Apoyo de amistad (Fae/Laegjarn)
Aun con todas las advertencia que, más de la mitad de sus compañeros le habían hecho sobre los horrores que le esperaban en la infame Torre de Practica, nada de eso la preparó para lo que se tuvo que enfrentar en ese sitio de muerte y destrucción... lo peor de todo era que su grupo junto con ella, debían llegar a una cierta cuota de "experiencia" antes de abandonar el recinto... nunca pensó que llegar a la dichosa cota les tomaría casi todo el día...
Laegjarn no iba a mentir... de verdad necesitaba urgentemente llegar a su cama a descansar, el desgaste físico fue tal que Phyria, les recomendó que el día siguiente se tomaran el día libre para recuperarse y, luego volver a subir la torre y con algo de suerte, pasado mañana sería su último día en esa torre del tormento... lo peor de todo era que prácticamente todos le dijeron que la torre, no era la parte más peligrosa o desgastante que el reino de Askr podía ofrecerles... ahora le quedaba claro porque esos héroes eran tan sorprendentemente resistente y fuertes...
Luego de asegurarse de que su hermana llegara a su habitación y que, prácticamente se quedara dormida en cuanto su rostro toco su almohada, Laegjarn se disponía a cumplir un deber más importante que su ansiado descanso, debía cumplir una promesa que llevaba quizás más de un mes tratando de completar y que, sin importar el terrible cansancio de su cuerpo, estaba dispuesta a realizar.
Fae se encontraba en su habitación con su piyama puesta, aliviada de que lograra demostrarle a su hermana Olivia que podía vestirse sola sin ningún problema, si quería verse aunque fuera un poco mayor, debía ser capaz de hacer esas cosas sola... aunque no podía negar que extrañaba la compañía de sus amigas y hermanas mayores...
Sacudió su cabeza tratando de disipar esas ideas, si quería ser mayor debía aprender que no podían estar todo el tiempo con ella, todos tenían su derecho a descansar y Fae, no se los impediría luego de la larga jornada que tuvieron hoy.
Tomo su gorro de dormir negro con unos simpáticos ojos, nariz, un par de dientes cuadrados y una bolita blanca en la punta que Phyria le había regalado y que, se había convertido en uno de sus tesoros más valioso, recogió el peluche de malig que su hermana Camilla tan gentilmente le hizo y, con su lucecita de noche encendida y su vaso de agua en su lugar, se disponía ir a la cama cuando unos suaves toques a su puerta la interrumpieron.
Se preguntaba quién podría ser, quizás su hermana María iba a tomar prestado algunos pastelillos del escondite de Catria y necesitaba su ayuda, o quizás Olivia o Florina querían ver si estaba bien, sin más decidió abrir la puerta y averiguarlo, sorprendiéndose de encontrar a Laegjarn.
-¿Laegjarn?-dijo Fae algo confundida.
-Buenas noches Fae, espero no haberte despertado-dijo Laegjarn en tono dulce.
-No, las niñas grandes como yo pueden quedarse hasta estas horas de la noche despiertas-dijo Fae con evidente orgullo, aunque para ella altas horas de la noche eran las nueve de la noche.
-Sin duda has crecido mucho desde la última vez que te vi-dijo Laegjarn con una sonrisa.
-¿E-enserio?-preguntó Fae algo sonrojada.
-Claro que si Fae, sin duda eres una niña bastante grande-dijo Laegjarn en tono gentil, avergonzando más a Fae, pero esbozando una sonrisa alegre.
-Oh lo siento, donde están mis modales-dijo Fae algo mortificada-¿Te gustaría pasar a mi habitación?-dijo Fae un poco apurada.
-Si no tienes problemas, me encantaría pasar a tu habitación-dijo Laegjarn en tono educado.
Fae la hizo pasar casi de inmediato, ofreciéndole sentarse en su sofá mullido, regularmente los adultos invitaban té o algún tipo de dulce, pero en vista de que no le tenía permitido tener dulces hasta tarde y que no tenía té, solo pudo ofrecerle su vaso de agua para su vergüenza.
-Perdón si no tengo algo más que ofrecerte-dijo Fae algo apenada.
-No te preocupes Fae, además no me gustaría beberme tu único vaso de agua-dijo Laegjarn un poco preocupada.
-N-no hay problema-dijo Fae más segura-Ya casi no me da sed en las noches-dijo Fae con cierto orgullo, Laegjarn no pudo evitar soltar una suave risa-Y bueno, ¿Por qué has venido a visitarme?-preguntó muy curiosa.
-Bueno, hay una promesa que te hice hace mucho tiempo y, estoy dispuesta a no hacerte esperar más para cumplirla-dijo Laegjarn en tono cálido, Fae no necesito pensarlo mucho para recordar a que se refería Laegjarn.
-¡Me contaras otra historia de la princesa guerrera y el pequeño dragón!-dijo Fae emocionada.
-Precisamente, lamento que me haya tomado tanto tiempo cumplir mi palabra-dijo Laegjarn preocupada.
-No te preocupes Laegjarn-dijo Fae en tono seguro-Se que con las batallas y tu trabajo de reina, no tenías mucho tiempo libre y como una niña grande, puedo entender eso-dijo Fae con cierto orgullo, logrando que Laegjarn esbozara una sonrisa enternecida.
No pasó mucho para que Fae estuviera acomodada en su cama con su fiel peluche a la mano y su gorrito bien puesto en su cabeza lista para escuchar las aventuras de la princesa y el dragón, Laegjarn no tardo en contarle una increíble historia donde el pequeño dragón, despertó su poder divino para salvarle la vida a la princesa guerrera.
Laegjarn le contaba historia tras historia a la pequeña Fae, la cual emocionada le pedía una más, no fue hasta la sexta historia que Fae noto algo curioso.
-¿Laegjarn, tienes alguna otra historia sobre la princesa y el dragón?-pregunto Fae acomodando su mullida almohada, al no escuchar respuesta, Fae volteo a verla preguntándose que pasaba y no pudo evitar sorprenderse un poco.
Al parecer Laegjarn se había quedado profundamente dormida sentada en la silla, Fae se dio cuenta de que probablemente Laegjarn estaba muy cansada por todo el entrenamiento que hizo en la Torre de Practica... y a pesar de su cansancio, decidió contentarle todas las historias que Fae quiso...
Fae no iba a dejar las cosas así, como niña grande responsable, debía hacer algo para que Laegjarn pudiera dormir cómodamente, Fae salió de su cama, tomando una distancia prudente y usando su piedra dragón que siempre tenía cerca de su vaso de agua, se transformo en su forma dragón, agradeciendo que Phyria hubiera tomado la precaución de hacer su cuarto lo suficientemente grande para que su forma dragón pudiera caber y moverse por ahí sin problemas.
Con suma delicadeza, cargo con cuidado a Laegjarn, la acomodo en su suave cama antes de arroparla bien y colocarle su malig a lado para que pudiera dormir bien, contenta de que todo había salido bien, Fae regresó a su forma humana, coloco su piedra en su cómoda y, subió a su cama para ir a dormir.
Fae se acurruco en el pecho de Laegjarn antes de quedar profundamente dormida, soñando en que Laegjarn y ella, tenían las mismas aventuras que vivieron la princesa guerrera y el pequeño dragón.
