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Era una típica mañana de marzo. Las flores sobre los árboles y la suave briza jugando entre las hojas. Jeon Jungkook era el nombre del joven estudiante que a gran velocidad corría por los largos pasillos del atestado lugar. Su destino: cuarto 306 de la residencia estudiantil del Internado de Artes Escénicas de Seúl. En su mente aún rondaba la extraña y preocupante llamada de su mejor amigo. Sólo un minuto duró dicha llamada y de todo lo que dijo el chico al otro lado de la línea, él solo entendió las palabras "carta" y "Jimin".
"Jimin"…
Apresuró su paso hasta el punto de no poder ver claramente a las personas que por su camino se atraviesan, empujándolas en el proceso y sólo alcanzando a dar unas rápidas e insignificantes disculpas mientras recibía gritos e insultos de los afectados. Su respiración era pesada y acelerada, sus pulmones comenzaron a doler debido al sobre-esfuerzo realizado para que no le faltara el oxígeno y sus piernas empezaron a debilitarse.
"Jimin"…
Una vez salió del edificio del departamento de baile se encontró con un perfecto campus verde. Tomando el camino de piedra a su derecha, corrió nuevamente hasta la gran edificación al final del camino. Una larga estructura de piedra roja que consistía de ocho pisos y una increíble azotea de vista panorámica. Las grandes puertas francesas de vidrio se asomaron por su campo de visión. Para cuando ya subió los tres escalones que le separaban de ella, sus manos se apoyaron sobre sus rodillas encorvandose sobre sí mientras respiraba de forma rápida y cansina. Ya mejor, sus manos abrieron las grandes puertas, ingresando así al edificio. Sus ojos viajaron por todo el vestíbulo del lugar, deteniéndose sobre las metálicas puertas de los elevadores. Una sonrisa se asomó por sus labios. Sus pies entonces tomaron rumbo a uno de ellos que, enseguida de haber pulsado uno de los botones en el panel de control junto a ella, abrió sus puertas para él. Suspirando de alivio ingresó a él y, dentro, pulso el botón del piso siete. Las puertas cerraron y la cabina inició su viaje. Segundos después se detuvo en su destino, abriendo de nueva cuenta sus puertas y dejando a la vista el pulcro y despejado pasillo del piso siete. Bajo del elevador, mientras a sus espaldas las puertas se cerraban, y, tomando el camino a su izquierda, con sus ojos fijos sobre las inscripciones de bronce sobre las puertas de roble, emprendió paso. Puerta tras puerta, con sus pies a cada paso tocando el alfombrado piso bajo ellos, se detuvo frente a una de ellas cuando sus ojos divisaron los tres números que buscaba. 306. Con el típico sonido de sus nudillos contra el roble de la puerta al tocar, esperó paciente a que ésta fuera abierta. Del otro lado, los ojos gatunos de Min Yoongi le saludaron.
— Ya era hora. — dijo el chico, mientras tiraba de un confundido Jungkook ante su ansiosa actitud hasta el interior del mini-departamento. — ¿Qué mierda te tardo tanto? — no necesitaba una respuesta, solo era el típico parloteo que uno echaba cuando la ansiedad nos domina.
— Lo siento. — se disculpó sarcásticamente el joven. — Pero, por si lo habías olvidado, estaba ocupado con mis inscripciones. — reprocho mientras tomaba asiento sobre el sencillo sofá del salón.
— Como sea. No me interesan tus tontas excusas. — Jeon frunció el ceño con molestia. — Solo… — se detuvo mientras de la pequeña ratonera al centro de la instancia recogía entre sus pálidas manos un sobre de color blanco y se lo entregaba al azabache, quien le miraba con curiosidad. — Ábrelo. — le indico al notar la mirada llena de extrañeza que Jeon le daba al sobre que ahora se encontraba entre sus manos.
Siguiendo la indicación de su mayor, con cuidado abrió dicho sobre para encontrarse con una hoja de rosa color dentro de él, la cual sacó de allí y desdobló con delicadeza observando así por primera vez su contenido: pulcras letras de magnífica caligrafía escritas con parsimonia sobre las líneas del papel. « Una carta » fue el pensamiento que por su mente cruzó. Sus ojos continuaron escaneando aquel papel.
— ¿Cómo…? — la pregunta quedó en el aire mientras su mirada se posó esta vez sobre su amigo, quien se encogió sus hombros ante la palabra.
— No lo sé. — fue su única oración que con pesar sus delgados labios soltaron con un silencio pesado instalándose en el lugar.
Jungkook leyó de manera rápida la carta, deteniéndose mucho más tiempo del debido sobre la firma al final de ella. Un solo nombre la formaba, un nombre que significaba mucho más que la identidad de una persona; era un recuerdo que renacía desde lo más profundo de sus memorias, uno que desearon a pistola en pecho olvidar junto a su persona; un nombre que con su surgimiento traía consigo aquellos sentimientos enterrados en los más hondo de sus destrozadas almas; un nombre que con su llegada incorporaba aquellos secretos que cerraron en el olvido.
El viento dejó de correr, de jugar entre las hojas de los árboles, de alborotar a las flores. Las nubes cubrieron al sol, oscureciendo el cielo e impidiendo que la calidez de la luz cayera sobre ellos.
« Con ansias, Park Jimin. »
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— kxxmreanx
