- ¿Qué te parece chiquitina?
Sora se había sentado con Aiko en la alfombra del suelo de su habitación en la nueva casa, dejando que la pequeña se dedicara a explorar por donde ella quisiera. Era la primera vez que estaba allí y, ya era para quedarse, de manera que esperaba que estuviera todo a su gusto. Le había dado miedo de que no le fuera a gustar el cambio, pero tras ver cómo había reaccionado en Tanegashima, esa preocupación había ido desapareciendo.
Sonrió al verla irse directa hacia donde estaban todos sus juguetes, los cuales debía de haber echado de menos aquellos días, viendo como la iban siguiendo los digimon, también entretenidos en ver lo que les rodeaba. Gabumon aceleró el paso al ver como Aiko perdía el equilibrio al querer alcanzar uno de los peluches que estaban más arriba.
- Ten cuidado – le dijo a la niña, dejando que se quedara apoyada en él, sentándose tras ella mientras que Biyomon era la que alzaba el vuelo para bajarle el juguete a la pequeña.
No pudiendo gustarle más lo que estaba viendo, la pelirroja se puso en pie, caminando hasta donde ellos estaban para dedicarles una caricia a cada uno antes de incorporarse del todo y lanzar un nuevo vistazo a su alrededor. La habitación de Aiko que tenían en el apartamento le encantaba, sobretodo porque había sido también una sorpresa para ella, pero la que tenía ahora le gustaba mucho más.
- Si es que tienes tú más ropa que yo, chiquitina. Y ya no hablemos de juguetes… - se acercó hacia el armario de ella, terminando de colocar en él las cosas que tenía en la bolsa-. Si es que claro, andas por ahí haciendo que a todo el mundo se le caiga la baba contigo… Como sigamos a este paso voy a tener que dejaros mi parte del armario a tu padre y a ti porque él no lo hace nada mal tampoco…
Escuchó justo en ese momento el sonido de la puerta abriéndose, acompañada de las voces de aquel que acababa de nombrar y de Takeru, los cuales, como siempre, parecía que venían teniendo una de sus discusiones absurdas. Riéndose por lo bajo por ello, dejó lo que estaba haciendo, girándose hacia los digimon.
- ¿Me la cuidáis?
No esperó tan siquiera a que le dieran respuesta, ya que no la necesitaba, saliendo de la habitación adivinando lo que les podía pasar a Yamato y Takeru, ya que lo último que sabía era que habían ido a hacer la compra también. Comprobó sus sospechas cuando los vio intentando entrar con todas las cosas a la vez, protestando entre ellos sobre quien hacía más el inútil que el otro.
- Mira que sois torcidos… - reclamó así su atención, esperando a que lo posaran todo en la encimera de la cocina-. Que ya sé que la casa es algo más grande que el apartamento, pero no tenéis que caminar varios kilómetros para traerlo en tramos…
Sin entender muy bien el gruñido que recibió por respuesta simplemente se echó a reír de las caras de ambos, empezando a revolver por las bolsas para ayudarlos a guardar las cosas, sacándolas y dejándolo todo mano para poder organizarlo.
- Está Aiko enredando por la habitación – le dijo a Takeru-. Si quieres aprovechar e ir con ella, la dejé con los digimon para que la cuidasen…
- Sí, yo creo que sí. Me cae mejor que su versión adulta ahora mismo, así que se las arregle él por aquí…
Entretenida por su respuesta esperó a que se fuera, quedándose mirando hacia el rubio, el cual terminaba de posar la última de las bolsas, encontrándose con la expresión divertida de ella cuando levantó la vista, haciendo una pequeña mueca que provocó que se riera aún más.
- Ríete… Ríete… - murmuró aprovechando para intentar picharla con los dedos en los costados, sin llegar al conseguirlo al moverse ella más rápido.
- Anda, haz algo útil y coloca las cosas en los armarios…
- Ya te cazaré luego – terminó por reírse él también-. Si es que me estresa. Es un pesado y para encima no se calla, así que al final acabo mandándolo a paseo…
- Ya, si no hace falta que me lo cuentes, me lo puedo imaginar perfectamente, amor – murmuró con tono suave antes de ponerle en las manos algunas de las cosas que ella no llegaba a colocar, estirándose unos segundos para alcanzarlo y darle un beso en la mejilla.
Entretenida con la cara que puso y por verlo resoplar después y hacer lo que ella le había dicho, empezó a recoger todo por fin de manera más rápida y en serio. Estaban los dos cansados del viaje, pero aquello era algo necesario, tanto si se quedaban allí o en el otro lugar, ya que necesitaban tener comida.
- Oye, ¿pedimos la cena hoy? – le preguntó al rubio.
- Sin duda… No me veo con moral de hacer algo más que no sea para Aiko…
- ¿Para Aiko? – sonrió, girándose hacia él-. Tu madre nos ha metido algo para que cene la chiquitina de lo que le preparó por la mañana para comer…
Pudiendo ver la cara de alivio que puso él volvió a reírse por lo bajo. Sin duda, lo que les hacía falta a ellos dos era ponerse el pijama y estrenar en condiciones el sofá con una manta y cenar tranquilamente allí. Nada de tener que cocinar o hacer nada más, ya tendrían tiempo al día siguiente cuando estuvieran en mejores condiciones.
- Mañana por la mañana voy a pasarme por el estudio a ver cómo están las cosas…
- ¿Ya?
- Sí, no está Haru y no quiero que estén solos tanto tiempo. No creo que haya hecho falta para gran cosa en estos días, pero bueno, por si acaso. A lo mejor hay algo que tenga que firmar o lo que sea… - arrugó ligeramente la nariz-. ¿Cuándo empezabas tú?
- El lunes que viene. De todas formas iba a pasarme por allí para terminar de revisar los papeles y que puedan entregarlos.
- ¿Vas a volver a revisarlos?
- Claro – se encogió de hombros-. No me fio de ellos, creo que todavía siguen empeñados en buscar echarle la culpa a alguien de lo que pasó hace años al volver del primer viaje a Marte.
La pelirroja se fijó en como la seriedad en el rostro de él dejaba claro que aquello no lo decía bromeando. Sabía que estaba realmente preocupado por aquello, lo había visto darle bastante vueltas desde que habían empezado por todo el proceso. Lo entendía perfectamente, pero, además, le gustaba saber que el verdadero motivo de todo aquello era el aprecio que le tenía a Mai y que no quería que le dieran problemas a ella.
- Oye, ¿te han dicho algo del nuevo puesto ya más en serio?
- No, tampoco – relajó el gesto-. Pero eso creo que va a ser el primer día, que tendré una reunión para firmar el nuevo contrato y todas las especificaciones. Me extraña que me lo hayan dado a mí, la verdad…
- ¿Por qué? – arqueó una ceja.
- Porque si voy a tener que hacer lo mismo que hacía Hideki… No sé – volvió a encogerse de hombros-. No venimos precisamente de la misma ruta. Él es general… Supongo que tendrá algo que ver, ¿no?
- Pues… por lo que me has contado, lo que me parece a mí es que lo que quieren es poner a alguien con "nombre" dentro de la JAXA. Y no me mires con esa cara – dijo al ver el gesto de él-. Me refiero a que formasteis parte del proyecto que mejor les ha salido. Así que si él es el general y lo suben de puesto, ¿quién va detrás? Suena bastante lógico… - habló mientras que terminaba de dejar unas cosas dentro de la nevera, volviendo hacia la encimera y colocándose a su lado antes de levantar la vista y mirarlo con gesto pícaro-. Y además con lo guapo que vas a quedar, seguro que te usan para dar buena imagen…
Se echó a reír al ver el efecto de sus palabras en él, quien, no habiéndolas visto venir, se había puesto rojo hasta la punta de las orejas. De vez en cuando estaba bien comprobar que no era ella la única que aún reaccionaba de esa forma después de tanto tiempo, especialmente cuando el comentario venía de forma inesperada y pillándolo completamente desprevenido.
- Luego, cuando te ponga las cosas en las estanterías a las que no llegas no quiero protestas – dijo, fingiendo ofensa por la reacción de ella.
Intentando no hacerle caso, siguió colocando las cosas para terminar de una vez y poder, al menos, meter la ropa que se habían llevado con ellos en la lavadora y así, dar por terminado todo lo que tenía que hacer aquel día.
- Voy a ir a ver a Takeru y a la niña – dijo la pelirroja-. ¿Terminas tú aquí?
- Qué remedio…
- Oye, ¿sabes que te toca bañar a Aiko en su nueva bañera?
La sonrisa que se dibujó en los labios de él le sirvió a modo de respuesta. Sin duda, la niña se iba a entretener mucho en el nuevo baño. A pesar de que había crecido bastante ya, seguía siendo lo suficientemente pequeña como para que pudiera chapotear todo lo que quisiera. Y sabía de alguien que todavía se lo iba a pasar mejor que ella.
- No sé cómo se te pudo ocurrir casarte con semejante cascarrabias – fueron las primeras palabras de Takeru nada más sentirla volver a la habitación.
- Es que lo tengo controlado. Sabe que si gruñe mucho lo mando a dormir con vuestro padre y se ríe bastante de él como para gruñirme a mí también.
- Suena creíble… ¿dónde lo has dejado?
- Colocando las cosas en los armarios a los que yo no llego – se sentó en el suelo, a su lado, mirando hacia Aiko, la cual estaba llevándole peluches a su tío para que jugara con ella-. Ya verás cuando vea los que le hemos traído…
- Creo que su favorito sigue siendo un conejo que le he visto pasear por ahí – alargó la mano, queriendo coger el que ella le enseñaba, jugando así con ella, sonriendo al verla esconderlo detrás de ella-. ¿No me lo vas a dejar?
- No – dijo la pequeña, echándose a reír por el puchero que su tío le ponía.
- Anda… déjamelo, que Dai y Reiji nunca me dejan nada…
- Mío – abrazando el juguete, fue a esconderse detrás de Gabumon.
- De tal palo… - levantó la vista hacia Sora-. ¿Ya está todo listo?
- Sí, solo tenemos que armarnos de valor y sacar toda la ropa y demás de las cajas… Pero está todo terminado.
- La verdad es que es un fastidio teneros algo más lejos, pero tampoco diré que no puedo entender que hayáis escogido este lugar. ¿No te queda muy lejos de Ginza?
- Sobreviviré. Soy la dueña y si llego un poco más tarde no tengo a nadie que me vaya a protestar. Yo creo que Yamato va a agradecer estar más cerca de la sede…
- ¿Has escogido el sitio por él?
- ¡No! Pero… nos gustan los lugares tranquilos. A ninguno de los dos nos encanta el centro y ahora con Aiko… Mira la de espacio para jugar que hay por aquí y para pasear con ella. Que le quede cerca a tu hermano y pueda estar antes en casa sin duda es algo importante…
- Tenéis a Mimi bastante cerca, supongo que no podía salir en todo ganando el cascarrabias – pudo ver la sonrisa delatadora de Sora.
- El drama creo que ya lo tiene superado, tranquilo.
Notando como Aiko tiraba de su pantalón, dirigió los ojos hacia ella, viéndola alargando sus brazos hacia él para que la cogiera. Sonrió, haciéndolo automáticamente y dejándola a su altura, viendo como la niña, entretenida, intentaba cogerle el pelo.
- Sí, es igual que el tuyo – le dijo a su madre-. ¿Quieres ponerle un lacito a él también?
- ¡Ni se te pase por la cabeza! – le dijo a Sora.
- Espera Aiko, que voy a poner él… - entre risas, se pudo en pie.
Bueno, tortuguitas... Hasta aquí hemos llegado con esa parte de la vida de los Ishida. Posiblemente hasta el lunes no os suba nada de lo nuevo, ya veremos, no porque no vaya bastante avanzada, sino porque siempre me lleva su tiempo prepararlo todo y no es de algo que presuma últimamente, que acabo de llegar a casa y no son horas decentes. La cosa anda complicada esta temporada, así que a ver si al menos llego de una pieza al fin de semana y así os subo algo el lunes.
Como siempre, muchas gracias por estar pendientes y por vuestro apoyo, lectura y comentarios, de verdad. Creo que sobra ya decir que si no fuera por cosas como esas seguramente no me hubiera animado a seguir escribiendo por aquí más allá de la primera historia y mirad ahora a dónde hemos llegado, que ya hasta se han mudado por fin a pesar de todo el tiempo que llevan dando vueltas con ello.
Y no tengo cabeza ahora mismo para más, así que muchas gracias a todos. En breves nos leemos de nuevo.
