Notas Importantes:
1. Sine Díe: Literalmente significa "sin día". Es una expresión en latín utilizada para indicar que un proyecto o acontecimiento no tiene un plazo definido para su término o que éste puede prolongarse indefinidamente en el tiempo.
2. Disclaimer: Los personajes no son míos, pertenecen al grandioso Masashi Kishimoto.
3. Queda estrictamente prohibida cualquier copia y/o adaptación de esta obra de ficción.
Advertencia: La presente historia puede contener situaciones de violencia y lenguaje adulto/vulgar, escenas con contenido sexual, así como insinuaciones a temas religiosos que pudieran herir la sensibilidad de algunas personas. Si te consideras susceptible a este tipo de contenido o eres menor de la edad estipulada para la clasificación "M" de la plataforma, se sugiere discreción.
SINE DIE
Las puertas del Cielo y el Infierno
son adyacentes e idénticas.
Nikos Kazantzakis
Capítulo 1: Cena con el Diablo
La multitud se aglomeró frente a la entrada del imponente mausoleo que había sido elegido como punto de reunión. Murmullos, quejidos y exclamaciones de emoción se intercambiaban sin parar entre todos los presentes y, en general, en el aire se podía respirar la latente anticipación de lo que estaba por venir.
Era Halloween. La fiesta anual de espantos que era organizada por algunos de los estudiantes más influyentes del campus universitario estaba a tan solo unos pocos minutos de empezar y la multitud aguardaba con ansias la introducción. Eran poco menos de las diez de la noche pero los alrededores lucían ya como boca de lobo y era difícil distinguir cualquier cosa que estuviera más allá de un brazo de distancia.
Sakura lo había comprobado por sí misma cuando casi había tropezado con alguien en su camino hasta el mausoleo. No se suponía que ella estuviera ahí. Nada de lo que estaba a su alrededor –incluidas las personas– le daban buena espina y haberse escabullido contra las órdenes de su estricto padre la tenía más nerviosa que aquello que pudiera estar esperándola en aquel evento.
El hecho de estar rodeada por una innumerable cantidad de tumbas, viejos mausoleos y estatuas melancólicas esparcidas desordenadamente por el cementerio era sólo el plus de la situación. No es que se considerara particularmente religiosa pero se le había inculcado que existía una muy fina línea entre el bien y el mal, y que era terriblemente fácil cruzarla.
—Esto es increíble. —escuchó un murmullo emocionado a sus espaldas. —Definitivamente se lucieron este año consiguiendo el permiso para hacer la fiesta en el cementerio.
—No seas tonta, no consiguieron ningún permiso. —la reprendió de inmediato otra voz. —Estamos aquí de incógnito.
Ilegalmente, sería la palabra más adecuada. —pensó Sakura.
No le sorprendía en lo absoluto. Su mejor amiga era una de las organizadoras y le había comentado en su última charla que pese a que sus padres habían intervenido para intentar conseguir el permiso, no lo habían conseguido. La superstición de los lugareños había sido mayor que cualquier cantidad de poder o dinero que pudieran haber ejercido los padres de su amiga para abrirse camino.
Tampoco culpaba a los lugareños por mantenerse firmes en su decisión, pues si por ella fuera, una terraza o salón de eventos habría funcionado de la misma manera. El cementerio, sin embargo, era sólo un añadido profano para darle más morbo y perversidad al evento. Y en este mundo, esos dos elementos regían todo.
Sakura dejó de prestar atención a la charla de las chicas cuando un mensaje de texto hizo vibrar su celular en el bolsillo de su pantalón. No había muchas personas que pudieran estar contactándola ese día y a esa hora en particular, de modo que no se sorprendió al ver el "Ya va a empezar" de su amiga Ino en la pantalla.
—Aquí vamos…—suspiró con suavidad Sakura.
Entonces la multitud comenzó a guardar silencio y poco después, como si estuvieran coordinadas, las escasas linternas que permanecían encendidas y dispersas entre algunas personas de la multitud, comenzaron a apagarse. Más pronto de lo que hubiera esperado, el área quedó completamente a oscuras y Sakura se aferró al recipiente colgando de su cuello, casi con desesperación. Odiaba la oscuridad.
Conforme el silencio se alargaba y la oscuridad parecía volverse más densa, la chica sintió que la respiración comenzaba a acelerársele y que su corazón corría a mil latidos por minuto. La cabeza le dio vueltas y supo con toda certeza que un ataque de pánico se estaba avecinando. Pronto empezaría a hiperventilar y el sudor frío le cubriría todo el cuerpo.
—¡Damas…y…Caballeros! —exclamó de repente y a todo pulmón una grave voz. —¡Sean bienvenidos a éste su evento! Yo, Igor, seré su guía durante esta tenebrosa noche. Antes que emprendamos la marcha, es importante que les recuerde que queda estrictamente prohibido revelar cualquier cosa que suceda a lo largo de la velada. Las fotografías, videos y cualquier otro tipo de evidencia que sea filtrado a la red será motivo de graves consecuencias.
La multitud se inquietó ante la advertencia y los murmullos de desacuerdo no tardaron en hacerse oír. Nadie había mencionado antes que estaría prohibido un accionar tan usual como el respirar. En estos tiempos, ¿qué era una fiesta sin historias, fotografías y estados colgados en las redes sociales? ¿Qué podrían haber preparado para esta fiesta que era tan vital que se mantuviera en secreto?
—¡Es una broma, muchachos! —rió poco después el joven Igor. —Lo único que está prohibido esta noche es no divertirse. Así que si están listos, ¡andando!
El puño de Sakura se cerró con más fuerza alrededor del recipiente y se forzó a respirar profundamente en un intento por controlar el ataque. Sus ojos se cerraron de forma automática y conforme sentía a la multitud comenzar a avanzar a su alrededor, comenzó a relajarse. No era la primera vez que le sucedía y tampoco sería la última, pero con el tiempo había aprendido a controlar los ataques y el recipiente en sus manos era la clave.
—¡Oye, avanza! —gruñó una chica antes de empujarla ligeramente.
La joven abrió los ojos de golpe y encontrándose más controlada, comenzó a avanzar con la corriente. Maldecía el momento en que se había dejado convencer por Ino de venir a esta lamentable fiesta, en lugar de quedarse en casa viendo una divertida serie o leyendo uno de los libros en su mesita de noche.
Igor los condujo con presteza por los largos pasillos entre las tumbas y Sakura agradeció con toda su alma que el camino estuviese alumbrado por antorchas clavadas cada tantos metros en la tierra. Sin embargo, la sensación de caminar entre los muertos profanando su descanso seguía recorriéndole todo el cuerpo con una serie de escalofríos difíciles de controlar.
Cuando finalmente alcanzaron su destino, la chica no pudo evitar abrir la boca impresionada. Una imponente estructura ennegrecida que en otros tiempos debió haber sido una enorme casona, se alzaba en mitad de un claro rodeado por más tumbas cuya procedencia –artificial o natural– era difícil de descifrar.
—¡Hemos llegado! —exclamó el anfitrión. —A partir de este momento están por su cuenta. Por favor, olvídense de la vida y diviértanse entre las llamas de este Infierno. El Diablo los está esperando para cenar.
Exclamaciones y murmullos de emoción se elevaron en el aire, e instantes después, Sakura pudo ver cómo la multitud comenzaba a dispersarse; algunos hacia los alrededores y otros rumbo al interior de la tenebrosa casa.
—¡Ya era hora, Frentona! —chilló una voz a sus espaldas. —¿Qué pasó, tenías miedo de que el "Coco" viniera por ti?
—Maldita sea, Ino-cerda. —respondió Sakura con el corazón acelerado. —Casi me matas de un susto. El único "Coco" que veo por aquí eres tú y no es precisamente miedo lo que me das.
—Y sin embargo "casi te mato de un susto". —se burló. —Venga ya, es tarde. Vamos adentro que quiero que veas todo lo que preparamos. ¡Eso sí va a matarte de un susto!
La chica sonrió ante el ímpetu de su mejor amiga. Ino siempre era así, la brillante luz en medio de tanto pesimismo, tan radiante como su sedoso cabello rubio. Las personas solían dejarse llevar por su apariencia frágil y angelical pero Sakura la conocía mejor que eso y sabía que tras toda esa coraza de optimismo y afabilidad, se escondía una voluntad de acero.
—¿Hay algún problema? —preguntó echando un vistazo hacia Sakura.
Sakura en cambio era su opuesto. Introvertida como sólo una chica con tantos problemas a cuestas podía ser, tendía a aislarse del mundo y prefería no llamar la atención. La condición económica de su familia distaba mucho de la riqueza que poseía la de Ino, y físicamente era tan su opuesta como en todo lo demás. Probablemente lo único en común que tenían era la afilada inteligencia que poseían y el encuentro tantos años atrás que las unió.
—Ninguno. Vamos antes de que me arrepienta.
Ino le sonrió con ironía y ambas se dirigieron al interior de la casona. Por dentro, el lugar lucía ligeramente menos aterrador que en su exterior y la gente esparcida por los pasillos le daba un aspecto mucho más juvenil. A final de cuentas, ésta seguía siendo sólo una fiesta universitaria más.
—Estaba abandonada. —comenzó a explicarle Ino. —En realidad cuando llegamos parecía que no había sido habitada en siglos aunque algunas áreas parecían estar mucho mejor conservadas que otras.
—¿Es seguro que estemos aquí? —preguntó curiosa. —Noté que por fuera la estructura está ennegrecida como si hubiera sido parte de un incendio y los escalones delanteros no parecían muy estables.
—Tú siempre tan sabionda. —gruñó en respuesta su amiga. —Claro que es seguro, me encargué personalmente de revisar eso con el personal adecuado. En fin, como te decía, había zonas que estaban muy bien conservadas y otras que tuvimos que dejar cerradas al público por "seguridad". La casa posee dos pisos y un ático, y dada la amplitud de algunos cuartos, decidimos convertirlos en diversos escenarios de terror.
Ambas se movían entre los invitados con paso constante, esquivando vasos llenos de mezclas de licor, cigarrillos y codazos. Sobre todo el piso de madera había esparcidos innumerables pétalos negros que crujían bajo sus pies con cada paso y la iluminación de la mayor parte de las estancias dependía de candelabros antiguos y una combinación de velas negras y moradas esparcidas en lugares estratégicos.
Telarañas naturales y otras falsas colgaban de los rincones y el techo, y un penetrante aroma a incienso le daba el toque final a la decoración. Lo anterior sin mencionar a los misteriosos seres encapuchados que se mezclaban entre los invitados y asustaban a éstos con parsimoniosa destreza.
—Tenemos una sección para monstruos clásicos dominada por vampiros, otra para asesinos seriales de películas de terror donde conviven Michael Myers, Jason y Krueger, escenarios gore llenos de sangre al más puro estilo de Hostal y algo un tanto más…religioso.
—¿Algo más religioso?
La idea sonaba ridícula en comparación con las demás. ¿Cómo podía haber algo con ese tinte entre tanta masacre y oscuridad? Quizás Ino se refería a un pequeño refugio para aquellos invitados demasiado miedosos como para visitar las otras salas.
—¿Por qué la incredulidad en tu voz?
—Bueno, prácticamente han hecho una mezcla de fiesta con una casa del terror y de repente me dices que tienen un área reservada para algo más…"santo". Es como decir que en un bar desnudista tienen una sección de guardería.
La risa de Ino resonó entre las paredes y un escalofrío bajó por la columna de Sakura ante el crudo sonido. El ambiente a su alrededor estaba comenzando a afectarla si algo a lo que estaba tan acostumbrada a escuchar de repente le parecía el sonido más vacío y oscuro del mundo.
—No dije "santo", tonta. Dije que teníamos algo un tanto más religioso, que no necesariamente significa "bueno". —respondió. —¿En qué estabas pensando exactamente, en un paraíso lleno de ángeles de esponjosas alas, mullidos sillones y una cálida luz para relajarse?
—Eh…¿sí?
—¡Caray, Sakura, tienes que abrir más tus horizontes! —exclamó en una mezcla de irritación y sorna. —Hablo de la Ouija.
—¿Qué demonios tiene eso de "religioso"?
—La Ouija es el medio para contactar con otras entidades, no necesariamente humanas. —explicó como si estuviera hablándole a una niña de cinco años. —La gente suele usarla erróneamente para comunicarse con sus muertos pero no se dan cuenta de que raramente llegan a ellos. En realidad hay un 89% de probabilidades de que contactes a otra clase de entidad que al fantasma de tu abuelo.
—Me sorprendes, Ino. —dijo Sakura con el ceño fruncido. —Pareces saber mucho al respecto.
—Sólo me informé un poco. —Se encogió de hombros. —Sabes que cuando hago algo, me gusta hacerlo bien.
—Entonces me estás diciendo que lo "religioso" de esa sala viene de una Ouija mediante la que es más probable que contactes un ¿qué, demonio? en lugar de un espíritu.
—Ajá.
—Estás loca. —sentenció la chica.
Sakura se detuvo un segundo a observar a su mejor amiga en busca de algo que le dijera que realmente no había perdido la cabeza por completo, pero lo que vio no fue nada más que su "yo" normal, un tanto más tenebroso pero normal a fin de cuentas.
—Ya, dime algo que no sepa. —respondió burlona. —Como sea, ¿quieres ver cómo quedó o tienes miedo?
—Creo que paso.
—¡Oh, vamos! No seas miedosa. Te prometo que te va a encantar. —insistió la rubia con una brillante sonrisa. —Incluso organizamos una puesta en escena de una invocación falsa y todo. Vamos a verla una sola vez y te prometo que después te dejo ir.
Sakura vaciló ante su insistencia. Por un lado no quería quedar mal con su mejor amiga y verse tan aguafiestas, pero por el otro realmente se sentía asustada de lo que podría encontrar ahí. Por otra parte, la idea de quedar libre de este evento le sabía sumamente tentadora.
—Por favooooor, Frentona. —canturreó poniendo ojos de cachorro. —Sólo una vez.
—Basta, está bien. —gimió derrotada. ¿Qué daño podría hacer?
Ino se recompuso de inmediato y con una seriedad extraña para ella, la condujo escaleras arriba hacia el misterioso cuarto de la Ouija. La segunda planta de la casona estaba todavía más abarrotada de personas y resultaba difícil caminar por los pasillos. Gritos de espanto, risas y otros sonidos aterradores salían a borbotones de las diferentes áreas y con ello. Era como estar en una feria.
—Debe estar por comenzar, apresúrate Sakura.
El tirón en su muñeca la hizo acelerar el paso y para el momento en que finalmente alcanzaron la última habitación de la casona, el corazón de Sakura ya iba a mil por hora. Pese a todo, a la chica no le había pasado desapercibido que conforme más se habían acercado a esta habitación, menos personas había habido en el pasillo.
—Ino-
—Shhh.
Cuidadosamente su amiga abrió la puerta de la habitación y tiró de ella hacia el interior. La sala estaba abarrotada por un montón de los personajes encapuchados y tan solo un puñado de invitados normales como ella. Todos estaban organizadamente acomodados al borde de un círculo de tiza trazado sobre el suelo de madera, y una figura ovillada en el centro del mismo yacía temblorosa y pálida, apenas iluminada por la serie de velas esparcidas en puntos estratégicos de la silueta.
—¿Hinata?
Le había tomado un momento demasiado largo reconocer a la chica en el suelo pero ese cabello negro azulado cortado en melena, la piel casi traslúcida y los impresionantes ojos claros eran inconfundibles. Hinata era una compañera de clase bastante tímida que no solía estar acompañada por nadie y que pasaba sus días con la nariz enterrada en un libro de estudio pero era muy reconocida por su afabilidad y espíritu de ayuda.
Sin embargo, no encajaba para nada ahí. No es que no fuera invitada nunca a las fiestas porque en el campus la invitación siempre llegaba por igual a todos, sino que ella nunca asistía a ningún evento social. Por el contrario, parecía rehuir de ellos incluso lo doble que Sakura. Entonces, ¿qué estaba haciendo ahí y ayudando en una puesta en escena tan extraña?
—Ino, por qué-
Sakura se detuvo a la mitad de su pregunta, Ino ya no estaba a su lado. Intentó buscarla con la mirada pero entre tantas caras encapuchadas le fue imposible dar con ella, y cuando estaba a punto de retirarse para buscarla mejor, un pequeño tablero que no había estado antes frente a Hinata, llamó su atención.
El tablero en sí no tenía nada de especial, era muy sencillo y poseía sólo las palabras "Sí" y "No" en extremos opuestos, sin letras del abecedario dibujadas en la superficie restante, ni nada que se le pareciera. Una pequeña flecha de madera igual de sencilla descansaba al borde del mismo.
—Et spopondit.
Su corazón se saltó un latido ante el extraño lenguaje que comenzó a inundar sus oídos y tuvo que parpadear un par de veces para terminar de asimilar que la estrella de cinco puntas trazada desde el círculo y hacia fuera estaba brillando de un extraño color púrpura.
—Nos voca.
De repente, el cuerpo de Hinata que había permanecido tembloroso sobre la fría superficie comenzó a retorcerse con espasmos largos y duros que hicieron crujir todos los huesos de su cuerpo y le arrancaron un grito ensordecedor.
Sakura se estremeció ante la escena y casi pudo sentir en su propia carne el agonizante dolor de la chica. Las voces continuaron susurrando palabras inteligibles mientras el resto de espectadores la observaban asombrados y nadie se movía para ayudar a la pobre muchacha. Las velas de toda la habitación titilaron y una ráfaga de viento helado inundó la estancia.
Todo el alboroto duró sólo un minuto, entonces todo se calmó. Las voces callaron, el círculo dejó de brillar y Hinata comenzó a alzarse sobre sus rodillas con movimientos espasmódicos y la cabeza gacha.
—¿Hay alguien ahí? —preguntó una desconocida voz.
Por un momento, todos en la estancia contuvieron el aliento y nada pasó. Entonces Hinata movió lentamente su mano hasta la flecha en el tablero y movió la punta hasta la casilla del "Sí".
Sakura tembló con miedo. La puesta en escena le estaba pareciendo mucho más real de lo que pensó que Ino podría organizar y su miedo estaba comenzando a salirse de control.
—¿Tienes el poder suficiente para manifestarte de otra manera? —preguntó la misma voz desconocida y vacía.
La mano de Hinata volvió a moverse con una dura contracción hasta la casilla contraria y sus nervios terminaron de estallar.
—Basta, ya está bien. —exclamó Sakura en voz alta. —El show les ha quedado estupendo, muchachos. Muchas gracias por la invitación.
Dispuesta a salir corriendo de ahí, la chica ignoró las afiladas miradas que se clavaron sobre ella y los susurros inquietos de los pocos invitados que compartían su opinión respecto al escenario, y se dio la vuelta para marcharse.
Cuando su mano tocó el pomo de la puerta, una sonora y diabólica carcajada retumbó por toda la habitación y su cuerpo entero se congeló.
—¿Tienes dudas? —susurró una voz imposiblemente humana.
La habitación guardó silencio en espera de su respuesta pero Sakura no sabía qué hacer. Entonces el sonido de madera quebrándose la forzó a voltear hacia su compañera y pudo ver cómo la flecha de madera del tablero se rompía en mil pedazos bajo la presión de su mano.
—No es divertido. —le respondió con una valentía que no estaba sintiendo.
Otra carcajada explotó en los labios de Hinata y la acción hizo que levantara la cabeza dejando al descubierto la terrible transfiguración en su rostro. Los grandes ojos claros se habían achicado y la oscura pupila –normalmente apenas perceptible entre el color de su iris– se había dilatado hasta los bordes que delimitaban la cuenca, convirtiéndolo en pozos de infinita negrura. La bonita boca en forma de corazón que la caracterizaba se había deformado de tal manera que una mueca burlona desencajaba las facciones de su rostro, y los dientes perfectamente blancos se habían alargado llegando a lucir más filosos de lo que deberían.
—Estás siendo una niña muy mala, Sakurita. —cambió la tonalidad de su voz. —Y las niñas que se portan mal deben ser castigadas.
El temblor que en esta ocasión la recorrió fue de verdadero pánico. A oídos de la chica, no había sido la voz de Hinata ni la de la entidad presente la que había salido de su cuerpo, sino el conocido tono afónico que era la seña particular de su viejo tío Kiyoshi.
—¿Quieres que vuelva a castigarte, mi dulce Sakurita?
Sus ojos se abrieron atónitos y no pudo evitar retroceder. La voz de su tío era inconfundible pero no podía ser real. La persona que había convertido su miedo en fobia y la había condenado a sufrir ataques de pánico frente a la oscuridad llevaba muchos años muerta. No había forma de que se tratara de él. Además, nadie más aparte de ella conocía esas tres frases características de su peor pesadilla.
—¿Me temes? —preguntó de vuelta con su tono inhumano.
La duda la invadió: ¿se habría imaginado la voz de su tío? ¿Su miedo habría sido tan grande que lo había materializado en su peor recuerdo? Incapaz de responder ni a sus preguntas, ni a las de la criatura ante sí, Sakura continuó retrocediendo y buscó a tientas el pomo de la puerta.
—Sé lo que pasa en tu familia, Sakura. —susurró la criatura.
Ella no le respondió nada. La joven estaba decidida a no dirigirle más la palabra a esta falsa actuación y a salir pitando de ahí, pero ninguna de las dos cosas parecía estarle funcionando. Y por más que lo intentaba, las palabras seguían clavándose en su cerebro.
—Hay alguien de este lado que podría ayudarte, niña.
Sus dedos finalmente encontraron lo que buscaba y Sakura aferró con fuerza el pomo metálico antes de girarlo casi con desesperación. Apenas la cerradura hizo un ligero clic para terminar de abrirse, el caos se desató.
Uno de los invitados que no estaba encapuchado cayó al suelo en una crisis que rompió la burbuja de todos los presentes, y uno de los encapuchados se lanzó rápidamente en su ayuda mientras el pequeño cuerpo de Hinata temblaba descontroladamente sin dejar de reír.
—Al final no tendrás elección. —le dijo en última instancia.
Entonces Sakura salió corriendo de la habitación, sus zapatos aplastando los pétalos sobre el suelo y rechinando con la rapidez de sus movimientos mientras se conducía escaleras abajo y hasta el frío exterior. Lo único que deseaba era salir de ahí, alejarse de aquel lugar maldito y volver a enterrar todos esos esqueletos que jamás debieron salir del clóset.
La oscuridad que la recibió le pareció asfixiante y buscó con desesperación el recipiente de luz colgando de su cuello antes de darse cuenta de que ya no estaba ahí. El pánico la atenazó, sus pulmones se cerraron y su corazón se disparó. En cuestión de minutos, todo a su alrededor se fue apagando y el sonido de una vibración lo devoró todo.
Cuando abrió los ojos se encontraba de vuelta en su habitación, su cuerpo empapado en sudor frío y la agitada respiración eran el único vestigio de la pesadilla que acababa de tener. Todo estaba tranquilo a su alrededor, sólo su celular continuaba vibrando sobre la mesita de noche con un único mensaje visible:
"Quedas cordialmente invitado
a asistir el día de hoy a…
…Cenar con el Diablo".
