Aiko arrugó la nariz mientras que intentaba ponerse en pie, queriendo salir corriendo detrás de sus dos primos, los cuales habían llegado a visitar a su abuelo mientras que ellos seguían allí. Nada más llegar había revolucionado a todos los presentes, especialmente a Gabumon, quien nada más ver a Dai había buscado dónde esconderse.

- No seas pesado, Dai, déjalo… - dijo Takeru mientras que vigilaba que el niño no molestara demasiado al pobre digimon-. Tú dale un mordisco si se lo merece, que seguro que nadie te va a decir nada, ni siquiera la madre.

- La madre es la que más entiende de mordiscos bien merecidos – dijo Yamato entretenido sin poder evitar hacer referencia a Taichi de esa forma.

Riéndose por lo bajo, el menor de los dos rubios se giró para volver a prestar atención a su padre mientras que estaba hablando con ellos. Gabumon aprovechó el momento para subirse al sofá intentando quedar así algo más alto para que no fueran a molestarlo, sin conseguirlo. Hacía ya tiempo que la única garantía que le quedaba era que su compañero le tuviera piedad y lo levantara del suelo lo suficiente para que no pudieran llegar a dónde estaba. Pero estando Yamato ocupado, tampoco contaba con aquello. Puso mala cara, intentando tener paciencia, teniendo miedo de poder hacerle daño al niño al espantarlo.

Con lo que no contaba el digimon era con que Aiko llegara finalmente hasta donde ellos estaban tomándose su tiempo para no caerse hasta apoyar sus manos en el sofá al lado del digimon. Cerró una de sus manitas sobre el pantalón de Dai, tirando de él para que se quitara de donde estaba.

- No – gruñó empujándolo aún, intentando trepar hacia el sofá para quedarse ella también subida-. No – volvió a apartarlo con la mano.

Con la ayuda de Gabumon, consiguió subirse al sofá para ir a quedarse sentada encima de él, como siempre solía hacer, dejando sus bracitos en torno a él y mirando hacia sus primos con el ceño fruncido.

Aún con la cabeza girada hacia la pequeña desde la mesa, al haberla escuchado protestar, los tres adultos permanecieron con la vista fija en ella. Especialmente Yamato, quien no había podido más que quedarse sonriente y no tardó demasiado en echarse a reír al ver la expresión seria en la cara de Aiko mientras que no dejaba que los otros dos se acercaran a Gabumon.

- Ahora imagínatela pelirroja… Para que luego digáis que es idéntica a mí – dijo divertido-. Esa es la mirada Takenouchi… Os lo digo yo, que convivo con el foco de ellas…

Echándose a reír por las palabras de él, lo siguieron con la mirada cuando se puso en pie para ir hasta donde estaban la niña junto con su compañero para atrapar a Reiji en sus brazos y volver con él hacia la mesa, consiguiendo de esa forma que Dai se fuera tras ellos.

- Oye, ¿vosotros dos cómo habéis salido tan sumamente trastos? Que yo entiendo que con semejante padre y tío no se podía esperar nada bueno… ¿No os da pena el pobre Gabumon? Mirad que ahora os riñe Aiko y lamento informaros que poco se puede hacer cuando una Takenouchi se enfada.

- Pregúntale a la abuela sino, que debe de seguir teniendo aterrorizado a medio Tokio… - dijo Takeru entretenido, girando la cabeza hacia su padre.

- A mí no me mires que yo ahora si tengo que ir a discutir con ella por ver con quién se queda Aiko a dormir lo hago… - protestó cruzándose de brazos.

Desde allí podían ver como Aiko había ido relajando el gesto poco a poco hasta pasar a ignorar del todo a sus primos de nuevo, girándose para quedar abrazada del todo al digimon, el cual no tardó en envolverla con las patas contra él.


- ¿Ahora vuelves a la vida de diseñadora famosa? – preguntó Taichi mientras que caminaba junto a Sora.

- Sí… No podía seguir aplazándolo… Ya iba siendo hora de que volviera a las buenas costumbres – sonrió-. ¿Qué te parece la idea?

- ¿Vas a dejar a Yamato ir contigo?

- Claro que sí, tonto… Es más, me dijo que le hacía ilusión venir por fin a algo de este tipo y poder estar a mi lado – sonrió sin poder evitarlo, no tardando en tener que poner los ojos en blanco ante las caras de él-. Deja de dar la lata… Para encima que te vengo a buscar para que no cenes hoy solo… ¿A que sí Daigo? ¿A que tu padre es un desvergonzado?

Bajó la vista hacia el pequeño, al cual había secuestrado para llevarlo en brazos ella. Había ido a buscar a Taichi a la salida del trabajo después de que Koemi le dejara al niño con ella tras haber tenido que salir corriendo por motivos laborales a Kioto.

- Le dejé las llaves de la casa de mi padre a Koemi para que no pierda el tiempo buscando dónde quedarse ni nada… Gruñó un poco, pero creo que le daba más pereza tener que pelearse con una reserva de última hora que aceptar el ofrecimiento…

- La llamaron a media tarde. Solo tuvo tiempo de pasar por casa a coger algo de ropa y a por el niño… No me gusta que le hagan esas cosas, pero mira, es su trabajo, tampoco me voy a meter.

- Claro… como si tú tuvieras uno muy diferente…

- Ya… - contestó, quedándose distraído de forma algo repentina para la pelirroja, la cual se dio cuenta a la perfección.

- ¿Qué pasa? – preguntó, confusa.

Giró la cabeza para observarla, tardando algo en contestar, dándose cuenta de que detenía sus pasos para seguir estudiando su expresión. Estuvo a punto de sonreír al notar lo rápido que se había preocupado por él y por lo que podría pasar, haciéndole un gesto para que se relajase.

- Hay una vacante para un puesto… fijo.

- ¿Eh? – confusa, frunció el ceño-. ¿Desde cuándo tu puesto no es fijo?

- Claro que lo es… Me refería a que hay una vacante para un puesto fijo en relaciones internacionales para tratar todo el asunto de los digimon en la ONU – soltó de golpe-. Y puede que… lo haya solicitado.

Pudo ver como ella abría los ojos de par de par, sorprendida. No porque no fuera algo totalmente lógico y coherente, sino porque no esperaba escucharlo de repente y con ese cambio de tema en la conversación.

- Le he dado tantas vueltas ya… No quiero tener que estar todo el día viajando de una esquina del mundo a la otra, pero… Siento que es exactamente lo verdaderamente correcto para mí. Y… lo he solicitado.

- ¿Lo has solicitado? – repitió, aún más confusa.

- Me lo confirmaron el lunes, Sora – soltó de golpe-. Quería aprovechar para daros la noticia a todos a la vez pero bueno…

- Te lo confirmaron el lunes…

- ¿Quieres dejar de repetir todo lo que digo? – protestó, resoplando.

Sin duda se había quedado totalmente sorprendida al escucharlo. Era una noticia bastante gorda para que se la soltara así de golpe sin que tan siquiera lo hubiera visto venir. No se dio cuenta cuando cogió al niño para posarlo en el suelo y dejarlo ir a jugar un rato al parque cercano delante del que se habían detenido.

- Pero… ¿cómo no me habías dicho nada?

- No lo sé… Fue todo de repente. No sé qué problema hubo con los encargados de esa comisión y al cambiarse algunos de puesto nadie quería quedarse con la vacante. Ya sabes… siguen sin gustarles demasiado a pesar de que cada vez sea algo más cotidiano – explicó-. Supongo que… de todos era yo el que mejor encajaba en el perfil. ¿Qué te parece?

- Que me va a doler en el alma no tenerte a mano para acosarte a diario… Pero que no me puedo alegrar más por ti… - dibujó por fin una sonrisa sincera en sus labios.

- Oh, venga ya… Solo voy a hacerte la competencia con eso de andar de un lado para el otro más de lo que me gustaría, pero yo creo que tampoco se va a notar tanto… Con un poco de suerte dejan a Koemi quedarse con mi plaza y dejan de volverla loca a ella también…

A medida que iba hablando había empezado a notar algo de calor en su cara, era un tema del que todavía no hablaba demasiado porque no lo tenía demasiado asimilado. Sabía que iba a ser más caótico para la vida a la que él estaba acostumbrado, pero era la oportunidad que siempre había estado buscando para poder ayudar a los digimon. No podían seguir así, dejando que otros que no los entendían fueran los que se encargaban de tratar con ellos y manejar las relaciones con ellos.

Rompió su hilo de pensamientos al ver a Sora avanzar un par de pasos hacia él, provocando que la mirase sorprendido, ya que en mitad de la calle en Tokio no era a lo que más estaba acostumbrado viniendo de ella, aceptando sin protestar el abrazo que le dio.

- Me alegro muchísimo por ti… No te puedes imaginar hasta qué punto – le dijo.

Había sido las que más lo había visto desde primera fila. No sabía decir si bien o si para mal, pero ella había estado ahí cuando no tenía ni la más remota idea de cómo iba a enfocar su vida académica más allá de la secundaria… Había estado ahí cuando había llegado el punto de inflexión de todo y había seguido ahí hasta aquel momento en el que de verdad parecía que todo el trabajo de aquellos años había dado sus frutos.

- Y no creas que te vas a librar de mí tan fácilmente. Que una cosa es que tenga que viajar más y otra que deje de dar la lata – le dijo Taichi cuando ella se apartó, observándola-. Con un poco de suerte nos encontramos en los aeropuertos…

- No sería la primera vez – le contestó con una sonrisa divertida-. ¿Quién más lo sabe?

- Koemi y tú. Si es que os lo iba a decir el día que consiguiera juntaros a todos pero… Siempre te gusta ir por ahí con privilegios conmigo.

- Pues a Yamato se lo dices tú, que no te voy a quitar los honores, por simpático… - volvió a sonreír, solo que aquella vez divertida-. Y más te vale cumplir con lo que me acabas de decir, porque como volvamos al punto en el que por culpa de tener que andar viajando de una parte a otra no había manera…

- No… Créeme, esta vez no va a pasar – negó con la cabeza-. Tengo dos motivos de peso, muy, pero que muy importantes, para que esa opción no entre dentro de mis planes…

La pelirroja giró la cabeza hacia Daigo, viéndolo como había tardado segundos en hacer amigos con los que poder empezar a jugar a la pelota, aprovechando para seguirlo con la mirada unos segundos. Seguro que Taichi era capaz de imaginarse lo mucho que ella se podía alegrar por la situación a la que había llegado por fin en su vida.

- ¿Quién te lo iba a decir, no?

- No empieces – la pinchó con el dedo en el costado-. Que si vamos a jugar a que quién lo iba a decir tienes las de perder…

- Déjalo en que estamos los dos más o menos a la par…

- No lo decía por la vida laboral, doña diseñadora internacional.

- Ya, yo tampoco… No sé que me hubiera creído menos hace unos años… - empezó a sonreír de forma algo más maliciosa – Si que ibas a acabar siendo todo un buen padre de familia y un embajador… Pero bueno, sobretodo lo del pelo, yo creo que eso es lo más dramático.

Giró la cabeza hacia ella, poniendo los ojos en blando sin poder evitarlo al escuchar aquello último. Recordaba perfectamente el drama de aquella vez, casi tan a la altura como el día que lo había llevado a rastrar con ella para que se comprara ropa apropiada para el trabajo que había conseguido.

- Mira… no empecemos a sacar trapos sucios… Y vamos a buscar a tus… familiares políticos, no vaya a ser que piensen que te has fugado conmigo.

- Ya… ya… Ahora intenta escaparte…

- Voy a por Daigo… - echó a andar hacia donde el niño estaba jugando, aprovechando de la que pasaba la pelota por delante de él y ganando así unos segundos más para poder revolver él también con los pequeños.


AnnaBolena04: sin duda. Aiko lo arregla todo con su presencia, incluso antes de que hubiera nacido, cuando estaba el pobre Yamato sin poder pegar ojo porque se había llevado el susto de su vida, decidió empezar a moverse un poquito para alegrarle a papi el día porque lo estaba escuchando hablar. Y ahora, pues la tenemos defendiendo a su peluche de esos dos primos asilvestrados que tiene. Eso sí, a ver quien consigue que Gabumon suelte a la nenita ahora después de que lo haya defendido de Dai. Buena suerte para Yamato intentando recuperarla.

Y aquí tenemos al señor embajador importante volviéndose aún más importante y dando un paso para ir hacia lo último que hemos sabido de él. A ver qué tal lleva un nuevo tipo de vida que lo va a dejar algo más ocupado ahora que las cosas estaban todo estables que a todo el mundo le gustaría. Que parece que les vuelve uno de forma superdefinitiva a casa y se les va el otro en el matrimonio Ishida-Yagami.

Y yo por el momento me voy a seguir haciendo el vago que hoy ya tocaba por fin, ya que lo único que pienso hacer para salir de casa es irme a echar un vistazo a tiendas y ya... Y no es que vaya a decir nada a nadie directamente, pero ese nadie debería de copiarme la idea cofcofcof. ¡Un besito de tortuguita!