La pelirroja sonrió cuando sintió las manos de Yamato apoyarse en su cintura desde la espalda a medida que volvían al interior de la casa. No iba a negar que la idea de dejar a la niña y los digimon con Haru y Andrew para poder estar ellos un rato despreocupados era más por las intenciones que tenía en aquel momento que por la cena. Aquella primera cena en casa tenía que ser especial y, sin duda, no iba a dejar pasar la oportunidad de poder pasar la noche juntos sin preocupaciones.
No se le había ocurrido que fuera a pillarle las intenciones tan pronto cuando se había ido de expedición, pero tampoco le molestaba. Sin duda era más que evidente el camino que podrían tomar las cosas, con o sin premeditación. Sonrió cuando escuchó como cerraba la puerta tras ella cuando llegaron a lo que un día sería la habitación de ambos, la cual estaba todavía a medio hacer, pero que ella se había molestado en acomodar para aquella noche. Amplió más la sonrisa cuando sintió que la acercaba a él rodeando su cintura con sus brazos, girándose finalmente para encararlo.
Yamato se quedó observándola unos segundos y llevó las manos al rostro de ella, acariciándole la mejilla, acercándose así para darle un corto y suave beso en los labios.
- ¿Sabes que llevo gran parte del día con esos terremotos? – dijo cuando se separó.
- ¿Y han acabado contigo?
- Bastante… Pero bueno, a lo mejor si me haces una buena oferta… - la sonrisa y la forma en la que se quedó mirándolo, consiguieron en él la misma reacción que siempre y que no fuera capaz de hacerse el interesante.
Acarició con uno de sus pulgares la mejilla de ella de nuevo antes de volver a besarla, solo que ahora de una manera más intensa, yendo directamente a tantearla notando la rápida respuesta de ella. Y aunque fue un beso intenso no dejó de lado un cierto aire tranquilo. Posó las manos sobre la cintura de la pelirroja dejando que fuera ella quien pasara sus brazos en torno a su cuello para quedarse bien pegada a él mientras que volvían a compartir un beso.
Tiró de ella para avanzar por la habitación hasta ser él quien tropezó con el borde de la cama, separándose de ella para sentarse y dejarla a ella que tomara la posición de ventaja, la forma en la que lo hiciera lo dejó a su libre elección. Se sentó de tal manera que sus rodillas quedaron a sus lados, pudiendo así pegarse del todo a él quien volvió a llevar sus manos a su espalda jugando con el final cabello antes de comenzar a deslizar sus labios por el cuello de su esposa hasta que un tironcito de ella hizo que volviera a alzarse hacia ella, quien automáticamente buscó sus labios pasando sus brazos en torno a su cuello.
Cuando se separó para coger aire buscó con la mirada canela la de él, sonriendo ligeramente antes de soltarse para darle un pequeño empujón para que fuera él quien quedase tumbado sin variar la posición que tenían. Se inclinó sobre él, dejando sus brazos a modo de apoyo poco por encima de su cabeza y apenas se acercó para rozarlo con un leve mordisco en el labio antes de empezar a ser ella la que jugara por la piel de él notando como con rapidez se le había alterado la respiración y que empezaba a no saber dónde dejar sus manos. Sonrió antes de seguir con lo que estaba haciendo no tardando en notar que por fin la sujetaba por las piernas.
- ¿Tienes miedo de que me escape? – murmuró en su oído, cuando por fin lo alcanzó.
- Ni por la noche consigo conciliar el sueño con ese temor… – respondió divertido haciendo algo más de presión con sus dedos.
La risa de ella ayudó a que él también se distrajera, aunque tan solo unos segundos ya que subió las manos por los muslos de ella, tomándose más libertades repentinas de golpe, maldiciendo la barrera que hacía entre los dos el pantalón de ella. Perfiló la silueta de ella más confiado hasta posar las manos sobre la cintura, tocando así el borde de la blusa que llevaba. En ese momento buscó la mirada de ella para pedir permiso para seguir con aquello que estaba haciendo, teniendo como respuesta que se incorporase y alzara los brazos para dejarle quitársela.
Hizo un esfuerzo para girar con ella, pudiendo así tomar la posición de ventaja bajando uno de ellos para explorar su piel con los labios, llevándose con él el tirante de la ropa interior a su vez. En esos momentos sí que pudo notar como las tornas cambiaban y la respiración de ella empezaba a alterarse a medida que avanzaba más debajo de la clavícula, perfilando una de las de poco pronunciadas curvas de su pecho. Tuvo especial cuidado, no queriendo dejar una marca en la piel tan fácilmente visible de esa zona. Cuando la volvió a enfocar, pudo ver claramente que tenía las mejillas sonrojadas.
En un rápido movimiento, se retiró su propio polo, quedando con el torso descubierto. Cuando se volvió a colocar bien, notó como ella enredaba sus piernas con las suyas antes de atreverse a acariciar su piel descubierta, dibujando las formas a las que llegaba. Estaba medio tendido sobre la cama, medio sobre ella para no dejar así todo su peso sobre Sora y por ello pudo mover la mano que había posado sobre su cintura, poco a poco, hacia arriba hasta acariciar por encima de la tela su pecho, apretándolo con suavidad. Lo justo para notar como de entre los labios de ella salía un suspiro más sonoro de la cuenta. Repitió la jugada en otras ocasiones, tentando rozando tela y piel hasta que en uno de los últimos movimientos tiró más de la cuenta, bajando la prenda por el lado del tirante caído dejando al descubierto el pezón.
La miró unos segundos antes de comenzar a descender su mano desde el cuello de la chica, por el escote, ahora sí, bajando hacia colarse por dentro de la ropa, tocando las nuevas zonas al descubierto. Bajo su tacto pudo notar cómo se endurecía la piel antes de apretarlo provocando que ella soltara un gemido de sorpresa. Sonrió divertido volviendo a repetir la jugada, comenzado a jugar con la zona.
- Quítamelo – murmuró ella cerca de sus labios antes de reclamar un beso que daría pie a que retirase ambas prendas, quedando desnuda de cintura para arriba ante él quien la observó detenidamente.
- ¿Te han entrado las prisas ahora?
No le dio tiempo a responder a ella, ya que lo siguiente que notó fue como la boca de él ocupaba el lugar de sus manos, empezando a besar sus pechos, jugando con ellos mientras que ella se arqueaba hacia él, dejándose llevar por las sensaciones que le producía. Notó como posaba una mano en su cadera y su respuesta automática fue abrir las piernas más, momento en el que él posó la mano sobre el pantalón en la cara interna de su muslo acercándose al centro. Cuando por fin lo alcanzó masajeó un par de veces la zona por encima de la tela de nuevo escuchando cómo ella emitía unos ligeros ruiditos.
Volvió a sus labios, besándola ahora con dedicación, pegándose a ella, notando sus endurecidos senos contra su torso. Buscó con sus manos el cierre del pantalón de ella, soltándolo para colar una mano por dentro, repitiendo la jugada de antes solo que ahora por encima de la ropa interior. Tiró un poco más de los pantalones, notando como ella levantaba la cadera para dejarlo bajárselo y siendo ella misma quien se revolviera para quitarlos del todo. No esperó, sino que siguió haciendo acariciándola por encima de la tela hasta que notó como ella le cogía la mano para guiarlo más allá llegando así a zonas más sensibles, mientras que la veía morderse el labio. Bajó la ropa interior de ella, abriendo sus piernas luego para tener mejor acceso con sus manos, aunque no necesitara mucha más preparación ella.
- Yamato…
- ¿Quieres que pare? – la miró justo con aire divertido, habiendo hecho aquella pregunta para provocarla.
- Te… quiero… dentro – contestó entrecortadamente debido a su alterada respiración.
- Espera un poco, por el momento me lo estoy pasando demasiado bien…
- Traidor…
Divertido por la contestación de ella, tuvo que terminar por asentir, dejándole lago de libertad para que pudiera ser ella la que igualara las condiciones entre ambos. Pudo ver como se sentaba rápidamente para poder tener mejor acceso y tirar rápidamente de los pantalones hacia abajo, arrastrando todo lo demás. No pudo evitar esbozar una sonrisa cuando lo consiguió.
¿- Te acuerdas cuando no era capaz tan siquiera de enfocarte de reojo las primeras veces? – comentó divertida, dejándole algo de tiempo para que pudiera librarse bien de la ropa y volviera a su lado tras haber sacado de la cartera la protección necesaria.
- No mucho, probablemente estaba ocupado intentando no sacarme un ojo yo solo con esto… - dijo divertido antes de acercarse de nuevo hacia ella lentamente, escuchando como se reía sin poder evitarlo.
Se quedó mirándola, en aquella situación mientras que se reía. No lo había hecho por eso, había sido una total realidad. Aquellas primeras veces había estado casi que en pánico para no liar ninguna ni hacer el inútil de manera demasiado estrepitosa por estar completamente bloqueado.
- ¿Te estás riendo de mí? – dijo por fin, intentando sonar algo más serio-. ¿Y qué se supone que voy a tener que hacer contigo?
Como respuesta retomó la situación en la que estaban, quedándose mirando hacia él mientras que terminaba de estar listo, mordiéndose el labio. Cuando vio que había terminado, se colocó, abriendo las piernas del todo hacia él, arqueándose para facilitarle las cosas.
Tomó postura encima de ella, colocándose con la mano, tentándola ante la presión que ella podía notar-. Voy a repetir la pregunta – le murmuró sin apenas levantar la voz-. ¿Te estabas riendo de mí?
Arqueó una ceja, mirando hacia él, no esperando que le saliera con aquello precisamente en ese momento. Negó con la cabeza, manteniéndolo la vista fija en él, viendo como sonreía de medio lado al darse cuenta de que se estaba impacientando.
- ¿Segura? Porque es lo que me ha parecido – aprovechándose de la situación, se movió lentamente, dejando que sus cuerpos se rozasen, pero tan solo unos segundos, volviendo a apartarse de ella.
- Yamato…
- Te he hecho una pregunta…
Estuvo a punto de echarse a reír al ver como arrugaba la nariz en la típica mueca que solía hacer, no pudiendo llegar a hacerlo al notar como se las arreglaba para acercarlo del todo a ella, rodeando su cadera con sus piernas y dejando sus manos en el final de su espalda. No esperando el repentino movimiento de ella fue él quien dejó escapar un gemido de entre sus labios.
Se tomó unos segundos para poder adaptarse a la situación, tanteándola con la mirada.
- Eso, ha sido trampa…
- ¿Tú crees? – sonrió, subiendo las palmas de sus manos por su espalda hacia su cintura, acomodándose mejor-. Algo vas a tener que hacer para igualar las cosas.
Decidiendo que ya era momento de dejar de dar tantas vueltas hizo exactamente lo que ella decía, empezando a moverse y a establecer poco a poco un ritmo. Una vez que lo hubo conseguido volvió a cruzar su mirada con la de ella viendo como aquella vez no dejaba la cabeza hacia atrás, sino que se la mantenía todo lo que pudo.
Dejándose llevar más por la situación, se pegó más a su esposa sintiendo como sus curvas se adaptaban a él perfectamente, disfrutando de aquella sensación que tanto le gustaba. Aprovechó la cercanía para dejar un beso en sus labios, siendo él quien lo rompió al necesitar más aire de nuevo.
Con la pequeña en casa se les hacía más complicado encontrar momentos como aquel, quizás por eso, cuando por fin los tenían, le gustaba mucho más poder estar con ella. Sonrió al sentir como se agarraba con algo más de fuerza a él, intentando no clavarle las uñas, pero sintiendo la fuerza de sus dedos.
No fue consciente del tiempo que había pasado, únicamente volviendo a la realidad cuanto sintió como ella dejaba de seguir sus movimientos, quedándose con la cabeza echada hacia atrás, con los labios entreabiertos y las mejillas completamente ardiendo. Posiblemente fuera una de sus visiones favoritas y por eso siempre se las arreglase para poder conseguirlo de cualquier otra forma primero, para disfrutar plenamente de la visión. No pudo seguir admirándola, teniendo que ceder él también, no pudiendo continuar pensando con lógica, terminando por quedar tendida sobre ella momentos después.
Natesgo: seguro que no se ponen celosos, si entre ellos sobreviven yo creo que el drama de una tortuga no se les va a hacer demasiado cuesta arriba. Que a fin de cuentas, la tortuga seguro que no le vale para echarse siestas en su barriga jajaja y pobre del animalito como lleguen de visita sus primos y "primo" que seguro que es la primera tortuga en padecer estrés de toda la familia.
¿Decías algo de estrenar? Para lo poco que me gusta a mí escribirlos, bien que estáis a la espera jajajaja
Habla por ti de última semana y de vacaciones que los suspensos de vuestros angelitos nos los comemos los de mi gremio en vacaciones. Así que ahora es cuando les entran las prisas y se acuerdan de que llevan tres meses sin dar palo al agua porque llueven más suspensos que temporales están pasando por encima del norte. Es un bonito resumen, sin duda.
¡Un beso!
AnnaBolena04: parece que ha sabido agradecer bien que le hayan hecho la cena, sin duda jajajajaja Si es que ya se debió de quedar más veces con las ganas de estrenar la casa por todo lo alto. Ya lo intentó una vez cuando lo interrumpieron los obreros y al final se debió de quedar con mono hasta ahora que ha tenido la oportunidad de cazar a su pelirroja.
Un perrete seguro que iba a hacer que Aiko se muriera del fangirleo, pero bueno, eso se lo vamos a dejar para el día que se encuentre con un lobo un poco grandote por el jardín que entonces no se le va a quitar de encima de él pidiendo que le dé paseos. Y gato pues seguro que ya tiene a su querido Chi para contarle historias de miedo sobre esos seres del mal jajaja Que debe de tener unas cuantas marcas de guerra el pobrecito todavía y seguro que no fue el gato el que provocó al otro.
Te dejo con los Ishida en uno de sus estados favoritos que para empezar la semana seguro que despiertan unas cuantas envidias, que parece que el Sr Ishida se ha puesto gracioso.
¡Un besito de tortuguita!
