Sonrió cuando sintió como los dedos de Sora dibujando formas por la piel de su brazo mientras que estaba todavía tumbado. Unos de sus momentos favoritos eran aquellos como ese, cuando se quedaban los dos descansado, relajados, mientras que intentaban recuperar a calma. Ladeó la cabeza, observándola distraído, no tardando en notar como levantaba la mirada hacia él, inclinándose ligeramente para dejar así un beso en su frente.
- ¿Sabes que vamos a tener un problema muy serio y no tardando? – le dijo divertida.
- ¿Problema? – arqueó una ceja.
- Sí… - intentó parecer seria, sin conseguirlo-. Cierta señorita ya está empezando a corretear, me parece a mí que vamos a tener que tener cuidado con estas cosas.
- ¿Estas cosas? – no estaba seguro de lo que se estaba refiriendo. Estaban en una situación en la que se podían sacar muchas conclusiones.
- Me parece que quedarnos dormidos así tal cual en situaciones como esta se nos empieza a acabar…
En invierno, sin duda, no solía ocurrir, ya que era ella la primera que solía acabar moralizándose para salir de la cama a por ropa de abrigo. Pero, en verano, las cosas cambiaban y estaba demasiado cómoda tal cual estaban como para pensar en moverse. Ni siquiera se habían molestado en taparse, quedándose ella con la cabeza apoyada sobre su brazo, disfrutando del contacto del cuerpo de los dos.
- Bueno, hemos mejorado bastante con el tema de dejar la puerta bien cerrada al menos, ¿no? – bromeó entendiendo a lo que se refería, asintiendo finalmente.
- Sí, eso no te lo voy a negar – comentó riéndose.
Cuando se había mudado con él tiempo atrás a Tanegashima habían tenido unos cuantos incidentes con los digimon y las prisas que les habían entrado en algunas ocasiones, pero, con el paso del tiempo, todos habían acabado aprendiendo que era mejor tener cuidado. Ahora, por mucho que la vigilasen los digimon, Aiko se les podría colar con facilidad.
- Y aquí no tenemos escaleras que nos salven todavía – dijo él, devolviendo la vista hacia el techo, moviendo sus dedos sobre la cintura de Sora, haciéndole cosquillas.
- Pero bueno, por el momento yo creo que podemos permitirnos esto… - se revolvió, divertida por sus gestos.
Con la temperatura de aquella noche y que siempre se quedaba relajada y cansada en situaciones como aquella, estaba demasiado cómoda entre sus brazos. No iba a pasar demasiado tiempo antes de que sus ojos empezaran a cerrarse y más aún ahora que las cosquillas de Yamato se habían convertido en suaves caricias.
- Oye – reclamó él así su atención, esperando a escuchar un sonido que dejaba claro que la tenía-. ¿Has traído desayuno?
La reacción de ella fue echarse a reír con lo que le acababa de preguntar, no habiendo esperado aquel cambio de tema, y más en la situación en la que estaban.
- ¿Por quién me tomas? Te he dejado todo en el armario.
- ¿Me has dejado? – precisamente por aquello había preguntado, adivinando la mañana que se les avecinaba, conociendo ya a Sora como la palma de su mano.
- Evidentemente… - entrecerró los ojos, sin darse cuenta, notando que por fin empezaba a pasarle todo factura. Había tenido un día movido en el trabajo, preparando la cena y todo lo demás-. Y posiblemente me levante con hambre, que lo sepas…
- Siempre te levantas con hambre – la apretó algo más contra él, notando como empezaba a dormirse por fin, no queriendo darle pie a más conversación y distraerla-. Duérmete, anda.
Mantuvo sus caricias sobre la cintura de ella, disfrutando de ese contacto, notado como el peso de la cabeza de ella se hacía notar más contra su hombro y que su mano quedaba del todo apoyada sobre su pecho. No pasó demasiado antes de empezar a sentir como su respiración se calmaba del todo.
Bajó la vista hacia la pelirroja, entretenido, comprobando así que realmente se había quedado completamente dormida. Al contrario que ella, simplemente se había quedado relajado, pero no tenía demasiado sueño todavía. Aunque había estado por la tarde con los niños, cuando no tenía que madrugar tanto para ir a trabajar, se le hacía menos cuesta arriba todo. Tampoco había vuelto a entrenar todavía, tomándose de verdad unas vacaciones para poder centrarse en lo que se tenía que centrar. No pasaba nada, tenía un buen entretenimiento por el momento y podía quedarse observándola mientras tanto.
- Osea, que ayer bien, ¿no? – dijo Haru mientras que se quedaba sentada en el suelo con Aiko.
- ¿Eh? – Sora la miró, confusa, sin saber de dónde había sacado aquella conclusión ya que llevaba un rato distraída revisando las fotografías que le habían enviado de la sala de costura en dónde los últimos diseños habían empezado a tomar forma.
- Vienes con la misma cara que se te queda siempre cuando te escapas con Yamato a alguna parte, te tengo demasiado calada. Solo voy a preguntar, ¿te ha hecho el desayuno?
Entretenida con la conversación, acabó por bajar la tableta, quedándose observando la escena que tenía delante de ella en el suelo mientras que Aiko intentaba ponerle a Haru uno de los lazos que le habían dejado tirado por ahí para que jugase en la alfombra.
- Tortitas… - contestó finalmente, dejando ir una sonrisa antes de volver a levantar la tableta-. ¿Qué tal con la niña anoche? ¿Se babó mucho encima Andrew?
- Un poco – contestó cogiéndola en brazos para ponerse en pie, yendo a dejarla al lado de los digimon, los cuales estaban sentados en el sofá-. Pero bueno, todavía no le ha dado por ahí…
- Yamato dice que os da un año… - dejó caer de forma sutil esperando ver la reacción de ella echándose a reír cuando se giró para mirarla con cara de susto-. Menos mal que no hay que hacerle caso…
- Sora, no me toques las narices, ¿eh?
- ¿Yo? – posó la tableta finalmente-. ¿Yo qué he dicho? Si precisamente le dije que de verdad era muy pronto… Que tú todavía no tienes gana de tener niños propios – se quedó observándola, viendo como parecía esquivar el tema algo más, llamando así su atención-. ¿Me he perdido algo?
- No, no – negó con la cabeza, dejando finalmente tranquila a la niña y yendo hacia la mesa para poder sentarse en una de esas sillas-. Quita…
- ¿Entonces?
- Pues que el otro día me dio por empezar a comerme la cabeza sobre el tema.
- ¿Y se puede saber por qué?
- ¿Cómo que por qué? Es evidente, Sora – dijo cruzándose de brazos.
- Fíjate, tan, tan evidente es que yo ni me entero de lo que estás hablando – arqueó una ceja, estudiándola con la mirada-. ¿Qué pasa Haru?
- Pues que yo sé que aunque no me lo diga él tiene gana de tenerlos… Que tiene una edad ya para ello y…
- Eh, eh, eh – alzó las manos-. Quieta ahí, ¿te estás metiendo con mi edad?
- No, pero mírate, Aiko ya ha cumplido un año…
- Aiko ha cumplido un año porque a nosotros dos nos entró la prisa para no quedarnos atrás con todos nuestros amigos. Queríamos que la niña creciera con ellos, y, además, no nos uses de ejemplo, anda, que es la peor de las ideas… Que eso de que tuvimos prisa para tener a Aiko depende de cómo se mire…
- Bueno, lo que sea. Que yo sé que él quiere…
- A ver… ¿tengo que volver a darte la charla de que estamos hablando de quién estamos hablando? Ahora puedo añadir el recordatorio de que es consciente de que no estarías cómoda con la idea, así que está bien con que cuando tenga que ser será. ¿Damos por terminada la discusión o tengo que levantarme a darte una colleja? Anda, que estoy cansada eh…
Se quedó mirando hacia la pelirroja, acabando por relajar el gesto y prefiriendo reírse. Lo primero porque sabía que tenía razón y que no tenías muchas más opciones a protestar.
- No es eso – dijo-. Sé perfectamente que precisamente por él no hay problema. Lo que me da rabia es que las cosas al final siempre estén hechas para que sea yo la que esté contenta. Que a estas alturas empieza a importar muy poco, tirando a nada, la diferencia de edad.
- Ya, pero no estamos hablando del color de una pared… ¿Sabes que me dijo Yamato en su momento? Porque hacia una buena temporada que él se andaba babando encima con sus sobrinos… Pero quiso que fuera yo la que tuviera la iniciativa porque, a fin de cuentas, iba a ser yo la que lo iba a pasar peor y la que más iba a cargar con todo. Que son nueve meses y… La recuperación.
- No le tengo miedo a eso. Es que no me veo teniendo semejante responsabilidad todavía encima. Por ahora yo te hago de niñera todo lo que tú quieras, y luego ya te la devuelvo y me voy a mi casa a ponerme el pijama y estar a mis cosas.
- Pues ya está, fin del problema. Y con ese elemento con el que te juntas, probablemente esté en su propia burbuja ajeno a todo esto.
Tuvo que asentir al final, casi que a regañadientes, sabiendo que tenía toda la razón y que no eran más que tonterías que se le metían en la cabeza. Pudo ver como la pelirroja se acababa riendo, pasándole la tableta por encima de la mesa.
- Anda, échale un vistazo a las novedades, que yo creo que tienen muy buena pinta – dijo distrayéndola así con el tema-. Tengo que pasarme por allí, pero, por el momento… Me gusta.
- ¿Son los diseños con los patrones que mandaste mientras estabas en Tanegashima?
- Sí, claro. ¿No sabes lo productiva que me vuelvo yo por ahí? Que por cierto… te he hecho una cosa, solo que tengo que esperar a que me la den terminada.
- ¿Cómo que me has hecho una cosa?
- Tú juegas a las muñecas con Aiko y yo contigo, así que no me pongas caras raras….
- ¿Y qué me has hecho?
La pelirroja pudo ver como le cambiaba automáticamente la expresión, divertida. Al menos la había distraído ya del todo con el tema, entretenida.
- Ya lo verás – dijo, echándose hacia atrás y quedando así apoyada en el respaldo.
- Lo que yo no entiendo es cómo te las arreglas para acertarme las medidas siempre…
- A ojo… - sonrió de una forma que perfectamente podría haberle copiado a su marido-. Te tengo demasiado vista, soy perfectamente capaz de adivinarlas a la primera. Hablas con toda una profesional, vamos a ver…
- No te juntes tanto con el astronauta profesional ese, anda… Que por cierto, ¿dónde se ha metido hoy que no lo tienes de perrito faldero?
- Pues justo lo han llamado de la sede de Chofu para que vaya a firmar unos papeles sobre los problemas del último aterrizaje – se encogió de hombros.
- Ah… ya me parecía a mí raro – contestó de forma automática quedándose mirándola segundos más tarde-. ¿Cómo que problemas?
Sora se quedó mirando hacia ella, confusa, dándose cuenta de que había dicho algo que, seguramente en la cabeza de Haru no tuviera ni pies ni cabeza. Se encogió de hombros finalmente.
- Problemas… Nada grave, tranquila – explicó rápidamente-. Pero como fue el que más se enteró de lo que pasaba y, además, es el comandante, pues tiene que ser él quien firme los informes oficiales.
- Pero…
- Nada, Haru, nada. Mai se mareó y terminó el aterrizaje Yamato. Tuvieron una llegada movidita, pero nada que no se pudiera arreglar con una tirita de las de muñequitos de Aiko.
- ¿Aterrizó él? – la cara de error neuronal de la chica consiguió que Sora esbozara una sonrisa, quedándose mirando para ella unos segundos más.
- Te lo cuento a la hora de comer, ahora tengo que irme a una reunión en la otra punta…
- ¿Era hoy?
- Sí señora… Primero voy a dejar a Aiko mi suegro, no vaya a ser que me tire algo a la cabeza por no dejarle suficiente tiempo a su nieta…
Poniéndose en pie, Sora cerró la tableta, metiéndola en su bolso. No contaba con necesitar nada más, llevando ahí todo el material que fuera a necesitar. Comprobó que no tuviera ninguna llamada en el teléfono antes de ir a por la niña.
- A ver, chiquitina… Que nos vamos a buscar a tu abuelo que tiene que estar esperándonos…
AnnaBolena04: si es que estos dos se quedan siempre cansaditos por no saber estarse quietecitos. Si es que o dependen mucho de los digimon, o tal y como suelen funcionar, es más que probable que Aiko los acabe cazando, porque Sora, la pobre mujer, siempre que los tortugueos son a última hora del día acaba dormida cual bebé abrazada a su rubio sin acordarse de nada más.
Ahora ya ha quedado la casa oficialmente estrenada y por todo lo alto, eso no lo puede negar nadie. Hasta con tortitas para desayunar...
Y Haru con sus paranoias, si es que parece mentira que a estas alturas aún le dé por montarse películas sobre lo que Andrew pueda pensar o no sobre nada. Si él debe de ser la cosa más feliz del mundo simplemente sabiendo que está cómoda con como son las cosas. Que a él le da igual tener un nene con 34 que con 37... Como mucho va a ir protestando más la espalda con el paso de los años, pero eh, el pobrecito lo lleva todo de maravilla.
¡Besitos de tortuguita!
