Sora se había quedado sentada en la cama, entretenida observando las fotos que le habían mandado su madre y Taichi. Cuando le habían empezado a llegar las imágenes la había pillado a medio cambiarse, con los pantalones de pijama en la mano. Aquella tarde, cuando Toshiko había salido a dar un paseo se había encontrado con los Yagami, que estaban en el parque con Daigo y nada más ver a Aiko había salido corriendo a verla. Las fotos habían sacado una sonrisa en los labios de ella nada más verlas, sobretodo las de los dos pequeños jugando.
Le hacía especial ilusión que Daigo le tuviera cariño a Aiko y poder verlos jugar. Le traía demasiados buenos recuerdos de su niñez cuando eran ellos dos los que estaban enredando por todas partes. Habían sido muchos los factores que la habían llevado a tomar la decisión de tener a la niña, pero, sin duda, no quería que se quedara atrás con respecto a los demás del grupo. Sobretodo con el pequeño Daigo.
Vio la puerta del baño abrirse, entendiendo que Yamato había salido de la ducha, a sabiendas de que solía abrirla para que saliera el vaho mientras que se secaba y terminaba de dar vueltas. Distraída se quedó mirando hacia aquel punto, terminando por decidir que podría seguir pendiente de las fotos en otro momento.
Se puso en pie, caminando lentamente hasta allí para quedarse apoyada en el marco, observándolo sin que se diera cuenta. Al igual que solía pasar en casa, el rubio estaba dando vueltas de un lado para el otro porque había dejado las cosas por distintas partes del baño, ajeno totalmente a que lo estuviera vigilando.
Cuando lo vio quedarse frente al lavamanos, con la toalla en torno a la cintura, empezando a secarse el pelo con la otra. Aprovechó ese momento para ir hasta donde él, sorprendiéndolo de golpe al rodearlo con los brazos desde la espalda, echándose a reír al ver el respingo que acababa de dar.
- ¿No tienes otra cosa mejor qué hacer? – asomó por debajo de la tela, mirándola a través del leve reflejo que el vaho dejaba ver, con el flequillo por encima de los ojos.
- No – contestó, inclinándose algo más hacia él para poder dejar un beso en su espalda-. No se me podría ocurrir nada mejor qué hacer ahora mismo.
Se delató con sus palabras, pero también al repetir su gesto anterior, distrayéndose en empezar a explorar la espalda al descubierto de él. Pudo notar su reacción al sentir como se le cortaba la respiración. Aprovechó entonces el momento para mover sus manos por el torso de su marido, acariciándolo desde esa posición, disfrutando así de cada una de las definidas líneas.
- Solo he estado un cuarto de hora en la ducha, ¿tanto me has echado de menos? – dijo dejándola hacer, cerrando los ojos para poder disfrutar de sus acciones.
- He estado entretenida pensando – habló entre beso y beso-. Tendría que haberme venido contigo antes, pero me habían distraído por el teléfono…
Esas palabras consiguieron que la entendiera automáticamente. Cuando estaban en casa y se duchaba por la noche, sin que Aiko pudiera despertarse o reclamar a sus padres, solía aprovechar para colarse con él bajo el agua. Aquella ocasión, sin duda, no podían dejarla pasar porque la bañera y la ducha eran mucho más ampliar que las que tenían.
- Oye… Vamos a tener que comprobar cuando lleguemos a la nueva casa que vamos a poder seguir con las buenas costumbres…
- Yamato… Que te he visto fijarte a la hora de escoger el baño en esos detalles, que no cuela…
- Ya, claro, como si solo hubiera sido yo – sonrió, divertido, intentando girarse hacia ella.
No pudo retenerlo, echándose a reír al verse pillada, dejándolo así poder dar la vuelta y quedarse frente a ella, pasando ahora a dejar las manos entrelazadas tras su cintura, levantando la cabeza para poder enfocarlo.
- No te llevo la contraria porque me has traído a un sitio bonito, pero tampoco te lo vayas a creer mucho, eh… - permaneció en esa postura, observándolo, como si todavía le quedara algún detalle que memorizar posible.
- ¿Está todo a tu gusto?
- Más que a mi gusto – dejó ir una leve sonrisa. Tentada con soltarse de él y poder revolver algo más si flequillo, no lo hizo finalmente-. ¿Te he dicho alguna vez que no sé si me gustas más con así o con él hacia atrás?
Arqueó una ceja, divertido por sus palabras, no necesitando muchas aclaraciones para saber a lo que se refería, conociendo su costumbre de revolverle el pelo siempre que podía. Relajando el gesto, llevó sus manos al rostro de ella para sujetarla así por las mejillas y atraerla hacia un beso, sin llegar a hacerlo, quedándose a escasos centímetros de ella.
- ¿Y se puede saber por qué? – no se molestó en alzar el tono tan siquiera.
- No creo que tenga que explicártelo a estas alturas – pudo notar el fastidio en su voz al no haber llegado a alcanzarlo.
- Pues mira, ya sabes que yo para el trabajo muy bien, pero para todo lo demás tengo las neuronas un poco lentas y necesito que me hagas un croquis y todo… - volvió a jugar con las distancias entre ambos, rozándola levemente cada vez que hablaba.
- ¿Con tanto detalle necesitas que te lo aclare?
Divertida con la situación a pesar de todo intentó estirarse algo más para poder ser ella la que lo besara, sin conseguirlo al verla venir y levantar el cuello levemente para que no pudiera hacerlo valiéndose la diferencia de altura de ambos. Fingió molestia, arrugando el gesto, entreteniéndose ahora en pasear sus manos por su espalda.
A pesar de que el flequillo que le caía sobre los ojos no dejaba ver con total claridad el color de estos, no le hacía tampoco falta hacerlo. Pocas cosas conocía en aquel mundo tan bien, y más en aquel momento de su vida porque dos de las personas más importantes de mundo compartían un rasgo que tanto le gustaba. Intentó pillarlo desprevenido, poniéndose de puntillas y siendo ella la que fuera por fin capaz de alcanzarlo, cerrando mejor sus brazos en torno a él para poder no perder el equilibrio. El rubio recibió el beso con ganas a pesar de haberse estado haciendo el interesante, sujetándola con firmeza contra él. No iba a decir que no le pareciera bien la idea de Sora de poder aprovechar los dos la bañera, pero no estaba seguro de si tendrían agua caliente el suficiente rato como para poder estar entretenidos. Sin duda iba a ser mejor que siguieran con aquello en la habitación.
- Eh – la sintió protestar al intentar que retrocediera-. ¿No te ha gustado mi idea?
- Mucho, pero tengo miedo de que no tengamos agua caliente hasta dentro de un rato – explicó, consiguiendo entonces que avanzara-. Luego podemos darnos un buen baño de esos que te gustan.
Volvió a arrugar ligeramente el gesto. Sin duda no le parecía nada bien la idea de quedarse sin agua caliente a medio hacer nada. Empezaba a tener frío y eso no iba a ayudar. Hizo algo más de fuerza para volver a atraerlo contra ella, dedicándose a besarlo con ganas, disfrutando de cada roce entre ellos. Se separó de él cuando sintió como parecía querer cógela contra él, no dejándolo hacer y buscar así su mano. Lo guió con ella hasta la cama, donde esperó a que se sentara, tardando apenas unos segundos en tomar asiendo sobre él, sonriendo al sentir como posaba sus manos sobre sus piernas.
- Qué rápido te dejas convencer… - le dijo divertido.
- Cállate, Ishida.
Diciendo aquello, se desvió de su trayectoria en el último momento bajando hasta su cuello para empezar a besarlo, dedicándole tiempo a cada una de sus acciones llegando hasta donde podía para luego volver a subir para dejar su fijara fija en la silla. Esperó a ver como la buscaba de nuevo la negar con la cabeza, divertida, y empujarlo hacia atrás. Con un rápido movimiento dejó sus manos sobre sus muñecas, usándolos así de punto de apoyo.
- ¿No tengo permiso para moverme?
- Absolutamente para nada.
Encantada con que le siguiera el juego incluso aunque si quisiera soltarse pudiera hacerlo con facilidad, se inclinó hacia delante volviendo a repetir sus exploraciones por su cuello con sus labios, deslizándose por su cuerpo. No tardó demasiado en tener que reajustarse para poder moverse más, bajando hacia su clavícula y pecho. Aquella vez quería ser ella la que controlara la situación desde el principio y sabía que si quería que la dejara hacerlo tenía que ser más rápida. Sabía que tampoco lo hacía queriendo, pero en el momento en el que Yamato se ponía más en serio con aquello ella era incapaz de continuar porque con su simple cercanía se le nublaban todas las ideas.
Se centró en disfrutar de la piel de él, intercambiando caricias con besos y leves mordiscos en aquellas zonas que conocía como más sensibles, encantada de escucharlo reaccionar a ellas, bajó sus palmas por su vientre, moviéndolas hacia los costados, acariciándolo, volviendo hacia la posición inicial para dejarlas sobre el borde de la toalla. Pellizcó con sus dientes con suavidad su piel, tentándolo aún con las manos sin llegar a soltar la especie de nudo que la sujetaba, recorriendo de nuevo el camino de vuelta hasta quedar a su altura.
Notó como afianzaba sus manos en su cadera, no dejándola moverse de nuevo cuando la tuvo cada a cara, dedicándole una sonrisa antes de empezar a arrastrarlas hasta dejarla bien agarrada contra él.
- Oye, sigues sin tener permiso para moverte, ¿lo sabías? – dijo apoyando sus brazos por encima de los hombros de él, quedando así algo levantada.
- Estoy rebelde, pero no te preocupes, creo que no tengo mucha intención de mover las manos ahora – sonrió de medio lado.
Sin poder evitar que le entrara la risa con sus palabras, volvió a inclinarse hacia él, buscando sus labios para poder besarlo, dedicándole su tiempo y disfrutando de cada roce entre ambos. Parecía que se había dado cuenta de que estaba buscando ser ella la que pudiera controlar la situación y que simplemente se estaba dejando llevar. Aprovechó el momento para incorporarse, buscando librarse de la camiseta que llevaba puesta, sacándosela por la cabeza.
Aprovechó para echarse el cabello hacia atrás antes de volver a inclinarse, bajando hacia su cuello, recorriéndolo lentamente, casi que demasiado, buscando estresarlo y que se impacientara. Movió la cadera para que la soltara, aprovechando el momento también para rozarlo de forma más estudiada, consiguiendo lo que quería, viendo como echaba también la cabeza algo más hacia atrás, soltando el aire con más intensidad. La retuvo antes de que pudiera avanzar, provocando así que la mirase de forma interrogante.
- ¿Qué? – preguntó curiosa.
- Quieta – murmuró, entreteniéndose unos segundos en volver a subir las manos por su espalda, buscando así el cierre del sujetador. Le gustaba demasiado poder sentirla sin impedimentos de ningún tipo.
No necesitó más explicaciones, obedeciendo así y colaborando para que pudiera quitárselo. Se quedó incorporada de nuevo, pudiendo así terminar de librarse de la prenda, dejando también que pudiera observarla. Cruzó una sonrisa con él, retirándose de encima de él para poder tener más libertad de movimiento, buscando de nuevo la toalla para quitársela o, al menos, desabrocharla, que era lo que le importaba. Curvó algo más sus labios cuando comprobó que sus provocaciones habían empezado a surtir efecto. Volvió a inclinarse, ahora recorriendo de nuevo su torso con sus labios nuevamente, haciendo como otras muchas veces y usando las propias formas de él a modo de guía.
Tanteó con sus manos buscando así alcanzar zonas más sensibles, ayudándose de esa forma, realizando leves movimientos, de nuevo queriendo tentarlo más bien que otra cosa, tanteando aún su torso con los labios, bajando más, llegando al hueso de su cadera. Levantó la vista hacia él, sonriendo al verlo, siendo capaz de leer en su cara la impaciencia.
- ¿Pasa algo? – murmuró, divertida.
No obtuvo por respuesta más allá de una miraba significativa, intentando no echarse a reír antes de seguir con sus besos por su cuerpo, alcanzando por fin su destino habiendo conseguido ya que estuviera perfectamente listo. Rozó con sus labios por fin la zona, un roce mínimo, repitiendo esa jugada varias veces hasta por fin centrase de manera más seria en lo que hacía. Una cosa era provocar a su marido y otra hacerlo desesperarse. Intentó concentrarse en sus reacciones, sin mucha intención de dejar que llegara a apartarla como solía querer hacer en muchas ocasiones.
Dejó la cabeza echada hacia atrás, disfrutando del momento sin duda, dejándose hacer. Sus intenciones para aquella noche, sobretodo tras haberse ido a la ducha, habían consistido en descansar tranquilamente, pero le encantaba el nuevo cambio de planes. Le encantaba observarla y dejarla hacer, aunque debía reconocer que le costaba mucho estarse quieto. Le tentaba demasiado tenerla cerca en esas condiciones y no poder hacer nada más, pero sus acciones llegaban a nublar sus propios sentidos.
Acabó por cerrar los ojos, apretando los puños sobre la manta, haciendo esfuerzos para no moverse e interrumpirla, pero se le estaba haciendo complejo. Había algo en la forma en la que se estaba comportando ella aquel día que le estaba gustando demasiado llegando a protestar para sus adentros cuando sintió como se apartaba, buscando colocarse a su altura.
La sujetó por los hombros con fuerza, dándole un tirón para ser él quien la girase y dejara tumbada, tomando ahora la posición de ventaja. La observó unos segundos, notando su gesto, cómo se mordía el labio, humedeciéndose los labios, encontrando ese gesto suficiente motivación para llevar sus manos a su cintura, arrastrando la ropa interior que le quedaba puesta. Una vez que se hubo librado de ella, se centró en acariciarla, recorriendo su cuerpo con sus manos, centrándose en su cadera, separándole las piernas de tal forma que pudiera colocarse algo más cerca, sin dejarla moverse, ayudándose para poder entrar en ella.
Se tomó unos segundos para ajustarse bien a la posición, dejando que la pelirroja pudiera dejar su cabeza apoyada sobre su brazo, pudiendo acariciarla con la otra a la vez que podía verle el rostro y buscar sus labios.
- Yamato… - susurró su nombre cuando se separó del beso, notando como la mano libre de él acariciaba su vientre, casi que con delicadeza.
Llevó su brazo para poder alcanzar a jugar con el rubio cabello de él mientras que se iba dejando llevar, dejándolo a él moverse como quisiera, siendo más fácil por su posición. Dejó la cabeza hacia atrás, siendo incapaz de poder hacer nada más dejando así que pudiera besar su cuello justo antes de aferrar con firmeza su cintura para moverse con más intensidad.
A pesar de que había sido ella la que lo había estado provocando momentos antes, fueron los dos quienes llegaron a la vez a su clímax, arqueándose aún más la pelirroja contra él para quedarse lo más pegada posible hasta que sintió como toda la tensión la abandonada y quedaba completamente relajada entre sus brazos.
