Yamato se acercó a Taichi aprovechando que habían terminado de cenar. Sin duda, no había esperado escuchar esa noticia de repente, pero no podría alegrarse más de ello. Era algo bastante gordo se mirase por dónde se mirase. Pero se quedaba con lo que podía significar a nivel personal. Sin duda, era el punto al que había querido llegar con su vida desde el momento en el que había empezado todo aquello.

Había pasado mucho tiempo ya desde que había tomado la decisión, aun sin saber muy bien cómo enfocarla, de que quería ayudar a hacer de puente entre los humanos y los digimon. Había tenido que dar muchas vueltas antes de poder empezar a encaminar sus pasos hacia ese punto, consiguiéndolo ahora año más tarde.

- ¿Con qué los has engañado? – dijo llamando así su atención.

- Fíjate qué mal tienen que estar las cosas para que yo haya sido la mejor opción – dijo encogiéndose de hombros.

- Yo no lo habría dicho mejor. Sí que eras la mejor opción – asintió-. Enhorabuena… No se me ocurre absolutamente nadie mejor en todo el planeta que tú para ocupar ese puesto. Absolutamente nadie.

- Gracias – dijo tras unos segundos de silencio, manteniéndose la mirada al rubio-. Se lo dije a Sora el otro día que me pasó a buscar con Daigo. Iba a acabar explotando…

- Sí, ya me lo dijo antes. Me dijo que te había dejado hacer los honores… - sonrió-. ¿Te han contando algo sobre el puesto?

- Pues más o menos. En realidad, no es nada que no lleve haciendo ya años. Voy a seguir haciendo lo mismo de todos los días… Solo que ahora voy a hablar por mí y por nadie más que los digimon. Y eso creo que es lo que de verdad cuenta…

Asintió a sus palabras no pudiendo más que darle la razón. Sin duda era lo que había estado haciendo todos aquellos años. Todas las veces que se lo había cruzado en Tanegashima habían sido precisamente por aquellos asuntos, normalmente relacionados con Gabumon y su propia interacción con los asuntos espaciales del país. Y él había podido ver aquello de forma más directa, sin duda se podía imaginar todo lo demás.

- Voy a tener que andar yendo y viniendo más de la cuenta, es lo único que no me termina de convencer, pero yo creo que nos podemos arreglar. Si tú has sobrevivido seguro que yo también.

- Seguro que sí – sonrió ladeadamente-. Además, no hay mes en el que no hayas tenido que irte fuera del país… No creo que vayas a notar tampoco demasiada diferencia. Estoy seguro de que te vas a adaptar de maravilla… - hizo una pausa, mirándolo detenidamente-. ¿Sabes una cosa? Me alegro mucho… Me alegra poder estar al menos cuando empiezas esta nueva etapa.

- ¿Eh?

- Sí – se encogió de hombros-. Me perdí el principio de todos… Y ahora, al menos, he podido estar presente esta noche, que no es poco. Por fin has conseguido tu puesto de trabajo perfecto y al menos voy a poder estar para apoyarte. Todavía intento compensar todo lo que me fui perdiendo.

- No tienes que compensar nada – dijo sorprendido por no esperar escuchar aquellas palabras-. Las cosas fueron como fueron y ya está. Lo importante es que estés aquí ahora mismo y olvídate de todo lo demás – murmuró.

- Ya lo sé. Pero… Ya no lo digo por ti. Estoy siendo egoísta con todo esto. Me importa estar presente en estas cosas de una vez por todas. Si desde que me lo dijo estoy yo más nervioso que Sora por poder acompañarla a los desfiles de septiembre. Nunca jamás lo he hecho…

Entretenido con lo que decía y las caras que iba poniendo al hacerlo se quedó apoyado hacia atrás en la silla, dejándolo hablar. Entendía a lo que se refería con eso de poder estar presente y, hasta cierto punto lo compartía. A fin de cuentas, ellos también se habían perdido puntos muy importantes en la vida de Yamato y sin duda habían sido momentos más complicados que los de ellos.

- Nunca te lo he preguntado… - dijo tras unos segundos en silencio-. ¿Cómo llevaste el primer viaje tú solo?

Los ojos del rubio se quedaron clavados en él sorprendido por el cambio de conversación. No era algo que hubiera esperado escuchar, quedándose congelado, intentando reordenar sus ideas dentro de su cabeza.


2012

No recordaba haber estado tan nervioso en ningún momento de su vida. Estaba histérico, no había podido dormir aquella noche ni siquiera cinco minutos. Había tenido tiempo a replantearse gran parte de las cosas que estaban pasando en su vida en su momento y a arrepentirse de otras tantas.

Se había levantado horas antes de que sonara el despertador, revuelto, con intención de beber algo de agua. Nada más que había dado el primer trago había tenido que salir corriendo al baño ya que su estómago no estaba de acuerdo con retener absolutamente nada. Nunca jamás había estado tan nervioso. Nunca le habían temblado tanto las manos.

La mañana siguiente iba a hacer su primer viaje al espacio.

Para él, eso eran palabas muy gordas. Y desde que se había metido en la cama aquella noche, no había podido más que darle vueltas a que daría lo que fuera por tener a alguien de sus amigos, si es que aún se podía atrever a llamarlos así, a su lado. Ni siquiera a su lado… Sino al otro lado de la línea de teléfono para poder hablar con ellos.

Había hablado con su padre aquella mañana, pero no había querido preocuparlo y decirle hasta qué punto estaba nervioso. No quería preocuparlo, ni tampoco tenía demasiada intención de contarle cómo estaba llevando aquello.

Salió del baño tras haberse echado agua en la cara, observando a Gabumon, el cual estaba dormido tranquilamente en la cama. Decidiendo no despertarlo, cogió su teléfono y fue hasta él salón, sentándose en el sofá e intentando tranquilizarse. El día de mañana iba a ser muy largo y debería de intentar estar lo más descansado posible, y, sin lugar a dudas, no tenía mucha pinta de que eso fuera a pasar.

Se quedó mirando hacia la pantalla del teléfono, distraído. Si hubiera hecho las cosas de otra manera seguramente podría estar viviendo aquella situación de otra forma. Era capaz de admitírselo, pero tampoco había tenido más opciones. Se había volcado demasiado en sus estudios y por eso estaba donde estaba en aquel momento. Tiró el teléfono a su lado, pasándose las manos por el pelo, intentando calmarse, sin poder evitarlo.

Dio un respingo cuando empezó a sentir vibrar su teléfono a su lado, confuso, bajando la mirada hacia él, sin entender quién podía ser aquella hora. La primera opción que pasó por su cabeza fue su padre, quien era bastante capaz de estar despierto a esas horas. Lo que nunca hubiera esperado fue leer el nombre de Taichi en la pantalla.

Dudó. Dudó primero si se lo estaba imaginando y dudó después sobre si debía contestar o no, sin atreverse demasiado a hacerlo, sin saber lo que se podía encontrar. Finalmente, no queriendo dejar pasar la oportunidad, cogió el teléfono y descolgó.

- ¿Te he despertado? – escuchó tras unos segundos en silencio.

- No… Estaba despierto… - hacía años que no lo escuchaba y no sabía si aquello lo ponía más nervioso o lo tranquilizaba más de lo que se pudiera imaginar.

- Hablé con tu hermano, me dijo que sales mañana… Perdona por la hora, pero llevo toda la noche dándole vueltas. Espero que no te importe que me lo haya dicho.

- No, claro que no. Es Takeru, tampoco sabe tener la boca cerrada - ¿por qué le parecía todo tan natural después de tanto tiempo?

- ¿Estás bien?

- No mucho – fue sincero, a sabiendas de que nada ganaba ocultándolo.

- ¿Estás solo?

- Gabumon está conmigo, ahora duerme…

- Ya… No es algo que se haga todos los días… Deberías de descansar. No te molesto más, solo quería desearte suerte y buen viaje.

- No me molestas… No me molestas en absoluto. Gracias, Taichi.

- No me las des, para eso estamos los amigos, ¿verdad?

Aunque la conversación apenas había durado un par de minutos, cuando colgó, notó una sensación completamente diferente. Jamás hubiera esperado que aquello fuera a ocurrir, ni siquiera poniendo toda su imaginación a ello. Si lo había llamado a aquellas horas era porque él también había estado dudando, pero, lo importante era que había hecho algo que nunca jamás se habría atrevido a hacer.

- ¿Qué haces levantado ahora? – la voz de Gabumon lo devolvió a la normalidad.

- Ehm…

- Mañana tienes que madrugar mucho, vete a la cama – llegó hasta él, colocándose delante y empezando a tirarle del pantalón del pijama-. Estás pálido.

- Estoy bien… Venga, vamos a la cama.

- ¿Qué hacías con el teléfono? Te sentí hablar. ¿Te llamó tu padre?

- Vamos a la cama, Gabumon… Venga – dejando el móvil sobre la mesa, se acercó al digimon, cogiéndolo por las patas para sujetarlo.

- Eres tú el que lleva toda la noche dando vueltas, a mí no me digas nada – se dejó coger, aprovechando para que fuera él quien lo llevase a dormir de nuevo.


- ¿No lo sabes ya? – volviendo a la realidad, se quedó mirándolo.

- No… No lo sé. Que hablaras conmigo esa noche no quiere decir que no estuviera todavía con la cabeza echando humo sobre si llamarte o no.

- Sabemos los dos muy bien que tampoco me merecía esa llamada, Taichi. Así que créeme, es uno de los casos más importantes de mi vida de que la intención es lo que cuenta – dijo encogiéndose de hombros.

- Deja de culparte tanto. Sí, te esfumaste de nuestra vida. Pero… creo que mi fama de pesado podría haber hecho mucho más para evitarlo. Y lo digo por mí como por cualquiera de todos nosotros. Hasta la propia Sora… Así que venga, déjate de esas tonterías. Ahora estás aquí y vas a seguir estando. Y se puede decir que te lo haya pasado un poco ya por haberme dado una ahijada como la que tengo, pero no te lo vayas a creer mucho, ¿eh?

Como solía pasar siempre, la mención de Aiko provocó que Yamato sonriera automáticamente. Era algo que tampoco necesitaba tan siquiera pensarlo, le salía solo. Y, además, la conversación ayudaba bastante. Nunca jamás hubiera esperado por aquella llamada esa noche, incluso a día de hoy, cuando echaba la vista atrás solía sin saber cómo había ocurrido.

- Además, estamos celebrando que ahora soy un embajador importante. A ver si ahora me voy a tener que mudar a vuestro nuevo barrio y buscarme una casita de pijo repelente como vosotros…

- Ya estamos… Además, ¿quién te ha dicho que te quiero de vecino?

- ¿Vecinos vosotros dos? – dijo Jou llegando hasta donde ellos-. Qué horror… Que ya bastante vida matrimonial hacéis sin vivir en la misma zona…

- Oye, tú no aproveches a malmeter. ¿Qué tal vas con lo de la consulta? – preguntó el castaño.

- Bien… Ya la tenía, pero ahora simplemente tengo que empezar a usarla. Estoy esperando a que pase el verano para poder estar con el niño y que disfrute de las vacaciones. Ya me pondré a ello en septiembre. ¿Se le a pasado ya del todo el catarro a Aiko?

- Sí, es la que mejor está de todos ahora. Una vez que se le cortó la fiebre le llevó unos días recuperar, pero poca cosa. Fue más el susto de verla con fiebre y llorando que lo demás.

- O que dos que yo me sé son padres primerizos y se aterrorizan solo por verla toser…

- También podría ser, no te lo voy a negar. A cada cual peor… - se encogió de hombros-. Pero he mejorado, esta vez no te he llamado histérico en mitad de la noche.

- Mira, eso te lo tengo que reconocer… - se echó a reír-. Pero sabes que hubiera ido encantado a verla si os hubiera hecho falta.

- Ya lo sé, Jou… - sonrió-. Ya lo sé.

- Oye, vosotros dos, no os pongáis en modo especialito que ya bastante tiene el rubio con lo mío. Estamos de celebración, así que venga… Que mañana es sábado y ninguno tenemos que trabajar. Que no se diga…


AnnaBolena04: tengo que aprovechar que tengo tanto escrito entre medias, ya sabes. Por el momento me lo puedo permitir, a ver qué tal se me da la vida mañana que empiezo con lo feo feo y el horario ampliado y demás dramas de mi vida jajajaja Por el momento la meta está en intentar llegar al viernes y no morir en el intento. Que ya sabes que tengo riesgos por todas partes, sobretodos de explosiones cercanas.

Koemi lo que pasa es que la pobre mujer estaba en minoría y claro, veía la clase de grupo con la que se juntaba Taichi y se planteaba si se estaría metiendo ella en demasiados lios por lista jajajaja Pero bueno, seguro que como a las primeras que empezó a tratar fueron Sora y Hikari... Luego minirrubio problablemente y el resto... Esos ya van en dosis de menos o se traen a Jou para disimular jajaja Y el famoso Yamato, cuando apareció como parte del matrimonio, pues bueno, tampoco era tan grave el asunto. Ahora ya está perfectamente integrada.

Y aquí un minifb de esa época cabezona del rubio con alguien todavía más cabezón que él que sin duda no se iba a aguantar en una noche como aquella a dar señales de vida y darle ánimos a su marido. Que ese matrimonio siempre ha sido cómo ha sido pero que nadie separe a esos dos o tendrán drama para una buena temporada.

¡Besitos de tortuguita!