Yamato había terminado de cenar el primero. No solía comer demasiado deprisa, tomándose su tiempo, al menos cuando no estaba solo. Cuando cenaba con Sora solía distraerse más de la cuenta, ya fuera hablando con ella o simplemente distrayéndose él solo con lo que ella decía o hacía. Sin embargo, en aquella ocasión, entre que se había pasado la tarde ocupado persiguiendo a sus sobrinos, y que precisamente ella sabía cuál era su cena favorita, ni siquiera había esperado a que terminara de enfriarse.

- Hay más… - dándose cuenta de que había terminado, Sora se quedó observándolo-. No lo he echado todo…

- No, no… Deja, que luego caigo en coma como me siente y…

- Yamato – divertida, se quedó mirando hacia él-. No tenemos sofá en el que puedas caer en coma, tranquilo.

- También es verdad – echándose a reír se quedó mirando hacia la cocina, decidiendo que iba a aprovechar-. Pero luego si me ando quejando, me aguantas tú…

- Tranquilo, prometo no escandalizarme si acabas con el botón del vaquero desabrochado por casa, prometido…

No pudo hacer más que reírse a modo des respuesta, poniéndose en pie para ir a echarse más. No solía ser de cenar demasiado, pero había ciertas ocasiones en las que le daba igual quedarse atontado un rato más tarde.

- Aunque te he pillado, ya sé lo que tramas - le dijo de la que volvía a l mesa de nuevo.

- ¿Yo? – arqueó una ceja, observándolo, aún con lo suyo a medio terminar.

- Tú lo que quieres que es me llene ahora y si tienes algo de postre quedártelo para ti sola…

- No tienes pruebas…

- Tampoco las necesito – tras posar el plato, se inclinó hacia ella para dejarle un beso en la mejilla-. Te ha quedado muy bien – sonrió, volviendo a sentarse.

- Bah… - dibujando una sonrisa que intentó disimular ligeramente, volvió a continuar cenando-. Pero que sepas que todavía me debes cierto arroz…

Asintió, no pudiendo contestar ya que tenía la boca llena, esperando a tragar para poder decirle algo. Recordaba aquello y por qué lo decía. Ya le había dicho tiempo atrás cuando estaba todavía en la estación especial que echaba de menos aquello.

- Ya veremos… Secuestrándome como hoy no sé yo si te lo ganarás – bromeó cuando por fin pudo hacerlo-. No, en serio. O hace mucho tiempo que no como esto o de verdad te ha quedado especialmente bien hoy.

- Bueno… eso puede ser que sabía que era para nuestra primera cena de aquí… - admitió con una ligera sonrisilla, terminando por fin su plato-. Tenía que ser por todo lo alto, ¿no?

Sin duda les faltaban la niña y los digimon, pero no estando la casa terminada, era mejor así. Ellos dos se podían arreglar con facilidad con lo que había allí y, aunque la pequeña podía dormir en su silla, estaría mucho más cómoda con Haru y Andrew.

- ¿Vas a ir mañana a trabajar? – preguntó el rubio.

- ¿Por qué?

- Porque todavía no hemos comprado despertador…

- ¿Y quién te ha dicho que nos vamos a quedar aquí? – preguntó, arqueando una ceja.

- Porque – le hizo un gesto para que no se levantara, yendo él a por el postre-. Antes me has echado de la cocina y me he ido de expedición por la casa… Así que te he pillado.

Entretenida, se quedó mirándolo, viéndose pillada. Le apetecía pasar la noche allí, tenían las cosas básicas para poder estar cómodos. Ya tendrían tiempo de volver al día siguiente y poder estar aquel día ellos dos solos. En ocasiones le apetecía simplemente el estar ellos dos tranquilos, aunque aquellos tres nunca jamás pudieran llegar a estorbarles.

- Ahora no te hagas la tonta… - volvió a la realidad cuando escuchó a Yamato hablarle, posando delante de ella lo que había ido a buscar a la nevera-. Solo dime una cosa, ¿desde cuándo lleva este helado ahí?

- Eh, dije que en cuanto pudiera pensaba venir a dejarlo para que de verdad ya fuera un poquito más nuestra casa… Aiko me ayudó… - comentó, divertida.

- Ya, ya lo veo… - cuando había levantado la tapa, había podido ver la marca de una cuchara, pudiendo imaginarse perfectamente el origen de ésta-. ¿Voy a por un plato?

- ¿Para qué? – divertida, preguntó ella mientras que cogía el cubierto y sacaba una cucharada de él-. Yo así me arreglo…

Ayudó a la pelirroja a recoger las cosas, dejándolas en la encimera. Ya tendrían tiempo más tarde de poder recogerlo, o a la mañana siguiente. Se quedó mirándola mientras que daba todavía un par de vueltas, acabando por interceptarla cuando pasó por su lado, cogiéndola por el brazo.

- Deja eso, anda…

- Pero…

- Nada de peros – posó su dedo sobre sus labios-. Venga, ven conmigo…

Sin protestar, dejó que la arrastrase, curiosa por saber dónde iban, caminando tras Yamato hasta que llegaron a una de las salidas al jardín. Sin duda, con la noche que hacía era una tontería no estar fuera un rato. Se había planteado el cenar fuera, pero no tenían donde todavía.

La noche había quedado fresca y a pesar de todo, se veía bastante bien en el exterior. Se acercó hacia el jardín, distraído, dejando la vista fija en la nada. Tenían mucho trabajo que hacer también por ahí, pero por el momento, la próxima vez que vinieran podrían traer con ellos a Aiko para que jugara por allí.

- Voy a tener que pedirle ayuda a mi madre – dijo Sora llegando hasta su lado-. Y quien dice ayuda dice darle luz verde a que mangonee todo lo que ella quiera.

- Me parece bien – giró la cabeza, observándola-. Seguro que Aiko se apunta a ayudarla.

- Oye, alguien tenía que tener por fin Toshiko, aparte de Biyomon, que haya sacado algo de gusto por la tradición familiar.

Sonrió, entretenido. Sabía lo mucho que había intentado forzado Sora su gusto por el trabajo de su madre, llegando incluso a llevar las cosas tanto al extremo que había llegado a detestarlo. Sabía que había tenido una época en la que se lo había planteado seriamente, pero, por primera vez en su vida había sido egoísta y había decidido seguir su propio camino.

- Tengo ganas de poder venirnos ya aquí – dijo ella, devolviéndolo a la realidad.

- ¿Tú solo? – se giró del todo, quedándose frente a él-. Con un poco de suerte yo creo que para finales de verano tendremos todo listo.

Asintió a las palabras de ella, posando las manos en su cintura, acercándosela algo más a él, notando que la noche había refrescado algo y que ella había salido en tirantes fuera. Esperó unos segundos antes de ver como levantaba la mirada hacia él, sonriendo.

- ¿Qué te pasa? – le preguntó, entretenido.

- Vamos a tener que comprar un árbol más grande que este año ya tenemos donde ponerlo…

Arqueó una ceja, no esperando semejante conclusión, pero no tardando en asentir con la misma expresión que ella. El año anterior aquello había llamado mucho la atención de Aiko al igual que las luces y la decoración de la calle y las tiendas. Estaba seguro de que aquel año iba a ser algo más consciente. Al igual que iba a disfrutar más de los regalos.

- No sé si estoy yo muy de acuerdo con que esté creciendo tan rápido – dijo dejando así claro en lo que estaba pensando.

- Tranquilo, yo creo que todavía tienes algo de tiempo antes de empezar a montar el drama porque va con algún amigo al cine… - divertida, aprovechó para pasas sus brazos entre los de él y quedarse abrazada a su cintura.

- Qué simpática… - colaboró adaptándose bien a la postura-. Oye, ¿y si le traemos una mascota?

- ¿Una mascota? – confusa, se quedó mirando para él.

- Eh, tranquila. Si digo algo de un perro o un gato Gabumon es el primero que me pega un mordisco a mí… - entretenido, intentó no empezar a reírse-. Le gustaban muchísimo las tortugas en Tanegashima, ¿y si le traigo una pequeña a casa?

- ¿Quieres comprarle una tortuga a Aiko?

- Claro, una tocaya para nuestra tortuguita – estudiando la expresión de ella, aprovechó que tenía libertad de movimiento para llevar la mano a su rostro para darle un toquecito en la nariz-. Hace más gracia que un pez, y sigue siendo algo bastante cómodo… ¿qué te parece?

- ¿Desde cuándo tienes que pedirme permiso a mí? – comentó, divertida.

- Te diría que desde que perdí toda autoridad en esta casa, pero primero debería de haberla tenido en algún momento.

- Eres un exagerado… Cualquiera que te oiga pensará que estoy todo el día dándote órdenes…

La cara de Yamato reflejó un gesto de duda, ladeando ligeramente la cabeza hacia los lados, como si se estuviera pensando aquello seriamente, terminando por echarse a reír.

- Tú juega… juega, que ya verás como me ponga en ese plan… - intentó sonar ofendida, sin conseguirlo. ¿Tenemos que volver a discutir sobre lo de ir dejando todas las cosas tiradas?

- Eso no es discutir. Yo lo dejo todo tirado porque salgo corriendo a alguna parte, se me olvida recogerlo y luego tú me quieres tirar cosas a la cabeza. Eso no cuenta como tal… Eso si no me lo robas y te lo apropias, claro.

- Estamos en verano… No estamos en temporada de que te ande robando la sudadera…

- Y no veas lo que me disgusta eso…

No lo iba a negar, le encantaba encontrársela de repente con su ropa. Tenía bien grabada en la cabeza la primera vez que le había robado algo, y había sido su camisa unos cuantos años atrás cuando habían estado juntos en el estudio. Luego, se había acabado volviendo una costumbre. Pudo ver como sonreía a sus anteriores palabras, volviendo a enfocarlo de forma más directa.

- No te preocupes, todavía puedo dedicarme a robarte las camisetas para dormir más cómoda ahora en verano. ¿Te parece bien? A ver si piensas que me puse otra cosa mientras que estaba en casa con la niña…

- Osea, que te has dedicado a pasearte por casa en mi camiseta con todas esas visitas, si es que estoy casado con una desvergonzada de primera…

- De las peores, ten cuidado… - echándose a reír se estiró ya del todo para alcanzar a darle un beso.

Las visitas que habían estado en casa con ella, precisamente, eran las personas con las que más confianza tenía y estaba completamente segura de que nadie fuera a escandalizarse repentinamente por verla con ese aspecto.

- De hecho – murmuró cuando se separó, riéndose por lo bajo-. Creo que más puede haberse reído Koemi de ti recién levantado por la mañana con un pelo en cada dirección…

- Eh – protestó, no esperando aquel ataque-. Hasta donde yo sé, con mis pelos apuntando cada uno hacia una esquina no tienes ningún problema. Es más, normalmente sueles tener bastante culpa con que se hayan quedado así…

Entretenida por su comentario, se quedó mirándolo. No tenía ni un solo argumento en contra de lo que le acababa de decir. Aceptaba ambas acusaciones sin poner una sola pega, especialmente la segunda. Sonrió por fin de forma ligeramente ladeada como solía hacer él en muchas ocasiones.

- Voy a tener que darte la razón… Pero solo porque hoy estoy de buen humor y porque estamos en territorio neutral.

- Vale, me sirve como justificación – bajó las manos por ella hasta cerrar sus brazos por encima de los de ella, dejándolos en su espalda-. Entonces, ¿puedo traerle una tortuguita a Aiko?

- Solo si me dices la verdad… - se hizo la interesante, estudiando su rostro, ganando así algo más de tiempo.

- ¿La verdad de qué? – acabó por preguntarle confuso.

- ¿A quién le va a hacer más ilusión? ¿A ti dársela o a ella verla corretear por su pecera? – sonrió-. Pero le compramos un acuario grande, ¿vale? No quiero tenerla muerta del asco encerrada en un espacio diminuto…

- Me parece justo. ¿Ves qué bien se los da negociar? ¿Vienes mañana conmigo a comprarla?

Sonrió viendo la ilusión con la que había hecho aquella pregunta. Sin duda, se decantaba porque a él le hacía más ilusión aquello que a nadie.