- Cógela tú que ya sabes que le gusta más – dijo Sora mientras que le tendía a la niña a Yamato.

Hacía ya rato que habían salido de casa y ya estaban esperando en la sala de espera del médico. Los digimon, a pesar de que habían protestado, se habían quedado en casa a sabiendas de que no era el mejor lugar para que los dejaran estar.

- A ver, ven conmigo – dijo el rubio, sujetándola bien contra él-. Que te estás muriendo del sueño… Poco más y no puedes tener los ojos abiertos.

- Tiene la frente ardiendo, yo creo que le debe de haber subido más la fiebre y es por eso – dijo ella mientras que volvía a posar su mano sobre ella.

- ¿Tú crees? – bajó la vista, observándolas-. Bueno, pues en ese caso que aproveche para dormir que no debió de pegar ojo hasta que nos llevamos con nosotros para le cama…

Esperando a que la pelirroja retirase la mano, acurrucó mejor a la niña entre sus brazos. No iba a decir aquella situación le hiciera algo de gracia tan siquiera, pero si echaba la vista atrás era capaz de visualizar tiempos pasados en los que el que estaba así era Takeru. No eran tampoco recuerdos demasiado nítidos, no se sacaba tantos años con su hermano como para poder recordarlo todo con claridad. Sin embargo, había detalles que podían volver a su cabeza al volver a revivirlos con Aiko. Sonrió levemente antes de devolver la vista hacia su esposa.

- Tranquila. Ya le iba tocando. No es más que un catarro y le habrá subido la fiebre…

- Ya lo sé, Yamato… Pero mírala, es todavía muy pequeñita y me da mucha pena no verla enredando o queriendo jugar… Ahora tendría que estar robándome la ropa que me intento poner para ir al estudio y dándotela a ti para que me la escondas.

- Ya tendrá tiempo para hacerlo, no te preocupes – acercó ligeramente su cabeza hacia ella, dejándola apoyada así contra la suya-. ¿Vale? Además, fiebre aparte, estoy bastante seguro que gran parte de lo que le pasa es que tiene más mimos de lo normal… ¿O no te acuerdas de cómo se ponía cuando estaban con los dientes?

Al ver que se dibujaba una ligera sonrisa en los labios de ella, le dio de nuevo su espacio, quedándose con la espalda apoyada en el respaldo, intentando moverse lo menos posible para que Aiko pudiera dormir tranquila.

- ¿Vas a llamar a alguno de los abuelos? – preguntó reclamando así la atención de ella-. Porque creo que tengo a mi padre fuera la ciudad otra vez, que sino cualquiera lo aguanta…

- Pues… creo que mis padres tampoco están. Pero bueno, contigo sin estar en el trabajo y… yo puedo ir y venir cuando me venga en gana… No creo que haga falta que…

- ¿Tener que aguantarlos montando el drama? – el rubio ladeó la cabeza, observándola-. Bueno, ya los llamamos luego para que lo sepan, aunque creo que está mi madre por Tokio y seguro que agradece que se lo diga.

Pudo ver como la pelirroja asentía, entretenida en volver a llevar su mano al rostro del bebé, empezando a acariciar con cuidado y con su dedo el puente de su nariz, asegurándose así de que seguía durmiendo, esperando que alguien los atendiera.


Natsuko dejó de lado su ordenador encima de la mesa del comedor. Tras pasar unos días fuera, estaba ocupada terminando de completar algunos borradores del artículo que tenía entre manos. No necesitaba pasarse por el trabajo para poder terminarlo, ya que, sin duda, la redacción era algo que hacía más cómodamente allí. El sonido del teléfono hizo que dirigiera su vista hacia él, sonriendo ligeramente al ver el nombre del mayor de sus hijos en la pantalla descolgando de forma automática.

- Buenos días, ¿no te has enterado todavía de que cuando se está de vacaciones no está bien visto madrugar tanto? – fue su saludo-. ¿Cómo que venís del médico? – arqueo una ceja-. ¿Aiko? - puso mal cara nada más escuchar aquello-. ¿Y qué os han dicho? Ya… ¿Puedo pasarme a verla?

Cuando terminó la llamada dejó el teléfono encima de la mesa, poniendo algo de mala cara. Sin duda era la cosa más normal del mundo que la pequeña hubiera enfermado con un resfriado, pero, parecía la primera vez que estaba algo peor. No le preocupaba tanto la pequeña como su nuera, la cual, sin duda, se podía imaginar lo que tendría en la cabeza.

Bajó la tapa del ordenador, dando por terminado su sesión de trabajo de aquella mañana antes de ponerse en pie para ir a darse una duda. Lo mejor que podía hacer aquel día era dejar todo aquello e irse a calmar un poco los ánimos en casa de su hijo.


- Se me va a hacer raro cuando tenga que depender del coche para poder venir de visita – le dijo a Yamato cuando le abrió la puerta.

- Pues vete mentalizándote, que cada vez queda menos… - se apartó de la puerta para dejarla entrar antes de acercarse saludarla con un beso en la mejilla.

- ¿Qué tal está mi nieta?

- Pues si quieres verla vas a tener que pedirle permiso a Gabumon… - señaló con la cabeza hacia el sofá, en donde se podía ver el cuerno del digimon asomar.

Antes de preguntar más, avanzó hacia ellos, pudiendo llegar a ver como la niña se había quedado dormida encima de la barriga de él. Aunque ya había crecido, y sin duda, era mucho más grande que cuando había llegado a casa, era una costumbre que no había perdido y ahora descansaba tranquilamente encima del fiel compañero de su padre.

- Tiene catarro. Es algo feo, de ahí que le haya subido tanto la fiebre. Pero no hay que preocuparse… Nos han dicho que le demos líquidos y nos han recetado algunas cosas… Cuando se despierte voy a ver si le doy un baño, que le va a venir bien con la fiebre y además le encanta chapotear…

- Bueno, a lo mejor si sigo por aquí y a nadie le importa podría hacerlo yo…

Quedándose mirando hacia su madre, sonrió ligeramente a modo de respuesta. No tardó demasiado en enfocar a Sora, la cual por fin había terminado de cambiarse y bajaba de nuevo las escaleras.

- Hola, perdona por no haber bajado a recibirte primero – le dijo a su suegra.

- Tonterías… Pensé que no estabas…

- No voy a ir hoy al trabajo… - comentó, encogiéndose de hombros.

- Alguien lleva peor el catarro que la propia enfermita…

Natsuko se rio al ver la mueca que Sora le dedicó a Yamato, echando a andar para ir hacia la cocina y empezar a revolver. Quería aprovechar la mañana para poder hacerle a la pequeña la comida, dedicándose así algo más de tiempo para prepararle una sopa para la hora de comer. No se dio cuenta de que su suegra la seguía con la mirada, entretenida.

- Con el cambio de clima que tuvo que notar cuando volvisteis de Tanegashima casi que me extraña que no se haya puesto enferma antes – comentó, sin querer alzar demasiado el tono para que su nieta no se despertase. Esperó unos segundos a ver si Sora contestaba, cruzando una mirada con su hijo, el cual, simplemente se encogió de hombros.

Era de esperar la reacción de ella. Desde que la conocía, muchos años atrás, sabía que siempre se preocupaba más por los demás que por ella. Ahora que la que estaba enferma, aunque fuera una tontería, era Aiko, podía llegar a comprenderla. Además, ella también había pasado por ello.

- Hola preciosa – dijo al posar su mirada en la niña y ver que la estaba observado.

Caminó hacia ella para sentarse junto a los digimon y poder así saludarla, no queriendo moverla de dónde estaba ya que se la venía cómoda. Acercó su mano para acariciarle la mejilla, no tardando en ver como cerraba de nuevo los ojos.

- ¿Has hablado con tu padre? – le preguntó a Yamato.

- Y ya te podrás imaginar el drama. Tanto el de él como el del otro abuelo… Pero bueno, casi que es mejor que estén fuera de Tokio y así no la agobian.

- Pues negaré haberlo dicho, pero tienes toda la razón… Ahora intenta no pillarlo tú detrás, que cuando Dai estuvo enfermo y le hicisteis de niñero…

- Algo intentaré… - entretenido, negó con la cabeza.

Se acercó hasta Sora, viéndola revolver por la nevera con gesto serio. La conocía de sobra como para saber que lo estaba pasando mal. En vez de dejarle su espacio, terminó por colocarse a su lado, reclamando así su atención.

- ¿Necesitas algo? ¿Tenemos de todo para hacerle la comida? – preguntó por lo bajo.

- Sí… - contestó, mirándolo de reojo.

- ¿Desayunaste algo al final? – cambió el tema, sabiendo perfectamente la respuesta que ella iba a darle-. ¿No piensas comer nada?

- Yamato…

- No, de Yamato nada. No me obligues a usar a mi madre en tu contra.

- ¿Qué pasa con tu madre? – dijo Natsuko desde el sofá.

- Pasa que no quiso desayunar nada por salir corriendo y no quiero que esté sin comer…

Poniéndose en pie, fue hacia ellos. No podía estar más de acuerdo con su hijo, eso sin duda. Tomándose algo más de confianza con la pelirroja de la que solía acostumbrar, la apartó con cuidado de dónde estaba.

- Vamos a hacer una cosa… Como abuela que ve menos a su nieta creo que estoy en mi derecho de consentirla un poco. Voy a prepararle yo la comida, y aquí el astronauta altamente cualificado se asegura de que tú comas algo.

- Pero… - protestó.

- No acepto peros. A ver si voy a tener que ponerme en modo suegra-ogro para que me hagas caso, venga… - cruzó una mirada con su hijo-. Sora, hazme caso. Precisamente tú, después de haber estado algo mal hace un par de meses, no deberías de andar saltándote comidas.

Cedió finalmente, al menos ante el tema de dejar que fuera ella quien le preparase la comida a Aiko. No estaba segura de poder cumplir con el resto de la amenaza, pero, por el momento, no quería tampoco discutir con Natsuko. Se dejó apartar, posando las cosas que tenía en las manos antes de que Yamato le hiciera un gesto para que se sentara.

- Vete con Aiko, que ahora te llevo yo algo…

- ¿Tú desayunaste al final? – le preguntó, confusa.

- Mientras que te cambiabas… Cuando todavía intentaba que la niña comiera algo – explicó-. Venga vete a sentarte con ella, que estaba medio despierta.

Dándose del todo por vencida fue a donde él el había dicho, tomando asiento junto a su compañera, viendo así a la niña, la cual se había percatado de su cercanía. Sonrió a la pequeña, acercándole al mano y viendo como rápidamente alargaba sus manitas para coger la de ella.

- ¿Has visto? Te está haciendo la comida tu abuela, así da gusto, ¿eh? – facilitó los movimientos de ella, moviendo la mano en la dirección en la que ella la había arrastrado-. No te preocupes, ya vengo yo contigo porque tu padre se ha aliado con ella y me han echado de la cocina.

- Seguro que me da la razón, así que deja de protestar y vete mentalizándote – habiendo estado pendiente de la conversación Yamato contestó a sus palabras.

Negando con la cabeza, Sora aprovechó para acurrucarse algo más ladeada, quedando así más cerca de la pequeña, teniendo cuidado con los digimon. Sonrió ligeramente al ver a Biyomon tomar postura sobre sus rodillas como solía hacer muchas veces, posando la otra mano sobre sus alas.

- ¿Queréis algo vosotros dos? – preguntó-. Bueno, no… Menuda pregunta más tonta, claro que queréis algo…

- Eso ya me lo imaginaba yo – dijo Yamato desde la cocina, atento a la conversación que tenían.

No estaba segura tan siquiera de que hubieran desayunado ellos, saliendo a las carreras olvidándose de ellos dos. Habían dejado las cosas en la mesa y a su regreso habían tenido que recogerlas, no notando que faltaran demasiadas. Aquello era una señal de que ellos no habían desayunado tampoco.

- Yo diría que eso acaba de ser la respuesta a mi pregunta – dijo, entretenida, al escuchar un sonido proveniente de la barriga de Biyomon.


Natesgo: si ya sabemos que el drama de los padres iba a ser mucho más gordo de lo que debería de ser, pero bueno, pobrecillos. Esos dos tienen demasiada nenitis y si yo ya me pongo casi a agonizar cuando tengo al perrete pocho, pues seguro que el drama que van a manejar tanto Yamato como Sora - de los abuelos mejor no hablemos - va a ser de los gordos aunque solo tenga algo de moquillo la pobre nena. Que no quiere comer, que está malita y que tiene muchos mimos. Que ellos no están preparados para que la tortuguita se les ponga malita... No señor. Si es que ya me vale, ponerles mala a la nena justo en la víspera de su aniversario... No tengo perdón.

Jajajaja, ánimo con las fiestas y con el aguantar más familiares de lo recomendado por las autoridades sanitarias. ¡Un beso!

AnnaBolena04: la nenita debe de andar por ahí con las naricitas rojitas y un montonazo de mimos. Muchos más de lo normal. Que no se encuentra bien y seguramente tenga frío y eso debe de convertirla en una cosita mucho más "pegajosa" de lo normal con cualquiera, pero sobretodo con sus padres, que por lo que pudimos ver ayer, no había ya quien la soltara de su madre. Que además, con lo bien que lleva Sora que los demás se pongan mal a su alrededor ahora que la que está malita es su chiquitina alguien va a tener que acabar dándole un buen traquilizante a esa pobre mujer.

Menos mal que parece que alguien con más experiencia se ha colado por aquí, sin ir acompañada de ningún abuelo histérico y con más habilidad para calmar los ánimos. Que ya llegado Natsuko al rescate de nieta y padres primerizos antes de que alguien acabe llorando en el rincón más allá de la nenita porque tiene mimos.

Dile a la tortuga que mañana pienso hacer el vago en condiciones todo lo que me dejen, que mejor se preocupe de no coger mucho frío ella, que hay que estar en condiciones para celebrar el aniversario de los Ishida mañana por todo lo alto. ¡Un besito de tortuguita!