Sora se despertó al sentir movimiento a su lado, sorprendida al abrir los ojos y encontrarse a los digimon delante de ella. Parpadeó un par de veces, terminó de ubicarse antes de quedarse sentada en la cama.
- ¿Qué pasa? – preguntó, mirando hacia su lado, notando que Yamato parecía seguir dormido.
- Aiko lleva llorando un rato y no conseguimos que se calme – dijo su compañera.
La pelirroja frunció el ceño, entendiendo entonces que la hubieran despertado. Asintió y salió con cuidado de la cama para no despertar al rubio, poniéndose en pie y yendo tras ellos para ver lo que le pasaba a la pequeña. Encendió con cuidado la luz de la habitación, acercándose hacia la cuna de la niña-
- Cielo… ¿qué te pasa? – alargó las manos hacia ella para cogerla.
Dándose cuenta de que seguía llorando, intentó que se calmara, meciéndola entre sus brazos. Era raro que los digimon no se hubieran podido encargar de Aiko porque estuviera llorando sin más. La acercó a su rostro, dejando la cabecita de ella apoyada contra su mejilla, notando entonces que estaba algo más caliente de la cuenta.
Frunció el ceño.
- ¿Tienes fiebre? – alejando a la niña de nuevo, maniobró con cuidado con ella para dejar su mano sobre su frente, notando lo caliente que estaba-. ¿Tienes fiebre chiquitina?
Sonó mucho más seria aquella vez, volviendo a posar su mano sobre la frente de la niña, asegurándose así de que no se lo estaba imaginando. Frunció más el ceño, caminando con ella hacia el salón.
- ¿Qué te pasa? – odiando que no pudiera responder a la pregunta, se quedó mirándola, intentando adivinarlo. Los ojos de la niña estaban llorosos y acabó por alargar las manos hacia su madre, pidiendo que la abrazase de nuevo.
No tardó en sentir los pasos de Yamato bajando las escaleras. Seguramente se había despertado al escucharla a ella y a los digimon y al ver la luz en el salón habría ido a ver qué pasaba. Se giró hacia él viendo que tenía cara de confusión.
- Creo que tiene fiebre – le dijo, acercándose con ella-. Me despertaron los digimon porque llevaba un buen rato llorando…
- ¿Fiebre? – caminó hacia ella.
- Creo que sí. Tiene la frente ardiendo, mira… A ver cariño, deja que papi… Anda… - al ver que no se quería soltar de su madre, Sora sonrió ligeramente-. Tiene muchos más mimos de la cuenta. A ver, chiquitina…
- Déjala – le dijo a Sora, acercando así él la mano a la frente de la pequeña notando lo que la pelirroja decía era completamente cierto-. Pues… está ardiendo, sí. ¿Ha estado enferma?
- No lo sé… No que yo me diera cuenta. Hasta donde yo sé se pasó toda la tarde bien… - levantó la vista hacia su marido-. ¿Crees que está enferma?
Se encogió de hombros. Lo que quedaba claro era que la pequeña no se encontraba bien. Dejó que le pasara a la niña, sujetándola mejor contra él, yendo a sentarse hacia el sofá esperando ver si se tranquilizaba así, hablándole ligeramente por lo bajo para intentar distraerla.
- Voy a buscar el termómetro para ponérselo. ¿Dónde lo tenemos?
- Creo que en nuestro baño, dentro del armario… - se ahorró el comentario de que por qué le preguntaba a él si sabía que siempre era el primero en perder las cosas, pero no lo hizo.
Saltaba a la vista que no era el mejor momento para andar mareándola, de manera que prefirió centrar su atención en Aiko, bajando la vista hacia ella.
- ¿Estás malita? – le preguntó a sabiendas de que tampoco iba a responder, pero aprovechando que el sonido de su voz solía calmarla-. Seguro que no y solo estás un poco revuelta…
- Ha estado llorando y no se calma – dijo Gabumon sentándose a su lado en el sofá-. Como no conseguíamos que se quedara tranquila fuimos a despertaros, pero solo nos hizo caso Sora…
Giró la cabeza hacia él, observándolo. Ciertamente no había sentido nada y había seguido durmiendo hasta que había empezado a revolverse en la cama y al no sentir compañía a su lado se había despertado buscándola. Dado que la última vez que había visto la luz de abajo encendida en mitad de la noche se había llevado un buen susto, había preferido bajar a ver si todo estaba en orden y era cuando había escuchado llorar a Aiko.
- A ver… ya lo he encontrado – dijo la pelirroja yendo hasta ellos-. No ha tenido fiebre desde que le salieron los primeros dientes.
- Es verdad… Igual es eso otra vez – dijo, colaborando para que pudiera colocárselo bien en la frente.
Sora no respondió, esperando a ver la señal en la pantalla, frunciendo el ceño al obtener la lectura. Sin duda, no era lo que le gustaba leer.
- Tiene 37.8 ºC… - murmuró girándolo para que pudiera verlo Yamato-. ¿Es mucho para un bebé?
- ¿Me lo preguntas a mí?
- Ya… - resopló-. ¿Qué te pasa cielo? ¿Por qué no podrás hablar todavía? – dijo, intentando adivinar qué podría pasarle-. Cenó bien y no la he visto tampoco revuelta esta tarde…
- Yo tampoco la he visto hacer nada fuera de lo normal – contestó a sus palabras-. Podemos subirla con nosotros a la cama y si mañana sigue así la llevamos al médico por la mañana, ¿qué te parece?
- Bien… - bajó los ojos hacia Aiko, pasando la mano por su frente de nuevo, echándole el flequillo hacia atrás-. No se te ocurra ponerte malita, por favor… Tu madre no está preparada para verte malita, ¿eh?
Yamato levantó la vista hacia ella de nuevo, sonriendo ligeramente por sus palabras queriendo ayudar a tranquilizarla antes de ponerse en pie con cuidado de no tropezar con Sora.
- Seguro que te hace caso, ya sabes que ella siempre se porta muy bien – en realidad no estaba demasiado seguro de que fuera a ser tan sencillo.
No le gustaba tampoco mucho la lectura de la temperatura, pero no iba a ser él quien pusiera a Sora nerviosa. Por el momento estaba de acuerdo con su propia idea sobre lo de dejar a Aiko que durmiera en la cama con ellos y luego ya la llevarían a la mañana siguiente al médico para prevenirse problemas.
- Venga, todos para la cama, que sino no va a haber quien se levante – dijo mirando también hacia los digimon-. ¿Venís?
A sabiendas de que iban a seguirlos, fue escaleras arriba con Sora. No necesitaba conocerla tanto como la conocía como para saber que estaba algo nerviosa por haber descubierto que Aiko estaba con fiebre. Tampoco necesitaba hacerlo para saber que no iba a pegar ojo en toda la noche por estar pendiente de ella, pero él tampoco, de manera que estaban bastante a la par.
- Échate tú y te la pongo al lado – le dijo a la pelirroja-. Venga, acomódate… - esperó a ver como asentía y hacía lo que él le había dicho, quedándose ya de medio lado esperando que le dejara a la pequeña-. A ver cielo, ya verás como duermes mejor con nosotros hoy…
- Al menos parece que ya no llora – dijo él mientras que posaba una rodilla en el colchón para dejar con suavidad a la niña al lado de su madre-. ¿Ahí? – pudo ver como ella asentía, girándose hacia los digimon entonces-. Esperad, anda, que os pongo algo para que podáis dormir más cómodos y no en el suelo…
Cogiendo algunos de los cojines que solían usar de decoración en la cama empezó a colocarlos en uno de los rincones del suelo, haciéndolo más cómodo y dejando una manta sobre ellos para que pudieran acomodarse.
- ¿Estaréis bien? – esperó a ver como se acomodaban-. Buenas noches…
Fue entonces directo hacia la cama, echándose al otro lado de la niña, posando su mano sobre el torso de ella como otras tantas veces, observando como su mano subía y bajaba con la respiración de ella, sonriendo.
- Verás tú el disgusto que me voy a pillar yo el día que no abarque con la mano al hacer esto – murmuró buscando la mirada de la pelirroja, esperando verla dibujar una ligera sonrisa con sus palabras.
- No se va a poner enferma, ¿verdad? Solo va a tener algo de temperatura esta noche y se le va a pasar…
- Sora… Tranquila, ya veremos lo que pasa mañana, no te pongas nerviosa ya.
- Claro, ahora intenta convencerme de que no piensas lo mismo que yo – dijo, observándolo de reojo-. Que no me engañas ya, Yamato…
El que acabó sonriendo ligeramente fue él al verse delatado, encogiéndose mínimamente de hombros para no moverse demasiado y molestar a la pequeña. Continuó moviendo su mano sobre la niña, acariciándola con suavidad buscando que se tranquilizara del todo. Notó la mano de su esposa posarse sobre la de él unos segundos, dedicándole así una caricia antes de llevarla hacia el pelo de la niña y jugar con él.
El sonido de la tos de la pequeña Aiko hizo que los ojos de su madre se quedaran clavados en ella mientras tanto. No habían pegado ojo en toda la noche estando pendientes de ella y, aunque ella sí que se había llegado a dormir, no se había levantado igual de contenta que siempre. Se notaba que estaba apagada y que no quería hacer nada más que estar abrazada a ellos.
- Tiene fiebre otra vez… No le ha bajado – dijo cuando el rubio se acercó hasta ellas para dejarle el desayuno de la niña-. Dáselo tú que contigo come siempre muy bien…
- ¿Quieres que te dé el desayuno yo? – le habló, cogiéndola en brazos y aprovechando para darle un beso en la frente, comprobando así que Sora estaba en los cierto-. Está caliente…
- Dale de desayunar y mientras me visto yo para ir…
- Sora, hazme el favor de comer algo, venga. No te voy a dejar salir de casa sin desayunar – bajó la vista hacia su hija al escucharla toser de nuevo-. ¿Por favor? – volvió a insistirle a la pelirroja.
Viendo como cedía, sin ponerse en pie finalmente, se centró en la niña, cogiendo el plato con su desayuno. No le gustó nada seguir escuchándola toser, cogiendo su tacita con leche para acercársela y que pudiera beber ella, viendo como giraba la cabeza.
- Pero bueno, ¿y eso? Venga, que hay que desayunar. No le des mal ejemplo a tu madre que me ha costado hacerla desayunar… - volvió a acercarle la bebida, sin conseguir que la aceptara.
- ¿No tienes hambre preciosa? – olvidándose de su propia comida, Sora se quedó mirando hacia ella-. Seguro que sí… Prueba con una galleta a ver si la quiere…
Asintió a las palabras de ella, alargando la mano para cogerla cuando se la tendió y acercársela a la pequeña. No tardó en girar la cabeza hacia el otro lado, rechazándola también quedándose mirando hacia su padre con los ojos ligeramente brillantes.
- ¿No quieres una galleta? Anda… come un poquito, venga… - volvió a intentarlo, acercando más la comida a la boca de ella, consiguiendo únicamente que hiciera un puchero, arrancando muy poco a poco a llorar.
Cruzó una mirada con Sora, notando que estaba preocupada. No le dijo nada aquella vez cuando la vio ponerse en pie y subir hacia la habitación. Algo le decía que el desayuno se había acabado aquella mañana.
- Desayunad vosotros mientras tanto, voy a preparar a Aiko para ir al médico con ella… - le dijo a los digimon-. Venga, que se enfría…
Siguiendo los pasos de Sora, habiendo dejado la ropa de Aiko en la habitación de ambos, fue directo a prepararlo todo, dejando a la pequeña apoyada contra su hombro esperando que se tranquilizara de nuevo, pasando su mano suavidad por su espalda al sentirla sollozar todavía del disgusto.
- Ya está tortuguita, ya está… - le murmuró dejando un beso en su cabecita-. No asustes más a mamá que luego me asusta ella a mí a ver quién nos cuida…
AnnaBolena04: y lo bien que les habría venido a los Ishida que Jou siguiera rondando por casa. Que la nenita tiene fiebre y parece que a Sora le va a dar un mal por verla sin querer desayunar. Que con el mal de nena que tienen esos dos, ahora que anda con fiebre y malita, sin duda los que lo van a pasar muy, pero que muy mal, son ellos dos. A ver quién lleva peor el asunto de tener a la nena pocha.
Si es además es que ahí hasta los digimon se han quedado revolucionados porque los debió de despertar llorando y eso no les debió de gustar nada de nada, ya ni se diga como para subir a buscar a Sora y Yamato que deben de estar poco acostumbrados a que los despierten por la noche ya que, entre que Aiko ha salido tranquila y que ellos dos siempre la acaban dsitrayendo si se despierta de noche... Ya se podrían imaginar que algo más pasaba como para que fueran a buscarlos.
A ver si no acaba ninguno de ellos en el médico también por los nervios, que no tiene pinta de que lo vayan a llevar demasiado bien.
¡Besitos de tortuguita!
