Sentado en el suelo del vestidor, tenía a su lado algunas cajas llenas de ropa que había dejado en el armario porque solía usarla. Aparte de que el verano había ido pasando y que estaban ya prácticamente en septiembre, apenas quedaba nada para poder mudarse de una vez por todas.

Por el rabillo del ojo pudo ver como uno de sus jerséis finos de verano parecía tener vida propia y empezaba a moverse sacándole una risa. Se había llevado a Aiko con él y sabía que estaba jugando a revolver entre toda la ropa que tenía alrededor de él bajo la atenta mirada de los digimon mientras que él recogía, pero no esperaba ver como las cosas se movían solas.

- ¿Qué podrá ser eso que se está moviendo solo por el suelo? – dijo en voz alta, escuchando segundos más tarde la risita de la pequeña-. ¿Qué podrá ser?

Fingió dejar de hacerle caso, continuando revolviendo entre su ropa, doblando las cosas para ir metiéndolas en la caja, dándose cuenta de que la niña se iba acercando más a él, sin poder hacerlo en silencio, escuchándola reírse. Seguramente estuviera intentando darle un susto cuando consiguiera alcanzarlo.

Sin duda, le gustaban esas mañanas mucho más que las que solía tener y sabía que se estaban acabando porque el verano iba avanzando y no tardaría demasiado en tener que volver a incorporar al trabajo, pero, mientras tanto, iba a disfrutarlas. Aprovechó para tirar hacia un lateral una de las camisas que se quería llevar a Londres los días que se iban a quedar ellos dos de vacaciones. Cuando Sora llegase había quedado en que iban a mirar a ver la ropa que se iba a llevar, habiendo vuelto él a insistir. Se podía imaginar perfectamente lo que iba a necesitar y no, pero hasta cierto punto le gustaba la idea. Al quedarse distraído, no terminó de darse cuenta cuando Aiko llegó hasta él, viendo su carita aparecer de repente delante consiguiendo de verdad asustarlo, provocando que su padre diera un respingo.

La niña se echó a reír, orgullosa de su hazaña, intentando escaparse de su padre cuando alargó los brazos hacia ella sin conseguirlo. Una vez que la atrapó la dejó colocada sobre sus rodillas empezando a hacerle cosquillas en la barriga.

- ¿Te parece bonito? Sinvergüenza – divertido al verla revolverse y reírse aún más siguió jugando con ella.

Sora hacía ya unos minutos que había llegado a casa, escuchando los ruidos que venían del vestidor. Dando por supuesto que Yamato estaba allí, caminó lentamente hasta quedarse apoyada en la puerta, no demasiado lejos de dónde estaban los digimon, atenta a lo que estaban haciendo los dos rubios.

- Vaya bien que os lo pasáis vosotros dos mientras que yo trabajo, ¿eh? – llamó así la atención de ellos.

- ¡Mamá! – dijo la niña antes de escaparse de dónde estaba par ir hacia ella con uno de sus correteos, consiguiendo que la pelirroja se arrodillara en el suelo rápidamente para recibirla con los brazos abiertos.

- Hola preciosa – le dijo bajando la cabeza hacia ella para darle un beso-. ¿Estás ayudando a tu padre a que guarde las cosas? Espero que sí porque sino él solo seguro que no encuentra nada…

Cruzó una mirada con él, divertida por la situación antes de dejar que la niña fuera de nuevo a enredar, yendo a por los digimon y dejando así que ella se pudiera acercar hasta donde Yamato quien, nada más tenerla cerca, alargó la mano para ayudarla a que se sentara a su lado.

- ¿Qué haces?

- Guardar todo lo que no voy a usar estos días y que tampoco me voy a llevar para ir ganando tiempo. Te lo dije anoche, ¿no te acuerdas?

- Sí, claro, pero juraría que me habías dicho que ibas a esperar por mí, ¿no?

- No, te dije que cuando llegases me ayudabas tú a mirar a ver qué ropa me llevo para el viaje y que esto ya lo iba haciendo yo – alargó la mano hacia ella para darle un leve toquecito en la nariz, entretenido al ver como la arrugaba.

Giró la cabeza hacia los lados, ubicándose por fin antes de volver a enfocar a su marido y dedicarle una sonrisa divertida, centrándose por fin en lo que él acababa de decirle, recordando la conversación de la noche anterior.

- Aiko, tú padre no sabe vestirse solo y tengo que venir yo a escogerle la ropa… Aunque bueno, eso tampoco es malo, así me libro de posibles ataques en mi contra…

- ¿Ataques?

- Tengo aún guardada la camisa azul de Grecia – dijo, encogiéndose de hombros-. A ver, ¿qué has estado guardado?

- Podemos hacerlo luego, acabas de llegar, puedes ponerte cómoda primero…

- Estoy cómoda ya – negó con la cabeza-. Anda, vamos a quitar al menos esta montaña de ropa que tienes aquí tirada. Es más, ¿de dónde te has sacado tanta?

- Esa es solo la de verano…

- Pero si tienes más que yo…

- Eh, perdona, yo no me dedico a coger las cosas del estudio cuando quiero…

- Ya, ya… - divertida la poder meterse con él con esos temas, alargó las manos hacia algunas de las prendas-. ¿Qué narices está haciendo esto aquí? – distrayéndose ella sola con una de las camisetas que había encontrado.

- Eso es de ir a entrenar que se me olvidó echar… - dejó de hablar, viendo como volvía a arrugar la nariz antes de tirarla en dirección contraria-. Pues ahora tenemos otro montón de ropa para lavar…


Subió a la habitación con paso lento después de que hubieran terminado de ordenar cosas en el vestidor en las cajas. Al menos las que Yamato había ido dejando en el suelo, quedando todavía unas cuantas cosas que organizar. Entró en la habitación con intención de poder cambiarse de ropa, quedándose mirando hacia el interior del armario cuando llegó hasta él y lo abrió, cambiando entonces de idea.

- Yamato… - lo llamó, primero con suavidad, sin ser consciente de que estaba en la otra punta de la casa, haciéndolo segundos más tarde y alzando el tono-. ¡Yamato!

Escuchó los pasos de él subiendo, quizás algo más acelerado de la cuenta al escucharla llamarlo de esa forma, asomándose por la puerta con el ceño fruncido, quedándose confuso al verla todavía mirando hacia el interior del armario.

- Yo no he revuelto ahí, así que si hay algo fuera de sitio…

- No, no te iba a tirar de las orejas por dejarme las cosas tiradas – negó con la cabeza, haciéndole un gesto con la mano para que fuera hasta ella.

- ¿Qué pasa?

- ¿La niña?

- Con los digimon enredando por el sofá… ¿Por qué?

- Porque te necesito aquí un momento… A ver, espera que lo saco…

Había dejado aquello en el armario a sabiendas de que tampoco iba a estar cotilleando lo que guardaba dentro de las fundas, girándose hacia él con una en la mano.

- ¿Se nos ha olvidado guardar eso? – preguntó confuso, alargando el brazo para cogerlo, recibiendo un manotazo en cuenta.

- Siéntate – le señaló la cama con la cabeza-. Que sepas que me parece vergonzoso no haber hecho esto en todo este tiempo. La verdad es que es para darme un par de cabezazos….

- Me he perdido… - obedeció, totalmente confuso.

- ¿Te he dicho alguna vez que me vuelvo muy productiva cuando estamos en Tanegashima?

- ¿Has terminado lo que sea que le estuvieras haciendo a Haru?

- No… Osea, si, eso ya se lo di hace bastante – negó con la cabeza.

- ¿Entonces?

- ¿Te parece normal estar casado conmigo que y nunca jamas te haya hecho nada para ti?

La vez en la que, tiempo atrás, le había pedido ayuda para la boda de Taichi, no habían llegado a gran cosa. Ella estaba demasiado ocupada por aquel entonces y, más importante, nunca había llegado a apuntar tan siquiera bien las medidas estando con la cabeza en otros temas. Y bajo ningún concepto iba a admitirlo por aquella, de manera que no habían llevado a ninguna parte más allá de ella tener que abanicarse cuando se acordaba de la situación.

- No te sigo – todavía confuso, continuó observándola.

- ¿No me habías dicho que querías que te ayudara con lo que te ibas a poner o no? Pues… No te lo iba a enseñar aún, pero necesito que te lo pruebes para ver si está todo bien – empezó a parlotear, dejando notar que estaba nerviosa-. Te he hecho una cosa…

Arqueó una ceja ante esas palabras, dejando que sus ojos fueran desde la cara de la pelirroja hacia la funda que tenía entre las manos y viceversa. No hubiera esperado por aquello, aunque, como ella bien decía, era algo más que evidente.

- ¿Se puede saber cuándo…?

- Pues mira, creo que a estas alturas te tengo tan calado como para dejar mal a Mimi con eso de que las medidas no se pueden coger a mano… - sonrió, divertida a pesar de que en su cara se podía observar un leve rubor-. Aunque bueno, tampoco es tan desencaminado. He aprovechado esta temporada en la que hemos ido moviendo la ropa de sitio para usarlo como guía.

La observó, curioso. A aquellas alturas pocas eran las cosas del día a día, más allá de temas privados entre ellos, que hacían que a ella se le subieran los colores. Y, sin duda, con él, ya no había ninguna con la que se mostrase tímida. Una diseñadora reconocida como ella estaba nerviosa por lo que él dijera o le dejara de decir. No pudo más que sonreír.

- ¿Quieres que me pruebe lo que sea que has hecho para ver si me queda bien o si tienes que cambiar algo? – hizo él la pregunta por ella.

- Pues sí… El día del desfile hay un evento después y supongo que precisamente eso era para lo que me pedías ayuda con la maleta…

- Y te lo has tomado al pie de la letra – volvió a ponerse en pie, caminando así hasta ella para coger la funda que ella le tendía-. ¿Puedo?

Viendo como ella asentía, hizo lo que pretendía, estando a punto de poder ver lo que había dentro de la funda, deteniéndose ante de sonreír.

- ¿Sabes una cosa? Me voy al baño y ya lo verás cando me lo haya puesto – entretenido, sonrió de medio lado al ver como ella arqueaba las cejas a modo de repuesta antes de escaparse de su alcance.

- Pero… ¿No lo vas a ver primero?

- No, te quedas con las ganas de ver la cara que pongo – divertido, se coló finalmente en el baño dejando cerrada la puerta tras él.

Sora negó con la cabeza, no pudieron más que reírse por el repentino comportamiento poco maduro de él, decidiendo que la mejor de las ideas era quedarse sentada en la cama, esperando a que saliera. Se fiaba de que los digimon estuvieran vigilando que la pequeña estuviera bien y que si necesitaba algo ellos subirían a buscarla. Aprovechó para dejarse caer encima de las manta a la espera que de volviera a salir.

- Oye, tampoco te vayas a tirar como siempre dos horas delante del espejo, ¿eh? Que tenemos cosas que hacer todavía y no quiero que se me haga de noche – alzó el tono para asegurarse de que la escuchaba.

No iba a negar que estaba algo nerviosa. Evidentemente había tenido trabajos mucho más importantes, incluso en su propio día a día, pero en aquel caso estaba en un punto en el que la opinión del otro le importaba demasiado. Sabía que seguramente le fuera a decir que estaba todo bien, lo conocía, pero, igualmente estaba a la espera de poder ver su reacción.

Posiblemente ese fuera uno de los motivos por lo que aun no le hubiera hecho nada nunca, porque se lo tomaba como algo mucho más serio de lo que realmente era. Sonrió ante esa idea, sabiendo perfectamente a qué se venían esos pensamientos, quedándose al final sentada con las piernas cruzadas, moviendo la pierna que había dejado por encima en un ligero movimiento mientras que esperaba por él.


AnnaBolena04: jajajajaja le ponen una camiseta con un buen cartel que diga que es una nenita peligrosa, sí. Debe de tratar cargárselos a todos porque ahora ha ido a por Toshiko y no tiene mucha pinta de que la pobre mujer se pueda recuperar a corto plazo. Y Haruhiko lo tiene complicado también. Y mejor no hablamos ya de la pataleta que se debió de pegar Hiroaki el día que se enteró.

Y parece que al rubio por fin le han hecho algo en exclusiva para él y sin que se diera cuenta. Que su pelirroja es muy observadora y claro, ya que él le había dicho que a ver si lo ayudaba a escoger bien qué llevar para acompañarla, por se lo tomó al pie de la letra. Si no fuera tan vergonzoso este hombre seguro que se dedicaba a pavonearse por todo el evento porque le han hecho algo para él. Que es la primera vez que pasa y OMG jajajaja

¡Un besito de tortuguita! Venga, que mañana es viernes ya e igual salimos todos vivos de esta semana.