Daenerys huía, siendo perseguida por los muertos.
Hasta que se escuchó el grito de los Dothraki, quienes no se habían retirado. Estos, liderados por Jorah, embistieron a los muertos una última vez.
Desde el muro, Jon lo vio todo, y sintió el impulso por salvarla, pero observó cómo el Rey de la Noche se acercó al castillo, y siendo protegido por varios Caminantes y espectros. Estos últimos se amontonaban sobre ellos, escalando los muros y abrumando a los arqueros. El Rey de la Noche, entonces, se agachó y puso sus manos en el suelo. Tras un instante una enorme grieta surgió, congelando el muro principal y quebrándolo como si de cristal se tratase. Muchos murieron al saltar del muro mientras evitaban ser congelados, y otros cayeron ante los muertos. Estos venían como un maremoto que desbordaba a los vivos.
Esto fue lo último que vio la pequeña Lyanna Mormont antes de ser aplastada por el gigante al que acababa de matar.
Hubiera querido ayudar a los Dothraki, pero cuando centenares de espectros fueron contra él no tuvo más remedio que defenderse. Él tenía su espada en llamas, mientras miraba con fiereza a sus enemigos. Restos de sangre cubrían su cara, le daban un aire imponente al guardián del Fuego, que sin darse cuenta tenía su energía en alto.
-¡Ulrich! -gritó Jhonny, mientras de un sablazo destruía a varios enemigos de un golpe. Estaban rodeados por una veintena de espectros, y unos cuantos más querían ir contra ellos. El chico estaba tenso.
El guardián del Fuego era consciente de ello y estaba de acuerdo, tenían que hacer algo. En pleno combate ellos dos no podían estar así. Pero aquello era una locura. Por eso, Ulrich se rodeó de su energía, e indicó al otro que hiciera lo mismo. Cuando le imitó, y moviendo sus átomos a la velocidad de la luz, le habló.
-Tenemos que sacarles de aquí y contactar con Susan y Marin, ellas deben saber qué pasa - le dijo Jhonny.
Todo a su alrededor parecía haberse detenido, pero ninguno de los dos controlaba el tiempo. Era una mera cuestión de percepción, todo transcurría normal pero a ellos les daba la sensación de que todo iba mucho más despacio. Aprovechaban esa capacidad a menudo para hablar si necesitaban algo rápidamente, como era el caso; debido a lo que les consumía de poder ese era un recurso de una vez al día –como máximo dos-, solo para casos necesarios. Y en ese caso fue extremadamente necesario. Al menos así pudieron permitirse respirar un poco.
-¿Crees que los otros Guerreros estén en una situación similar a ellos dos?
Ulrich suspiró y se hundió de hombros.
-No tengo ni idea, la verdad -comentó entonces-. Pero creo que no deberías –el chico lo miró, contrariado-. Si esto tiene que ver con algún tipo de quiebre de dimensiones, entonces ni se te ocurra. Si lo hicieras podrías desintegrarlos para siempre. No en una hora o dos, como mínimo.
Jhonny pensó entonces en lo que había sucedido hacía tan solo un rato.
(Recuerdo de Jhonny)
En cuanto colocó a Noelia y William en la cama, se puso al lado de ella.
Siguiendo su rastro energético, los encontró tirados –William frente a las criptas y Noelia en uno de los pasillos interiores-, y se los llevó a una de las estancias del castillo. Con su poder impedía que cualquier espectro entrase en aquel lugar.
Podía ver cómo William fruncía el ceño, por lo que pudo distinguir en aquella imagen entre luces que formaba. Estaba inconsciente. Ella, en cambio, tenía un rostro más bien sereno, como si no se arrepintiera de nada y no tuviera que pedir perdón por sus acciones. Fue entonces que notó como William se desdibujaba cada vez más en un haz de luz, y a Noelia le pasaba lo mismo. Él tenía su energía rodeándole, iba a intentar una locura, podía sentir como las almas de los Guerreros parecían estar reconfigurándose. Era de esa parte de la naturaleza de los seres vivos de donde venía la energía, y lo que hacía de la vida lo que era.
Cuando la misma se extinguía, la vida también, y el alma según el caso iba a diversos lugares, entre ellos, Cielo e Infierno. Había un tercer lugar por lo que le explicó su padre, Azrael, pero no fue mucho más allá en ese sentido, no tenían tiempo para eso en esos momentos. Es por ello que quería mantenerla, al menos a ella, intacta. No sabía las consecuencias que ello pudiera tener, pero estaba dispuesto a arriesgarse.
Cuando sintió que ella comenzaba a desaparecer también, rodeó su cuerpo con sus poderes, y la fue protegiendo del cambio que estaba sufriendo. Podía sentir a la perfección cómo ese cambio tenía que producirse. Era una potencia inimaginable, una que le superaba incluso a él. Sus ojos comenzaron a brillar con fuerza, y de su espalda brotaron sus dos alas de luz, que aletearon un poco, era demasiada fuerza hasta para él.
Es por ello que, en un rápido movimiento, y a la desesperada, introdujo su mano en el cuerpo de ella. Pero no le produjo ningún tipo de daño físico, pues sus dedos no interactuaban con los órganos o tejidos de ella. En su lugar, él sentía un cosquilleo en sus falanges, pues lo que estaba acariciando era el alma de la joven, que reaccionaba al contacto con cierta alegría. Con determinación, la rodeó con sus poderes, y la sacó cuidadosamente de ahí, mientras detenía como podía la ola de energía que pretendía taparla. En cuanto tuvo el alma de ella a buen recaudo, dejó de luchar contra la ola, que finalmente hizo de ella polvo de estrellas. No pudo evitar que alguna lágrima apareciera en sus ojos, se sentía impotente por no haberla salvado totalmente, pero al menos había logrado algo.
Estaba seguro que en algún punto aparecerían los nuevos cuerpos de ellos, lo que no sabía era dónde. Jamás había presenciado algo así, esta era la primera vez, pero se sorprendió al ver como el polvo de luz que había emanado del cuerpo de los dos se arremolinaba de nuevo y tomaban forma física, una que reconoció perfectamente pues era la de los dos que acababa de ver desaparecer en el aire.
Era extraño; sus ropas y armas no habían cambiado ni un ápice, pero sí sus rostros, que aunque iguales en continente, no así en contenido. William tenía barba, y Noelia ahora poseía un cabello castaño, y varias cicatrices y alguna quemadura en el rostro.
Ambos seguían inconscientes, así que, aunque le hubiese gustado pasar más tiempo con ella, sabía que tenía otro deber. Mantuvo su poder en la puerta, permitiendo que se pudiera salir, pero no entrar
Extendió la palma de su mano, de la que emanó luz, y el alma de la anterior Noelia se colocó ante él en forma de esfera luminosa.
-Crearé un cuerpo para ti, mi loba… -murmuró, mientras sus ojos brillaban algo.
La esfera tintineo un poco, parecía contenta. Ante un gesto de él, desapareció en el aire. Al menos sabía que estaba a salvo, eso era lo más importante para él en esos momentos. Ahora, se encargaría de lo demás.
(Fin del recuerdo de Jhonny)
Iba a comentarle una cosa cuando vio al fondo la energía del Rey de La noche. Era como una vela en una sala a oscuras, resplandecía con intensidad.
Pero eso no fue lo que más le llamó la atención, sino una ola de energía oscura. Una que venía desde el lado de Invernalia, y por tanto a la espalda de Ulrich. Y esta venía a una velocidad que debía acercarse a la de ellos, pues se movía a una velocidad muy superior a lo colindante.
-Eso de ahí es nuevo… -murmuró entonces, señalando en esa dirección. Ulrich observó entonces a lo que el otro apuntaba, y frunció el ceño.
-Voy a pararla, no me gusta nada, y encima notó ahí la energía de… ¿Lilith? –no se podía creer lo que estaba pasando-. Y no sólo ella… Joder… -Jhonny también lo notó entonces.
Era la de la hechicera aélida, Jamily.
Este vio cómo su compañero se rodeaba de su energía, y este le indicó con un gesto que fuera a proteger a los otros dos. Asintió, y se marchó de nuevo al castillo. Por su parte, los ojos del guardián del Fuego comenzaron a brillar de color rojo, con su pelo ardiendo en fuego. Corrió a la velocidad de la luz contra la ola de energía que, sin ninguna duda no podía traer nada bueno. En cuanto la alcanzó, sus manos tocaron la misma y sintió toda su fuerza tirar de él e intentar abrirse camino. No conocía algo así, jamás había visto algo parecido, y eso en cierta medida le ponía nervioso. Los primeros quinientos metros, Ulrich clavó sus pies al suelo pero igualmente fue arrastrado por la fuerza de la ola, hasta que se transformó y pasó a ser una suerte de león humanoide. Gracias a su mayor fuerza y tamaño podía detener con más facilidad aquello, y, con un fuerte grito y tras rodearse de su energía, se impulsó con la misma y comenzó a frenar la ola. Tardó un par de minutos, durante los cuales temió por su vida, pero eventualmente pudo detener la ola. Era consciente que de haber sido al inicio de la misma, le hubiera acabado consumiendo, y eso le preocupaba, pues podía notar su procedencia. Pero lo que le preocupaba especialmente, era que procedía del Universo de los Guerreros, del 910.
Estaban más que jodidos.
Ulrich estaba tirado en el suelo, en plena nieve.
Estaba boca arriba, con la respiración acelerada y con su energía aun rodeándole. Encima suya podía ver copos hexagonales de nieve en apariencia suspendidos en el aire, su cuerpo aún se movía a la velocidad de la luz. Tardó pocos segundos en incorporarse de nuevo, momento en el que volvió a una velocidad normal, y por ende, todo a su alrededor se aceleró hasta volver a moverse en tiempo real, al menos a sus ojos, pues para todos los demás todo se había mantenido igual. Se sentía cansado por haber detenido aquella ola de energía oscura, y le encantaría irse para poder actuar, pero tenía que acabar su misión allí.
Jhonny era lo suficientemente poderoso como para encargarse en solitario de aquello, y por supuesto de avisar al resto de lo que acababa de ocurrir. Le preocupaban sus compañeros, pero eso también era urgente. Tenía que asegurarse de que sería Jon el que derrotara al Rey de La Noche.
En ello reflexionaba Ulrich cuando se dio cuenta de un detalle, y es que él era más útil como "Azor Ahai" que como soldado en el frente. Su fuego ardía por todas partes, pero él no combatía de forma directa. Era tan solo un observador en ese sentido, pues ayudaba de otra forma. Tal vez a eso se referían constantemente Susan y Marin cuando les pedían no intervenir de forma directa. Los poderes eran variados, no solo en su caso, sino el de todos los demás. Podían ser útiles de formas más complejas y diversas que ser meros tanques de guerra invencibles.
-Cuánto me queda aún por aprender… -murmuró entonces, mientras se quedaba en un segundo plano.
Y es que los espectros, llegado un punto, se quedaron quietos en frente de los montículos de cadáveres. Los soldados, al ver eso, se miraban sin entender demasiado lo que estaba pasando. Notó las energías de Jon y el Rey de la Noche frente a frente. El ser, entonces, se rodeó de su energía: una plateada con tonos azulados, pero ambos colores eran de una tonalidad muy oscura, casi negra.
Frente a Jon –quien había bajado un rato antes el muro sobre el que estaba-, el Rey de la Noche alzó lentamente sus brazos. Lo siguiente que los que aún quedaban vivos vieron fue a todos los caídos, y a los pocos soldados muertos que aún no habían ardido, alzándose. Pero ese no fue el único efecto, y es que una corriente de aire frío se formaba a medio kilómetro de allí, en el grueso del ejército de los muertos, se movía a gran velocidad contra Invernalia, endureciendo la ya de por sí gran ventisca que tenían sobre ellos. Un escalofrío recorrió a cada vivo: el fin había llegado.
El mundo se detuvo por un momento, y las miradas entre ambos enemigos eran desafiantes, pero se diferenciaban: Jon mostraba terror, y el Rey de la Noche… burla. Cuando los muertos volvieron a atacar, terminaron por desbordarlos a todos, y Jon no fue la excepción. Corrió para hacerle frente, no importaba si tenía que pasar por todos los Caminantes Blancos, pero la avalancha de muertos lo sobrepasó.
El Rey de la Noche se agachó una vez más, poniendo esta vez una sola mano en el suelo. No tardó en levantarse de nuevo, y siguió su camino junto con su escolta, ignorando a su adversario. Más cerca que nunca de su victoria.
En las criptas, los muertos del otro lado de la barricada comenzaban a levantarse, e intentaban pasar a través de esta. Las personas resguardadas allí contuvieron la respiración, mientras los guardias y aquellas mujeres que portaban armas se pusieron frente a esta, preparados ante la situación –si los dioses no quisieran- de que estos lograsen atravesarla. De pronto, hielo recubrió la barricada, y todos observaron, atónitos, como esta se quebró y destruyó.
-¡Atrás! ¡Atrás! –gritó uno de los guardias, mientras hacía frete a la ola de muertos.
Pero aquella cantidad era demasiada, y pronto se vieron sobrepasados. Todos corrían sin dirección.
Tyrion tomó a Sansa, y ambos se ocultaron tras una de las criptas.
Ulrich frunció el ceño, se complicaban las cosas, más al ver como Viserion aparecía entre el viento y la nieve. Este empezó a lanzar ráfagas de fuego azul a los muros y torres del castillo
Notaba el miedo de los soldados, pero antes de decidir nada, oyó la voz de Bran en su cabeza una vez más.
Tienes que atraer al Rey de la Noche hasta mí.
Ulrich asintió, así que comenzó a correr en esa dirección. Tenía un plan en mente.
Los pasillos, tan oscuros como eran, guardaban misterios. Eso era un común denominador para toda Invernalia. Sin embargo, su silencio era aún más escalofriante.
Beric, Gendry y el Perro caminaban lentamente por los pasillos, la espada flamígera del primero era lo único que les otorgaba visibilidad en aquellos momentos. Rastreaban a conciencia cada zona que pisaban, con sus aras dispuestas.
-¿Creéis que fue buena idea dejar a aquella chica tirada? –preguntó Gendry.
-¿Acaso no la viste? Parecía que iba a explotar –exclamó el Perro-. ¿Le pasa eso a muchos Sacerdotes Rojos, Dondarrion?
-No, que yo sepa –respondió.
Entonces escucharon algo, una especie de gemido… de varios gemidos, que aumentaban de intensidad con cada segundo que pasaba. Provenían de un pasillo aledaño, el cual contenía una puerta. Se prepararon para la carga.
Cuando la puerta se abrió se encontraron con Arya –quien había sido embestida y cayó al suelo-, sobre ella habían tres muertos. De un martillazo, Gendry los destrozó liberando a la chica y levantándola rápidamente. La espada llameante de Beric atravesó a un cuarto espectro que iba a atacar a Gendry. Ambos se miraron a los ojos, pero por poco tiempo. Los tres hombres combatieron a los espectros, mientras, Arya cogía un hacha cercana que acababa de vislumbrar. La cogió y atacó. Beric había sido atravesado por muchos de ellos, y ella lo liberó a hachazos.
Los cuatro corrieron por los pasillos del castillo, pero seguidor de R'hllor trastabillaba; se desangraba con velocidad. Así que tomó una decisión.
El Perro, Gendry y Arya se dieron cuenta de su compañero faltante, y se dieron la vuelta. Beric estaba plantado en medio del pasillo, con su espada en mano.
-¡Huid los tres! ¡Id a una habitación y haced barricadas! ¡Son demasiados!
-¡No! ¡Tienes que salvarte! –gritó Arya. Beric sonrió.
-Yo ya he cumplido mi parte, señora –entonces se lanzó contra los muertos, siendo ensartado en todas partes.
Gendry tiró de Arya, haciéndola volver en sí. Y los tres siguieron huyendo. Pero cada vez habían más espectros y estos comenzaban a pisarles los talones. Lo peor era que sin la espada de Beric andaban casi a ciegas.
-¡Esto es una puta locura! –gritó el Perro. Sintieron como los muertos se ponían a su altura.
Pero de pronto un proyectil ardiente llegó desde el fondo del pasillo, impactando contra varios espectros, a lo que le siguió la formación de una pared de fuego tras ellos. Esto ralentizó a los espectros, pues al pasar por allí ardían y caían entre gritos.
-¡Qué coño! –gritó el Perro.
Frente ellos aparecieron William y Noelia. Sus ropas eran las mismas, pero sus rostros muy diferentes. Se preguntaron por un segundo si la magia tuvo que ver.
-¡No hay tiempo! –gritó William-. ¡Hay un salón cerca de aquí! ¡Vamos!
Los tres le hicieron caso, y siguieron a los mercenarios. Entraron al salón –es cual se encontraba iluminado levemente por una antorcha en una pared, aun así habían muchas zonas a oscuras-, y pusieron todo lo que tuvieron a su alcance para evitar que los muertos entrasen.
-Eso les debería frenar por un rato –dijo Noelia. El Perro y Gendry la miraron como si hubiesen visto un fantasma.
-Los misterios del Señor de la Luz son extraños. Ni yo sé bien por qué quiso que ahora me muestre así –mintió William, una excusa improvisada pero efectiva.
Noelia le devolvió la mirada, agradecida.
(Recuerdo de Noelia)
Acababa de despertar, cuando vio a Jhonny frente a la puerta de la habitación. Aparentemente los protegía. Era un chaval valiente.
Se frotó la mitad derecha del rostro. No tenía ni idea de cuánto había dormido, pero su puso que horas. Recordó lo que le había pasado, o por lo menos logró hacerlo, pues con los nuevos recuerdos que tenía ya ni sabía de qué iba su propia vida. Su mente estaba repleta de recuerdos nuevos, pero también de viejos, y de muy viejos; eran recuerdos de tres vidas. Y sintió la pesadez propia de alguien a quien le habían embrollado en un asunto complicado, lo que le fastidiaba de sobremanera.
Aunque de inmediato recordó qué era lo que estaban haciendo: su misión. Y no supo si reír o llorar. Observó cómo, a su lado, William también despertaba, para luego darle una mirada que ella reconoció. Estaban juntos en un asunto muy… interesante.
Movió con velocidad su cuello a ambos lados. El crujido llamó la atención de Jhonny, quien al verlos en buen estado sonrió. Ciertamente era adorable.
-Estáis bien –dijo con alegría, casi al borde de las lágrimas.
-Tranquilo, niño. No vamos a morir por esto –dijo William, tranquilizándole.
Jhonny la miró, avergonzado, pero ella apartó la mirada. Esto preocupó al chico, hasta que Noelia habló.
-Es hora dejarnos de cursiladas –se levantó, no mostraba ninguna emoción en particular-. Vamos a por esos cabrones.
(Fin del recuerdo de Noelia)
-Dijiste que volverías –exclamó Arya. Mientras se internaba en sus pensamientos no notó a Melissandre salir de entre las sombras.
-Y aquí estamos –respondió la mujer roja-. Al final del mundo.
Los gritos de los muertos se escuchaban por todas partes.
-Y que se cerrarían muchos ojos para siempre –dijo Arya-. También tenías razón.
-Marrones… Verdes… -Arya asintió-… Y azules.
Arya la miró a los ojos, luego vio a todos sus compañeros. El cansancio se apoderaba de ellos, pero se mantenían firmes.
William miró a Noelia. Ambos tenían una idea de lo que pasaría, y en verdad esperaban que fuera así. Esa vez sí.
Melissandre los vio, solemne.
-Todos tenemos un propósito –la mujer sonrió-. Y ahora mismo somos la espada en la oscuridad.
Inmediatamente lo comprendieron, se miraron y asintieron. El Perro y Gendry reforzaron el agarre de sus armas; el último miró a Arya, y asintió. Mientras la Stark salía del salón, los cuatro la siguieron.
Era ahora o nunca.
Mientras, Ulrich había abierto un camino hacia Invernalia. Detrás de él, amenazante, corría un Caminante Blanco. Le había provocado logrando tirarle al suelo cuando le embistió envuelto en fuego. Su objetivo era el Rey de la Noche, pero su escolta era más dura de lo que creía. No solo tenían el poder del Hielo de su lado, sino que cada uno de ellos, por sí solo, podría valer –y no exageraba- por veinte mil soldados experimentados. En una primera ocasión, le había logrado lanzar al suelo, embarrando sus prendas, así como darle un puñetazo en la cara con la suficiente fuerza como para que se molestara. En seguida, se abalanzó con su arma por delante, dispuesto a matar a Ulrich. Pero antes de que eso pasara, una columna de fuego –cortesía propia- se interpuso entre ellos. De todas formas, este colocó un pie en la tripa de Ulrich y le lanzó por los aires, y mientras este estaba cargando en su puño energía, que lanzó en forma de cañón de hielo que impactó en el estómago del chico, que si bien no se congeló sí que recibió un fuerte golpe. Él simuló un gesto de dolor, y cayó al suelo a plomo, aunque pudo haber parado la caída.
Quería dar apariencia de debilidad para que el enemigo se confiara y fuera tras él en el momento en el que comenzó a correr hacia Invernalia, cosa que efectivamente pasó.
Esquivaba los envites del Caminante pero él los esquivaba rodeado de fuego. El guardián podía notar como Bran seguía dando instrucciones como podía al ejército de los vivos, pero el miedo estaba generalizado. Cundía el caos.
Delante de él, el Caminante andaba despacio en su dirección, con los puños apretados, y rostro serio, como era habitual en estos seres.
-Perfecto… -murmuró Ulrich. Se colocó en posición de combate, y sonrió.
Aunque no pudiese atacar al Rey de la Noche, por lo menos se encargaría de destrozar a uno de los suyos. Ese era un buen inicio.
Un gigante atacó a Podrick, tumbándolo al suelo, y estuvo a punto de aplastarlo con una de sus manos.
-¡Podrick! –gritó Jaime. Los muertos le impedían llegar hasta él.
Pero el monstruo fue ensartado por la espalda gracias a Tormund. Brienne también llegó al rescate, clavando su espada en el pecho del gigante.
Y cayó al suelo.
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En las criptas, Sansa y Tyrion temían por su vida como nunca habían hecho. Pero entonces Sansa sacó el cuchillo que su hermana le dio al inicio de la batalla. Tyrion la miró con sorpresa, pero imitó su gesto. Ambos se miraron solemnemente. Con miedo, pero con respeto y cariño.
Tyrion besó su mano, y acto seguido los dos se levantaron.
En el Bosque de Dioses la batalla era frenética. Y mientras los Hijos del Hierro disparaban sin cesar, Bran usó sus poderes una vez más, para controlar al dragón espectro.
Viserion apareció en el bosque, inundando con sus llamas a los muertos.
En las afueras, Jorah defendía con su espada, pero también como un escudo humano, a su reina. Daenerys veía con impotencia esto. Por mucho que ella le estuviese apoyando con un arakh, su habilidad en combate era casi nula, y su leal amigo la protegía por todos los medios.
Fantasma atacó a un espectro, esta hubiese pillado desprevenida a Sansa si no hubiese sido por el lobo huargo. Lamentablemente varios espectros lo rodearon, hiriéndolo y arrancándole una oreja. Pero Sansa llegó y acabó con ellos, devolviéndole el favor al lobo. Tyrion lograba lidiar con algunos. A pesar de lo torcidas que eran sus piernas, su tamaño le ayudaba a esquivarlos mejor. Varys y Missandei se habían ocultado junto con mujeres y niños en uno de los pasillos, esperando a lo peor.
Cada quien peleaba por su vida ahora.
Gusano Gris salvó a Sam a regañadientes, y luego marchó para reunirse con los Inmaculados. Sam intentó levantarse, en el momento en el que vio a Jon hacer lo mismo, pues este había caído por culpa del último espectro al que asesinó. Pero aquella distracción de Sam le costó el ser asediado por un muerto. Sam rogó por ayuda, estaba desarmado, y lloraba.
Jon lo vio, sabía que estaba a punto de morir, sabía que solo él podría salvarlo. Pero tenía una misión. Jon se marchó, dejando a su mejor amigo a su suerte. Y mientras Sam veía cómo Jon lo abandonada, cinco espectros más lo atacaron, dando fin a su vida entre cuchilladas.
Al mismo tiempo, Ulrich por fin logró encajarle un puñetazo severo al Caminante, el cual lo dejó aturdido, para entonces destruirle de una cuchillada de vidriagón. Luego, con su poder saltó a lo alto una de las torres de Invernalia. Desde allí podía contemplar toda la batalla, y vio a Jon ser perseguido por varios espectros. Bajó de un salto, sin ser visto, para dar alcance al hombre. Lo que más le interesaba era el hecho de que Jon cumpliera su destino.
Sin embargo, los muertos alrededor del guardián del Norte, unos pocos, se detuvieron, para luego atacar a sus compañeros. Sintió una energía conocida a su lado, y sonrió. Esta vez los Guardianes darían su tipo. Al principio Jon no lo entendió, pero cuando lo vio a ellos asintió, agradecido. Y siguió corriendo.
-Espero que puedas contra él, Jon… -murmuró Ulrich para sí.
Arya y Gendry se abrían camino como podían, mientras el Perro daba estocada tras estocada, gruñendo como un sabueso. William hacía barridas amplias, con su espada envuelta en un humo extraño. Cuando Noelia tenía la hoja de su espada al rojo vivo, casi al punto de que pudiera derretirse, mientras lanzaba con sus manos bolas de un material semilíquido e incandescente. Todos ellos avanzaban a gran paso hacia el Bosque de Dioses.
Tras ellos venían Jaime, Brienne, Yohn Royce y Podrick.
Sansa se tropezó contra el cadáver de una mujer. El espectro quiso alcanzarle, pero este cayó de pronto. Tyrion lo atacó por la espalda. Le tendió la mano a la mujer y la levantó
El Rey de la Noche y los Caminantes Blancos aparecieron en el Bosque de Dioses. Allí Viserion se encontraba desbocado, hasta que el Rey lo tocó; y pareció como si nada le hubiera pasado. Bran perdió la conexión con el dragón, y la bestia se dispuso a atacar. De una llamarada incineró a varios defensores. Pero su llama fue cortada y no pudo mantenerse, todo debido a las heridas de su cuello. Uno de los Caminantes Blancos lanzó su arma a Alys Karstark, matándola instantaneamente.
Varios muertos seguían detrás del Rey de la Noche, y se le adelantaron.
Los norteños e Hijos del Hierro que quedaban defendían a Bran con fiereza. Asha y Theon no daban su brazo a torcer y los remataban con la lanza. Mientras, padecían las llamaradas de Viserion, no obstante a veces ayudaba, puesto que los desuellos en su cuello dejaban escapar llamas que incineraban a espectros.
Pero pasa el tiempo, y de pronto ambos Greyjoy son los únicos en pie. Los muertos no se les abalanzaban, e incluso el dragón había dejado de atacar. Asha resopló, cansada y desconfiada. No sabía por qué ocurría esto, y decidió no bajar la guardia. Sin embargo Theon miró a Bran.
-Theon –dijo el Cuervo de Tres Ojos-. Eres un buen hombre.
Asha los miró, anonadada, pero Theon tenía una mirada decidida. Y supo lo que pasaría.
-Lo que está muerto no puede morir –dijo la mujer.
Theon alistó su arma y cargó contra el Rey de la Noche, sin embargo este de un rápido movimiento rompió su lanza y se la clavó.
Theon cayó al suelo, desangrándose y lamentando haber fallado.
Cuando Asha se preparó para combatir, lo escuchó. Los refuerzos habían llegado.
Los Guardianes y Guerreros se encargaron de destruir a los espectros y al dragón, mientras que Brienne, Yohn Royce, Podrick, el Perro, Gendry, Arya y Jaime iban a por los Caminantes.
Jon apareció, y se vio frente a frente con el Rey de la Noche. La pelea comenzó.
Jon y el Rey cruzaban espadas, y sus habilidades fueron demostradas. Esquivaban, cortaban ensartaban. Eran maestros del combate.
Sin embargo el Rey de la Noche demostraba ser aún mejor guerrero, y a pesar de todo lo que Jon intentó, su enemigo tomó su brazo y se lo quebró.
Jon cayó al suelo, adolorido. La espada se le cayó a unos metros de distancia e intentó ir a por ella, pero el Rey de la Noche le dio un corte por la espalda, haciéndolo retorcerse.
El Rey no quiso esperar, y se dispuso a atacarlo, hasta que sintió una presencia llegar rápido hacia él. Se dio la vuelta y la cogió del cuello y por la mano con aquella daga. Era Arya.
Jon se alarmó, y con mayor prisa cogió su espada.
Arya dejó caer su daga, para luego clavársela en el estómago, abriendo una grieta. Y Jon aprovechó la oportunidad para ensartarle su espada.
Su enemigo se quebró como el cristal, y explotó. Los Caminantes le siguieron. Y los espectros cayeron a lo que debían ser, muertos.
Durante unos momentos, nadie se lo pudo creer. Bran los miró, esbozando una leve sonrisa.
La Larga Noche había terminado.
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Según volvían a la dimensión de Jamily, Ulrich notó algo bastante raro en el ambiente, podía notar tensión y un poder inmenso pero tan solo lo sintió durante unos segundos, aunque la tensión ahí seguía.
-¿Qué habrá pasado? –preguntó William.
Al guardián de la muerte le impresionó que el guerrero pudiera darse cuenta también. Se preguntó si se debía a sus poderes o si es que realmente esa tensión se podía palpar en el ambiente.
-Pues sí, es verdad –Noelia olfateó el aire-. Apesta a trifulca.
Aparecieron en el salón, donde pudieron ver a Beatrice, ella estaba sentada a la mesa con un portátil, parecía estar escribiendo en el mismo cuando él llego. Les sonrió un poco, y sin decir no mucho más que un suave hola, continuó con sus tareas.
-¿Sabes qué pasa? –preguntó Ulrich entonces, a lo que ella suspiro.
-Pues… ha habido jaleo, la verdad. No me he enterado demasiado, pero… ha habido problemas con… ¿los llamáis Guerreros? -preguntó entonces.
Los aludidos de dicho grupo asintieron.
-Ya veo… -murmuró entonces.
Decidió buscar a los demás, eso le era bastante extraño todo. Salió por la puerta y se dirigió hacia sus compañeros, que aún discutían entre ellos, parecían con los ánimos caldeados.
William y Noelia le siguieron. Un sinuoso escalofrío recorrió sus cuerpos. No había que ser muy listo para ver la verdad. Esta allí en el ambiente.
Lo único que deseaban era que ninguno de sus amigos hubiese pagado el precio.
Sin embargo los Guardianes notaron algo más. Algo había pasado.
Algo que hizo que saltaran las alarmas.
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A la vez, Jamily estaba al otro lado de la casa, donde hablaba con Mahasiel.
-Ten más cuidado la próxima vez- le pidió el serafín entonces. Ella asintió, mientras giraba el rostro, molesta.
-Imagino que has sido tú el que ha alterado la percepción de los Guardianes, ¿verdad? -preguntó ella.
Había que ser estúpido para reaccionar de esa manera ante esas evidencias. O que alguien te estuviera manipulando, a lo que Mahasiel asintió.
-De no ser por mí ahora tendrías que estar peleando contra ellos, y no sé si podrías contra todos, después de lo que hiciste –comentó.
-Iré al Universo 912 para retirar los posibles restos de la ola de energía que cambió al 910, por si a alguno de ellos les da por ir hacia allí de notar los remanentes, es lo que nos faltaba -comentó, y ante el asentimiento del otro, ella abrió un portal y fue hacia allí.
No le era ajeno que ella había reiniciado un Universo entero junto a Lilith. Al menos en ese momento los mundos se estaban recolocando de nuevo. Luz tendría que estar ya casi acabando su tarea, pensó.
Sin más, se fue de allí.
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El sobrenombre de la Noelia guerrera
Los detalles de la Batalla de Invernalia están enteramente basados en el vídeo de Mikhoffee Time: Game of Thrones – Mejorando la Temporada 8 / "La Larga Noche".
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Marin, que pertenece a Doctor Who.
