Yamato se quedó confuso cuando vio que Sora no llegaba sola. La había estado esperando a la entrada del estudio, sentado en uno de los bancos, aprovechando la sombra que daban los edificios en aquella parte y la ligera brisa que se había levantado.
Hacía ya un rato que Haru había salido y al ver que estaba con Aiko habia ido a acompañarlos, diciéndole que Sora todavía no había vuelto de la reunión. En ese momento era cuando había visto el banco con otros ojos y se había acomodado.
- Me ha secuestrado – dijo Jou a modo de saludo dándose cuenta de la cara que traía puesta él-. Hola, jovencita…
Aprovechó para adelantarse y poder quedar así a la altura de la niña que estaba en su silla, la cual lo reconoció a pesar de que tampoco lo veía tanto como a otros. Sonrió, saludándola con una ligera caricia en el cabello viendo como alargaba la mano con un peluche que traía con ella, enseñándoselo. Yamato sonrió, dejando que él saludase a la niña y acercándose a Sora, la cual estaba entretenida mirando la escena.
- ¿Los digimon? – le preguntó ella cuando lo tuvo a su lado.
- ¿No lo adivinas? Tenían calor… Han vendido a Aiko por el aire acondicionado. La cosa debe de ser grave…
- Hoy hace bastante calor – asintió ella, aprovechando a acercarse algo más para darle un beso en la mejilla-. Me encontré con Jou a la vuelta de la reunión y como no tiene nada mejor que hacer hoy ya, pues lo he secuestrado para que coma con nosotros. ¿Qué te parece?
- Pues que por la mañana estuve enredando por la cocina dejando medio listo el arroz que cierta señorita me había pedido… Y he preparado bastante así que yo creo que podemos permitir secuestrar a Jou – sonrió, quedándose mirando hacia él-. Yo creo que Aiko lo invita.
Viendo que por fin se centraba en ellos y no solo en la niña, se acercó hacia su amigo, saludándolo entonces. Sin duda hacía más tiempo del que le gustaría que no lo había visto. Era el que tenía la vida laboral más complicada de todos y él solía tener la habilidad de solo poder verlo en situaciones no precisamente muy agradables.
- ¿Qué tal las vacaciones? – preguntó.
- Bien, de niñero. Es una buena ocupación y creo que por el momento es lo más justo ya que Aiko no tiene demasiado en mente dejarme escaparme otra vez – explicó, entretenido-. ¿Tú no trabajas hoy? – escuchó a la pelirroja reírse, girando así la cabeza hacia ella.
- Que te cuente que voy a subir a dejar algunas cosas al estudio.
- Haru se fue hace un rato – dijo cuando la vio dar unos pasos hacia el interior.
- ¿No?
- No, vino antes a saludar a la niña... Y ya de paso hizo el esfuerzo de hacerme caso. Algo tenía que hacer. Dijo que volvía después de comer.
- Claro que vuelve después de comer, y ya verás como yo llegue más tarde de la cuenta – se rio con suavidad-. Vengo ahora.
Yamato se quedó mirando hacia ella distraído, siguiéndola con la mirada, no pudiendo evitar que sus ojos se entretuvieran en estudiar su figura. Volvió a la realidad, carraspeando ligeramente cuando la niña empezó a protestar.
- Ahora viene, tortuguita, ahora viene – le dijo a la niña, dándose cuenta de que Jou había visto la jugada y se estaba riendo-. ¿Qué?
- Nada, nada – sonrió, divertido-. ¿Ya estás bien del todo?
- ¿Eh? – confuso, se quedó mirando hacia él cayendo finalmente en la cuenta de que a él sí que le había contado lo que había pasado en el aterrizaje al haberlo visto poner malas caras durante el cumpleaños de la pequeña por culpa del hombro-. Estoy perfectamente – contestó-. No está Sora delante, así que no creo que me puedas acusar de estar disimulando.
- Me lo tendré que creer… Tienes mejor cara también, yo creo que podrás sobrevivir por el momento…
- ¿De vacaciones?
El peliazul sonrió, quedándose mirando hacia él. Podía aprovechar a contarle a Yamato lo mismo que le había dicho a Sora y entretenerse con las caras que ponía a medida que hablaba. Giró la cabeza hacia el banco, caminando lentamente hacia él para sentarse al fresco, alargando las manos hacia Aiko para cogerla en brazos y dejarla sentada encima de las rodillas.
- ¿Y tú qué? – le dijo a la pequeña.
Yamato fue tras él caminando hasta quedarse sentado a su lado, aprovechando para dejar el peluche de Aiko en la silla y que no se cayera, entretenido viendo como alargaba las manos hacia intentar quitarle las gafas a Jou.
- Se lo acabo de decir a Sora – empezó a hablar de nuevo-. He dejado el hospital y me voy a poner por mi cuenta.
- ¿Y eso? – confuso, se quedó mirando hacia él-. ¿No eras precisamente tú el que decía que preferías estar de cara al público y dejar de lado toda esa tontería de la medicina totalmente privada?
- Y lo sigo pensando, pero de algo tengo que vivir….
- Creo que me he perdido – se quedó mirándolo, teniendo que reírse al ver cómo Aiko había conseguido quitarle las gafas-. A ver, trae eso… - alargó la mano hacia ella.
- No, déjala, tranquilo… - entretenido, negó con la cabeza-. Creo que me puede ir mejor con los digimon que con los humanos.
El rubio frunció el ceño, aún más confuso. No estaba demasiado sintonizado con la conversación que estaban teniendo. Mantuvo las gafas de Jou sujetas para evitar que Aiko se las llevara a la boca y se las llenase de babitas, cosa que solía hacer con bastante frecuencia.
- Quiero especializarme en medicina para los digimon. Ellos no tienen nadie que pueda ayudarlos en esos casos… - se encogió de hombros-. No sé, creo que es precisamente lo que tengo que hacer. Y, además, así tengo más control sobre mis horarios. A fin de cuentas, a mí lo que me gusta es la medicina y creo que es la mejor orientación que puedo darle.
- Pues… siempre has sido el que más neuronas ha tenido combinadas con inteligencia de otros tipos de todo el grupo. Si tu crees que eso es exactamente lo que tienes que hacer, pues ya tendré a quien llamar cuando Gabumon ande estornudando por toda la casa porque ha vuelto a pasarse la tarde abrazo al aire acondicionado.
- Sigo aceptando llamadas a horas de dudosa corrección si pasa algo raro en casa, tú no te preocupes – divertido porque Yamato le hubiera dicho exactamente lo mismo que Sora, hizo sonar aquello a broma, pero lo estaba diciendo de forma totalmente sincera.
Uniéndose a la risa de él, volvió a la realidad al ver a la pelirroja de nuevo caminando haca donde ellos estaban. Volvía ya sin las carpetas que había traído con ella de la reunión, habiendo aprovechadas para dejarlas en la sala de reuniones para poder trabajar más tarde con ellas con la ayuda de Haru.
- ¿Lista? – preguntó.
- Lista… ¿Nos vamos? Tengo que estar como muy tarde a las cinco de vuelta…
- Bueno, te traigo yo y así hace algo útil aquí el astronauta hace algo útil más tarde y te viene a buscar, ¿a qué sí, Aiko?
La pequeña se había quedado totalmente distraída, alargando las manos hacia su madre para que la cogiera en brazos, no tardando demasiado en conseguirlo, quedándose así agarrada a ella.
- ¿Le has preparado la comida a ella también?
- Que sí… Venga, vamos, que luego les entra el hambre a las dos y no hay quien las aguante…
- Digna hija de su madre – Jou se quedó mirando hacia la rubia entretenido al ver como alargaba las manos hacia su madre, intentando atrapar sus pendientes-. Mírala, ya le empiezan a gustar las cosas brillantes, pronto empieza…
La pelirroja se rio, echando a andar con cuidado de que Aiko no llegara a alcanzarla por miedo a que pudiera darle un tirón, hablando con ella y distrayéndola de esa forma, viendo como no tardaba en olvidarse de sus pendientes al volver a intentar robar las gafas de Jou, el cual ahora le quedaba más a su alcance.
No tardaron demasiado en llegar a casa a pesar de que fuera hora de salida de los trabajos, teniendo suerte en ese aspecto. Lo primero que llamó la atención del médico fue ver que había ya algunas cajas que estaban apiladas en la entrada.
- ¿Y eso? ¿Ya está tan avanzada la obra? – pudo ver como Yamato se encogía de hombros y señalaba directamente con la cabeza hacia Sora.
- No voy a negar que no tenga razón, pero bueno… Ya sabes cómo es.
- ¿El qué? – distraída por Aiko, se dio cuenta de que estaban hablando de las cajas-. Es toda la ropa de invierno que no nos vamos a poner, así ya está lista… No empieces a protestar otra vez – acercándose al rubio le dejó la niña-. Vete a darle la comida, corre.
- Y ni se te ocurra protestar – dijo el médico riéndose-. ¿Ya has empezado a mover las cosas?
- Entre lo que nos llevamos a Tanegashima y todo lo de invierno que no nos vamos a poner… Junto con las cosas de Aiko que se van quedando pequeñas y todo lo demás… Podemos ir adelantando…
El verdadero motivo era mucho más evidente y no se iba a molestar tampoco en disimularlo. Se moría de ganas por poder mudarse, y, sin duda, la noche anterior había conseguido que empeorasen. Iba a tener que armarse de paciencia y aguantar el poco tiempo que le quedaba.
- Yo creo que para septiembre o así ya debería de estar todo listo – comentó tras haber hecho la pausa.
- Pues ya me avisaréis para que vaya a conocer la casa, porque todavía no hemos tenido tiempo ni unos ni otros…
- Tranquilo que seguro que te la enseña, tú no te preocupes de eso…
- Que te pongas a darle la comida a la niña, pesado…
Jou no pudo más que echarse a reír con la escena que tenía delante, mirando a uno y a otra mientras que Sora subía por las escaleras de casa para poder ponerse más cómoda para comer. Cuando la perdió de vista, se acercó hasta donde estaban los dos rubios.
- Se la ve muy ilusionada con el cambio de casa…
- Mucho – sonrió-. Sobretodo desde que hemos vuelto, pero bueno, dejando de lado su manía de revolverlo todo para ir organizándolo luego, yo también tengo muchas ganas.
- Se te nota también – sonrió-. ¿Ya está bien del todo?
- ¿No la ves? Al que le va a hacer falta algún que otro suplemento va a ser a mí entre esta señorita y su madre – le dijo, posando a Aiko en su silla-. ¿Tienes hambre? Claro que la tienes… Siempre la tienes, igualita que un que yo me sé… ¿La vigilas mientras que le doy la comida?
- Claro que sí – sonrió, quedándose apoyado cerca de ella-. ¿Y tú? ¿Tienes ganas de mudarte?
La pequeña respondió empezando a reírse, moviendo las piernas que quedaban colgando de la silla, balbuceando algunas palabras sin sentido provocando así que el médico se quedara entretenido mirándola, uniéndose a la risa de ella.
- ¿En serio? ¿Desde cuándo lleváis haciendo el vago ahí vosotros dos? – preguntó Sora cuando entró en la habitación y se encontró a los digimon en la cama aprovechando la sombra y el aire fresco.
- Hace mucho calor fuera – contestó Biyomon abriendo un ojo para ver a la pelirroja.
- Es la hora de comer, está Yamato con Aiko y Jou abajo, ¿queréis ir?
No tuvo demasiado tiempo de terminar aquella frase cuando vio que se habían puesto ambos en pie y que iban hacia el piso de abajo. No tenía muy claro qué era lo que les había enterado, si la presencia de Jou, Aiko o la comida, pero conociéndolo bien podía haber sido cualquiera de las opciones.
- Ha venido solo no se ha traído a Gomamon – dijo alzando algo más el tono a sabiendas de que podrían escucharla antes de acercarse a su armario, empezando a revolver.
AnnaBolena04: una imagen digna, sin duda. La nena se querrá enfadar porque no está de acuerdo con algo y le vendrán todos a reírse de ella porque claro, como para no. Con los mofletes hinchados haciendo su máxima cara de enfado y los demás muriendo de adorabilidad a su alrededor. Así una no se puede imponer jajajaja Pobrecita ella, menos mal que tiene pocos motivos en su día a día para enfadarse.
Y Jou ha sido secuestrado oficialmente por los Ishida. Tampoco parece demasiado molesto por ello, sobretodo con la compañía de la menor de la familia. Ya debe de tener asumido que, a pesar de que ahora haya decidido ocuparse de los digimon, le van a seguir llegando llamadas de su entorno, especialmente si la cabecita rubia de Yamato entra en caos y necesita que alguien le lleve un par de tranquilizantes.
¡Pásalo muy bien por ahí de escapada! Yo voy a intentar no salir volando que tengo que irme a hacer recados a la calle y no está el día precisamente demasiado agradable - Qué raro, ¿eh?-. ¡Besitos de tortuguita!
