Yamato tomó asiento en el sofá, distraído. Era temprano y aunque no tenia que trabajar le costaba dejar de levantarse a la hora a la que estaba acostumbrado. Aquel día cuando lo había hecho Sora estaba todavía dormida y, por lo que le había dicho la noche anterior, entraba algo más tarde al tener que pasarse primero a supervisar algunas cosas en la otra punta de la ciudad.
Queriendo darle algo más de tiempo se había encargado de dejar el desayuno preparado y ahora estaba entretenido con Aiko. Se había asomado a su habitación encontrándosela sentada en la cuna con el chupete en la mano intentando ponérselo a Gabumon. Sin duda, por mucho que hubiera madrugado, esa imagen hubiera sido capaz de poner de buen humor a cualquiera.
- La próxima vez me avisas primero y así vengo con el teléfono en mano – le dijo cuando por fin se acomodó con ella encima-. Si, tú…
Se quedó mirando a la niña riéndose, divertida ante las caras de su padre quien todavía seguía intentando fingir seriedad ante las malas miradas de Gabumon desde el otro extremo del salón. Era algo que necesitaba en su vida a tamaño grande, por muchos mordiscos que pudiera costarle. Movió sus manos de tal forma que pudiera hacerle cosquillas a la pequeña viéndola seguir entre risas.
- Oye, ¿qué te parece si te mando a despertar a mamá? – recalcó aquella palabra intencionadamente, viendo como los ojos de Aiko se quedaban fijos en él.
Había pasado unas cuantas mañanas entretenido en aquello. Le debía a Sora una jugarreta de aquel estilo y no le había costado tampoco gran cosa que la niña aprendiera la palabra. Entre que prestaba siempre especial atención a todo lo que le decía él y que sabiendo decir ya papá no era tan complicado, apenas le había supuesto un esfuerzo. Lo que sí que le había costado más, ya que aún estaba en ello, era que la pequeña lo dijera de repente y en presencia de Sora.
- ¿Vamos a despertarla? Pero ya sabes lo que le tienes que decir que sé que saber hacerlo – la levantó, dejándola así frente a él, entretenido al darse cuenta de sus enormes ojos azules estaban observándolo atentamente-. ¿Me lo prometes? Ya verás que contesta se va a poner… - se quedó mirándola, entretenido-. Venga, que sé que sabes hacerlo… Mamá…
- Ma… ¡Mamá! ¡Mamá!
- Eso es, muy bien tortuguita – la acercó a él pudiendo así darle un beso en la frente antes de ponerse en pie-. Ahora díselo a ella que por mucho que me guste escucharte a mí…
- ¡Papá! ¡Papá! – cortó las palabras de su padre mientras que avanzaba por el salón.
- No, no, ahora papá no. Mamá… Venga…
- ¡Papá!
- No, papá no. Mamá…
- ¡Papá papá papá papá!
Negando con la cabeza, no pudiendo más que empezar a reírse, terminó por subir los escalones sabiendo que Aiko acabaría haciendo lo que ella quisiera. A fin de cuentas, era un bebé y no se podía tampoco razonar tampoco gran cosa. Abrió la puerta de la habitación, viendo que Sora parecía estar aún durmiendo, acercándose a ella y dejando a la pequeña en la cama mientras que él iba a abrir las cortinas para que entrara el sol.
Se quedó observando a la niña gateando hacia Sora, dándose cuenta de que estaba medio despierta y no tan dormida como él pensaba. Sonrió, yendo a sentarse en el borde de cama para poder verlas más de cerca.
Pudo ver como ella se revolvía, quedándose así bocarriba, observando a la niña y sonriendo ligeramente antes de bostezar. También estaba acostumbrada a madrugar y era muy probablemente que el rubio de él haciendo el desayuno la hubiera despertado.
- ¿Dónde vas tú? – le dijo a Aiko cuando ya la tuvo cerca, alargando la mano hacia ella para intentar cogerla, escuchando como se reía al esquivarla-. ¿No te parece que es un poco temprano para tener ya ganas de jugar?
- Creo que me sé su respuesta – dijo él, divertido, observándolas-. Me la encontré en la cuna intentando ponerle el chupete a Gabumon…
La risa de la pelirroja pudo escucharse por toda la habitación, terminando de despertarse, tras unos segundos en los que tuvo que procesar la información que acababa de darle él. Aprovechó para arrastrarse algo por la cama y quedar ligeramente incorporada.
- Oye tú – cogió finalmente a la pequeña-. ¿No te da vergüenza hacerle esas trastadas al pobrecito Gabumon? – le dijo, divertida, viendo como alargaba las manitas para intentar cogerla-. ¿Qué? ¿Eso es un no?
- No le digas eso, que si consigue ponérselo y yo veo eso necesito un par de fotografías de semejante escena en mi vida… - alargó la mano él también para echar el revuelto cabello de Aiko hacia atrás-. Así mejor, que sino no vas a ver nada de nada…
- Pues igualita que otro que yo me sé – giró la cabeza hacia el rubio, entretenida-. Te hago la misma pregunta que a la niña… ¿qué narices haces levantado tú?
- La costumbre – dijo encogiéndose de hombros-. He preparado el desayuno, par que luego digas que te trato mal…
Entretenido por la cara que puso ella, acabó por inclinarse hacia ella para poder saludarla con un beso de buenos días, tranquilo y corto al estar la pequeña delante de ellos, quedándose unos segundos cerca de la pelirroja todavía sin abrir los ojos.
- ¡Papá!
La voz de la niña hizo que girase la cabeza, quedándose así mirando hacia ella sin extrañarle aquello ya que era lo que solía hacer, dando la causa por perdida aquella mañana y viendo como Sora se empezaba a reír a pesar de todo.
- Eso te pasa por dejarla sola tanto… Que ahora no tiene otra palabra en la…
- ¡Mamá! ¡Mamá!
Las palabras de la pelirroja murieron en su boca cuando la escuchó hablar. Confusa, en primer lugar, pensó que simplemente la había entendido mal, que estaría llamando a Yamato como era costumbre, volviendo a escuchar de nuevo la palabra de sus labios.
Aiko se había ido acercando más a ellos, poniéndose en pie cuando se había quedado distraídos con el beso, queriendo reclamar así la atención de sus padres, probando ahora suerte con Sora. La pequeña no tardó en empezar a reírse por la expresión en la cara de su madre, trepando por encima de ella para poder llegar más cerca aún.
- Mamá – repitió de nuevo, quedándose sentada encima de ella.
Yamato también se había quedado mirándola, sin poder terminar de creerse que hubiera hecho por fin caso. Hacía ya días que había comprobado que lo decía con total fluidez, pero nunca delante de su madre hasta aquel momento. Sonrió, desviando la mirada hacia Sora, estudiando su expresión, todavía perpleja.
- Creo que la niña va a pensar que a su madre se le ha fundido el cerebro – dijo divertido.
Tardó aún unos segundos más en reaccionar, dibujando una sonrisa de oreja a oreja en su cara, quedándose mirando hacia la niña a la cual acabó por coger, acercándosela aún más.
- ¿Cómo me has llamado?
- Mamá – repitió, posiblemente sin saber lo que le habían preguntado, posando sus manos en la cara de ella.
No pudo evitar emocionarse con aquello. Ella misma se había pasado muchos días enseñándola a decir papá, era evidente que iba a ser lo siguiente que pudiera decir más allá de pequeños intentos de decir otras cosas como el famoso "chi" que tanta gracia le había hecho a Yamato. Pero ahora la estaba llamando mamá por primera vez. Su pequeña la estaba llamado mamá por primera vez.
- Ey – dijo Yamato dándose cuenta-. Pero bueno… - acercó su mano él también a su rostro, limpiándole la pequeña lagrimita que se deslizaba por su mejilla. Se rio ligeramente, rodeándola con el brazo y atrayéndolas así a ambas contra él, dejando un beso en el cabello de la pelirroja.
- No te rías, tonto… - escuchó como protestaba por lo bajo, dejándose arrastrar y levantando la vista hacia él con los ojos brillantes al estar húmedos.
En otra ocasión quizás se hubiera llevado un manotazo por reírse de ella, pero no tardó en volver a acomodarse contra él dejando así a la niña entre los dos. Era una pena no poder dejar aquellos momentos grabados. Sabía que era algo que no iba a olvidar con facilidad nunca, pero le gustaría poder volver a verlo cuando pasara el tiempo.
- Anda, vamos a desayunar que lo he dejado todo preparado abajo – dijo finalmente él-. ¿O prefieres que te lo suba?
- No, no… Ya voy yo – se pasó el dorso de la mano por los ojos-. Tengo que ir al baño además…
Divertido, alargó él las manos hacia el bebé, cogiéndola para dejar a Sora levantarse y seguirla con la mirada hacia el baño, bajando la vista hacia la niña.
- Así me gusta, cómplice. Luego te lo compenso a la hora de comer… - se puso en pie, con ella en brazos esperando a que la pelirroja volviera a salir para bajar con ella-. Te he hecho el desayuno, mira a ver si consigues que tu madre te lo dé. Aunque me parece a mí que hoy va a ser ella la que te traiga un peluche de esos que te gustan tanto nuevo sin reñir a nadie por ello…
No dijo nada, solo acercándose hasta ellos para bajar finalmente a desayunar. Le estaban entrando ganas de dejar para otro día lo que tenía que hacer y pasarse todo lo que quedaba de día con su pequeña, no lo iba a negar, pero no quería cargarle a Haru más trabajo del que ella tenía. Y, era ella la que tenía que encargarse de aquello, ya tendría tiempo más tarde para estar con ella.
- ¿Qué has hecho de desayuno? – preguntó curiosa mientras que bajaban.
- Es verano, ya me tengo aprendido tu menú, tranquila… - buscó la mesa con la mirada, viendo a los digimon ya sentados en ella-. Eh, vosotros dos, ¿qué estáis haciendo?
- ¡Tenemos hambre! – protestó Biyomon-. Sois unos lentos…
- Es Aiko que nos distrae – dijo Sora llegando finalmente a la mesa-. Dame a la niña…
- ¿Le quieres dar el desayuno tú? – se giró, dejando que la cogiera.
- ¿Algún problema con ello? – sonriendo, la sujetó bien contra ella-.A ver, chiquitina, que creo que alguien te ha hecho algo que te gusta mucho…
Su desayuno podría esperar, no se iba a enfriar y prefería dar a la niña de comer, ya que suponía que tendría hambre al ser más tarde de lo que ella solía comer por las mañanas. Tomó asiento dejándola sentada encima de ella, revolviendo con la cuchara la comida de ella, entretenida al ver como ella empezaba a agitar sus piernecitas.
- Yo creo que reconoce el menú… - dijo Yamato entretenido.
- Claro que sí, porque ella es muy lista. Aunque con lo mal acostumbradas que nos tienes con la comida en esta casa no sé cómo nos las arreglamos cuando no estás por la cocina…
- Ya, dijo precisamente a la que se le da bastante mal… - negó con la cabeza-. ¿Quieres té? – le preguntó acercándose a poner a calentar el agua.
- Sí, gracias… - asintió, volviendo a acercar la cuchara a la boda de la niña.
No necesitaba más en su vida en aquel momento para poder decir que todo lo que había pasado los años pasados merecía la pena. No habían tenido ni una sola garantía de absolutamente nada cuando habían vuelto juntos. Lo único que estaba a su favor era un simple sentimiento. Y lo consideraba como tal ya que había quedado claro que no había sido suficiente las dos anteriores veces… Sin embargo, allí estaban. Dándole el desayuno a la pequeña de ambos.
Nunca se hubiera imaginado que pudiera querer tanto a un pequeño ser como era Aiko, que se la iba a haber ganado de tal forma… Aquella pequeña era su vida. Su familia era su vida y lo que más le importaba por encima de todas las cosas. Verla abriendo la boca pidiendo más comida mientras que agitaba sus piernas le encantaba. Aquella imagen tan común y simple valía oro para ella.
- ¿Tengo que ponerte un babero a ti también como a ella? – preguntó Yamato, asomándose por encima de su hombro para dejar un beso en su mejilla.
No le respondió de palabra, girándose únicamente con una sonrisa en los labios.
AnnaBolena04: y así es como la nenita se cargó a su madre.
Si es que sin duda, después de haberlos sacado pasándolo mal todavía en la época en la que ellos apenas tenían tiempo para poder verse, pues ahora tenemos a la chiquitina llamando a Sora por primera vez mamá. Ahora toca esperar a ver si la pelirroja es capaz de sobrevivir a semejante cosa, que sí, que se lo merece porque ella fue la que le enseñó a Aiko a decir papá, así que... es justo. Pero claro, seguro que ella no contaba con ello.
Y sino pueden morirse los dos del amor a costa de la chiquitina, que se lo han ganado a base de pasarlo mal durante tanto tiempo. Ahora que se dediquen a ver a su cosita preciosa crecer que es un buen premio después de tanto que han pasado. ¡Besitos de tortuguita!
