Siguió divertido a la pelirroja por el pasillo del hotel. Sin duda, la imagen que traía en aquel momento era bastante diferente a lo que había tenido cuando habían salido. Seguía usando la chaqueta que él le había puesto por encima de los hombros, y desde que habían entrado en el ascensor, se había quedado con los zapatos en la mano.

No podía evitar que aquella imagen le hiciera gracia, porque era una de las formas mejores que se le podían ocurrir para definir a la pelirroja. Daba igual que viniera de salir completamente exitosa de un desfile de una de las semanas de la moda más importantes del mundo, que estaba volviendo a su habitación con los zapatos en la mano después de haber cenado lo primero que había encontrado en un puesto de comida en la calle sentada en la barandilla de uno de los puentes de la ciudad.

- Oye, si te quieres quedar ahí fuera… Creo que me las puedo arreglar para ocupar toda la cama yo sola – dijo desde la puerta, devolviéndolo a la realidad.

- No llegas de un lado al otro… - sonrió de medio lado, volviendo a echar a andar.

- No me hagas hacer la prueba.

Divertido, la alcanzó finalmente, sacando la llave de su bolsillo para poder abrir, observándola de reojo. Se la notaba cansada, como si todo el estrés de aquellos días se hubiera desaparecido por fin y se hubiera convertido en cansando, pero no iba a ser él el que la echara a dormir todavía. Algo le decía que se le ocurrían mejores ideas para terminar la noche.

- Adelante – le dijo, apartándose para dejarla pasar-. Mañana voy a tener que ir contigo por la mañana para poder recuperar el coche o… ¿cómo hacemos?

- Pues… como quieras – se encogió de hombros-. ¿Sabes qué planeaba hacer yo mañana? Dormir y desayunar en la cama. Si te portas bien te dejo que me acompañes.

- ¿Si me porto bien? – arqueó una ceja.

- Cierra la puerta, anda…

Echándose a reír, negó con la cabeza, haciendo lo que ella le había dicho. Cuando volvió a enfocarla, se fijó en que había caminado hasta la cama, dejándose caer hacia atrás sin preocuparse mucho más del vestido o la chaqueta. Sonrió, caminando hasta ella, observándola desde esa perspectiva.

- ¿Estás cansada? – preguntó-. Tienes cara de estar cansada.

- Estoy tan cansada que estoy en ese punto en el que podría decirse que estoy hasta hiperactiva hasta que de repente me quede dormida en la primera esquina que encuentre – contestó, enfocándolo.

Movió la cabeza hacia los lados, teniendo que aceptar esa contestación, ya que era algo que había visto ocurrir muchas veces desde hacía unos cuantos años. También lo había podido experimentar el hecho de estar tan cansado que ni siquiera era capaz de descansar. Aunque, sin lugar a dudas, no quería recordar precisamente los motivos de aquello en su caso. Caminó hasta llegar a su lado, todavía sin sentarse.

- ¿No te ha llegado ningún mensaje de Tokio? – preguntó divertida.

- No, no se deben de haber enterado todavía – contestó entendiendo a lo que se refería-. No les debe de haber dado tiempo de conseguir material con el que tocarme las narices… Pero mi padre me mandó una foto de Aiko.

- ¡Eh! ¿Y cuándo pensabas enseñármela? – se incorporó, quedándose apoyada en sus codos.

Divertido por su reacción, le tendió el teléfono para que ella misma se encargara de buscarla, echándose a reír al darse cuenta, por la forma en la que estaba arrugando la narices, que no podría hacerlo.

- ¿Voy a tener que volver a desbloqueártelo otra vez?

- ¿Qué? ¿Quieres que aprenda a hacerlo y que luego te vigile?

- Lo sé, es un peligro – colocó su dedo, consiguiendo que se desbloqueara de esa forma-. Luego a lo mejor te pones a leer las conversaciones que tengo con "Chi" y a ver quién te aguanta con un ataque de celos.

La escuchó empezar a reírse sola mientras que la dejaba con el teléfono, yendo a ponerse algo más cómodo, dejando los zapatos donde tenía su maleta. Ya tendría tiempo de recogerlo todo por la mañana tranquilamente.

- ¿Cómo se puede hacer echar tanto de menos? – dijo ella de fondo.

No se molestó en responderle, únicamente encogiéndose de hombros, pero estaba completamente de acuerdo con ella. Lo había notado bastante todos aquellos días en los que se había quedado solo porque la pelirroja estaba trabajando, pero, seguía estando completamente de acuerdo con que habían hecho bien en dejar a la pequeña con sus abuelos.

- ¿Crees que ya se habrán peleado bastante entre mi padre y el tuyo por ver quién se queda a la niña?

- Los creo bastante capaces – sonrió, divertida, revolviéndose para quedarse sentada de nuevo, subiendo las piernas a la cama y aprovechando para quitarse la chaqueta y tendérsela al rubio-. Toma, que no quiero que se arrugue.

- Menos mal que es mi chaqueta – recalcó aquella palabra, divertido, cogiendo la prenda para ir a dejarla colgando en el respaldo de la silla para evitar que se deformara-. ¿No te vas a poner el pijama?

Se quedó observándolo con la cabeza ligeramente ladeada, entretenida con lo que veía. Aquella vez no lo estaba mirando ojos de diseñadora, sino que estaba mucho más entretenida en cómo le quedaba la ropa.

- Me lo estoy pensando muy seriamente… - dejó que se notara en su tono lo que estaba pasando por su cabeza, provocando así que se girase y se acercara hacia ella, agachándose para quedar a su altura en cuclillas.

- ¿Algún motivo en concreto? – contestó, posando las manos a sus lados.

- Alguno que otro – pasó sus dedos por su cabello, revolviéndoselo.

- ¿Sabes una cosa? Me has dejado aburrido por la ciudad y con bastante tiempo libre. Aparte de perderme he tenido tiempo de hacer más cosas.

- ¿En serio? ¿Te ha dado tiempo y todo entre pelearte con el Google Maps y no? – se echó a reír, divertida, aprovechando el momento para bajar la mano que había dejado en su cabello, empezando a dibujar sus rasgos.

- Cuando quiero puedo ser todo un adulto productivo. Lo sé, sorprendente, pero no lo andes contando por ahí – se entretuvo en disfrutar de su contacto, observándolo atento.

- Tranquilo, te guardaré el secreto – moviendo sus dedos por su mejilla terminó por darle un ligero toquecito en la punta de la nariz como solía hacer él.

Divertido por su gesto, se puso en pie lentamente con cuidado de no tropezar con la pelirroja, volviendo hacia donde tenía la maleta, empezando a revolver entre sus cosas de forma distraída.

- Eh, Yamato, ven aquí… - protestó sin poder evitarlo al ver cómo se alejaba.

Riéndose al escucharla, no le hizo demasiado caso, continuando con lo que estaba haciendo, suponiendo que estaría protestando porque hubiera ido posiblemente a cambiarse, no pudiendo estar más equivocada. Tardó solo unos segundos más en girarse hacia ella, asegurándose entonces de dejar una de sus manos tras él. Pudo ver automáticamente como ella arqueaba una ceja y lo observaba curiosa, habiéndose dado cuenta de lo que acababa de hacer, estudiando sus movimientos a medida que se acercaba hacia ella.

- ¿Qué tienes ahí?

- Nada – sonrió, divertido.

- Claro que sí… - cuando lo tuvo lo suficientemente cerca se intentó asomar hacia uno de los laterales, sin conseguirlo-. ¡Yamato!

- ¿Qué? – le hacía gracia la forma en la que se estaba comportando, no tardando mucho en ceder-. Puedo jurar que no son calcetines, pero es que vi una cosa y me gustó para Aiko.

Ella arqueó automáticamente ambas cejas nada más escucharlo, quedándose confusa inicialmente, no tardando en entenderlo bien y dibujar una sonrisa en sus labios, sobretodo por el comentario de los calcetines de él.

- ¿Te has ido de compras para tu tortuguita?

- Ya sabes que yo no me voy de compras, yo paso por un sitio y si veo algo que me gusta… - se encogió de hombros dejando que viera por fin una pequeña cajita que tenía con él.

Bajando la vista hacia la caja, sonrió. Sin duda, no podía más que darle la razón, ya que ya conocía aquel aspecto más que de sobra. La primera prueba de todo aquello aún la acompañaba allá donde iba en su dedo anular.

- ¿Puedo o hay que esperar hasta que esté ella delante? – dijo alargando la mano y cogiéndola.

- No sé, no tengo muy controlada la diferencia horaria con Tokio pero si quieres le preguntas para ver si a ella le importa o no - se quedó mirándola entretenido.

- Qué gracioso…

Moviendo sus dedos con rapidez, abrió la caja, suponiendo que se iba a encontrar dentro algo brillante, conociendo los gustos de su marido, sonriendo ampliamente nada más ver dos diminutos pendientes con forma de tortuga cuyo caparazón era una pequeña piedrecita incolora.

- ¿Tú no te puedes quedar contento si no das el cante?

- Oye, que no es un regalo para ti, ¿eh? Solo acepto reclamaciones de la interesada… - encantado al ver la reacción que había provocado en Sora, se quedó observándola atenta-. ¿Están bien para ella? Con lo pequeña que es…

Cortó sus palabras al aprovechar que se había vuelto a poner en cuclillas e inclinarse para besarlo de una forma dulce y cariñosa, dedicándole la mejor de sus sonrisas cuando se separó de él, dejando su mirada fija en la de él.

- Son perfectos.

Encantado con lo que tenía delante de él, terminó por delatarse, dejando a la vista que aquella caja no era lo único que había tenido escondido tras él, enseñándole una bolsa algo más grade que no tardó en reclamar la atención de su esposa.

- Creo que esto todavía no está en edad de que sea de su interés, pero dentro de una temporada ya os podréis pelear las dos por ello…

- ¿Hm? ¿Me has comprado algo a mí? ¡Yamato!

- Eh, eh – alzó ambas manos, cuando cogió la bolsa, dejando las palmas hacia ella-. Era necesario.

- Necesario… Te voy a dar yo necesario y medio… - a pesar de todo, sin poder evitarlo, sonriendo de oreja a oreja sacó de la bolsa una caja mucho más grande que la que le había dado momentos antes, no tardando demasiado en tirar del lazo que la mantenía cerrada, demasiado curiosa para hacerse la interesante.

El olor del chocolate llegó primero que la imagen de los bombones que tenía delante, haciendo la cara de ella volviera a dejar ver una sonrisa con lo que tenía delante, dejando de lado las protestas.

- Ya que no hemos conseguido encontrar ningún sitio donde tener una cena completa pues mira, no te iba a dejar sin postre en un día como hoy…

- Retiro lo de que no era necesario – levantó la cabeza hacia él solo unos segundos, para volver a bajarla hacia lo que tenía en sus manos.

- No me lo digas… ¿Ahora vas a tener que pasarte un buen rato decidiendo cuál de ellos te vas a comer porque es una decisión muy completa?

La risa de la pelirroja, viéndose delatada, hizo que se le contagiara, aprovechando el momento entonces para ponerse en pie, dejando así un beso en su cabello. Aquello no lo había encontrado de casualidad, sino que había visto en el mapa que tenía varias tiendas cerca y le había parecido un buen detalle para felicitarla por el desfile. Todo lo demás, había sido coincidencia.

- Voy a ponerme el pijama, ¿de acuerdo? – le dijo, dejándole algo de espacio.

Se le ocurría alguna que otra forma en la que hacer que la noche podría llegar a acabar, pero, sabía lo cansada que debía de estar ella y sabía que aquel iba a ser el primer momento de descanso de ella desde que habían llegado, o incluso desde semanas antes. Ya tendrían tiempo para lo demás. Se giró cuando ya había sacado el pijama de la maleta, encontrándose todavía con la imagen de Sora, con su habitual gesto de concentración, con la nariz ligeramente arrugada, intentando decidir qué bombón coger primero.

- Yo que tú empezaría por el del centro del todo, creo que va a ser tu favorito…


AnnaBolena04: bueno, estaba dudando sobre si subir esto hoy o no, porque como ser habitante del mundo de los vivos tampoco es que dé para mucho ahora mismo, pero bueno como sé que mañana no vas a tener tiempo precisamente para leerlo ni yo para subir, pues mira.

Y esto ya sí que es algo más común con ellos dos. La parejita escapándose del mundo para tener un rato para ellos dos solos teniendo que venir el rubio a liarla, claro. Que no se ha podido quedar quietecito y ha ido corriendo a ver cómo se carga a la pobre Sora. Aunque esta vez sea en forma de algo para la nena. Si es que si no hace algo de ese estilo no debe de dormir en paz. El día que se lleven con ellos a la cosita y tenga la escena de la vuelta a casa los tres en modo cuqui, a ver quien evita que Yamato no ande fangirleando por los rincones.

Y voy a ver si sigo haciendo el zombie en par porque mañana tengo que salir ya por la mañana ya temprano y no sé ni a qué hora volveré... Mala semana, sin duda, y la que viene no pinta mejor, es lo único que tengo que decir... AINS. ¡Un besito de tortuguita!