Sora se acercó hacia Yamato con paso lento. Llevaba un rato observándolo ir de un lado por la habitación desde que había salido de la ducha con la toalla en la cintura para ir a coger su pijama, el cual, como era de esperar, se había olvidado en la otra punta de la habitación. Se puso de puntillas para llegar mejor y poder asomar su cabeza por encima de su hombro tras dejar un beso en este, abrazándolo desde la espalda.
Pudo ver por el reflejo del espejo del baño como sonreía con el cepillo de dientes todavía en la boca, terminando primero con lo que estaba haciendo antes de agacharse para poder aclararse, intentando no romper demasiado el contacto, alargando la mano hacia la toalla del lavamanos para poder secarse la cara.
- Si te portas bien y te pones a mi altura te desenredo yo el pelo – le dijo con aire mimoso, abrazándolo algo más fuerte cuando vio que terminaba del todo.
- ¿Qué pasa? ¿No llegas bien sino? – sonrió, buscando la mirada de ella en el reflejo, divertido al ver cómo le lanzaba una mirada desdeñosa.
Esperó a que lo soltara para poder caminar con ella hasta la cama para poder sentarse, dejándola que se acomodara al colocarse detrás de él de rodillas para poder llegar bien. Sin duda, no necesitaba que nadie lo ayudase con aquello, pero no iba a ser él quien no dejara que le prestara sus atenciones. Cerró los ojos, dedicándose a disfrutar de la situación, dejándola hacer a su gusto.
- Hoy Aiko le ha echado la bronca a los dos terremotos porque le estaban tocando las narices a Gabumon. Vamos a tener que intentar que l¡no pase tanto tiempo con tu madre, porque ya ha aprendido la mirada Takenouchi…
- ¿Por qué? – divertida, empezó a reírse sin dejar de hacer lo que había estado haciendo hasta el momento.
- Porque se quedó abrazada a él mirándolos mal un buen rato hasta que dejaron de perseguirlo… Y oye, funcionó a la perfección. Si es que va a acabar pareciéndose más a ti que a mí…
- Sí, ya te digo yo que va a ser a mí a la que haya salido clavadita – se rio sin poder evitarlo, imaginándose la situación-. Por eso cuando llegamos estaba todavía abrazado a ella… Pobrecito… Adora a nuestra pequeña.
- ¿Y puedes culparlo? Creo que la considera una buena compensación por haber tenido que aguantarme tantos años. Debe de verla como una versión adorable y mimosa mía…
- Lamento informarte, que tú cuando quieres, sabes ser muy adorable y muy mimoso – la escuchó decir antes de sentir como se asomaba para dejar un beso en la mejilla.
- Depende de quién sea la que se ofrece a darme esas atenciones – sonrió, ladeando la cabeza.
Escuchó como se reía ante su respuesta a sabiendas de que tenía toda la razón. Yamato siempre solía presentarse al mundo de una forma bastante más arisca de lo que realmente era. Precisamente era una de las personas que más disfrutaba de momentos como aquel en el que simplemente se estaba dedicando a pasarle el cepillo por el cabello mientras que hablaban distraídos.
- Mi padre dice que esta vez se quedan ellos con Aiko sí o sí, que ya los discute con tu madre todo lo que haga falta – dijo aprovechando para cambiar el tema-. A mí me da igual con quien se quede, la verdad…
- Déjalo que se quede él con ella. Suelo dejarla más con mis padres cuando estamos trabajando porque me quedan más a mano. Seguro que están a cada cual más encantado de pasar unos días juntos. Y con tu madre rondando seguro que tampoco tienen problemas de supervivencia.
- Sí, es una buena garantía… - asintió levemente-. He estado pensando esta tarde, ¿has hecho ya todas las reservas para el viaje?
- ¿Por qué?
- Porque se me había ocurrido que cuando terminen los eventos podemos aprovechar tú y yo y quedarnos un par de días por allí, conocer algún sitio cercano… No sé.
- ¿Quieres escaparte conmigo unos días? – sonrió sin poder evitarlo-. La verdad es que sí que tenía sacados los billetes de vuelta también, pero no creo que haya problemas para cambiarlos.
- Pues en ese caso ya tengo entretenimiento para mañana, y, como también me parece que es lo justo, tampoco te voy a decir nada de dónde vamos… ¿te parece bien?
- De maravilla… Solo dime el día de vuelta y así cambio los billetes.
Asintió, tomándose unos segundos antes de girar la cabeza hacia ella y ver que estaba sonriendo encantada por la idea, no necesitando que dijera nada más para entenderla. Se acercó lentamente hacia ella para intentar alcanzarla, viendo que se daba cuenta y adelantaba su cabeza para dejarlo alcanzarla.
Se quedó echado encima de la cama, dejando que la pelirroja se escapase de su lado cuando escuchó el teléfono sonar. La siguió con la mirada mientras que cogía la camiseta de su propio pijama, la cual le quedaba prácticamente de vestido, y salía de la habitación. En cuanto la había visto empezar a rondarlo en el baño se había imaginado por dónde acabarían yendo las cosas, no habiéndose equivocado sin duda alguna.
Sonrió, poniéndose en pie para terminar de hacer lo que un rato atrás había empezado, sin molestarse en sacar otra camiseta de pijama, no necesitándola a causa de la temperatura de la noche. Recogió un poco las cosas que habían dejado tiradas, tomándose su tiempo antes de bajar.
Fue en ese momento, cuando se agachó a recoger del suelo, al lado de la cama, el paquete del preservativo que habían utilizado, con aire perezoso para poder ir a tirarlo todo a la papelera que tenían en el baño. Fue en el momento en el que se quedó congelado por culpa de una idea que apareció en su mente. Habían tenido muchos descuidos con ese tema últimamente, no acordándose o no teniendo moral para ir a por ello cuando lo necesitaba.
- ¿Y si…?
Empalideció, perdiendo el color que pudiera tener en el rostro debido a la situación con la que habia estado ocupado hasta hacía unos segundos. No podía ser. No podía creerse que hubiera tenido tantos descuidos sin tener cuidado… Precisamente él, quien más asustado había estado por ese tema, era el que se había olvidado.
- ¿Yamato?
Escuchó como Sora lo llamaba desde la planta de abajo, posiblemente preguntándose por qué estaba tardando tanto en bajar tras ella. No pasó demasiado tiempo antes de verla aparecer de nuevo por la habitación.
- Pensé que te habías quedado dormido – dijo al verlo levantado-. ¿Qué haces? ¿Te encuentras bien? Tienes mala cara… - avanzó hacia él, llevándole la mano automáticamente al rostro-. ¿Hola? Yamato…
- ¿Hm?
- Despierta. ¿Qué te pasa? Era Taichi para amenazarnos para ir a cenar con ellos el viernes…
- Se me ha estado olvidado – soltó de golpe.
- ¿Eh? Oye, a mí háblame en un idioma que te entienda, ¿eh? Bueno, mira, vamos a hacer una cosa. Yo ya le he dicho que sí a Taichi, y ahora voy a ver si me pongo el pijama para devolverte tu camiseta… - no tuvo tiempo de terminar aquella frase ya que mientras que se alejaba posó la mano sobre su brazo para retenerla con la misma cara de susto que había tenido desde que había subido-. ¿Qué? Oye, te lo digo en serio…
- No he usado protección últimamente siempre… - repitió.
- ¿Con qué? ¿Qué dices? – lo miró de nuevo, empezando a mirar a su alrededor hasta poder darse cuenta de lo que acababa de tirar-. ¿Cómo que no? ¿Y eso qué es? ¿Estás bien? – no podía estar más confusa.
- No, hoy no. Digo otras veces… Te lo digo en serio, se me ha olvidado muchas veces.
- Ya, ya sé que se te ha olvidado. Soy perfectamente capaz de darme cuenta de ello, pero… ¿se puede saber qué te pasa? ¿Qué problema tienes con eso precisamente hoy? Porque si nos ponemos a echar cuentas ya hace más de un mes de…
La cara de él empeoró al escuchar las palabras de ella, empeorando su situación mental. Sin duda era capaz de recordar las veces que no había tenido cuidado, al menos las más evidentes, como bien decía ella, era perfectamente capaz de darse cuenta.
- Pero…
- ¿Qué?
- Si no estamos teniendo cuidado podrías quedarte…
La cara que le puso ella hizo que cortara la frase de golpe, casi que temeroso por la expresión que acababa de ponerle. Las cejas de ella se habían arqueado y lo estaba mirando como si hubiera escuchado una de las peores idioteces de su vida.
- ¿Tú estás tonto? – soltó sin poder evitarlo-. En serio... Tú a veces consigues que me pregunte cómo te las has arreglado para ir dos veces a Marte, amor… ¿Cómo narices me voy a haber quedado embaraza? ¿Tú estás tonto?
- ¿Y por qué no? Te digo que no he estado teniendo cuidado…
- Yamato… Pastillas. ¿Sabes lo que es eso? ¿Tengo que ir a enseñártelas? Que no me las empecé a tomar por estar contigo hace años, es algo que llevo usando toda mi vida… ¿Sabes para qué se usa?
Todavía sin poder creerse la conversación que estaba teniendo no pudo más que mirar para él confusa. Era algo que había utilizado toda su vida, y que simplemente se lo había dicho cuando, llegados a cierto punto de relación, había decidido que podían usarlas como único método de protección. Y en ese punto se acababa la implicación de él en aquel tema, incluso cuando habían hablado más abiertamente de ello.
- Vamos a ver… Lo primero, deja de ponerme cara de susto – alargó la mano para sujetarlo por la barbilla y reclamar así su atención haciendo que mirase hacia ella-. Y lo segundo… Ya sé que te dije que quiero tener otro bebé pero no estoy loca… Los dos sabemos que es peligroso y no te iba a dejar seguir de cualquier otra forma… ¿Por quién me tomas? No estoy tan loca…
Casi estaba a punto de enfadarse porque fuera capaz de pensar semejante cosa, pero, lo conocía bien como para saber que esa era una de las típicas paranoias que le daban de vez en cuando. Y eran parte de su encanto, por ganas que le estuvieran entrando en ese momento de darle una colleja que lo pusiera en órbita de nuevo.
- ¿Me has escuchado? Si estamos usando las dos cosas es porque te ha dado la gana a ti, no porque nos haga falta, así que quita esa cara de susto o te la quito yo…
Empezó a sintonizar con la realidad a medida que ella iba hablando, entendiendo lo que le estaba diciendo y parando el hilo de pensamiento en su cabeza. Sin duda tenía toda la razón del mundo y estaba dándose cuenta del nivel de tontería que se le había pasado por la cabeza.
- Se me había olvidado… - murmuró, demostrando de nuevo actividad neuronal.
- Se te había olvidado… - pudo los ojos en blanco-. Anda… vete a dormir que te está pasando factura haberte pasado la tarde con tu padre y tu herma…
No pudo terminar la frase de nuevo, no dejándola alejarse tampoco aquella vez, notando el tirón en el brazo para dejársela completamente pegada a él, observándola desde esa perspectiva. Mientras tanto, sus propias ideas fueron ordenándose en su cabeza, no pudiendo más que asentirle.
- ¿Ya te funciona la cabeza de nuevo? – preguntó, no obteniendo respuesta tampoco-. Oye, en serio, cuando te da por ponerte especialito no hay quien te gane… - la respuesta que obtuvo finalmente fue sentir las manos de él bajando por su espalda hasta cogerla por la cadera con firmeza-. Ah, mira, ¿para esto sí que tienes la cabeza mejor ordenada?
No pudo sonar todo lo borde que le hubiera gustado, siendo totalmente incapaz y únicamente rodeando su cuello con sus brazos cuando la levantó contra él de esa forma, sujetándose bien a él olvidando las ganas de darle una colleja que lo espabilara.
- Pues vamos a aprovechar que parece ser que tengo la cabeza centrada en otra cosa que no viene siendo en tener ideas de persona normal y adulta – dijo por fin una frase completa, sin molestar en disimular mínimamente sus intenciones de volver a llevársela a la cama.
- Tranquilo, ya venía advertida cuando me casé contigo. Creo que puedo sobrevivir a ello – dijo divertida justo antes de cambiar el gesto al adivinar sus intenciones-. ¡Eh! ¡Ni se te ocurra! – protestó justo antes de que la dejara caer sobre el colchón entre risas, no tardando en unirse a ella entre las sábanas.
