- ¿No me piensas devolver la chaqueta? – le dijo a Sora mientras que caminaban por la pequeña calle empedrada del pueblo.

- No, creo que te has quedado sin ella – metió mejor las manos en los bolsillos, entretenida.

- Si te llega casi que por las rodillas y te queda enorme… - intentaba sonar serio, pero le estaba costando.

- Se traen así, hazme caso, que te lo dice una importante diseñadora de moda.

- ¿Y eso cuando lo has decidido? ¿Cuándo me la robaste al levantarte de la cama?

Sora se giró hacia él dejando ir una sonrisa que poco tenía que ver con su edad, continuando con su camino. Era cierto, cuando se había dignado a moverse de la cama lo primero que había encontrado había sido la chaqueta de su marido, la cual había quedado tirada no demasiado lejos. Era cierto que le quedaba más grande de lo que debería de quedarle, pero cualquiera que la conociera sabía que no era ni la primera, ni sería la última vez que le había robado algo.

- Además – aprovechó para colocársela bien, ajustándose bien el punto en la zona de los hombros-. No sé por qué dices que me queda grande si me queda a mí mejor que a ti.

Alargó la mano para alcanzarla, cogiéndola así por la cintura para dejarla pegada a él aprovechando la tranquilidad del lugar y que allí nadie iba a meter las narices donde nadie debía. Se inclinó para hablarle, ya que ella volvía a ir en calzado plano y cómodo, notándose más la diferencia de altura entre ambos.

- Eso no te lo voy a negar, pero también te digo que te quedaba mejor hace un rato.

- ¿Hace un rato? – confusa arqueó la ceja.

- Sí, me gustaba más cómo te conjuntaba antes…

Tardó unos segundos en darse cuenta y caer en lo que le estaba diciendo, notando un ligero calor subir a sus mejillas el cual detectó el rubio automáticamente, echándose a reír. No iba a mentir, le había gustado mucho más que era chaqueta era lo único que ella llevaba puesto, pero, sin duda, tampoco se iba a quejar entonces.

- Anda – buscó su mano para echar a andar con ella-. Vamos que como nos quedemos sin mesa por llegar tarde a ver quién te aguanta luego con que tienes hambre…

Echándose a reír siguió sus pasos, teniendo que darle la razón. Sin duda tenía hambre desde hacía rato y evidentemente Yamato se había encargado de que le entrara más hambre todavía. Aceleró su caminar para poder ir a la par, soltándose de su mano para poder cogerse mejor a su brazo, quedándose más pegada.

- ¿Tienes frío? – le dijo al darse cuenta.

- Algo, pero creo que por el momento me arreglo – posó su mano encima de la que ella había dejado sobre su brazo.

- Bueno, yo creo que estamos a punto de llegar. Te pides algo de comer caliente y luego si hace frío al volver te…

- ¿Qué? ¿Me dejas tu otra chaqueta? – negó con la cabeza-. No seas bobo, que luego acabas con catarro y acabas tapado hasta las orejas y temblando en la cama.

- Bueno, si eso sirve para que te pases el resto del día atendiéndome y consintiéndome tampoco es que me vaya a quejar…

- Eh – levantó la vista hacia él-. No tengas morro… Además, yo si quieres lo hago, pero intenta no ponerte enfermo que me contagias…

Divertido con la conversación negó con la cabeza justo en el momento en el que doblaban la esquina, viendo por fin el lugar en el que había reservado mesa. A simple vista no era más que un pequeño local en aquel pueblo, pero por lo que había visto en las imágenes y las críticas que había leído, sin duda, parecía que iba a ser de su agrado.

- Menos mal que ya hemos llegado y nadie tendrá que protestar más… - le hizo un gesto para señalarle la puerta, dejando que fuera ella la primera que entrase.

- Oye, repito mi pregunta, ¿cómo te las has arreglado para dar con este lugar? – mirando hacia los lados y notando el agradable calor del interior del local.

- Ya te lo dije, metí en Google, literalmente "lovely towns near London" y todo lo demás fue saliendo solo. Cuando fuimos a París interrogué a mi hermano, pero aquí me quedé sin cómplices. El que más tiempo a pasado por esta zona ha sido Taichi y creo que su habitación no es algo que ninguno de los dos estaría interesado de visitar…

- No, no mucho – entendió rápidamente a lo que se refería él, dejándolo que fuera quien tratara con el camarero que se acercó hasta ellos a atenderlos y conducirlos a su mesa.

Los siguió sin decir nada más, quedándose pensativa en las últimas palabras de él. Había entendido perfectamente la referencia a la temporada en la que había tenido que estar ingresado, aunque fuera más que anda para asegurarse que todo estaba bien y no se volvían a dar problemas. Y eso la había hecho pensar en la situación que habían tenido días atrás cuando habían ido a comer y se habían encontrado con Ryo.

Distraída totalmente con ese hilo de pensamientos. Tomó asiento, dejando la chaqueta en la silla antes, no queriendo pasar más frío a la salida por dejársela puesta. Cuando se acomodó, dejó que sus ojos vagaran por el lugar, dándose cuenta de que las ventanas del local daban al río que había visto nada más salir de la estación, el cual atravesaba el jardín trasero.

- Esta vez no le puedes echar la culpa a tu padre de haber encontrado un buen sitio – comentó, enfocando a Yamato de nuevo.

- No, la verdad es que no – entretenido, negó con la cabeza-. ¿Te pasa algo? Te acabas de quedar ida…

Arqueó una ceja, sorprendida porque la hubiera pillado con tanta facilidad. Aquellas cosas no deberían de parecerle extrañas a aquellas que la cazara en tan poco tiempo. Ni ella se molestaba en disimular demasiado ya, ni él necesitaba mucha ayuda. Sonrió de forma algo delatadora, encogiéndose de hombros.

- Es solo que… Me he quedado pensando en lo que has dicho de Taichi y me he acordado de lo del otro día.

- ¿Lo del otro día?

- Sí, cuando nos encontramos con… Bueno, ya sabes…

Sorprendido por la forma en la que ella había sacado el tema, la miró confuso, sin poder evitarlo. Entendía a lo que se refería, sin duda, pero lo que le llamaba la atención era el tono que había usado. Recordaba una situación parecida, cuando ella lo había llamado por teléfono desde San Francisco para decirle que se había encontrado al que un día había sido su prometido, casi que temerosa de que pudiera enfadarse con ella. Y ahora, podría incluso decir que tenía la misma pinta.

- ¿Qué pasa? Sora, vive en Londres, tiene trato con Andrew, y no me conoce. ¿Qué te parece de raro en todo eso? Es normal que se haya acercado a saludar. Y oye, no te lo vas a creer, pero sé comportarme, en ocasiones, como todo un buen adulto que sabe sobrevivir en sociedad.

- Ya pero…

- Pero… ¿qué? Yo sé que tengo un carácter un poco complicado de manejar cuando quiero, pero poco gano poniéndome yo solo de morros porque te encuentres a alguien que en su momento fue lo suficientemente importante para ti – se encogió de hombros-. Es más, ¿por qué me parece que la que peor lo pasa con todo esto eres tú?

La pelirroja chasqueó la lengua automáticamente viéndose pillada del todo, decidiendo ganar algo de tiempo bajando la vista a la carta y dando una primera pasada a los platos, dándose cuenta de que con la cabeza llena de pensamientos y con todo apeteciéndole iba a tenerlo complicado.

- ¿Hoy no hay ofrecimientos para pedir por mí? – comentó quedándose mirando hacia su marido.

- ¿En serio? – arqueó una ceja-. No me lo digas, ¿te apetece todo y no eres capaz de decidirte?

- Eh, estás casado conmigo. Eso es que tienes buen gusto… Además, se te da bien el tema culinario… - intentó bromear-. ¿Por favor?

- Vaya morro que tienes… A ver… - bajó la vista hacia la carta él también. Se había dado cuenta de la jugada de ella, de manera que de esa forma le estaba dejando algo de tiempo para que decidiera si quería seguir con la conversación o no.

Sora dejó los ojos fijos en él, estudiando sus gestos. Escogiera lo que escogiera de comida no iba a quejarse ya que él conocía sus gustos y lo más seguro era que acabaran compartiendo la comida para poder probar así más cosas. No era el tema de la comida lo que le preocupaba, sino las últimas palabras que había dicho el rubio. Sin duda había acercado completamente, ya que, quizás había reaccionado de forma más dramática de lo que debería al ver a Ryo.

- No puedo evitar sentirme mal… - dijo finalmente, optando por tratar el tema.

- ¿Sentirte mal? ¿Te encuentras mal? – confuso, la miró.

- No, lo decía por lo de antes. Tienes razón, lo paso bastante mal. Me siento muy mal por cómo me comporté por aquel entonces.

- Hasta donde yo sé, según me contaste, ya hablaste de ese tema con él y le habías llegado a pedir disculpas, ¿no? Aunque tampoco creo que debas hacerlo. Más allá de tu preocupación por poner a los demás siempre por delante de ti, seguro que no toda la culpa fue tuya.

La pelirroja arqueó las cejas, confusa ante lo que acababa de escuchar. Sin duda le había contado más detalles del tema con el tiempo, sobretodo con lo que había ocurrido en Londres cuando habían discutido, pero no esperaba que precisamente fuera él quien le dijera aquello.

- Oye, ¿te has dado algún golpe nuevo en la cabeza? En serio… Mira que en una de estas te vas a quedar sin neuronas y luego…

- Qué simpática… Lo digo en serio, Sora. A mí no me importa que te lo hayas encontrado, es más, cuando me di cuenta de lo que estaba pasando sufrí mucho para no reírme. Andrew estaba a punto de sufrir un colapso, Haru más o menos lo mismo y tú… deberías de haberte visto la cara.

- Ya… - hizo una pequeña mueca arrugando la nariz-. No sé, supongo que todavía me afecta el haber hecho las cosas tan mal. Pero bueno, de todo se aprende, ¿no? Ahora creo que tengo las prioridades algo más cambiadas.

- Ya, las tienes tan del revés que ya ni me tienes en el primer puesto, pero tranquila que no me voy a poner celoso…

El comentario de él consiguió que sonriera y se relajara del todo, comprendiendo que se refería a la chiquitina de ambos. Aprovechó el momento en el que el camarero volvía hasta ellos para tomarles nota, No prestando demasiada atención a la conversación, se dedicó a observarlo, dejando que su sonrisa se ampliase antes de posar su mano sobre la de él cuando se quedaron solos.

- Me gusta mucho todo – le dijo, cambiando el tema a uno mucho más del agrado de ambos.

- Cuando cierta señorita crezca algo más vamos a tener que llevarla también con nosotros a conocer cosas, ¿eh?

- Podemos volver a Miconos y llevarla con nosotros.

- ¿Para qué? ¿Tienes esperanza de que ella sea capaz de encontrar cierto vestido? Con lo que le gustan las tortugas si alguna ha hecho su nido en él seguro que Aiko lo encuentra…

Viendo el brillante color rojo que se apoderó de la cara de su esposa se echó a reír abiertamente, notando la ligera patada en la espinilla que le caía por debajo de la mesa. Había merecido la pena el comentario sin duda alguna. Pero, bromas aparte, le sonaba de maravilla la idea de volver con Aiko a dónde habían pasado su Luna de Miel.

- Puedo meterme contigo si quiero…

- ¿Cómo estás tan seguro?

- Empiezas a tener frío en la cama… No me vas a mandar al sofá. Te tengo calada…


AnnaBolena04: venga que sé que este capi es de los tuyos, porque se han pasado el 80% de él tonteando y picoteándose como dos adultos funcionales que son. Que parece ser que el rubio se ha quedado sin chaqueta y que la pelirroja tiene una nueva y fin de la discusión. Si lo peor es que todos nos lo podemos imaginar babándose encima por el hecho de que le robe la ropa y ver que le queda mucho más grande, que ya sabemos todos de qué pie cojea precisamente el comandante.

Están en modo vacaciones a tope y tiene pinta de que les estaban haciendo falta a los dos y que el rubio no ha podido escoger mejor destino. Van a tener que dejar de meterse con él todos con el tema de perderse y la orientación, porque empieza a tener las de ganar. Y que aprovechen ahora, que luego abro el word y les lío trastadas de la que nadie mira... cofcofcof

¡Besitos de tortuguita!

Natesgo: yo creo que lo compensa bien con la compañía que se ha llevado con ella. Que eso le quita el estrés de alguna manera seguro, sea de la que sea. No se le da especialmente mal a ese rubio entretenerla de alguna forma para que se le pase la histeria o se olvide de casi todo lo demás...

¿Estás insinuando que ahora son uno más en el cuarteto amoroso? ¿Ahora son un pentágono y Google Maps intima mucho con Yamato? Jajajajajajaja Yo es que esto desde el lado de los afortunados con la orientación y cuando vamos de viaje siempre me toca hacer de guía para saberme los caminos así que... Como digo yo llevo un perrito detrás que me sigue por el camino a ciegas mientras que me mira raro porque no sabe ni cómo he acertado con la parada del metro que era. Pero bueno, que ya se verá cómo de amigo se ha hecho de Google Maps en este viaje, que anda él de guía en todo momento.

Y sí, ahora que ya ha empezado por el postre, ya le tocaba irse a comer en condiciones, si es que deciden dejar de tontear el uno con el otro como si llevaran un mes en vez de varios años, que parece que eso sí que va a ser complicado. ¡Un beso!