Recorrió con la yema de sus dedos la piel del costado de la pelirroja, notando que se estaba quedando dormida a su lado. No se había molestado tan siquiera en moverse, únicamente habiéndose girado hacia él para encararlo cuando habían terminado, refugiándose entre sus brazos. Su entretenimiento desde ese momento había sido acariciarla distraído, recorriendo cada curva de su cuerpo, pero sin más fin que mimarla y provocar que terminara por quedarse completamente dormida. Vio los ojos de la pelirroja cerrarse, sonriendo por ello, esperando a que su respiración se relajara. Alargó el brazo entones para arrastrar las mantas con él y poder taparla así sin intención de moverse de su lado.
No podía más que quedarse pensativo, dándole vueltas al efecto que tenía ella en él. Siempre había escuchado que con el tiempo las cosas se iban enfriando o que las parejas podían llegar a acomodarse tanto que todo se volvía demasiado monótono. Con él no había pasado así. Si bien era cierto que habían tenido temporadas mucho más fogosas entre ellos, buscando la compañía del otro para aquellos temas con más frecuencia, desde la llegada de la pequeña habían empezado a espaciarlas más. Pero aquello se había vuelto natural, teniendo menos tiempo para ellos dos desde entonces.
Sin embargo, en su caso, él había sido capaz de utilizar aquello para disfrutar más de los momentos íntimos. E incluso dejando de lado aquel tema, el efecto que tenía la pelirroja sobre él cada día iba a más. Estaba disfrutando tanto de tenerla dormida a su lado y poder seguir recorriendo con suavidad y cariño su figura, como podría hacerlo de acostarse con ella. Y eso lo valoraba muchísimo, aunque tampoco le sorprendía. Cuando años atrás en aquella ciudad que días atrás habían abandonado todo se había venido abajo de repente, algo en él había sentido el punto de inflexión definitivo. En el momento en que se había visto en el aislamiento con los ánimos fríos y sin ella a su lado, aunque simplemente fuera como parte de su vida, todas y cada una de sus ideas se habían ordenado de golpe en la misma dirección.
Sonrió sin dejar de observarla, dejándola acercarse más a él. La conocía más que de sobra para saber que debía de tener algo de frío y le estaba tentando despertarla para que se vistiera por mucha pena que le diera.
- Eh – murmuró son suavidad, intentando que le hiciera caso-. Despierta…
Escuchó un leve gruñido de protesta escapar de entre sus labios, haciéndose aún más un ovillo contra él, sin darse cuenta de que precisamente el rubio era quien buscaba despertarla. Entretenido por su comportamiento volvió a intentarlo, llevando así una mano a su mejilla, acariciándosela con suavidad.
- Sora, tienes que ponerte el pijama. Venga, luego te vuelves de nuevo entre las sábanas… Dormilona, despierta.
Una mínima franja de color canela lo enfocó lentamente mientras que en su cara se dibujaba una pequeña mueca de protesta al arrugar ella la nariz. Sacándole una risa a él ese comportamiento, sobretodo al verla esconderse más bajo la sábana, empezó a pincharla con los dedos.
- Déjame – protestó ella.
- Estás muerta de frío, ponte el pijama y luego sigues durmiendo – usó el mismo tono que hubiera usado con Aiko, entretenido por la forma en la que ella intentaba aún huirle.
- Estoy bien… - mintió-. No tengo gana de levantarme.
- Sora, venga, no seas pere…
Cortó sus palabras cuando la vio arrastrarse por la cama, adivinando sus intenciones. No era lo que pretendía inicialmente, pero podía entretenerse un rato de esa forma. Dejó que lo usara a él como almohada, notando como enredaba una de sus piernas con las de él.
- ¿Ese es tu remedio? – dobló el brazo pudiendo así empezar a jugar con su cabello rojizo.
Al ver que volvía a recurrir a los sonidos a modo de respuesta, se dio por vencido. Se veía volviendo a tener que maniobrar él como pudiera. Sin duda le preparación de los desfiles, la mudanza y los nervios de todo ello junto habían pasado factura en su esposa y aquellos días tenía el sueño mucho más pesado. Se dio por vencido, decidiendo que ahora que lo estaba usando de almohada, sin duda, a él tampoco le apetecía moverse.
El olor fue lo primero que despertó a Yamato, provocando que abriera los ojos y se encontrara con que, en la mesa que tenían cerca de la cama, Sora acababa de posar una bandeja. Ni siquiera recordaba haberse quedado dormido, pero la luz de la mañana se colaba por la ventana ya y parecía que no era precisamente muy temprano.
- Buenos días – dijo ella al darse cuenta, sonriéndole.
- ¿Qué…? – bostezó, llevándose la mano a los labios-. ¿Qué hora es?
- Las diez… Te iba a despertar para bajar a desayunar pero me dio pena – ella había abierto los ojos temprano, quedándose aún en la cama porque tenía frio para salir de ella y porque estaba demasiado cómoda, pero el hambre había podido con ella-. Siéntate que te he pedido el desayuno…
Aprovechó para estirarse, ocupando totalmente la cama mientras que lo hacía antes de buscar quedarse sentado, acomodándose con los cojines a modo de respaldo y haciéndole hueco a ella para que se sentara y dejara las cosas. Se dio cuenta de que tenía puesta la camiseta que había quedado la noche anterior olvidada en el suelo y que por encima llevaba la chaqueta que le había robado cuando habían llegado.
- ¿Qué me has pedido? – volvió a bostezar nada más hablar.
- Seguro que algo de tu gusto – se sentó al otro lado, arrastrando con ella parte de la manta para dejársela por encima de las piernas-. ¿Soy yo o hace más frío aquí que en Londres?
- Contando que fui incapaz de que te pusieras el pijama anoche y que esa chaqueta que me has robado tampoco debe de arreglar mucho las cosas, yo creo que eres tú, porque yo estoy perfectamente.
- Dijo el que también fue a ponerse el pijama… - divertida, alargó la mano hacia la bandeja, levantando la tapa que le había puesto, yendo directa a coger una de las humeantes tazas para poder apoyar sus manos en ella.
- Eh, anoche me quedé dormido con el pelo mojado, así que ya sabes, si me pongo al final enfermo con catarro te va a tocar cuidarme porque va a ser totalmente culpa tuya.
- Bueno, me lo pensaré, aunque puede que anoche te ganaras unos cuantos puntos par que, al menos, te lleve una mantita cuando te mueras en el sofá otra vez.
- Qué considerada…
Divertido con la conversación y algo más despierto, hizo lo mismo que ella, cogiendo la taza. Solía entretenerse primero con lo que fuera que tenía para beber caliente, todos los días, mientras que se terminaba de despejar. En días como aquel en los que sí que notaba algo más de frío especialmente. El sonido del teléfono de Sora impidió que terminara de llevarse su bebida a los labios, dando un respingo y buscándolo con la mirada. Por la hora se podía imaginar perfectamente quién podía ser y no quería perderse esa llamada de ninguna de las maneras. Posó la taza y fue a por el aparato, aprovechando para recoger la parte de arriba del pijama del rubio para tirársela antes de descolgar ante la mirada confusa de él.
- Hola mamá… Sí, sí, estábamos desayunando, no te preocupes. ¿No se ha dormido todavía? – se giró hacia Yamato, haciéndole un gesto par que se pusiera lo que le había tirado-. Espera, cuelga, ahora te hago la videollamada yo, no te preocupes que ya sabes que a mí no me atracan tanto con las llamadas internacionales.
Entendiendo lo que quería ella, obedeció, posando la taza en la bandeja de nuevo y poniéndose el pijama, al menos la parte más evidente, teniendo cuidado con que no se callera nada de la comida y poder dejarle espacio a la pelirroja para que pudiera colocarse a su lado.
- Le dije anoche que cuando Aiko se fuera a ir a dormir me llamara para poder verla – le dijo ella mientras que tomaba asiento.
- ¿Has puesto el despertador para poder estar despierta ya? – contestó divertido cuando sacó la cabeza del pijama.
- No, pero es que me despierto yo sola ya… ¿No lo sabes ya? – sonrió, acomodándose bien a su lado-. A ver, no vaya a ser que se nos duerma…
Buscó el número de su madre entre las últimas llamadas, pudiendo así enviar la videollamada no tardando en ver como contestaba rápidamente y podía ver automáticamente la cara de su madre, todavía intentando ajustar el teléfono bien.
- Si es que yo con estas cosas sigo sin arreglarme bien, hija… - escuchó como decía-. Hola Yamato.
- Buenos días – respondió él, sin poder evitar ignorar completamente a su suegra nada más ver asomarse la cabecita de Aiko al haber escuchado la voz de su padre-. Hola tortuguita.
- Mamá, ten cuidado y bloquea la pantalla antes de que toque algo Aiko, dale al candado – dijo Sora al ver como las manos de la pequeña se iban directamente hacia ellos como si quisiera tocarlos a través de la pantalla-. Hola cielo.
Intentó decir algo más, pero la niña empezaba a llamarlos entre pequeños grititos buscando de todas formas reclamar la atención de ambos no pudiendo más que quedarse mirándola con una sonrisa de oreja a oreja. Sin duda la echaba demasiado de menos.
- Se está portando muy bien – dijo Toshiko-. Como siga así dentro de poco voy a tener que contratarla para que me ayude en la tienda porque va a saber más que yo de flores. ¿A que sí? ¿Quiénes están ahí, preciosa?
Los ojos de la pelirroja se posaron unos segundos en una pequeña pluma de color rosa y azul que se podía ver no demasiado por detrás de la niña, ampliando así su sonrisa.
- Cuando seas un poquito más grande te vamos a traer con nosotros, ya lo verás.
- Claro, y la sientas conmigo a ver el desfile a ver quién acapara más atención, si tu trabajo o la niña – dijo Yamato divertido, sin poder quitarle la vista encima a la pequeña-. ¿Estás siendo buena con tu abuela? Con los abuelos no hace falta que lo seas porque seguro que se están tirando de los pelos entre ellos para ver quién se pasea contigo por la tarde.
- Mira Yamato… Ni me hables de ese tema – contestó Toshiko dejando que la pequeña siguiente revolviendo-. Porque cuando volváis igual no os queda el padre vivo a ninguno de los dos y estoy completamente segura de que Natsuko me apoya.
- Tranquila que yo no voy a ser el que te diga nada – echándose a reír acercó también la mano hacia la pantalla, acercándola así a Aiko.
- ¿Qué tal os va por ahí?
- Muy bien, mamá – habló la pelirroja, todavía riéndose por el drama de siempre de los abuelos-. En Londres muy bien y este sitio es muy bonito. Oye, si Yamato se nos aburre de la JAXA un día podemos dejarlo que se dedique a organizar viajes porque ha tenido muy buena mano.
Giró la cabeza, observándolo, viéndolo como estaba hipnotizado del todo con la niña. Solía pasarle con frecuencia, y más en aquellos días que estaba más lejos de ella y tenía más ganas de verla él a ella que al revés.
- Además, hemos estado de compras y no sé si nos va a cerrar la maleta todavía para volver, porque alguien se ha entretenido más de la cuenta en ponerse a comprar cosas para cierta señorita…
- Bueno cariño, debe ser cosa de la familia porque a este paso vais a tener que buscar una casa más grande para poder meter todas las cosas de la niña – posó bien sus manos en torno a la pequeña-. Me la voy a llevar a la cama que ya es su hora. Hoy ha estado jugando otra vez con Daigo, que Taichi tiene unos dias libres y tiene más tiempo. Menos mal que Aiko ha salido más tranquila que tú, que yo ya no estoy para esos trotes…
- Mamá, no le cuentes a Yamato que Daigo sigue rondando a Aiko o le va a dar un tic en el ojo y se va a poner de mal humor y luego a ver quién lo aguanta.
- Oye – protestó el rubio-. Exagerada…
- Eso, no te metas con mi pobre yerno.
Bueno, os voy a contar una cosita, así de forma más general... Esto se acaba. Os quedan muy, muy poquitos capítulos de esta parte de la historia. Ya sabéis que cuando doy saltos en el tiempo importantes me gusta empezar de cero en las historias y bueno, en nada tendremos uno de esos. Poco más tengo que contar de estos dos ahora que ya están más que adaptados a la niña y a la vida de casados, así que yo creo que va siendo muy momento para plantear un nuevo escenario en blanco sobre el que empezar a construir cosas de nuevo (y quien dice empezar dice que ya llevo 42 capítulos escritos, pero shhhh jajajajaja). Así que nada, estad pendientes, porque cualquier día de estos pegamos el salto.
AnnaBolena04: la que necesita vacaciones soy yo y con relativa urgencia porque estoy aquí desde hace un rato escribiendo las review y no me ha dado la neurona más que para esto. Que de verdad que tengo las neuronas atrofiadas, debe de ser que me lo contagian los merluzos estos. Entre eso y los fluses que me dan de ponerme a tirar cosas de repente, verás tú qué semanita más divertida.
Y hablando de los Ishida, pues sí, les sienta de maravilla tener tiempo para ellos dos solos, para rebajarse la edad a la mitad mientras que se picoteando el uno al otro y para aprovechar la vida de casados anclados - cuando pueden - en la luna de miel, que parece ser a lo que se dedican cuando tienen un rato para ellos. Por el momento les funciona de maravilla y no los veo yo demasiado afectados con el tema, no, no... Y la nenita desde el otro lado del mundo con el teléfono parece entretenida en matar a todos de la adorabilidad, así que todo bien.
¡Un besito de tortuguita! Y a ver si no pienso más en mañana, que me enfado yo sola...
Natesgo: a ver, es que normal, seguro que hasta le pasa sin darse cuenta. Que es la reacción que posiblemente tendría todo bicho viviente jajajaja Estás ahí y de repente te cruzas al susodicho en esas circunstancias... Pues mira, no vamos a culpar a la pobre mujer de que se haya olvidado de lo que estaba haciendo antes y le hayan entrado otros antojos. Puedes usarlo para uno de tus juegos en el cole, sí, sí. Diles que los llevas a ver tortugas jajajaja
No pienso contestar a esa pregunta salvo en presencia de mi abogado y contando que tenemos a la vecina por aquí pero no se va a poner de mi parte, pues mira, mejor no digo nada sobe ese tema y me sigo escribiendo en mi línea temporal... jajajajaja ¡Un beso!
Guest Vecina: pues mira, vecina, ¿qué te voy a contar yo del clima que no sepas ya? Hace un rato nos estábamos muriendo del calor y de repente ha empezado a hacer frío y viento... Y está entrando el temporal de la semana. Si es que me pongo de malas pulgas de solo pensarlo, que yo ya no sé ni qué ponerme por culpa de las drásticas variaciones de clima que tenemos en cuestión de horas. Y eso es buena señal, que estés con la depre porque se te vaya unos días la compi eso es que os lleváis de maravilla jajajaja Me alegro aunque haya llantos por el medio.
Las fotos de la nena jugando con miniChi seguro que son para estar fangirleando una semana seguida, pero tiene que ser una monería, pero claro, es que la pobre pelirroja se distrae. Ya le vale, menuda desvergonzada que está hecha que se dedica a cazar a su pobrecito rubio que él solo quería ducharse para meterse en la cama y dormir con un buen angelito... A ver qué tal les va el viaja. Y con el tema de los ex... Yamato lo tiene más fácil, por lo que sabemos de él, no se acuerda tampoco demasiado ni de los nombres, así que seguro que no sufre un infarto como le pasó a Sora al ver al pobrecito Ryo jajajaja
¿Qué tal el trabajo? Creo que no te había preguntado... No me lo tengas en cuenta, me resetean las neuronas y cuando me quiero dar cuenta han pasado siglos y ni siquiera me he interesado a pesar de haberme acordado... Me matan la actividad cerebral, estoy segura de ello. ¡Un bico grandote!
