Mimi sonrió cuando la pequeña Aiko llegó caminando hasta donde ella estaba sentada junto a Sen y Hiro. Hacía una buena temporada en la que no había podido ver a su amiga y los niños tampoco, por lo que aunque aún tuviera algo de catarro cuando se había dado la oportunidad no la había dejado pasar.
- Si es que han crecido los dos un montón desde que vinisteis a pasar unos días a Tanegashima – dijo la pelirroja mientras que se quedaba mirando hacia ellos.
- Un montón… - asintió Mimi-. Y es un asco que crezcan tan rápido… - hizo un puchero antes de ponerse en pie e ir junto a la otra mujer, todavía entretenida viendo a los pequeños jugar-. ¿Qué tal todo? Me has tenido muy abandonada…
- Lo sé… Pero entre el trabajo y la mudanza me estoy volviendo loca a ratos.
Se giró, echando un vistazo hacia la casa que estaba tras ellas. Aquella tarde la pelirroja la había invitado a ir a ver cómo iban quedando todo ya, faltando cada vez menos, aprovechando que vivía relativamente cerca. Agradecía tenerla tan a mano y no en la punta contraria de la ciudad ya que así iban a poder verse y que los niños jugasen más a menudo juntos.
- ¿Mucho caos en el estudio?
- Pues… tenemos encima las semanas de la moda en Europa… ¿responde eso a tu pregunta? Este año pretendo ir…
- ¿Vas a ir? ¿Y qué vas a hacer con tu cactus personal?
- No se lo he dicho todavía – contestó riéndose por su comentario-. Quiero tener un par de cosas más atadas e igual lo uso para darle una sorpresa… Lo que no sé es si llevarme a Aiko o no.
- Es muy pequeña todavía para que se tenga que dar un viaje tan largo en avión… Ya sé que es seguro del todo, pero… Te hablo desde la experiencia… - giró el cuello hacia sus dos pequeños-. Nadie quiere un bebé con jet lag.
Sin haber pensado en aquello, la pelirroja frunció el ceño. Sus mayores preocupaciones habían sido el no querer meter a la pequeña en un avión tanto tiempo y el miedo a no tener tiempo de hacerle el caso que se merecía y tener que acabar o bien dejando a Yamato de niñero todo el tiempo o tener que pagarle a alguien para que la cuidara… Y eso último no le hacía gracia. Aiko estaba demasiado acostumbrada a las caras conocidas y no sabía cómo lo iba a llevar. Sin embargo, casi que se sentía estúpida al no haberse dado cuenta de ese otro riesgo totalmente asegurado.
- Esa cara de estar apunto de echar humo por la cabeza hacía tiempo que no la veía – divertida, se quedó mirando hacia su amiga.
- No había caído en la cuenta de lo del jet lag. Como le siente igual de bien que a su padre voy a tenerla llorando dos días seguidos…
- ¿Don astronauta superimportante lo lleva mal?
- A ese lo que se le da mal es disimular conmigo – sonrió, viendo como los pequeños seguían jugando, ajenos a todo lo demás.
Yamato había aprovechado aquella mañana para acompañar a Takeru hasta la editorial, posando en aquel momento la mirada en la novela de su hermano. Por fin tenían el primer ejemplar físico en sus manos y, aunque había estado a punto de matarlo por la gracia que le había hecho, no podía estar más orgulloso de él.
- ¿Vas a dejarme leerlo ahora ya bien?
- Si ya te lo has leído, idiota, solo te metí algunos trozos de más para ver qué cara ponías…
- Te creo perfectamente capaz de haberte puesto a contar entre estas hojas – movió las páginas para acompañar sus palabras – cosas sobre mi vida privada. Es más, no creo que a nadie le fueran a extrañar si no fuera por la colleja que te da mamá y porque te da miedo que Sora se enfade contigo…
Sin poder ser capaz de llevarle la contraria, lo único que hizo fue volver a quedarse mirando hacia la novela. No era lo primero que publicaba en toda su vida, pero, sin duda, era su proyecto más importante. Nadie podría negarlo, no contaba precisamente algo que no hubiera marcado su vida de la forma más drástica posible. Ni siquiera era capaz de imaginarse cómo podrían ser las cosas si aquello no hubiera ocurrido.
- El otro día fui a buscar a papá al aeropuerto y estaba hablando con sus compañeros sobre tu novela – empezó a hablar.
- ¿Papá? ¿Y para qué cuenta nada? – dijo poniéndose rojo-. ¿Y si luego no se vende?
- Ahora me vas a decir que precisamente eso es lo que te preocupa… - echando a andar a la vez que Takeru para salir de la editorial se empezó a reír-. Yo que tú me preocuparía de que se vendiera demasiado bien y que la gente empiece a darse cuenta de que lo que ahí cuentas es real… O peor, que a pesar de los cambios que has dado la gente nos reconozca. Entonces, hermanito, te va a faltar isla para echar a correr…
Habiendo pasado por encima de sus hombros su brazo al decir aquello, retuvo a su hermano pequeño a su lado. No hablaba en serio, porque no quería pensar realmente que aquello pudiera pasar, pero aprovechó hacerlo sonar como una amenaza real.
- Oye, tú llevas las de perder. A ver cuántos rubios de rojos azules con Gabumon tras ellos crees que pisan por Tokio… Ten cuidado, que eres medio famoso, Comandante Ishida. Y no estás casado precisamente con la reina del anonimato tampoco…
- No, no lo estoy… ¿Te he dicho una vez que tiene un fénix en casa que siempre se ofrece voluntaria a repartir picotazos a quien se los busca?
Echándose a reír los dos a la vez, saliendo por fin a la calle, notando la calidez del ambiente de aquella tarde de verano. No pensaba dejar que Takeru se fuera todavía a casa, por eso había decidido llevarlo él, para poder secuestrarlo más tarde hasta su nueva casa para que pudiera ver a Aiko.
- Venga, que nos están esperando – le dijo-. Y que sepas que voy a quedar una copia dedicada de ese libro… Te dejo venir a casa a leerle trozos a Aiko todas las veces que quieras…
- ¿Quién? – dijo ante lo primero, negando con la cabeza por lo demás.
- Pues Sora y Aiko estaban en la nueva casa. Supongo que querrás venir y así de paso te enseño cómo está quedando todo… ¿no? ¿Tienes algo que hacer? Creo que Hikari te dijo que tenía el día libre…
- Vaya control… - asintió-. Claro que quiero. ¿Está bien Aiko ya? Me contó mamá que había estado con fiebre y que Sora lo había estado pasando mal…
- Bueno… el primer día sí, luego ya se les pasó a las dos…
- ¿Y a ti también se te pasó?
- Yo voy más despacio, porque a mí el susto me viene de ver a una enferma y a la otra nerviosa… - admitió, pudiendo hablar de esos temas más abiertamente con Takeru a sabiendas de que tampoco se le daba muy bien mentirle-. Pero bueno, que es un catarro y ya está. Lo que pasa es que salvo tonterías nunca había tenido nada…
- Oye, al menos no llamaste a Jou para que fuera a las carreras, eso ya es un gran paso para ti y todo…
Haciendo unos mueca, intentó revolverle el pelo a Takeru mientras que caminaban los dos por la calle en dirección hacia donde había dejado el coche para poder llevarlo a donde había dicho.
- Tú sigue así y te llevo corriendo delante de mí todo el camino, avisado quedas.
Aiko reconoció la voz de su padre y de su tio nada más sentirlos a mitad del camino, discutiendo, como era de esperar. Ellos mismos se habían delatado al ir montando más escándalo de la cuenta, consiguiendo llamar la atencion de la pequeña y que echara a andar por el jardín hacia ellos.
- Esos dos así todos los días que los veo… - dijo Mimi, entretenida con la escena, la cual se había producido muy parecida un rato antes cuando había llegado Koushiro.
- Se les va a pasar rápido ahora que tienen visita, déjalos – contestó él, quien tenía sentado a Hiro encima de las rodillas-. Vaya dos…
- Y les falta Taichi para terminar de montar el numerito…
Poniéndose en pie tras decir aquello, Sora fue hacia los recién llegados, acercándose a ellos para poder saludarlos, entretenida al ver a Aiko tirar de los pantalones de su padre para que la cogiera en brazos y desde ahí empezar a reclamar la atención de su tío.
- ¿Qué os pasa? Se os oye por medio vecindario… - fue el saludo de ella.
- Este, que es un pesado… - acercándose a saludar a su cuñada con un beso en la mejilla, le tendió el libro que llevaba entre las manos-. Mira lo que me han dado hoy. Es el primero…
Los ojos de ella se posaron en el volumen, quedándose mucho más atenta. Sabía lo importante que era aquello y lo mucho que significaba para Takeru. Estaba segura de que era algo muy parecido que la primera vez que pudo organizar un desfile y convertir su trabajo en algo público a mayor escala. Sonrió, aceptándolo para poder observarlo.
- Me alegro un montón, Takeru. De verdad – sonrió, pasando sus dedos por una de las hojas-. Quiero un ejemplar dedicado, ¿eh?
- Oye, no me copies las peticiones – dijo Yamato pasándole la niña a su hermano antes de darse cuenta de que Sora estaba acompañada-. ¿De dónde habéis salido vosotros?
Mimi sonrió, observándolo. Posiblemente fuera la última cara que esperase ver por allí, sobretodo acompañada de Koushiro, pero iba a tener que ir acostumbrándose porque ahora que iban a vivir bastante cerca los unos de los otro esperaba que aquella escena se repitiera con mucha más frecuencia.
- No te veo casi desde el cumpleaños de Aiko, vergüenza debería darte – le dijo cuando llegó hasta ella.
- Demasiado poco me parece… - dejó claro en su tono que bromeaba, saludando a la pareja y a los niños-. ¿Os ha secuestrado Sora?
- Más o menos, yo escapaba de un Takenouchi y me atrapó otra… Pero bueno, con lo poco que os puedo ver así aprovecho y también veo a Takeru.
- Oye que el que tiene un problema con alguien es mi hermano, no yo. A mí podéis venir a verme cuando os venga en gana…
Negando con la cabeza, se agachó, quedando así a la altura de los otros dos niños entreteniéndose en hacerles algo de caso. Posó la mirada en Sen, divertido, recordando que esa niña le había provocado un buen dolor de cabeza, y de lo que no era la cabeza, el día que había tenido a bien nacer. Sin duda, iba a ser una buena hija de Mimi, ya había empezado con buen pie su relación con él.
- ¿Qué os parece la casa? – preguntó, observándolos.
- Perfecta para vosotros dos. A ver si os mudáis de una vez que os debéis de estar muriendo los dos de ganas… Ahora que tenéis más espacio os podéis dedicar a buscarle nueva compañía a Aiko que seguro que no le viene nada más.
Sin poder evitarlo, Yamato notó como el calor subía a su cara ante el comentario de Mimi escuchando como se echaba a reír al darse cuenta de ello, divertida. Sora, quien se había quedado atenta no pudo más que negar con la cabeza antes de posar su mano sobre el brazo de Takeru.
- Anda, vamos… Que te enseño la casa por dentro, a ver si Yamato y Mimi no se matan el uno al otro mientras. Koushiro, te quedas de niñero de ellos dos… Si se portan mal los dejas castigados. Tú sin cortarte…
AnnaBolena04: ¡Feliz año nuevo! El año pasado terminamos el año con un buen susto para los Ishida ya que creo recordar que fue justamente cuando Sora acabó en el hospital ingresada... Este año, como mucho ingresamos al rubio por llegar a casa y encontrarse a Mimi allí sin esperar por ella. Pero bueno, eso ya entra dentro de sus dramas como persona adulta y sus buenas relaciones con el resto. Como dice Mimi, es el cactus personal de Sora, que se arregle ella con él que sabe manejarlo bien. Total, un par de minutos con ella y ya se las arregla para que se le suban los colores al rubio, que no puede ser más evidente el pobre hombre.
Y rubio y minirrubio con sus dramas también sirven para empezar bien el año. Que ya tiene la novela física en su poder y el pobrecillo entre los nervios y que debe de vivir bajo amenaza por parte de su cuñado y hermano, seguro que anda tomándose tilas a ver si la cosa relaja jajaja Además, tiene toda la razón, algunos son más evidentes que otros y es solo cuestión de tiempo que la gente se dé cuenta de que esa novela no es tanta ficción como aparenta.
Espero que hayas tenido una muy buena entrada de año, que todavía tenemos tooodo 2020 por delante y aún queda por ver cómo de movidito nos llega. ¡Un besito de tortuguita!
