Yamato se quedó distraído, esperado por Sora en el jardín del hotel. Hacía un rato que la pelirroja había subido a la habitación a dejar algunas bolsas con compras que habían hecho a lo largo de la tarde, queriendo ser ella la que fuera para poder cambiarse de chaqueta, volviendo a tener más frío de la cuenta.
Decidió dar unos pasos por el jardín, entretenido en mirar hacia su alrededor, disfrutando del paisaje que tenía desde allí. Sin duda era muy diferente a lo que conocía de Japón y se aventuraría a decir que del resto de lugares en los que había estado, pero, debía de reconocer, que todas las veces que había viajado fuera del país, salvo cuando habían ido a Grecia, siempre se había quedado en grandes ciudades. Y, sin duda, poco se podía comparar aquello a dónde estaban en aquel momento.
Sintió el sonido de su teléfono reclamar su atención desde su bolsillo, quedándose ligeramente confuso. No era la mejor hora para recibir ninguna notificación desde Tokio debido a la diferencia horaria, y eso era lo que más le extrañaba. Esperaba que no fuera ninguna urgencia. Empezó a meter su mano en los bolsillos intentando dar con él antes de que dejara de sonar, sin llegar a hacerlo con tiempo para que no se cortara la llamada.
Arqueó una ceja al ver un número que no conocía en la pantalla, leyéndolo un par de veces para intentar hacer memoria. Sin duda, no le sonaba de nada y tampoco estaba esperando ninguna llamada importante, al igual que no era una llamada con el prefijo de Japón.
- Bah – murmuró por lo bajo, pensando todavía en quién podría ser.
Sin duda, no tenía intención de devolver la llamada. Si era algo importante o que realmente fuera algo más que una equivocación, ya volverían a llamar. Estaba de vacaciones, de manera que cualquier otro asunto que no viniera de su familia o amistades, podía darse completamente por ignorado. Se giró, volviendo a guardar el teléfono, viendo que Sora salía por la puerta mirando hacia los lados distraída, buscándolo con la mirada. Alzó la mano para reclamar su atención, consiguiendo que lo viera nada más girar la cabeza hacia él, guiando sus pasos en su dirección.
- Gracias por hacerme señales, ya sabes lo mucho que me cuesta encontrarte entre la gente… - ironizó, bromeando.
- Eh, en este país si me meto entre la gente por la calle te iba a costar más dar conmigo – se cruzó de brazos observándola.
- Pues… cuando tienes razón… Aunque también le sigues sacando una cabeza a la gran mayoría, yo creo que con eso me arreglo. Sobretodo como no te hayas peinado demasiado.
- Lamento informarte que en el tema de mis despeinamientos sueles tener más culpa tú que yo – aprovechó para volver a girarse hacia donde antes había estado mirando, pudiendo ver desde allí algunas zonas del pueblo, escuchándola reírse por su comentario-. ¿Quieres dar un paseo por la zona?
- Antes cuando pasamos vi un sitio que tenía buena pinta – dijo tras carraspear, colocándose a su lado-. Podemos dar un paseo y luego cuando empiece a oscurecer ir a tomar algo allí, ¿qué te parece?
- Me parece bien – giró la cabeza hacia ella, entretenido al notar como se había cambiado también de calzado a uno más cómodo, notando que estaba unos centímetros más por debajo de él.
No debería de ser algo que le llamara la atención a aquellas alturas de su vida. Sin duda, la diferencia de altura había sido bastante notable desde hacía muchos años, incluso antes de que empezara nada más allá fuera de la amistad entre ellos. En aquella última época le divertía más, ya que sí que era capaz de notar cómo iba variando aquello según el calzado que llevara. Dejando de lado sus propios pensamientos, alargó el brazo, pasándolo en torno a los hombros de la pelirroja acercándosela unos segundos para poder seguir admirando el paisaje desde donde estaban.
- Me han dicho antes en recepción que hay un paseo que va por el linde del río que podría gustarnos. Es corto, así que tenemos algo de tiempo antes de que se nos haga de noche, ¿qué te parece?
Esperó unos segundos, entretenido en ver cómo ella dejaba caer su cabeza hacia su lado, usándolo como apoyo, terminando por dejar ir un sonido de asentimiento. Sin duda, le parecía un buen plan, pero en aquel momento estaba especialmente cómoda tal y como estaban.
- Cuando volvamos a Tokio tengo un nuevo proyecto en mente.
- ¿Hm? – confuso, sin esperar aquel tema, bajó la vista hacia ella.
- Ya va siendo hora de que me siente a hablar las cosas un poco más en serio con Andrew, a ver qué le parece a él. ¿Tú qué crees?
Entendiendo por fin que sacara el tema con él, cuando nunca solía meterse en nada relacionado con su trabajo en el estudio, terminó por asentir. No era, sin duda, la primera vez que la escuchaba decir aquello y a la vista de lo bien que parecían entenderse, seguro que era algo con lo que todo el mundo iba a estar cómodo.
- ¿Yo? No sé, a lo mejor me da otro episodio de celos injustificados y volvemos a tener problemas… - escuchó cómo ella se reía-. Seguramente, sea una de las mejores ideas de la temporada, no creo que de repente os vaya a ver tiraros de los pelos por nada…
- No, la verdad es que no. Sin tener por qué hacerlo ya me ha ayudado en más ocasiones, especialmente en los comienzos – escapándose ligeramente de su lado, señaló con la cabeza hacia donde se podía ver el río, suponiendo no demasiado lejos de allí podría estar el inicio del paseo que él había dicho antes.
- ¿En los comienzos? ¿Para que fueras capaz de controlar un poco los nervios? – siguiéndola, no pudo más que quedarse curioso por aquellas últimas palabras.
- Qué simpático – negó con la cabeza, esperando que la alcanzara-. No, lo que pasa es que… digamos que la situación que tenía por delante no era la más favorable para poder empezar a trabajar en esto. Y no sé si te acuerdas de sus padres en la boda, pero ellos también están relacionados con el mundo de la moda.
Confuso, no fue capaz de ubicarlos, pero algo le decía que las palabras de ella tenían todo el sentido del mundo. No le costaba demasiado adivinar los motivos por lo que a la pelirroja le hubiera podido costar más que a él arrancar en su mundo. No dejaba de ser una industria complicada y, mucho más, en el país del que ambos provenían.
- Así que yo creo que si le propongo que trabaje conmigo, al menos de cara a las colecciones del invierno que viene seguro que tiene una buena excusa para poder quedarse más de seguido en Tokio, o, la revés, poder mandarle yo a alguien en representación del estudio para qe controle todo en la otra punta del mapa.
Alcanzándola y viendo, por fin, el comienzo del sendero que les habían indicado, haciéndole un gesto a la pelirroja para que fueran caminando en aquella dirección, viendo como se había quedado ligeramente distraída por el paisaje.
- Y supongo que poder colaborar con una de las principales figuras de la industria del otro lado del mundo tampoco me va a venir demasiado mal… - comentó cuando volvió a conectar con la realidad-. ¿Qué te parece la idea?
- Que es tu estudio y deberías de hacer con él lo que te viniera en gana – sonrió, divertido, al ver cómo giraba la cabeza hacia él con una mueca delatadora-. Me parece bien, Sora. No tengo ni idea de moda, ya lo sabes, más allá de lo que me pongo o me dejo de poner. Así que si tú estás cómoda trabajando con él y además puedes colaborar un poco para que ellos dos estén mejor y no tan a las carreras… Me parece muy buena idea.
No tenía nada más que pudiera decir al respecto sobre ese tema. Después de lo que ellos dos habían tenido que aguantar durante algunos años, y aunque las situaciones no se pudieran comparar, podía verlo todo con los mismos ojos que la pelirroja, sin poder pensar otra cosa que no fuera que aquello, sin duda, tenía pinta de ser una buena idea.
- Pero hacedme el favor de dejar las peleas con alfileres para cuando no haya mucha gente en el estudio, que a saber qué rumores van a acabar contando… - bromeó alargando la mano para pincharla con suavidad en el costado, viendo como se revolvía.
- Tranquilo, intentaremos comportarnos. Tú no te preocupes… Y sino, pues le digo a Taichi que venga a pasearse por el estudio y así mi ayudante se queda ida un rato…
Ella misma se echó a reír tras sus propias palabras, sintiéndose ligeramente culpable. Hacía una temporada que ya no la veía ponerse roja hasta la punta de las orejas cuando el embajador venía de visita, pero recordaba las primeras veces en las que se había percatado de ello y lo mucho que se había reído. Ya no tanto de la reacción de ella, sino de la de él, quien poco más y se había pasado una semana sin asomarse por allí. Todo un adulto funcional, sin duda alguna.
- Te va a acabar denunciando por maltrato en el trabajo, que lo sepas – comentó el rubio, divertido.
- Lo sé, lo sé. Lo tengo bastante asumido, pero bueno, yo creo que puedo vivir con ello – levantó la vista hacia él unos segundos, volviendo a mirar a su alrededor, observando el paisaje que los rodeaba, especialmente hacia el puente y el río que no estaban demasiado lejos-. Y sino yo creo que puedo mandarte a ti a Tokio a por la chiquitina y quedarme por aquí escondida una temporada hasta que vuelvas.
- Eh… No me des ideas… Que bastante nos hemos estado peleando con la decoración de la casa como para que ahora me hagas proposiciones indecentes.
- ¿Proposiciones indecentes? – se giró, quedándose frente a él, posando las manos en sus costados.
- Sí, eso cuenta como una, que lo sepas. A ver si te crees que necesito yo mucha ayuda para venirme con vosotras dos lejos de todo el caos de las grandes ciudades, que ya ha quedado demostrado que estamos todos de acuerdo con que nos gusta más esto que las grandes ciudades.
Se echó a reír, posando sus manos sobre sus brazos, distraída. Sin duda, él tenía toda la razón y era un plan que sonaba demasiado bien ante los oídos de nadie. Se quedó observándolo unos segundos antes de girarse de nuevo, haciéndole un gesto con la cabeza para poder echar a andar por el paseo nuevamente.
- Aunque no sé yo si aquí podríamos encontrar muchas crías de tortuga para que Aiko se entretenga siguiéndolas… - sonrió.
- Dicen que por aquí lo que hay son muchas ardillas, la veo bastante capaz de dedicarse a seguirlas a ellas también.
- Totalmente – amplió más su sonrisa-. Pero seguro que a ti te sigue gustando más seguir teniendo una tortuguita a la que mimar.
La cara de él cambió con la palabra que acababa de pronunciar la pelirroja, sacándole a ella una carcajada. Ni siquiera se molestó en disimular. Echando a andar tras ella mientras que negaba con la cabeza.
- Voy a tener un serio problema, ¿eh? Si es que no sé ni cómo me las arreglé para aguantarme casi un mes fuera de casa.
- ¿No habíamos quedado en que había sido Gabumon el de los dramas?
No respondió, continuando su camino en dirección hacia dónde se perdía el sendero, no queriendo que se les hiciera de noche aún para no tener que andar corriendo de un lado para otro y poder todavía tener tiempo para visitar el lugar que ella había dicho.
- Podemos preguntar luego por algún sitio que nos recomienden para cenar, ¿qué te parece? – le dijo, cambiando el tema.
