Natsuko se quedó sentada con su nieta en brazos, le había costado que comiera, insistiendo lo justo para que pudiera tomarse la medicación que le habían dado sin que le fuera a hacer daño en el estómago. Sonrió ligeramente al ver que los ojos de la niña se cerraban poco a poco, empezando, cada vez más, a acomodarse contra ella.
Levantó la vista para buscar a su hijo, intentando reclamar su atención sin tener que alzar la voz para no despertarla. Cuando vio que cruzaba una mirada con la de ella, le hizo un gesto para que fuera hasta donde ella.
- Voy a llevarla a su habitación – dijo la mujer viendo como él asentía, dedicando una última mirada a la niña.
Con sumo cuidado de no despertar a Aiko, fue caminando hacia la entrada con ella. Seguramente el resfriado y la medicación le dieran sueño, y la comida caliente ayudaba. La pequeña necesitaba descansar, por lo que el que se hubiera dormido era lo mejor que le había pasado.
Sonrió al sentir como se revolvía más entre sus brazos para quedarse más pegada a ella. Sabía que en parte lo hacía porque tenía frío pero también porque estaba más mimosa de la cuenta. Se giró hacia los digimon sabiendo que estaban tras ella, observándolos.
- ¿Os echáis con ella? Intentad no darle mucho calor, ¿vale? Es malo por si le sube la fiebre, así que vamos a aprovechar que estamos en verano.
- ¿Puedo echarme yo con ella? – preguntó Gabumon, a sabiendas de que precisamente él era quien más calor daba.
- Claro que sí, pero intenta que no se pegue demasiado a ti – sonrió-. Venga, que os la coloco al lado…
Esperó a que ambos digimon subieran a la cuna para poder dejar a la pequeña al lado. Sin duda habían hecho bien comprando una más grande, no solo para que sirviera a medida que Aiko crecía sino porque a ellos les gustaba meterse con la niña.
Una vez que se hubieran acomodado ellos dos, se acercó con Aiko para poder dejarla con cuidado de no hacer ruido. Se entretuvo observándola en silencio. Aquella niña le traía recuerdos de cuando sus hijos eran pequeños. La genética tan marcada en ella siempre hacía que pensara en ellos dos cuando no eran más que unos niños. Especialmente de Yamato, el cual, al no haberse criado con ella, había conseguido que los recuerdos de cuando era tan pequeño se hubieran grabado mucho más en su cabeza.
Yamato siguió a su madre hasta que desapareció tras la puerta, pudo ver como los digimon iban tras ella para no dejar a la niña sola. Sonrió ligeramente, alargando la mano hacia Sora cuando la vio pasar a su lado.
- ¿Mejor? – le dijo a la pelirroja.
- ¿Hm? – confusa, se quedó observándolo.
- Sí, hazte la tonta – llevó la mano hacia ella, dándole un ligero toquecito en la nariz-. Llevas muy nerviosa desde anoche…
Resignada, no tardó demasiado en encogerse de hombros, levantando la vista hacia él.
- Es tan pequeñita todavía que me da mucha pena verla malita – habló sin dar muchas vueltas-. Ya sé que solo es un catarro y que no es el fin del mundo, pero no lo puedo evitar.
- No iba a decir nada – dijo a modo de respuesta automática, moviendo sus dedos hacia su mejilla dedicándole una ligera caricia-. Se le ha quedado dormida a mi madre encima.
- Lo supuse – asintió-. Y no debió de dormir nada hasta que la llevamos a la cama con nosotros, así que debe de tener sueño.
No insistió mucho más, prefiriendo dejarle algo de espacio a su esposa. Sabía que lo llevaba ella mucho peor que la pequeña de manera que iba a dejarla tranquila y que se entretuviera terminando de recoger las cosas y preparando la comida para ellos.
- Tu madre se quedará a comer, ¿verdad?
- Supongo… y si se le ocurre protestar ya no la dejo salir de casa – asintió-. ¿Qué quieres hacer para comer?
- Pues… no lo sé. ¿Qué te apetece?
- A mí cualquier cosa, Sora. Es más, te ayudo…
- No – negó con la cabeza, escapándose finalmente hacia la cocina-. Tú quédate ahí y ya hago yo algo…
No queriendo discutir con ella, la dejó que fuera ella a enredar lo que quisiera. Se giró hacia la puerta de la habitación, viendo salir a Natsuko con paso lento, yendo hacia él.
- Se ha quedado dormida en medio de los digimon. Tiene pinta de que va a estar así un rato. Esperemos que no le sub de nuevo la fiebre – observó a su nuera, viendo que estaba mirando al interior de la nevera-. ¿Vais a hacer la comida?
- Claro, para los tres. Y ni se te ocurra protestar. La cosa va de que como protestes no te dejamos salir de casa – se encogió de hombros.
- Buena gana tendréis de estar pendientes de mí y de hacer algo de comer porque esté yo aquí, Yamato.
- Déjate de tonterías, mamá. Comes con nosotros y punto. ¿Tienes algo que hacer?
- Estaba terminando un artículo, pero no es para ahora – se encogió de hombros, cediendo finalmente-. Seguro que cuando Aiko se despierte va a estar muchos mejor, ya lo verás.
- Esperemos, porque me sé de alguien que lleva muy mal que cierta señorita esté enfermita…
Él también se preocupaba pero sabía disimularlo mejor. Era un catarro y sabía que la cosa estaba totalmente controlada, pero, también era cierto que era la primera vez que la pequeña se les había puesto mal de forma más seria. Quizás él, teniendo un hermano pequeño, había podido ver situaciones parecidas más veces. Sora, en cambio, no había tenido aquel ejemplo tan de primera mano. Además, el carácter sobreprotector de ella hacia todos influía mucho, especialmente cuando se trataba de Aiko.
El sonido del teléfono de su madre hizo que diera un brinco, viendo como ella aceleraba el paso en busca de su bolso. No necesitó que ella le confirmara quién era el que llamaba al verlo en la cara de su madre.
- Dile a papá que debería de darle vergüenza no venir por aquí…
- Calla por favor, no vaya a ser que te oiga y luego no hay quien lo aguante… - dijo alejándose hasta la ventana que daba hacia la terraza, quedándose así mirando hacia la nada.
Una vez sentados a la mesa, Sora se quedó mirando de reojo su propio plato de comida. Dejando de lado que Yamato la hubiera hecho desayunar algo no hacía demasiado tiempo, tenía el estómago cerrado por los nervios. También era consciente de que iban a acabar tirándole de las orejas como volviera a no querer probar bocado, de manera que empezó a intentar comer algo.
- Ha llamado mi madre también – dijo mientras tanto-. Dice que mañana ya vuelven a la ciudad, así que seguro que los tendremos por aquí.
- Sora, tú mañana vete a trabajar tranquila Ya estoy yo por casa con Aiko y si tus padres quieren venir, son bienvenidos…
- ¿Te ha pegado la niña la fiebre? – dijo Natsuko.
- ¿Por qué? – preguntó el rubio mirando hacia ella, no entendiendo demasiado bien el comentario, quedándose con la comida a medio camino hacia su boca.
- ¿Tú solo con tus suegros? – sonrió, divertida viendo la cara de él.
Giró la cabeza del todo hacia su madre, entrecerrando los ojos, antes e ponerse a soplar para no quemarse al comer fingiendo que no tenía nada que decir al respecto. Se distrajo, sin poder evitarlo, al sentir la suave risa de Sora.
- Mejor preocúpate de decirle a tu padre que Haruhiko va a venir por aquí antes que él y verás cómo aparecen los morros por el horizonte de Tokio – sonrió, dándose ella cuenta también de la reacción de sus palabras en Sora.
La pelirroja no había hablado más, entretenida finalmente en empezar a comer algo más distraída por la conversación que estaban teniendo los otros dos. Sin duda había servido para relajar su ánimo y que le entrara mejor la comida.
- ¿Queréis más? – preguntó, dejando la vista en ellos dos.
- Tú come – le dijo Yamato-. Tengo dos manos para echar más a quien lo quiera….
- Sin que sirva de precedente… hazle caso a mi hijo – la rubia sonrió, entretenida, mirando hacia su nuera-. Te ha quedado muy rica la comida.
- Gracias – dijo ella, distrayéndose al ver como Yamato cumplía con lo que había dicho y se levantaba para ir a por más, habiendo terminado el primero.
Agradecía que Sora finalmente se hubiera distraído, viendo como hablaba con su madre. De esa forma había empezado a comer sin darle tantas vueltas. No necesitaba que la falta de comida acabara pasándole factura a ella y tener a Aiko con fiebre por un lado y a su esposa debilucha por el otro. Él, desde luego, no servía para esas cosas tampoco.
Se acercó a la nevera, abriendo la parte del congelador y buscando el postre. El día anterior había ido a hacer la compra y había traído el helado favorito de Sora sin que ella se enterase. Aunque ella no hubiera terminado de comer todavía, así se iba calentando para que no estuviera tan duro. Volvió a la mesa con su plato con más comida y el helado en la otra, dejándolo donde la pelirroja pudiera verlo, viendo como sus ojos se desviaban automáticamente hacia aquello.
- ¿Desde cuándo tenemos eso en casa? – preguntó, curiosa.
- No sé, lo he encontrado en la nevera…. – sonrió, divertido por la cara de ella-. ¿Quieres más, mamá?
- No, no… Yo creo que me voy a apuntar al postre – dijo.
Sora se quedó mirando hacia su suegra mientras que Yamato estaba recogiendo las cosas.
- Muchas gracias por haber venido, Natsuko.
- Tonterías – negó con la cabeza-. Ya sabes que yo estoy más que encantada de encontrar excusas para venir a ver a esa preciosidad…
- Siento haberme alterado tanto, pero es que es la primera vez que se pone así y…
- Sora… Dos hijos – se encogió de hombros-. ¿Tengo algo más que decirte? Y en mi caso lo de la adicción al trabajo del padre ha venido de siempre – explicó-. Al menos os ha cogido pudiendo quedaros los dos con ella.
- Sí, bueno… mañana debería de ir al estudio. Tengo algunas cosas importantes que hacer, peor hoy quiero quedarme con ella.
- Pues… aunque vayan a estar tus padres ya, si necesitáis cualquier cosa, lo que sea, ya sabes que podéis llamarme, ¿verdad?
- Lo sé – sonrió, observándola-. No se me hubiera ocurrido llamar a nadie para que viniera estando los dos pero… Te agradezco mucho que vinieras. Además, a la tortuguita le ha gustado mucho la sopa que le has hecho…
- ¿Tortuguita? ¿Te lo ha pegado Yamato?
La pelirroja sonrió automáticamente. ¿Cómo no se lo iba a pegar? Cada vez que escuchaba a su marido llamar así a la pequeña poco le faltaba para que se le empezara a caer la baba. Desde la primera vez que lo había escuchado decírselo no lo había podido evitar. Posiblemente, tras verla buscando aquellos pequeños animales por la orilla de la playa durante los meses que habían pasado en Tanegashima, no se le podía ocurrir otro mejor apelativo para ella.
- Algo bueno se me tendría que pegar de él – contestó por mí, mirando hacia él, ajeno completamente a la conversación.
- Cierto… - dirigió también sus ojos hacia su hijo-. Posiblemente ya te habremos repetido esto hasta el aburrimiento, pero no puede estar más deferente desde que te volviste a cruzar en su vida. Pero… esa niña sí que ha marcado la diferencia total y absoluta.
Sora devolvió su atención a su suegra, asintiendo. Tenía toda la razón del mundo. Ni siquiera había hecho falta que naciera la pequeña para que aquello se hubiera empezado a notar. Había sido desde aquel día que había llegado a casa y ella lo había recibido con el minipijama.
- Esa niña nos ha cambiado a todos, Natsuko – contestó finalmente.
Bueno, ayer no tuve tiempo de pasarme por aquí - y ahora tengo gente pululeando por aquí y solo he podido escaparme un ratito para dejar el capi subido - , así que aprovecho ahora para desearos una Feliz Navidad a todos y, ya especialmente a los que rondan por aquí, un muy feliz día del Sorato. Espero que hayáis tenido todos muy buen noche y que hoy hubiera algún que otro regalillo en el calcetín esperando por vosotros.
