- ¿Qué tal por Londres? – preguntó Natsuko mientras que entretenida dejaba la vista fija en su nieta, la cual había pedido volver a los brazos de su madre y hora se estaba quedando dormida en ellos.

- Muy bien. Con mucho trabajo, pero eso siempre es buena señal – explicó la pelirroja-. La verdad es que lo había echado de menos, pero me habían tenido demasiado entretenida los años anteriores.

Empezó a mover sus dedos por encima del cabello de la pequeña, jugando con él de forma distraída, como tantas veces solía hacer precisamente con el padre de ella. Sonrió, observándola unos segundos más, volviendo a enfocar a su suegra.

- Aunque no sé yo si seré capaz de sobrevivir a otro viaje sin llevarme a la chiquitina conmigo – dijo, provocando que la mujer sonriera también.

- Normal, sobretodo si tienes a Yamato desocupado que se puede ocupar él perfectamente de ella, ¿no?

- La verdad es que sí, pero, no nos la llevamos esta vez, aparte de por algún evento que sabíamos que íbamos a tener y no quería tener que andar dejándola con nadie desconocido… Me da una pena horrible meterla en un avión tantas horas.

- Es cierto, pobrecita – dándose cuenta de repente de que la pelirroja tenía toda la razón del mundo, volvió a quedarse mirando hacia su nieta-. Y seguro que ella lleva muchísimo peor el jet lag que vosotros dos que ya estáis más acostumbrados además.

- Sí, eso fue lo que más me hizo decidirme a dejarla aquí. Pero bueno, creo que se lo debe de haber pasado muy bien con todos pendientes de ella.

- Taichi se ha pasado rondándola a todas horas – protestó Takeru, sentándose al lado de ellas-. No me mires así, que es verdad. Yo también estoy algo más desocupado y podría haberla llevado al parque.

- Pues haber llamado tú a Toshiko para decírselo y fin del problema – puso los ojos en blanco-. No les hagas caso, que si el drama de los abuelos es grande, entre los… ¿tíos? Tampoco se queda nada atrás.

Sora se empezó a reír, pudiendo imaginarse precisamente el drama que podrían haber tenido entre ellos dos. Ella era la primera que estaba encantada con que todos quisiera tanto a su pequeña como para andar a la gresca por ver quien la cuidaba o la dejaba de cuidar. Su niña se había hecho querer demasiado pronto por todos, y no era para menos. Aunque, claramente, ella no podía ser imparcial con ella.

- No te preocupes, tú no necesitas que nosotros estemos de viaje para poder venir a llevarte a tu sobrina al parque siempre que quieras – le dijo, usando el mismo tono que podría haber usado con cualquiera de los niños pequeños del grupo-. Oye, ¿y tus dos elementos qué? ¿Todo bien?

- ¿Esos dos? Aterrorizando al mundo a su alrededor. Están con sus otros abuelos hoy, que con vosotros y las maletas seguro que no iban a ayudar a que nadie acabara perdiendo nada por el camino.

- Bueno, pues ya te llamaré para que vengáis con ellos a la nueva casa un día de estos y que enreden lo que quieran por el jardín.

Hiroaki se había quedado algo apartado aún con Yamato, observando desde allí a los otros tres hablar, acompañados con los digimon. Los ojos del rubio estaban fijos en Aiko, notando el peso de los días que había pasado sin verla otra vez.

- Menos mal que te han puesto fijo por fin en Tokio y en este planeta, anda…

- Pues sí – volvió a la realidad, mirando así a su padre-. No creo que se me fuera a dar muy bien tener que hacer otro viaje largo. Imagínate que de mandan a Marte otra vez año y medio…

- Mira, de ese viaje en concreto prefiero ni acordarme, que no es el escenario mejor para imaginarte en la situación que tienes actualmente – en realidad, en ningún escenario, pero estaban hablando de la dependencia que tenía el rubio con su familia-. ¿Qué tal el viaje?

- Muy bien, Londres entretenido y luego los días que pasamos a nuestro aire bien. Nos gustó mucho el pueblo que elegí, muy bonito. La verdad es que no me importaría volver y conocer más por esa zona…

- Bueno, yo conozco algo, pero de hace unos cuantos años. Yo creo que ni siquiera había conocido a tu madre todavía. Las zonas más rurales seguro que son de tu gusto. Dignas de todo buen ermitaño asocial… ¿Cómo se las arregló Sora para que te dejaras pillar con ella por la prensa?

- ¡Es verdad! Quiero ver esas malditas fotos, ¿las tienes por ahí?

- Seguro que sí, y sino las debe de tener tu hermano – metió la mano en su bolsillo, sacando su teléfono y empezando a buscarlas.

- Y no se las arregló de ninguna manera. Estaban esperando por ella y la acompañé. Creo que es lo menos podría hacer… Digo yo ¿no?

- No, si me parece muy bien. Solo te lo digo porque me extrañó mucho sabiendo lo mucho que te gusta todo ese tema.

- Eh, si a mí me pillaron en las fotos fue porque quise entrar con ella – alargó la mano para cogerlo y poder verlo-. No les intereso. Precisamente ella es conocida por su trabajo no por cotilleos, así que dudo mucho que a nadie le interese ni media palabra sobre el tema.

Divertido por ver cómo a su hijo se le habían subido los colores con la conversación, dejó que viera las fotografías a su aire, viendo como se quedaba distraído. Él se había sorprendido cuando las había visto por la mañana, reconociéndolos inmediatamente. Sin duda las fotografías llamaban la atención y a él le había hasta tentado enseñarlas a sus compañeros de trabajo. Había visto cientos de imágenes de ellos dos, pero no estaba seguro de si era el contexto o la situación, aquellas destacaban de una forma diferente.

- Porque os conozco, que sino me creo que sois un par de famosos…

- Cállate papá… - lo cierto es que no podía negar que le gustara lo que veía, especialmente en lo que a Sora se refería.

El vestido que su esposa había lucido en aquella ocasión llamaba la atención, y, sin duda, cuando la había visto salir con él, se le habían pasado unas cuantas ideas por la cabeza que hubieran derivado en acabar llegando tarde a su propio desfile. Como siempre, no tardó en dar con alguna en la que no estaban demasiado pendientes de lo que pasaba a su alrededor, aprovechando la pelirroja para colocarse bien los cuellos de la camisa.

- Es diseño de ella – dijo, volviendo a al realidad-. Apareció un día por casa con el traje. Nunca antes lo había hecho.

- ¿El qué? ¿Lo que llevas puesto tú?

- Sí, así que, ¿cómo no iba a dejarme sacar fotos con ella?

No iba a decir ahora que no le hubiera hecho especial ilusión ese detalle por parte de la pelirroja. Sabía lo ocupada que solía estar, de manera que hubiera sacado tiempo para poder hacer aquello ya lo valoraba, pero, además, le gustaba que ella le hubiera hecho algo.

- Ya te las mandaré luego. Y ten cuidado, anda.

- ¿Con qué? – confuso, se quedó mirando hacia su padre.

- Con la baba que se te cae que no tengo gana de andar limpiando cuando te vayas.

Puso los ojos en blanco mientras que le devolvía el teléfono, consiguiendo así que su padre se riera de él. Atrayendo así la atención del resto del grupo, el rubio decidió ponerse en pie, caminando hasta donde estaban Sora y la niña.

- ¿Qué vais a hacer? – le preguntó su madre nada más verlo llegar.

- ¿Hacer?

- Sí, si os vais al apartamento o a vuestra casa.

- Ah, pues… - bajó la mirada, cruzando así la vista con Sora-. ¿Te apetece que vayamos ya a la casa? Yo creo que cuando nos fuimos lo dejamos todo listo para poder entrar ya, ¿no? Y si tenemos que limpiar un poco el polvo o lo que sea tenemos ahora un rato…

- A mí me parece bien – contestó ella sin poder evitar dibujar la sonrisa en sus labios-. La verdad es que me muero de ganas de poder mudarnos ya definitivamente.

- Pues ya está – giró la cabeza hacia su hermano-. ¿Nos llevas al apartamento para poder coger el coche y ya nos arreglamos nosotros?

- ¿No prefieres que os lleve y ya mañana me paso otra vez y os ayudo?

- Tenemos que hacer la compra… Pero bueno, tenemos el otro en el garaje de la casa. Si quieres venir a hacer los recados con nosotros.

- Tengo una idea mejor – dijo Sora, la cual estaba pendiente de que Aiko no se despertara-. Nos vamos a casa, me quedo yo por ahí organizando un poco las cosas y os mando a los dos a hacerme la compra y así Aiko no da tantas vueltas.

- También suena bien – dijo el mayor de los dos hermanos-. ¿Qué te parece a ti?

- Pues que Hikari sale de trabajar todavía dentro de un rato, que hoy además tenía claustro y que creo que Yuuko y Susumu querían ir a no sé dónde con los niños…

- Pues ya está, arreglado. Tú te vienes con nosotros a hacer algo útil y así dormimos hoy en casa – posó la mano en el hombro de su hermano-. Así puedes monopolizar un poco a tu sobrina sin que ningún Yagami te lo impida.

- Eso será si se despierta antes de que yo me vaya a ninguna parte…

Bajando la vista hacia la niña, sonrió al verla tan tranquila, plácidamente dormida en brazos de su madre aún, ajena a todo lo demás. Pudo fijarse en que había cerrado una de sus manitas en torno al jersey de ella, quedándose agarrada, como si de esa forma fuera a impedir que se le escapara a alguna parte.

- Me sé de alguien que hoy se os va a querer colar en la cama – dijo, volviendo a mirar hacia los padres de la pequeña.

- Claro que sí – sonrió la pelirroja-. Si tengo yo más ganas de estar con ella que al revés, a ver qué te vas a pensar. Hoy pienso hacerle su cena favorita y se va a venir a la cama con nosotros dos hasta que tengamos a bien levantarnos mañana…

- Fíjate que ese plan me suena bastante bien – dijo su marido, asintiendo-. ¿Vas a ir al estudio mañana?

- Sí, pero cuando pueda. No corre prisa y aunque Haru no esté yo creo que tampoco vamos a tener ningún desastre declarado, sino ya me habrían llamado. Así que puedo ir por la tarde y pasar toda la mañana por casa. ¿Qué te parece?

- ¿A mí? Pues mira, casi que me parece igual que a Aiko…

- Cuando estéis instalados del todo tenemos que pasarnos un día. Pero sin prisa, que tenéis que estar los dos agotados del viaje – dijo Natsuko-. Y si necesitáis algo de ayuda yo tengo mañana el día libre, así que por favor, aprovechar.

- Muchas gracias, mamá – dijo Yamato, asintiendo-. Yo creo que nos arreglaremos, pero si igualmente quieres pasarte por allí ya sabes que eres bienvenida, tampoco hace falta que te busques excusas. A papá ya veré si lo dejo entrar…

- ¡Eh! ¿Qué problema tienes conmigo ahora? Ni que yo tuviera la culpa de las caras de bobo que pones tú solo.

Echándose a reír todos tanto por el comentario como por la cara que puso el rubio inicialmente, no tardaron en ver como Sora se llevaba el dedo a los labios, señalando hacia la niña que se estaba moviendo de nuevo en sus brazos.

- Podemos ir yendo si quieres – le dijo Yamato-. Ya sabes que Aiko se queda dormida automáticamente nada más dejarla en el coche, así que podemos aprovechar ahora y que siga durmiendo por el camino.

- Me parece bien – asintió, cruzando así la mirada con sus suegros-. Muchas gracias por habernos invitado a comer.

- Tonterías – le contestó Hiroaki negando con la cabeza-. No os invito más a menudo porque de los tres el que menos amigo de la cocina es soy yo… Y para haceros sufrir un rato, pues mejor me quedo calladito.

- Ya, si es que no sé cómo sigo vivo – bromeó el rubio-. Voy a por las cosas de Aiko, anda…


AnnaBolena04: bueno, bueno, este es el penúltimo capi. Estoy alargándolo un poquito porque quiero dejar las cosas algo más espaciadas, pero con el capi de mañana vamos a cerrar una etapa en la vida de los Ishida más. Que cualquiera diría donde los estrené y por dónde vamos ya, pero algo me dice que por el momento tenemos para rato y que Yamato todavía tiene mucho campo para seguir babándose con Aiko, que no hay que preocuparse por eso.

Tienen mucha más dependencia ellos de la nenita que al revés, eso está claro. Que ella seguro que se distrae enredando por ahí con los peluches, los abuelos, primos, titos... Y ellos dos seguro que a la mínima les viene a la cabeza la cosita y les entra el mono de tenerla con ellos. Seguro que duerme en la cama con sus padres esa noche y están ellos más contentos que nadie. Y en SU casa, por fin, que eso es lo más importante de todo, que se mueren todos de ganas de por poder estrenarla de una vez. Que es la casa de su familia y seguro que ese pensamiento les da para fangirlear un buen rato.

¡Un besito de tortuguita! Y me voy a hacer el zombie, prometido.