- Se supone que no estoy de humor porque Aiko está enferma… - murmuró Sora mientras que dejaba caer su cabeza sobre el hombro de Yamato, escuchando como dejaba ir una suave risa a modo de respuesta.

No se había movido desde que habían terminado, siendo aquellas las primeras palabras que salían de los labios de la pelirroja. Se había quedado agotada, no habiendo tenido precisamente el mejor de los días. No había pegado ojo en toda la noche desde que la habían despertado los digimon porque Aiko tenía fiebre, el resto del día se lo había pasado pendiente de la pequeña y ahora, sin duda, la situación en la que estaban no había ayudado.

Dibujó una leve sonrisa al sentir como Yamato empezaba a jugar con sus dedos en su espalda. Se había quedado sentada aún encima de él, sin intención alguna de moverse, manteniendo sus brazos en torno a sus hombros. Tardó unos segundos en volver a levantar la vista hacia él.

- La oferta del baño sigue en pie – le dijo él, bajando la vista al darse cuenta.

- No es que siga en pie, es que se ha vuelto una necesidad después de tu última ocurrencia…

Aquella vez, enrojeció notablemente al decir aquello. Sin duda, hacía mucho tiempo que habían dejado la vergüenza entre ellos dos perdida en el olvido, pero era la primera vez que se le ocurría hacer aquello, habiendo hecho el tonto únicamente en otras ocasiones.

- Una de las mejores que he tenido últimamente – sonrió al darse cuenta de la subida de colores de ella, acercándose para dejar un beso en la punta de su nariz-. Quédate en la cama, preparo yo el agua, tranquila…

Dejó ir un suave sonido de protesta cuando lo sintió moverse, pero no lo impidió. Únicamente se dejó caer hacia atrás para quedar tumbada en la cama, sin molestarse en cubrirse, dedicando unos segundos a estirarse.

- Así no ayudas a que me ponga a lo que me tengo que poner – dijo el rubio sin poder evitar observarla, encontrándose con una mirada divertida por parte de ella a modo de respuesta.

Hizo el esfuerzo para ir a hacer lo que le había dicho, molestándose en recuperar sus pantalones del pijama para ponérselos rápidamente, sin muchos miramientos, para ir hacia el baño. Iba a bajar más tarde a la cocina a coger lo que habían dejado tirado, no queriendo que los digimon pudieran salir por la noche y encontrarse lo que no deberían. Sora lo siguió con la mirada hacia que desapareció tras la puerta del baño, tomándose su tiempo. No era nada nuevo que se comportaba de forma perezosa después de haber pasado un rato entretenida con Yamato, escapaba a su control. Hubo una temporada en la que se había sentido algo culpable porque en la gran mayoría de las ocasiones no podía más que dejarse llevar, pero, había sido sincera consigo misma. No era algo contra lo que pudiera hacer nada, era el efecto que tenía Yamato en ella simplemente por acercarse, era algo que escapaba a su control.

Sonrió levemente, volviendo a estirarse. En otras condiciones, hubiera buscado con lo que poder cubrirse, pero, en aquella ocasión, no quería poder ensuciar nada. Esperó por él, quedándose adormilada sin darse cuenta, no volviendo a abrir los ojos hasta que sintió la voz de su marido llamarla.

- Venga… Al agua… Y que no te tenga que perseguir para que te metas en la bañera que con Aiko ya tengo bastante…. – divertido porque se hubiera quedado dormida, se acercó hasta ella, tendiéndole la mano para que se pusiera en pie.

Resoplando levemente ante la pereza que le daba aquello, se dejó ayudar para ponerse en pie, quedándose mirando hacia su marido antes de que posara una mano en su cintura para hacerla caminar hacia el baño.

- Voy ahora – le dijo-. Voy a recuperar tus cosas para que te las puedas poner luego.

- No – negó con la cabeza-. Mételo en la lavadora y así aprovecho y me cambio a algo más fresco…

- Vale – sonrió, empujándola algo más-. Venga, vete tu metiéndote…

- No, te espero, que luego no nos arreglamos – le dijo-. Pero voy preparándome y sacando las cosas.

Asintió a sus palabras, dirigiéndose hacia la planta inferior para hacer lo que le había dicho. Sora se acercó mientras tanto al armario para poder sacar uno de sus camisones frescos de verano y ropa interior nueva para dejarla a mano y poder irse directa a la cama. En aquellas fechas del año le daba igual irse con el cabello mojado, de manera que no iba a perder tiempo en secarlo. Entró al baño, viendo que había cerrado el agua ya y que había descubierto por fin, sin que ella hubiera tenido que ir a decirle dónde tenía guardadas las cosas, dónde estaban sus bombas de baño y espumas, sonriendo al ver la superficie del agua. Queriendo hacer algo de tiempo, fue hacia el lavamanos, buscando uno de sus cepillos dentro de los cajones del mueble, usándolo para desenredarse el cabello con calma hasta que vio al rubio volver a su lado.

- ¿Ya estás? – preguntó, observándola viendo como asentía-. Vale, pues me voy metiendo yo y luego te ayudo.

Volvió a quitarse el pijama, acercándose al agua para poder entrar y tomar asiento, teniendo cuidado para no salpicar todo demasiado, aunque sabía que era una causa perdida, tendiéndole la mano a la pelirroja para ayudarla tal y como había dicho, esperando a que se acomodara delante de él.

- ¿Te me vas a quedar dormida? – preguntó divertido pasando sus brazos en torno a su cintura tras dejar que apoyara la cabeza sobre su hombro.

- Podría ser… Yo creo que con Aiko tienes práctica por si me tienes que poner el pijama y meterme en la cama, ¿no?

- No prometo nada. Te prefiero sin él ya que estamos, pero bueno, que luego te me pones mal de catarro y vas por ahí con la nariz roja como la de cierta señorita que yo me sé…

- Ay, no digas eso, pobrecita la chiquitina – no pudo evitar reírse-. ¿Has encontrado tú solito las bombas de baño?

- Qué simpática – dijo-. Pues sí, contando que la última vez me mandaste a mí a comprarlas y que las guardé yo sería muy triste que no fuera capaz de dar con ellas.

- Mejor no ponerte a prueba…


Se echó la toalla a la cabeza para poder secarse rápidamente el pelo. No había queriendo entretener más a Sora, saliendo él primero de la bañera para dejarle su espacio y que ella pudiera terminar de ducharse tranquila. Salió del baño, ya vestido bien, yendo hacia la cama para ver si necesitaba cambiar las sábanas después de cómo habían llegado antes, decidiendo hacerlo igualmente, a sabiendas de que sino iba a ser ella la que lo hiciera.

Escuchó la puerta abrirse un rato más tarde cuando ya hubo terminado, levantando la vista hacia ella viéndola salir y apagando la luz tras ella. No contaba con que de repente los pasos de Sora fueran directos hacia él para cogerlo por la barbilla y darle un beso en los labios que hizo que se le olvidara unos segundos cómo se podía respirar.

- Voy a ver si Aiko sigue durmiendo – susurró al separarse.

Tiempo atrás hubiera aprovechado la oportunidad para decirle que lo quería, pero, sin duda, ya hacía bastante que consideraba que aquello no era lo que definía mejor lo que sentía por él. Era algo diferente, y que no se podía expresar simplemente con aquello. Era mucho más.

No lo dejó retenerla a su lado, aprovechando la confusión de él para poder escaparse y poder ir a hacer lo que había dicho, saliendo de la habitación para asegurarse de que la niña estuviera bien. Bajó las escaleras con rapidez, yendo hacia donde había dicho, abriendo la puerta con sumo cuidado para no despertarla.

Miró hacia los digimon, quienes estaban completamente dormidos, dando las gracias por ellos. Era consciente de que no había sido la más silenciosa del mundo antes en la cocina, pero tampoco había podido hacer más por evitarlo. Ese simple pensamiento consiguió que empezara a notar calor en sus mejillas. Iba a ser muy sencillo que ella sola se delatara al día siguiente cuando Haru estuviera cerca…

Volviendo a la realidad, bajó la vista hacia la pequeña, comprobando que estaba completamente dormida y en paz. Aunque se hubiera pasado durmiendo gran parte de la tarde, sabía que estaba cansada. Primero por el catarro y la medicación y segundo porque hasta que la habían llevado con ellos a la cama, no había pegado ojo. Tuvo que contenerse para no acariciarle sus redonditas mejillas, por miedo a poder molestarla, queriendo que descansara. Por suerte la mañana siguiente la iba a pasar con Yamato en casa y evidentemente no podría dejarla en mejores manos. Aunque estuviera mejor, de esa forma se quedaba más tranquila que si tuviera que andar llevándosela al trabajo o teniendo que depender de los abuelos. No porque no confiara en ellos, sino porque no las tenía todas consigo para sacarla de casa con las altas temperaturas y el aire acondicionado que había en todas partes.

Lanzó una última mirada a Aiko antes de girar sobre sus propios pasos, saliendo de la habitación y cerrando la puerta con sumo cuidado, empezando a apagar las luces a su paso, ignorando que todo en la cocina se había quedado patas arriba, subiendo a la habitación.

- ¿Has cambiado las sábanas? – preguntó, curiosa, entrando.

- ¿Qué? ¿Ya te he quitado tu entretenimiento de ahora? – sonrió, girándose hacia ella, habiéndose echado ya-. Haz el favor de meterte en la cama de una vez o mañana no voy a conseguir que te pongas en pie ni con comida…

No protestó teniendo que darle toda la razón del mundo, yendo hacia él para hacer lo que le había dicho, abriendo las sábanas y agradeciendo el contraste fresco de éstas. Se giró hacia el teléfono para comprobar que estaban puestas todas sus alarmas y, finalmente, girándose hacia el rubio.

- ¿Qué? – preguntó él pasados unos segundos en los que ella había estado observándolo.

- Sigo diciendo que tú y yo vamos a tener serios problemas – dijo, teniendo que hacer una pequeña pausa debido a un bostezo.

- ¿Por qué? – arqueó una ceja, divertido.

- Sabes muy bien por qué, Ishida…

- Duérmete de una vez

No pudo más que reírse de ella, echándose también y observándola al quedar girado hacia ella, no buscando su cercanía para dejarla respirar. Había estado haciendo más calor de la cuenta aquellas última noches y prefería dejarla estar. Posiblemente, a lo largo de la noche, sin poder hacer nada por evitarlo, se acabaría pegando a ella. Era algo que hacía inconscientemente. Incluso habiéndose metido en la cama enfadado en serio con ella, se había despertado así con ella. Su subconsciente iba por libre.

- ¿Te vamos a buscar mañana al estudio al mediodía? ¿Sora? – había conectado de nuevo con la realidad al no escuchar como ella le respondía, dándose en cuenta de que había caído por fin completamente rendida.

Sonrió, acercando la mano a la sábana para echarla por encima de ella hasta su cintura, no queriendo que tuviera frío pasado un rato y se giró a continuación para poder apagar la luz. Al contrario que ella, se había desvelado con la forma en la que habían acabado la noche, pero no le importaba, a fin de cuentas no tenía que madrugar ni salir de casa temprano al día siguiente.

Se quedó pensando en Aiko, esperando que no volviera a recaer con el catarro. Aunque no lo había exteriorizado tanto como aquella que dormía a su lado, no le había gustado ni lo más mínimo verla así y con fiebre. Aunque parecía que se había recuperado bien a lo largo del día, al menos de la fiebre, esperaba que no se volviera a repetir por la noche. La medicación había hecho su efecto con rapidez y, aunque tuvieran que tener cuidado con sacarla de casa esos días, se podrían arreglar, para algo estaba él de vacaciones.

Se giró, quedándose echado bocarriba, distraído, aprovechando para descansar hasta que el sueño quisiera hacer su aparición.


AnnaBolena04: no tengo muy claro si estos dos disfrutan más del antes, del durante o del después de cuando se quedan solitos y tienen tiempo para ponerse todo lo mimosos que quieran. Si es que pasan de estar de un extremo al otro y están perfectamente cómodos en ambas situaciones. No se han podido adaptar mejor el uno al otro ni queriendo. Y ahora que tienen que buscar hueco porque tienen una tortuguita que les reclama atenciones, pues cuando lo consiguen tiene que ser por todo lo alto.

Y no, probablemente ninguno de los dos vaya a ver con los mismos ojos ese helado jajaja A ver cuánto tarda Mimi o Haru en darse cuenta de que algo pasa porque hace tiempo que no la ven tomárselo o porque le entran los calores repentinamente jajajaja La pobre mujer es capaz de quedarse roja una semana o dos si alguien se da cuenta, pero, con cara de tontorrona, evidentemente, que no va a ser solo su rubio el que ande con cara de merluzo por el mundo.

¡Un bestio de tortuguita! Intenta no congelarte, que en una de estas vas a volver en modo cubito y a ver cómo nos arreglamos luego, que yo al menos estoy acostumbrada ya.