Un cálido abrazo

Resumen: Mando se derrite en tus brazos después de un día de trabajo.

Advertencias: romance, fluff.

...

..

.

Las manos de Mando otra vez apoyadas en el lavabo mientras esperaba que el bacta le hiciera efecto. El activo de hoy había sido duro de atrapar y le había ocasionado más de un dolor de cabeza y numerosas contusiones, sobre todo en el torso. No le importaba recibir golpes, si eso significaba conseguir dinero para el bebé y para ti.

La nave flotaba en el espacio descansando momentáneamente antes de volver a Nevarro. El mandaloriano sintió unos golpes suaves en la puerta del baño, por lo que volvió a ponerse su casco.

"¿Puedo pasar?" se escuchó desde fuera, obteniendo una respuesta positiva.

Mando cerró los ojos al sentir en su espalda el peso de un cuerpo más caliente que el suyo y unos brazos rodeándole la cintura con cuidado, apretando la camiseta que lo cubría. Ella siempre tenía miedo, miedo de que un día no volviera y que tuviera que recoger sus restos de un charco de sangre.

"Me duele más a mí que a ti" susurró, besando la amplia espalda con sus pies de puntillas "Te lo aseguro."

"Te preocupas demasiado" la amortiguada voz de Mando salió del casco y acarició los brazos que lo sujetaban con las palmas y las yemas, sin guantes. Esto le provocó a ella un escalofrío, sus manos curtidas siempre le recordaba las veces en las que habían recorrido sus curvas "¿El niño está bien?"

"Sí, ha cenado y está durmiendo con la panza llena."

Mando notó que retiraba los brazos de su alrededor y se giró para cargarla él mismo en los suyos, haciéndola reír por ese movimiento inesperado. Ella era tan preciosa y no podía dejar de mirar su cara sonriente y aquél pelo largo y pelirrojo, suave, fugaz, sus ojos redondos y dorados.

Todo en ella era magnífico, y era una pena que solo pudiera verla detrás del casco, sin apreciar verdaderamente tal y como es.

La llevó hasta la cama que compartían y la acostó a su lado. Estaba agotado y quería dormir junto a ella, por lo que apagó la luz y se quitó el casco a oscuras, como muchas otras veces.

"Sabes que también podría trabajar, así conseguiríamos ahorrar el dinero más rápido" habló apoyada en su pecho, acariciándole el vientre, enredando los dedos en el espeso vello del ombligo. La mano de él se apoyaba en su cabeza, sosteniéndola contra su pecho dulcemente, y la otra paseaba vagamente por una de sus piernas que estaba subida a su cintura, notando la piel tersa que le apetecía morder, pero que ahora le era imposible por los dolores punzantes del abdomen.

"Tienes que quedarte con el niño. Además, no lo soportaría si te pasase algo." Susurró. La voz de Mando era tan suave y clara sin el casco.

"Ahora ya sabes lo que se siente."

El mandaloriano la estrechó más entre los brazos y besó la coronilla de olores frutales, la amaba y mucho. Ese día llegaría, en el que los dejaran de perseguir y pudiera establecerse en un sitio tranquilo, desierto, y formar por fin una familia. Ni el niño ni ella estaban en sus planes, no era el momento oportuno, pero no pudo evitarlo. Eran un clan de tres.

"Te amo. Siempre volveré a tu lado." Confesó él con una promesa.

"Yo también te amo, Din."

Cuando ella decía su nombre se sentía vulnerable, pero también sabía que estaba en casa, como años atrás.