- ¿Qué te parece lo de Taichi? – preguntó Sora mientras que caminaban de vuelta a casa aprovechando que se había quedado buena noche.

- ¿Qué me va a parecer? – bajó la cabeza hacia ella-. Me alegro muchísimo por él, es exactamente lo que él quería y no creo que hayan podido dar con alguien mejor para el puesto.

- Es lo mismo que le dije yo – sonrió-. No sé por qué estaba tan nervioso, si en realidad todos nos íbamos a alegrar de él. Si te digo la verdad, con tantas vueltas que estaba dando cuando me lo soltó… Llegué a pensar que la cosa iba a ser más grave o que se iba a tener que ir de Tokio…

Sonrió, teniendo que darle la razón. Él también había pensado en eso cuando lo había empezado a notar tan nervioso. Sin duda, daba pie a pensar que algo estaba mal y, tampoco le habría extrañado que fuera una de las consecuencias. Sin duda trabajar para la ONU podría implicar el tener que cambiarse de país. Conociendo a Taichi, sin duda eso sí que hubiera sido un problema, él no tenía su misma personalidad, hubiera llevado mucho peor alejarse de todos aunque se hubieran ido con él Koemi y Daigo.

- No sé cómo me las arreglaría sin tenerlo rondando con relativa frecuencia – volvió a hablar ella, entretenida caminando cogida de su brazo-. Si se las arreglaba para ir a darme la lata cuando estaba yo en París. ¿Ves lo que me hizo en Tanegashima? Pues me lo hizo varias veces mientras que estaba estudiando…

- Hasta yo me he acostumbrado a tenerlo rondando cada dos por tres. Nos dice ahora que se tiene que ir y me pongo a montar el drama yo también – admitió encogiéndose de hombros.

Había estado dándose vueltas a los recuerdos que habían acudido antes a su cabeza. Si bien era cierto que cuando había vuelto casi todos le habían dado la bienvenida, no todos los habían preocupado por igual. Quedaba mal incluso pensarlo, pero sería una estupidez no tenerlo en cuenta. De todos ellos, el primero que le había dado la bienvenida había sido Taichi y, al poco de volver, le había pedido que fuera su padrino. Cuando, a la vuelta de Marte, al revolver entre sus cosas, había encontrado la invitación de boda, ni siquiera había podido procesarlo a la primera.

- Mejor no pensar tan siquiera en eso – dejó poco a poco bajar su cabeza hasta dejarla apoyada sobre su brazo-. Con lo que nos ha costado a todos estar de vuelta en la misma ciudad… No me planteo más opciones. Sobretodo ahora que tenemos unos cuantos chiquitines que tienen que ir creciendo todos juntos.

- Es una buena motivación – contestó él, dejando ir una sonrisa al sentirla apoyarse en él-. ¿Sabes una cosa? – esperó a que hiciera el típico sonido que indicaba que tenía su atención-. Ya he encontrado hotel y sitio al que nos vamos a ir cuando termines de hacer de diseñadora famosa e importante…

- ¿Ah si? ¿Dónde? Espera, no me lo digas, ¿es tu venganza se mis secuestros?

- Exacto… - sonrió de medio lado-. Y además había pensado que podemos ir llevando ya todo para la nueva casa para que al final solo se volver y ya poder mudarnos. ¿Qué te parece?

- Pues… me parece muy bien. Podemos aprovechar, de la que hacemos la maleta para el viaje y terminar de guardar todo lo demás que nos haga falta.

- Sí… Es que ayer por la mañana estuve rondando por casa mirando a ver qué me puedo llevar… Es más – la miró de nuevo-. ¿Qué se supone que me tengo que llevar?

- ¿Cómo que qué se supone que te tienes que llevar? – arqueó una ceja, deteniéndose al llegar a un semáforo-. ¿Voy a tener que decirte yo lo que tienes que meter en la maleta?

- Eh… Sí – aprovechando que a esa hora tampoco había mucha gente por la calle se giró, dejando así sus brazos en torno a ella, observándola de forma más detenida-. Ya sé que soy mayorcito para saber hacerme la maleta yo solo pero me vas a perdonar… No tengo ni la más remota idea de lo que hacéis en esas cosas.

- ¿En esas cosas? – dejó ir una risa, acomodando sus brazos por dentro de los de él, posándolos en su espalda-. Puedo ayudarte a hacerla maleta si es lo que quieres. Pero bueno… Tampoco te pienses que es nada del otro mundo. Aunque podría llevarte de compras para así poder presumir de marido… - dejó ir aquellas palabras con una sonrisa traviesa.

- ¡Ahá! ¿Por eso me has pedido que vaya contigo? ¿Para poder pasearme?

- Claro, mira, a lo mejor te digo que te metas algo de ropa de la JAXA y así me hago la interesante diciendo que estoy casada con un importante astronauta…

Echándose a reír, divertida, se puso de puntillas para poder llegar a darle un corto y rápido en los labios viendo como le hacía un gesto con la cabeza para echar a andar al estar ya el semáforo en azul permitiéndoles el paso.


- Buu… bu… - Aiko estaba paseándose por el salón de casa de los Takenouchi a la espera que de llegasen sus padres-. ¡Bu!

Llamando así la atención de su abuelo al escucharla, empezó a vigilarla, dándose cuenta de que estaba caminando con sus tambaleantes pasos todavía por el suelo. Estando pendiente de sus movimientos por si se hacía daño, no quiso molestarla tampoco.

- ¡Bu!

Tras escuchar la vocecilla de la niña, Toshiko se asomó desde la cocina, empezando a buscarla con la mirada, sonriendo al verla con cara de suma concentración mientras que caminaba por el salón de un lado para otro. Levantó la vista hacia la mujer, cambiando el rumbo de sus pasos, yendo hacia ella alargando sus manos para coger la de ella.

- ¿Qué te pasa Aiko? – al ver que tiraba de ella, se dejó arrastrar, asegurándose a coger a su nieta con ella para que no se callera-. ¿Dónde vamos?

Siguiéndole el ritmo para que fuera ella la que marcara el rumbo, giró la cabeza hacia su marido para cruzar una mirada divertida con él. No tardó demasiado en darse en cuenta de que la dirección de Aiko era la de donde tenía las flores, habiéndolas metido para el interior de la casa y que el calor no les afectara tanto.

- ¿Quieres olerlas? Pues claro que sí, preciosa – se agachó hasta poder cogerla en brazos para levantarla y que pudiera alcanzar-. ¿Era es lo que querías?

Alargó la mano directamente para coger una de las flores, acercándola a su nariz para poder olerla, sacándole así una sonrisa a su abuela. Dudaba mucho que aquello tuviera que ver con las tradiciones familiares, sino más bien que la pequeña era una niña de costumbres y aquello lo había aprendido de ella.

- ¿Huele rica? – atenta a los parloteos sin sentido de Aiko, divertida, vio como intentaba coger una de las que estaban más arriba.

- ¡Bu! ¡Bu! – repitió-. ¡Mía!

Amplió más su sonrisa, alargando la mano ella para alcanzársela y dársela, viendo como, sin soltar la anterior, volvía a acercarla a su nariz, entretenida con ellas, mirando sus vivos colores y oliéndolas.

- ¿Te gustan? A ver si al que tenía que enseñarle todo lo de las flores a tu padre en vez de a Sora, que con lo que te pareces a él…

- Si por esa época te llegas a acercar algo, para lo que fuera, a nuestro querido yerno, se desmaya tres veces – dijo Haruhiko llegando hasta donde ellas estabas-. Vaya flores más bonitas, ¿eh? – le dijo a la niña-. ¿Me dejas una?

- No – movió su mano para alejarla de él-. Mía.

- Anda… ¿no me das una?

- No – se empezó a reír por las caras que le estaba poniendo él.

- Vale, vale… Luego vengas a pedirme comida… - se quedó observándola, viendo como volvía a oler las flores antes de alargar de nuevo una de sus manos con una flor en ella.

- Abu – se la acercó a Toshiko.

Bajó la vista hacia la niña dejando de mirar entonces hacia las flores, entre las cuales había estado eligiendo otra para poder dársela, confusa. Más bien como si estuviera pensando en si de verdad lo había escuchado o si se lo estaba imaginando.

- ¿Es para mí? – fue a coger la flor, no teniendo tiempo, cuando lo que consiguió fue que la niña se le acercara algo más que quedarse mejor abrazada a ella.

El profesor se quedó mirándolas, sorprendido en parte, encantado por lo que acababa de ver. Ya había visto a la pequeña decir algunas palabras, y Sora no hacía mucho tiempo que los había llamado para decirles que la había llamado "mama" por fin. Era cosa de tiempo que, pasando tanto tiempo como pasaba con todos los abuelos, que aprendiera aquella palabra. Envidioso o no de que no se lo hubiera dicho a él, no pudo más que mirar hacia su mujer y la expresión en su rostro.

- ¿Quieres ir a oler más flores? Tengo unas muy bonitas, ya verás qué guapas. Podemos escoger las que más te gusten y cuando venga tu madre se las das tú… Mira, ven conmigo – giró la cabeza hacia el profesor-. ¿Vigilas que no se queme la comida?

Viendo como asentía, caminó con la niña para poder seguir enseñándole todos los jarrones que tenía sobre la mesa del comedor.


- ¿Mamá? – preguntó Sora cuando su padre abrió la puerta para recibirla.

- Creo que sigue con Aiko en el comedor. ¿Vienes sola?

- Vengo del estudio directamente. Yamato fue con Takeru a hacer algunas gestiones a la editorial… - se acercó a su padre para poder saludarlo con un beso en la mejilla-. Vienen a buscarme, que vamos a pasar por la casa nueva…

Dejando las cosas que traía entre los brazos en la entrada, avanzó por la casa hasta asomarse al comedor, quedándose apoyada en la puerta observando todavía la escena hasta que su madre se dio cuenta de que había llegado.

- Aiko, mira quién ha llegado… - le dijo a la niña, a la cual aun tenía en brazos, viendo como giraba la cabeza.

- Hola preciosa – se despegó de la puerta para poder ir hasta ellas-. ¿Qué tal se ha portado? – preguntó a su madre.

- Esa niña que no sé de dónde os habéis sacado ha ido llamando "abu" a tu madre para que la lleve a oler flores, hija… ¿te vale como resumen? – dijo Haruhiko habiendo seguido los pasos de ella, llevándose una mirada de sorpresa por parte de ella-. Se pasó un rato intentando decirlo.

Poniendo delante de la cara de su madre las pocas flores que era capaz de sujetar en su mano, Aiko reclamó así la atención de la pelirroja, ganándosela de nuevo a pesar de que se hubiera quedado sorprendida por la noticia.

- ¿Y esas flores tan bonitas? – le dijo, llevando su mano al rostro de ella, dándole así una caricia en su redondita mejilla. Cuando la niña insistió con sus gestos para que fuera ella la que las cogiera, amplió su sonrisa-. ¿Son para mí?

- Claro, le dije que viniera conmigo a buscar las que más le gustaran para ti…

- El cobardica de tu padre nunca me ha regalado flores… - dijo divertida, cogiéndolas y cruzando así una mirada con su madre-. Debe de darle miedo que alguien entienda del tema y liarla… Pero me gustan mucho más las tuyas, que lo sepas…

Inclinándose hacia ella, le dio uno de los besos sonoros que siempre le habían hecho tanta gracia, escuchando automáticamente la risotada.

- Anda, ven un poco con tu abuelo, que alguien tiene que hacerme un poco de caso en esta familia… - alargando los brazos para coger a la pequeña, se quedó mirando hacia ella cuando hizo lo mismo hacia él-. Vamos a ver qué podemos robar de la cocina… Shhh, ven comido, vamos…

- Eso, nosotras fingimos que no os vemos – dijo Toshiko entretenida, siguiéndolos con la mirada-. Se ha portado de maravilla, ya lo sabes. Conociendo a Takeru y sabiendo cómo eras tú de pequeña, Yamato debía de ser la cosa más tranquila del mundo…

- Depende de a quién le preguntes… - giro la cabeza, habiéndolos seguido con la mirada antes de que desaparecieran del comedor-. ¿Qué? ¿Qué tal lo llevas?

- Déjame… - hizo un gesto con la mano, aprovechando para ponerse a colocar los jarrones que había movido-. Es mi primera y única nieta y acaba de llamarme "abu". ¿Tengo que darte más explicaciones?

- No… Pero yo que tú no se lo contaba a Hiroaki, que no tengo gana de aguantarlo con la pataleta…

Echándose a reír ambas mujeres a la vez, la pelirroja se puso a ayudar a su madre a recoger.


AnnaBolena04: vida matrimonial de la buena, esa sin duda. Que es que Taichi y Yamato no son los mismos si no se pueden meter el uno con el otro. Que sino se quedan sin tener con quien tener discusiones sin sentido y se aburren, aunque siempre les quedará Takeru a los dos que hace las funciones de tocanarices con los dos a la vez.

Seguro que ella, si se enteró de que esa era la fecha del viaje a Marte, no debió de pasar demasiada buena noche, no. Y es una noticia lo suficientemente gorda por todos los frentes como para poder esquivarla, así que tiene pinta de ser bastante complicado que la pobre mujer se nos haya librado. Así que tendríamos a Haru, si estaban de viaje, mirándola sin entender gran cosas viéndola pasar a las carreras al baño. Ahí a doña la que le daba igual todo eso y que evidentemente ya había superado a Yamato Ishida en su vida jajajajaajaja

Y parece que la nenita acaba de cargarse a Toshiko por todo lo alto y que va a provocar la guerra entre abuelos más definitiva. Que ha aprendido a llamar a su abuela para que la lleve a ver las flores que tanto le gustan. Si es que se tiene que haber muerto varias veces seguidas esa pobre mujer, que no lo ha visto venir y su única y primera nieta la ha llamado abu... Pobre Toshiko jajaja

¡Besitos de tortuguita!