- ¿De verdad que no os importa quedaros con Aiko a vosotros? – preguntó Sora de nuevo.
- Mira, como me vuelvas a hacer esa pregunta te tiro algo a la cabeza – dijo Andrew girándose hacia ella con el bebé en brazos-. Y, ya iba siendo hora que me la dejaras a mí un poco, que siempre anda confraternizando más con el enemigo…
La pelirroja se rio, quedándose mirando hacia él. Sabía que Andrew tenía buena mano con los niños, para algo tenía un par de sobrinos pequeños que lo tenían bastante tonto. No iba a ser ella la que le diera la lata sobre cuándo era momento para tener los suyos propios. Sabía exactamente lo que había y respetaba los motivos más que nadie. Ella sabía lo que llegaba a molestar la gente cuando se metía en temas que no podían ser más de única incumbencia de la propia pareja.
- Con mis padres en Kyoto en el congreso y los de Yamato cubriendo no sé qué reportaje… Tampoco quiero darles más trabajo de la cuenta a su tío o a Taichi.
- Deja de poner excusas. Nosotros encantados de que se quede en casa, deberías de saberlo. Además, ¿ya puede comer de todo?
- Sí, mientras que no tenga sal y sean cosas suaves…
- Pues ya está. Y ni te preocupes por ropa para cambiarla o por un pijama, ya te digo yo que tenemos en casa algo que tenga Haru a medias para jugar a las muñecas con ella – bajó la vista hacia Aiko, sonriendo al ver como intentaba robarle las gafas-. Eso no es tuyo…
- Asúmelo, te pasas más tiempo sin las gafas que con ellas – divertida, se acercó hasta ellos-. Oye, ¿vosotros dos no pensáis iros de vacaciones a ninguna parte este año?
- La verdad es que estoy algo liado, pero… Si no tenéis mucho lío en el estudio podría secuestrarla conmigo a Los Ángeles.
- Por mí no hay problema, ya lo sabes – asintió, echándose a reír ya del todo cuando vio como la pequeña conseguía alcanzar las gafas.
Entretenida con la escena, se quedó mirando hacia ellos hasta que volvió a ver a Haru aparecer, la cual se quedó a su lado observándolos. Se acercó hasta su marido y la niña para poder saludar a la pequeña.
- Si protesta tú grúñele, que es un aburrido cuando quiere y eras gafas son un buen juguete…
- Eso, tú dale ánimos. Aunque lo de desgraciarme las gafas es una de tus mayores aficiones…
- Eh, que sigo delante. Y contando que sé exactamente cómo te dejó sin gafas la primera vez, creo que prefiero que no esté Aiko delante…
Sora pudo ver cómo cada cual de sus amigos se puso más rojo que el otro ante las palabras de ella, echándose a reír de forma automática por las caras de ellos. Se había reído mucho de las vueltas que esos dos había dado por tonterías sin sentido y vergüenza. Especialmente después de la primera vez que realmente había pasado algo entre ellos y poco más y no habían sido capaces de respirar el aire de la misma ciudad sin ponerse del mismo tono de rojo del que estaban en ese momento.
2015
Haru se había quedado sentada en el sofá, con la vista fija completamente en la nada. Llevaba así gran parte del día, agradeciendo llevar sola desde que se había levantado. Sora hacia ya unos días que se había ido con Yamato y sabía que Andrew estaba ocupado con algunas reuniones importantes.
Y nadie sabía más que ella lo mucho que agradecía haberse quedado sola. Se arrastró algo más por el sofá hasta que quedar más bien echada que sentada, resoplando pero sin apartar aún la vista de la pared. No estaba demasiado segura de si prefería inventarse una excusa para poder volverse a Tokio, quedarse escondida con la cabeza debajo de la almohada o tan siquiera ser capaz de demostrar que era algo más adulto y que podía aceptar sus propios acciones y lo que ella sola había liado la noche anterior.
Lo admitía, era perfectamente capaz de aceptarlo. Sabía que la culpa era suya y aunque la otra parte no hubiera puesto queja alguna, la que había cruzado el límite cuando habían vuelto a casa había sido ella. Sin duda la que había conseguido que las gafas se hubieran caído al suelo al aprovechar para colgársele de cuello en cuanto habían entrado en casa había sido ella.
No se iba a molestar en autonegarse que lo había hecho, primero porque estaba algo más achispada de la cuenta de lo que posiblemente debería y segundo porque ya no tenía demasiados problemas en admitirse a sí misma que Andrew hacía mucho tiempo que había llamado su atención. Yendo solo a peor todo desde que había tenido más trato con él y había sido capaz de entender lo que había realmente entre él y Sora. Chasqueó la lengua, molesta.
No estaba segura de si acababa de meterse en un problema o si aquello iba a servir para algo. Sin embargo, tampoco se veía capacitada para abordar aquella conversación de frente con él cuando volviera.
Cuando volviera…
Bajó la mirada hacia el reloj, dándose cuenta de que no quedaba demasiado para que aquello ocurriera. No estaba muy convencida de ser tan siquiera capaz de mirarlo a la cara por el momento, pero claro, la cosa se iba a poner complicada ya que estaban ellos dos solos. ¿Y si estaba molesto?
- No seas idiota… Es un chico y sabía perfectamente lo que hacía – se dijo a sí misma en voz alta-. No va a estar enfadado…
En realidad, sabía que era mucho peor la opción más probable. Lo más seguro sería que hiciera como si no hubiera pasado nada. Y eso le daba pánico porque no sabría como tomárselo. Llegaría incluso a preferir que no le dirigiera la palabra pero… El sonido de las llaves en la puerta de casa hizo que girase la cabeza hacia ella, prácticamente estando a punto de salir corriendo a la habitación para esconderse. No relajó el gesto hasta que vio aparecer a Sora al otro lado, peleándose con la maleta como si fuera la responsable de todos sus males.
- Haru… - frenó en seco cuando la vio, dejando de farfullar por lo bajo-. ¿Estás sola?
- Tenía una reunión – se encogió de hombros-. ¿Ya se ha ido Yamato?
- Sí… - fue hacia la mesa de la entrada para dejar tirado allí el llavero-. Ya se ha ido…
Se quedó mirando hacia ella, viendo la cara con la que le había contestado. Agradeció interiormente que su propio hilo de pensamientos desapareciera para centrarse en la pelirroja, poniéndose en pie y caminando hasta ella.
- ¿Estás bien?
No obtuvo respuesta de palabra, recibiendo únicamente un encogimiento de hombros, quedándose apoyada de espaldas en la mesa, distraída. Observó a la pelirroja estudiando sus gestos. Se la notaba desanimada, y nadie podría decir que no estuviera en todo su derecho. Dudó sobre si insistir o dejarle su espacio, quedándose a medio camino.
- Voy a la habitación… - habló la pelirroja.
La siguió con la mirada unos segundos, decidiendo ir tras ella, no queriendo quedarse otra vez en el salón, por si acaso. Lo hizo con precaución a pesar de todo, tampoco quería agobiarla ni ser más pesada de la cuenta.
- Te ayudo a deshacer la maleta – le dijo viendo como asentía, perdida entre sus propios pensamientos, vigilándola-. ¿Segura que estás bien?
- Lo estaré… - contestó pasados unos segundos.
Levantó la vista hacia su amiga por primera vez siendo entonces capaz de darse cuenta del extraño nerviosismo que parecía tener Haru encima, lo cual no solía ser muy normal. Arqueó una ceja, estudiándola.
- ¿Estás bien tú? Pareces… alterada. ¿No has dormido bien?
- ¿Por qué? – preguntó automáticamente.
- Porque te tengo calada y a ti te pasa algo.
- No me pasa nada – contesto de forma igual de automática que antes.
- Ya… claro…
Observó como la pelirroja se quedaba mirando hacia ella, dándose por vencida finalmente y empezando a sacar su ropa de la maleta. Parecía que por el momento no iba a tener demasiada intención de insistir con aquello y quizás le diera tiempo a intentar fingir normalidad.
Sin poder pegar ojo, se levantó de la cama, aprovechando que era tarde y que seguramente estuviera todo tranquilo. Despejarse un poco y beber algo de agua seguro que le iba a aclarar las ideas. Con sumo cuidado, se asomó a la habitación de Sora para ver que estuviera dormida y no dándole vueltas a que Yamato se hubiera tenido que ir, comprobando así que no era el caso y que podía estar tranquila.
No encendió la luz, caminando distraída por el pasillo hasta la nevera, cogiendo un vaso y echándose agua con lentitud.
- ¿No puedes dormir?
La voz de Andrew provocó que saltara, no habiéndolo visto y, sin duda, no siendo al que más intenciones tuviera de ver aquel día. Todavía no había sido capaz de decidir cómo iba a intentar manejar la situación tan siquiera.
- Yo tampoco – contestó sin esperar su respuesta. Estaba apoyado en la encimera de la cocina, en pijama, con la pinta de haber estado igual que ella dando vueltas en la cama hasta entonces.
- ¿Qué tal la reunión? – preguntó finalmente, intentando aparentar normalidad.
- Larga, pero yo creo que ha ido bien – aceptó el rumbo de la conversación, girándose para posar su vaso-. Más o menos ha quedado todo cerrado.
- Me alegro – sonrió forzadamente, demasiado nerviosa para poder hacer otra cosa.
Discutiendo con su propia cabeza sobre si salir huyendo o no, intentó aparentar que sabía llevar las consecuencias de sus propias acciones como una persona mediamente adulta y caminó hasta colocarse justo en el lado contrario a donde estaba él, quedándose al lado del fregadero.
- Ya… - la siguió con la mirada guardando silencio unos segundos-. ¿Cómo ves a Sora?
- Más o menos… No era nada que no supiera que iba a pasar. Ella misma lo convenció para que volviera al trabajo, así que… - se encogió de hombros decidiendo que el culo del vaso era terriblemente importante.
No se atrevió a levantar la vista, siendo consciente de que la estaba observando. Quizás debería de ser ella la que dijera algo ya que había sido la que había empezado la noche anterior, pero no se veía capaz. Estaba completamente segura de que era ella la que debía de dar el paso para atreverse a hablar del tema.
Casi dio un brinco al sentir que se había acercado, sin ser consciente del tiempo que había estado pensando en sus cosas, actuando de forma automática levantando la cabeza para poder observarlo solo unos segundos, bajando la vista sin atreverse a mantenérsela. Quizás fue esa la mejor decisión, ya que de esa forma sus ojos quedaban a la altura de su cuello, notando como tenía que tragar algo de saliva ante de hablar. Dejó la vista clavada en la nuez, temerosa por lo que pudiera escuchar. No fue capaz de reaccionar cuando notó que se acercaba algo más, inclinándose así para cubrir la diferencia de altura y poder hablarle por lo bajo.
- Escucha… - empezó a decir, alejándose de ella repentinamente como si le hubiera dado corriente al sentir cómo se encendía la luz del pasillo.
No tardaron en ver aparecer a Sora, la cual se quedó confusa, observándolos, frunciendo el ceño. Haru aprovechó el momento para desaparecer, girando para posar el vaso en el fregadero y despidiéndose de la pelirroja con un gesto antes de desaparecer rápidamente.
Confusa, a más no poder, la siguió con la mirada unos segundos antes de girarse hacia Andrew con gesto interrogante, viendo la cara que tenía él puesta.
- Bueno, ya está – caminó hasta él-. Vas a empezar a confesar ahora mismo por las buenas… - lo señaló con el dedo antes de empezar a pincharlo con él en el brazo-. Ya estás tardando.
- ¿Qué? – intentó disimular, dando un paso hacia atrás para esquivarla.
- Sí, intenta colármela. Llevo unas horas de vuelta en casa y canta demasiado que algo os pasa. Así que más te vale que sea por fin se te ha desaturado la neurona y has hecho algo porque sino pienso ir todo el viaje de vuelta a Tokio dándote collejas…
AnnaBolena04: Estamos que lo regalamos con los FB. Y que conste en acta que este FB me he quedado con ganas de extenderlo, pero, seamos realistas, son dos personajes míos de apoyo en la historia, no personajes relacionados con la propia seria o algo parecido, así que he matado el mono de esta forma y me he quedado muy contenta. Si eso, cuando me vuelva a dar por entrar en modo auafhfadohdaohaoa con los Evans, pues habrá que aprovechar.
Por lo menos parece que sabemos que al menos Sora sigue viva y que ha sobrevivido a su nenita llamándola mamá por primera vez. Que era algo de lo que podíamos tener nuestras dudas porque oye, la cosita tiene mucho peligro y la pobre pelirroja no lo vio venir. Que ella era la que la enseñaba a decir cosas y ahora resulta que le ha salido a Aiko otro cómplice que la ayuda a matar gente del fangirleo. Otra vez habrán estado los teléfonos de los abuelos sonando para que todos fangirleen en paz.
¡Un besito de tortuguita! Y ya... ya... Ya me voy a la cama.
